Para ti con amor - Ángel Conesa - E-Book

Para ti con amor E-Book

Ángel Conesa

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Beschreibung

Le he escrito este libro con amor sin importarme su edad, género o condición , con el ánimo de invitarle a reflexionar juntos sobre nuestra existencia y la escasa evolución comportamental que nos caracteriza a nivel individual y grupal. Espero que en estas páginas pueda encontrar las claves para realizar es a s pequeñ a s modificaciones que considere oportuno incorporar, para mejorar su tránsito por esta vida y favorecer ese cambio que tanto necesitamos como personas y como sociedad es.

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Veröffentlichungsjahr: 2023

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Para ti con amor: la experiencia de vida de un médico

Ángel Conesa Grosso

ISBN: 978-84-19796-33-2

1ª edición, diciembre de 2022.

Ilustraciones y fotos: Ángel Conesa Grosso

Portada y dibujos: Christian López Revelles

Conversão para formato e-Book: Lucia Quaresma

Editorial Autografía

Calle de las Camèlies 109, 08024 Barcelona

www.autografia.es

Reservados todos los derechos.

Está prohibida la reproducción de este libro con fines comerciales sin el permiso de los autores y de la Editorial Autografía.

Índice

PRÓLOGO DEL AUTOR

INTRODUCCIÓN

HABLEMOS DE CAMBIO.

REFLEXIÓN

PRIMERA PARTE

Análisis del modelo comportamental no evolutivo.

EL EQUILIBRIO ENTRE NARCISISMO Y HUMILDAD

LAS BANDERAS

FACILIDAD MANIPULATIVA

MODELOS DE INTERACCIÓN EMOCIONAL Y NIVELES AFECTIVOS

LA MANIPULACIÓN DE LA MUERTE

EL ALMA. FISICA CUÁNTICA VERSUS RELIGIÓN.

ESCASA INTELIGENCIA ASOCIATIVA

ROTONDAS VITALES TÓXICAS

LA VIOLENCIA

SEGUNDA PARTE

Los pilares para el cambio personal.

LA VOZ INTERIOR

LA VOZ SOMÁTICA

LA ATENCIÓN PLENA

APUNTES SOBRE LA FELICIDAD

EMPATÍA VERSUS SIMPATÍA

LA LEY UNIVERSAL DE CONVIVENCIA: EL RESPETO

LA VIOLENCIA DE GÉNERO. EL RESPETO DINÁMICO.

LA VIOLENCIA PSICOLÓGICA

LAS OTRAS VIOLENCIAS

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN VERSUS CRÍTICA

EL GREGARISMO COMO INSTRUMENTO DEL COBARDE

LA IGUALDAD DE GÉNERO

COMPETITIVIDAD. INTRODUCCIÓN.

COMPETITIVIDAD PASIVA

COMPETITIVIDAD ACTIVA

AUTOANÁLISIS DE LA COMPETITIVIDAD

COMPETITIVIDAD ACTIVA ESPONTÁNEA VERSUS DISFUNCIONAL

COMPETITIVIDAD Y ADAPTACIÓN EQUILIBRADA

AUTORRESPONSABILIDAD VERSUS MIEDO

AUTORRESPONSABILIDAD VERSUS DISCIPLINA

LOS PROCESOS DE COMUNICACIÓN.

EL ABRAZO

COMUNICACIÓN VERBAL Y CARICIAS PSICOLÓGICAS

REFLEXIÓN

TERCERA PARTE

Sobre cómo permitimos que nos compliquen la vida o sobre cómo fomentar la autorresponsabilidad y la inteligencia asociativa.

INTRODUCCIÓN

¿ESTO ES UNA UTOPÍA?

HABLEMOS DEL CAMBIO EN POLÍTICA. OBJETIVO: EL BIEN COMÚN

HISTORIA CLÍNICA DE DEMOCRACIA

UN ESCÁNER A DEMOCRACIA ES UN EJERCICIO DEMOCRÁTICO DE AUTORRESPONSABILIDAD

MATAR CON GARANTÍA DE IMPUNIDAD

LA CORRESPONSABILIDAD EN POLÍTICA

EL CONTROL EN DEMOCRACIA

CONTROL VERSUS LIBERTAD

POLICIA VERSUS AUTORRESPONSABILIDAD

IZQUIERDA, DERECHA O BIEN COMÚN

LA COLONIZACIÓN: UN PROCESO NATURAL CON MATICES POLÍTICOS

TEMPORALIDAD Y COLONIZACIÓN

INMOVILIDAD Y PARASITOSIS

ADAPTABILIDAD DINÁMICA. LA GARANTÍA DEL CAMBIO.

VARIABILIDAD IDEOLÓGICA E INMUNIDAD

CUANDO LA GENÉTICA SE TRADUCE EN PODER

ESPAÑA. UN EJEMPLO DE ERRORES

NECESITAMOS UNA AUDITORÍA DE TODO EL SISTEMA

CONQUISTAR O SEDUCIR VERSUS PROPONER

PROMESAS VERSUS OBJETIVOS

EL DESPILFARRO ELECTORAL

CAMPAÑAS ELECTORALES. DEBATE O COMBATE.

LAS ELECCIONES NO SON SINÓNIMO DE DEMOCRACIA

VOTO EN BLANCO O FRAUDE PARTIDOCRÁTICO.

ABSTENERSE TAMBIÉN ES DEMOCRÁTICO

LA IMPORTANCIA DEL VOTO

CUARTA PARTE

Los pilares del bienestar para cualquier sociedad y en cualquier parte

INTRODUCCIÓN

ESPIRITUALIDAD, SALUD, RELIGIÓN Y CULTURA.

LA EDUCACIÓN

LA SANIDAD. LO QUE HEMOS HECHO MAL.

LA SANIDAD. PODEMOS MEJORAR

LAS PENSIONES

LA ECONOMÍA.

FISIOLOGÍA DE LOS PROCESOS DEMOGRÁFICOS.

LA VIOLENCIA Y SU VERSIÓN MAYOR, LA GUERRA

APÉNDICE

CARTA ABIERTA A LOS POLÍTICOS

CARTA ABIERTA A LOS PERIODISTAS

CARTA ABIERTA A LA POLICÍA

CARTA ABIERTA A LOS LECTORES

Epílogo

GLOSARIO DE RESÚMENES

PARA TI CON AMOR

El amor nos lo ponen gratis en las alforjas; así que, regalarlo es muy fácil.

Este libro está hecho con amor para usted.

Le he escrito este libro sin importarme su edad, su género, su altura o peso, su aspecto, su condición social, su profesión, su vida, sus errores, sus triunfos. Le estoy ofreciendo compartir lo que la vida me ha regalado, lo que me ha enseñado como profesional y como persona, aquello que he tenido la fortuna de aprender y que, sin duda, será imperfecto, incompleto o incluso erróneo, pero no se lo impongo, simplemente se lo ofrezco para su propia reflexión y, desde ahí, usted podrá hacer con ello cuantas aplicaciones, correcciones o mejoras considere oportuno.

A lo largo de mi vida profesional como médico he visto a demasiadas personas afrontar la propia muerte o la ajena con desasosiego y culpa, independientemente del bienestar o éxitos que hayan podido conseguir. Uno de los grandes maestros que la vida me ha regalado me enseñó que lo importante es llegar al final de nuestras vidas sin nada que reprocharnos, en paz y con la satisfacción de haber vivido. Es decir, que lo más importante no es tanto la cantidad, sino la calidad del cómputo final en el último minuto de su vida.

Quizás algún día usted me diga desde el silencio: “Ángel, lo he conseguido”.

Y yo, esté donde esté, me sentiré muy orgulloso de haberle acompañado en este trocito de su vida.

Un abrazo.

Ángel Conesa Grosso

Abrazar es permitir al otro compartir tu alma.

Escribir un libro es permitir a todos compartir la tuya.

A mi nieto Jonet.

El futuro está en vuestras manos.

