Pecados imperfectos - Laila M. Spalvieri - E-Book

Pecados imperfectos E-Book

Laila M. Spalvieri

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Beschreibung

Casi sin recuerdos, respondiendo a tan solo sus impulsos, Némesis busca encontrar aquello que enterró profundamente en su memoria, sin saber que su esencia es mucho más que la mera existencia de un ser ordinario... Retomar su vida comenzando por la única huella que quedó parece la opción más viable. Pero volver al pasado no trae exactamente nostalgia. Pecados imperfectos evoca los sentimientos de caos, pérdida y reencuentro, encarnados en un mundo sobrenatural y de fantasía, mediante el cual la escritora refleja temas como la naturaleza intrínseca de cada quien y el sacrificio y la resignación, a la que nos sumimos a lo largo del camino de la vida por no enfrentar nuestros miedos.

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Seitenzahl: 109

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Spalvieri, María Laila

Pecados imperfectos : olvidar no borrará el pasado / María Laila Spalvieri. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.

138 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-824-629-1

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. 3. Novelas Románticas. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2023. Spalvieri, María Laila

© 2023. Tinta Libre Ediciones

Preludio

Verdades acerca de las mentiras más grandes

y

mentiras acerca de las verdades 

No hay Dios más grande que tu propio orgullo,

ni más fuerte que tu creencia.

 

Nada sobrevive a tu juicio,

aun cuando no tengas el derecho a juzgar. 

Tú eres el único que decide

si ser evaluado o ser evaluador… 

Porque podemos ser dioses, pero guardas temor,

no de alguien más grande…,

sino de algo mejor…

No hablo de la tierra de la carne,

sino del campo del corazón.

Bienvenido al mundo de…

aquí todo es posible…

aquí todo es real…

…si es que así lo parece…

¿quieres jugar? 

El hombre es un trozo de papel… una hoja en blanco…

¿Sabes todo lo que se puede hacer con un trozo de papel en blanco?

Puedes mancillar a un hombre… u honrarlo…,

con solo partir de un trozo de papel en blanco…,

tan solo a partir de la ingenua mente de un hombre…

Tú vives…

Tú mueres…

Tú caes…

                y te levantas…

Eres fuerte… ¿poderoso?...     

Débil…

¡Insignificante!

Un enorme ser… un ser enorme puede venir y aplastarte con su dedo índice como a un insecto…

Hecho a su imagen y semejanza.

¡Ja!

¿Quién te ha hecho creer eso?

Tú lo crees… y porque lo crees es así.

El hombre es libre de elegir su destino…

Pensé que ese era el libre albedrío de los ángeles, pero

¿tú, acaso, eres un ángel?

Un día vendrá el diablo y te tentará,

él está atento a cualquier oportunidad…

¿Te lo crees?

El diablo es un ángel negro… uno que tuvo libre albedrío…

El hombre también ha hecho la guerra…

¿Aún culpas al diablo?,

¿o tu ignorancia culpará al ángel?

¿Sacro…

o sacrílego…?

¿No hay un camino que cruce entre ellos?

Todos dicen que todo tu ser, finalmente, descansará con Dios o con el diablo…

Pero es gracioso ese temor…

Todo puede acabar con tan solo una palabra…. Y esa palabra… saldría de tu boca y no de la de un Dios…,

a menos que te consideres uno.

Todo desaparecería si tú no lo creyeras… si yo no lo creyera…

Pero creo…

Aunque lo que yo creo… va más allá de cualquier tentación, principio o fin…

Lo que yo creo es solo cosa mía,

pero esta vez creo en ti…

Y lo que creo en este momento es que querrás jugar conmigo…

porque me espera una eternidad…

y te estoy buscando…

HOY.

El hombre es una hoja en blanco… una interminable hoja en blanco…

¿Quieres probar mi tinta?

Lee entonces mis párrafos, mis líneas, mis letras, y aunque nunca termines de entender mi mente, te aproximarás a mi alma…

Ahora, juguemos…

¿Te animas?

ENTRA

Ruinas

Un hermoso palacio se levanta desde las ruinas de mis sueños rotos… porque con sus escombros construí las escaleras que me llevarían a la gloria… porque esos escombros me hicieron recordarlos aún más para empeñarme en cumplirlos…

Eso es lo que deberíais hacer…

Es difícil levantarse una y otra vez…, pero somos de tal forma que podemos hacerlo.

