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¿Existe otra forma de vivir? Otro modo es posible. Este breve relato en el que se mezcla lo real y lo imaginario ambientada en el siglo XIX pero con reflexiones en cada capítulo que bien podrían ser de una vida actual, te llevará de la mano de nuestra protagonista Ainne a un lugar dónde por fin sus sueños tomarán sentido. Olvida todo lo establecido, solo cierra los ojos y piensa, imagina cómo quieres vivir…
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Seitenzahl: 207
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Otra vida
Isaac Rey
ISBN: 978-84-10347-96-0
1ª edición, Febrero de 2024.
Conversión a formato de libro electrónico: Lucia Quaresma
Editorial Autografía
Calle de las Camèlies 109, 08024 Barcelona
www.autografia.es
Reservados todos los derechos.
Está prohibida la reproducción de este libro con fines comerciales sin el permiso de los autores y de la Editorial Autografía.
Índice
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE:
1. AINNE
2. SEÑALES
3. ALGO MÁS
4. LUGAR SOÑADO
5. UN HALLAZGO
6. BUSCANDO AYUDA
7. UN JUEGO
8. EL PACTO
9. LA HUIDA
10. SE BUSCA
11. DESORIENTADA
12. EL AMOR
13. ROI, EL COCINERO
14. UNO MÁS
15. COINCIDENCIAS
16. JOSEPH
17. PISTAS
18. CAMBIAR ALGO
SEGUNDA PARTE:
1. HASTA PRONTO
2. EL CAMINO
3. SOLOS
4. TOMA DE CONTACTO
5. SU ÚLTIMO CASO
6. AMIGAS
7. UN CONTRATIEMPO
8. RECLUTANDO
9. EN LA SOMBRA
10. OLAIA
11. ES EL DÍA
12. RESULTADOS
13. LOS SUEÑOS SE CONSIGUEN
14. UN FAVOR
TERCERA PARTE:
1. UN INICIO
2. UNA CARA NUEVA
3. UNA CAJA
4. EL ENCUENTRO
5. JASPER
6. MALAS NOTICIAS
7. LA DECISIÓN
8. EL VIAJE
9. SEÑALES DE VIDA
10. UNA GRATA SORPRESA
11. MIENTRAS TANTO EN DUNDALK
12. UNA DIRECCIÓN
13. RIENDA SUELTA
14. OTRA VIDA
15. EL LUGAR
16. LA COMIDA
17. LA ECONOMIA
18. MAMÁ
19. DUDAS
20. LA RECOMPENSA
21. RECOGIENDO FRUTOS
22. Y AHORA QUÉ
23. TIEMPO DE INFLEXIÓN
24. LECCIÓN APRENDIDA
DESPEDIDAS
AGRADECIMIENTOS
INTRODUCCIÓN
Los sueños son una serie de sucesos que imaginamos mientras dormimos, por lo que son algo de lo que no nos podemos desligar.
Estos muestran imágenes de nuestra vida diaria y a través de ellos podemos acceder a nuestro inconsciente, un lugar carente de lógica donde nuestras emociones, pensamientos y deseos más profundos se manifiestan, así como nuestra parte más salvaje y verdadera.
Esta idea se ha abordado a lo largo de la historia con numerosas teorías sobre la interpretación y simbología de los sueños y con la representación de estos en arte.
Las experiencias oníricas se llevan a cabo desde el instante en el que nacemos. En este momento no tenemos la capacidad para distinguir qué es este fenómeno debido a nuestra falta de conocimiento, pero, al ir desarrollándonos, somos cada vez más conscientes de lo que pasa en nuestra mente y, en consecuencia, de nuestros sueños.
Paralelamente a nuestro crecimiento adquirimos más recuerdos y emociones, los cuales influyen de manera notoria en los sueños.
Una vez dormimos, estos nos transportan a nuestro inconsciente, un lugar donde nuestros pensamientos, miedos y emociones no están restringidos por nuestra parte lógica, sino que se encuentran manifestados en su forma más pura.