A mi amiga Dolors Renau por decirme con valentía lo que no le gustaba e insistirme sobre la importancia de trabajar en la arquitectura del libro.

He tenido la suerte y el privilegio de conocerte en los últimos dieciocho meses de tu vida, pero tu Alma sigue presente en mí y en cuantos te han conocido.

Gracias.

PRÓLOGO DEL AUTOR

En las páginas de este libro se analizan aspectos fundamentales de nuestra existencia. En ellas podrá encontrar conceptos, ideas o reflexiones que pueden resultarle de interés.

El objetivo fundamental de este proyecto que usted ha comenzado a leer es invitarle a reflexionar sobre nuestra existencia individual y colectiva, así como sobre aquellos aspectos de la misma que, dependiendo de nosotros, en mayor o menor grado, considere conveniente o necesario mejorar.

El conjunto de estos aspectos fundamentales está dividido en cuatro partes. En la primera se analizan algunos que reiterativamente dificultan la evolución favorable de nuestro comportamiento individual y grupal, siendo esta escasa evolución comportamental de nuestra especie el eje sobre el que se desarrolla todo el libro. La segunda está enfocada hacia el comportamiento individual, en ella se estudian los aspectos esenciales para mejorar el tránsito por nuestra vida. En la tercera se valoran aquellos aspectos que, aunque también dependen de nosotros, en su génesis y evolución dependen fundamentalmente del colectivo en el que estemos integrados. La cuarta se destina a una reflexión sobre los pilares del bienestar social.

Y todo lo anterior nos lleva a la hipótesis de este libro: los pequeños cambios que podemos realizar en nosotros mismos y en nuestro entorno son fundamentales para favorecer ese cambio comportamental que tanto necesitamos como personas y como sociedad.

En las últimas páginas he incorporado un glosario de resúmenes. De esta manera usted podrá obtener libremente sus propias conclusiones durante la lectura. Los resúmenes puede utilizarlos para contrastar sus prioridades con las mías, para reforzar el contenido de cada capítulo, para un repaso puntual o bien para efectuar una lectura rápida del libro. Lo dejo a su consideración.

Solo me resta agradecerle el tiempo que ha dedicado a leer estas líneas.

Gracias.

INTRODUCCIÓN

Al alba de la década de los treinta años aquel joven médico que ahora y desde la senectud les escribe, creía que los grandes problemas de salud que afectan a nuestras sociedades requerían soluciones a gran escala. Creía que las acciones individuales que como profesional podía realizar no eran suficientes y que los cambios debían tener origen en las diferentes estructuras de gobierno. Empecé entonces a pagar la cuota mensual como miembro de una organización sindical (UGT). Para mi asombro, en el seno de la organización no entendían qué hacía un médico en un sindicato que ellos denominaban “de clase obrera o trabajadora”. Les insistía en que yo también era un trabajador, que mi interés era desarrollar la medicina preventiva en el ámbito laboral y que tenía mucho por aportar, pero no me dejaban participar. Incluso llegaron a decirme de forma reiterada que era un espía, ante lo que se me quedaba, también de forma reiterada, cara de incrédulo. Tras muchos meses de infructuosos intentos, terminé dándome de baja. Mi vocación era y es la Medicina Preventiva, por lo que cuando ya en la madurez de los treinta años llegué a la conclusión de que este concepto había que sacarlo del hospital y llevarlo al ámbito de la asistencia primaria, pensé que si me afiliaba a un partido político mi objetivo sería más realizable. Por afinidad, lo intenté en el PSOE y salí corriendo de la delegación territorial del partido el primer día, tras atender en soledad la lipotimia de un afiliado, mientras sus autodenominados ‘compañeros’ que minutos antes le daban ‘cariñosas’ palmaditas en la espalda, lo abandonaron a su suerte entre improvisados y ridículos argumentos. Como no quiero que nadie pueda sacar rédito político de mis palabras, les recuerdo a los de la llamada ‘derecha’ la reiterada frase: “ese señor del que usted me habla” refiriéndose a compañeros que habían caído en desgracia, y que semanas antes eran considerados públicamente como admirables y entrañables.

Muchas lunas después, recién jubilado, e indignado por la situación política y económica en torno a las elecciones del 2015, escribí mi primer libro. Se trataba de un manifiesto titulado “Reflexiones a pie de urna” de cuarenta y tantas páginas. Era un desesperado reclamo a la abstención masiva ante la ineficiencia del modelo político y económico. Intenté que me escucharan en algunos ámbitos periodísticos e incluso políticos. Desde mi anonimato, era un camino ilusorio, ciertamente utópico, pero necesitaba intentarlo. Afortunadamente fracasé. Y digo afortunadamente, porque ese fracaso creó el espacio necesario para nuevas reflexiones y ahí creció la semilla de este libro.

Cierto día, la paz del alba me recordó que las dunas se mueven porque millones de partículas de arena lo hacen. Durante muchos años de trabajo en el ámbito hospitalario, siempre he recurrido a la colaboración y participación de las personas implicadas en un proyecto, sabedor de que esa colaboración daría lugar a unos mejores resultados porque recogería la experiencia de los profesionales y los haría partícipes de los objetivos. A pesar de este conocimiento y este ‘modus operandi’, necesité del fracaso explicado en el párrafo anterior, para darme cuenta de que estaba equivocado, que las soluciones a gran escala, aquellas que nos afectan no tan solo individualmente, sino también como grupo, no son posibles sin la participación individual. El poder que aún conserva como unidad en la sociedad y en el planeta es fundamental para el cambio.

Aunque individualmente o incluso como grupo no tengamos la opción de cambiar el mundo o la sociedad que compartimos, la vida nos otorga la libertad, de momento, de reflexionar sobre nuestra propia existencia y aquellos aspectos de la misma que, dependiendo de nosotros en mayor o menor grado, consideremos conveniente o necesario mejorar. Y, como ya le he mencionado antes, este es el objetivo fundamental del proyecto que usted ha comenzado a leer, porque, aunque soy escéptico en cuanto al cambio social, sí creo en el cambio individual y en el poder que tenemos como individuos en el cambio de nuestro entorno más íntimo. Quizás, tras la lectura de este libro, tan solo habrá encontrado uno o dos aspectos que mejorar en su existencia; pero esos pequeños detalles son los que le permitan llegar al final del camino sin nada que reprocharse, en paz y con la satisfacción de haber vivido.

HABLEMOS DE CAMBIO.

La historia no se repite, los hechos sí.

Las siguientes líneas no tienen la pretensión de inducirle a cambiar nada, eso es algo que depende exclusivamente de usted. Lo que sí pretendo es invitarle a una serie de reflexiones sobre algunos conceptos que me gustaría compartir.

Cuando intentaban enseñarme historia en la escuela, tenía la sensación de estar perdiendo el tiempo y ahora sé por qué. La historia tal y como me la enseñaban (un relato cronológico de grandes acontecimientos en un ámbito geográfico determinado), nos aportaba conocimientos que en ocasiones intuía manipulados. Pero, tanto si eran manipulados como si no, eran recurrentes, sosos, aburridos y carentes de chispa. Lo que aquel muchacho echaba en falta sin saber qué, me lo definió muy bien en una conversación una buena amiga. -Es la parte escondida de la historia- me dijo. Tenía razón. Se trata de la historia de las personas versus la historia de los hechos. Es lo que hace que dos acontecimientos, aunque en su génesis, desenlace y cronología fueran idénticos, construyan infinidad de enriquecedoras historias. La historia que le explican, tan solo selecciona unas pocas, a veces manipuladas, y en demasiadas ocasiones por interés sectario.

La historia no se repite por su propia cronología y porque las personas y los personajes son reemplazados constantemente, pero la historia de los hechos es recurrente porque nuestro modus comportamental individual y grupal apenas ha cambiado.