Dichos de un “Lupo”

Dios creó al hombre y el hombre traicionó a Dios, es una historia clásica y una de tantas interpretaciones que se repiten una y otra vez. Reemplaza hombre por ángel y tendrás el surgimiento del diablo según algunas creencias. Reemplaza toda la situación por Caín y Abel, agrega una pizca de envidia y tendrás otro clásico; pon en su lugar a Ícaro, Dédalo y una prisión y la envidia, el poder, si no la traición, tentarán a Apolo de derretir sus alas…

Todo tiene algo en común: pecados… Existen cientos, pero hay 7, según cuentan, principales:

lujuria codicia ira orgullo

pereza gula envidia

Un pecado es algo que no se debe hacer por moral, por ética, por deber o por obediencia entre otras razones… Pero hay un pequeño secreto… no hay pecado que valga, si no hay mal que por bien no venga… Y con esto no se refiere el autor a gritar que el mundo sea libre de matar y morir a su antojo (o de hacer otras cosas por igual), sino, simplemente, a la idea de ser instruidos en la existencia de una medida y no aplicarla… Por más que ames, no puedes abrazar con todas tus fuerzas; así como, si odias, tampoco puedes dejar de hacerlo. Y es ironía la comprensión de estos fenómenos, porque es lo contrario lo que se refleja en la realidad. Si crees en algo, no puedes culparlo de defraudarte, pues fuiste tú quien depositó su fe en su esencia; sin embargo, no hay hombre de fe que nunca haya culpado a Dios, como no hay escéptico que no lo haya defendido.

Se dice que se debe amar a todos, pero no dan la medida. Es como hacer una receta a ojo: se lo va acomodando. Pero hasta entonces uno puede extralimitarse o derrochar y he aquí, en mi escaso entender, el pecado.

Yo lo amaba, creo. Aunque ya no lo recuerdo… perdí su esencia y, sin embargo, permanece la borrosa imagen de su rostro en ruinas…

Pecados imperfectos

Desperté una tarde de un caluroso verano. El parque se veía verde y lleno de vida; sin embargo, nunca pude apreciar con detalle esa vista, ni en ese instante, ni luego de aquello. Mi dicha fue olvidarlo todo, aunque para muchos significó mi perdición.

Arribo

Solo, frente a la polvareda que levantaba cada paso en el camino, anduve bajo el cielo y las estrellas, apuntando en una dirección… Sentía cada pulso…, pero el reloj no se movía. Era un camino sin fin y sin tregua, ni siquiera mis ojos veían tras esa niebla. Temeroso, el sol se asomaba…, pero yo llegué primero.

—MNémisis… Hace rato te esperábamos. Llegas un día tarde —reprochó alegre.

Era un tipo gordo y petiso, bastante simpático y mientras su acento simulaba ser del norte, estábamos bien al sur, en un pueblo llamado…

Di unos pasos a la vez que me quitaba el sobretodo negro, ya gris por el polvo que lo cubría… Sus ojos de avellana acusaron sorpresa. Je, después de todo no es muy común ver eso, al parecer.

Hablando algo por lo bajo, luego de correr hacia el fondo de esa especie de cantina desierta y haber regresado con un pañuelo blanco en sus manos, mi interlocutor dejó ver su preocupación.

—Tus ojos… Hay un baño que puedes usar justo por aquí. Velo tú mismo en el espejo.

El pañuelo que me entregó estaba húmedo. Me tomó del brazo para mostrarme el camino, pero me desentendí del asunto. Cubriendo mis ojos con el pañuelo, respondí. Esa frescura se sintió increíblemente bien y me hizo olvidar el sobresalto de escuchar mi propia voz…

—Creo en usted —con un poco más de calma, proferí una excusa—. Hay mucho polvo en el camino.

El hombre pareció tomarlo a broma, pues se hizo un silencio y al quitar de mis ojos esa deliciosa frescura lo vi sonriendo, pero a continuación su rostro hizo una infalible mueca que, a pesar de todo, supo tranquilizarme.

Mi serenidad pareció ser contagiosa, ya que se animó a continuar y regresó a su sonrisa mientras permanecía mirándome largamente a los ojos.

—Así que cambian con el tiempo… Pensamiento en voz alta —aclaró, y me dio la espalda…

«Mal hecho», pensé… pero luego supuse que él no me conocía tanto y accedí a seguirlo desde lejos.

La cantina terminó siendo un hotel de dos pisos y exagerado espacio. El hombre de cabello negro y algo entrecano me guio hasta una amplia habitación sin hacer más que rascarse la cabeza bajo la boina violácea y suspirar con las manos apoyadas en la parte delantera de su chaleco verde oliva. Antes de continuar, rascó su oscuro y abundante bigote con el índice y, entonces, prosiguió.

—Aquí estamos. Tu condominio personal, pero solo hacia lo profundo —indicó señalando hacia delante—. Aquí y allá… pertenecerá eventualmente a algún cliente, si los hay —aguantó cierta vergüenza—. En fin…, disfruta de tu palacio… Estaré abajo si quieres compañía cuando tengas apetito.