El fenómeno onírico se explica desde dos puntos de vista: fisiológico y psicológico; para explicarlo desde este último, se han ido elaborando numerosas teorías de interpretación a lo largo de los años. Aun así, no se ha llegado a una decisión unánime, pero un aspecto en el que la mayoría coincide es en el conocimiento que podemos obtener de ellos, ligando sueño y aprendizaje, y es que, si el dormir es para regenerar el cuerpo, el soñar es para reorganizar el alma, o, si queremos ser más precisos, nuestra conciencia.
Se podría decir que el inconsciente es una especie de archivo de vivencias que permanece latente en la parte más profunda de nuestra consciencia.
Ante la afirmación de que todas las personas sueñan, no podemos evitar algunos de nuestros sueños. Es así que empezamos a cuestionarnos sobre el contenido de ellos, como le pasa a la protagonista de este libro, Ainne, y la posibilidad de recordarlos.
Desde la Antigüedad, se ha tratado de explicar el mundo de los sueños relacionándolo con el hacer de los dioses, concibiéndolos como vaticinios sobre el futuro.
Así ocurría también con las obras de arte, cuya interpretación se basaba en la religión y las divinidades.
Con la llegada de la Ilustración y sus ideales de primar la razón por encima de todo, el inconsciente y la imaginación quedan relegados, pues estos no desempeñarían un papel importante para el conocimiento. Una vez que esta entra en crisis, la razón también, por lo que los románticos volverán a hacer un ejercicio de introspección y se refugiarán en sus mundos imaginados y el onirismo.
Estos pintores como Blake, Friedrich o Goya desarrollaron un lenguaje cargado de imaginación y elementos simbólicos.
Ellos quieren liberarse de las ataduras de la razón, desligarse de los sufrimientos de la realidad y adentrarse en lo salvaje y desconocido, impulsados por el inconsciente y los sueños.
Pero la relación entre el arte y los sueños se haría más evidente años después con el surgimiento de las vanguardias, en concreto el surrealismo. (1)
PRIMERA PARTE:
Que tus sueños te lleven allí…
Donde tu corazón es feliz.
Solía tener unos sueños tan reales que poseían la capacidad de despertar en ella un sentido de la vida diferente a todo lo demás experimentado hasta ahora con tan corta edad.
Tenía la certeza de que la vida no era un problema que resolver, era una realidad que experimentar, y sin duda Ainne sabía que llegaría hasta el final para conseguir hacer realidad sus sueños, pero ¿cómo? ¿Por dónde empezar? ¿Qué significan esas imágenes tan nítidas en sus sueños?
Esas dudas le provocaban una necesidad en su interior de querer cambiarlo todo. Esas sensaciones pronosticaban que algo mejor tenía que llegar; otra vida era posible allí donde estuviera el lugar que tantas noches recreaba mientras dormía.
Tan solo necesitaba una señal, algo por donde comenzar. Tendría que estar atenta, preparada.
Ainne no podía explicarlo, hablarlo con nadie, total, para qué, ya lo había intentado y, al hacerlo, se sintió la chica más estúpida del mundo. Solo con ver la expresión de escepticismo en la cara de sus padres, Adara y Reinols, se dio cuenta de que tendría que hacerlo sola. No podía explicar con unas simples palabras algo que no se ve, algo que tan solo existe en su cabeza, pero tan real que tienes la necesidad de contarlo. ¿Cómo no hacerlo? Se trata de una vida tan idílica y a la vez tan diferente que es difícil de comprender si no la visualizas.
Por desgracia, en su hogar la realidad era muy distinta. Soñar
parecía estar prohibido.
1
AINNE
Su adolescencia trascurrió en Dalkey, al sudeste de Dublín. Se trataba de una zona acomodada, rodeada de frescos y verdes jardines.
Su padre Reinols era un aristócrata de sangre azul, su linaje estaba relacionado con las finanzas, habiéndose convertido en un hombre verdaderamente influyente entre los burgueses de una sociedad en progreso.
