Pareja asignada - Grace Goodwin - E-Book

Pareja asignada E-Book

Grace Goodwin

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Beschreibung

Cuando una potencial amenaza contra su vida obliga a Eva Daily a buscar refugio en otro mundo, solo le queda una opción disponible. Debe postularse al Programa de Novias Interestelares. Después de una valoración íntima y sensual de su idoneidad, a Eva se le asignará una pareja y se la transportará a ese mundo para convertirse en su novia. Al llegar al planeta desierto de Trion, Eva pronto descubre que las cosas son mucho más diferentes de lo que acostumbraban en la Tierra. Un examen íntimo hecho por su nueva pareja la deja a Eva roja como un tomate, pero, para su sorpresa, la maestría de Tark sobre su cuerpo la excita de una forma inimaginable. Pronto se encuentra desnuda, atada, e incapaz de resistir la necesidad de suplicar por más ya que su habilidad para hacer el amor la lleva de un clímax abrumador hacia otro. Sin embargo, a Eva no le toma mucho tiempo el descubrir que Tark es mucho más que una bestia dominante quien no duda en poner a su desobediente esposa sobre su rodilla para enrojecer completamente su trasero desnudo. Pero, así como su pasión por él empieza a convertirse en amor, los eventos en la Tierra la amenazan con alejarla de él para siempre. ¿Podrá Eva encontrar una forma de quedarse al lado de Tark y en su cama o se terminará quedando solo con los recuerdos del hombre que había reclamado tanto su cuerpo como su corazón? Nota del editor: Pareja asignada es el primer libro de la serie de “Novias Interestelares”. Es una novela romántico-erótica que incluye nalgadas y escenas sexuales. Si este tipo de material le ofende, no compre este libro.

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Veröffentlichungsjahr: 2018

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Pareja asignada

Programa de Novias Interestelares®: Libro 2

Grace Goodwin

Copyright © 2016 por Grace Goodwin

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida de ninguna forma ni por ningún medio, ya sea eléctrico, digital o mecánico, incluidas, entre otras, fotocopias, grabaciones, escaneos o cualquier tipo de sistema de almacenamiento y de recuperación de datos sin el permiso expreso y por escrito del autor.

Publicado por Grace Goodwin con KSA Publishing Consultants, Inc.

Goodwin, Grace

Pareja asignada

Diseño de la portada por KSA Publishing Consultants, Inc.

Imágenes por Romance Novel Covers; fotolia.com- Romolo Tavani

Nota del editor:

Este libro ha sido escrito exclusivamente para una audiencia adulta. Azotes y otras actividades sexuales que estén incluidas en este libro son fantasías estrictamente dirigidas a adultos, y no son aprobadas ni promovidas por el autor o editor.

Índice

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Dominada por sus compañeros

Español – Libros de Grace Goodwin

Inglés – Libros de Grace Goodwin

Conéctate con Grace

Sobre Grace Goodwin

Capítulo 1

Mi mente se sentía confundida, como si acabara de despertar o si tuviera demasiado alcohol en mi sistema. Pero esa confusión rápidamente se convirtió en sensación. Estaba desnuda e inclinada hacia delante sobre una especie de banco duro. Mis senos se sacudían debajo de mí con cada poderosa y profunda estocada de la polla de un hombre dentro de mí. El envolvente calor forzó un gemido por mi garganta y cerré mis ojos para deleitar la forma en la que mi coño estrecho se apretaba y se contraía sobre su grueso tronco. Él estaba de pie detrás de mí, yo añoraba ver su rostro para saber quién podía causarme tanto placer.

—Al parecer le gusta que la follen de esta manera. A la mayoría no le gusta estar inclinada y amarrada a un soporte. —Una profunda voz masculina habló desde algún lugar detrás de mí, pero yo estaba demasiado distraída por los bruscos movimientos de la inmensa polla entrando y saliendo de mí como para buscarlo. No era el hombre que me estaba follando, por lo que no era nadie para mí. Nadie. Solo mi amo importaba.

¿Amo? ¿De dónde había salido eso?

