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La familia de Anastasia oculta un secreto familiar terrible y vergonzoso. La joven protagonista de "No me abandones" se enfrenta, página a página, a destejer la red de mentiras que a lo largo de los años se ha tejido a su alrededor. Si eres de los que aman quedar atrapados en un libro durante horas "No me abandones" es tu novela. La autora, con un ritmo ágil y conciso nos sumerge, desde la primera página, en la vida de Anastasia y en la secuencia de sucesos que la lleven a profanar los ocultos misterios de su familia. "No me abandones" es también una historia que aborda los diferentes conflictos emocionales que vive la protagonista hasta que logra descubrir toda la verdad.
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Seitenzahl: 66
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Para mi madre, la persona más fuerte que conozco
Carolina Matamoros
“La locura es la única manera de escapar a la esclavitud”
PAULO COELHO
Prólogo
Primera parte: Herencia
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII
Segunda parte: Fantasmas
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Tercera parte: La historia familiar
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII
Capítulo IX
Capítulo X
Capítulo XI
Epílogo
Se tocó la barriga por décima vez, aquella mañana sus bebés estaban inquietos, y podía sentir cómo se movían en su interior. Le hubiera gustado que Germán, su esposo, hubiera estado allí en aquel preciso momento, para que él hubiera podido sentir a través de sus manos como sus pequeños intentaban transmitir con ellos.
Miró por la ventana de su dormitorio, desde ella podía visualizar su patio trasero y parte de la casa de su vecino. Aquel día era bastante frío, había nevado durante toda la noche. Lucia agarró su taza de café, cuando se disponía a beber el último sorbo notó cómo algo se rompía dentro de ella, miró rápidamente al suelo y pudo visualizar como un gran líquido se desprendía de ella, sus niños estaban de camino.
Fue corriendo a recoger la mochila que le había indicado su doctora para cuando llegase el momento. Cogió su teléfono móvil e intentó llamar a Germán, pero no hubo respuesta.
Se dispuso a salir y acudir a un punto de recogida de taxis. Cuando llegó había dos coches, los conductores fueron rápidamente a su búsqueda para proporcionarle ayuda.
Llegó rápidamente al hospital, intentó volver a llamar a Germán, pero de nuevo no le respondía. En ese momento llegó su doctora, la cual, empezó a realizarle una revisión para confirmar que los bebés estaban de camino, después del procedimiento rutinario, llevaron a Lucia a paritorio, al poco tiempo nació su primer pequeño, todo eran sonrisas, se podía escuchar la dulce melodía del llanto de un recién nacido, la risa de alegría de su madre.
Cuando Lucía cogió a su bebé se sorprendió, no era un niño, era una pequeña niña. Fue toda una gran novedad. Meses antes su ginecólogo le confirmó que iba a tener dos niños, para su sorpresa lo que tenía entre sus brazos era una linda niña, Lucía le sonrió.
De un momento a otro volvió a sentir dolor, su segunda pequeña estaba de camino, la enfermera más cercana cogió al bebé de los brazos de su madre.
Momentos después nació el segundo bebé, la sala quedó totalmente en silencio, Lucía quería saber qué estaba pasando, podía escuchar el llanto de su segundo bebé, pero no sabía el motivo del porque todos se habían quedado callados cuando minutos previos todo eran risas y sonrisas de alegría con el nacimiento de su primera hija.
Su doctora la miró con rostro sombrío, miró al segundo bebé, lo cogió y se lo llevó a su madre. Lucía quedó totalmente estupefacta al mirar a su segunda hija.
Tenía completamente el rostro con malformaciones, Lucía no sabía que podía haber pasado, durante todo el embarazo le habían dicho que estaba todo bien, que sus bebés estaban sanos. Ahora miraba a su pequeña y no podía creer lo que estaba observando.
Su doctora cogió a su pequeña y se la llevó de la sala, Lucía empezó a gritar intentando saber a dónde se la llevaban, pero no tuvo respuesta.
Después de una gran espera, la doctora regresó, esta vez sola.
—Lucía, tu hija sufre una enfermedad hereditaria, ha perdido tejido, teniendo como resultados la malformación de su rostro. Además, hemos podido detectar una enfermedad mental, tiene esquizofrenia avanzada. Podemos tratarla con un tratamiento, pero tiene que empezar desde este preciso momento.
