Padre nuestro - José Antonio Pagola - E-Book

Padre nuestro E-Book

José Antonio Pagola

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Beschreibung

El Padre Nuestro comentado en dos partes. La primera consiste en un comentario que ayuda a comprender el contenido de cada una de las peticiones del Padrenuestro. En la segunda se proponen algunas súplicas o alabanzas tomadas de los Salmos, que pueden ayudar a que cada petición del Padrenuestro tenga una resonancia más honda en el corazón. Un libro ya clásico destinado a la meditación de los cristianos, escrito por José Antonio Pagola, uno de los teólogos más destacados en lengua española.

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Seitenzahl: 111

Veröffentlichungsjahr: 2013

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PRESENTACIÓN

«Estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos. Él les dijo: Cuando oréis, decid: Padre...»(Lc 11,1-2). El Padrenuestro no es una oración mas entre otras. Es la oración de los discípulos de Jesús. La oración que el Maestro enseña y deja como distintivo a sus seguidores. En ella podemos descubrir los deseos más íntimos de Jesús y sus aspiraciones más hondas.

No es extraño que los cristianos lo hayan considerado siempre como la síntesis del Evangelio.Breviarum totius Evangeliilo llamaba Tertuliano. En el Padrenuestro encontramos la enseñanza nuclear de Jesús, su mensaje de salvación, su programa de vida. Ahí esta el Evangelio de Jesucristo, condensado en pocas palabras y traducido al lenguaje vital de la oración. Si captamos bien su contenido y su aliento, captaremos el mensaje mas original de Jesús y su espíritu más hondo.

1. La estructura del Padrenuestro

Es sencilla. Arranca con una invocación que indica con claridad a quién va dirigida la oración:«Padre nuestro que estás en el cielo».Tiene luego dos partes bien definidas que conviene distinguir, pues marcan dos actitudes básicas en el orante.

En la primera parte se hacen tres peticiones que en castellano vienen expresadas en subjuntivo. Son fórmulas breves:«Santificado sea», «venga», «hágase»,que recogentres grandes deseoscentrados en Dios: su nombre, su reino, su voluntad. En la segunda parte, por el contrario, encontramoscuatro peticionesen forma imperativa, que es lo propio de la oración de petición. Son fórmulas más largas, que se centran ahora en las necesidades del ser humano:«Danos el pan», «perdona nuestros pecados», «no nos dejes caer en la tentación», «líbranos del mal».

Así pues, en la primera parte, la atención se dirige hacia el mismo Dios. El orante le grita sustres grandes deseos:que ese nombre de ‘‘Padre’’ sea glorificado, que su reinado se vaya imprimiendo en el mundo, que se haga cuanto antes realidad su voluntad de salvar al ser humano. En la segunda parte, la mirada se vuelve hacia la vida concreta de los hombres para hacerle a Dioscuatro peticiones vitales.Nuestra vida es frágil, está amenazada por la fuerza del mal y expuesta a peligros permanentes. El orante confía al Padre la existencia concreta de los hombres para pedirle pan, perdón, ayuda ante la tentación y la liberación del mal.

Nunca se han de separar estas dos partes del Padrenuestro, pues forman una sola oración. Es el mismo orante quien se dirige al Padre del cielo. Primero, para expresarle sus deseos ardientes de ver realizada la obra salvífica del Padre. Después, para presentarle las necesidades mas urgentes de la humanidad. Los deseos sublimes de la primera parte serán realidad cuando el ser humano encuentre respuesta concreta a su necesidad de ser salvado de la precariedad, del pecado y del mal.

2. Los salmos

Si queremos orar el Padrenuestro con el espíritu de Jesús, hemos de reconstruir en lo posible la atmósfera espiritual de la que brotó su oración al Padre. Para ello, nada mejor que ahondar en la tradición orante de los salmos. Ellos constituyen elhumusen el que creció la espiritualidad de Jesús y donde se alimenta esa oración, tan sublime como sobria, que ha quedado plasmada en el Padrenuestro.

Estoy convencido de que un creyente que ahonde en la espiritualidad de los salmos, aprenderá a rezar el Padrenuestro como Jesús y podra experimentar que esa oración, repetida tantas veces de forma rutinaria y distraída, se convierte en manantial inagotable de vida y esperanza.

3. ¿Cómo utilizar este libro?

Este libro tiene dos partes. En la primera se ofrece una breve reflexión o comentario que ayuda a comprender mejor el contenido de cada una de las peticiones que integran el Padrenuestro. En la segunda parte se van proponiendo algunas súplicas entresacadas de los salmos, que pueden ayudar a que cada petición del Padrenuestro tenga una resonancia más honda en nuestro corazón.

El lector puede comenzar por leer el comentario al Padrenuestro, bien íntegramente para obtener una visión global de toda la oración de Jesús, bien deteniéndose en cada petición para ahondar en su contenido.