—Sí, su coño está increíblemente apretado y muy mojado. ¿Te gusta que te tomen así, gara? —La segunda voz era aún más profunda y venía de detrás de mí, directamente detrás de mí.

Me había hecho una pregunta, pero todo lo que yo podía hacer era gemir por la increíble forma en la que me abría. Jamás me había empalado una polla de este tamaño. La gruesa verga entraba más profundamente en mí con cada fuerte choque de sus caderas contra mi culo. El sonido de la piel sobre piel, de mi humedad facilitando su poderosa entrada, inundaba la habitación. Él cambió su ángulo, su dura cabeza rozándome profundamente por dentro y dejé salir un chillido. Su polla era como un arma, una herramienta contra la cual no podía luchar.

¿Cómo había terminado aquí? Lo último que recordaba era estar en la Tierra, en el centro de procesamiento.

Ahora me encontraba atada a algún tipo de soporte con cuatro patas, con mis tobillos amarrados a un lado y mis manos atadas a pequeñas manijas unidas al otro. Era tan angosto que mis pechos colgaban, permitiendo que algo que yo no podía ver me halara los pezones. La combinación de dolor y placer se sentía como si una corriente eléctrica cayera directamente sobre mi clítoris, la intensa sensación me dejaba sin aliento. Con cada profunda estocada, mi clítoris se rozaba contra algo duro debajo de mí, algo que se movía conmigo al mismo ritmo en el que su polla me penetraba. Las vibraciones bajo mi clítoris causaron que un orgasmo fuera creciendo hasta hacerme sentir como una bomba de tiempo a punto de estallar. Mi piel comenzaba a sudar, mientras yo me aferraba al soporte como si fuera lo único que me impidiera salir volando. No estaba segura de si sobreviviría a la explosión.

—Está apretando mi polla —gruñó el hombre, y sus movimientos se volvieron menos metódicos, como si estuviese perdiendo la batalla contra sus necesidades básicas de entrar en mí.

—Bien. Haz que se corra bastante para que se ablande y acepte tu semilla. Deberías ser capaz de reproducirte con ella sin retraso.

¿Reproducirse?

Abrí mi boca para preguntar de qué estaban hablando, pero esa inmensa polla chocó contra mí mientras una mano tibia se colocaba sobre mi nuca, sujetándome, a pesar de que no podía ir a ninguna parte. Lo sentí como un gesto simbólico de que estaba bajo su control y no había nada que yo pudiera hacer. Debí haber gritado o luchado, pero esa mano fue como un interruptor de apagado y me quedé completamente quieta, ansiosa por su siguiente estocada.

Este momento, este hombre... seguramente no era más que un sueño. Nunca tendría sexo mientras alguien más observaba. Nunca dejaría que me ataran y amarraran de tal manera. Nunca. Esto no podía ser real. Yo no permitiría este tratamiento tan bajo. Yo era una médica, una sanadora. Era soberanamente respetada y con mucha razón. Era una mujer con algo de poder. Nunca me sometería a esto...

Como si se burlara de mí, él arremetió contra mí con más fuerza y una fuerte mano aterrizó con escozor sobre mi nalga desnuda. El ardor se extendió como mantequilla caliente derritiéndose sobre mi piel, con el calor viajando en línea recta hacia mi clítoris. Me azotó nuevamente y apreté los dientes para reprimir un grito de placer.

¿Qué me estaba sucediendo? ¿Me gustaba que me azotaran?

Otro manotazo fuerte, otro escozor de dolor, y las lágrimas se me escaparon mientras luchaba por mantener mi compostura. Yo era una profesional. Nunca me había rendido ante el pánico o la presión. O el placer. Nunca perdía el control.

Gracias a años de entrenamiento y disciplina, me obligué mentalmente a tomar nota de mis alrededores. No podía reconocer nada, ni la tenue iluminación ambarina, las gruesas alfombras del suelo, las paredes de un extraño color arena, ni el aroma a almendras y a algo extrañamente exótico que podía oler emanando de mi propia piel. El reflejo brillante en mi piel usualmente pálida hacía parecer que me habían frotado con aceite perfumado. Ese olor, y el pegajoso almizcle de follar, flotaban en el aire caliente a mi alrededor.