A ese relato triste y apagado de acontecimientos, que me explicaron en el colegio, le faltaba otro ingrediente fundamental: sabiduría. La sabiduría de la historia nace del análisis de las dinámicas personales y sociales. Esto no nos lo enseñan. Un estudio interesante de nuestro pasado podría lucir un título como este: “Análisis de la Historia Comparada”. Eso sí aportaría a los niños y adolescentes un valor fundamental para el análisis independiente de cada momento histórico y permitirles desarrollar por sí mismos la capacidad de objetivar los conceptos relacionados con el cambio y detectar los reiterados y arcaicos métodos de manipulación de masas. Eso facilitaría que, cuando les corresponda, puedan ejercer sus derechos democráticos con autorresponsabilidad e inteligencia asociativa. Y ahora, la pregunta tonta: ¿A quién le interesa que esto no sea así?

La historia nos aporta tres tipos de evolución: la tecnológica, la comportamental y la biológica. Lamentándolo mucho por Darwin, la última aún no la podemos controlar y es tan lenta que en mi opinión hace poco creíbles sus teorías. No obstante, la ingeniería genética dará un giro radical a esta tendencia evolutiva. La comportamental, aun cuando tiene unos fundamentos biológicos, la podríamos desarrollar, pero no lo hemos hecho. Y la tecnológica, evidentemente es más rápida, pero va descontrolada. Este punto lo valoraremos más adelante.

El eje sobre el que se desarrolla este libro es el ya mencionado modus comportamental escasamente evolutivo de la especie humana. Si analiza someramente la historia conocida, comprobará que la humanidad y las personas que la integran han repetido de forma sistemática los mismos comportamientos en todas las civilizaciones y hasta la actualidad. Aunque nuestra evolución tecnológica es indiscutible, los modelos comportamentales individuales y grupales siguen siendo básicamente los mismos, por lo que esa evolución tecnológica no tiene paralelismo con una evolución comportamental. Es decir, seguimos comportándonos fundamentalmente igual, pero con diferente tecnología.

Por poner un ejemplo simple: hace miles de años nos matábamos con piedras y palos. Ahora seguimos matándonos con piedras o palos, pero además lo podemos hacer entre otros numerosísimos y extraordinarios avances tecnológicos y biotecnológicos, con drones previo reconocimiento facial o no, porque igual no es necesario tomarse tantas molestias, o con sofisticados engendros biológicos capaces de seleccionar a sus objetivos. Le invito a que compare en sus comportamientos individuales y grupales a la sociedad romana con la nuestra. Las carreras de cuadrigas ya no son tan populares, pero seguimos recreándolas en películas con todo tipo de vehículos reales, de ciencia ficción o de realidad virtual, y, en la vida real las seguimos haciendo con simples sacos o con nuevas tecnologías (Fórmula 1, rallies, motos, sofisticadas bicicletas, esquís, etc.). Los circos romanos ya no existen, pero si observamos los comportamientos grupales durante los enfrentamientos entre equipos (futbol, rugby, beisbol, etc.), entre personas (boxeo, karate, etc.) o ciertos programas televisivos de la denominada ‘prensa amarilla’, podemos objetivar que el comportamiento de aquellas personas del pasado no resulta tan diferente al nuestro. La prensa amarilla no es un invento contemporáneo, ha existido siempre. Quizás esté pensando o verbalizando que a usted no le gustan esas cosas, pero en el pasado, al igual que ahora, también había muchas personas de todo tipo y condición contrarias a este tipo de espectáculos.

Emociones primarias como el miedo, la envidia, el odio y acciones primarias como la traición, la venganza, la manipulación social y otros siguen marcando la historia de los hechos y de las personas.

Cuando nos venden lo mucho que hemos evolucionado o cambiado como sociedad, nuestro progreso, nos mencionan la evolución tecnológica que hemos conseguido y algún que otro logro social; pero a pesar de nuestros muchos siglos de historia, todos estos cambios, aunque reales, no nos han servido para conseguir una humanidad feliz y equilibrada, porque nuestro modus comportamental se mantiene y es la causa de nuestra incapacidad para conseguir una vida equilibrada como individuos y como sociedad. En definitiva, lo que anhelamos las mayorías silenciosas en cualquier rincón del planeta.

Ni usted ni yo podemos impedir que las migraciones, los pequeños o grandes holocaustos, las guerras, las desigualdades, las hambrunas y otras calamidades de génesis humana se sigan produciendo. Tampoco podemos impedir que los poderes, en la sombra, en la penumbra o luciendo a plena luz, manipulen a las sociedades para su beneficio o interés sectario. Pero, a diferencia de las dunas de verdad, cada granito de arena que por similitud somos nosotros, tiene vida propia, capacidad para objetivar hechos y situaciones. Por tanto, tenemos la capacidad de decidir sobre nuestros actos e influir en nuestro entorno. Y a esto es a lo que me aferro.

Si el eje de este libro es el modus comportamental escasamente evolutivo de las personas, grupos y sociedades, su objetivo fundamental, como ya le mencioné, es la reflexión sobre su modus comportamental individual, porque este, si así lo decide, sí está a su alcance y es de su exclusiva responsabilidad. En el ejercicio de la escasa libertad que aún le queda, le animo a que lo haga.

Como todo cuanto usted hace o deja de hacer es importante para su vida, para la de su familia, su sociedad, la humanidad y el planeta en el que vive (no menosprecie su poder), no tan solo podemos cambiar nosotros, sino que, sin necesidad de sacrificarnos como héroes, podemos cambiar nuestro micro mundo, nuestro entorno más íntimo y en algunos casos ciertos entornos sociales1. Es decir, puede usted sentarse a esperar que esa persona o partido que ganó las elecciones, o la dirección de su empresa, o su familia, o su pareja, cumplan sus promesas de cambio o se pone manos a la obra para cambiar usted y el entorno de su influencia. Podemos seguir, pasiva o activamente, repitiendo los hechos nefastos de la historia o podemos, pasiva o activamente, excluirnos u oponernos a los mismos. La sociedad en la que vivimos una buena parte de la población mundial tiene una poderosísima arma para conseguir que la historia de los hechos deje de ser recurrente: el voto2. Con él o sin hacer uso de él, que también es democrático, usted puede oponerse activa e incruentamente a que los hechos se repitan.

1. Recuerde por favor estos conceptos cuando lea el capítulo “Comunicación cuántica de la segunda parte”.

2. En la tercera parte analizaremos este importante tema.

REFLEXIÓN

El cambio del modus comportamental individual, sí está a nuestro alcance, está bajo la influencia de nuestra responsabilidad como individuos y como corresponsables en la educación de nuestros hijos.

El éxito, el estatus social o económico o el prestigio profesional, posiblemente dependerá parcialmente de su destino (eso que llamamos ‘suerte’), pero llegar al final de sus días en paz, sin remordimientos ni temas pendientes y con la satisfacción de haber vivido, depende exclusiva o casi exclusivamente de usted, de su propio cambio.

¿Le gustaría evaluar sus posibilidades de cambio?

PRIMERA PARTE

Análisis del modelo comportamental no evolutivo.

En esta sección se analizan algunos aspectos que reiterativamente dificultan la evolución favorable de nuestro modus comportamental escasamente evolutivo a nivel individual y grupal.

EL EQUILIBRIO ENTRE NARCISISMO Y HUMILDAD

Ambos aspectos son fundamentales en la escasa evolución del modus comportamental no evolutivo. Analizaremos el narcisismo junto a sus tres ingredientes asociados y lo compararemos con la humildad.

Empezaremos por el concepto de narcisismo.

El narcisismo consiste en la admiración excesiva y exagerada que siente una persona por sí misma, por su aspecto físico, por sus dotes o cualidades. El mismo calificativo puede aplicarse a cualquier comunidad o país que presente estas características.

Pero el narcisismo no es suficiente para comprender las dinámicas sociales de nuestra auto admirada humanidad. Así pues, vamos a introducir tres ingredientes asociados, como si cocináramos un suculento plato. El narcisismo sería el ingrediente principal y los asociados serían el equivalente a la pimienta, la guindilla o la sal. Si te pasas, el preparado puede ser incomible.