Clasista y poderosamente rico, se enfurecía al escuchar reflexiones ilógicas de una joven que parecía no querer seguir sus pasos, su linaje.
Aquella muchacha de pensamientos libres era un verdadero quebradero continuo de cabeza. Era su única hija, su solitaria descendencia. Por motivos de la naturaleza, Ainne nunca llegó a tener la compañía de un hermano varón, un deseo frustrado para sus padres.
Su madre Adara nunca se preocupó demasiado de ella, vivía una vida acomodada, sin grandes preocupaciones ni quehaceres. Era tal el miedo a perder una vida de glamur, que hasta incluso permitía los continuos deslices nocturnos de su infiel marido, echando la vista hacia otro lado, sin pedir explicación alguna, quedando así una mujer moralmente delicada. Sonreía aparentando que su vida era perfecta, y, en realidad, ello la convertía en una mujer sin alma y distante con Ainne.
Como no podía ser de otra manera, por el nivel adquisitivo con el que creció y por la imposición de su padre de continuar con su legado, Ainne recibió una educación privilegiada.
Pero parecía que aquella muchacha tenía otros planes en su mente. El saber estaba causando en ella un efecto contrario a lo deseado por su padre. Esa enseñanza e información que los maestros repetían sin mesura de forma monótona no parecía corresponderse con la realidad del día a día ni con lo que era importante realmente para ella.
Entre los miles de datos y de normas estrictas, el soñar parecía estar prohibido. Sabía perfectamente que jamás utilizaría aquellos conocimientos en un mundo laboral y no entendía el porqué de una enseñanza así, aburrida y absurda, que solo sirvió para conocer y entender mejor el mundo tan superfluo que la rodeaba.
No contaba con grandes amigos; los chicos de su edad no solían acercarse a Ainne, y si lo hacían era puramente por el interés de los padres de estos y aprovechar para tener algún encuentro con Reinols más que por el interés de los propios chicos en ella.
Eso no era problema para Ainne pues encontraba siempre algo con que distraerse.
El dibujo era uno de sus hobbies favoritos, era un don innato. Le gustaba plasmar en sus lienzos imágenes que, sin saber por qué, estaban en su mente, en sus sueños. Principalmente eran retratos de animales, insectos raros que no encontraba en ninguno de sus libros.
Hizo un dibujo al que ella llamó «Nidos humanos». Se trataba de una especie de casas, cabañas fabricadas en madera natural, colgantes de unos portentosos árboles.
Aunque su lienzo favorito era el de un lugar.
Un paraje de ensueño donde destacaba una fuerte cascada; tras ella, sus sueños terminaban, saliendo de aquel fabuloso edén y despertando de nuevo una mañana más.
2
SEÑALES
Año 1860, Dalkey, Irlanda.
La celebración de su decimoctavo cumpleaños, lejos de ser una fiesta familiar cercana, fue fría y falta de cariño.
Los invitados, todas personas influyentes de la ciudad, sonreían queriendo aparentar tener una vida plena de riqueza y felicidad, como tantas veces había visto hacer a su madre Adara. Para Ainne tan solo eran perfectos maniquíes correctamente estirados y sin ningún síntoma de empatía, humanidad o interés hacia ella, la verdadera protagonista del cumpleaños.
Harta de ver aquel ambiente superfluo, y tras soplar las velas de una glamurosa tarta dotada de pequeñas bolitas de chocolate blanco, imitando la forma de blancas perlas brillantes, decidió desaparecer discretamente hacia su habitación; era medianoche.
«Son como las urracas; cuanto más brilla algo, más parece llamar su atención», pensaba Ainne.
Tan solo quería dormir, pero algo la despertó. Las puertas del robusto armario color blanco marfil con adornos metalizados hicieron un llamativo ruido al abrirse y cerrarse de golpe. Al oírlo, Ainne, sobresaltada, se levantó de la cama; caminó como si un imán interior la arrastrara hasta pararse frente a él.
