Poetas chilenos jóvenes del siglo XXI - Benoit Santini - E-Book

Poetas chilenos jóvenes del siglo XXI E-Book

Benoit Santini

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Beschreibung

Este libro estudia las nuevas voces y el vigor de la poesía chilena actual. Los autores seleccionados, nacidos entre los años setenta y noventa, se incluyen, según se demuestra en este análisis, dentro de dos «generaciones» de poetas (2000-2001 y 2014). A la primera pertenecen, entre otros, los «Novísimos» Héctor Hernández Montecinos, Paula Ilabaca, Pablo Paredes y Diego Ramírez; y a la segunda, los poetas de la antología Halo, como Maximiliano Andrade, Fernanda Martínez Varela o Roberto Ibáñez Ricóuz. Estos se imponen en el escenario poético chileno; sin embargo, se benefician de pocos estudios críticos.

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Seitenzahl: 635

Veröffentlichungsjahr: 2022

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EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Vicerrectoría de Comunicaciones y Extensión Cultural

Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago, Chile

[email protected]

www.ediciones.uc.cl

Poetas chilenos jóvenes del siglo XXI

Emergencia, reconocimiento y nuevos discursos

Benoît Santini

© Inscripción Nº 2022-A-5372

Derechos reservados

Abril 2022

ISBN Nº 978-956-14-2957-4

ISBN digital Nº 978-956-14-2958-1

Diseño: Francisca Galilea R.

Diagramación digital: ebooks PatagoniaDiagramación digital: ebooks [email protected]

CIP-Pontificia Universidad Católica de Chile

Benoît Santini, autor

Poetas chilenos jóvenes del siglo XXI : emergencia, reconocimiento y nuevos discursos / Benoît Santini. - Incluye bibliografía.

1. Poetas chilenos - Siglo 21

2. Poesía chilena - Siglo 21 - Historia y crítica

I. Tit.

2022 Ch861 + DDC23 RDA

Índice

Presentación

Raúl Zurita

Introducción

PRIMERA PARTE. Una aproximación a las generaciones o promociones de los poetas chilenos jóvenes del siglo xxi

Capítulo 1. Los poetas chilenos jóvenes del siglo XXI: ¿nuevas “generaciones”?

“Poetas jóvenes de Chile”: una breve historia del término

Algunas antologías esenciales de poetas chilenos jóvenes

Poetas jóvenes de la segunda mitad del siglo XX: de generación en generación

¿“Generaciones” de poetas chilenos jóvenes del siglo XXI?

“Evento fundador”, emergencia y reconocimiento

Poetas jóvenes y editoriales independientes

Los “Novísimos”

Los poetas de la antología Halo

Otros grupos poéticos y poetas jóvenes emergentes

Capítulo 2. Los “Novísimos” y los poetas de Halo: aparición, creaciones, publicaciones

“Eventos fundadores”, talleres poéticos y consagración de los “Novísimos”

Las antologías Desencanto personal y Cantares (2004)

Los “Novísimos”: interacciones y consagración

El proyecto poético de Paula Ilabaca

Labores y propuestas de Héctor Hernández Montecinos

Diego Ramírez: subversión y resistencia

Otras voces novísimas: escrituras de la brevedad y de la inestabilidad

La unidad de generación Halo

Capítulo 3. De los “Novísimos” y poetas de Halo a otras “unidades de generación”

Colectivos poéticos

La escritura en talleres literarios

Las nuevas voces y su presencia en antologías

Publicaciones en fanzines, plaquettes y revistas

Blogs, redes sociales, internet

Silencio de la crítica, voz de los poetas

El empujón de los “Novísimos”

