Piel de Ciudad - Máximo G. Sáez - E-Book

Piel de Ciudad E-Book

Máximo G. Sáez

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Beschreibung

Resulta conmovedora la forma como en este libro se expresa una crítica total al neoliberalismo a través de distintas imágenes que muestran a una serie de personajes muy confundidos frente a la vertiginosidad de un Santiago absorbido por un ritmo que no le es propio ni natural al ser humano. Vemos alusiones a la soledad que nos golpean la conciencia, como cuando uno de los personajes de la novela señala: "Ahora siento que mi vida tiene algo distinto, incluso veo la ciudad menos gris, entro como rebaño en el río de gente que no sé dónde va. Pero no importa, total en la multitud es donde más solo se puede vivir. Jean Paul Oyarzún En esta novela la ciudad es depósito de sensaciones lúgubres, extralimitadas, sucias -a veces-, tiernas por compasión y pertenencia. El Yo omnisciente, el que nos cuenta, la primera voz, se sumerge en una ciudad donde todo sucede al margen; la frontera es el lugar limítrofe entre una ciudad que se expande por el éxito y el maquillaje y la otra ciudad sobreviviente, plena de antihéroes, atiborrada de sujetos deseosos de permanecer de modo, casi autodestructivo, en la plenitud de la lujuria y el desenfreno, porque total no hay que cuidarse ni brindar explicaciones a nadie. Pavella Coppola Una escritura única, marcada por los desbordes de personajes y contextos. Por vivir una historia de excesos y malancolías. Todo lector y lectora debe leer esta novela porque en el interior conviven muchas novelas más. Fascinante, rápido, un libro imprescindible. Mariano de la Rodríguez

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Seitenzahl: 159

Veröffentlichungsjahr: 2023

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© Máximo G. Sáez © Piel de ciudad Primera edición noviembre 2023 Editor de colección: Rodrigo Peralta Diseño y diagramación: Ediciones Filacteria Diseño de portada: Ediciones Filacteria Imagen Portada: Jorge Cerezo /Collage Montaje /La Piel Reg. Prop. Int. Nº: 105.476 ISBN: 978-956-9896-60-6contacto@edicionesfilacteria.clwww.edicionesfilacteria.clwww.facebook.com/Ediciones Filacteriawww.instagram.com/edicionesfilacteria/ Ediciones Filacteria SpA / Santiago / Talca / Chile