Retiró cautelosa la ropa colgada, sin saber muy bien lo que buscaba. No encontró nada que llamara su atención. Pensó que todo había sido fruto de su imaginación: demasiados cuentos de hadas las últimas semanas.
Pero no terminó aquí la extraña situación.
Justo en el instante en el que se dispuso a volver a la cama, lo vio.
Era su lienzo favorito, algo distinto había en él. Encendió la luz para asegurarse, quería verlo mejor. Algo nuevo había en la parte inferior derecha del paisaje.
¿Qué eran esas marcas? Parecían unas letras.
Se acercó guiñando los ojos para centrar al máximo toda su agudeza visual y pudo leer claramente una inscripción en letras pequeñas, se trataba de latín.
Media nocte, alia vita manet.
Al terminar de pronunciar aquella inscripción, el lienzo desprendió un fuerte estallido de luz cegador.
Tras unos segundos de desconcierto, la densa iluminación originada se fue desvaneciendo. Ainne, completamente deslumbrada, pudo así recuperar poco a poco la visión.
No podía creer lo que acababa de suceder. Su dibujo había cambiado; el idílico paisaje ahora ya no estaba.
Dos cocodrilos entrelazados entre sí, formando un círculo perfecto, habían aparecido en él.
De pronto, aquella imagen cobró vida. Aquellos dos animales comenzaron a girar dentro del rectángulo que limitaba el borde del lienzo, cada vez más rápido, hasta alcanzar gran velocidad, formando una circunferencia perfecta adornada con destellos de una luz brillante, mágica y a su vez generando una sensación de profundidad por el pequeño remolino originado: parecía querer absorberla a su interior.
Era una puerta, una entrada a otro lugar.
Sabía que era la señal que había ansiado encontrar todo este tiempo, pero su cuerpo iba por un camino distinto al de su mente y se asustó, retrocedió. El miedo, y no entender nada de lo que estaba pasando, hizo que corriera hasta su cama para taparse por completo.
¿Qué había sido aquello? Procesaba todo lo sucedido, esa frase en latín… Media nocte, alia vita manet.
Sabía su significado; de algo tendrían que servir los costosos maestros que acudían cada mañana a su casa. La traducción era clara, rotunda, sin atisbo de duda: «A medianoche, otra vida espera».
La sensación que le invadió fue la de haber perdido la única oportunidad real que había aparecido hasta el momento para dar vida a sus sueños.
Pensó que jamás volvería a poder verlo. Era esa la noche, el día de su decimoctavo cumpleaños, y ella la desaprovechó. Le generó miedo. ¿Por qué? Si era lo que deseaba que llegara para por fin poder actuar…
Se refugió pensando en que el ser humano es así, le aterra lo desconocido, salir de su zona de confort, necesitamos tenerlo todo bajo control; pero ella no era así, estaba furiosa, enfadada consigo misma.
«Dos cocodrilos formando una forma circular…».
Agotada, al fin se durmió.
3
ALGO MÁS
A la mañana siguiente, lo primero que hizo al despertar fue ir a inspeccionar su lienzo.
Su idílico paisaje lucía como un día más. Aquellos cocodrilos habían desaparecido; no había rastro alguno de lo sucedido la noche anterior, salvo una cosa. La inscripción seguía allí, intacta.
La leyó de nuevo, ansiosa por volver a revivir lo sucedido. Repitió una y otra vez aquellas palabras, pero esta vez nada pasaría, su lienzo no cobraría vida.
Necesitaba información; ¿cómo volver a conectar con aquella entrada? Lo único que sabía con certeza acerca de esa frase en latín era que ella no la había puesto ahí.
Fue corriendo a la sala donde su padre Reinols iba dando forma a una pequeña biblioteca con estantes aún por completar con cientos de páginas más.
Tenía que saber más de esos cocodrilos, su significado…
Revisó libros de todo tipo. Historia, mitología, religión, incluso científicos. Ojeaba pasando rápidamente sus hojas, buscando aquella imagen circular, algo por donde empezar.
