Oblit - Erick Contreras - E-Book

Oblit E-Book

Erick Contreras

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Beschreibung

Imagina que despiertas en un lugar desconocido. Un lugar oscuro, frío, desamparado. Una prisión a la que, además, no recuerdas cómo has llegado. Ni siquiera te reconoces a ti mismo. ¿Serías capaz de desenterrar la verdad antes de que sea demasiado tarde, o quedarías perdido para siempre en las sombras de tu propia amnesia? Daniel, el protagonista de nuestra historia, está atrapado en el laberinto de su propia mente. Sin recuerdos ni pistas sobre su identidad, con un destino incierto, emprenderá un desafío inesperado, lleno de revelaciones impactantes. Oblit es una historia de suspense, intriga y autodescubrimiento, en la que cada página significa un paso más cerca de la verdad, pero también del peligro.

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Seitenzahl: 217

Veröffentlichungsjahr: 2024

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Erick Contreras

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz Céspedes

Diseño de cubierta: Rubén García

Supervisión de corrección: Celia Jiménez

ISBN: 978-84-1068-269-6

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

Prólogo

En la vasta extensión de la mente humana, existe un laberinto oculto entre los recovecos de la memoria, un lugar donde las sombras se entrelazan con los recuerdos, y la verdad yace velada en un manto de olvido. En ese laberinto, el protagonista de Oblit, se encuentra atrapado, entre susurros del pasado y ecos del presente. Es la emocionante historia de Daniel.

Oblit es más que una historia de misterio y redención. Es un viaje hacia lo desconocido: los mundos que uno no es capaz de imaginar pero también los secretos que no queremos llegar a reconocer. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? Es la duda —o el miedo— natural del ser humano.

Daniel es un cautivo, literal y metafóricamente. Sin guía o ensayos previos, únicamente su propia intuición, inicia el misterioso viaje, y el autor nos descubre una reflexión necesaria: el pasado puede significar dolor y el dolor nos cambia. No podemos, por tanto, prescindir de él.

La novela nos invita así a reflexionar sobre el valor de enfrentarnos a la realidad, incluso cuando esta nos aterroriza. Nos recuerda que la introspección es un acto de valentía, un descubrimiento constante de nuestro ser. A través de los ojos de Daniel, tenemos la oportunidad de probar los límites de la resiliencia humana.

Introducción

En la extensión de la vida nos encontramos con varias situaciones que forjan nuestro ser, enfocándome en las que creo que truncan más nuestra felicidad y perturban nuestro pequeño lago de paz, la pérdida de recuerdos y la búsqueda de ellos.

Esta historia se centra en la búsqueda de la verdad, la verdad que yace en lo más profundo de nuestro ser, inmersa entre un sinfín de situaciones y oculta tras el dolor y la negación de nuestro personaje.

Daniel (personaje principal) será el encargado de escapar de una prisión, viajará a través de un mar de dudas y se enfrentará a la verdad que alguna vez decidió no afrontar.

Carta del autor

Confundido y con incertidumbre, dentro de una cuarentena obligatoria por una pandemia escribo este libro, en el cobijo de la noche en la cual soy cautivo. Después de que mi vida cambió a consecuencia del confinamiento por varios meses, pude expresar a detalle los sentimientos provocados de una etapa de mi vida.

Reflejando lo difícil que puede ser olvidar, pero aún más difícil recordar quién eres; acompañado por un conjunto de experiencias maravillosas, Oblit nos muestras el duro engaño del ser humano, la confusión de la mente y la singular forma de afrontar las pérdidas.

El amor como pieza clave en esta historia nos muestra su dolorosa faceta, llenando de pena el corazón de nuestro protagonista. Esta atípica historia cuenta una gran aventura enmarcada por el sentimiento más puro y hermoso como lo es el amor, llevándonos de la mano por un río de dudas, descubrimiento y de verdad, fascinándonos por los escenarios que nos muestra, y donde seremos capaces de ser parte de la historia e identificarnos con el personaje.

El despertar

Mi nombre es Daniel Cortés, vivo en un espacio un poco más pequeño que una habitación, no sé cómo llegué aquí, ni por qué estoy aquí, no recuerdo nada de antes de este estrecho lugar, solo sé mi nombre porque está escrito en una camisa vieja y maloliente que llevo puesta.