Primer ingrediente: reproducción descontrolada.

El admirado Dr. Félix Rodríguez de la Fuente definió en uno de sus libros el concepto de especie animal como aquella entidad biológica que tiende a reproducirse tanto como su entorno se lo permite. Y como nosotros somos animales, no lo olvidemos, cumplimos al pie de la letra el citado postulado llevándolo al límite de su contenido. Si un alienígena se acercara a nuestro planeta, inmediatamente percibiría que, allá donde el entorno se lo permite, la especie humana (esos seres tan inteligentes), bajo una perspectiva global, se expanden como células cancerosas en un organismo sano, la tierra. Es decir, no tan solo se reproducen con desenfreno, sino que además destruyen el medio que les ha permitido reproducirse. En otras palabras: somos para la tierra, como un proceso neoplásico para nuestro cuerpo. El cáncer actúa igual. Si usted fuera el médico y la tierra fuera a su consulta ¿qué haría con la humanidad?

La definición de especie animal del Dr. Rodríguez de la Fuente3 no es tan solo aplicable, tal y como hemos expuesto, a la especie humana de forma genérica, sino que también se da de forma multifactorial en cada uno de los grupos, comunidades o países que establecen sobre los demás una diferenciación natural o forzada de carácter genético, simplemente genealógico o cultural. Es decir, el narcisismo tiende a utilizar esta tendencia reproductora descontrolada para expandirse y desarrollar una competitividad activa4 mediante la supremacía numérica. Desde la prehistoria variopintas organizaciones religiosas, monárquicas, políticas, militares, mafiosas, etc. han utilizado y utilizan este mecanismo para expandir o perpetuar su poder.

Segundo ingrediente: gregarismo fácil, versátil y múltiple.

La mayoría de los seres vivos son por naturaleza gregarios, pero la especie humana tiene ciertas peculiaridades. Quizás las más destacadas sean la ausencia de límites y la versatilidad. Así una persona puede pertenecer simultáneamente a un subgrupo dentro del grupo familiar, a una o varias comunidades de barrio, a una o varias comunidades de ocio, deportivas, culturales, delictivas, profesionales, de identidad étnica o cultural, de ideología religiosa, política, etc., estableciendo con cada una de ellas diferentes vínculos asociativos. Su versatilidad es evidente por la capacidad de modificar estas asociaciones de forma cualitativa y cuantitativa con gran facilidad.

Si establecemos la hipótesis de que la base del gregarismo en la especie humana está en la inseguridad que como individuos tenemos ante la vida, la muerte, las fuerzas de la naturaleza, los propios humanos, nuestra ignorancia y el escaso o nulo control sobre todo ello, podríamos afirmar que el gregarismo en su fundamento, es un fenómeno biológicamente comprensible y bueno en su génesis cuyo objetivo fundamental es la supervivencia. En los animales libres este fenómeno es sencillo de comprender. En los humanos es más complejo.

El gregarismo se puede generar en mayor o menor grado desde la humildad y, de hecho, ocurre así en entornos familiares y también con gran frecuencia entre personas sin asociación previa. En muchos de estos casos el gregarismo puede tener una finalidad loable o la satisfacción de una necesidad común. Con independencia del lugar donde se produzcan accidentes, catástrofes naturales o conflictos bélicos, es frecuente ver como se genera de forma espontánea esta tendencia gregaria saludable y enriquecedora. Las asociaciones de ancianos con finalidades lúdicas o de autoayuda también forman parte de este grupo. Igual ocurre, o debería ocurrir, con todas las organizaciones no gubernamentales sin ánimo de lucro que realizan actividades de interés social, las llamadas ONG.

Pero el gregarismo suele ser presa fácil del narcisismo que tiende a utilizar esta tendencia para expandirse con las mismas finalidades descritas anteriormente en la reproducción descontrolada. Prácticamente todas las organizaciones (religiosas, políticas, comerciales, etc.) han utilizado y utilizan este mecanismo de reclutamiento inducido o forzoso para expandirse o perpetuar su poder. Se establecen así versátiles formas de competitividad pasiva o activa que, muy lejos de su fundamento biológico, tan solo tiene repercusiones negativas para la mayoría de los individuos que integran los grupos.

En ocasiones, aunque el narcisismo no sea causa inicial de la manifestación gregaria, esta puede, con el paso del tiempo, contaminarse del primero. Por ejemplo: entre comunidades que profesan la misma religión, entre equipos de fútbol de la misma ciudad, entre comunidades que practican una misma, o diferente, disciplina oriental, entre las diversas disciplinas militares, entre familias, asociaciones lúdicas, etc.

Tercer ingrediente: señas de identidad.

Este es un ingrediente que se puede manifestar individualmente o asociado al gregarismo, pero en ambos casos está asociado al narcisismo en mayor o menor grado.

Los movimientos gregarios que no hacen ostentación pública de sus señas de identidad han de ser siempre objeto de especial atención por la sociedad (Masonería, Opus Dei, etc.). Constituyen organizaciones que suelen pretender alcanzar o perpetuar el poder desde las sombras.

La necesidad de establecer señas de identidad es común entre los seres vivos incluso vegetales y, por supuesto, también en nuestra especie. Se emiten para ser captadas por los órganos de los sentidos de otros seres vivos. Pueden ser:

Señas visuales: marcas en el territorio, colores corporales o modificación de los mismos, lenguaje corporal, banderas5, colores corporativos, uniformes militares, escolares o religiosos, vestuario, tatuajes, complementos, etc.Señas odoríficas: orina, heces, sudor, perfumes, olores ambientales, etc.Señas sonoras: gruñidos, aullidos, gritos, cánticos, himnos musicales u otros sonidos creados por instrumentos únicos como trompetas, tambores, etc.

Las señas de identidad comunes con el resto de animales del planeta no son infrecuentes en la especie humana, principalmente en los humanos machos, aunque no es una característica exclusiva de género. Por ejemplo, existen humanos que gustan de identificar su territorio orinando o masturbándose por las paredes, o no tirando de la cadena del inodoro, o dejando una señal de su presencia como por ejemplo una colilla flotando en su orina, escupiendo en la olla donde cocinan, manchando las paredes del lugar con algún fluido o semisólido de origen corporal, etc.

Que usted manifieste mediante un icono en su vestimenta o en su vehículo su afición hacia un determinado deporte o asociación de cualquier índole, se acompaña de un narcisismo leve o moderado que no tiene ninguna repercusión negativa ni sobre usted ni sobre los demás. Lucir un determinado look en el peinado, vestimenta o complementos, tampoco suele tener repercusiones negativas si no llegamos al comportamiento obsesivo.

Si usted se dedica a exhibir a su hijo con el uniforme de determinado colegio de élite, quizás debería de analizar la posible banalidad y consecuencias de su narcisista objetivo.

Si usted necesita lucir en su vestuario una determinada marca, aunque sea comprando una imitación en el top manta o en otros establecimientos legales dedicados a idéntico fin, quizás también debería considerar la posible banalidad de su narcisista objetivo.

Las señas de identidad, además de ser utilizadas a nivel individual, son elementos fundamentales para el gregarismo y es, en estos casos, donde más seriamente puede comprometerse su honorabilidad biológica cuando dicha asociación se acompaña de una competitividad activa extrema. Es decir, violenta. Por ejemplo: corpúsculos gregarios asociados a clubs deportivos, bandas callejeras, movimientos socio-políticos, etc.

Hasta ahora hemos introducido en nuestro particular cocido un ingrediente estrella, el narcisismo, junto a tres ingredientes asociados: nuestra reproducción descontrolada, la capacidad gregaria versátil y múltiple, más la necesidad plurifactorial de establecer señas de identidad.

El narcisismo utiliza estas últimas para marcar la división, la gregaria para fortalecerse y a mayor escala, la tendencia reproductora para expandirse.