Críticos selectos: Carmen Berenguer, Raúl Zurita y Elvira Hernández

SEGUNDA PARTE. Espacios, tiempos, historia, cuerpo

Capítulo 1. Lugares abiertos y cerrados, marco urbano y provincia

Espacios abiertos: enfrentamiento y serenidad

Los cerros de Santiago

Espacios cerrados: espera, entretenimiento, represión

Espacio doméstico

Movimiento, desigualdades sociales y abandono

La urbe, lo fantástico y lo cotidiano

Inmovilismo, soledad y perdición

Cantar Santiago, las tierras del sur y del norte

Capítulo 2. Poetización de la realidad histórico-social

Chile, entre olvido y memoria

Historia chilena y latinoamericana

La dictadura: represión e injusticia

Pinochet

Oposición al régimen

Secuelas de la dictadura

Homosexualidad, lesbianismo y marginalidad

El mundo mapuche de hoy

Denuncia, combate y conciencia política

Capítulo 3. Un cuerpo rabioso, violentado y atormentado

Manifestaciones físicas de la rabia

Decir, gritar, cantar, escuchar la rabia

Rabia y sufrimiento

Dolor y heridas

Enfermedad, fragmentación y descomposición

Violencia y heridas

Un texto atormentado

TERCERA PARTE. Trabajo lingüístico y poder creador: enunciación e innovaciones

Capítulo 1. Voces y entes líricos polifacéticos

Juan Cristóbal Romero y los orígenes literarios de Chile

Chile como patria

Las figuras paterna y materna

Otros lazos familiares

Monstruos, transformación, hibridez

Un rico bestiario

Capítulo 2. Evocaciones plásticas y poesía visual

Sensualidad, cuerpo y deporte

Sexualidad y cuerpo sensual

Cuerpo textual: mayúsculas, minúsculas, puntuación

Dimensión de las letras y símbolos tipográficos

Mancha, línea, vacíos, ilegibilidad

Tipografía informática

La imagen como apertura al sueño y a la invención

La imagen, lo lúdico y el compromiso

Capítulo 3. Reescrituras, oralidades, forma e informalidad

Canto general y parodia

Presencia de Gabriela Mistral

Figuras bíblicas, música e intertexto

Onomatopeyas

Chilenismos y oralidad

Mapudungun

Versos y formas estróficas clásicas

Construcción rigurosa de micropoemas

Desestructuración de la sintaxis

Conclusión

Bibliografía

Agradecimientos

A Raúl Zurita, poeta del desierto, de los ríos, de los océanos y de las cordilleras de Chile

Presentación

El libro que el lector tiene entre sus manos, de Benoît Santini, es el estudio más vasto y lúcido que se haya hecho a la fecha de la asombrosa emergencia de nuevos poetas chilenos en el siglo XXI, ratificando el hecho de que la poesía continúa siendo la voz más representativa de las angustias, esperanzas, zozobras, sueños, espejismos y traumas, que atraviesan el entramado social e histórico de nuestro país. Así, a partir de la crítica de los distintos conceptos de generación, este libro levanta una impresionante cartografía de las nuevas voces poéticas que en su pluralidad abarcan desde las figuras más clásicas como Pablo Neruda, Gabriela Mistral e incluso Alonso de Ercilla, y la utilización de las formas métricas, recreando y a la vez reinventando un pasado, hasta las variantes más disruptivas e iconoclastas de la poesía callejera.

El panorama que emerge en este monumental trabajo muestra no solo el panorama de una poesía, sino de un país y de una sociedad tensionada entre un pasado no querido, de promesas incumplidas, y las improntas de un futuro incierto. De allí, como lo muestra este libro, por una parte, el regreso obsesivo de algunos poetas a la poesía clásica, y por otra, la irrupción explosiva, y no menos notable, de la poesía visual, que se expresa a menudo en las redes, en los grafitis callejeros, en las oralidades, y los nuevos sujetos que pueblan estas escrituras; las barriadas poblacionales, los nombres mapuches, en suma, los márgenes que se están tomando hoy el centro del lenguaje, para desde allí devolvernos a todos al centro del sueño y de la vida. Poetas chilenos jóvenes del siglo XXI. Emergencia, reconocimiento y nuevos discursos, constituye así, no solo una obra imprescindible para el estudio de la nueva poesía chilena, sino que, en su magistralidad, rigor y amplitud, representa un aporte inestimable para la comprensión de nuestro presente y de las equívocas señales que nos envía el porvenir. Muchísimas gracias Profesor Benoît Santini.

