Ocho - Amy Fusselman - E-Book

Ocho E-Book

Amy Fusselman

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Beschreibung

Poco tiempo después de la muerte de su padre, la narradora de Ocho busca quedar embarazada. Los tratamientos de fertilidad, Angust Young, su experiencia de abuso, los Beastie Boys, el entrenamiento de sueño para bebés y la terapia cráneo sacral conviven con naturalidad en esta gran novela. Amy Fussleman logra abordar lo indecible con una voz que encuentra una veta luminosa tras el duelo y el trauma.

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Seitenzahl: 201

Veröffentlichungsjahr: 2022

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OCHO

CHAI EDITORA

Amy Fusselman

OCHO

Traducción de VIRGINIA HIGA

CHAI EDITORA

Índice de contenido
Portada
Portadilla
Legales
Diario de a bordo
Ocho

Fusselman, Amy

Ocho / Amy Fusselman. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Chai Editora, 2022.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

Traducción de: Virginia Higa

ISBN 978-987-48012-7-2

1. Autobiografías. 2. Maternidad. I. Higa, Virginia, trad. II. Título.

CDD 808.8035

Austria 1840 depto V.

(C1425EGD)

Ciudad de Buenos Aires,

Argentina

www.chaieditora.com

Título original

THE PHARMACIST’S MATE and 8

Copyright © AMY FUSSELMAN, 2013, 2019

Copyright © CHAI EDITORA, 2019

Copyright de la traducción © VIRGINIA HIGA, 2019

Diseño de tapa/ Diseño gráfico

LAMAS BURGARIOTTI

www.lamasburgariotti.com

Foto de tapa

ALBERT ELM

Corrección

FLORENCIA PARODI

Primera edición

JULIO DE 2019

Primera edición en formato digital: abril de 2022

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto 451

ISBN: 978-987-48012-7-2

Hecho el depósito que marca la ley 11.273

Para Frank

Diario de a bordo

1.

No tengas sexo en un barco a menos que quieras quedar embarazada. Eso solía decirle a mi amiga Mendi su exnovio marinero.

Quiero quedar embarazada. O, más precisamente, no quiero morir sin haber tenido hijos.

Una vez fui una niña que tenía un padre. Ahora mi padre está muerto. Murió hace dos semanas. Nunca se me había muerto alguien tan cercano. Estoy tratando de prestar atención a lo que siento.

Sé que es muy pronto, pero no dejo de pensar que sigue aquí. Bueno, no aquí, sé que no está aquí, pero está en camino. Vuelve desde algún lugar. Está viniendo.

Claro que no pienso que sea mi padre en su antiguo cuerpo el que está volviendo. Es mi padre bajo una nueva forma.

Pensar que tu padre pueda estar volviendo bajo una nueva forma no es algo tan malo. Estás siempre entusiasmada y preparada y atenta a la puerta.

2.

El gran problema que he tenido para quedar embarazada es que no ovulo. Por ende, no tengo el período. Puedo estar así hasta seis meses.

No sé por qué pasa esto. Y después de un millón de estudios ginecológicos, los médicos tampoco parecen saberlo. Supuestamente todo está bien.

Mi teoría es que yo evito tener el período. Lo hago con el cerebro. No sé cómo, pero lo hago. Lo hago porque a pesar de que tengo muchas ganas de quedar embarazada, también tengo mucho miedo.

3.

Antes de que mi padre fuera un padre, era un hombre en un barco en una guerra. La Segunda Guerra.

Mi padre había empezado a estudiar Medicina en el Instituto Militar de Virginia. Se alistó en la armada en 1944, pero después de unos meses lo dieron de baja porque, según me dijo, “no sabían qué hacer con los estudiantes de Medicina”. Así que mi padre volvió por un tiempo a la universidad, hasta que mi abuelo lo llamó desde Ohio y le dijo que la gente empezaba a hablar, y decían que estaba estudiando Medicina para zafarse del ejército. Me contó que ahí fue cuando dijo: al diablo con todo, y se alistó en la marina mercante. Era el otoño de 1945. Tenía veintiún años.

Mi padre era el Auxiliar de Administración y Enfermería en el Buque Liberty George E. Pickett. Llevó un diario de sus primeros ocho meses en altamar. Escribió mucho sobre su trabajo.

