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Natalia Elías nos presenta un libro de memorias, género literario de no ficción, caracterizado por el relato personal acerca de hechos memorables de su vida. El título de la novela, Partir no es irse, resuena como un leitmotiv en toda la narración, el cual reafirma el tono literario de la enunciadora, es decir, la intención de recordar la vida de sus padres, esencialmente la emoción que experimenta respecto de la materia narrada. No podemos, en este caso, hablar de un único tono que atraviese toda la novela, sino que conviven varios tonos: el fundamental es el elegíaco, manifestado ante el bien perdido (la muerte de sus progenitores); pero en el decurso del relato se desarrolla toda una escala tonal (como en la música), que va desde el nostálgico, el reflexivo, el confesional, el informativo, hasta incluso el jocoso, especialmente cuando refiere anécdotas o acontecimientos protagonizados por el carácter aventurero y osado del protagonista, es decir, del padre. El magnetismo que emana de su personalidad, sumado al pintoresquismo de las aventuras que vivencia, y las descripciones puntuales que lo sitúan en tiempo y en espacio permiten concitar permanentemente la atención del lector, sin que esta decaiga, de modo que la autora logra conducirlo magistralmente de la mano, a través de las alternativas de la trama, hasta arribar al final. La diversidad de tipos discursivos (narración de anécdotas, reportajes, textos líricos, etc.) también contribuyen al éxito e interés, en la evolución que experimenta la base argumental de la novela.
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Seitenzahl: 112
Veröffentlichungsjahr: 2023
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Fotografía de solapa: Miguel Ángel Pereyra.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Elías, Natalia Roxana
Partir no es irse / Natalia Roxana Elías. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.
124 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-824-651-2
1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. 3. Novelas Históricas. I. Título.
CDD A863
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Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2023. Elías, Natalia Roxana
© 2023. Tinta Libre Ediciones
A mis padres, Ricardo Horacio Elías
y Marta Adela Gutiérrez,
por enseñarme a amar la vida,
por sus luchas y valentía.
Prólogo
No resulta fácil opinar sobre un texto con cuya trama argumental me siento tan comprometida emocionalmente… Sucede que los protagonistas de esta novela fueron mis amigos, con quienes he compartido tantos momentos dichosos, y en general, instantes inolvidables de la vida cotidiana… Pero sí estoy habilitada para dar fe acerca de muchas situaciones que Natalia rememora, con nostálgica pluma, e incluso también conocí por boca del mismo Dr. Elías, circunstancias de su vida de estudiante y otros avatares. Porque es verdad que cuando el compromiso sentimental es tan importante, la objetividad es imposible, más aún cuando me cabe la tarea de actuar como crítica literaria, pero también es cierto que el velo de las lágrimas tiñe de añoranza los acontecimientos, tornándolos demasiado subjetivos. También puedo atestiguar, desde el pedestal de la distancia, que, así como la autora ensalza la figura paterna de su “Ricardo Corazón de León”, para él, su hija Natalia era la consentida… (quizás porque en su lugar, él esperaba la llegada de otro hijo varón).
Ahora, si me permiten cometer una infidencia, a raíz de mi divorcio, mi hija y yo estuvimos conviviendo en la antigua vivienda de la localidad de Sarmiento, muchos momentos felices con la familia Elías, ya que en los pueblos pequeños es casi imposible conseguir una vivienda para alquilar… Esta circunstancia tan particular contribuyó para que Ricardo se erigiera también en pilar fundamental a los ojos de mi hija, compañera de estudios y amiga de Mariela, hermana mayor de Natalia. A la edad de infantiles 10 añitos, Ricardo fue la imagen filial fuerte y necesaria. Recuerdo cuando por las noches, después de cenar, nos reuníamos en el living a ver televisión, Ricardo con voz firme, pero con tono jocoso, sentenciaba: “Chicos, mirando al sudeste” (remedando el título de una famosa película nacional), para prevenirlos acerca de la inconveniencia de ver imágenes poco aptas para las delicadas mentes infantiles… Cerca del horario de la sobremesa, a veces regresaba del colegio, que en esa época funcionaba en turno vespertino, entonces Ricardo me saludaba con un simpático: “ Ohhh, fraulein Liana”… ( en alusión a mi ascendencia alemana).
Y con respecto a Marta, Martita… hermana del corazón, sólo puedo decir que a su lado me sentía en familia (ya sea en Sarmiento, en Santa Fe, en Córdoba, en Felicia o donde quiera que ella estuviese), quizás por la naturalidad, la franca espontaneidad que emanaba de su personalidad, siempre inquieta y predispuesta a la vida, ya sea ésta una aventura o un sacrificio… Gracias por brindarte por entero y a hacerme sentir como “en casa”.
