Paz - Daniela Medina Figueroa - E-Book
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Beschreibung

Una vida de estudiante, amigas, mates y risas. Mientras tanto, los encuentros fugaces se anticipan entre las dudas existenciales acerca del amor y los sueños. Ella tiene la sensación de conocerlo de toda la vida, pero cada mañana parece un borrón y cuenta nueva. La inercia y las decisiones atraviesan a Paz, mientras ella solo quiere sentir amor para siempre. Ella, junto a sus amigas, vive historias de encuentros y desencuentros; es decir, de un amor juvenil que puede —o no— ser para toda la vida. La escritora nos invita a jugar con las idas y vueltas de esta historia, con un relato descontracturado que podría ser una partecita de nuestras vidas. Paz, buscándote es un libro para adolescentes y jóvenes que buscan plantearse las relaciones de una forma más sincera y real.

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Seitenzahl: 160

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Gabriela Gaona.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Tinta Libre no se responsabiliza por la corrección textual de la obra, ni por los errores ortotipográficos y gramaticales que pudieran leerse. El presente libro se publica fiel al manuscrito original entregado por el autor, bajo el pedido explícito del mismo de respetar la obra textualmente como fue escrita. El autor se responsabiliza por la corrección del texto de manera independiente y ajena a la editorial.

Medina Figueroa, Daniela

Paz : buscando-te / Daniela Medina Figueroa. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2020.

152 p. ; 22 x 15 cm.

ISBN 978-987-708-751-2

1. Narrativa Argentina. 2. Literatura Juvenil. 3. Novelas Románticas. I. Título.

CDD A863.9283

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,

total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución

por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad

de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2021. Medina Figueroa, Daniela

© 2021. Tinta Libre Ediciones

Paz, buscando-te

Capítulo I

mi principio

“No esperes a que las condiciones sean perfectas para empezar, el empezar hace las condiciones perfectas”.

Allan Cohen.

Soy Paz Vargas, estoy en la casa de mis padres, sola frente al espejo observándome minuciosamente.

Mi pelo castaño claro es bastante revoltoso, cuando estoy tranquila cae sin problemas, mis rulos se ven quietos y cuando estoy rara mi pelo te lo hace saber, se pone alborotado, los rulos me hacen parecer una vampiresa, o una leona salvaje. Contrastan con mi piel blanca y mis ojos oscuros grandes que están algo tristes, por eso se me dio por comer más y tanto que siento como mi piel se estira, o también simplemente antes era muy flaca. En fin, me quiero, me acepto, esta soy yo.

Tengo veintitrés años y tengo un gran dilema, hay una situación a la que llegué por impulsiva, para algunos caprichosa, pero para mí porque soy pura intuición.

Como buena escorpiana soy fogosa, aunque para mis amigas, una loca obsesiva. Pero eso ahora no importa, el hecho es que tengo que tomar una decisión.

Pero bueno mejor les cuento en esta historia, el tiempo es un protagonista clave. Comienzo desde el principio.

Hace casi tres años de mi llegada a Cabrales, vine a estudiar Psicopedagogía con mi amiga de la infancia, Lara. Crecimos juntas, es la hermana que no tengo, somos tan diferentes, ella siempre mandada, yo más temerosa.

Una vez de casualidad conocimos a Juana, vivía en el mismo edificio. Recuerdo que golpeamos la puerta de su departamento para pedirle hielo, y en agradecimiento la invitamos a tomar unos tragos. Desde esa noche nos volvimos muy amigas, entonces decidimos alquilar algo las tres juntas. Ellas y sus novios son mi familia acá, mis padres viven en un pueblo un poco alejado llamado Mercedes.

Llegamos llenas de miedos e incertidumbres a una ciudad saturada de edificios, veredas pequeñas con una multitud de gente caminando con pasos apurados, colmada de distintos tipos de sonidos, evidentemente, más grande que mi pueblo, con muchas ilusiones y metas decidimos lanzarnos a esta aventura.

Comenzamos a adaptarnos a esta nueva vida, estudiábamos, hacíamos actividades diversas y lo mejor, salíamos a bailar y conocer todos los boliches y bares, teníamos ese fuego que muchos llaman juventud.