El narcisismo también lo encontramos en el mundo animal. El lenguaje corporal del león paseando su poder por su territorio o del pájaro macho exhibiendo sus atractivos colores o ciertos atributos, nos permiten intuir que también tienen esa percepción narcisista de sí mismos. Es evidente que, en el mundo animal, este ingrediente, aunque eventualmente pueda resultar dañino para otros miembros de su especie, no lo es para el conjunto de la misma o del entorno, más allá de los límites necesarios para garantizar la supervivencia.

Por el contrario, en las sociedades humanas, eso no es así en demasiadas ocasiones y el narcisismo puede ser la causa de que se estropee el cocido de la convivencia. Este aspecto lo desarrollaremos más adelante en otro capítulo porque requiere añadir otro ingrediente estrella: nuestra capacidad para dejarnos manipular6.

A pesar de todo lo anterior, la convivencia armónica entre humanos y de estos con la naturaleza, es posible. Creo, por tanto, que como especie animal somos capaces de convivir en armonía a pesar de los delicados ingredientes que hemos puesto en la olla. La coexistencia de dos o más grupos o comunidades en un mismo entorno conviviendo e incluso colaborando, es perfectamente posible. La coexistencia armónica entre nosotros y la naturaleza también es posible como se ha demostrado en algunas comunidades a lo largo de la historia. No obstante, hemos de reconocer que nuestro equilibrio convivencial es siempre precario.

El elemento común, cuya transgresión nos aboca al límite de la convivencia armónica, será objeto de un desarrollo especial en este libro. El respeto7.

Para respetar, se requiere de una cualidad que justamente es antagónica al narcisismo: la humildad. El equilibrio entre estos dos elementos es reflejo del equilibrio y armonía de la persona. Usted puede tener un componente narcisista en sus manifestaciones identitarias por la pertenencia a un equipo de fútbol y la suficiente humildad para respetar a los colectivos y equipos ajenos. Es decir, usted puede ir a un estadio de fútbol con la bandera o insignia de su equipo e interaccionar con respeto con otras personas del equipo contrario que también luzcan sus señas identitarias, de forma que sentados juntos puedan comentar el partido, discutir sobre el mismo y compartir una cena después. El que eso sea así dependerá de ambas partes, pero el que la interacción degenere en violencia depende fundamentalmente de usted. El refranero lo expresa con gran claridad: “Dos no se pelean, si uno no quiere”. Usted puede sentirse muy orgullosa u orgulloso de sí mismo y sin embargo respetar y valorar a las otras personas con quienes convive en su entorno familiar, social, laboral o lúdico.

El narcisismo es un sentimiento demasiado omnipresente en nuestra relación con el entorno en que convivimos, y sus consecuencias pueden no ser buenas. Nuestro narcisismo como especie animal, nos ha llevado a definirnos como reyes de la creación. El sumun de la perfección sobre la tierra. No voy a iniciar una discusión sobre esa afirmación, sino que le invito a reflexionar sobre la misma, mediante algunas experiencias personales.

Las impresionantes experiencias en la interrelación con el mundo animal o vegetal de muchos seres humanos como yo, son numerosísimas, pero me van a permitir que les explique una de las más curiosas que yo he experimentado sin necesidad de ir a la sabana africana, ni ser un acérrimo amante de los animales, ni un experimentado naturalista.

En cierta ocasión estaba sentado en un jardín leyendo un libro, cuando observé que una de las lagartijas que convivían conmigo en el mismo territorio, estaba intentando infructuosamente saltar un pequeño muro para volver al interior de la zona ajardinada donde residía con su pareja. La estuve observando durante unos minutos mientras que mi mente se hacía con una visión global de la situación. Aunque estaba convencido de que no me dejaría, tomé la decisión de intentar ayudarla. Me levanté y, con talante suave pero decidido, me acerqué a ella esperando el momento en que se alejara de mí corriendo. Para mí sorpresa eso no ocurrió. Pude llegar a su lado, arrodillarme y poner mi mano extendida junto a ella. Mi asombro se convirtió en conmoción cuando se subió a mi mano. Emocionado elevé mi mano y la desplacé hasta la tierra del jardín salvando el obstáculo del muro. Una vez sobre la tierra, mi ya amiga lagartija empezó a caminar sin prisa alguna, saliendo de mi mano y se desplazó unos veinte centímetros por la tierra, se paró, se giró y me miró en un gesto que solo he sabido interpretar como de agradecimiento para continuar su camino hacia donde estaba su pareja. Los minutos que siguieron fueron de catarsis intelectual. Mi narcisista cerebro de unos mil trescientos gramos y forjado en sesudos estudios de medicina, no podía comprender cómo una lagartija con un cerebro minúsculo podía llegar a comunicarse conmigo a semejante nivel. Por primera vez en mi vida me planteé: ¿qué es la comunicación? ¿dónde reside la inteligencia emocional?

Esa lagartija a la que siempre estaré profundamente agradecido, destruyó mi ego como animal humano y simultáneamente me permitió, a partir de entonces, observar, disfrutar, y vivir con muchísima más humildad, intensidad y satisfacción la interacción con el entorno. Ella ha sido otro de los Grandes Maestros que la vida me ha regalado y no me he podido sustraer a la necesidad de regalarle también a usted esta maravillosa experiencia.

Muy posiblemente tenga vivencias similares que contar en su interacción con la naturaleza, con plantas o animales. No las olvide, difúndalas. Para animarle, le voy a contar otra. Como consecuencia de unas obras próximas a donde residía, empezaron a aparecer de forma esporádica ratas en los jardines de nuestras casas. Creo que la misma constructora utilizó veneno para eliminarlas, porque las ratas continuaron apareciendo, pero muertas o moribundas. Una tarde encontré a tres de ellas en mi jardín. Estaban vivas y podían correr, pero se veían limitadas en su velocidad por el veneno. Ante el riesgo de que algún animal o niño resultase herido, me generaron la necesidad de matarlas, aunque me resultaba difícil y desagradable tener que asumir esa acción. Me puse unas botas altas para evitar mordeduras y me armé con un largo listón circular de madera para empezar la cacería. A dos de ellas las dejé por verlas muy afectadas por el veneno, pero a la tercera la acorralé y alcé el listón para matarla. Fueron décimas de segundo. Cuando el listón ya se precipitaba hacia ella, nuestros ojos cruzaron las miradas por primera y última vez. No soy capaz de encontrar las palabras adecuadas para describir aquella mirada. No era de terror, ni de rabia. No había agresividad ni miedo en ella. Era de aceptación. Sabía que iba a morir y yo era su verdugo. Tenía un componente de ternura increíble. Mi cerebro no fue lo suficientemente rápido para frenar mis brazos. Los segundos que siguieron fueron impresionantes. Cuando escribo estas líneas no puedo evitar que de mis ojos brote una lágrima. Una lágrima por una rata. ¿Puede parecer ridículo verdad? En realidad, maté a otro Gran Maestro. ¿Alguna vez ha matado o rematado a algún animal? ¿Se ha tomado la molestia de mirarlo a los ojos mientras lo hace? Si se encuentra en esa situación y ese animal es consciente de que usted va a matarlo, sea cual sea su especie o tamaño, no se pierda la experiencia antes de ejecutar la acción. Tanto si llega a hacerlo como si no, posiblemente jamás podrá olvidar esa mirada, aunque ese animal sea minúsculo a su lado, porque si nos comparamos físicamente, las diferencias pueden ser notabilísimas, pero si miramos a través de esa ventana natural llamada ojos a eso que en nuestra cultura y sin connotación religiosa se llama alma, energía o el yo verdadero, todos tenemos el mismo tamaño. No olvidemos el refranero popular que está cargado de sabiduría. Recuerde: “Los ojos son la ventana del alma”.

Me gustaría que prestase atención a una frase que acaba de leer tres párrafos más arriba y que yo he escrito sin ser consciente de lo que decía: “la destrucción de mi ego como animal humano me permitió, a partir de entonces, observar, disfrutar y vivir con muchísima más humildad, intensidad y satisfacción la interacción con el entorno”. Al escribirlo me acabo de dar cuenta de la relación causa efecto. Si a usted le ha pasado lo mismo al leerlo, ya me doy por satisfecho de la cantidad de horas que hasta ahora llevo escribiendo y corrigiendo este libro.