Raúl Zurita

Introducción

¿Qué significa ser “poeta joven” en el Chile del siglo XXI? Si consideramos que el adjetivo “joven” está ligado a la edad de estos autores, seleccionarlos en función de este parámetro sería una tarea ardua porque implicaría la necesidad de optar por criterios discutibles. El poeta Héctor Hernández Montecinos incluye en su antología 4M3R1C4 (2010) a 40 poetas latinoamericanos que, como lo explica,

han nacido entre los años 1976 y 1986, fechas que he tomado como umbrales coincidentes con un movimiento de fractura en el quehacer de la poesía latinoamericana de hoy, llamada “novísima”, no sólo por la edad de sus autores, sino por la novedad de muchas de sus propuestas (19).

Por consiguiente, sería “joven” cualquier poeta latinoamericano que, además de renovar la práctica poética, tendría, en el momento mismo de la publicación o producción de sus textos, entre 24 y 34 años, lo que, de hecho y lógicamente, excluiría a autores de edades inferiores o superiores a las indicadas. Un ejemplo español es igualmente elocuente: Pablo Lorente Muñoz escribe que “Al parecer, en el Mapa poético 5 (Córdoba, 2003) se llegó a un cierto acuerdo sobre los poetas jóvenes, que deberían tener entre 17 y 27 años” (2011 s/p.). ¿Por qué sería conveniente considerar que, tras los 27 años, un poeta cambia de grado? Esta categorización según la edad es delicada y dependería también de las zonas geográficas donde las concepciones de lo que es ser un “poeta joven” pueden diferir.

Pero, como lo atestiguan numerosas antologías actuales de poetas chilenos —cuya producción analizaré en este trabajo—, uno se percata de que estos no tienen más de 40 años en 2019, fecha de redacción de este ensayo. Además, si comparamos la edad de los “poetas jóvenes” que participan en concursos de poesía tanto en Chile como en otros países del continente, descubrimos que sus límites varían. En Chile, “El premio Pablo Neruda de Poesía Joven” se otorga anualmente desde 1987 a un poeta no mayor de cuarenta años, como lo precisa el sitio oficial de la Fundación Pablo Neruda, mientras que, el “Premio de Poesía Joven Antonio Aura”, organizado por la Ciudad de México, concierne a poetas de menos de 26 años. En Cuba, el “Premio de cuento y poesía “Casa Seoane” está destinado a escritores de menos de 35 años. Los criterios y edades son muy dispares y no ayudan mucho en mi empresa de definición de lo que es ser un poeta joven en el Chile del siglo XXI.