Una noche de lluvia salimos a bailar, estábamos en el mes de abril, habíamos ido a un boliche de moda se llamaba JAGGER. Estando ahí se me acercó un chico, me invitó unos tragos y comenzamos una charla entre los flashes del boliche y la música electrónica. Bailamos hasta tarde, luego volvimos al departamento las tres riéndonos y con el maquillaje corrido. Al llegar a casa, con el sol arriba y el sonido de una ciudad despertando, mientras comíamos algo, despeinadas y descalzas se dio una charla de amigas:

—¿Cómo se llama el chico Paz? —preguntó Lara.

—¡"Chicas"! no saben, ¡es divino! —lo dije muy entusiasmada, un tanto exagerada, lo admito.

—No empieces, contá bien todo sin exagerar con tu típica novela todo rosa, caballos blancos y hadas madrinas —dijo Juana entre risas.

—Qué malas, se llama Matías, tiene 23 años, vive con dos amigos, es de Bs.As. y está acá estudiando, no sé, algo así como escribano —contaba contenta.

—Bueno, andá despacio, no te ilusiones mucho—me aconsejó Juana. Ella es la más madura de las tres, siempre cuidándonos es muy correcta, un poco tímida.

—No gastes tiempo Juana, en una semana se va a enamorar después va a sufrir y después se va a terminar, como pasa siempre. Das mucho a quien no le tendrías que dar ni la hora, nada Paz, ¿cuándo vas a escucharnos? —Se alejó cansada de la charla Lara. Ella es todo lo opuesto a Juani, es más extrovertida, se enoja fácilmente y no teme en decirte las cosas sin anestesia.

—Bueno, capaz tienen razón, vamos a ver cómo se van dando las cosas. Igual es como yo siempre digo: el destino está marcado, simplemente hay que aprender a ver las señales y dejarse guiar.

Una semana después lo único que había cambiado en mi rutina, que se basaba en ir a clases, e ir al gimnasio y pasar tiempo con mis amigos, era que me puse de novia con Matías. Un día como cualquier otro llegué a casa:

—¡Chicas! llegué de la facu, ¿están? —Entraba gritando mientras dejaba mi mochila en el sillón que está junto a la puerta.

—Sí, estoy dándome una ducha en un rato me pasa a buscar Ariel, vamos a ir a comprar unas cosas, ¿te prendés? — me gritó Juana desde el baño.

—No puedo, ¿y Lara? —pregunté, al mismo tiempo que me cambiaba de ropa.

—A la salida de la facu se va a estudiar con unas compañeras, vení ¿a qué te vas a quedar sola?

—No me voy a quedar, voy al gimnasio y después salgo con Matías —respondía sonriendo, estaba flasheada con él.

—Cuando haces ese tono de voz es para preocuparse, pero bueno, a la noche vienen los chicos.

—¡Dale me voy corriendo, besos! —Salí a las apuradas arreglándome el pelo que estaba alborotado.

Ya era de noche cuando volvía a casa pensando que los chicos ya habrián comido, cuando de repente se me acercó un chico para preguntarme si el gimnasio era caro y en que horarios le recomiendo ir, contesté lo justo y necesario.

Seguí caminando, rara actitud en mí que siempre soy simpática con la gente, pero este chico me generó una electricidad en mi cuerpo que no me gustó, me había hablado con mucha confianza para mi gusto.

Al llegar a casa, todos habían comido, entonces decidí bañarme y sentarme a jugar a las cartas con ellos. Normalmente nos reunimos todas las noches a comer, y después de comer siempre nos ponemos a jugar con los chicos a las cartas o juegos de mesa, son simples excusas para pasar tiempo juntos donde siempre salen temas de conversación de toda clase:

—Che Paz contá sobre tu nuevo chico —dijo Manu.

—Ahí andamos, Matías es un buen chico, nos llevamos bien, es muy dulce, me escucha.

—Se hace el chico perfecto, ningún hombre es así —entre risas dijo Ariel, el alma gemela de Juani. Habla un poco más que ella, pero también es tímido y muy correcto.

—Deberías copiar un poco de ese chico vos —dijo Juana besando a Ariel.

—¡Uhhh ya van a comenzar con las quejas! Mejor no cuentes más Paz —me dijo Manu en chiste.

—Bueno también debe ser porque hace dos semanas estamos saliendo.

—Y sí, escoba nueva barre bien —comentó Lara.