Si me lo permite, vamos a cambiar de escala. Y para ello le voy a contar otra historia. Mi vida como docente tiene un período en que daba cursos sobre ergonomía y gestión del estrés laboral. Era a principios de la década de 1990. En uno de esos cursos se me ocurrió cambiar la forma clásica de iniciarlo. Tras la tercera presentación del alumnado (mi nombre es…, soy…. etc.), interrumpí la misma. Entonces pregunté a una de las alumnas por lo que habían dicho las tres compañeras que le precedieron. Luego lo hice con otra alumna. No fueron necesarias muchas palabras para darnos cuenta de que la mayoría estaban pensando en lo que dirían en lugar de escuchar lo que oían. Resté importancia al hecho, comenté que era normal y que ahora haríamos una presentación mucho mejor. Con las alumnas y los tres únicos alumnos en pie, organicé una rueda de presentaciones en silencio donde cada persona tenía que mirar a los ojos a todas sus compañeras, una a una durante un tiempo que yo iba marcando. El desarrollo del curso y sus resultados cambiaron radicalmente. Situaciones de estrés, por deficiencias en la comunicación horizontal del grupo o por deficiencias en la comunicación interpersonal, se resolvieron con gran facilidad. Personas que se conocían desde hacía años se empezaron a conocer de verdad a partir de ese momento. Cuando desde la humildad obvie las señas de identidad de una persona y la mire a los ojos, cuando desde el respeto aprenda a escucharla, cuando le permita expresar sus sentimientos, descubrirá un mundo nuevo y, sobre todo, dejará de juzgar. Una actividad, esta última, que deberíamos practicar lo mínimo posible.

Pero para conseguir todo eso, es preciso minimizar nuestro narcisismo y aumentar nuestra humildad. Ser humilde no es ser tonto o dejarse manipular, es vivir en armonía.

Volvamos a los humildes objetivos de poder cambiar nosotros y nuestro entorno más inmediato. Si aún no lo ha hecho, ¿se imagina lo que puede conseguir si dedica con humildad un eterno pero simple minuto de su existencia a mirar a los ojos de esa persona adulta con la que ha decidido compartir al menos una parte de su vida? ¿Y si lo hace con sus padres? ¿Se atreve con sus hijos? Y ¿por qué no invitar a tomar un café a esa amiga o al compañero de trabajo con quien tiene problemas y dejar que sus palabras y sus silencios fluyan desde el corazón? A lo mejor, hasta consigue ir a trabajar con alegría. Este pequeño ejercicio le permitirá además descubrir el valor de vivir el momento presente, llenar su alma con gotas de felicidad. Descubrirá el placer de vivir si aún no lo ha hecho. Descubrirá el valor de sesenta sencillos segundos desnudo de sentimientos narcisistas. Descubrirá, como ya le he mencionado, que ser humilde no es ser tonto o dejarse manipular, es vivir en armonía.

Verá como el cambio es posible si usted considera conveniente cambiar algo en su vida. Eso hará que usted y las personas con las que comparte su existencia, sean mucho más felices.

Pero además conseguirá algo muy importante: ir por la vida como una persona satisfecha de sí misma, sin necesidad de ser un narcisista. En otros términos: vivirá de una forma más armónica con su entorno, su organismo funcionará mejor y su salud mejorará.

3. Félix Samuel Rodríguez de la Fuente (14/03/1928 – 14/03/1980). Nació en Poza de la Sal (Burgos). Cursó estudios de medicina y odontología, pero sus orígenes marcarían su auténtica vocación como naturalista y ambientalista, pudiéndose considerar como destacadísimo pionero en estas materias. Gran comunicador consiguió reconocimiento nacional e internacional a través de sus numerosas publicaciones y series televisivas de gran éxito. Falleció en Alaska el día que cumplió 52 años, junto a dos camarógrafos, al estrellarse el avión en el que viajaba. Fuente: Wikipedia.

4. Ver capítulos correspondientes de la segunda parte, sección “La ley universal de convivencia: el respeto”.

5. Véase siguiente capítulo.

6. Ver capítulo “Facilidad manipulativa” de la primera parte.

7. Ver capítulos correspondientes de la segunda parte, sección “La ley universal de convivencia: el respeto”.

LAS BANDERAS

Las banderas son señas visuales de identificación gregaria. Los escudos u otros tipos de insignias tienen la misma finalidad.

Habitualmente, en formato textil, tienen colores y dibujos que son expresión de una identidad y pertenencia. Ese trozo de tela identifica un grupo en el que usted, de forma voluntaria, forzada, manipulada o simplemente por nacimiento, está integrado. El formato textil tiene un uso preferencial porque la ondulación por el viento genera un mayor impacto visual, una mayor atención y, en consecuencia, facilita la exaltación del sentimiento narcisista.

En principio cualquier cosa que, de forma gráfica pretenda identificar un grupo no tiene nada que pueda ser sujeto de crítica negativa. Usted puede identificarse con su bandera, escudo o insignia como español, suizo, australiano; como socio o simpatizante de un determinado club deportivo; sus hijos como alumnos de un colegio concreto, o puede identificarse como ejerciente de una determinada profesión, religión o actividad deportiva. En su fundamento todo eso es aceptable.

El combustible para que esa simple expresión identitaria se convierta en competitividad pasiva o activa suele ser el narcisismo.

La chispa que habitualmente enciende ese combustible suele ser nuestra facilidad manipulativa.

Los moduladores para conseguir el equilibrio y que el combustible no arda, son el respeto y la empatía.

Me gustaría que mis compatriotas españoles que lean esta página, vuelvan a leer los tres últimos párrafos y no dejen de leer el capítulo “España: Un ejemplo de errores” en la tercera parte.

La facilidad manipulativa puede llegar a desarrollar una competitividad activa en formato emocional (desprecio, odio, etc.) o física (violencia) hacia cualquier persona o grupo que, simplemente, no se identifique como usted, o bien que se identifique con un grafismo diferente en cualquier formato (bandera, escudo, insignia, etc.). Las expresiones de competitividad activa violenta pueden llegar a desencadenarse por la simple exhibición de ese grafismo en la primera fase comunicativa, el reconocimiento. En los escenarios bélicos este proceso junto al miedo es fundamental para desencadenar la violencia extrema.

Estos procesos banales de competitividad activa son altamente perturbadores para el equilibrio de la salud y armonía de cualquier persona o grupo, pueden llegar a ser letales y se producen recurrentemente entre los humanos desde que la historia es historia a pesar de autodenominarse nuestra especie como la más inteligente del planeta.

El proceso es tan absurdo que incluso el aumento del tamaño de esas banderas o insignias consigue una exaltación del sentimiento narcisista en el grupo. La facilidad manipulativa de los colectivos humanos da pie a que algunas personas, sin ninguna motivación razonablemente justificable, lleguen a sacrificar su vida por un trozo de tela con dibujos y colores, sin ser conscientes de que son ‘soldaditos manipulados’ y ‘sofisticadamente sacrificados’ por otras personas o grupos que tan solo buscan el poder. Si reflexiona sobre la historia de los hechos, verá cómo esto ha sido y sigue siendo así. Por ejemplo, los familiares de los soldados muertos en Afganistán durante la campaña bélica iniciada por el Sr. Bush y sus aliados, entenderán perfectamente lo que acabo de escribir. Si usted prefiere complicarse menos la vida, quizás encuentre en esto un punto de reflexión.

Y como personas y sociedades, deberíamos tomar conciencia de todo esto, no para dejar de identificarnos, sino para que esa identificación no se convierta en un proceso perturbador para nosotros o para otros colectivos.

La empatía es un valor fundamental en una sociedad equilibrada y el respeto ha de ser el valor fundamental en cualquier nivel de interacción social o individual. Eso forma parte de la grandeza de un país, no un trozo de tela con dibujos y colores o el tamaño del mismo.