El título de la novela, “Partir no es irse”, (en oposición a la frase de su abuelo paterno en las despedidas: “Partir es como morir un poco”), resuena como un leitmotiv en toda la narración, que reafirma el tono literario de la enunciadora, es decir, la intención de recordar la vida de sus padres, esencialmente la emoción que experimenta respecto de la materia narrada. No podemos, en este caso, hablar de un único tono que atraviese toda la novela, sino que conviven varios tonos: el fundamental es el elegíaco, manifestado ante el bien perdido (la muerte de sus progenitores); pero en el decurso del relato se desarrolla toda una escala tonal (como en la música), que va desde el nostálgico, el reflexivo, el confesional, el informativo, hasta incluso el jocoso, especialmente cuando refiere anécdotas o acontecimientos protagonizados por el carácter aventurero y osado del protagonista, es decir, del padre. El tono preponderante es el que logra establecer una conexión emotiva con el lector.
Lo que contribuye a la cohesión textual y a brindarle equilibrio al material narrado como para que no se produzcan rupturas en el pacto de ficción, tiene que ver con la visión del mundo, y la elección del narrador omnisciente, en primera persona o a veces como testigo de los hechos. Estos recursos le permiten al lector conectarse a nivel emocional, seduciéndolo de tal manera que no pueda desviar su atención y continuar la lectura del relato. Esto también lo consigue la autora intercalando diversidad de tipos textuales: reportajes y entrevistas (algunas imaginarias), fragmentos poéticos varios, etc. De este modo, Natalia Elías logra un desarrollo adecuado de los pathos dentro del discurso narrativo, es decir, del adecuado manejo de los recursos de índole emotivo.
El magnetismo que emana de la personalidad del protagonista, sumado al pintoresquismo de las aventuras que vivencia, y las descripciones puntuales que lo sitúan en tiempo y en espacio, permiten concitar permanentemente la atención del lector, sin que la misma decaiga, de modo que la autora logra conducirlo magistralmente de la mano, a través de las alternativas de la trama, hasta arribar al final. La diversidad de tipos discursivos también contribuye al éxito e interés, en la evolución que experimenta la base argumental de la novela.
Realmente, la tarea de prologar esta novela donde la realidad se transforma en ficción literaria, resulta todo un honor para mí, y una oportunidad de rendir homenaje a quienes me demostraron cabalmente el valor de la amistad. Siempre sostuve que la AMISTAD es el sentimiento más noble, porque es capaz de brindarlo todo, sin esperar nada a cambio. Seguramente muchos de sus lectores verán reflejados en sus páginas, gestos, costumbres y palabras (o hallarán el eco de sus familiares tan queridos como los protagonistas). De modo que auguro éxitos a Natalia Elías en la presentación y difusión de su producción narratológica, y una enorme retribución de carácter emotivo-sentimental en el seno de sus familiares y amigos.
Prof. Liana FriedrichEscritora
Partir no es irse
1.
El origen
La identidad. Sentimientos que hablan de nosotros
Quiero comenzar a contarles una historia personal, sobre mi vida, sobre mi familia y sobre los que ya no están, de quienes podemos aún contar historias. Para que las puedan guardar entre sus más preciados objetos. Y para que estas memorias sean un bálsamo de recuerdo de quienes fueron mis padres. Con ellos, también recordaremos a todas las personas que aportaron sus anécdotas, vivencias, emociones compartidas y, sobre todo, el amor.
Mis padres fallecieron con 23 días de diferencia. Es el dolor de esas pérdidas el que me moviliza a hablar en primera persona y encontrarme por momentos sola, sin saber qué hacer ante tanta hostilidad. A pesar de esta soledad, elegí aferrarme a la vida, transitarla, y aprender a ser una buena observadora, desde una nueva piel sensitiva.
En estos tiempos de mucha “tecno” (como diría mi papá, abreviando la palabra tecnología), escribir más de 140 caracteres es como transportarse a los años dorados de la comunicación por correspondencia. Emprendo esta tarea con mucho entusiasmo y con todas las emociones a flor de piel. Los invito a recorrer esta historia llena de enigmas de origen, donde la descendencia influye.
Mi abuelo paterno se llamaba Alberto Elías Chemes (él siempre lo pronunciaba remarcando la “s” final de Elías). Había perdido contacto con su familia de origen. Sin embargo, me propuse establecer relación con alguien que compartiera su origen, que es también el mío. A partir de mucha búsqueda, distintas comunicaciones, tiempo invertido, y también frustraciones por no dar con información acertada, logré mi objetivo y les confieso que me enorgullece haberlo concretado.
Un día encontré a Pedro Elías, un conocido chef de Santa Fe, leyendo un artículo de la Revista Nosotros. Descubro sus tres pasiones: la cocina, la docencia y los negocios. Me llama la atención cuando habla del trato con el cliente, la presentación del alimento, la conservación del alimento, le da importancia a ese tipo de cosas. Al mismo tiempo, dice que la parte comercial es fundamental: qué comprar, dónde comprar, cómo buscar precios. Esto me recuerda mucho a mi abuelo Alberto. Y también me hace pensar en rasgos característicos de mi hermano Alejandro, la dedicación en los detalles precisos de la comercialización.