La segunda parte del libro se puede utilizar para orar despacio alguna de las invocaciones o peticiones del Padrenuestro. Una vez seleccionada la petición («venga a nosotros tu reino», «hágase tu voluntad», «líbranos del mal»...), se puede leer la breve introducción que se propone para entonar el espíritu; luego elige cada uno el salmo o los salmos que quiere saborear despacio; por ultimo se puede pronunciar repetidamente la petición de Jesús.

En estos tiempos de indiferencia y crisis religiosa, tentados por la mediocridad espiritual, enfrentados a nuevos retos y dificultades, los cristianos hemos de seguir pronunciando con nuestros labios y con nuestro corazón esa oración que nos enseñó Jesús y que encierra su mas preciosa herencia:«Padre nuestro que estás en los cielos».

EL  PADRENUESTRO

Padre nuestro que estás en el cielo

El Padrenuestro arranca con una invocación que le da un tono propio a toda la oración. Lo primero es experimentar a Dios como Padre querido y cercano, despertar en nosotros la confianza total, sentirnos hermanos de cuantos son sus hijos. Este grito inicial al Padre no es solo una invocación introductoria que precede a las diversas peticiones, sino que ha de crear en nosotros el clima de intimidad y confianza que ha de impregnar toda la oración que sigue. Para nosotros, Dios no es un problema teórico sobre el que podemos hablar y discutir, sino Alguien vivo y cercano con el que podemos dialogar como Padre y Amigo querido.

1. Experimentar a Dios como Padre

Han sido muchos los pueblos que han invocado a Dios como ‘‘padre’’ o como ‘‘madre’’. Con esta expresión intentan expresar su absoluta dependencia de Dios, pero también el respeto y la confianza que sienten ante él. En estas religiones (Asiria, Egipto, Grecia, Roma) a Dios se le llama ‘‘padre’’ porque se le experimenta como ‘‘engendrador’’ y fuente de vida, y porque se le acepta como ‘‘señor’’ y principio de autoridad. Así hemos de entender el antiquísimo himno de Ur de Caldea donde a Dios se le invoca como«Padre, lleno de gracia y de misericordia en cuya mano descansa la vida de toda la tierra»1

Esta intuición religiosa de tantos pueblos ha recibido luz nueva en la historia de Israel. Sin embargo, solo lentamente llegó el pueblo bíblico a representarse a Dios como Padre. No querían ensombrecer su experiencia de un Dios trascendente imaginando ligeramente a los seres humanos como hijos de un dios o una diosa, al estilo de ciertas religiones del Próximo Oriente. Yahvé es un Dios cercano, él guía a Israel, vive en estrecha alianza con su pueblo, pero no puede ser representado por imagen alguna, y su nombre es misterioso. Cuando Moisés le pregunta a Dios cómo se llama, Dios le contesta:«Soy el que soy... Este es mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación»(Ex 3,14-15).

Sin embargo, la experiencia de sentirse pueblo elegido va a hacer emerger un clima religioso que hace posible designar a Dios como Padre. Israel es como una gran familia llamada a la vida por Yahvé, el padre del pueblo. En la tercera parte del libro de Isaías podemos observar un lenguaje nuevo:«Tú eres nuestro padre. Abrahán no sabe de nosotros, Israel no nos reconoce, tú, Señor, eres nuestro padre»(Is 63,16). Algo más adelante, el profeta habla así:«Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano»(Is 64,7). Dios acompaña con su amor paternal la historia de Israel. Lo«ha llevado como a un hijo por todo el camino»(Dt 1,31), lo«ha educado como un padre educa a su hijo»(Dt 8,5). Según el profeta Oseas, ha sido así desde el principio:«Cuando Israel era niño, le amé, y desde Egipto llamé a mi hijo»(Os 11,1).

Es normal que el pueblo elegido saque algunas consecuencias. Ese amor paternal de Dios está pidiendo respuesta:«El hijo honra a su padre, el siervo a su señor. Pues si yo soy padre, ¿dónde está mi honra?, y si señor, ¿dónde queda mi respeto?»(Mal 1,6). La misma queja resuena en el Deuteronomio:«¿Así le pagas al Señor, pueblo necio e insensato? ¿No es él tu padre y tu creador, el que te hizo y te constituyó?»(Dt 32,6). El amor paternal de Dios está pidiendo, sobre todo, fraternidad:«¿No tenemos todos nosotros un mismo Padre? ¿No es un solo Dios el que nos ha creado? Entonces, ¿por qué nos traicionamos unos a otros profanando la alianza de nuestros padres?»(Mal 2,10).