Mi mente se llenó de confusión, pero no podía enfocarme en la habitación ni pensar en cómo había terminado aquí porque, con cada respiración jadeante, una polla dura me llenaba hasta el borde del dolor, lo suficientemente cerca como para que la punzante sensación se sumara a las demás que sobrecargaban mi cuerpo y mente. El placer me consumía. Mi conciencia entera se redujo hasta que solo sentía la presión de mi piel contra el soporte, la mano sobre mi cuello manteniéndome en mi lugar como una gata satisfecha, el tenso vaivén de lo que parecía ser pequeñas pesas atadas a mis pezones, mi coño apretando la polla que me llenaba, que me reclamaba. Que me poseía.

El sexo nunca había sido tan bueno con ninguno de los hombres con los que había estado. No podía ver quién me estaba follando, pero no había dudas de que era un hombre.

El agarre sobre mi nuca se desvaneció, y luego sentí dos grandes manos sobre mis caderas desnudas, las yemas presionando mi carne redonda. Como no podía ver a ninguno de los hombres, esto tenía que ser un sueño. Y no quería que acabara. Tenía tantas ganas de correrme que estaba lista para rogar por ello.

Nunca había soñado con sexo. Nunca había soñado nada como esto, ningún sueño se había sentido tan real, se había sentido tan bien. No me importaba, no quería pensar más en ello porque las vibraciones sobre mi clítoris se intensificaron.

—¡Sí! —grité, intentando empujar mis caderas hacia atrás para que la increíble polla entrara con más profundidad—. ¡No pares, por favor, Dios mío!

Él no paró. Como el placentero sueño que era, me corrí. Las vibraciones sobre mi clítoris me llevaron al límite, pero fue la polla dentro de mí la que mantuvo el placer una y otra vez hasta que no pude soportarlo más.

El hombre follándome se tensó, hundiendo sus dedos en mis caderas, mientras rugía con su propia liberación. Sentí su semilla caliente profundamente dentro de mí. Mientras continuaba follándome en su orgasmo, el caliente y pegajoso líquido se desbordó de mi coño, cayendo por mis muslos. Yo me desplomé sobre el soporte, saciada y repleta. Lo último que escuché antes de entrar a la oscuridad de los sueños fue: —Ella bastará. Llévala al harén.

Luché para volver a la conciencia, pero deseaba no haberlo hecho. Una mujer joven y seria estaba sentada opuesta a mí en la pequeña sala de examinación. Parecía estar cerca de mi edad, y hubiera sido bonita, de no ser por la expresión poco simpática y de labios finos en su rostro. Ella usaba un definido traje marrón con tacones altos, y llevaba una tableta de procesamiento de computadora en su regazo. Con su cabello recogido hacia atrás en un moño estricto, se veía más como una mujer de negocios y no como una médica especialista. La habitación en la que estaba se parecía a un cuarto de hospital, tenía equipos médicos conectados a mi cuerpo para monitorear mi frecuencia cardíaca, actividad cerebral, y niveles de enzimas. Mi cuerpo todavía zumbaba por la fuerza de mi liberación y me sentí avergonzada al notar que la silla de examinaciones a la que estaba atada estaba empapada debajo de mi culo y mis muslos desnudos, humedad causada por mi excitación. La corta y simple bata gris que estaba usando tenía el logotipo del Programa de Novias Interestelares, y como cualquier otra vestimenta médica, estaba abierta por detrás. Como era de esperarse, estaba desnuda debajo para el procesamiento.

La mujer tenía la agria expresión de alguien acostumbrada a lidiar con prisioneros verdaderamente culpables de sus crímenes desalmados. Su uniforme marrón oscuro tenía en su pecho la insignia rojo brillante y tres palabras en letras también brillantes, las cuales me hicieron sudar frío.

Programa de Novias Interestelares.