Si se estudia a estos “poetas jóvenes”, las definiciones del concepto de “juventud” y del adjetivo “joven” pueden ser iluminadores en la búsqueda de definiciones algo más precisas. El criterio de la edad, lejos de ser anodino, debería tomarse en cuenta, aunque sus contornos resulten borrosos y difieran a su vez en función de las zonas geográficas, de los períodos y de los organismos internacionales. Como recuerda Martín Hopenhayn “este eslabón crucial de la biografía que es el periodo juvenil [es] definido entre quince a veinticuatro años (nomenclatura de Naciones Unidas) o entre quince a veintinueve años (criterio de la Unión Europea), o con rangos muy variables en las propias nomenclaturas y legislaciones nacionales” (2008 51). Tal imprecisión podría llevarme a coincidir con la frase de Pierre Bourdieu, “la juventud no es más que una palabra”, a propósito de la cual Agnès Roche, explica que “detrás de este título provocador, Bourdieu insiste en el hecho de que identificar a los jóvenes con una unidad social, un grupo constituido provisto de intereses comunes es una manipulación. Se clasifican detrás del mismo vocablo realidades, universos distintos que pocas cosas tienen en común” (2007 11). Esta diversidad de comportamientos, intereses y actividades hace que el término de “juventud” sea polisémico, tal como lo será el de “poeta joven”. Soledad Bianchi constata que “Suele hablarse de ‘joven poesía’ o ‘poesía joven’ o de ‘nueva poesía’”, y que “estas calificaciones tan vagas generalmente se aplican a escritores que comienzan a producir, lo que no es sinónimo que hagan una poesía nueva, es decir, diferente” (1990 39). Francisco Véjar en su Antología de la poesía joven chilena, incluye, por su parte, a poetas nacidos entre 1964 y 1975 que, en el momento de la publicación del libro tienen entre 24 y 35 años; e indica que “la presente compilación muestra el amplio vigor de una parte de la producción más reciente de los poetas jóvenes en Chile” (1999 contraportada). Si la investigadora y el antólogo establecen un claro paralelo entre poesía joven y poetas jóvenes, los dos términos no me parecen idénticos; así, para evitar cualquier confusión o imprecisión, preferiré el término de “poeta joven” al de “poesía joven” cuyos contornos resultan más difíciles de delimitar.

Aunque el paradigma de la edad no deba ser el único en considerarse, tenerlo en cuenta en el estudio de los poetas del corpus no parece incongruente: es a partir de su juventud que se va construyendo su lugar en el mundo y en el universo de las Letras. El estatuto de poeta joven parece pues necesario en el recorrido que les lleva de la posición de poeta emergente al de poeta confirmado, aunque, como lo escribe Julián Marías, “no basta con saber esa fecha [nacimiento] para saber cuál es nuestra generación, porque ésta no es asunto de la vida individual, sino de las estructuras objetivas del mundo histórico” (1954 53). Asimismo, si la juventud se presenta como fase de transición y período decisivo, los poetas jóvenes del siglo XXI se encontrarían, a su vez, en una fase de mutaciones, en una encrucijada desde donde intentarían expresar, por su escritura, la situación de “entre dos” que estarían viviendo. Cabe examinar con seriedad y rigor esta “edad de la vida” que es la juventud y que, según recuerda Van De Velde citando a Olivier Galland, es considerada, desde la década de los ochenta, “una edad como tal y una ‘nueva edad de la vida’ que precede la vida adulta” (2015 15).

Pablo Vommaro, en su análisis de la juventud, aborda los vínculos que unen a los jóvenes a partir de las teorías de J.A. Pérez Islas, para quien “lo juvenil” es “un concepto cuyo significado debe desentrañarse tomando como punto de partida una perspectiva relacional, es decir, en la que cobre relevancia la consideración de los vínculos con un entorno social más amplio […]” (2011 117). Las generaciones jóvenes —y, en el caso de este ensayo, las generaciones o promociones poéticas jóvenes en el Chile del siglo XXI— se constituirían a partir de los lazos que tejen entre ellas, pero también con el medio cultural y social como, por ejemplo, a través de las lecturas que efectúan los poetas en el marco de instituciones culturales o las relaciones con las editoriales y la crítica especializada. Dardo Scavino, en una entrevista con Marcela Mazzei, afirma que “a partir de principios del siglo XIX a la juventud se le va a atribuir un valor divino porque tiene algo de creador: en la juventud está virtualmente la posibilidad de creación de un orden y valores diferentes” (2014 s/p.). La juventud tendría entre las manos un poder casi mágico, según el pensador argentino. Por lo que se refiere a los poetas chilenos jóvenes de hoy, ¿se podría afirmar que su juventud sería capaz de imponer un “orden” poético nuevo, reglas nuevas y un canon nuevo? ¿Cómo se concretaría esto en su escritura lírica? ¿Se debería matizar esta etapa de cambios? Si retomo los análisis de Aldo Solari, “no todos los jóvenes tienen el propósito de transformar la sociedad en la cual viven y, seguramente, sólo para una minoría los aspectos políticos son esenciales” (1971 103), mientras que, por su parte, Salvador Allende declaraba: “Y ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica” (1972 s/p.). Eso lleva a preguntarme si los poetas jóvenes desean, mediante su escritura poética, “transformar la sociedad en la cual viven” y si los “aspectos políticos” son para ellos esenciales. Así, podría reflexionar sobre cómo se elabora una poesía comprometida, así como sobre la articulación entre texto y contexto y la existencia de “culturas juveniles revolucionarias”—expresión empleada por Yanko González (2015 88)— que se manifestarían en la poesía. La importancia de la rebelión para los jóvenes, la conciencia político-social de estos y la defensa de ciertos valores deberían considerarse a la hora de analizar la escritura de los poetas jóvenes del Chile actual.