UNO el cuerpo íntimo

EL RECONOCIMIENTO

Quería empezar la novela, se lo había contado a algunos amigos a otros definitivamente les dije que estaba escribiéndola. Yo era el que menos sabía lo que pasaba, tenía tantas ganas de hacerla, o quizás se estaba escribiendo, pero ese es un cuento viejo siempre se escribe en la cabeza, está fresca la idea, es mejor que deje las tardes, no, mejor las noches para redactar, no, para terminarla, un tremendo dilema. Tal vez deba hacer un viaje y de ahí sacar material, ahora el problema es dónde. Leí hace poco unos relatos de Gonzalo León, en uno de ellos el personaje era un tipo de profesión vagabundo, de esa manera lo nombra el narrador, puede ser buen material, pero ahora a quién le interesa una novela con ese tema. Los pocos que leen andan detrás de algo que los desnude, que los provoque, les gusta el significante, es más, cuando hablo con uno de ellos pareciera que sintieran placer cuando les nombro la palabra provocar, seducir... Ahora me ha dado por producir eventos, parece seductor, ¿no? Anda mucha gente escribiendo, editando en autoeditoriales, esto exhibe una imagen en la pantalla de la ciudad completamente paradójica, se escribe lleno de ansiedad sólo para que se lea menos. Esto se lo escuché a un escritor uruguayo o argentino, no sé en esa jornada aburrida del Mercosur que se hizo en la Feria del Libro de la Estación Mapocho, y que uno, nada menos que uno, asiste. En ese lugar no falta el que te pregunta si eres librero, editor u otra güevá, pero nunca si eres escritor. Después sales de la Estación Mapocho, un poco erguido con unos papeles entre las manos, piensas que todo el mundo se preocupa de lo que haces, crees que vienes llegando de un viaje en tren desde Europa, que estuviste en las ciudades más culturales, y si un tonto pregunta si fuiste a París capaz que lo agarres a patadas. Es probable que en momentos decidas, cuando no te sale la primera página de la novela, dedicarte al cine, por supuesto a realizar cortometrajes al comienzo. Cuando ya tienes listo el primero y la crítica es más que negativa, inventas mejor un fotorrelato, involucras a algunos amigos fotógrafos y empiezas... Existen tantas maneras de cuentearse que es probable que ya tenga varias novelas escritas y aún no me entero, porque la imaginería parece no tener límites. Esto aumenta si además nos estamos tomando un whisky, qué ganas de decirle a varios que esto de la novela es un relato producido con sensaciones que emergen anexadas a la ciudad esquizo, la misma donde llevamos a pasear a nuestra familia. La ciudad de los stress, de las masturbaciones, del metro hediondo, de los panfletos que han reemplazado a la literatura de cordel, de las cinturas que se desplazan en los centros nocturnos buscando sexo, de las bocas que tiran cada vez más saliva al hablar, de los gay que hacen literatura y postulan una ciudad homo, aun así niegan que exista literatura homosexual. Todavía nada nos queda claro. La ciudad del carrete por el Forestal, metiéndose piola al Bellavista mirando minas aunque vayas acompañado, fumando pitos y tomando una petaca de ron dándole a la mina que nunca quiere al inicio pero que después queda más raja que uno. Ahora hay mejor onda en la Plaza Ñuñoa —me dijo un compadre que hace pinturas y las guarda bajo su catre, cree que cuando se muera llegará la crítica de arte para hablar del gran pintor—, «se tejerán historias sobre mi vida, los biógrafos inventarán porque yo les haré inventar» Cuántos de esos andan dando vueltas también en la literatura. Cuando estamos en un encuentro todos parecen ser rokeros, violentos, preparados, gay, académicos, poetas y narradores, ahora editores, que es la moda de los 90. Hace poco un poeta que entró por fin a la escuela planeta boy, pero como vendedor... decía: «Ahora todos, hasta los más tontos son carreteros, marginales, leen pornografía, asisten a los topless, se quedan dormidos en los bancos de los parques cansados de tanto carretear, cacha, además son todos profesionales pero no sé de qué huevá». Algunos poetas todavía creen en Rimbaud y visitan el cultural francés, aprenden algunas palabras que repiten en todo momento, se hacen amigos de alguien que hable francés para escribir largos poemas en ese idioma. Los narradores en cambio hacen lo mismo pero con el inglés, citan canciones, párrafos completos en un incoherente idioma, luego te cuentan que lo estudiaron en la Chile o en un viaje que hicieron a EE.UU. por una beca que se ganaron, a la cual sólo podía postular yo... «lo siento viejo, pero ya la universidad terminó con esos beneficios, yo correspondí a la última convocatoria» La mierda de gente, pero nos saludamos con abrazos, y casi nos llega a importar lo que están haciendo. Al final seguimos paseando por calles aburridas y limpias...

EL PRIMER REGALO

Son las 20:00 horas. Se ha retrasado más de la cuenta. Esperaba afuera de la tienda, había otras personas haciendo lo mismo. Siempre me ha llamado la atención saber a quién esperan, cuando logro descubrirlo me pregunto si después de hacer las compras irán a un motel a celebrar algo, tal vez las compras, porque ahora se celebra lo que se adquiere. Mientras reflexionaba apareces por fin, te confieso que ya estaba por irme, era demasiado esperar ahí con tanta gente que sólo mira pasar a otras que se mueven brusco entre medio de más gente. Me dijiste que ya no será necesario entrar a la tienda porque el regalo estaba comprado. Me llené de curiosidad pero no me dejaste abrirlo hasta cuando estuvimos en mi departamento. Preparaba un trago cuando dijiste que era el momento de abrir el regalo; creí que eso nunca podría ocurrir dejé todo de lado y me abalancé sobre el paquete, sentí algo duro pensé que era el envoltorio pero descubrí asombrado que el obsequio era nada menos que una contestadora telefónica. Me dijiste que esto lo necesitaba, que vivía solo y no había nadie que respondiera las llamadas, me hablaste también de mi tranquilidad, creo que fue lo que más repetiste. La instalamos de inmediato estaba ansioso de que alguien me llamara, durante toda la tarde hicimos el amor varias veces, sin embargo nadie llamó. Te dije que era mejor que te fueras porque tenía que seguir trabajando, menos mal que entendiste. Yo sabía que era mentira que quería estar solo para tomarme el último trago esperando una voz en mi contestadora. Había grabado, utilizando tu tono por cierto, un mensaje simple: «Usted llamó a la casa de... deje su mensaje y su número telefónico, cuanto antes le devolveremos el llamado, gracias». La voz de una mujer pareciera que te da más relevancia en el medio en que me muevo, porque pueden creer que tengo una secretaria a la cual le doy trabajos y más trabajos y después me la pesco, le subo la falda cortita le bajo los calzones diminutos, porque ahora todas andan con calzones chicos y luego se lo meto.