Fue al borde de la desesperación, con la vista agotada y el ímpetu del principio desvaneciéndose, cuando descubrió un libro que parecía guardar alguna similitud con lo ocurrido.
Se titulaba El mundo onírico y sus páginas hacían alusión a los cocodrilos. Ainne leyó en voz alta.
«Los cocodrilos conciernen a reinos espirituales mucho más intensos que la mayoría de los demás animales […]. Simbolizan tranquilidad, prudencia y rectitud, mostrando tu forma de proceder en determinadas situaciones».
»Sus mayores virtudes son la fuerza, el honor, la paciencia, la velocidad, el miedo, la astucia y el poder primario.
»De ellos podemos aprender a tomar nuestras decisiones sabiamente y con cuidado, tomando tiempo para esperar el momento más oportuno para hacerlo.
»Estas bestias aparentemente feroces significan un nuevo comienzo para el crecimiento y la regeneración —Ainne prosiguió leyendo, parecía que estaba encontrando un sentido.
»Aquellos que pueden identificarse con el simbolismo del cocodrilo tienden a tener un don para sobrevivir de una manera armoniosa y próspera en otro lugar, otra vida. Sobrevivir en otro lugar, otra vida… —releyó Ainne.
Ainne se sentía identificada en muchas de las palabras de aquellos textos, recuperando así la esperanza y haciéndose miles de preguntas de nuevo.
«¿Y si vuelve a ocurrir? A medianoche, otra vida espera. Esa inscripción no habla de fechas. ¿Quizá no se había mostrado hasta ser mayor de edad y ahora surja cada noche? Tengo que comprobarlo. Esta vez el miedo no se podrá apoderar de mí, no lo permitiré», reflexionaba Ainne en silencio.
4
LUGAR SOÑADO
Ese día apenas probó bocado; nerviosa, miraba el reloj a cada momento. «Tenía que ser hoy, tenía que funcionar, todo encaja, todos mis sueños sobre ese lugar inexplorado, mis pensamientos…».
El reloj marcó la hora, eran las doce. Allí estaba esperando ansiosa frente a su lienzo.
Leyó la inscripción: Media nocte, alia vita manet.
Se retiró unos pasos atrás, apretó sus manos y cerró los ojos, deseando que funcionara de nuevo. Respiró, cuando, de repente, todo volvió a ocurrir.
Esta vez no dudó. Su pequeño cuerpo fue absorbido por esa gran masa de aire y luz que partía de la imagen de dos cocodrilos. Después, como la noche anterior, eran difíciles de distinguir aquellos dos animales, debido a la velocidad a la que comenzaban a girar dejando una pronunciada estela circular.
Así fue como Ainne accedió al lugar que tantas veces había recreado en sus lienzos, en sus sueños. La vida tal y como la conocía hasta ahora, desde aquel preciso momento, iba a cambiar por completo.
Tenía ese sentimiento interiorizado. Era como si supiera que algún día todo aquello tendría que ocurrir. No sabía de qué forma sucedería, pero, gracias a la aparición de unas imágenes siempre nocturnas, creía con certeza que existía algo más.
El destino le había otorgado la posibilidad de iniciar algo bueno y, sin duda, no quería desaprovecharlo. Ese amor a la vida, a la naturaleza, parecía ser recompensado.
Miró hacia delante: una gran cascada, una densa vegetación, un paraje sin igual. ¡Estaba dentro! Era su cuadro, su paisaje y… ¡estaba en él! ¿Cómo había pasado? Ese remolino la trasportó, absorbió su cuerpo, y al abrir los ojos… ya no estaba en su habitación. ¡No se lo podía creer!
Ainne estaba confusa, abducida por la situación vivida, giraba dando vueltas sobre sí misma, observando todo a su alrededor; lo conocía bien, ella lo había dibujado, y no solo ese idílico lugar, también los seres vivos que habitaban en él.