A pesar de todos estos textos, en el Antiguo Testamento el nombre de ‘‘padre’’ dado a Dios no es determinante, sino solo un nombre entre otros muchos más frecuentes e importantes, como ‘‘señor’’, ‘‘juez’’, ‘‘rey’’, ‘‘creador’’. Solo Jesús revelará el contenido encerrado en la invocación a Dios como Padre.

Cuando un cristiano inicia su oración, lo primero que hace es situarse ante un DiosPadre. Dios es para nosotros Misterio trascendente y santo, pero Misterio de amor personal y concreto. Al orar, no nos dirigimos a ‘‘algo’’, no nos sumergimos en la ‘‘Energía cósmica’’ que lo dirige todo, no nos fundimos con la ‘‘Totalidad misteriosa del universo’’. Nosotros nos dirigimos a ‘‘Alguien’’ con rostro personal, atento a los deseos y necesidades del corazón humano. Dialogamos con un Padre que está en el origen de nuestro ser y que es el destino ultimo de nuestra existencia. Cuando pronunciamos esta palabra ‘‘Padre’’, orientamos todo nuestro ser hacia el único que nos ama, comprende y perdona, pues somos sus hijos.

2. Con la confianza de hijos

En su oración, Jesús siempre se dirige a Dios llamándoloAbbá. Es cierto que, en sus parábolas, Dios aparece también como rey, señor, juez..., pero cuando habla con él solo le llamaAbbá. Ese es su nombre propio.

Esta expresión aramea, utilizada por Jesús en todas sus oraciones que han llegado hasta nosotros, es un término que usaban especialmente los niños peque-nos para dirigirse a su padre. Un diminutivo cariñoso (algo así como ‘‘papa’’) que nadie se había atrevido a emplear hasta entonces para dirigirse a Dios 2. EsteAbbáencierra, sin duda, el secreto de la relación íntima que vive Jesús con Dios, su Padre querido. Como dice J. Jeremias, Jesús «habló con Dios como un hijo con su padre, con la misma sencillez, el mismo cariño, la misma seguridad. Cuando Jesús llama a DiosAbbá, nos revela cuál es el corazón de su relación con él» 3. La actitud de Jesús ante Dios es la del que habla desde la confianza, el afecto y la ternura de un niño pequeño.

Pero Jesús no se reserva para sí mismo invocar a Dios como Padre querido, sino que enseña e invita a sus discípulos a que también ellos le invoquen con la misma confianza y seguridad. «Al entregar el Padrenuestro a los discípulos, Jesús les transmitió el poder de decir como él: Abbá. Esto significa que les hacía participar de su relación con Dios» 4. La Iglesia primitiva guardo esta expresión de Jesús en su original arameo como el núcleo de la nueva confianza con la que pueden invocar a Dios quienes siguen a su Hijo.«Mirad, no recibisteis un espíritu que os haga esclavos y os vuelva al temor; recibisteis un Espíritu que os hace hijos y que nos permite gritar: ¡Abbá! ¡Padre!»(Rom 8,15).«La prueba de que sois hijos es que Dios envió a vuestro interior al Espíritu de su Hijo, que grita: ¡Abbá! ¡Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo»(Gal 4,6).

Para rezar el Padrenuestro es necesario despertar en nosotros este ‘‘espíritu de hijos’’, hablar con Dios con seguridad y confianza de hijos, hacer desaparecer todo temor, abandonarnos con gozo en Dios, nuestro Padre querido. Esta es la gran novedad de Jesús:«A los que creen en su nombre les da poder de ser hijos de Dios»(Jn 1,12). Esto que hoy escuchamos, tal vez, como algo ‘‘normal’’, era subrayado con gozo y asombro en las primeras comunidades cristianas:«Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!»(1 Jn 3,1). Es cierto que ahora no se manifiesta todavía en nosotros esta condición de ‘‘hijos de Dios’’, pero un día experimentaremos todo lo que esto significa:«Queridos, ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es»(1 Jn 3,2).

Hemos de aprender a orar a DiosAbbácon confianza total de hijos. Esta es la actitud básica y esencial que hemos de cuidar, ahondar y hacer crecer en nosotros sin temor alguno. Dios es nuestroAbbá,un Padre que nos ama con amor insondable y que«sabe lo que necesitamos antes de pedírselo»(Mt 6,8).

3. Sabiéndonos hermanos

El Padrenuestro se reza en plural desde el comienzo hasta el final. Jesús nos enseña a decir «Padre nuestro», no «Padre mío» 5. Quien invoca así a Dios no puede desentenderse de los demás. No podemos presentarnos ante Dios solo con nuestros problemas y preocupaciones, ajenos a los demás hombres y mujeres. En el padrenuestro no se le pide a Dios nada solo para uno mismo, sino para todos. El Padrenuestro solo se puede rezar con un corazón grande y universal. Dios es ‘‘nuestro’’, de todos. Nadie ha de quedar excluido.