Pedro Lastra de Selección - Pedro Lastra - E-Book

Pedro Lastra de Selección E-Book

Pedro Lastra

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Beschreibung

"Luciérnagas, el río: la ribera que se ilumina y es la luciérnaga en tu mano. Su luz veloz me sobrevive ya no luciérnaga ni río." Instantánea Tal vez este ejercicio de cruzar el tiempo sea uno de los causantes de cierta levedad con que podemos sumar rasgos de su poética: "poemas tan sutiles y evanescentes, que es como si lograran atrapar la forma de la poesía justo antes de su fuga" en palabras de Óscar Hahn. La mayor parte de quienes han hablado de su obra coinciden en este carácter cercano al minimalismo, aunque ésta es una economía rica en el uso del lenguaje. La emoción en el poema de Lastra se contiene dentro de sus márgenes, mas, de manera alguna deja a un lado su origen lírico, que Lastra defiende a ultranza.

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Seitenzahl: 40

Veröffentlichungsjahr: 2025

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© Copyright 2024 Pedro Lastra © Copyright 2024 Editorial MAGO © Selección y prólogo de Sergio Rodríguez Saavedra Colección. Grandes escritores Director: Máximo G. Sáez Primera edición: noviembre 2024 Edita y Distribuye: Editorial MAGO y 13 Mirlos Editores Coedición: MAGO Editores y 13 Mirlos [email protected] ISBN: 978-956-317-801-2 Diseño y diagramación: Sergio Cruz Lectura y revisión: MAGO Editores Impreso en Chile / Printed in Chile Derechos Reservados

Prólogo

“Y yo que nada sé, cuando diga el adiós diré la bienvenida.”Diálogo del porvenir

De Pedro Lastra se puede alabar, sin caer en la pedantería, su magnífico trabajo de catedrático, reflejado en el cuarto de siglo caminado en las aulas de Stony Brook en Nueva York y decantado en la Academia Chilena de la Lengua, de la cual es miembro de número al ocupar la silla que dejara vacante Alfonso Calderón el 2009. Y aunque esta es una muestra poética, es decir, que resalta su trabajo con los versos, lo cierto es que viene al caso para entrar a la vida y obra de un hombre que como pocos ha honrado su palabra en los actos y que al intentar definirlo, viene de inmediato el concepto de hombre de letras. De hecho su discurso de incorporación a la Academia en mayo de 2011 se titula “Una vida entre libros y bibliotecarios prodigiosos” donde pudo —salvo por su modestia— escribir la palabra vida con mayúsculas, destino que le siguiera hasta hace muy poco con su labor como director en los Anales de Literatura Chilena de la Universidad Católica, entregándonos lo más selecto de la bibliografía hispanoamericana. Al otro extremo del arco, cabría mencionar su trabajo dirigiendo la colección Letras de América de Editorial Universitaria —no olvidarlo— antes de partir de Chile en 1972, porque en esta presentación constataremos secuencia y consecuencia como dos líneas que enmarcan esta única caligrafía. A modo de racconto y para entrar a su tono, una pregunta de Miguel Ángel Zapata en la entrevista que hiciera para El Comercio de Lima: “A usted le han puesto el apelativo de crítico antes que el de poeta. A nosotros nos bastó su libro Noticias del extranjero para olvidarnos de la primera marca”. No se diga más.

1.

“La memoria que es el siempre jamás, la morada donde alguien convive con su Dios y su sino.”Los lugares perdidos

Sucintamente invocaremos a una temática recurrente en sus textos para definirle y además acompañar su obra poética: el tiempo. Nacido en Quillota en marzo de 1932, pero considerado casi un hijo ilustre de Chillán, puesto que a fines del mismo año ya habitaba el mítico Chillán Viejo, sus primeros poemas aparecieron en Las Últimas Noticias por el 52, a lo que siguieron La Discusión y la revista Atenea dirigida por Luis Durand, ya en pleno 1953. Desde un comienzo, y lo confirmará más tarde Y éramos inmortales publicado en Lima en 1969, lo que llama la atención es su “tono” como definiese Gonzalo Rojas esta forma de hacer poesía, cuyo espacio más que masticar palabras, las va soplando con una sordina que le permite cubrir las distancias que suelen separar los tópicos en otros autores y, que para Pedro, se traducen en una respiración autónoma como la de un viajero que atraviesa en su mente todo lo viajado, haciéndose en este acto rememorante un nuevo regreso: él mismo, cruce entre lo regresado y su momento.

2.

“Todo es cuestión de tiempo, como se dice, para encontrarlo a Ud., también como se dice, a la vuelta de la esquina. Entonces el discípulo y el maestro seguirán dialogando: yo igualaré su edad, aunque no sus saberes de este mundo y del otro.”Noticias del maestro Ricardo Latcham, muerto en La Habana

Muy acertadamente Silvia Nagy-Zekmi y Luis Correa-Díaz en el prólogo de Arte de vivir se refieren a dos modalidades de su poética: la elegiaca y la dialógica, esto, a propósito de su relación con la amistad que nutre gran parte de su obra; yo agregaría, además, una autorreflexiva que deviene del dilucidar el sentido de la ausencia en/con la escritura. Nos encontramos entonces junto al maestro Ricardo Latcham, Roque Dalton, Enrique Lihn, Óscar Hahn, por nombrar solo algunos de los muchos que suelen acompañar el gesto de la escritura como un inminente gesto de amistad, un diálogo “prodigioso” sobre la existencia y la función de la literatura, narrada por un testigo directo capaz de impugnar a los mismísimos comentadores de Cervantes en propia voz de Don Quijote. Cuya memoria y dominio del discurso le remiten a una viva enciclopedia. Este llamado es mutuo: fui testigo el año 2009 de la entrega de un sobre con Cuatro poemas escritos en Francia de Pablo Neruda, quien a su vez lo entregara a Hernán Loyola, que luego de la historia por todos sabida, llegó a las manos emocionadas de Pedro 36 años después en la sede de Editorial Universitaria de Santiago, como si un destino manifiesto esperase un regreso para recordarle que sigue siendo historia y parte.

3.

“Yo también, Cayo Plinio, me admiro como Ud.