Que Dios me ayude. Me estaba yendo a otro mundo, dejando la Tierra como una novia por correspondencia. Si bien el concepto había sido útil en siglos anteriores, había sido revitalizado para satisfacer las necesidades interplanetarias actuales. Como una de estas novias por correspondencia, estaba obligada a follar y tener bebés con algún líder alienígena de un planeta considerado digno por la coalición interestelar que ahora protegía a la Tierra. Un alienígena macho quien se habría ganado el rango y el derecho a reclamar una novia de uno de los mundos miembro protegidos. Como la Tierra era el planeta más recientemente añadido a la coalición, ahora ofrecía las miles de novias requeridas por año. Pocas eran las voluntarias, a pesar de la generosa compensación que se ofrecía a la valiente, o desesperada, mujer que se ofreciera como novia. No, la mayoría de las miles de novias enviadas a otros planetas eran mujeres condenadas por algún crimen o, como yo, se vieron obligadas a huir. A esconderse.

«...deberías ser capaz de reproducirte con ella sin retraso». Esa áspera y afilada voz apareció en mi mente. Eso había sido un sueño, ¿verdad? Pero ¿por qué soñaría eso?

—Señorita Day, soy la alcaidesa Egara. ¿Está al tanto de sus opciones de ubicación? Al ser una asesina convicta, usted perdió todos sus derechos excepto el de nombramiento. Usted puede nombrar un planeta, si lo desea, y le escogeremos su pareja de ese mundo basándonos en los resultados de su valoración. O puede renunciar al derecho de nombramiento y aceptar los resultados del proceso de valoración psicológica. Si elige esta opción, será enviada al planeta y a la pareja que mejor coincida con su perfil psicológico. Si desea conocer a su verdadera pareja, le recomiendo que escoja la segunda opción y siga las recomendaciones de los procesadores de emparejamiento. Hemos emparejado novias con sus parejas desde hace cientos de años. ¿Qué escogerá?

Apenas pude escuchar la voz de la mujer, estaba halando las esposas cerradas que mantenían mis muñecas a mis lados. Si bien había escuchado la mención de otros planetas, yo no conocía a nadie en otro mundo, mucho menos una pareja. En la Tierra, una mujer podía escoger sus propios novios, amantes, esposos. Pero ¿una pareja alienígena? No tenía idea de por dónde empezar. E incluso si escogía un mundo, mi pareja real se decidiría únicamente a través del análisis psicológico del Programa de Novias Interestelares. ¿Debería escoger un mundo? Solo me iría por unos cuantos meses, no por el resto de mi vida. ¿Cuál sería la diferencia? Yo ni siquiera era Evelyn Day realmente.

Esa era mi nueva identidad. Mi nombre real era Eva Daily y tampoco era una asesina. Yo era inocente, pero eso no importaba. Ya no. No importaba que todo esto fuera una farsa, una forma de mantenerme viva hasta que se fijara la fecha del juicio para poder testificar en contra de un miembro de uno de los sindicatos de crimen organizado más poderosos de la Tierra.

Yo había sido una médica muy respetada hasta que presencié un asesinato por detrás de una cortina del departamento de emergencias del hospital. Resultó ser que yo era la única que podía identificar al asesino. La familia del asesino tenía una riqueza inmensa y conexiones poderosas tanto en el gobierno del mundo como en el crimen organizado. La protección para testigos era mi única oportunidad para mantenerme con vida hasta que pudiera identificar al hombre en la corte. Irme del planeta era la única forma de asegurar que el alcance extensivo de la familia no me hiciera daño.

Independientemente de que mi condena fuera solo una tapadera, en lo que respectaba al sistema de justicia de la Tierra, yo era una asesina. Me tratarían como tal. Esta bata médica era un gris uniforme de prisionera, mi muñeca y tobillos estaban atados a la dura e implacable silla. No tenía más opciones. Ya había repasado esta situación miles de veces en mi cabeza. Sobrevivir. Eso era lo que tenía que hacer y no habría manera de hacerlo si no me iba de la Tierra lo más pronto posible.