¿Que cómo llegué aquí? Bueno, el primer recuerdo que tengo en mi cabeza es el olor antes de abrir mis ojos, un olor húmedo y asqueroso como una mezcla entre orines y agua estancada por mucho tiempo.

Después de percibir ese hedor, abrí los ojos entre una densa oscuridad que me dejaba totalmente ciego, llenándome de un terror profundo, era como estar en el fondo del mismísimo infierno, donde la luz era imperceptible, donde hasta el movimiento de un solo músculo me daba terror; sin poder ver mi cuerpo me quedé inmóvil ante aquel panorama tan inoportuno.

El no saber dónde estaba y qué estaba haciendo en ese lugar fueron las primeras dudas que me atormentaron en aquel momento, mi temor era tanto que ni siquiera tuve el valor de pronunciar una sola palabra.

Al darme cuenta de todo esto, me di a la tarea de conocer poco a poco mi entorno con el tacto y mis otros sentidos que no fueran la vista. Al instante pude sentir el frío por mi cuerpo, pasé mis manos por mis piernas y pecho y solo tenía puesto un pantalón de tela delgada y una camisa de manga larga un poco dura y arrugada; pude darme cuenta de que estaba en el suelo frío y húmedo, con una pequeña sábana que apenas cubría mis piernas en ese instante.

De pronto escuché un sonido un tanto brusco sobre mi cabeza, una y otra vez, durante un par de minutos, en ese instante el terror invadió mi cuerpo y no pude hacer otra cosa más que ponerme en posición fetal y esperar que pasara pronto, mientras expandía mi visión lo más posible para detectar de dónde provenía aquel golpeteo tan abrumador.

Después de unos instantes paró, resonó todo el tiempo como si algún hombre golpeara con sus puños una pared, pero, si así fuera, aquel hombre que golpea con fuerza no exclamaba ningún quejido de dolor, lo cual me asustaba, el simple hecho de no saber qué pasaba al otro lado de la supuesta pared.

No tenía percepción del tiempo, para mí era de noche porque estaba en tinieblas y creo que así fue, ya que, al paso del tiempo, entre aquel silencio absoluto y abrumador cerré los ojos y caí rendido ante mi miedo, con un ligero lagrimeo entre mis ojos, una soledad inquietante, quedé dormido ante aquel basto sufrimiento en el que me encontraba.

Desperté confundido, abrí mis pequeños ojos cafés entre aquel silencio perturbador, sentí cómo se expandía mi retina al poder percibir los primeros rayos de luz del aparente amanecer, de inmediato pude sentir aquel suelo frío y duro, realicé algunos gestos de dolor mientras lentamente me sentaba ayudado por mis brazos, era una sensación extraña despertar de esta forma, confundido, solo, con preguntas dentro de mí, con la sensación de no haber probado alimento en mucho tiempo, ahora levanté la mirada y me enfoqué en ver la dirección de la luz, noté una puerta de metal, sin cerrojo ni chapa, nada, solo una silueta de una puerta por la cual entraba la luz sobre una pequeña ventana en la parte superior de ella, protegida por barrotes, las paredes grises de concreto parecían estar hechas un material en el cual la poca luz que entraba rebotaba iluminando toda la habitación perfectamente.

Miré a mi alrededor, lentamente observando cuáles eran las opciones con las que contaba ese lugar minúsculo, a mi derecha una pequeña taza de baño blanca pero sin tapa, sin manecilla y sucia, solo parecía un asiento con un hoyo en el centro; y a mi izquierda un lavadero de concreto gris igual que todo el lugar con una pequeña llave de agua y una pileta para almacenar solo un poco de agua, la cual se encontraba con agua estancada y maloliente, me giré y noté que a mi espalda estaba una cama individual de concreto a una altura no mayor de un metro sobre el nivel del suelo con una colchoneta encima de la base y una almohada que parecía estar rellena de trapos sucios.

Bueno, ahora entendía un poco más la situación, estaba en una prisión y ahora podía ver todo más claro. Sentía el cuerpo como si me hubieran golpeado por todas partes, cada músculo del cuerpo me causaba un dolor fuerte en cada movimiento por más lento que este fuera, al ponerme de pie, vi mi uniforme con un color gris, con manchas de humedad por doquier, también noté unas pantuflas negras en la cabecera de mi cama porque mis pies estaban desnudos en ese momento, fui y me senté lentamente sobre la cama que realmente estaba más cómoda que el piso, apoyé mis brazos sobre los costados de mis piernas y seguí observando todo.