Una muestra:

El Jefe de Cocina vino a verme hoy con un posible caso de gonorrea. Voy a esperar hasta mañana para ver cómo sigue. Al menos hice que dejara de manipular la comida.

Es gracioso leer este tipo de cosas porque mi padre nunca se convirtió en doctor. Después de la guerra, volvió a la universidad y obtuvo su Máster en Administración de Empresas.

4.

A veces pienso que mi problema con los niños es algo de familia. Mi hermano, que vive en Houston y es diez años mayor que yo, tuvo un problema con niños hace quince años. Él estaba en Ohio visitando a mis padres (yo estaba en la universidad), cuando de repente sonó el teléfono. Era su novia, con la que convivía, diciéndole que acababa de tener dos bebés, un niño y una niña. Mellizos.

Mis padres ni siquiera sabían que estaba embarazada. Mi hermano voló de vuelta a Houston. La siguiente noticia que tuvieron fue que habían dado a los bebés en adopción.

Todo el asunto estuvo tan rodeado de extrañeza y misterio que varios años después de que sucediera, llamé a mi hermano solo para asegurarme de que fuera cierto. Porque todo lo que sabía lo había oído de mis padres.

Y mi hermano dijo que sí, que era cierto. Sonaba apenado. Mi hermano y yo no somos muy cercanos. No le pregunté nada más.

Otra cosa: mi hermano trabaja vendiendo equipos de sonares de alta tecnología a clientes como la Marina, equipos que se usan para cosas como buscar el avión de John F. Kennedy Jr.

Y otra: siempre me he preguntado si esos niños aparecerán un día en nuestra puerta.

5.

Estoy tratando de quedar embarazada con Frank. Frank es mi marido. Mide 1,93. Mi padre medía 1,70. Frank y mi padre se llevaban bien. Aunque el nombre completo de Frank es Frank, mi padre siempre le agregaba dos sílabas al nombre, lo volvía cantarín, “Frank-a-lín”.

Frank y mi padre nacieron y se criaron en Youngstown, Ohio. Cuando se veían les gustaba hablar de los puntos importantes de la ciudad, Market Street y Mill Creek Park, lugares que yo no conozco porque crecí cerca de Cleveland.

Y esto nunca surgió en la conversación, pero hace mucho tiempo, incluso antes de que yo naciera, mi padre había hecho arreglos para ser enterrado en el cementerio que está al final de la calle de Frank: Forest Lawn.

6.

Quiero hablar con mi padre, pero ahora está muerto. Sé que no podemos tener una conversación normal así que trato de estar abierta a otras alternativas. Trato de encontrar otros modos de comunicarnos.

Justo después del funeral de mi padre, volví a Nueva York para una semana de visitas al especialista en fertilidad. Acababa de empezar con el especialista en fertilidad luego de nueve meses de no tener resultados con el médico normal.

Tenía que ir al consultorio durante una semana para que me controlaran los folículos. Por cinco días había tomado citrato de clomifeno, una droga que engaña a tu glándula pituitaria para que produzca más FSH (hormona folículo estimulante) y LH (hormona luteinizante), dos gonadotropinas naturales que estimulan el crecimiento folicular.

Una consulta de monitoreo de folículos con el especialista en fertilidad implica lo siguiente: llegar entre las siete y las nueve a. m.; poner tu nombre en una lista; esperar que la enfermera te llame; ir a que te saquen sangre; volver a la sala de espera con el brazo doblado sobre una bolita de algodón; esperar que la enfermera te llame otra vez y cuando te llama, entrar al consultorio y acostarte en la camilla con los pantalones bajos para que una de las variopintas y atractivas médicas residentes te introduzca la sonda del ultrasonido en la vagina para medir el tamaño del folículo. El folículo tiene que alcanzar los dieciocho milímetros para que te den la inyección de hCG (gonadotropina coriónica humana) que lo hace estallar y liberar el óvulo.

Tras cuatro mañanas de esto, una residente me dijo que un folículo en mi lado izquierdo había llegado a los dieciocho. Así que me pusieron la inyección y, al día siguiente, me inseminaron.

Y cuando terminaron, yo estaba segura de que estaba embarazada porque, a diferencia de todas las otras veces en que había tomado citrato de clomifeno, me habían dado la inyección de hCG y me habían inseminado, esta vez lo hacía estando mi padre muerto. Y yo estaba segura de que él estaría tratando de ayudarme.

