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Escribir es cubrir de cicatrices el silencio. Quien toma la pluma, toma más que la palabra. La escritura ha sido siempre un encuentro, una develación. Orígenes devela el surgimiento de una vocación literaria: la palabra hecha destino, trayecto, punto de partida incesante. La historia de un viaje a la semilla, a esa raíz peregrina que vive en todo aquel que ha encontrado en la escritura un origen primigenio. Un viaje hacia el pasado para esclarecer el presente y encontrarse con el futuro. Orígenes es una historia de simbolismos, sugerencias, evocaciones. Acaso una de las obras más singulares de esta colección.
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Seitenzahl: 40
Veröffentlichungsjahr: 2025
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Orígenes de Luis Sarabia Jasso. La obra Orígenes, de Luis Sarabia Jasso, fue publicada originalmente en 2014 por el Colegio de Ciencias y Humanidades plantel Naucalpan de la UNAM, en el proyecto Almendra, proyecto coordinado por Miguel Ángel Galván Panzi. El arte y diseño estuvieron a cargo de Isaac Hernández Hernández y la edición de Édgar Mena. Esta edición de un ejemplar (480 Kb) fue preparada por la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM. La coordinación editorial estuvo a cargo de Camilo Ayala Ochoa y la producción y formación fueron realizadas por Hipertexto – Netizen Digital Solutions. Primera edición electrónica en formato epub: 16 de agosto de 2021. D. R. © 2021 UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO Ciudad Universitaria, 04510, Ciudad de México, México Colegio de Ciencias y Humanidades plantel Naucalpan Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorialwww.libros.unam.mx ISBN: 978-607-30-4862-0 Almendra es un proyecto INFOCAB PB402313, de la Universidad Nacional Autónoma de México, que tiene como finalidad la difusión de textos literarios creados por estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades. Prohibida su reproducción parcial o total por cualquier medio sin autorización escrita de su legítimo titular de derechos. Esta edición y sus características son propiedad de la Universidad Nacional Autónoma de México. Hecho en México.
Esta publicación es realizada gracias al apoyo de la Dirección General de Asuntos del Personal Académico de la UNAM (DGAPA), a través del programa INFOCAB en su emisión 2014.
MIS MANOS ANSIOSAS tentaban a través de la tela sórdida y gruesa de mi mochila un cuaderno negro, suficientemente bello para que desease escribir allí los poemas de mi autoría una vez terminados, como venía haciendo un par de años atrás. Los dedos raspaban la porosidad y procuraban congelar el ruido para que mi profesora no se percatara de cómo mi cuerpo reflejaba sus absortos sentidos.
La clase de biología hablaba sobre los genes, DNA y cromosomas, todo el material hereditario de los seres vivos, aunque sólo una frase o lapso de información quedó en mi mente: el DNA tiene la capacidad de resguardar las características y pasarla de unas generaciones a otras, dato que ya conocía; pero que tal pareciera no aplicaba conmigo, ya que mis padres nunca habían oído de versos endecasílabos o estrofas de tanto por tantos versos. Mientras reposaba los codos sobre la mesa llegó a mi mente una frase, una paradoja tan exquisita que no dejé pasar un segundo más, así que cuidando que la profesora no volteara, saqué mi cuaderno y escribí: “Consuma entre tus dedos mi suicidio”. Por alguna razón me ruboricé, casi al grado de ponerme melancólico y que mis ojos se vidriaran.
Al fin opté por echar a volar mi mente, tanto que no recuerdo cuando dibujé en la negra plataforma una especie de rectángulo con un cuerno, y algo en él me parecía familiar. Me hundí en otra extensa cavilación, y ahora encontré resultado, pues era semejante a un símbolo que coloco en los separadores que yo mismo realizo, como si fuera solamente la mitad; pero con más variaciones: la hélice que llevaba a los costados, más pequeña en la mesa y en mi versión más grande; otra diferencia era la forma, el mío era hexagonal. Tomé una pluma y tracé en la palma de mi mano aquel símbolo accidental, ahora completo, aunque ahora me provocó dibujarlo con una especie de trazo circular que dejaba al rectángulo con una esquina vacía.
La maestra terminó por fin la clase, y salí abstraído entre la paradoja recién surgida y el signo que seguía en la palma de mi mano, comparé éste último con mi propia versión, y eran tan parecidas, aun a pesar de que sabía que mi símbolo surgió de varios prototipos que fui eliminando, y que nunca vi anteriormente, aunque pareciera que cualquiera de los dos símbolos hubiese sido plagiado.
Durante el viaje en el transporte las calles pasaban tan rutinarias que provocaban el mismo tedio de siempre, y ni siquiera empecé a dar pie a mi reflexión hasta que llegué a la mitad del camino. Extraje los dos dibujos, comparándolos y negando que casi eran exactos, y una vez más no logré mi cometido. Encontraba poco lógico todo aquello, coloqué las puntas de mis dedos en el vidrio como si descansaran de un día agotador pero productivo. Mis párpados comenzaron a cerrarse y un sopor extraño excedió la resistencia para evitar dormir, guardé los símbolos en mi mochila, la abracé y acomodé mi cuerpo para entregarme al sueño.