—¿No lo ven medio raro al chico? —preguntó Manu.

—Sí, ¿viste que usa gomina? —dijo Ariel riéndose.

—¡Y lo peor no come carne, no come asado! Eso es un crimen —exclamó Manu balanceando la silla como si fuera una hamaca, tenía esa fea costumbre.

—Bueno bueno, es raro pero todos somos un poco raros, ¿no? —Intentaba, no sé, quizás darme una oportunidad.

—Si es cierto, pero este chico Matías no me termina de cerrar, o sea, veo que no cuadran los dos, perdón Paz mi sinceridad —me lo dijo tan serio Manu.

—Puede ser, pero recién nos estamos conociendo —Algo que parece no va a cambiar en mí, me intento convencer de cosas evidentes.

—La primera vez que vi a la flaca, sentí una electricidad fuerte en el cuerpo, y escuché una voz interna que me decía, esta mina es para mí, tengo que conquistarla.

—¡Es lo más dulce que dijiste en años de relación! —dijo feliz Lara mientras yo pensaba en lo que me dijo mi amigo. Había sentido esa electricidad por alguien que no vi jamás en mi vida, cosa que no me pasó con Matías.

Esa noche después de los chistes, cuando los chicos se fueron, luego de levantar la mesa e intentar poner orden, fui a recostarme cansada, pero antes de dormir me quedé pensando, como lo solía hacer en las señales del destino, si con Matías iba todo bien. Por qué tenía que preocuparme, solamente tenía que ver bien las señales que el destino me mandaba, y nada podía fallar.

Casi tres meses después, como todas las noches, llegaban los chicos a casa, en la puerta los recibí a las apuradas, — chicas llegaron —grité — yo salgo chicos, me voy al cine con Mati, cuando vuelva charlamos, besos —y me fui veloz.

Mati me estaba esperando en el auto, estaba tan lindo todo perfumado, lo noté raro pero supuse que podía estar cansado, «no seas perseguida»pensé.

Al llegar a la fila del cine noté que se encontraba el chico lindo de la otra vez, el cual después de pregúntame por el gimnasio, comenzó a ir, justamente en el mismo horario que yo, no hablamos mucho pero su presencia me puso algo incomoda, me miró fijamente, me hizo sentir alterada, nerviosa, al darme cuenta que no paraba de mirarme y eso hizo que baje la cabeza.

Cuando salimos de ver la película fuimos a tomar un café en un bar cerca del parque, yo estaba entusiasmada comentando sobre la película, entretanto Matías se hallaba en un silencio inusual, hasta que levantó su rostro, fue ahí cuando me dijo:

—Eh, Paz estoy algo nervioso, la verdad no se bien como decirte esto. Estoy confundido. No sos vos para nada, soy yo que no sé bien lo que quiero. Sos una chica divina no te quiero lastimar.

—O sea ¿me estas dejando? —dije confundida.

—Suena feo decirlo así, prefiero pensar que cada uno toma el camino que le corresponde, no sé qué decirte, perdón.

Después de decirme eso, con la mejor cara, con una sonrisa, fuimos al auto y me llevó a mi casa. Durante el viaje hacía chistes, se lo veía aliviado, mientras yo estaba helada, lo observaba sin llegar a entender su actitud de “somos buenos amigos”, estaba desconcertada. Era evidente que al dejarme se sacó un gran peso de encima, pasó de estar con la frente arrugada a una sonrisa abiertamente tranquila.

Al llegar a casa estaban todos y no pude contenerme. Quebré en llanto, no lograba entender ¿qué pasó? ¿en qué fallé?, otra decepción más.

—No entiendo ¡es un idiota! Cómo te va a invitar al cine y te va a dejar, todo en la misma noche —dijo indignada Lara.

—No es de mala gorda, pero ¿vos no notaste un cambio en él? No discutieron ¿algo paso? —me preguntaba Juana.

—No chicas, les juro en estos tres meses para mí todo era perfecto, era el chico ideal, esto me dejó perpleja, helada, no sé qué le paso— dije entre lágrimas.

—Disculpá pero para mí el flaco se sacó las ganas y punto, hizo lo que llamamos un trabajo de hormiga, o sea actuó ser algo que no es, no llores no vale la pena —me dijo Manu. Él es el chico perfecto para Lara, es canchero con un pasado lleno de mujeres, no tiene vueltas va directo a la herida, siempre, y lo mejor no tiene prejuicios, deja ser.