En el suelo pude ver la humedad de los orines, bueno, en realidad no estaba seguro en ese momento de nada, entonces supuse que eso eran, y justo en el centro de la habitación una rejilla de un desagüe no mayor a diez centímetros de circunferencia, bajo la puerta también se asomaba un poco de luz por una elevación de la puerta sobre el suelo de unos quince centímetros, así asumí que era el lugar por donde llegaría la comida y no me quedó más que esperar.

Ahora me invadía la duda, las malditas dudas esas que seguro no me dejarán dormir. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Esto es un secuestro o es que me han metido en esta prisión porque hice algo malo? ¿Por qué todo es tan callado?

¿Estoy solo aquí?

Todo era tan abrumador, solo esperé y esperé no tenía noción del tiempo, pero noté que llegó mi comida, solo entró por la parte de abajo de la puerta una bandeja lanzada con tal fuerza que casi llegó a mis pies lo cual me parecía un disparate porque era mi alimento y se me había lanzado como a un animal la puerta que estaba a tres metros de distancia.

La levanté cuidadosamente, era una bandeja plástica de color café con forma de óvalo, solo contenía una manzana y un plato hondo con avena preparada con agua, el plato de la avena amarillento, sin cuchara sin utensilio alguno, pero el hambre ya tenía mucho tiempo anunciándose, así que no me quedó más remedio que tragar, comenzado por la manzana, de cuatro mordiscos le di final a la bella y roja fruta aquella, después continué con la avena, a falta de cuchara me abalancé sobre ella con mis propias manos terminado con mi lenga y el resto de mi cara lamiendo ese plato hondo y amarillento.

Al terminar el alimento y lamer la última hojuela de avena retiré lentamente el plato de mi cara, lo alejé con lentitud, y lo coloqué sobre mis piernas, en las cuales permanecía la bandeja con el hueso de la manzana devorada, toqué mi cara, mi cabeza, pasé mis manos sobre mi cabello, y allí me di cuenta de que no sabía cómo era mi rostro en realidad, antes dije que mis ojos eran cafés, pero en realidad jamás me había mirado en un espejo, entonces por qué dije que eran de ese color.

¿Será que fue un color que había visto en otro ser humano?

Mi cabello era corto, pero podía tomar la parte superior con mi puño, entonces no estaba corto del todo, pero no podía verme como para adivinar mi edad, no sabía el color de mi cabello o facciones de la cara, entones presté atención a mi cuerpo, parecía un cuerpo joven, atlético, pero algo delgado.

Entonces me puse de pie, coloqué la bandeja justo en medio de la abertura bajo la puerta y me puse de rodillas para intentar ver un poco más, y justo cuando salía mi mirada una mano jaló la bandeja impresionantemente rápido y cerró aquella abertura.

Del susto salí disparado para un costado de la habitación boquiabierto; aquello era desolador, me paré y me conduje a beber agua del grifo, debí haber tragado un poco cuando me sentí increíblemente cansado y a duras penas pude llegar a la cama, cuando caí rendido en aquel sueño profundo e incontrolable.

Despierto una vez más, desorientado, flojo y con mi pensamiento enfocado en comer, ahora recordé que me quedé dormido justo después de comer, mientras permanecía tumbado en la pequeña cama de piedra, pensaba en qué había ocurrido para caer rendido de esa forma, levanté la cara de la almohada y noté una nueva charola con comida al pie de mi cama, una vez más manzana con avena.

Qué dieta tan precaria, pude pensar en ese momento. Entonces lo noté, aquella puerta con sus rejillas estaba perdiendo luz, parece que se acercaba la hora de la oscuridad, seguía sin percibir un solo sonido, aquello era deprimente y de locura, pero con las pocas fuerzas que me acompañaban me era imposible gritar o pedir ayuda.