Pero la mañana en que tenía que hacerme el test de embarazo, me vino el período.

7.

31/1/46: Ya hemos pasado ocho días en puerto en el muelle 15, Hoboken, NJ. El buque sigue sin ser asignado y sin descargar. El navío es de la clase Liberty y se llama George E. Pickett. Su tripulación y operación están a cargo de la Waterman SS Co AT 0625. El 26/1 un navío adyacente nos chocó y destruyó el pescante del bote salvavidas Nº 4. Tremendo lío. La tripulación no es un mal grupo, pero siempre están pidiendo adelantos de sueldo. El “Viejo”, A. C. Klop, holandés de nacimiento, es de lo más agarrado con el dinero. Entre la tripulación se hacen muchas apuestas sobre nuestro puerto de destino, pero éste sigue siendo un secreto.

Ahora al buque le están haciendo unas reparaciones muy necesarias. Ha estado en dique seco, lo han rasqueteado y pintado. Se le retiraron todos los cañones y monturas.

El último viaje fue a Yokohama, Japón, y duró siete meses. Algunos miembros de la tripulación original continúan en este viaje, pero muy pocos.

Estoy decidido a aprender a navegar y a estudiar un poco de geografía. Muy escaso conocimiento sobre estos dos temas.

8.

Antes de que mi padre muriera, yo veía el mundo como un lugar. Cuando digo lugar me refiero a espacio. Fijo. El espacio no se movía sino que las personas se movían en el espacio. Las personas y el espacio podían tocarse, pero no en profundidad.

Después de que murió, entendí que las personas y el espacio son permeables entre sí de una manera que no se aplica a las personas entre sí. Entendí que el espacio es como el agua. Las personas pueden entrar en él.

9.

A mi padre le gustaban las armas, le encantaban. Mi mamá me contó que cuando ella y mi padre eran novios, él manejaba con una Luger en el hueco entre los asientos. En parte, atribuyo esto al hecho de que mi padre fue a la escuela militar y luego a la guerra. En parte, pienso que vivía en una época diferente. En parte, no estoy segura.

Mi padre estuvo seis semanas en el hospital antes de morir.

Cuando quedó claro que su estado era realmente grave, vino mi hermano. Una de las primeras cosas que hizo fue deambular por la casa buscando las armas. Mi madre nunca había querido tener nada que ver con ellas y ni siquiera sabía dónde estaban guardadas. Mi hermano encontró tres automáticas, un revólver y dos rifles. No pudo encontrar la vieja Luger, aunque dijo que sabía que papá todavía la conservaba.

Las descargó. Luego las dispuso en una larga fila, sobre la cómoda de papá:

una Walther PPK calibre .380 automática de acero inoxidable

una Seacamp calibre .32 automática de acero inoxidable

una Colt calibre .38 automática de acero pavonado

un revólver Smith & Wesson calibre .22 de titanio con designador láser

un rifle de supervivencia Armalite calibre .22

un rifle M-l Carbine calibre .30

Cuando vi todas las armas ahí dispuestas, congregadas desde sus escondites y desmontadas, las semiautomáticas y los rifles separados de sus cargadores, los revólveres sin balas, fue cuando empecé a darme cuenta de que mi padre no iba a vivir mucho más.

10.

16/2/46: Bueno, ya soy un marinero de lo más avezado. Los últimos tres días tuvimos el peor clima posible. No puede empeorar. En lo que respecta al mareo, creo que soy inmune. Tuve el estómago un poco delicado los primeros dos días pero ya se me pasó. Puedo comer igual que estando en tierra. Es agradable sentir el vaivén del barco bajo los pies, y estos Liberties se balancean más que cualquier carguero ya que son casi planos en la base. Anoche tuvimos una escora de 36º.

Un tipo se perforó con un clavo dos puntos del pie en la sala de máquinas. No pude hacer demasiado. Le abrí la herida y le puse crema de sulfatiazol y una inyección contra el tétanos. No recordaba si tenía que aplicarla de forma subcutánea o intravenosa. La puse subcutánea y crucé los dedos. Al menos se la apliqué. Más tarde lo busqué en el Manual de Cirugía Menor de Christopher y resulta que lo hice bien. Fue una casualidad que tuviera conmigo la antitoxina. En puerto estaba tan ocupado que lo iba a dejar pasar y arriesgarme a no llevarla. Dio la casualidad de que estaba cerca del depósito de WSA y entonces me tomé el trabajo de buscarla. Por suerte.

