Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
En Playas de Fuego el mar no habla la lengua de los muertos. El mar representa la clausura de la palabra, el espacio donde queda encerrado el discurso, constituyéndose solo como el reflejo y rebote del cielo, pura ilusión. En la poesía de Bárbara, el mar es el espacio de la indistinción, un desierto de la palabra, la mudez absoluta. La muerte no es la física, sino la muerte de la voz. El aliento se expande en la superficie y desaparece semejando el movimiento de las olas en la orilla. Borrando todo rastro.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 50
Veröffentlichungsjahr: 2017
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
N. del E: Todas las ediciones que existen de Playas de Fuego son póstumas. Nunca sabremos con exactitud la data y contexto de su escritura. Tampoco si existió un borrador definitivo o lo que podemos leer son sólo bocetos que, con el paso del tiempo, volverían esta alucinante obra el tercer libro de poesía de Bárbara Délano. Un poema torrentoso que, leído veinticinco años tras su escritura, sorprende por la contemporaneidad de sus versos, que generan la crispación en la espina dorsal.
Para la composición de esta edición nos hemos basado en la fijación de textos correspondiente a Cuadernos de Bárbara (Galinost, 2006), volumen recopilatorio realizado por la madre de Bárbara, María Luisa Azócar, publicado como conmemoración a los diez años de su muerte. Para la diagramación, nos hemos guiado en la versión editada por Gonzalo Cordero que apareció en el sello Dolmen el año 1998. La decisión se basó en la separación y espacios en blanco que existe entre versos, los que generan una temporalidad de lectura afín al poema. Hemos incluido una semblanza biográfica escrita por Carolina Melys especialmente para esta edición; y rescatado los textos que escribieron sobre Bárbara sus colegas y amigos Pablo Brodsky y Malú Urriola.
Los muertos no nos rehabilitarán.
Tadeusz Rózewicz
He regresado para sentarme
como una vieja se sienta a la orilla de las lamentaciones
y hunde sus dientes contra una piedra
para no hablar para no hablar ya más
y dejar que el mar susurre su voz de nieve ardiente
He vuelto a este rincón enfermo
donde me obligan a tragar una hostia mancillada
por las bocas que dijeron todas las mentiras
Entonces veo desfilar en el caleidoscopio del agua
las grandes y pequeñas traiciones
bajo el delirante sol de febrero
Allí están los que osaron aspirar eternidad
sin pedir permiso para entrar en la Historia
comieron carne ajena e invadieron casas
donde alguien oraba en secreto Luego se sentaron en la sala pidieron café y cigarrillos
Y allí estamos nosotros
Insomnes mudos los rostros
sin orillas flotando sin destino
tratando de ver a Dios en la tierra de nadie
Porque todo lo que se pierde va a dar al mar
me tiendo en el borde para oír a mis hermanos muertos
Puedo ver en la ciudad desierta a mujeres que amontonan cachureos en los patios
pequeños objetos que se pudren
La trivialidad del poder atraviesa
civilizaciones de sangre para luego ofrecer té y cuidar de los heridos
Puedo verte danzando sin cabeza desnudo sobre las olas llameantes
moviendo apenas los labios los dedos apuntando hacia arriba donde los pelícanos baten sus alas mudas
La ciudad una botella soplada por un viento
pútrido
se hincha
Y a través solo veo muertes solapadas por todas las mentiras dichas para robarnos a Dios
para hacer de nosotros buenos chicos chicas listas
Quieren ponernos las cosas difíciles te dije
considerando que las palabras ya no designan
objetos ni situaciones sino relaciones lingüísticas
dejándonos sin frutos sin sombra
en este infame terruño de las representaciones
Y fue así como bajé del coche
bajo el aire salobre del puerto El viento agitaba sus certidumbres contra mi rostro
Éramos jóvenes lo sé
tenía el cabello despeinado y el mar de pronto fue una bóveda encerrando todos los secretos todas las visiones
Entonces vi la puerta que daba al Jardín
donde mamá y yo mirábamos caer la nieve
sobre los duraznos desnudos mirábamos
caer la nieve sobre los duraznos desnudos
Porque no soy yo la que habla
me he tendido en la colina para que hable el mar
Desde aquí veo la extensión del agua
perderse en el horizonte una gran lámina plateada y brillante
bajo el sol ardiente del verano
La palidez del agua es un muro invisible entre los mundos donde habremos de perdernos
allí entregaremos la palabra de fuego que nos arrojaron desde el traspatio de los crímenes
para ser otra vez tomados de las manos y acariciados por el viento
Aquí he regresado
al pie de nosotros mismos a dejar mi ramo
Voy soplando copos de ceniza
que se esparcen en el Jardín quemado
el único paisaje de Klee al final del caleidoscopio
Reconozco un zumbido de abejas
las patas de las arañas rozando suavemente la hierba
y sé que nos han abandonado a las puertas del sueño
para decirnos que no hay tregua
Ahora viajaríamos sin descanso
por la ciudad de las traiciones
Aquí donde los damascos crecen maduros
para alimentar a las hormigas año tras año la pulpa exige su tributo de sangre
y se relame en su sed inextinguible
Porque es fracaso la saciedad esa traición de pequeños animales sacando sus lenguas de fuego para arañar la nieve las olas llameantes que se levantan desde este mar estanco donde todo lo que abandonamos ha ido a perderse
como se pierde en la tarde un eco de campanas
Sin embargo
sé que otra vez estaremos frente a ese Jardín callados y felices escuchando cómo cae la nieve sobre las ramas
de los hermosos árboles invernales
Junto al mar se extiende la ciudad
La noche se desprende como un susurro
Veo a los feriantes marchando a casa
después de pedir vino en la cantina
donde una gorda pintarrajeada canta tangos de Gardel
Los niños desarman la Rueda de la Fortuna
donde subían las novias del barrio bajo
sonrojadas y sucias comiendo palomitas
Cae la noche sobre el puerto y las calles
son el único rastro que dejan los asesinos
Mañana será otro día y habrán de volver
a abrocharse los zapatos subir peinados al micro maloliente para llegar al fin de la jornada
a dormir a un hotel equivocado
un sueño equivocado
Este es el lugar de los crímenes La muerte es el único museo abierto
Aquí están los que iban a comer carne de Dios
y fueron sitiados los que sobrevivieron al banquete de restos cuescos de damascos carcomidos sobre las bandejas
una cita que la Historia anunció
demasiado tarde.
No soy yo la que habla
El mar dibuja los paisajes que nosotros olvidamos
para no decir malas palabras ni delatarnos entre vecinos
y recibir la recompensa de un nombre la única investidura para ser reconocidos cuando la Historia reparta su premio de canicas
Desde aquí veo a los que estuvieron antes
Juana la pecosa se durmió al sol
esa tarde que la encontraron sobre la arena
Veo al loco Pepe