—Íbamos a comer juntos, paseábamos, me hacía regalos, nos reíamos juntos, me escribía siempre preguntándome qué necesitaba, para mí las cosas iban bien, pero no nos acostamos, capaz por eso me dejo —contaba buscando entender.

—¿Eso eras vos o él? —me preguntó Ariel, casi tímidamente.

—Me enoja la situación porque te dije que no te ilusiones, que vayas despacio, seguro este tiempo diste todo de vos y él nada, y mejor que no se hayan acostado —me decía Lara enojada.

—Pero fueron tres meses tan... —No podía aguantar las ganas de llorar.

—Casi tres meses gorda, en serio no vale la pena ni hablar de ese idiota —dijo Ariel.

Palabras más, palabras menos, fue mi primer paso en falso, según yo un hermoso proyecto de familia, sentía que al fin se me iba a dar, conocer la persona indicada a quien amar y dejar que me amen, el príncipe azul que había llegado a mí. Cosa que lógicamente él no lo vio.

Bueno quizás exagero un poco, realmente no estaba enamorada de Matías pero me ilusioné, y eso me produjo dolor, bronca, ponía muchas expectativas en mis relaciones, daba mucho, como me decian mis amigas. Quizás era hora de no pensar en el amor, pensar que no debe ser para todas las personas, existen personas que como yo, nacidas para el No amor.

Pero, «¿Qué me pasa?» Tendré nublada la vista, «¿Perdí mis sentidos?» «¿Qué hubiera sido si no conocía a Matías?» «¿Se puede volver el tiempo atrás?» «¿Dónde están las señales que no las veo?» Me pregunté una y otra vez, hasta dormirme.

Capítulo II

ningún día es igual a otro

“Podemos creer que todo lo que la vida nos ofrecerá mañana es repetir lo que hicimos ayer y hoy. Pero, si prestamos atención, percibiremos que ningún día es igual a otro. Cada mañana trae una bendición escondida...”.

Paulo Coelho

Una noche lluviosa de abril decidimos salir a bailar a un boliche de moda JAGGER. En un momento de la noche se me acercó un chico, me invitó a bailar, por un segundo dudé en aceptar su invitación. Preferí quedarme con las chicas ya que esa noche no estaban los chicos.

Bailamos juntas al ritmo de la música electrónica, reímos hasta llorar, y tomamos muchos tragos, aparte de eso, la verdad no pasó nada relevante, fue una noche más. Luego volvimos al departamento las tres riéndonos y con el maquillaje corrido, cuando llegamos a casa, con sol arriba y el sonido de una ciudad despertando, mientras comíamos algo, despeinadas y descalzas justo un rato antes de ir a dormir Lara me pregunta:

—¿Cómo se llama el chico Paz?

—¿Qué chico?

—El que se acercó a hablarte —me recuerda Juana.

—Ahh Matías creo, no sé, ni lo miré casi, eso sí, vi un chico muy hermoso cuando salía del baño.

—¿Y porque no le hablaste? —me pregunto Lara.

—¿Cómo voy hacer eso? Si es para mí, el destino me va a llevar a él.

—Ahh claro y ¿cómo va ser? —dijo Juana en forma incisiva.

—Con señales —dijimos a dúo con Lara, que en realidad se burlaba de mis ideas raras.

Una semana después, donde no pasó absolutamente nada relevante, mi vida era siempre igual, aburrida, tanto que a veces me agarraba angustia. Una tarde llego a casa cansada:

—Chicas llegue de la facu, ¿están? —entré gritando mientras dejaba la mochila en el sillón que está justo al lado de la puerta.

—Sí, estoy dándome una ducha en un rato me pasa a buscar Ariel, vamos a ir a comprar unas cosas, ¿te prendes? —me respondió gritando Juana desde el baño.

—No puedo ¿y Lara? —pregunte al mismo tiempo que me cambiaba de ropa.

—A salida de la facu se va a estudiar con unas compañeras, veni ¿a qué te vas a quedar sola?

—No te hagas drama voy ahora al gimnasio y nos juntamos para comer con los chicos, dale me voy corriendo besos —Salí arreglándome el pelo a las apuradas el cual ese día estaba alborotado, realmente incontrolable.