FACILIDAD MANIPULATIVA

En el capítulo anterior ya le comenté que el narcisismo puede estropear la convivencia cuando personas o grupos hacen uso de nuestra facilidad manipulativa.

Me refiero con este término a la capacidad que tienen muchos seres humanos de manipular a otros de forma individual o colectiva y la facilidad que tenemos la inmensa mayoría para ser manipulados. La famosa novela “Un mundo feliz” de Aldous Huxley (1894-1963) está construida sobre estos principios.

Esta facilidad manipulativa tiene lugar fundamentalmente por la especial permeabilidad de nuestros mecanismos emocionales a la influencia externa.

Si bien esta característica es útil para fines loables, lo cierto es que normalmente se utiliza para fines perversos. Desde el carismático vendedor de falacias a aquel político o religioso que arrastra multitudes con una verborrea fácil y eficiente en el contexto de un discurso oportunista.

Alguien definió a la política como el arte de manipular a la sociedad y creo que, tristemente, es una buena definición, sobre todo por la correctísima utilización del verbo manipular. Lo lamentable es que el arte o simplemente la disposición a manipular no son exclusivos de los políticos, sino también de los diferentes poderes religiosos y de todo aquel que por cualquier motivo pretende obtener con mayor o menor descaro un beneficio.

La Real Academia de la Lengua Española (RAE), define muy bien el verbo manipular en esta versión poco gratificante: “intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares”.

Como ya mencioné en el capítulo “Hablemos de cambio”, nuestro modus comportamental individual y grupal apenas ha cambiado con el paso de los siglos. Nuestra capacidad para dejarnos manipular tampoco. En este punto deseo recordarle que no existirían manipuladores si no existieran personas que se dejasen manipular. Por lo tanto, lo importante no es la existencia de manipuladores, sino de manipulados. Permítame que le haga dos preguntas: ¿Pertenece usted a uno de esos dos grupos? Si pertenece, ¿se siente confortable en esa situación?

La manipulación a veces es muy ostensible y, en ocasiones, muy sibilina. Los humanos tenemos la capacidad de detectar la manipulación y, sin embargo, caemos recurrentemente en la trampa por dos motivos fundamentales. Por estar en una rotonda vital tóxica en relación al manipulador, o por no escuchar a nuestra Voz Interior8. Hace poco más de un año en una tertulia entre amigos salió a colación la ya demostrada corrupción del gobierno de Catalunya durante las últimas décadas y alguien llegó a decir: “yo estoy convencido de que el presidente no sabía lo que estaba haciendo su mujer y sus hijos”. Me quedé estupefacto. Es un claro ejemplo de ‘ciudadano manipulado’. Como aquella mujer que acude a urgencias acuchillada en el abdomen por su marido y le excusa con el siguiente argumento: “Bueno, es un hombre y ya sabemos cómo son los hombres. A veces necesitan desfogarse”. Quizás usted se haya encontrado o se encuentre con un comercial de una empresa funeraria que le quiera vender un ataúd para su padre a un coste excesivo para su momento económico y con un argumento como este: ¿acaso su padre no se merece lo mejor? Con toda seguridad, su Voz Interior le gritará que no haga caso del personaje, que no se deje chantajear emocionalmente, pero quizás, por su ego o por un sentimiento de culpa, es muy probable que caiga en la trampa y compre aquello que su padre ni necesita, ni querría y usted no puede permitirse adquirir. La publicidad que le bombardea continuamente también pretende manipularle. El colgar cuarenta fotos retocadas del político de turno en la calle por la que usted debe transitar para ir a su trabajo, tiene esa burda finalidad. Una característica fundamental del proceso manipulador es conseguir que usted fije su atención en aquello que interesa y que puede ser el propio manipulador o bien otra persona o cosa. En publicidad esto se observa claramente, pero ahora con el incremento del control sobre usted ‘con’ o ‘por’ la pandemia es descaradamente evidente.

En el primer capítulo de esta primera parte ya le hablé del narcisismo y de que es una característica que compartimos con otras especies animales. También comenté que en la especie humana no es obstáculo para una convivencia armónica entre comunidades. La diferencia con otras especies es que en la nuestra el narcisismo puede ser la causa de que nos estropeen la convivencia cuando entra en juego nuestra facilidad para manipular y ser manipulados.

En las comunidades humanas siempre surgen personas particularmente narcisistas que se creen en la obligación, más o menos consciente, de crear una hegemonía de las características de género, genéticas, culturales o religiosas; propias, o del grupo al que pertenecen o crean. Cuando tienen éxito en la manipulación de la población-objetivo, optan por promover la sumisión, por la expulsión de los que no consideran merecedores de convivir con ellos o por el exterminio de los mismos.

Estas formas de expresión narcisista son compartidas por otras especies. Por ejemplo, el león líder para mantener en sumisión a los otros machos y a las hembras, expulsará a aquellos machos que intenten usurparle el liderazgo y cuando un león macho adquiere otra manada, puede llegar a devorar a los cachorros fruto de la cópula del líder anterior. Estos comportamientos tienen limitaciones y una finalidad clara: perpetuar la especie con la mayor calidad genética para la supervivencia. La expresión violenta del narcisismo en relación a los cachorros también la compartimos los humanos, aunque no sirva para nada y, por lo tanto, sea deplorable. Usted sabe que de forma muy aislada se dan casos de hombres que matan a los hijos de sus nuevas parejas. Pero es mucho más frecuente que esas niñas y niños fruto de relaciones anteriores, sufran trato discriminatorio o vejatorio que no consta en las estadísticas, porque son prisioneros de un silencio que, si se manifiesta, solo suele hacerse en las consultas de psicólogos o médicos. Aquellos hijos adoptados que conviven con hermanos fruto de concepción biológica sufren, en ocasiones, situaciones similares.

Las personas que ejercen un narcisismo hegemónico extremo están por todas partes y pueden manipular en pequeña o gran escala y con variable virulencia. En el mundo animal, el ejercicio del narcisismo se suele limitar a la supervivencia de la especie. Entre los humanos, no hay limitaciones a pesar de nuestra auto alabada inteligencia. Desde aquel individuo macho que ejerce su narcisismo de género manipulando a su pareja en la intimidad de su casa, con violencia psicológica, física o mixta, hasta aquel líder religioso o político que ejerce su narcisismo cultural o genético manipulando a grandes poblaciones. El problema es que, cuando la manipulación individual o social alcanza un determinado nivel, las consecuencias pueden ser nefastas. Millones de mujeres a lo largo de la historia han sido destruidas por hombres en la intimidad de sus hogares. Y recordemos que, para destruir a alguien, no es necesario matarlo. Hay muchos muertos vivientes compartiendo nuestro entorno y alimentándose de antidepresivos y otros fármacos.

A nivel social, el islamismo ortodoxo es un ejemplo actual de manipulación narcisista. Hitler y el nazismo son otro ejemplo notorio, bien estudiado y reciente, pero no el único. Los holocaustos son recurrentes en la historia de la humanidad desde que esta existe. Lo que los españoles realizaron en el continente americano son un ejemplo de narcisismo enfermizo y extremo que aún perdura ralentizado dado que se sigue celebrando cada año con un hipócrita Día de la Hispanidad. Y digo hipócrita porque en lugar de ser un día de encuentro, confraternización y respeto, se saca al ejército a la calle y se hace un homenaje a la bandera. Millones de españoles siguen sintiéndose narcisistamente orgullosos de esa parte vergonzosa de la historia y permiten año tras año que sus mentes sigan siendo manipuladas por el gobierno de turno.