En aquellos momentos Anastasia se encontraba totalmente eufórica, había ganado el primer premio en la Carrera Nacional de Atletismo, fueron duros meses de constantes y fuertes entrenamientos.
Era su primer premio después de la muerte de Germán, su padre. Había fallecido cinco meses antes de un ataque al corazón, los médicos no pudieron hacer nada por él.
Su madre, Lucía, se había quedado totalmente consternada tras la muerte de su esposo. Anastasia acudía todos los días a visitar a su progenitora, no quería dejarla sola, la encontraba indefensa y tenía miedo de que algo le sucediera.
Su madre sólo la tenía a ella, ya que era hija única, y no tenían más parientes, exceptuando un hermano de su abuelo materno, que vivía en la otra punta de la ciudad.
Anastasia observó otra vez su gran ansiada medalla, no podía creer aún que había ganado aquella carrera, era la más importante del país, y había quedado nada menos que en el primer puesto, era totalmente increíble.
Cuando llegó a los vestuarios fue directamente a su taquilla, cogió la pulsera de su muñeca izquierda donde se hallaba las llaves, la abrió y agarró su ropa interior y marchó a la ducha.
Al volver donde se encontraba sus objetos personales pudo contemplar que su móvil se encendía, la estaban llamando, respondió a la llamada a pesar de que era un número desconocido.
—Pregunto por Anastasia —dijo una voz masculina desconocida.
—Soy yo, ¿Quién es usted? —preguntó Anastasia
—Soy el Doctor Herrera, su madre se encuentra en el hospital “Vida Sana”, habitación 112. Si pudieras...
No le dio tiempo a escuchar lo que decía el doctor, Anastasia colgó la llamada y empezó a vestirse de forma acelerada. Quería saber cuánto antes lo que le había ocurrido a su madre y en qué estado se encontraba.
Fue corriendo a su vehículo, el cual se encontraba estacionado en los aparcamientos privados del polideportivo municipal. Guardo su mochila en el maletero y abrió la puerta del conductor, acondicionó tanto los espejos retrovisores como el panorámico.
Tras observar que nadie venía arrancó el coche, intentó acudir al hospital lo más rápido posible. Cuando llegó preguntó a la recepcionista donde se encontraba la habitación 112, la cual, le indicó que se hallaba en la primera planta.
Anastasia no podía esperar más para saber el diagnóstico de su madre, no quería perderla, ya había sufrido recientemente la pérdida de su padre, no podía perder a nadie más.
Cuando llegó a la habitación encontró al doctor en ella.
—Soy Anastasia, hija de Lucía. Doctor, ¿Qué ha ocurrido? —preguntó de manera acelerada.
—Su madre ha perdido mucha sangre, a causa de una hemorragia en su brazo izquierdo. Todo parece indicar que ha intentado quitarse la vida.
No podía creer lo que estaba escuchando, era imposible que su madre se quitara la vida. Sabía lo que estaba sufriendo por la pérdida de Germán, pero tenía más cosas por las que luchar en la vida, por ejemplo, ella, su propia hija, ¿Cómo podía abandonarla?
—Doctor, ¿se pondrá bien? —pregunto Anastasia intentando controlar su desesperación.
—Quisiera decirte que sí, pero la situación es crítica. Las próximas horas son fundamentales. Haremos todo lo posible para que pueda continuar su vida.
Anastasia sintió cómo su vida se derrumbaba, iba a perder a las dos personas más importantes de su vida en tan sólo pocos meses.
Fue a sentarse a los asientos más próximos, iban a ser unas horas verdaderamente difíciles.
No supo cuando quedó totalmente dormida. De un momento a otro sintió como alguien intentaba despertarla, al abrir los ojos visualizó la figura del doctor con el que había entablado conversación previamente.
—Anastasia tenemos difíciles noticias que relatarle —dijo con tristeza el doctor, acompañado de una joven doctora.
Se levantó deprisa de su asiento, miró a ambos, los cuales tenían una expresión de dolor y angustia, ya sabía que les iba a decir. Su madre había fallecido.