Lo raro es que me quede con la sensación de haber vivido anteriormente esa situación, lo que llamamos un dejá vú, pero no le di mayor importancia.

Cuando volvía del gimnasio, se pone a caminar junto a mí un chico, se acercó para preguntarme si el gimnasio era caro y en que horarios le recomiendo ir, conteste lo justo y necesario, seguí caminando, tuve la sensación más extraña de mi vida. Al rato me di vuelta, seguía ahí, inmóvil mirándome, me lleve un gran susto, una electricidad que me recorrió todo el cuerpo, aunque había algo muy familiar en él.

Esa misma noche al llegar a casa, todos habían comido entonces decidí bañarme y sentarme a jugar a las cartas con ellos, y comer unas empanadas frías. Normalmente nos reunimos todas las noches a comer, y luego nos ponemos a jugar con los chicos a las cartas o juegos de mesa, son simples excusas para pasar tiempo juntos donde siempre salen temas de conversación de toda clase, en eso Manu me preguntó:

—Che Paz contá ¿no tenes ningún chico en la mira?

—No, ninguno ¿por? ¿Me querés presentar alguno?

—No tengo nada presentable —me aseguro.

—Les cuento algo, ¿vieron cuando fuimos a bailar que les conté que vi un chico re lindo?, bueno hoy cuando volvía del gimnasio lo encontré, se me acercó para preguntarme que tal era el gimnasio, si era caro —Otra vez esa sensación, otro déjà vu.

—¿Y le diste tu número? —me dijo Lara.

—No, ni mi nombre ni el suyo, nada, le contesté y seguí caminando rápido

—A veces sos lenta Paz ¡eh! —me dijo Manu en tono de chiste.

—¡Qué gracioso! Pero parece un loquito, ¡se me quedó mirando!

—Todos los hombres miran las colas Paz —bromeo Ariel.

—Otro payaso, ¡me dio una electricidad en el cuerpo del miedo!

—La primera vez que vi a la flaca, sentí una electricidad fuerte en el cuerpo, y escuché una voz interna que me decía, esta mina es para mí, tengo que conquistarla —agregó Manu.

—¡Es lo más dulce que dijiste en años de relación! —dijo feliz Lara, fue un segundo, otro dejá vú, y con él..., un dolor fuerte en el pecho.

En eso sonó el portero, me levanté a atender y tuve que bajar a recibirlo porque nadie quería dejar de jugar, era un amigo de Ariel que le pasaba a dejar unos apuntes, cuando se abre la puerta del ascensor, lo vi, sentí el flechazo, dijo: —Hola soy Thiago— y sonrió, pensé: «creo que me enamore».

Sí capaz exageré un poco pero me gustó, y mucho, subimos juntos al departamento sin hablar casi, después estuvo un rato nada más, no hablamos de nada, parecía tímido y se fue, lo bueno fue que al otro día pregunto por mí, y Ariel como es un buen amigo le dio mi número, esa misma noche me escribió:

Hola, soy Thiago, nos vimos ayer en tu casa ¿Te acordás? Bueno me gustaría salir, invitarte una cerveza, no sé, conocernos ¿Qué decís?

—¡Chicas! —grité saltando de la cama y fui brincando hacia el living en busca de alguien que me escuche.

—¿Qué pasa? Juana no está... —me dijo Lara sin darse vuelta siquiera.

—Me escribió, no lo puedo creer, me escribió —Exclamé entusiasmada.

—¿Quién? —me preguntó levantándose de su silla, mientras se va a la cocina a calentar el mate.

—El amigo de Ariel, el que vino ayer, se llama Thiago —respondí mostrando el celular.

—Ahh sii, es re lindo, gorda pero no te entusiasmes vos tratalo un poco fría, distante, no muestres desesperación.

—¿Me estás diciendo desesperada?

—Algo así, lo importante es que él no se dé cuenta, yo soy tu amiga no juzgo tu entusiasmo digamos —lo dijo Lara en un tono irónico.

—Que graciosa, bueno entonces le escribo tranqui, que fluya digamos, dejo que el haga yo nada.

—Exacto, pero hacelo ¡eh! —me lo dijo señalándome con su dedo índice y se fue a estudiar con el mate listo.