Entonces me dispuse a comer, tenía que recuperarme hasta que mi cuerpo sanara y con la poca comida que me daban lo más prudente era guardar mis energías, mientras también ordenaba mis pensamientos al tratar de recordar quién era yo, estoy dispuesto a hacer lo necesario para averiguar qué había pasado conmigo

Me levanté, me acerqué a la pequeña pila con agua y aproveché la poca luz para limpiarla, ya que al parecer ese sería mi hogar por un tiempo. Al terminar la limpieza, que consistió en sacar el agua sucia y remplazarla por agua limpia, tomé un poco para mojar mi garganta, era delicioso, sentía cómo el agua recorría mi cuerpo hasta llegar al estómago, era tan fresca y relajante, creo que lo mejor de ese lugar era el agua, después noté mi mal olor, era como si llevara más de un mes sin que mi cuerpo fuera aseado, así que tomé un baño.

Después de tomar un baño volví a colocarme aquel mal oliente uniforme, pensando que por lo menos mi cuerpo ya había recibido un baño, aunque fuera solo con agua.

Ahora sí estaba hambriento, me dispuse a probar mi cena con los últimos rayos de luz, entonces lo descubrí, aquella comida contenía algún fármaco que me hacía dormir casi de inmediato después de comerla, porque justo después del acto caí dormido a los segundos sin importar que la charola de la comida estuviera sobre mis piernas, solo pude escuchar el sonido que hizo el plato y la charola al encontrarse bruscamente con el suelo.

Y allí estaba yo, una vez más había sido presa de aquel alimento tan precario, ahora era el segundo día donde me encontraba, debí haber dormido profundamente toda la noche, porque ya era un nuevo día, ahora podía sentir la luz en mi cara, se sentía como los primero rayos de algún sol por la mañana, parecía que me estaba costumbrando al lugar. Ahora pude sentir una briza de aire que provenía de aquella puerta con sus rejillas, creo que antes era imperceptible por mi nervio y desorientación, pero era relajante poder sentir aquella caricia frágil y fresca, me levanté un poco más enérgico de aquella cama que cada vez me parecía más dura, la almohada no olía mal, pero era tan incómoda que prefería ponerla entre mis piernas y usar mi brazo de almohada.

Mi desayuno estaba justo en medio de la habitación esta vez, supuse que la persona a la que le tocó dármelo lo lanzó con menos fuerza, pero bueno, era grato despertar y tener el desayuno listo, aunque una vez más me di cuenta de que era mazana con avena, qué ridículo, pero tenía que comer, tenía en mente recuperar fuerza y mi cuerpo aún estaba muy lastimado. Tomé aquella charola y me senté en la cama, lo puse sobre mis piernas y justo al agachar la mirada bajo la puerta en aquella rendija apareció un pequeño bulto, parecía ropa doblada, puse la charola sobre la cama y caminé lentamente para tomarlo. Al acercarme noté lo que era un nuevo uniforme, limpio y doblado, un pequeño jabón que parecía haber sido usado por alguien más y una pequeña toalla facial que más adelante utilizaría para como si fuera esponja de baño.

Bueno, esto parecía estar mejorando, así que decidí continuar con mi buen comportamiento, a pesar de que aquellas dudas me seguían causando mucho conflicto en todo momento, pero ahora tenía que pensar con inteligencia: si aquella comida me hacía dormir, tendría que hacer algunas actividades de esparcimiento para no caer en la rutina de solo comer y dormir, porque aquello podría enloquecerme, podría perder la noción del tiempo y espacio, aun así era muy difícil, ya que solo contaba con luz y oscuridad, no tenía forma alguna de llevar el tiempo en horas, así que decidí llevarlo en noches.

Un día no tomé mi desayuno para idear un plan rutinario de cosas que hacer antes de probar alimentos y al despertar por la tarde hacer otras actividades y volver a cenar para dormir toda la noche.

El plan fue simple y rápido, solo tenía la energía de dos comidas y eran bastante pobres en cuanto a energía se refiere, trataría de guardar lo más posible de energía para ejercitarme solo un poco después de la primera comida y antes de la segunda, por las mañanas tomaría un baño matutino antes de desayunar y me enfocaría en llevar las cuentas de las noches junto a mi cama.

El plan solo me llevó un par de minutos, justo al idearlo sentí el rugido de mi estómago pidiendo alimento, marqué las primeras noches en la pared sobre la cama y me dispuse a darme un baño, soportando el hambre, cambié mi uniforme, era mucho más cómodo, con un olor neutro y por lo menos este parecía estar limpio, y con un poco de jabón mi cuerpo tenía un olor a pino muy fresco pero a la vez un poco penetrante para mi gusto, mi cabello se ponía muy áspero desde que utilicé por primera vez ese jabón, creo que no era para nada de mi agrado.

