Nora, el placer de bailar - Jorge Enrique Ledesma - E-Book

Nora, el placer de bailar E-Book

Jorge Enrique Ledesma

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Beschreibung

Hablar del tango parece un tema demasiado dicho, pero no es así; quienes disfrutamos de él ya sea por bailar o escuchar, no podemos no dejarnos seducir en cada cosa nueva que descubrimos, demasiados misterios por contar. Su magia siempre impacta y nos sorprende. El libro de Nora, el placer de bailar es una imagen sensible y profunda que produce su trabajo y entrega. Es la mirada sencilla, pero a la vez compleja que debe tener el bailarín y como se transforma en un placer hasta crear y tratar de sostenerse en ese vuelo. Para quienes desconocen del tango y desean descubrirlo es una visión analítica, un documento sentido tratando de situarse en su tiempo, sus prejuicios y ese rol importante de la mujer en la historia, también el vistazo sobre los lugares donde se dio origen. Nora muestra de una manera distinta como es el juego, la maravilla de encontrarse sensiblemente en cada mínimo movimiento y para quienes ya lo conocen y practican, es reafianzar cada detalle minucioso puesto en su técnica e investigar nuevos desafíos. Nora nos entrega sus experiencias vividas desde la danza, desarrolladas por ella en el camino hasta llegar al tango y sus miles de respuestas necesarias, para así pararse en el salón de baile y observarse en el desafío con el bailarín. Gracias Nora, Jorge E. Ledesma

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Seitenzahl: 73

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Nora

El placer de bailar

JORGE ENRIQUE LEDESMA

Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Laura Ledesma

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Ledesma, Jorge Enrique

Nora : el placer de bailar / Jorge Enrique Ledesma. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2022.

122 p. ; 22 x 14 cm.

ISBN 978-987-817-057-2

1. Entrevistas. 2. Biografías. 3. Tango. I. Título.

CDD 792.8092

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2022. Jorge Enrique Ledesma

© 2022. Tinta Libre Ediciones

Nora

El placer de bailar

El tango con NORA CECILIA WITANOWSKY

¡El tango es un camino de ida!

Prólogo

Por Jorge E. Ledesma

No me distraigo ni un mínimo segundo. La miro. Camina sobre sus finos tacos y su cuerpo erguido; elegante, desafía al público. Su mirada se clava directamente en los ojos de su compañero de baile, mientras ella es una luz entre las sombras.

La noche inicia y un viejo tango raspa, con una púa vieja, la vitrola. La voz de antaño llora ese amor no correspondido, ese que anhela el aliento sobre un vidrio que lo empaña, mientras observa la luna y se llena de nostalgias.

En ese segundo, ella sabe que es el momento exacto y se decide a bailar. Avanza paso a paso, tal como un felino a la caza, mientras la música suena como en una radio valvular. Se siente ese resoplido mientras ella cierra sus ojos, se deja empapar por el momento y sonríe. Su mano se posa en el hombro como una paloma que aterriza, en ese que no quita la mirada de ella ni un mínimo segundo. Un sudor frío le recorre el cuerpo y se transforma en un placer que los embriaga y los transporta.

En sus hombros lleva muchas horas de trabajo, de esfuerzo, de juego, de baile. Sin embargo, hace una pausa y espera mientras sus ojos permanecen cerrados; adivina sin mirar el movimiento, contiene el aire y desliza sus pies apenas al ras del piso, acariciándolo suavemente.

En ese instante, el lugar se paraliza. Todos los espectadores se encuentran sentados frente a mesas anticuadas dejando la pista libre, las luces de colores y esos centros de mesa que apenas los iluminan como entes individuales que solo miran la escena sin perder ni el más mínimo detalle.

No me distraigo y me siento tango, solo de verla. Es ella. Es Nora y es su presencia, sus pasos medidos y sensuales, mientras sus ojos siguen cerrados y su sonrisa, tan segura que no se apaga. Como si supiera que el momento es corto y no quisiera dejar de disfrutarlo.

Así, puede mágicamente tomar prestado este escaso tiempo, lo que dura la danza, para llenar su alma plena y guardar el secreto en silencio. Quizás es la música o simplemente el mágico baile, no lo sé. Lo que sí me queda claro es ese y el otro tango que sigue sonando como un zumbido agradable en el alma, iluminándola.

Escribir desde los ojos de Nora Witanowsky es ponerme un claro filtro, necesario para poder diferenciar elementos que están implícitos en su técnica, y descubrir que bailar no es solo la habilidad, sino que se pone mucho énfasis en sentir. Es lo que hace que su danza trascienda, así como si nada, incluso a través del tiempo, y se erice la piel cuando se produce. Así, como un hecho de deseo desenfrenado y adictivo que ella deja claramente impreso en cada movimiento.

Ella es muy sensual y femenina, ya sea usando un vestido corto, o uno largo con una abertura en una pierna, algunas veces con medias de malla y delicados tacones. Él, con un impecable traje camisa, corbata o moño, un clavel rojo o blanco en la solapa y zapatos acharolados del “yuyeta” (elegante), tan canchero como un dandi de antaño.