—¿Señorita Day? —repitió la alcaidesa. Su voz no expresaba emoción, como si hubiese procesado demasiados criminales como para no sentirse cansada y endurecida ante los peores delincuentes.

—Le preguntaré nuevamente, señorita Day. Tres es el número requerido de veces que debo intentar para obtener una respuesta. Después de eso, se la emparejará automáticamente, basándonos en los resultados de su prueba y será enviada a procesamiento.

Intenté calmar mi corazón acelerado, ya que no solo estaba atada sin poder moverme, sino que tampoco podía escapar de esa habitación, del edificio y, especialmente, de la vida que ahora tenía que enfrentar. Esta habitación gris no era nada comparada con lo que ya había soportado... y nada con lo que estaba por venir.

Pero no podía dejar que esta fría mujer decidiera por mí. Seguramente me enviaría a algún planeta severo como Prillon, donde los hombres eran conocidos por ser duros e implacables, tanto en la cama como fuera de ella.

—¿Desea reclamar el derecho a nombrar su mundo, señorita Day? ¿O prefiere someterse a los protocolos de ubicación del centro de procesamiento? —Su pregunta me sacó de mis pensamientos. Antes de que ella entrara a la habitación, me habían sometido al llamado «procesamiento». Había estado completamente alerta y despierta cuando comenzó, observando imágenes de distintos paisajes, hombres en todo tipo de vestuarios y de apariencias, incluso parejas participando en distintos actos sexuales, como una mujer arrodillada chupándole la polla a un hombre.

Infortunadamente, esa había sido una de las imágenes de adiestramiento. Algunas imágenes incluían a dos hombres tomando a una mujer; otras tenían habitaciones completas llenas de personas viendo cómo se follaban a una mujer. Ataduras, azotadores, juguetes sexuales. Las escenas habían pasado de ser desiertos a fotografías de extensiones urbanas de inmensas ciudades alienígenas del tamaño de la ciudad de Nueva York o de Londres, de consoladores y cinturones de castidad a perforaciones y sondas anales.

Las imágenes se movían cada vez más rápido y pensé que podría quedarme despierta, pero debí de haberme quedado dormida y entonces soñé ese extraño, pero vívido sueño. Cuando me desperté, las pantallas de video ya no estaban, pero todavía estaba atada a la silla de examinaciones.

Alcé la mirada hasta su rostro inexpresivo, lamí mis labios y contesté: —Aceptaré la selección del protocolo de procesamiento.

La mujer asintió secamente mientras presionaba un botón en la tableta frente a ella. —Muy bien. Comencemos el protocolo de selección de ubicación. Diga su nombre para que quede registrado.

Cerré mis ojos por un momento para luego abrirlos, todavía podía sentir los efectos prolongados de aquel orgasmo. Había sido intenso y había sido un sueño. Esta era la dura y fría realidad. Dudaba que hubiese un escape verdadero, o placer verdadero en mi futuro. —E-Evelyn Day.

Estuve a punto de decir mi nombre real, pero luego lo recordé. ¿Cómo pude olvidarlo?

—¿Por cuál crimen fue encontrada culpable?

Me era difícil decir la palabra. Todavía no podía creer que había aceptado tales medidas extremas, tales mentiras.

—Asesinato.

—¿Está o estuvo casada alguna vez?

—No. —Esa era una de las razones por las que estaba en este embrollo. Trabajaba demasiado. No tenía un hombre en mi vida, no había nadie que me esperara en casa. Así que me quedaba trabajando, tomaba turnos extra, y presencié un asesinato.

—¿Ha producido descendencia biológica?

—No. —Quería hacerlo algún día, pero ¿con un alienígena? Eso no había sido parte de mis sueños de la infancia. ¿Por qué no pude conocer a un sensual hombre soltero que le gustaran las mujeres con cerebro y curvas generosas?

—Excelente. —La alcaidesa Egara marcó una lista de recuadros en la pantalla de su tableta—. Para que quede registrado, señorita Day, como una hembra elegible y fértil en la flor de la vida, tenía dos opciones disponibles para servir su sentencia por el crimen de asesinato: cadena perpetua sin libertad condicional en la Penitenciaria de Carswell, ubicada en Fort Worth, Texas.