«Eh, muy gracioso». Se fue bajando los escalones demasiado despacio…

Miré mi “condominio”: era prácticamente el centro de ese lugar. Mi sorpresa fue en aumento cuando descubrí que el hombre no hablaba con parábolas… Tras las dos grandes y pesadas puertas de algarrobo se escondía un inmenso y largo espacio solo para mí, tan amplio que parecía ser una dimensión paralela… Pero tal vez sí hubo mucho polvo en el camino y aquello era una ilusión… para comprobarlo, cerré esos portones tras de mí y busqué el lugar donde dormir.

Para descubrir la verdad acerca de esa ilusión, anoté cada una de mis acciones en el apartado sano de mi cabeza. En primer lugar, entré unos cuantos pasos hacia el recibidor, las excesivas luces casi me ciegan, así que busqué una llave y apagué unas cuantas. Enseguida avancé hasta un sencillo sillón y apoyé allí mi empolvado sobretodo, el dorso de mi mano rozó la superficie del mueble por un momento… El cuero estaba intacto y muy bien trabajado. «Se le dio un buen destino a este carnero», pensé y abandoné su lado para buscar mi cama… Diez amplios pasos me llevaron hacia un majestuoso reloj de péndulo. De vuelta, crucé el pasillo y conocí la cocina tras él… una cocina demasiado blanca y plateada que contrastaba con los pasillos y las habitaciones forradas en lustrosa madera rojiza. Al salir de allí, mi mirada recayó en el piso, también de madera lustrada un tanto más clara que el resto, pero impecable como todo… Ni un solo listón crujía…, solo se oían mis pasos… «Bueno, eso se puede arreglar», me dije y volví a buscar mi lugar esperado. Al fondo del gran pasillo, aún con puertas sin escudriñar a cada lado, se imponía un inmenso portal… Respiré profundo el vacío de mi nuevo palacio y crucé a la dimensión de los sueños…

Pareció una broma macabra, pero de cierta forma me reconfortó… Era una habitación forrada en madera de acacia, de un color casi negro y un excelente veteado… Mi mano se apoyó sobre una de las paredes y la recorrió gentilmente con la yema de los dedos. Mientras mis pies se acercaban con cautela hacia la cama de cojines y cobertor de terciopelo bermellón, posaba yo cada paso sobre la extensa alfombra borgoña. Al llegar a su derecha, alejé mis caricias de aquella lustrosa superficie y deposité mi pequeño bolso de viaje junto a una elegante mesa de noche, del mismo material que las paredes… Volví la espalda al inmenso lecho, alejé mi vista de los dorados candelabros que reposaban sobre la cómoda al otro lado de la habitación y me dejé caer sobre el colchón de plumas… Unos pocos haces de luz penetraron a través de la cortina azul ultramarino que cubría ambos gajos de la ventana balcón, a unos pasos de la cabecera de la cama. Mi reacción fue llevar el dorso de mi mano a la altura de los ojos... y el viento trajo a mi nariz el olor a cera que me había quedado impregnado… Volví a llenarme con la frescura de esa habitación y me dejé llevar aún pensando… «Es demasiado lujo».

En algo así como un sueño, vi una preciosa luna llena bajo el hechizo de una excelsa melodía que solo hace trescientos años pudo haber sido bienvenida. Tras recorrer un buen trecho de los Cárpatos en Fagârâs, dejé caer mi cansado cuerpo sobre la hierba húmeda y lloré todo un río. Una corriente agitada comenzó a escucharse confusa a lo lejos… ssss… ssuss… Nssusss…

—¡Némesis! ¿Estás ahí?

Pedido

Así que este era el truco… Ya creía yo que era demasiado lujo.

—Oye, Némesis... siento haberte despertado, las cosas se me fueron de las manos. No creí que pudiera llegar de golpe tanta gente. No te has enfadado, ¿verdad?

El dueño se disculpaba y allí estaba yo, acusando jaqueca, recargándome sobre la barra, mientras miles de gritos sonaban a mí alrededor.

—¡Mozo!

—¡Mesera!

—¡La cuenta!

—¡El menú!

El pobre petiso corría más rápido que los rumores, de acá para allá, saltando entre las mesas y gritándole las órdenes al cocinero.

—Oye, chico —un imponente bodoque aplastó bruscamente su mano sobre mi hombro y no pude contener una amenazante mirada—. Chica… eh… cómo sea… Podrías ayudar un poco.

Mi mal humor no ayudó en la respuesta… quité su mano de mi hombro y lo tomé del delantal que llevaba puesto. Grité en voz baja y a mi jaqueca se le agregó el aturdimiento…

—Haz algo con esos gritos.

—Oye… suelta —pidió, alertado, el esloveno, sin poder zafarse de mi mano, incluso usando ambas de las suyas—. Está bien, comprendo, pero suéltame, esto es insano.

—Bien, pero haz algo… —acordé y lo solté.