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Somos una única conciencia observando la realidad mediante diferentes puntos de vista. Siguiendo esta línea, la presente obra evidencia la personal visión del mundo del autor. Se trata de párrafos como pétalos de la flor de la vida, que se mira a sí misma en un universo de espejos.
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Seitenzahl: 92
Veröffentlichungsjahr: 2021
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Sandrone, Carlos Mauricio
Pétalos / Carlos Mauricio Sandrone. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2021.
184 p. ; 22 x 15 cm.
ISBN 978-987-708-752-9
1. Poesía Argentina. 2. Reflexiones. 3. Espiritualidad. I. Título.
CDD A861
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2021. Sandrone, Carlos Mauricio
© 2021. Tinta Libre Ediciones
Una flor rodeada de espejosmirándose a sí misma.
Sí, eso es.
No tengas miedo. La vida solo es un juego en el cual se comprende la realidad de la única consciencia. Recordando quién eres, el temor llega a su fin.
Nota del autor
Somos en nosotros mismos un instrumento musical del universo. Ocurre que se nos ha olvidado cómo hacer que el sonido sea armónico. Se trata de tocar naturalmente, dejarse llevar por el arte del vivir. Igual al niño que rasca en su vientre una guitarra imaginaria, hemos de rasguear con tantas ganas hasta que, en un instante cualquiera, recordemos que lo hemos creado todo.
PÉTALOS
Indolencia
A las personas, en su mayor parte, no solo no les interesa indagar en profundidad acerca de su ser interior, sino que ni siquiera se preocupan por entender el sistema que rige sus vidas. No quieren saber nada con eso; mientras haya comida, bebida y algún entretenimiento será suficiente para seguir haciendo girar la rueda. Por eso nadie va a escucharte, si les dices algo que vaya en contra de su forma de vivir. La gran masa prefiere no formularse preguntas. Han elegido no enterarse de que trabajan a favor de un sistema asesino con objetivos demoníacos. Porque este, a modo de soborno, les ha cedido una zona de confort donde podrán sentirse cómodos (si es que cumplen con la tarea asignada). No se puede obligar a nadie a volverse consciente, entonces, es claro que la revolución es a título personal. Haciendo lo tuyo, pones a disposición la información para todo el conjunto. La comprensión es irreversible, por eso quien ha descubierto la verdad es imposible que ceda ante la presión de una sociedad acostumbrada a la esclavitud, y la cual, en vano, tratará de convencerlo de que dentro de la jaula se está mejor.
Distracciones
Es notable cómo buscamos en todo momento compañía. No nos gusta estar solos, entonces, siempre procuramos mantener la mente ocupada para evitar caer en el vacío. Así, nos apegamos a personas, actividades, filosofías, etcétera. Cualquier cosa es válida a fin de llenar el abismo tan temido. En consecuencia, hemos transformado nuestro vivir en un permanente escape. Sumergidos entre tantas distracciones, volando alrededor de nuestra cabeza como mariposas, se nos va la vida sin enterarnos de si existe algo más allá de lo conocido.
Cuestión de dignidad
Reclamamos un mundo armónico, que nos permita vivir en libertad, lejos del sufrimiento. Pero al mismo tiempo somos los carceleros, torturadores, explotadores y asesinos de otras especies del reino animal. ¿Es posible manifestar una sociedad equilibrada, libre y feliz, cuando tenemos un comportamiento destructivo con otros seres? Definitivamente, no va a funcionar. Es como sembrar piedras y esperar que nazcan flores. No hablo de orientarse hacia una acción benévola que aguarda una recompensa, lo cual es otra forma de codicia, me refiero simplemente a ser dignos.
Prófugo de la razón
Mezclando los diseños ilusorios de la realidad, invitándome a entrar nuevamente en el juego, apareces. Te ofreces esplendorosa al borde del abismo como irresistible tentación de parpados caídos. La pasión me busca con sus encantos, ofreciéndose de brazos abiertos. En una mano, exquisita miel; en la otra, un frío puñal. Me incitas, arrastrándome suavemente, y me dejo llevar. Romperme en pedazos parece ser mi naturaleza. Entonces, lo haré otra vez, la cobardía es inconcebible para los amantes. Caminaré por el fuego, amarrado a tu boca, y, prófugo de la razón, clavaré en mi cabeza terrible corona de espinas.
¿Respeto?
Las personas adictas al consumo de carne exigen que se respeten sus costumbres orientadas a dar muerte a otras especies, lo que incluye la destrucción de un medio ambiente único que compartimos todos. Entonces, siguiendo la línea de un retorcido modernismo, que confunde libertad con hacer lo que a uno le plazca, la sociedad otorga, sin mayores inconvenientes, una suerte de licencia de estupidez para todo aquel que la solicite. Así, cualquiera puede poner en práctica un accionar enemistado con el natural orden del universo, que, además, cuenta con el aval de la población. Cuando la cabeza está llena y el corazón vacío, suelen ocurrir estas cosas. ¿Qué clase de individuo es el que se empeña en destruir la belleza de la tierra y todos sus reinos y, encima, tiene el descaro de pedir respeto por sus acciones?