Pero no había más, ahora que había concluido con la primera parte de mi rutina me dispuse a desayunar, como estaba predicho al poner la charola sobre el suelo después de comer rápidamente me acomodé para dormir, sin un solo pensamiento.

Abrí los ojos y era de tarde, parece que, si existía la forma de llevar control del tiempo en este lugar, llevar una rutina y no volverme loco. Lo primero estaba hecho, como lo supuse, la comida estaba al borde de la cama, era hora de hacer un poco de ejercicio, la luz era poca, así que hice solo algunos estiramientos, mi cuerpo rápidamente perdió fuerza, comenzó a dolerme cada músculo y exclamé un grito de dolor, cayendo de frente al piso, respiraba agitado, por un momento creí que mi cuerpo ya estaba listo para ejercitarme, pero aún no se recuperaba del todo.

Era hora de mi alimento, parecía que siempre tendría de los mismos alimentos, no perdí tiempo, me puse de pie exclamando unos quejidos de dolor con muecas insatisfechas del movimiento que estaba realizando, tomé la charola, me senté en la cama y me dispuse a ver como desaparecía los últimos rayos de luz en aquellas rejillas sobre la puerta mientras comía.

Dormí una vez más, en aquella cama que me parecía cada vez más dura, acomodando mi cabeza sobre mi brazo izquierdo y la almohada entre mis piernas, pude sentir justo antes de dormir que mi cuerpo comenzó a descansar después de hacer el ejercicio vespertino y como los dolores de mi cuerpo iban disminuyendo, ya que mi cuerpo aún seguía lastimado.

Un día más, me mostré muy positivo en este momento, era algo nuevo, el reto de superar aquel dolor y poder hacer los ejercicios sin exclamar ningún quejito, me vi positivo y firme ante aquel acontecimiento, estaba seguro de que si seguía por este camino, en algún momento alguien me daría las respuestas que yo buscaba.

No podía permitirme rendirme, no sabía por qué, pero algo dentro de mí me decía que ese no era mi lugar, que tenía que esperar pacientemente, pero al parecer era más fácil decirlo que hacerlo y no imaginé lo duro que sería con el paso del tiempo permanecer encerrado en aquel lugar.

Con el paso de las noches me fui dando cuenta de la rutina de aquel encierro, decidí ponerle a la primera línea de la pared que representaba la primera noche que desperté la línea cero, de ahí di comienzo a mi cuenta de líneas con los números: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete, el cero nuca más se repitió pero los demás números sí, ya que existen siete días de la semana y así podía llevar la cuenta de los días semanas y meses.

Claro que no pensaba pasar semanas, meses o años ahí, yo siempre esperé que fuera poco tiempo o por lo menos saber con qué objeto estaba ahí.

Un día más, la charola amanecía a un costado de mi cama, me baño, recojo, limpio, ordeno, marco una noche más en la pared, como y duermo, despierto por la tarde, me ejercito, mientras mi comida me espera a un costado de mi cama, como y vuelo a dormir.

Noté que cada tercer día me llegaba ropa limpia con un rollo de papel de baño, y cada séptimo día me llegaba mi ropa limpia con un pequeño jabón para lavarme el cuerpo, era todo; los días no sorprendían, la comida era la misma y mis hábitos también, trataba de hacer algo diferente, pero en ese espacio tan limitado y aprensivo me era casi imposible improvisar cualquier actividad.

Ya era la tercera semana, mi barba había crecido para estas fechas, no podía imaginar cómo era mi rostro, solo sé que cada día que pasaba en aquel lugar me quitaba aquella ilusión y esperanza con la que decidí enfrentarme al encierro inicialmente.

En este tiempo, pude dejar atrás el dolor muscular, mi cuerpo estaba en mejor forma, se había acostumbrado al poco alimento que recibía y la energía era ligeramente más favorable en estos momentos, pero estaba solo ahí. Tres semanas sin un solo sonido, sin una voz, sin una palabra.

Para la cuarta semana, ya estaba muy acostumbrado al silencio, a la comida, a mi entorno, trataba de hablar solo para no perderme entre el silencio, el golpe mental era tan duro que poco a poco el efecto de las drogas en la comida dejaba de hacer efecto por las noches y comenzaba a perder el sueño ocasionalmente. Era un suplicio tal acontecimiento impreso en el silencio y la locura, cada vez más presente en mi ser.

