Playa de fuego - Bárbara Délano - E-Book

Playa de fuego E-Book

Bárbara Délano

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Beschreibung

En Playas de Fuego el mar no habla la lengua de los muertos. El mar representa la clausura de la palabra, el espacio donde queda encerrado el discurso, constituyéndose solo como el reflejo y rebote del cielo, pura ilusión. En la poesía de Bárbara, el mar es el espacio de la indistinción, un desierto de la palabra, la mudez absoluta. La muerte no es la física, sino la muerte de la voz. El aliento se expande en la superficie y desaparece semejando el movimiento de las olas en la orilla. Borrando todo rastro.

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Seitenzahl: 50

Veröffentlichungsjahr: 2017

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BÁRBARA DÉLANO

PLAYAS DE FUEGO

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PLAYAS DE FUEGO

BÁRBARA DÉLANO

N. del E: Todas las ediciones que existen de Playas de Fuego son póstumas. Nunca sabremos con exactitud la data y contexto de su escritura. Tampoco si existió un borrador definitivo o lo que podemos leer son sólo bocetos que, con el paso del tiempo, volverían esta alucinante obra el tercer libro de poesía de Bárbara Délano. Un poema torrentoso que, leído veinticinco años tras su escritura, sorprende por la contemporaneidad de sus versos, que generan la crispación en la espina dorsal.

Para la composición de esta edición nos hemos basado en la fijación de textos correspondiente a Cuadernos de Bárbara (Galinost, 2006), volumen recopilatorio realizado por la madre de Bárbara, María Luisa Azócar, publicado como conmemoración a los diez años de su muerte. Para la diagramación, nos hemos guiado en la versión editada por Gonzalo Cordero que apareció en el sello Dolmen el año 1998. La decisión se basó en la separación y espacios en blanco que existe entre versos, los que generan una temporalidad de lectura afín al poema. Hemos incluido una semblanza biográfica escrita por Carolina Melys especialmente para esta edición; y rescatado los textos que escribieron sobre Bárbara sus colegas y amigos Pablo Brodsky y Malú Urriola.

Los muertos no nos rehabilitarán.

Tadeusz Rózewicz

He regresado para sentarme

como una vieja se sienta a la orilla de las lamentaciones

y hunde sus dientes contra una piedra

para no hablar para no hablar ya más

y dejar que el mar susurre su voz de nieve ardiente

He vuelto a este rincón enfermo

donde me obligan a tragar una hostia mancillada

por las bocas que dijeron todas las mentiras

Entonces veo desfilar en el caleidoscopio del agua

las grandes y pequeñas traiciones

bajo el delirante sol de febrero

Allí están los que osaron aspirar eternidad

sin pedir permiso para entrar en la Historia

comieron carne ajena e invadieron casas

donde alguien oraba en secreto Luego se sentaron en la sala pidieron café y cigarrillos

Y allí estamos nosotros

Insomnes mudos los rostros

sin orillas flotando sin destino

tratando de ver a Dios en la tierra de nadie

Porque todo lo que se pierde va a dar al mar

me tiendo en el borde para oír a mis hermanos muertos

Puedo ver en la ciudad desierta a mujeres que amontonan cachureos en los patios

pequeños objetos que se pudren

La trivialidad del poder atraviesa

civilizaciones de sangre para luego ofrecer té y cuidar de los heridos

Puedo verte danzando sin cabeza desnudo sobre las olas llameantes

moviendo apenas los labios los dedos apuntando hacia arriba donde los pelícanos baten sus alas mudas

La ciudad una botella soplada por un viento

pútrido

se hincha

Y a través solo veo muertes solapadas por todas las mentiras dichas para robarnos a Dios

para hacer de nosotros buenos chicos chicas listas

Quieren ponernos las cosas difíciles te dije

considerando que las palabras ya no designan

objetos ni situaciones sino relaciones lingüísticas

dejándonos sin frutos sin sombra

en este infame terruño de las representaciones

Y fue así como bajé del coche

bajo el aire salobre del puerto El viento agitaba sus certidumbres contra mi rostro

Éramos jóvenes lo sé

tenía el cabello despeinado y el mar de pronto fue una bóveda encerrando todos los secretos todas las visiones

Entonces vi la puerta que daba al Jardín

donde mamá y yo mirábamos caer la nieve

sobre los duraznos desnudos mirábamos

caer la nieve sobre los duraznos desnudos

Porque no soy yo la que habla

me he tendido en la colina para que hable el mar

Desde aquí veo la extensión del agua

perderse en el horizonte una gran lámina plateada y brillante

bajo el sol ardiente del verano

La palidez del agua es un muro invisible entre los mundos donde habremos de perdernos

allí entregaremos la palabra de fuego que nos arrojaron desde el traspatio de los crímenes

para ser otra vez tomados de las manos y acariciados por el viento

Aquí he regresado

al pie de nosotros mismos a dejar mi ramo

Voy soplando copos de ceniza

que se esparcen en el Jardín quemado

el único paisaje de Klee al final del caleidoscopio

Reconozco un zumbido de abejas

las patas de las arañas rozando suavemente la hierba

y sé que nos han abandonado a las puertas del sueño

para decirnos que no hay tregua

Ahora viajaríamos sin descanso

por la ciudad de las traiciones

Aquí donde los damascos crecen maduros

para alimentar a las hormigas año tras año la pulpa exige su tributo de sangre

y se relame en su sed inextinguible

Porque es fracaso la saciedad esa traición de pequeños animales sacando sus lenguas de fuego para arañar la nieve las olas llameantes que se levantan desde este mar estanco donde todo lo que abandonamos ha ido a perderse

como se pierde en la tarde un eco de campanas

Sin embargo

sé que otra vez estaremos frente a ese Jardín callados y felices escuchando cómo cae la nieve sobre las ramas

de los hermosos árboles invernales

Junto al mar se extiende la ciudad

La noche se desprende como un susurro

Veo a los feriantes marchando a casa

después de pedir vino en la cantina

donde una gorda pintarrajeada canta tangos de Gardel

Los niños desarman la Rueda de la Fortuna

donde subían las novias del barrio bajo

sonrojadas y sucias comiendo palomitas

Cae la noche sobre el puerto y las calles

son el único rastro que dejan los asesinos

Mañana será otro día y habrán de volver

a abrocharse los zapatos subir peinados al micro maloliente para llegar al fin de la jornada

a dormir a un hotel equivocado

un sueño equivocado

Este es el lugar de los crímenes La muerte es el único museo abierto

Aquí están los que iban a comer carne de Dios

y fueron sitiados los que sobrevivieron al banquete de restos cuescos de damascos carcomidos sobre las bandejas

una cita que la Historia anunció

demasiado tarde.

No soy yo la que habla

El mar dibuja los paisajes que nosotros olvidamos

para no decir malas palabras ni delatarnos entre vecinos

y recibir la recompensa de un nombre la única investidura para ser reconocidos cuando la Historia reparta su premio de canicas

Desde aquí veo a los que estuvieron antes

Juana la pecosa se durmió al sol

esa tarde que la encontraron sobre la arena

Veo al loco Pepe