Temblé ante la mención de la famosa prisión que albergaba a los criminales más peligrosos y crueles. El plan para mantenerme segura hasta el juicio era enviarme a otro planeta. Carswell, afortunadamente, no fue algo que tuve que considerar.

La alcaidesa Egara continuó: —O, como escogió anteriormente, la alternativa del Programa de Novias Interestelares. Se le trajo hasta acá para completar su valoración y emparejamiento. Estoy encantada de decirle que el sistema ha encontrado una pareja exitosa y usted será enviada a un planeta miembro. Como novia, podría no regresar a la Tierra, ya que todos sus viajes serán determinados y controlados por las leyes y costumbres de su nuevo planeta. Renunciará a su ciudadanía de la Tierra y se convertirá en ciudadana oficial de su nuevo mundo.

¿A dónde me enviarían? ¿Qué clase de locura pervertida le mostró mi escaneo neuronal a esta mujer? Basándome en el sueño vívido, pudo haber sido cualquier cosa. ¿Iría a un jefe en Vytros o a un rico capitán mercante en Ania? ¿A uno de los aislados mundos patriarcales y duros?

Aclaré mi garganta, ya que se me atoraban las palabras. —¿Po-podría explicarme el proceso de selección? ¿Cómo sabré si las pruebas escogieron una buena pareja?

Ella me miró como si yo hubiese vivido bajo una piedra toda mi vida. —¿De verdad, señorita Day? Usted sabe cómo funciona.

Al verme en silencio, dejó salir un suspiro. —Muy bien. A todas las prisioneras se las somete a un conjunto de pruebas. Se estimuló y monitoreó su mente para reacciones tanto conscientes como subconscientes para asegurarnos de poder emparejarla apropiadamente con las costumbres y prácticas sexuales de otro planeta. Ya que vivirá allí indefinidamente, es importante que enviemos a novias que sean dignas de los líderes que las piden.

—Cada planeta posee una lista de machos calificados en espera de una novia —continuó—. Sus resultados muestran el mejor mundo para usted, y luego la emparejan con el candidato más compatible. Una vez que su procesamiento comience, él será notificado. Una vez lista, se le transportará y usted despertará en el nuevo planeta. Su pareja estará esperándola para reclamarla.

Con mis muñecas aún atadas, pude ser capaz de apretar mis puños. —¿Y si... y si el emparejamiento no es bueno?

Ella frunció la boca. —Ya no hay vuelta atrás. De acuerdo con el Protocolo 6.2.7a, no la podemos obligar a estar con alguien incompatible. Usted tendrá treinta días para decidir si el candidato principal es aceptable. Si, después de los treinta días, usted no está satisfecha con su pareja, usted será asignada y transferida a otra pareja de ese mundo. Tendrá treinta días para aceptar o rechazar a cada candidato hasta que se establezca con una pareja.

—¿Y ellos... quiero decir, él tendrá la oportunidad de rechazarme? —Otros hombres ya me habían rechazado. Muchas veces. ¿Qué haría que un hombre en algún planeta lejano fuera diferente?

—El programa de emparejamiento tiene una tasa de éxito por encima del noventa y nueve por ciento. Usted ha completado las pruebas y nosotros hemos confirmado su ubicación personal. Estoy segura de que se establecerá exitosamente. Estas parejas, dependiendo del planeta, necesitan mujeres para prolongar su raza, su cultura y su estilo de vida. Las hembras son valiosas, señorita Day. Por ello es que se estableció el tratado interplanetario. Si, no obstante, su pareja la encuentra... poco satisfactoria, usted será emparejada con otro macho de ese planeta. Recuerde, su primera pareja es el planeta, el macho es la segunda.

—¿Mi pareja sabrá que me condenaron por un crimen?

—Por supuesto. El tratado exige una transparencia total.