Por consiguiente, si me apoyo en estas definiciones, aparece que la juventud de los poetas sería una etapa relativamente importante —y eso pese a las caracterizaciones a veces borrosas que rodean el término de “juventud” dentro de la cual se elegirían opciones y se producirían mutaciones relevantes. Efectivamente, Aldo Solari explica que “la juventud es un fenómeno pluridimensional. Es una etapa de transición anterior y preparatoria a la asunción de las funciones del adulto” tras haber dicho que “los inconvenientes del escaso contenido de un criterio puramente ‘etario’ —jóvenes son los que tienen entre 15 y 25 años, por ejemplo— como las imprecisiones de criterios” (6-7).

¿Cuándo empieza y cuándo acaba una generación literaria poética si se tienen en cuenta las definiciones teóricas dadas por historiadores, sociólogos o filósofos? Según Ortega y Gasset, “Una generación es una zona de quince años durante la cual una cierta forma de vida fue vigente. La generación sería, pues, la unidad concreta de la auténtica cronología histórica, o, dicho en otra forma, que la historia camina y procede por generaciones” (1989 64). Podría ser que los poetas jóvenes a los que estudiaré pertenecieran no solo a dos generaciones históricas, sino también literarias-poéticas, a sabiendas de que otros parámetros, además de la edad, se tendrán en cuenta. Aunque, como lo recuerda Walter Mignolo, existe una “falta sorprendente de criterios metodológicos” (1976 32) para definir las generaciones literarias en los manuales historiográficos, seguiré las pistas de Henri Peyre que evoca la “necesidad de clasificar” y explica que es en “el medio más objetivo y más práctico, la fecha de nacimiento, en el que nos fijaremos en nuestra consideración de las generaciones” (1948 11). La fecha de nacimiento es un dato importante que podrá nutrir esta reflexión sobre los poetas chilenos jóvenes.

Pero, si se consultan otras teorías más recientes, se ve que, por ejemplo, los historiadores norteamericanos Neil Howe et William Strauss consideran que la duración de una generación es variable y oscila entre 17 y 23 años (2007 41). Albert Thibaudet, por su parte, matiza más su propósito al evocar la “fragmentación artificial que se establece”, recordando la afirmación de François Mentré quien decía que “en el siglo XVIII, se distinguen claramente, en la vida política, el arte y la literatura, tres generaciones que poseen parentescos” (2007 512). Fluctúa por lo tanto la duración de una generación y parecería variar según las circunstancias y las épocas. Saúl Sosnowski informa acerca del riesgo de una aproximación simplista y parcial de las generaciones literarias porque, según él, “se periodiza con la arbitrariedad de los números y las edades las generaciones literarias” (1987 151-2).