11.

¿Qué hay en el hecho de que mi padre está muerto que hace que no pueda dejar de repetirlo?

¿Por qué siento que Mi Padre Está Muerto sería un buen nombre para mi hijo?

Puedo imaginarme diciendo: “No puedo hablar ahora, tengo que ir a buscar a Mi Padre Está Muerto a su clase de hockey”.

Cantando: “Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas Mi Padre Está Muerto...”.

Busco en internet Mi Padre Está Muerto y descubro que hay una banda con ese nombre. Y son de Ohio, como mi padre, como yo. Y puedo escuchar ahora mismo sus canciones, un MP3 ruidoso, lleno de estática, que se llama “Don’t Look Now”.

12.

Mi padre es invisible. Ahora todo lo invisible me resulta interesante. Como cuando me siento en el departamento al que acabamos de mudarnos y toco la guitarra. Cuando me siento aquí y me doy cuenta, mientras toco y canto, de que la música es invisible. Y pienso en cómo me vería yo para una persona sorda. Me vería como una persona que cierra y abre la boca y desliza una mano sobre un pedazo de madera y usa la otra para tocar unas cuerdas. Y eso no es gran cosa. Solo una persona sentada, haciendo pequeños movimientos. Pequeños patrones con la boca, abrir cerrar, abrir cerrar, pequeños patrones con la mano, arriba abajo, arriba abajo. Y un sordo solo tendría manera de saber lo que estoy haciendo porque los movimientos crean vibraciones.

Y aunque las vibraciones sean invisibles, puedo sentirlas en el aire. Puedo sentirlas, están tan presentes como yo.

Siempre pensé que ver a una banda tocar en un bar es una obra de teatro más interesante que cualquier obra de teatro. El guitarrista ahí parado, retorciendo los dedos, creando vibraciones gigantes, es cien veces más poético y misterioso que alguien disfrazado diciendo palabras memorizadas, palabras que se supone que significan algo.

Pero digo eso y también tengo que admitir que cuando estoy en casa tocando la guitarra y cantando, toco y canto una canción que escribí cuando estaba en la universidad, en una banda con la que tocábamos en bares. La canción se llamaba “Amo a mi mamá”, y la tocábamos fuerte y rápido:

Amo a mi mamá

Amo a mi mamá

No es una bomba sexual

Pero es mi mamá

Me manda comida

Cuando me voy

Es vieja, es genial, mi mamá es la mejor

Amo a mi papá

Amo a mi papá

Estoy tan feliz

De que sea mi papá

Me manda dinero

Aunque soy mala

Es viejo, es genial, mi papá es el mejor

Y en cierto modo se suponía que tenía que ser una canción graciosa porque aunque la letra fuera tierna, la tocábamos como una diatriba. Pero por otro lado no era nada graciosa porque cuando la escribí estaba muy enojada con mi madre y mi padre, y la canción era una imitación de cómo los quería en ese momento: a regañadientes.

Y ahora, al cantarla, recuerdo en particular cómo le sostuve la mano a mi padre mientras se la cantaba, en el hospital, dos días antes de que muriera.

13.

18/2/46: Hoy nos cambiaron el destino por radio. Vamos a Saint Nazaire, en Francia, para descargar y quizás recoger a algunas novias de guerra. La tripulación casi enloqueció cuando supieron que tal vez habrá mujeres a bordo. No se dan cuenta de que será un fastidio. No podremos decir palabrotas y quizás tengamos que sentarnos a la mesa bien vestidos. Me gané una buena tomada de pelo hoy en la mesa porque dijeron que tendré que hacer de “comadrona” en caso de que alguna de las pasajeras esté embarazada.

14.

Ayer por la mañana volví al médico especialista en fertilidad para un control de los folículos. He vuelto a tomar mi dosis de cinco días de clomifeno. Es la quinta vez que lo tomo. Lo tomé tres veces con el doctor en fertilidad estándar, y ahora dos veces con el especialista estrella.

Se supone que no tienes que tomar clomifeno demasiadas veces porque hace muy mal. Así que esta, la quinta vez, es la última vez que puedo tomarlo. Después de esto pasaría al siguiente tratamiento, más agresivo: inyecciones.