—¿Y están tan desesperados que aceptan convictas? —Jamás me habían encontrado lo suficientemente digna como para ser una novia, mucho menos una esposa. ¿Cómo me iba a querer alguien ahora que era una asesina convicta? —¿No les daba miedo que pudiera asesinarlos mientras dormían? —Yo no haría eso, pero eso no lo sabían ellos. ¿Me castigarían en su mundo por un crimen que supuestamente cometí aquí en la Tierra?

La mujer frunció la boca.

—Le garantizo, señorita Day, que cuando conozca a cualquiera de las parejas en cualquiera de los planetas, usted entenderá. No se preocupe, ya que ser asesinados por una mujer como usted no será una de sus preocupaciones.

Bajé mi mirada y me vi vestida con ese simple y gris uniforme de prisionera. Yo no era una delgaducha. Tenía... curvas. Mi peso no había cambiado, ni siquiera con el estrés de las últimas semanas, con el juicio próximo y todo lo que este acarreaba. En todo ese tiempo no me había visto en un espejo ni con maquillaje, así que solo podía suponer cómo me veía. Seguramente mi compañero me rechazaría antes de saludarme si me viera así.

La mujer dio una mirada a su tableta. —¿No tiene más preguntas? Tengo que procesar a otra mujer hoy.

Realmente no tenía opción. Asentí. —Estoy... estoy lista... —tragué. Decir las palabras que cambiarían mi vida era más difícil de lo que esperaba—. Estoy lista para irme a otro planeta y aceptaré mi ubicación basada en las pruebas.

La mujer asintió decisivamente. —Muy bien. —Ella presionó un botón y mi silla se inclinó hacia atrás como si estuviera en el consultorio del dentista—. Para que quede registrado, señorita Day, usted ha escogido cumplir su sentencia bajo la tutela del Programa de Novias Interestelares. Se le ha asignado a una pareja a través de los protocolos de pruebas y será transportada a otro planeta para nunca volver a la Tierra. ¿Es correcto?

Ave María Purísima, ¿qué he hecho? Regresaría para testificar, pero realmente me estaba yendo. —Sí.

—Excelente. —Ella le dio una mirada a su tableta—. La computadora la ha asignado a Trion.

¿Trion? Rebusqué en mis recuerdos algo, lo que fuera, sobre ese mundo. Nada. No tenía nada. Dios mío.

Pero quizás ese mundo era el que había aparecido en mis sueños. Las alfombras. El aceite de almendras. La inmensa polla...

—Ese mundo requiere una detallada preparación física para sus hembras. Por lo tanto, su cuerpo será preparado apropiadamente antes de iniciar el transporte.

Mi cuerpo será... ¿qué?

La alcaidesa Egara empujó mi silla por un lado y, para mi sorpresa, la silla se deslizó hacia la pared, donde apareció una abertura gigante. La silla de examinaciones se deslizó, como si estuviera en un recorrido, para entrar al espacio recién revelado del otro lado de la pared. La diminuta habitación era pequeña y una serie de luces azules brillantes resplandecían. La silla se detuvo de golpe y un brazo robótico con una gran aguja subió silenciosamente a mi cuello. Hice un gesto de dolor al sentirla perforar mi piel, luego todo lo que sentí fue un leve hormigueo en el lugar de la inyección. Una sensación de letargo y de satisfacción hizo que mi cuerpo se debilitara mientras me bajaban a una tina con un cálido líquido azul. Me sentía tan cálida, tan adormecida...

—Intente relajarse, señorita Day. —Su dedo tocó la pantalla en su mano y su voz se escuchaba como si estuviera muy, muy lejos—. Su procesamiento comenzará en tres... dos... uno...

Capítulo 2

—La transferencia debió debilitar su cuerpo, por eso duerme.

Escuché la voz, pero no me moví. Estaba bastante cómoda y no quería despertarme.

—Sí. Sin embargo, ha estado así por cuatro horas. —Esta voz era más profunda, más demandante, se notaba claramente frustrado por mi situación—. Goran, quizás mi pareja haya sufrido daños durante el transporte.

¿Daños?