Dentro de una misma generación —en el caso que nos ocupa, literaria-poética—, pueden existir diferencias de edades y escrituras líricas variadas. Julio Espinosa Guerra (2005), en su prólogo “Una mirada por el retrovisor”, recuerda, apoyándose en las teorías de Cedomil Goić, que

Hay que tener en cuenta que los escritores que cumplen todos los requisitos por él señalados nunca corresponden a toda una generación histórica, sino sólo a un grupo dentro de ella, es decir, conforman no una generación, sino un grupo generacional. Visto desde este punto de vista, Petersen y, por añadidura Goić, utilizan el término como sinónimo de “escuela” o “movimiento”. Por ello es fácil concluir que la forma en que se ha utilizado el término en nuestro país es inadecuada, puesto que más que hacer referencia a un “movimiento” lo hace a “una generación histórica” pero no literaria (12).

Es cierto que no se deben confundir los conceptos de generación histórica (período de nacimiento, en el caso que nos interesa, de los que se convertirán en poetas del siglo XXI) y de generación literaria (período de emergencia y desarrollo literario de estos), siendo, a pesar de todo, conceptos íntimamente ligados. Soledad Bianchi (1990) escribe que

Una generación, pues, está formada por un grupo de hombres y mujeres nacidos entre un lapso no demasiado extendido […] y que, por lo mismo, tiene vivencias semejantes porque sus integrantes viven contextos similares: el punto de partida para las generaciones varía, por ejemplo, de un continente a otro. El periodo de formación es, entonces, relativamente afín porque los hechos que les toca vivir se asemejan, variando sólo en lo más “individual”: educación, carácter… y origen de clase.

Posiblemente, más decidor que nominar a una generación por un año, es hacerlo con una característica definitoria y, creo, que para el grupo de poetas que comenzó a producir recientemente no es infundado ni resulta una exageración hablar de una “generación dispersa” que, sin duda, tiene como año de referencia 1973, fecha que significa un quiebre en la historia de Chile […].

Entonces, estos poetas que no siempre son tan jóvenes y que no siempre hacen una poesía joven, pero que, a pesar de todo, llamaremos “poetas jóvenes” también podrían ser agrupados como “generación del 70” o “generación del 73”, que yo prefiero llamar “generación dispersa” (41).

Bianchi asocia entonces a autores, cuyos años de nacimiento están relativamente cercanos, en función de vivencias y de rasgos que los tipifican, sin olvidar lo que les diferencia. Estos aspectos me parecen interesantes y los abordaré en este estudio, sin olvidar lo señalado por Sergio Ramos: “Una generación es, pues, algo mucho más trascendental que un mero grupo literario […] Cada auténtica generación que pasa, deja tras de sí una huella perdurable que se suma al acervo cultural y contribuye a formar la tradición de cada país” (1992 129).

Jaime Pinos, por su parte, caracteriza las generaciones literarias a partir de cinco factores: el primero de ellos es “Una situación. […] Una generación debe tener cierta conciencia, no importa que tan relativa o contradictoria, del momento o la época en que sus escrituras tienen lugar. O, más precisamente, debería proponer formas de leer ese contexto”. Luego, menciona “Un corpus. Más allá de la diversidad de registros y estilos, una generación es su producción”. El tercer factor es “Una sentimentalidad. Vista desde adentro, una generación también es eso, un tramado sentimental. Amigos y enemigos, afinidades y polémicas, filiaciones y aversiones, ciertas maneras de convivir o confrontarse”. El cuarto es “Un proyecto. Entendido, necesariamente, más como una serie de preguntas o de formas de interrogar que como una línea de certezas” y el quinto “Una tradición. No hay proyecto sin construir, tal como se urde un relato o una ficción, una o varias lecturas de la literatura precedente” ya que “una generación posible debería asumir la responsabilidad de evitar que esa experiencia y esa aventura que ha sido nuestra literatura, o lo mejor de ella, se desvanezca en el aire sin dejar huella” (2014 51-2). ¿Corresponden estas definiciones dadas por Pinos a las nuevas generaciones poéticas chilenas? ¿Constituye el anclaje referencial un aspecto preponderante de la producción de las generaciones poéticas jóvenes en Chile y permiten una comprensión del contexto político-social? Los criterios de Pinos me conducen igualmente a preguntarme cómo los poetas chilenos jóvenes de hoy intentan dejar huellas de su paso y cómo se sitúan con respecto a una tradición literaria. ¿Cuáles son los intereses centrales de estos y de qué manera se manifiestan dichos intereses en su creación literaria?