Me dan miedo las inyecciones. Así que ayer, cuando entré, tenía la esperanza de que en la ecografía se vieran muchos folículos grandes. Pero solo había dos y eran pequeños. Uno medía diez milímetros y el otro, doce.

15.

El aire es muy interesante ahora. Puedo pasar un largo rato sentada en mi departamento, mirando el aire.

Ayer estaba en el gimnasio, en la bicicleta elíptica. Pensaba en mi útero que, según he leído, es casi infinitamente expandible. Y me imaginaba a mi útero, con su revestimiento de sangre, vacío, salvo una vez al mes, cuando el óvulo microscópico se mece ahí dentro como un salvavidas solitario en el océano.

Y luego me imaginé los puntos y líneas de esperma, como la súbita erupción del SOS de un barco.

Y pensaba qué extraño es que estos círculos y líneas minúsculos que se mueven como pelotas de ping pong en mi útero sean tan poderosos como para originar una vida.

Y a medida que pensaba esto fue como si se abriera una puerta, y miré hacia arriba y pensé, mi padre está aquí. Y miré el aire frente a mi bicicleta elíptica, el aire que no parecía tener nada de especial, que solo parecía aire común, flotando entre las personas y las cosas, y dije, hola, papá, sin usar la voz, y sonreí.

Y entonces me entusiasmé y sentí que tenía que decir un montón de cosas a la vez, como te quiero y te extraño y estoy escribiendo sobre ti, ¿me ayudarías con eso? Y cuando lo dije sonreí, porque sabía que mi padre estaría poniendo los ojos en blanco, o algo así, y sonreiría ante esta idea, porque él está muerto y yo le estoy pidiendo ayuda con la tarea.

Y después de un rato sentí que mi padre se había ido y ya no le hablé, solo seguí moviendo las piernas con el mismo movimiento elíptico de escalada que había estado haciendo todo el tiempo.

16.

Cuando mi padre entró al hospital, no pensamos que se fuera a morir. Solo tenía un fuerte resfrío, que es duro para una persona con enfisema. Pero ya lo habían internado una vez por la misma razón y en esa ocasión lo atiborraron de antibióticos por una semana y después lo dejaron ir.

Pero el día después de su admisión, me llamó mi madre y me dijo que las cosas habían empeorado. Así que viajé a Ohio. Creo que mi padre tampoco pensaba que se iba a morir. Lo primero que dijo cuando entré en su habitación fue “¿Por qué viniste?”.

17.

23/2/46: Los últimos dos días no solo estuve ocupado con tareas de administración, sino también con cuestiones médicas. El Primer Oficial de cubierta tiene lo que supongo es una neumonía leve. Se queja de dolores en el pecho y tiene una temperatura de entre 38,3º y 38,8º. Le estuve inyectando sulfa durante casi treinta horas sin resultado aparente. Ojalá cambie algo pronto.

Anoche desembarqué en St. Nazaire y me encontré con la cáscara vacía de lo que alguna vez fue una ciudad muy bella. Las casas a lo largo de la costa han sido destruidas. Solo quedan grandes pilas de ladrillos.

Me torcí el tobillo de forma muy fea cuando salté del barco a tierra. En la oscuridad pensé que eran menos de dos metros, pero deben haber sido tres, o tres y medio. Ya es la tercera vez que me pasa esto en el último año y medio. No creo que el cartílago y los ligamentos resistan mucho más. Hace falta bastante para hacerme llorar, pero anoche me dormí llorando de lo terrible que era el dolor. Tomé dos nembutals que no me hicieron ningún efecto.

18.

Cuando mi padre se estaba muriendo, veía cosas. Te dabas cuenta por el modo en que miraba el aire a la derecha y a la izquierda del televisor siempre encendido. Una vez señaló el aire a mi lado y dijo: “Ese es el hombre que vino a verme”. Y cuando le pregunté: “¿Quién?”, él se rio por lo bajo, hizo un gesto con la mano y dijo: “No importa”.

En otra ocasión, cuando el monitor del pulso y el oxígeno junto a su cama empezó a emitir pitidos muy fuertes, pitidos que hacían que la enfermera viniera corriendo, él abrió los ojos de par en par y miró, no a la enfermera ni a mí, sino al aire detrás de nosotras.