«Sabía que existíais, lo sabía…», dijo admirando la belleza de las alas coloridas de una gigantesca mariposa que sobrevoló cerca de ella.
Se movió hacia delante con ganas de explorarlo todo, sabía que tras la cascada podría volver a la realidad, despertar de aquel lugar, pero aún no era el momento; algo llamó su atención.
5
UN HALLAZGO
Un destello tras la vegetación hizo que se fijara en ello. Se acercó para ver de qué se trataba.
Retiró las grandes hojas y restos de vegetación adherida que lo tapaban y entonces lo vio, era una roca, tenía algo inscrito.
Ainne leyó en voz alta lentamente aquellas palabras.
BIENVENIDOS A HIDDENGREEN, DONDE SOLO AQUELLOS CON ALMA BONDADOSA SON COMPENSADOS CON LA ENTRADA A OTRA VIDA.
¿Quién había escrito esas palabras?
Inmediatamente después, comprendió lo que significaban.
«Si todas las personas bondadosas pueden entrar, entonces, podría mostrar mi cuadro a más gente, acompañarme cada noche. Yo sola no podría comenzar a construir todo un mundo soñado. Pero ¿cómo explicaría todo aquello? Me tratarían de loca o algo peor, y, sobre todo, ¿cómo saber distinguir a esas personas merecedoras de un destino mejor?».
Eran demasiadas preguntas sin respuesta; no quería volver a casa, necesitaba seguir indagando, saber más, pero sería lo más sensato, pensó. Tendría que reorganizar su mente, idear un plan ahora que había encontrado aquel lugar, tenía que volver a soñar: los sueños le mostrarían qué hacer, cómo actuar, era hora de volver a casa, bastaba por hoy.
Sabía cómo volver, sus sueños siempre acababan allí.
Se dirigió a la enorme cascada; la extensa vegetación lo cubría todo, el ruido proveniente del agua guiaba sus pasos. Como si de uno de sus sueños se tratara, siguió el fino sendero perdiéndose tras la enorme cascada.
El torrente de agua caía con virulencia tras ella. La humedad era densa; un goteo continuo caía desde el techo de esa pequeña bóveda oculta tras la cascada; una escasa luz penetraba en el lugar.
Unos pocos metros más adelante, una forma circular de piedra, recubierta de ramificaciones, impedía el paso. Parecía ancestral por el moho adherido a su alrededor.
De nuevo, otra inscripción en latín.
Cum transieris, exitum invenies (al cruzar, la salida encontrarás).
Ainne abrió los ojos, despertando en su cama como una mañana más…
6
BUSCANDO AYUDA
Ainne se pasaba el día pensando en Hiddengreen, en lo increíble de ese lugar y en las infinitas posibilidades que brindaba para hacer realidad sus sueños, lejos de un sistema corrupto y poco equitativo, anhelando que llegara la medianoche.
Cada noche, a la misma hora, una frase en latín y el lienzo se iluminaban cobrando vida, dándole paso al lugar.
Una incursión tras otra, una rutina nocturna y secreta cada vez más concienciada de que otra vida iba a comenzar allí.
Alguien lo había intentado antes. Aquel mensaje en la roca, la piedra circular que hacía las veces de salida y varios utensilios, antiguos, fueron los únicos signos de vida humana que encontró Ainne hasta el momento, no sabía nada más al respecto.
Tendría que buscar ayuda; el mensaje encontrado era conciso, más gente buena podría entrar, ayudarla a construir un mundo nuevo, uno soñado.
Tenía una idea, sus padres.
Pensó que por fin podrían ser una familia unida en un lugar nuevo, lejos de esas reuniones interminables de negocios y una vida material sin ningún tipo de calor familiar, por fin los tres juntos.
Acudió eufórica al despacho de su padre Reinols, quien parecía encontrarse a pleno rendimiento. Tan solo sobresalía su fino cabello blanquecino tras dos torres de papeles sobre su mesa de madera maciza. La miró, levantando por un momento la vista por encima de unas diminutas gafas doradas y redondas apoyadas en la punta de su nariz.