En este trabajo, privilegiaré las primeras publicaciones de los poetas jóvenes del siglo XXI sin descartar, pese a todo, sus publicaciones posteriores, lo que permite, entonces, interesarse por la evolución de su creación lírica. Si mi voluntad de centrarme en el siglo XXI, que empezó hace 20 años, puede parecer incongruente, reflexionar sobre la creación de los poetas chilenos jóvenes actuales, cuya definición es huidiza e inasible por ser plural e imprecisa, me lleva a interrogarme sobre la novedad y los rasgos distintivos de sus escrituras. Concomitantemente, otras preguntas múltiples aparecen: ¿quiénes son estos poetas jóvenes? ¿Forman parte de un grupo homogéneo y qué nombre atribuirle a este o a la promoción en la cual se insertan? Parece a veces reductor poner etiquetas a un conjunto dispar de voces o abarcarlas en una denominación común. Las escuelas o corrientes poéticas tienen en efecto el mérito de reconocer los aportes y puntos comunes de un grupo de autores, pero, al mismo tiempo, tienen el defecto de no realzar significativamente sus singularidades. Eso confirmaría lo escrito por Bourdieu cuando analiza el concepto de “juventud”: “es por un abuso de lenguaje formidable por el que se pueden subsumir en un mismo concepto universos sociales que prácticamente no tienen nada en común” y cuando explica que “por lo menos habría que analizar las diferencias entre juventudes” (1980 145). Así, a partir de esta definición de “juventud”, se podría decir que las escrituras líricas de los poetas chilenos jóvenes de hoy se situarían a medio camino entre unidad y disparidad, puesto que cada poeta que quepa en esta categoría posee una voz y vías creativas propias. ¿En qué medida la poesía de estos jóvenes se caracteriza por sus innovaciones y su ruptura —formal, en especial? ¿Son aptos estos creadores para trastornar el orden establecido? ¿Cómo se manifiesta el recorrido de estos poetas por el universo de las Letras chilenas actuales?

Me parecería arriesgado abordar el estudio indiferenciado de los poetas jóvenes emergentes y de los poetas jóvenes confirmados al proponer una definición de “poeta joven” demasiado amplia y de contornos borrosos, dado que implicaría un examen exhaustivo cuyos límites serían poco claros. ¿Qué permitiría distinguir a los emergentes de los confirmados? Los conceptos de emergencia y reconocimiento me llevarán a fijar un marco coherente sin dejar de subrayar también el carácter efímero de estos. Ambas nociones me guiarán y así definiré las características de las “generaciones” o promociones de poetas chilenos jóvenes de hoy. Como me lo señaló Jaime Pinos en una conversación electrónica, “todos los poetas chilenos somos jóvenes […]. Millán se quejaba de eso, en Chile se es poeta joven hasta los sesenta. Se quejaba de la poca recepción y el encierro en los tres o cuatro nombres de siempre” (20/06/2016). Cierta amplitud de edades, que correspondería al lapso que separa a dos generaciones, según las definiciones tradicionales de estas y en las cuales me detendré más adelante, podría adoptarse como postulado: me dejaría así cierto margen de maniobra y sería menos reductor que el criterio de la edad elegido por los organizadores de ciertos premios de poesía o por antólogos que excluyen, a veces arbitrariamente, a poetas.