Me fue gustando la idea de tener una contestadora con voz de mina, no por querer parecer mina sino para cuando llamaran los calientes del club de amistades en que me había inscrito, contestara una mina y cuando sea una mina la que llame se encuentre con la voz de otra eso me producía enorme placer. Dejé de visitar a algunos compadres porque sólo quería estar atento a la contestadora. Eso provocó que gran parte de mis amistades creyera que estaba loco, que no quería pescar más. Ellos no sabían que por la contestadora me había hecho de un importante y nuevo grupo de amigos que sólo funcionaba a través de la línea telefónica y que mi contestadora ya empezaba a reconocer sus voces. Una tarde en qué estaba solo mirando el techo me llamó una minoca quería juntarse conmigo, conocerme, dejaba ver que deseaba hacer el amor también con mi pareja, su voz parecía desesperada me limité a sacar conclusiones sobre la edad que podía tener, me calenté cuando entre mis deducciones apareció una chica de unos 18 años. No puede ser a esa edad siempre les sobra el sexo por lo tanto tiene que ser una mujer mayor con voz de niña. Esperé que pasaran las horas y así llamarla por la noche. Cuando me decidí a hacerlo escuché una voz de hombre en una contestadora que decía las mismas palabras con voz de mujer de mi contestadora, quise dejarle un mensaje erótico pero después sólo atiné a dejar mi nombre algo aturdido.

Había caminado mucho el día previo a mi cumpleaños gestionando los últimos preparativos para la celebración cuando llegué al departamento puse agua a hervir para tomar un té, saqué unas revistas de crítica cultural para leer algo mientras hervía el agua, en eso me acuerdo de la contestadora, coloco play y atento en el sillón empiezo a escuchar los mensajes. El primero era del típico compadre que te llama para saber cómo estás, luego una mina que no te ha visto en el bar de don Pepe, otro más extraño sobre los valores del hombre emitido por una agrupación de nombre inglés que no sé de dónde sacó mi número, también apareció una voz que hablaba de crítica literaria, de lecturas que había realizado, me recomendaba temas para investigar, me llamaba amigo. Quise retroceder la cinta pero todo se había borrado, quedé medio aturdido preguntándome de quién sería esa maldita voz, sospeché de algunos de mis amigos pero descarté rápido la idea porque éstos ya no me telefoneaban. Salí al balcón para tomar aire y pensar en algunas obras de escritores jóvenes quería marcar una similitud entre la novela de sitios y la llamada recibida por mi contestadora, establecí que todo era una mierda y que la máquina contestadora además se parece en lo lúdico a ti.