Cuestión de observar
¿Cómo puedo salir del sistema? Con humildad sugiero que se trata de una cuestión de observación. Cuando logras ver, completamente, el hecho de que eres esclavo, esa visión actúa sobre la mente y esta brinda una respuesta. Es igual a estar quemándose: uno no se queda allí ardiéndose, en forma pasiva, o preguntándole a alguien qué se debe hacer. De inmediato manifiesta una acción directa para evitar ser consumido por las llamas. Pero si el observar es parcial, no se entiende más allá que de un modo intelectual y así se carece de la energía necesaria para enfrentar la situación. Entonces, nos quedamos atascados a mitad de camino, renegando de una realidad que no nos gusta, pero sin hacer algo al respecto. Creamos la experiencia, por ende, si en verdad queremos salir de la esclavitud a la cual nos somete una sociedad enferma, lo haremos; y si no, simplemente, seguiremos sometidos a un sistema de control que nos exprime sin miramientos.
La entrega
Cuando uno ama lo que hace, no hay esfuerzo, solo entrega total. Un hacer sin propósito. Porque todo objetivo deviene en ambición que alimenta el influjo del yo separativo. El que, al encontrarse entrenado para ir en busca del logro, acaba por autolimitarse y ajusta su experiencia a un estrecho carril. El amor no pide nada a cambio, es una verdad que no conoce el mundo del canje.
Respuesta no verbal
Los conflictos psicológicos no terminan mediante el análisis. Lo que se puede lograr luego de arduas horas de terapia es (en el mejor de los escenarios) un aceptar de la situación en cuestión. Mediante un entendimiento intelectual del caso, apenas sería como tener una espina clavada y aprender a convivir con ella. Este tipo de maniobra se corresponde al campo del pensamiento. En donde la entidad ficticia, creada por él, busca una solución a sus dilemas. Cuando en realidad él es el problema, no algo separado. No necesitas el apoyo de un “agente externo” para que te ayude de algún modo. Solo es preciso observar el hecho con atención plena. Así adviene una comprensión no verbal que pone fin a toda desdicha.
El Amor es lo único
No existen parámetros en lo real. Y en ese lugar no-lugar, el observar se manifiesta desde infinitos puntos de vista. Siendo la diversidad en la unidad, hacemos la experiencia observando nuestra propia creación. En definitiva, el amor que somos es lo único verdadero más allá de toda ilusión.
Observación directa
No se trata de aceptar: es cuestión de observar el hecho. La montaña está allí, no hay lugar para la opción. Cuando lo ves, no tiene sentido el negar; eso sería fruto de una mente que no razona con claridad. Quien acepta promueve dentro de sí un mundo de ideas generadas por el pensamiento, que se estrellan en el muro de la ilusión. Mientras que la observación directa trasciende los confines del espacio-tiempo, manifiesta lo único verdadero más allá de lo verbal.
Juego de percepciones
Si admitimos en principio, como una idea, la necesidad de un agente externo para que nos cure, tácitamente avalamos la posibilidad de que algo extraño pueda enfermarnos. En verdad, la enfermedad no existe en el sentido en el que comúnmente la conocemos, sino que es fruto de la falta de armonía en aquel que la manifiesta. Es en un juego de percepciones donde se desarrolla. Por eso, los poderes que pretenden ser dominantes se esmeran en promocionar “virus mortales”, igual que lo hacen con un producto de mercado. La estrategia es sugerirles a las personas (básicamente, a través del temor) que se autogestionen un trastorno. Entonces, quedan a merced de un régimen que luego promete encontrar una solución al mal, siempre que sean acatadas sus órdenes. Tal vez me tomen por loco al leer este texto, pero eso me tiene sin cuidado. Ocurre que he visto el otro lado del espejo. Y lo que puedo decir es que puedes terminar con el miedo mediante la comprensión de la realidad, de la única consciencia.
No hay de que temer
Nadie puede hacerte daño, porque en realidad no existen otros. Lo que sucede es fruto de tu propia creación. Eres consciencia única, solo que lo has olvidado. Recuerda quién eres y el miedo llega a su fin, ya que no tiene sentido el ser temeroso de ti.
La verdadera revolución
Pretender cuidar la propia vida, así como la de nuestros seres queridos, es lógico y natural. Pero eso no ha de equivaler el obedecer ciegamente las imposiciones de un Gobierno que no repara en aplicar métodos monstruosos, con tal de instalar su agenda de dominio. La postura temerosa y servil no se condice con la de un ser humano inteligente. Es preciso preguntarse: ¿hasta cuándo seremos prisioneros del temor? La sumisión nos vuelve cómplices de la barbarie. Y no hablo de hacer una rebelión violenta (las sombras no se disuelven con más oscuridad). Me refiero a manifestar una expresa no colaboración con la corrupción imperante. Nos estamos espejando en un sistema asesino e ignorante. Y para que esa realidad cambie, habremos de volvernos conscientes. La integración de la consciencia es la única revolución que ha de manifestar un mundo nuevo, en donde cada uno se gobierne a sí.
Recuerda quién eres
El vivir inmerso en la dualidad brinda la posibilidad de echarle la culpa a algo o a alguien más acerca de lo que sucede. Así las personas se vuelven adictas a este escenario, porque les permite escapar por la tangente eludiendo las propias responsabilidades. De esta manera, se aplica un freno al natural entendimiento. Por eso es preciso cortar con la idea de sentirse víctima o que existen victimarios. Eres el creador de todo, solo que lo has olvidado. Pero ya que la adquisición de consciencia siempre aumenta, mientras vas comprendiendo quién eres, comienzas a vivir en un estado diferente, en donde la unidad se manifiesta como lo único verdadero.
Terminando con el conflicto