Tras la quinta semana mis horas de sueño se redujeron tan drásticamente que mis ojos comenzaron a sentirse pesados mientras estaba despierto, sentía como si en todo momento tuviera sueño, pero al acostarme no podía cerrar los ojos ni descansar a placer.

Era un trabajo constante querer seguir mi rutina al punto que después de comer perdía el sueño, todo lo contrario que al principio, ahora la comida parecía estar repleta de cafeína, despierto por las noches en el tremendo silencio en esta misma semana rompí en llanto en plena nocturnidad, en plena afonía del bullicio, lloraba y replicaba el por qué. ¿Por qué era víctima de tal sufrimiento? ¿Qué he hecho para merecerme tal locura de encierro? Lloraba y replicaba sin control, pidiendo que por favor me dejaran descansar, que terminara la tortura, que me dieran respuestas.

Estaba vulnerable, roto, incapaz de tomar el control sobre mí mismo. Prosiguió la noche con sigilo lento y abrumante, la tortura silenciosa y cruel, atacando el sueño, los sentidos y la fe; comía mis alimentos sin hambre, sin ganas, con angustia, pronto dejé de seguir la rutina planeada, para la séptima semana me encontraba con varios días sin dormir, mi cabeza dolía, tenía mareos y náuseas todo el tiempo, apenas podía ponerme de pie, en ese momento fue que decidí no probar más alimento, parece que era el causante de todo.

Ahora moriría de hambre pero podría dormir en paz, según mi plan, estaba muy desesperado, dejé de comer, ese día no tomé el desayuno ni la cena, solo dejé que las charolas se acumularan a un lado de la otra, probando solo el agua que salía del grifo, para la noche mi cuerpo estaba tan cansado que el hambre pasó a segundo término y caí rendido a los pies de la cama, mientras esperaba sentado en el suelo esperando a que el sueño me derribara. Lo hizo en cuanto el último rayo de luz desapareció de la rejilla, yo lo observé hasta el final, justo después mis ojos se cerraron y en el suelo dormí profundamente.

Confundido abrí los ojos, como si aquel momento todo dependiera de eso, la primera sensación que reclamó mi mente fue el hambre incesante que mi estómago recordaba con especial enojo, no sabía cuánto tiempo había dormido, pero por la luz de la habitación pude percibir que era de tarde, supuse entonces que dormí una noche y el resto del día, ahora me senté sobre la cama esperando ver acumuladas las dos charolas que había guardado antes, más las dos de ese día, pero al buscar con la mirada perdida y hambrienta me encontré con el cuarto vacío, nada, ni una sola charola ingrata estaba en mi alcoba.

¿Qué estaba pasando?

¿Alguien quería volverme loco?

¿No era suficiente el hecho de estar encerrado sin saber por qué?

Exigía respuestas, gritaba mis dudas a la gran puerta que estaba frente a mí, mientras con desesperación el llanto brotaba de mi ser, no podía creer tal situación, ahora lo que continuaba parecía muy claro, mi muerte estaba tan cerca que podía percibir su asqueroso olor emanando de cada átomo en esta habitación, me sentía tan desolado, sin fuerza, ni física ni mental, sentía que este era el fin, sabía que pronto comenzaría a perder mi mente, sin alimento, sin luz, sin nadie con quien hablar, me parecía el final más vil para cualquier ser. La soledad en la vida puede ser tolerable pero la soledad en la muerte me parece un desperdicio de vida, pensé.

Morir de hambre, de inanición, perdiendo la fuerza poco a poco, así transcurrieron los dos días siguientes, postrado en aquella cama que casualmente ahora me parecía menos dura, tal vez ahora me había vuelto más ligero, no lo sé. Apena podía ponerme de pie para beber agua durante el día y ahora dormía en todo momento, mi cuerpo estaba almacenando toda la fuerza restante, apenas podía respirar, solo podía pensar en quién era yo, ¿Quién me recordaría? Creo que nadie, de repente sentí unas ganas tremendas de reír, realmente no recuerdo la gracia, pero salían carcajadas que al mismo tiempo dolían en mi abdomen en ese momento.

Reía y reía, pero mi cuerpo está tan cansado y con poca