La xenofobia es un ejemplo recurrente del que tenemos múltiples ejemplos en la actualidad. Por proximidad, hablemos del Mediterráneo. Lo estamos convirtiendo en un cementerio para muchos miles de personas, sí personas con familias, amigos, emociones y aspiraciones iguales a las nuestras y que han sido y son víctimas del expolio y la injerencia que nosotros, los europeos, hemos y estamos realizando en África. Y no conformes con esto, los perseguimos en nuestro territorio como si de animales nocivos se tratara. Es absolutamente indignante, injusto y vergonzoso que permitamos a unas bestias narcisistas armarse con uniformes, porras e incluso armas, para atacar salvajemente a personas, en su mayoría honestas, que huyen de la guerra y la miseria generada y amparada prioritariamente por nuestros propios países. En mis más de quince años como viajero habitual de la compañía estatal de ferrocarriles (RENFE) he tenido que aguantar muchas barbaridades, pero, entre ellas, la de contemplar cómo individuos uniformados con absoluta falta de respeto a la integridad física del resto de pasajeros, perseguían con saña y al grito de “negros de mierda” a africanos que no estaban realizando ningún acto ilegal. Quizás habría que plantearse quién es más ‘mierda’; si quien huye o quien persigue por un color de piel diferente. De nada sirvieron mis quejas a través de diferentes medios. Pero vamos más allá. Nuestros gobiernos occidentales están atacando y castigando a aquellos que valientemente se juegan la vida en el mar Mediterráneo intentando salvar esas otras vidas de personas que huyen de la miseria y la guerra. Una característica fundamental de la llamada extrema derecha es precisamente su oportunista capacidad manipulativa desde un narcisismo enfermizo. Y el resto de nosotros, desde la comodidad de nuestros hogares, ¿qué hacemos?

La ley no escrita, que se rompe cuando se inicia este proceso de manipulación narcisista a cualquier nivel, es la ley universal de convivencia: el respeto.

Cuando rompemos esa barrera invisible del respeto, las señas de identidad (las banderas, los uniformes, los himnos, etc.) cobran ahora una nueva dimensión. Aumentan en número y tamaño, porque ahora su misión no es la simple identificación del grupo, sino ampliar el sentimiento narcisista del colectivo y fomentar la agresividad del mismo. Es tan fácil manipularnos que basta con triplicar el tamaño de una bandera para conseguirlo. La capacidad gregaria también es manipulada para cohesionar y fortalecer a la comunidad manipuladora. La mayoría de las manifestaciones multitudinarias que se convocan tienen esa finalidad. La tendencia reproductora, adecuadamente manipulada, permite la expansión del grupo. Todo esto no le debe parecer algo ilusorio o extraño. Lo está viviendo cada día en nuestra sociedad actual.

El futbol es un instrumento de poder muy eficaz para la manipulación de las comunidades. Manipula tendencias biológicas como la competitividad, permitiendo que usted esté entretenido y piense menos democráticamente. Si se fija bien, verá que, a esta escala, ya se utiliza la tendencia reproductora para expandirse. Hay niños y niñas que nada más nacer ya son socios del club y que desde pequeños ya se les alecciona en el movimiento narcisista del colectivo. No es de extrañar que en estos colectivos la violencia verbal y física esté ‘a flor de piel’.

Si no lo ha hecho ya, le invito a tomarse unos minutos de reflexión para repasar la historia de su mundo actual a gran y pequeña escala. Analice si está siendo manipulado por alguna corriente narcisista y si eso hace que se sienta más feliz. Pregúntele a su Voz Interior.

Si quiere contribuir al verdadero cambio, si quiere dejar de hacer lo mismo que sus antepasados han hecho a lo largo de la historia conocida y muchos de sus conciudadanos están haciendo en la actualidad, antes de dejarse arrastrar en sus emociones por esas personas o grupos9, tómese un tiempo de reflexión, escuche a su Voz Interior y analice el sumidero en el que le están introduciendo. Por ejemplo, usted puede seguir siendo un aficionado al fútbol sin dejarse atrapar por la manada en aquellos aspectos que impliquen faltar al respeto a otras personas o aficionados de otros equipos. Usted puede mostrar su disconformidad con una decisión arbitral sin necesidad de faltar el respeto al árbitro. Usted puede pedirle a su gobierno que regule la inmigración y al mismo tiempo que trabaje eficientemente y no hipócritamente, para evitar que esas personas tengan que abandonar sus países por el hambre o la guerra. O lo que a veces es más denigrante: que sean tratados como esclavos en el país que les ‘acoge’. La mayoría de las personas de cualquier rincón del mundo no abandona a su familia, amigos y territorio por placer, sino por necesidades esenciales.

Si ya está en el sumidero y acaba descargando su violencia verbal y física sobre otras personas o grupos humanos, piense por favor con cuántas de esas personas ha hablado, a cuántos ha mirado a los ojos, qué sabe de sus vidas, de sus sentimientos, de su cultura. Recuerde lo que le mencioné en el capítulo anterior: cuando desnude a una persona (o a una comunidad) de sus señas de identidad y la mire a los ojos, cuando aprenda a escucharla, cuando le permita expresar sus sentimientos, descubrirá su alma y verá que no se diferencia mucho de la suya. No solo eso, sino que, en ocasiones, quizás encuentre el mejor regalo que aporta la vida: compartirla.

Fuera de su particular manada, si es valiente de verdad, puede probar un día, desnudo de narcisismo y con humildad, a compartir y escuchar a alguien de su equipo rival, a esa persona que viste diferente, o aquella otra que tiene ideas políticas distintas a las suyas, a uno de esos africanos del top manta o compartir un bocadillo con un indigente. En esos grupos o personas ‘diferentes’ no encontrará más escoria de la que existe en el suyo.

Durante una etapa de mi vida, tuve la fortuna de compartir las jornadas laborales con estamentos muy dispares del hospital: direcciones, gestión económica, personal administrativo, personal sanitario, celadores, técnicos, personal de limpieza, cocina, etc. Eso me dio la oportunidad de darme cuenta de la importancia de escuchar en un clima de respeto y despojado de narcisismo. De cómo unos y otros se juzgaban desde la ignorancia y el desconocimiento. Como resultado se creó una ineficiencia de la organización y mal clima laboral. Puede trasladar esta reflexión a su entorno familiar o laboral y practicar desde ahí.

Usted puede conseguir que su micro mundo sea feliz sin ser manipulado.

8. Véase capítulo correspondiente de la segunda parte.

9. Que pueden ser: un grupo de amigos, un equipo de fútbol, una comunidad religiosa, un partido político, etc.

MODELOS DE INTERACCIÓN EMOCIONAL Y NIVELES AFECTIVOS

Los modelos de interacción se refieren a los modelos básicos con que nos relacionamos con todo cuanto nos rodea, sean personas, animales o cosas.

EL APEGO

Es un grado de interacción en que sientes una afición o inclinación hacia alguien o algo. Se puede establecer entre personas con idéntica afinidad de género o no, entre parientes, con un hijo sí y con otro no, con animales, incluso con objetos. Por ejemplo: “me encanta salir en bici con Juan” o “me lo paso muy bien con mi perro”.

LA V,INCULACIÓN

Este grado de interacción emocional o física se establece cuando existe una unión o atadura de una persona o cosa con otra. De esta forma la suerte o el comportamiento de algo o alguien se vincula al de otras personas o cosas. Por ejemplo, la solidez de una estructura vinculará la resistencia de los materiales junto a la resistencia de los anclajes o soldaduras. Cuando usted crea una empresa, establece una vinculación con sus socios. Cuando se casa, la vinculación es con su pareja. Los acróbatas precisan de una elevada calidad vinculativa para desarrollar con éxito el espectáculo.

DEPENDENCIA

Surge cuando de la vinculación nace la subordinación. Por ejemplo, usted puede adquirir una vinculación con el alcohol, pero este hábito puede llegar a convertirse en dependencia cuando subordina su vida a este tipo de bebidas. Una pareja puede establecer una vinculación por enamoramiento y convertirse en dependencia cuando la vida de uno de los miembros se subordina al otro (maltrato psicológico o físico, por ejemplo). En una pareja puede llegarse también a esta situación porque uno de los miembros deje de trabajar y, por tanto, establezca una relación