Nova - Parte 1-3 - Emma Silver - E-Book

Nova - Parte 1-3 E-Book

Emma Silver

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Beschreibung

La reunión es un relato breve de género erótico noir: un thriller de ficción con trazos de erotismo. Nova cumplió tres años en prisión por un delito que no cometió. Ahora ha salido de la cárcel y está dispuesta a todo para vengarse. Examina cada detalle del caso y busca en todas partes nuevas pistas mientras empieza a explorar su libertad recobrada. Está preparada para su regreso sexual después de tres años en la cárcel. ¿Encontrará Nova lo que busca, tanto dentro como fuera del dormitorio? Esta edición especial contiene las primeras 3 partes: Parte 1: La Reunión Parte 2: Jugo Parte 3: Sal y Pimienta

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Seitenzahl: 84

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Emma Silver

Nova - Parte 1-3

LUST

Nova - Parte 1-3

Original title:

Nova - Parte 1-3

 

Translated by Cymbeline Núñez

Copyright © 2019 Emma Silver, 2020 LUST

All rights reserved ISBN 9788726649086

 

1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0

 

No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

 

LUST

Nova 1: La Reunión

 

Nova se juró a sí misma nunca volver a poner pie en ese lugar mientras cruzaba el umbral de las pesadas puertas de la prisión. Le habían robado los últimos tres años de su vida. Habían desaparecido para siempre. Se dijo que olvidaría el tiempo pasado allí. Pero nunca perdonaría a quienes la metieron allí. Nunca.

Era como si hubiesen pasado mil años, pero a la vez era como si fuese ayer mismo. Cuando los hombres armados y con antifaz asaltaron la joyería donde trabajaba; aparecieron de la nada, justo cuando Nova estaba haciendo la cuentas. Las ventas habían sido estupendas. El comerciante de diamantes había traído las joyas exquisitas de Amberes y Nova las había examinado de cerca con el gerente de la tienda, Hans de Goetz, en la habitación trasera del comercio. Estaban emocionados y esperaban que más de un cliente habitual estuviese tan encantado como ellos. Cuando terminaron, guardaron las joyas en la caja de caudales —eran demasiado valiosas como para dejarlas a la vista del público y no querían sufrir un atraco.

Nova estaba sola cuando aparecieron los ladrones y ambos hombres parecían tener una extraña intuición de dónde se guardaban las joyas caras. Nova estaba aterrorizada, pero fue capaz de mantener su pánico bajo control. Mientras uno de ellos montaba guardia en la tienda, el otro le puso una pistola en la sien y la obligó a ir a la parte trasera de la tienda. Nova había sido instruida para hacer lo que los ladrones le pidiesen en caso de robo, así que eso hizo. Abrió la caja de caudales, les entregó el contenido a los hombres y les dejó maniatarla a una de las sillas antes de huir. Las lágrimas empezaron el instante en que se quedó sola. Putas lágrimas. Las dejó surcar por sus mejillas, pero decidió usar la ira que hervía en ella para algo útil.

Tardó más de quince minutos en desplazarse para poder alcanzar el botón de alarma en la despensa mientras permanecía atada en la silla. La policía llegó en menos de cinco minutos y la liberaron. Después de ser interrogada, la llevaron al hospital donde dijeron que sufría una conmoción, pero por lo demás estaba bien.

 

La verdadera conmoción la recibió una semana más tarde, cuando la policía llegó a la conclusión de que los ladrones recibieron ayuda de alguien de la tienda, y Hans de Goetz tenía toda clase de coartadas, mientras que Nova no tenía ni una. Ella había estado en la tienda cuando llegaron los ladrones. ¿Había sido ella quien había dado el aviso de que no había moros en la costa? Solo Nova y de Goetz tenían conocimiento de la entrega recibida ese día por la mañana.

Daba igual que ella lo negase, el jurado la encontró culpable como cómplice de robo ocho semanas más tarde. Nunca encontraron a los ladrones de verdad, ni lo robado, pero el portavoz de la prensa policial afirmó que el veredicto contra Nova era una victoria para la justicia.

Nova tenía un solo pensamiento en la cabeza. Iba a encontrar al que le hizo esto. Si la policía no era capaz, no le quedaba más remedio que encontrar a la persona que le había hecho esto. Si la policía no era capaz, iba a tener que buscar por sí misma la justicia. Y lo iba a lograr.

 

Nova era más bien gordita en la época en que trabajó en la joyería. Se sentía cómoda con su cuerpo y no tenía muchas ambiciones de cambiar su aspecto. Sus cabellos oscuros tenían un encanto que hacían que más de un hombre se enamorase de ella. Pero su tiempo en la cárcel le proporcionaba demasiado tiempo. El gimnasio le pareció al principio un sitio frío y desolador pero pronto se convirtió en su mejor amigo. Desarrolló rutinas de ejercicio que conservó incluso cuando salió de la prisión.

Cambió su cabello largo por un corte estilo chico y se lo tiñó de rojo. Era una nueva Nova, enfrentándose a la vida y los planes que había hecho durante su estancia en la cárcel.

Encontró un empleo en una librería en el centro de la ciudad y le gustaba mucho su trabajo. Cuando terminaba la jornada laboral, normalmente se iba a casa, un apartamento en las afueras, y seguía investigando en internet. Luego se dirigía al gimnasio cerca de casa. Nunca estaba lleno, no era un gimnasio muy de moda, pero de todas formas ella esperó a que la mayoría de la gente terminase y se fuera.