VIAJES SIN MÚSICA

La tarde fue más larga que de costumbre. Eso estimo en el momento que desperté de la siesta medio transpirado por el calor del verano. No me quise masturbar, luego llamé, sentí ganas de juntarme con alguien no encontraba a nadie en su casa, algunos arrendadores no contestaron nada bien. Bajé en el ascensor, la calle se ofreció vacía, dirigí los pasos al bar de siempre, no tenía pilas mi personal stereo. Menos mal que encontré al Roberto en el bar, aunque no es de esos tipos con los cuales suelo tomar un trago pero las circunstancias hicieron que me alegrara más de la cuenta cuando lo vi. Siempre tiene un cuento con mayúscula para contar, empezó por su viaje al norte, más bien dicho por su viaje a Bolivia, había parado sólo unos días en Iquique porque fue a encontrar la esencia del misticismo, en ese momento tuve la sensación que me estaba puro cuenteando, o quizás había leído recién «Los pasos perdidos», de Carpentier, de ahí para delante lo entendí es más me dio pena escuchar su voz sacada de los panfletos católicos de la década de los ochenta. Había estado con grupos étnicos que tocaban música de fusión cantaban súper poco porque querían hacer notar sólo el ritmo. Otro trago más y otro, la noche estaba encima del bar y la borrachera me lanzó a un viaje que iniciaba en un tren de tercera sin saber el destino, sin saber con quién iba acompañado. El tren estaba apestado de gente, en los pasillos, en las pisaderas, bolsos y paquetes mal envueltos por todas partes, ruidos de niños jugando a las bolitas en el carro, unas discusiones y garrafas que se levantaban para celebrar no sé qué mierda porque con la bulla no alcancé a escuchar. El tren no era negro como el de las películas de terror, sino que café igual que los cargueros de la Amazonia que suben grandes alturas para encontrarse con el cielo (esa frase la saqué de un titular de una revista de diario). Ahora cambiamos de dirección nos adentramos por unos pasillos angostos rodeados de árboles que no se conocen en la zona, mis compañeros de carro se asomaban para sacar ramas que el tren movía por la velocidad (típico de relato malo). Cuando salimos de los pasillos nos encontramos, ya más lento, entrando por Plaza Italia penetrando la tan conocida Alameda, el tren tomó Huérfanos y luego se desvió por San Antonio, no sé para qué hizo ese cambio de dirección si después volvió hacia el norte («siempre se vuelve hacia el norte», recordé una frase del negro). En medio de Ahumada de eso que es nombrado como paseo, todos nos abalanzamos por las ventanas, sacamos los brazos y medio cuerpo tratando que nos miraran. La gente corría siempre con paquetes de casas comerciales entre sus manos, muchos gritos y ruidos extraños que a veces nos atemorizan, unos locos bailando con una radio gigante afuera de un caracol. Una torre de vidrio donde todo el tren se reflejó justo cuando lanzaba aullidos y botaba un espeso humo negro desde su locomotora. Quería anotar cada gesto que se producía en los rostros de las personas, de los lanzas que arrancaban con la cartera de una mina que se quedaba sentada y llorando. Tuve la impresión que todo iba más rápido que la velocidad del tren. Las cámaras de vídeo recogiendo la pornografía de la ciudad, la policía fumando oculta detrás de los kioskos de diario. Los vagabundos meando las puertas de los bancos, otros hablando por teléfonos celulares con la secretaria que en la oficina se masturba con las palabras de su jefe que la invita siempre a tomar un café después de la hora del trabajo para meterse sin que sean vistos a un motel del centro. Las mujeres se ven menos aceleradas a lo mejor existe la coincidencia que a todas les llegó la regla el día que nuestro tren se paseó por la ciudad. Grandes afiches luminosos son exhibidos en los edificios, las letras se mueven lento para seducir a los paseantes de rostros sin gestos ni miradas. El anuncio decía: «desnudo total, las mejores chicas de la ciudad a su servicio...» «las violaciones pronto no serán pena4das», una agrupación con un nombre que no alcancé a leer firmaba, el presidente es homosexual porque escogió puros ministros. Propagandas de vacaciones invitando a incorporarse a los tours de intercambio de parejas. Agencias ofreciendo muchachos para viejas calientes, mujeres introduciéndose el dedo meñique debajo del pantalón para promocionar el nuevo tema de un cantante brasileño. La señora que ocupaba el asiento del lado, no sé cómo pero ya tenía desabrochada la parte de arriba de su vestido, me dijo que ella conocía los lugares donde se juntaban a fumar pitos para después armar partusas, me dio risa me acordé de unos amigos que siempre andan detrás de los sitios oscuros de la ciudad.