Y sonrió como si fuera un chico virgen de quince años mirando a la mujer desnuda más hermosa de la Tierra y, en una voz que sonó como la de Louis Armstrong, dijo: “Oooooh, man”.

19.

Estoy en el consultorio médico. Sola con el ecógrafo. Si nunca han visto uno, un ecógrafo tiene la apariencia de un banco de primer grado, bajito y rechoncho, solo que con una pantalla de computadora y una espada blanca de plástico. Es un banco de primer grado disfrazado para Halloween de algún personaje de Star Wars.

Así que estoy sola con él, con mi papel y pluma, y escribo lo siguiente. Que es un modelo GE 10 G 10 400 MD. Que su número de ID de sistema es 212746LOGIc4.

Que tiene inscrito un número: 1-800-GE. Que junto a la sonda de plástico hay una botella también de plástico, del tipo de las que suelen contener ketchup en los restaurantes. Que la botella dice “Gel conductor de ultrasonido Graham-Field”. Ese gel, aplicado sobre el brazo, es azul.

Entonces entra al consultorio la encantadora y talentosa médica residente de hoy y yo dejo mi pluma y me pongo en posición, y las dos miramos la pantalla.

“El lunes tenía dos del lado derecho”, digo.

Ella lo sabe. Mueve la sonda hacia arriba, hacia abajo, de lado a lado. Ay.

En la pantalla, de repente, un agujero negro, que es como se ven los folículos en el mundo de Halloween de Star Wars.

Oigo sus dedos sobre el teclado. Tap, tap. Dos equis pequeñas aparecen a cada lado del agujero.

“¿Qué tamaño tiene?”

“Diecisiete y medio”, dice.

“¿Dónde está el otro?”

“No debe haber madurado”, dice.

¿Por qué algo no madura? La residente no podía decírmelo. Salió del consultorio para deliberar con otro doctor, y entre los dos decidieron darme una inyección, a pesar de que el folículo solo tenía diecisiete milímetros y medio. Y mientras yo me inclinaba sobre la camilla, con los pantalones arrugados alrededor de los tobillos, examiné otra vez el ecógrafo, y vi que la espada tenía puesto un condón, y dentro del condón estaba el gel azul, formando pequeñas olas.

Entonces me dieron la inyección y, aunque le pedí a la residente que me pusiera un apósito, ella dijo que no lo necesitaba. Así que me fui a casa. Y cuando llegué, llamé al teléfono que figuraba en el aparato. Atendió una mujer con acento sureño y dijo: “GE We Care, ¿me puede dar su número de ID de sistema?”.

Le di el otro número que había anotado. “¿La puedo ayudar?”.

Entonces le dije que quería saber más sobre cómo funciona el sonar del ecógrafo.

Y ella dijo que tendría que hablar con el técnico de servicio. Entonces me pasó con su número de interno y, cuando él atendió, le pregunté por qué es necesario tener un condón lleno de gel en la sonda cuando se hace la ecografía. Y él dijo: “porque las ondas de sonido necesitan un medio por el cual pasar”, y luego me dijo que fuera a la biblioteca.

20.

3/3/46: Hoy comienza el Carnaval que precede a la Cuaresma. La gente se disfraza, igual que nuestros niños en Halloween, y desfilan por las calles. Me temo que esta fue una celebración bastante pobre para los franceses, por la escasez de ropa. La mayoría de la gente usó sus viejas máscaras de gas para cubrirse la cara.

21.

Me acaban de inseminar.

Desde que me inseminaron, hice las siguientes cosas con mi cuerpo: caminar catorce cuadras. Tomar el tren 6 y luego cambiar al E. Terminar de leer el Post de pie en el andén. Tomar una botella pequeña de agua. Masticar dos chicles de menta. Ofrecerle mi ejemplar del Post al señor sonriente del tren. Caminar tres cuadras más. Comprar un latte. Ir caminando a casa. Abrir la puerta. Cambiarme la camisa. Lavarme la cara. Hacer pis. Tomar más agua. Comer un suplemento masticable de calcio sabor chocolate. Comer un puñado de galletas de animales y algunas galletas saladas con mermelada de frutilla. Otro suplemento de calcio sabor chocolate. Sentarme aquí. Tomarme el latte de un trago.