—Hola —le dijo en un tono despreocupado a Simon, un vikingo rubio que parecía tener las mismas rutinas de gimnasia que ella.

—¿Qué hay? —dijo Simon de vuelta a sus tablas sin esperar la respuesta de ella. Le venía bien a Nova. Ella no estaba allí para estar de cháchara.

Cuando Nova terminó, era la última persona que quedaba en la sala. Se bebió el agua que le quedaba en la botella y se secó la cara con la toalla mientras salía de la sala de máquinas y pesas. Una ducha caliente antes de ir a casa le sentaría bien.

La puerta del vestuario de hombres estaba medio abierta y Nova podía escuchar el sonido del agua en la ducha. Miró a su alrededor antes de dejarse llevar por la curiosidad. Abrió la puerta cuidadosamente, entró y la cerró detrás de sí.

Los bancos de madera estaban desgastados y los ganchos en la parte de arriba estaban igual de desvencijados. Había taquillas en la primera sala y luego las duchas atrás. Nova se acercó cautelosamente hasta poder ver a Simon de pie bajo una de las duchas.

El cabello rubio que antes estaba recogido en un moño ahora le llegaba hasta los hombros. Simon se quedó parado allí con la cabeza ladeada hacia abajo, dejando que el agua le diera un masaje en el cuello y la espalda. Los brazos le colgaban. Los músculos desarrollados brillaban en la luz fría de la lámpara fluorescente. Simon parecía haberse alejado de la realidad completamente, parado allí, atrapado por sus pensamientos y dejando que el agua se llevase las preocupaciones de la jornada.

Nova le miró, tan varonil y sin embargo tan expuesto, desnudo. Simon hizo rodar su cabeza de un lado a otro. En ese momento sucedió algo. El miembro que colgaba entre sus piernas empezó a elevarse lentamente. Se acarició desde los muslos hasta el vientre y el pecho, arriba y abajo. Sus manos abarcaron sus pectorales y los apretó. Se pellizcó los pezones con el pulgar y el índice. Esto hizo que Simon gimiese y que se pellizcara con más fuerza aún.

Había pasado tanto tiempo desde que Nova había visto a un hombre desnudo en la vida real. Se tocaba a sí misma de vez en cuando desde que salió de prisión, pero no sentía verdadero deseo. Ni siquiera las imágenes que encontraba en internet le ponían caliente. Pero lo que estaba viendo ahora hizo que sus jugos fluyesen. Simon parecía tan hermoso allí parado, tan sexy tocándose. Su falo seguía creciendo y pronto llegó a su máxima extensión. Y Simon ni siquiera lo había tocado aún.

Nova deslizó la mano dentro de su pantalón de chándal. Sus dedos se abrieron paso bajo sus braguitas. Estaba caliente y sudorosa después de la sesión de ejercicio pero no le importaba. Esta visión le había hecho ponerse húmeda. Simon se agarró las bolas con una mano y apretó y eso hizo que su falo se pusiera aún más duro, apuntando hacia arriba y levemente hacia un lado. Nova la quería en su boca, pero sabía que tenía que estar quieta. La oiría, dejaría de hacer lo que estaba haciendo y la mandaría a la mierda.

Simon se relamió los labios y dejó que el agua llenase su boca y se desbordase. Nova quería besarle, sentir su lengua en la boca, quería que él le lamiera sus pechos, mordisqueara sus pezones y que su lengua vibrase en el ombligo de ella antes de encontrar lo que estaba buscando y se abriese camino dentro de su vágina húmeda.

En lugar de eso, Nova dejó que sus propios dedos lo hiciesen. Se deslizaron dentro de su núcleo húmedo, masajearon y rodearon su clítoris al tiempo que Simon frotaba la punta de su polla y se embadurnaba el dedo con un poco de semen. Ella podía casi sentir el sabor cuando Simon se llevó la gota a la boca, chupándose el dedo y apretando sus huevos con dureza mientras gemía.

Nova guio su mano por debajo de la camiseta, por encima de su vientre y se agarró un pezón. Apretó duro y tuvo que concentrarse para mantenerse quieta. ¡Daba tanto gusto! Con la otra mano seguía tocándose el clítoris cada vez más duro y con mayor intensidad mientras miraba a Simon agarrarse el pene. Lentamente, empezó a pajearse. Seguía con una mano firme en los testículos y dejó que su lengua se deslizase por sus dientes blancos, por sus labios. Se soltó los huevos, acarició su vientre y se pellizcó los pezones otra vez, uno después del otro.

Simon gimió aún más fuerte al moverse más rápido y con mayor intensidad. Nova se tocó a sí misma más deprisa, Simon seguía masturbándose y los dos estaban muy cerca, tan increíblemente próximos al abismo.

Simon desparramó su semen en el suelo con un grito y siguió masturbándose hasta que dejó de sentir espasmos. Nova se corrió cuando lo hizo él y su cuerpo entero le latía mientras Simon exprimía las últimas gotas de semen y se las metía en la boca. Nova hizo lo mismo y saboreó sus propios jugos, pensando que esto era lo más cerca que había estado de tener sexo con un hombre desde que entró en prisión.

—Tendremos que repetir esto alguna vez —dijo Simon, mirándola directamente.

—Yo… —tartamudeó Nova, sin saber qué decir.

—¿No habrás creído que no te había visto? —dijo Simon.