LA CREACIÓN (en dos partes)

Algunos han asistido a talleres literarios

Casi me enamoro. En la esquina de calle Dieciocho con Vidaurre se asomó la primera parte, no tenía color pero supe que me guiaba, me desplacé rápido, la música se filtró por toda la bóveda, fui con placer colocando los pasos en una agua podrida, ratas con ojos reventados se asoman curiosas, les toco la cara y les tapo el hocico. La bóveda se movió para señalar la llegada de K, nos dimos la mano como dos grandes y viejos amigos. K apretó un interruptor, comenzó una lluvia de luces con brillos extraños, puse la espalda en el sector de las tuberías, crujió un montón de chatarras cuando apoyé el

cuerpo entero. ¿Por qué tan cansado? —pregunté a K.

—Tengo que armar un par de paisajes, necesito tu colaboración, varias personas esperan habitar pronto el lugar, pero sin paisajes es imposible.

—¿Ellos conocen el verbo «Habitar»? No comprendo, pensé que era desde antes de los verbos lo que querías iniciar conmigo.

—Desde antes es perder las zonas marcadas, es no reconocer que el segundo período de la historia se está haciendo, y es por eso que estoy aquí para terminar lo que necesitan los hombres.

—Lo que necesitan los hombres son más televisores, pantallas gigantes para que miren afiches con textos de colores, imágenes frías, paranoia colectiva, películas de tornados, desnudos con sexo sin amor. El hombre tiene todo y más de lo nombrado, sé que me quieres contestar; pero te invito a improvisar una ciudad sin pudor ni asco, seguro te encontrarás con otro territorio. K, tú sólo quieres enmascarar el proceso y ceder a escondidas a lo que la sociedad castiga como inmoral. Todo es necesario expresarlo con éxtasis, no se puede distribuir sólo de esa manera el placer. Existe el hombre que no lo conoce.

—Como K mi responsabilidad es recoger las sugerencias para posteriormente consultarlas con mi equipo editor, ellos seleccionarán lo que cumpla con el perfil de nuestro proyecto, pero también es posible que no seleccionen nada. Todo depende de la fecha en que se reúnan. Ellos siempre andan ocupados, pero si se lo solicito es posible que se tomen un tiempo.

—No deseo el tiempo de tus editores, yo colaboraba contigo, quería exponer algo de mi discurso, distribuirlo. Existen varios territorios en el planeta. K, usted no se da cuenta que las producciones en esos márgenes que desconoce se están editando, cuentan con los paraísos de zonas libres donde es posible inventar un río o un lago de trago importado, edificios inclinados saludando a los consumidores. Toda la mierda que se venga hacia nosotros.

—Te vuelvo a reiterar. Como K tengo una imagen de las cosas que he creado, carreteras, metros, supermercados, malls, canales de T.V. Comprar incansablemente y con tarjetas de crédito, en definitiva es la creación de la homogeneidad, es algo sencillo, cuando quise que se dividiera todo me di cuenta que significaba más trabajo, mis asesores reclamaron y me pidieron más beneficios, cuestión que lógico no podía acceder, entonces decidí que todo se redujera y desde ahí emanara la imagen y las proyecciones políticas, económicas y culturales, todo fue más fácil, nos concentramos sólo en un sitio global, colocamos lo que queremos y después lo expandimos, te cuento, con este método nos ahorramos tiempo y problemas.

—Nada me sorprende, reducir la complejidad a lo absurdo, impedir la diversidad, las tribus que sólo las ideas ambientales las une, esa caída del piso 20 gritando mierda a la ciudad no puedes negarla, hemos creado espacios de verbos sobre los tuyos, nos hemos contaminado en tus caminos de la compraventa, de los ritos y los ascensores que saltan del piso 1 al 26. Nada es ajeno se siente placer estar en las esquinas a veces medio borracho, buscando la segunda parte para volver a enamorarme. K, tú sabías quién era yo ¿por eso me hiciste entrar a la bóveda? Estamos fusionando las máscaras, de gafas oscuras y de colores, creo que te hemos ido ensuciando.

—Brillantes ciudadelas metidas entre la multitud, no puede ser, los hombres no quieren intranquilidad, yo les ofrezco todo, de ustedes sólo unos pocos saben.