Poemas rústicos - Manuel José Othón - E-Book

Poemas rústicos E-Book

Manuel José Othón

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Beschreibung

De la rica poesía de Manuel José Othón se presenta aquí una selección cuya "rusticidad" no es más que la transmisión de los sentidos, impresiones vívidas y sentimientos íntimos de uno de los poetas más distinguidos de México.

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Seitenzahl: 47

Veröffentlichungsjahr: 2019

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MANUEL JOSÉ OTHÓN

Poemas rústicos

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Primera edición, 1997      Primera reimpresión, 2000 Primera edición electrónica, 2018

Fragmento dePoemas rústicos

Diseño de portada: Pablo Tadeo Soto

En la portada: Manuel José Othón, Museo Nacional de Historia. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. (CNCA-INAH-MEX)

D. R. © 1997, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 Ciudad de México

Comentarios:[email protected] Tel. (55) 5227-4672

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc. son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicana e internacionales del copyright o derecho de autor.

ISBN 978-607-16-5918-7 (ePub)

Hecho en México - Made in Mexico

AL PUBLICARSE, en 1902, Poemas rústicos, 1890-1902, Othón escribió una advertencia al lector en donde afirmaba que “el artista debe ser sincero hasta la ingenuidad. No debemos expresar nada que no hayamos visto; sentido o pensado a través de ajenos temperamentos, pues si tal hacemos ya no será nuestro espíritu quien hable y mentimos a los demás, engañándonos a nosotros mismos”.FONDO 2000presenta aquí una selección de estas poesías cuya rusticidad no es más que la pura y honesta transmisión de los sentidos, impresiones vívidas y verdades personales de un poeta entregado al arte.

Manuel J. Othón nació en San Luis Potosí en 1858 y murió allí mismo en 1906. Desde temprana edad se reveló como poeta y a lo largo de su vida, a pesar de haberse desempeñado como abogado, agente del Ministerio Público, catedráticoy diputado federal, se abocó a la consolidación de su obra poética. Escribió cuentos y obras deteatro, mas su recuerdo está íntimamente ligado a sus poesías, entre las cuales destacan su “Himno a los bosques” (1891), que le valió el reconocimiento de la intelectualidad de la época, y el famoso “Idilio salvaje” que fue publicado después de su muerte.

Poemas rústicos fue publicado en 1902, al tiempo que Othón se desempeñaba como diputado al Congreso de la Unión y contertulio del grupo de escritores de la Revista Moderna, en la ciudad de México. En palabras de Joaquín Antonio Peñalosa, estudioso conocedor de la obra de Othón, “por su perfección formal, por su vivo esplendor, por el gobierno de la técnica, por la armonía arquitectónica del material sabiamente organizado, Poemas rústicos es uno de los libros mejor estructurados de toda la lírica y merecedor de muy alto puesto en la antología española”.

INVOCACIÓN

NOAPARTES, adorada Musa mía,

tu divino consuelo y tus favores

del alma que, nutrida en los dolores,

abrasa el sol y el desaliento enfría.

Aparece ante mí como aquel día

primero de mis jóvenes amores

y tu falda blanquísima con flores

modestas u olorosas atavía.

¡Oh, tú, que besas mi abrasada frente

en horas de entusiasmo o de tristeza,

que resuene en tu canto inmensamente

tu amor a Dios, tu culto a la Belleza,

alma del Arte, y tu pasión ardiente

a la madre inmortal Naturaleza!

“SURGITE!”

I

BLANCO el cielo. Montañas oscuras

se destacan en fondo gris perla.

Sobre el pico más alto ha prendido

su penacho de luz una estrella.

Un alfanje de plata la luna,

recortando las nubes, semeja,

y un lucero, muy pálido y triste,

desde el negro perfil de la sierra,

somnoliento, su blanca mirada

arrojando, al morir, parpadea;

a la vez que otros astros se ocultan

en el seno de la húmeda niebla.

II

Los nocturnos ruidos se apagan

y se apagan también las estrellas.

Por el Este sus franjas de oro,

de la aurora gentil mensajeras,

tiende el sol que en su lecho de nubes

como un rey oriental se espereza.

Y las sombras, buscando refugio,

de Occidente en los mares navegan

y el espacio atraviesan veloces,

tripulando sus góndolas negras.

Sólo Venus esplende, vibrando

su mirada imperiosa de reina.

III

En la tierra las cosas presienten

un instante solemne, y esperan.

Surte el agua, las fuentes palpitan,

se estremece la oscura arboleda

y entre el hondo temblor de las frondas

laten almas que cantan y vuelan.

Son alados espíritus: brotan

del ramaje; las hojas despliegan

el sutil pabellón de esmeraldas…

Todo es vida y calor, todo tiembla

cuando el sol, rosa inmensa de fuego,

su lumínico polen dispersa.

IV

A lo lejos se siente el estruendo

del trabajo y la lucha que llegan.

El reposo es momento que pasa,

perdurable tan sólo es la brega.

¡Hombre, sus!, abandona tu lecho,

que la vida te llama y espera.

Ya en tu seno las vísceras laten,

ya en tus sienes la sangre golpea.

¡La montaña calcárea, a tus huesos;

sus entrañas de hierro, a tus venas,

y a tu espíritu ardiente los rayos

en que inunda tu Dios las esferas!

SONETOS PAGANOS

I

“Pulcherrima Dea”

DEL mar de Chipre en la rosada orilla,

blonda, a través de transparente bruma,

aparece flotando entre la espuma

de Citeres la virgen sin mancilla.

Es blanca la color de su mejilla

como del cisne de Estrimón la pluma,

viste el fulgor de la Belleza suma

y de las Gracias la expresión sencilla.

Extático el Olimpo adora en ella

y se siente feliz. De polo a polo

un himno Pan enamorado entona.

Toca en la playa la gentil doncella,

y a su palacio de marfil Apolo

la lleva y ciñe con triunfal corona.

II

A un traductor de Horacio

Ya de Gliceris la mirada ardiente,

de las blondas pestañas bajo el manto,

hizo latir tu corazón, y en tanto

probaste el agua en la Castalia fuente.

Viste bañarse en la húmida corriente

faunos y ninfas con divino encanto

y en el triclinio resonó tu canto,

coronada de pámpanos tu frente.

Al acre jugo de las vides nuevas