—¡Muchacha, qué susto me has dado! —exclamó, arqueando las cejas, altamente sorprendido—. ¿Aún no sabes que hay que llamar antes de entrar? Hija, nunca cambiarás. ¿A qué es debida tanta emoción? —preguntó Reinols consternado.
—¡Padre, tienes que venir conmigo! ¡Esta noche, tú y madre!
—¿Esta noche? ¿Adónde? ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?
—¡Sí, padre, mejor que nunca! Tenéis que acompañarme a un lugar… Hoy a las doce en mi habitación y os lo mostraré.
—¿A las doce? ¿A medianoche? Ainne, no estoy para juegos, tengo mucho trabajo y mañana tengo que estar temprano en la sede de Dublín. ¿Qué te traes entre manos?
—Padre, no es ningún juego, solo confía en mí; solo puedo decirte que algo mejor nos espera.
—¿Algo mejor? ¿Ya estás con tus fantasías, hija? Creo que aún no te has dado cuenta de la posición privilegiada en la que nos encontramos.
—No se trata de eso, padre; y ya sabes que para mí no todo se basa en el dinero.
—Ah, ¿no? Entonces, dime qué vida sería sin él. Si no tienes dinero para comer, ni un techo en el que resguardarte, ni puedes costearte una educación como la que te estoy dando, explícame qué vida podrías llevar, deléitame.
—Ese es el problema, el sistema corrupto que se ha formado, poniendo valor económico a todo.
—Por ello nos diferenciamos de los animales, si no, esto sería… ¡la selva! —interrumpió Reinols, molesto por las ideas de su fantasiosa hija.
—No, padre. Lo único que se ha conseguido con ello es la insaciable necesidad de querer conseguir más y más a costa de lo que sea, y si ello requiere destruir la tierra en la que vivimos, que así sea; nunca habrá un final, porque el ser humano es insaciable y destruirá todo solo por conseguir su propio bien.
—Bueno, bueno, si eso pasase, es algo que ni tú ni yo viviremos, así que por ahora la realidad es esta.
—Tú solo ven a mi habitación esta noche y te mostraré que hay otra forma de vida.
—¡Vaya! ¿En tu habitación hay otra forma de vida? Eso sí que no me lo pierdo; a ver con qué me sorprendes esta vez.
—¡Te sorprenderás! Voy a hablar con madre —respondió Ainne.
—En fin… Ahora déjame, no tengo tiempo para oír cuentos. Adiós, hija.
Ainne salió en busca de su madre Adara.
La casa tenía una gran extensión de terreno de quince hectáreas de jardines y diez habitaciones que jamás había visto ocupadas en su totalidad; tanta superficie proporcionaba empleo a seis personas que ofrecían sus dotes en la cocina, jardinería y una vida de servidumbre a cambio de unas monedas semanales que Reinols obsequiaba con cierto desprecio. Una mirada de superioridad emergía en sus ojos a la hora del pago.
No fue fácil encontrarla; Adara parecía querer gozar de intimidad y para ello siempre elegía un pequeño rincón donde le gustaba sentarse.
Era un banco de piedra maciza, allí solía observar las pequeñas aves que acudían diariamente a refrescarse en su fuente en forma de carpa, que impulsaba de su abierta boca un pequeño chorro de agua con un sonido continuo, relajante, al romper suavemente contra el resto del agua estancada.
—¡Por fin te encuentro, madre! —exclamó Ainne algo fatigada tras la búsqueda.
Adara, pensativa, con la mirada puesta en el infinito, se giró sorprendida, como si despertara de pronto de un sueño. Llevó su mano a la mejilla derecha, secando unas lágrimas difíciles de ocultar, que delataban el tono rojizo de sus ojos.
—Madre, ¿a qué vienen esas lágrimas? —Ainne, al verla, se preocupó y corrió para abrazarla.