—No parece haber sufrido ningún daño. —Una voz distinta—. Ella es pequeña y quizás necesita más tiempo para recuperarse.

¿Pequeña? Nunca me habían considerado pequeña. Bajita quizás, pero ¿pequeña? Casi era gracioso. No podía mover mi cuerpo para ver quiénes me consideraban otra cosa distinta de mi yo muy curvilíneo y sólido. Era como si acabara de despertarme de una larga siesta, me hacía feliz estar así. Me sentía cálida, a salvo, segura, no al borde de... ¡vaya!

Mis ojos se abrieron como platos y no veía las grises paredes del interior de las instalaciones de procesamiento, donde había estado los últimos días. En su lugar, parecía estar en una especie de estructura rústica, el techo y las paredes estaban hechas de lona robusta. No podía ver mucho del lugar ya que tres hombres estaban asomados sobre mí. Mis ojos se abrieron por su tamaño. Eran formidablemente grandes y… grandes. Jamás había visto a un hombre tan grande, mucho menos a tres. ¿Eran de tamaño normal?

Todo sobre ellos era oscuro. Tenían ojos y cabellos negros, ropa negra sobre piel bronceada. Me recordaban a los hombres de la región mediterránea de Europa. Pero el centro de procesamiento no me había enviado a Europa, ni siquiera al Medio Oriente. Me habían enviado a otro planeta. ¿Trion? ¿Dónde estaba eso? ¿Qué tan lejos estaba de casa? La alcaidesa Egara no me dijo qué tan lejos estaba este planeta antes de deslizar su dedo sobre su pantalla para que me transportaran. Había sucedido muy rápido. Fue como dormirse para una cirugía para luego despertarse sin idea alguna de lo que había pasado durante todo ese tiempo.

Estaba acostada de lado, y ya no me encontraba en esa incómoda silla del cuarto de procesamiento, sino en una cama estrecha. Mis muñecas y mis tobillos ya no estaban atados, por lo que alcé mi mano derecha para pasar mis dedos por los cabellos justo detrás de mi oreja.

Sí. Allí estaba. Solté un respiro contenido. El pequeño bulto causado por el implante del departamento de justicia, se trataba de un dispositivo con el cual me prometieron que volvería a casa algún día. Hasta entonces, tenía que sobrevivir como Evelyn Day, asesina convicta.

Parpadeé confundida, mientras intentaba orientarme. Toda mi vida había sabido de la existencia de planetas alternos, pero los medios nunca nos mostraron imágenes de estos. Los únicos que tenían permitido transportarse a otros planetas eran los militares y las mujeres del programa de novias… Debido a esto, siempre supuse que los alienígenas serían muy diferentes a los humanos, pero estaba completamente equivocada. Estos hombres, de ser ejemplos de la raza de su planeta, eran especímenes muy atractivos y se parecían mucho a los humanos. Atractivos quizás no era la palabra correcta. Intensos, viriles, masculinos. Hermosos.

A pesar de todo, su poder y energía áspera, su gran tamaño y la muy clara posibilidad de que pudieran lastimarme me hicieron retroceder.

La pared se dobló contra mi espalda y tuve que bajar la mano para equilibrarme. Estaba sobre mis manos y rodillas, y las miradas de los hombres pasaron de mi cara a mi cuerpo. Podía sentir el aire cálido de este lugar, donde sea que estuviera, contra mi piel desnuda. Al bajar la mirada noté que definitivamente ya no estaba usando el uniforme de prisionera. Estaba desnuda.

—¿Dónde está mi ropa? —chillé, intentando cubrir mi cuerpo y mirando alrededor. El lugar era espartano, solo tenía la cama donde estaba sentada y una mesa en el centro de todo. La habitación no era excesivamente grande, o quizás los tres hombres ante mí ocupaban la mayor parte del espacio con su inmenso tamaño. Había unos grandes baúles negros alineados en una pared y unos artilugios de metal, semejantes a maquinaria médica del hospital y electrodomésticos de mi cocina, estaban colocados sobre ellos.

—Has sido [...]