Eso es parte del material… lo demás es solo sentimiento y es ella quien cuenta, desde adentro, lo que se siente.

Este trabajo es el inicio de una saga para que un bailarín pueda adentrarse en lo que significa el sentimiento en la danza. Sobre todo, en el tango, por ser parte de la historia, y la lucha de una época de grandes concentraciones de inmigrantes con mezclas de costumbres, y donde la economía, la vivienda y las posibilidades eran muy escasas.

Este libro nos lleva a un viaje imaginario: el de descubrir ese tango de otra época, con otra gente; el de dejar dejar colgada en el guardarropa la modernidad y vestirse de fiesta para la ocasión.

Capítulo 1

Escenario

De incógnito, observo a la mujer… no hablo; solo me intriga verla

Cuando la miro en medio de un tango, imagino los detalles que expresan en el baile. Quizás es el barrio pobre, las chapas de zinc, el conventillo; esa madre que sufre el abandono, aunque protege a sus hijos, otra mujer que seduce y otra que desilusiona, esa que enloquece a los hombres, el Riachuelo, la faena de trabajo duro en un cuadro de Quinquela Martín, la Percanta, el Gigolo1, El bacán, La rea… esas letras sentidas que describen eso; el lugar, la época, y miles de situaciones particulares en ese Buenos Aires a principios de siglo XX.

Quienes se deleitan con este baile, no pueden ignorar al filo de su piel ese sostenido ronco llamado “lamento” del fuelle de un bandoneón, y la expresión casi borracha de un dolido cantor llorando, resentido, su pena de amor.

Es este juego tan extraño donde los bailarines arrastran un tango Canyengue, viejo, con historia y casi sin importar nada que parezca estético como danza, me imagino suburbios y cabarets de baja fonda en ese Buenos Aires antiguo. Ese mismo en el que percibo a un macho guapo, que amenaza y genera temor, y también a un audaz acróbata que vuela en el aire, acariciando cada nota con su rostro, y lo expresa como una acción teatral.

Es este el tango que ha hecho huella profunda en quien decidió o decide bailar, y quienes los observamos sentimos una historia resoplando en nuestro rostro. Mientras tanto, el “bailongo” me traslada a duelos de cuchillos, mezclados con un gracioso lunfardo para esa sociedad intentando comunicarse. Una sociedad muy convulsionada por sus costumbres y valores tan distintos; los de esos inmigrantes diseminados por todo el país, que no tardarán en poblar cada rincón para cambiar muchas cosas, hasta ese momento vivido en un país queriendo progresar, ellos: los españoles (gallegos), italianos (tanos), árabes (turcos), croatas, polacos, checos, etc.

La lucha por el pan de cada día, y la búsqueda por el amor de una mujer, una yira, percanta, madame, mina, grela, naifa, papa, papusa… todas para nombrarla a ella, “la mujer”, que dependerá del lugar o de la clase social, pero que siempre conserva algo en común y siempre lo matiza en “ese tango de mi flor” que estremece la piel.

El lunfardo, como una lengua creada con las corrientes migratorias de finales del siglo XIX y del XX, nace como una necesidad imperiosa de comunicarse. Fue registrado y reconocido desde 1953 en un libro que se llamó Lunfardia, del escritor argentino José Gobello. Esto lo convierte en un lenguaje puro como un hecho lingüístico popular, y se agregó al idioma hasta el día de hoy.

Mucha gente hacinada en lugares pequeños y especulativos llamados “conventillos”, diminutivo de convento, porque, así como los monjes habitan sus celdas en lugares reducidos, vivían familias enteras tratando de tener un lugar donde vivir. Entre 1889 y 1915, arribaron un millón y medio de extranjeros, en su mayoría españoles e italianos, y un 60% llegó a Buenos Aires. Allí, se contabilizaron 2470 conventillos, con aproximadamente 148.393 habitantes solo en 1919. Aun así, el conventillo perduró como tal hasta el 2015, pero en menor cantidad debido a su desaparición por incendios y sus malos mantenimientos

Este ambiente siempre sirvió de inspiración para muchas letras de tangos famosos, que se hicieron desde un lenguaje único y muy sentido, lleno de impotencia por el dolor y la miseria.

Hoy el tango se muestra libre en una plaza, en un evento popular, en ese lujoso teatro, en el club del barrio, tras algún festival provincial, nacional, internacional, o solamente por el placer de disfrutar y sentir esa caricia en su melodía. Pero siempre lleva consigo un gran contenido de historia que hace a su esencia: el lunfardo y el conventillo.

Esa suave melodía pura y llena de sentimiento, que sigue planteando misteriosamente el juego de seducción para quien lo descubre y queda hipnotizado por su encanto, lleva la marca indeleble de un pasado, del que cada argentino se siente partícipe; lo lleva en la sangre por sus ancestros, y es su marca registrada en el mundo.