Luego de contactarme con Pedro y entablar largas y variadas charlas, llegamos a la conclusión de que él puede ser sobrino y ahijado de mi abuelo. Trazando la genealogía familiar, sería primo de mi papá y de mi tío Tito.
Gracias a Pedro conecté con Luis “Changui Cáceres, primo de él por parte de madre. Luis es un dirigente histórico del radicalismo, muy recordado por su protagonismo, junto con Raúl Alfonsín, en el renacer democrático del país. Hablando sobre mi búsqueda, “Changui” me dice con respecto a los Elías Chemes:
—Cuando vinieron de Amioun (Líbano) en la oficina de migraciones había algunas confusiones entre nombres y apellidos. A algunos de la familia los anotaron con el nombre como apellido, y a otros el apellido como apellido. Es decir, algunos quedaron anotados como Elías y otros como Chemes. Y así se fueron dispersando por todos lados, es un despiole la familia.
Este aporte me sirve para entender un aspecto más sobre la inmigración, que tuvo un rol importante en el desarrollo y en el crecimiento del país. Desde mi mirada sensitiva, veo que también establece las bases de un laberinto apasionante, que me invita a seguir desentrañando la identidad y los sentimientos que hablan de quiénes somos. En esta historia, la identidad juega un rol trascendental para comprender los andamiajes de este viaje personal. Las creencias y místicas de los personajes son un común denominador en varios acertijos de mi vida familiar.
Los misterios acompañan buena parte de cada situación que les relataré. Y ellos construyen el sentido de pertenencia donde decido anclar este proceso de sanación y calma, para finalmente poder expandirlo al universo, como las cenizas de Martita, mi madre.
Guiada por su inspiración
Y es así que necesito estar guiada por la inspiración de mi padre. En este capítulo me propongo concentrarme en él, desentrañar de mis vivencias la belleza y aprender de su voluntad por superar los límites. Pensé que, como antes, mi alma podía rozar la suya.
Mi abuelo, Alberto, decía en las despedidas:
—Partir es como morir un poco.
Hoy quiero intentar demostrar mi hipótesis actual: partir no es irse. En el caso de mi padre, tal vez su partida fue un modo distinto de estar presente y ahora a los dos nos une otro vínculo. A lo mejor por eso, de vez en cuando, siento que me responde a través de mi propia voz.
Ya siendo adulta, cada despedida se volvía melancólica, me iba con lágrimas invadiendo mis ojos. Aun así, hubo una tarde de mayo que no fue como las demás, porque una tristeza aguda se unía a la incertidumbre.
Fue una visita a mis padres en la localidad de Felicia, un pueblo en la provincia de Santa Fe, a 22 kilómetros del pueblo Sarmiento. Era la segunda vez que la enfermedad avanzaba sobre mi madre. Después de una lucha de casi 10 años, en esta segunda etapa, ella comprendía aún mejor la evolución de su “viaje”.
Iba a estas visitas con otra piel, nutrida de sentimientos diferentes. Cuando ingresaba a la casa me generaba angustia ver una cocina pulcra, en la que ya no se cocinaba. A pesar de que nadie los disfrutaba, el césped del jardín y la piscina se mantenían cuidados, y con razón: eran el lugar sagrado para mi papá y para el disfrute de sus nietos. Los helechos en el interior de la casa respiraban esperanza, pero ver la transformación en el cuerpo de mis padres era asomarse a un espejo que nadie querría ver. Sus miradas y sus voces apagadas se sentían como gritos de querer volver el tiempo atrás. La enfermedad, aún oculta en el semblante de mi papá, era más visible en mi mamá.
El 7 de mayo, un sol de otoño se apoderaba del ambiente y mis pupilas se nublaron por el llanto. 16.16 era el horario que marcaba el reloj cuando mi papá se acercó para despedirse diciéndome:
—Yo sé que es difícil, pero quedate tranquila, mamá está bien cuidada y atendida. El miércoles nos vemos.
La muerte parecía aproximarse y se veía como un catastrófico punto final. Tiempo después, con las lágrimas ya desvanecidas, reflexiono y presumo que el alma de mi padre se separó de su cuerpo, pero no de mí. Creo que, en ese momento, ambos nos encontramos ante un comienzo especial.
Partir, en su caso, no implicó un funesto viaje. Mi padre, como en otras ocasiones, ignoró un límite y derrotó la fragilidad de la caducidad, libre del egoísmo de este mundo pasajero.
Su cercanía se volvió más íntima. Y porque él sigue aquí voy a narrar lo que continua, guiada por su inspiración, con sus respuestas en mi voz.
Dar voz a la niñez. Dar sentido a los recuerdos