Deseando ser riguroso y preciso, considero pertinente adentrarme en la poesía de autores jóvenes que hacen su aparición en el escenario literario chileno en el siglo XXI e interrogarme sobre la recepción y el reconocimiento de su producción lírica. Pierre Bourdieu menciona a “los escritores más ‘jóvenes’ estructuralmente (que pueden ser aproximadamente tan viejos biológicamente como los ‘antiguos’ a quienes pretenden superar), es decir los menos avanzados en su proceso de legitimización” (1991 24). ¿Cómo consiguen los poetas chilenos jóvenes de hoy afirmar su identidad y cómo se produce, en su caso, este “proceso de legitimización”? Para ofrecer elementos de respuesta, estudiaré la escritura de los poetas que comenzaron su producción en el siglo XXI, examinando el punto de partida de su producción, así como su evolución, las etapas de su reconocimiento y los apoyos de los que gozan. Uno de los criterios esenciales que consideraré, con el fin de analizar esta poesía, es el de una producción iniciada a partir del año 2000 —hablaré de “generación de 2000-2001” teniendo en cuenta el año del comienzo del milenio y del siglo—, examinando a los poetas nacidos bajo la dictadura y los que nacieron a partir de 1990, lo que me llevará a contemplar la diversidad de experiencias y de discursos líricos, marcados por contextos plurales en los cuales los autores empezaron a efectuar su trabajo poético.

También sería menester preguntarse si los poetas chilenos jóvenes están totalmente desligados de la poesía que les precedió y si hacen de la ruptura de modelos su caballo de batalla, tomando además en consideración lo señalado por João Cabral de Melo Neto: “Lo que el poeta joven busca en el poeta anterior es una definición o una lección de poesía. […] Lo que sucede es que no hay una definición general de la poesía válida para nuestra época que permita al joven autor crear una obra identificada con su tiempo. […] No existe una poesía, existen poesías” (2008 61-2).

Parecería pertinente entonces reflexionar sobre el vínculo que une a los poetas jóvenes con las generaciones que les precedieron: ¿reivindican estos una continuidad o abogan por una ruptura total con la poesía anterior? Definir los aspectos más representativos de los primeros textos producidos por las jóvenes generaciones de poetas, pero también entender mejor las filiaciones eventuales que existen entre los poetas chilenos jóvenes de hoy y sus predecesores, constituirá una de las reflexiones que se llevarán a cabo. Podré más fácilmente preguntarme si estos comparten posturas y prácticas escriturales con los poetas anteriores o si se desligan totalmente de ellos.

¿Por qué interesarse por una escritura a veces balbuceante de poetas jóvenes que tienen que demostrar su valía y se encuentran al comienzo de su carrera literaria? Tal interés se me impuso naturalmente y fue gracias a Raúl Zurita. En efecto, en el prólogo de su antología Cantares, se refiere en gran parte a los poetas chilenos jóvenes del siglo XXI. Este descubrimiento de nombres insospechados y desconocidos por mí hace algunos años se concretó a continuación por un encuentro directo con muchos de ellos, tales como Paula Ilabaca, Héctor Hernández Montecinos y Diego Ramírez, autores reconocidos y confirmados, que ya cuentan con un importante bagaje de publicaciones y recompensas, y cuya lectura me incitó no solo a considerar la definición de “poeta joven” sino también a proyectar un estudio profundizado sobre esta temática. En efecto, excepto la importante monografía Ciudad Quiltra. Poesía chilena (1973-2013) de Magda Sepúlveda(2013), algunas memorias universitarias como la de Felipe Ruiz (2008), o de Jorge Ponce Muñoz (2008), así como la tesis de doctorado de Martina Bortignon Margen, espejo: poesía chilena y marginalidad social (1983-2009) de 2016, uno se da cuenta de la escasa producción crítica relativa a las jóvenes promociones poéticas del siglo XXI en Chile. Frente a una carencia en cuanto a obras y artículos consagradas a esta cuestión, debida sin duda a la complejidad, así como a la difícil elaboración de los contornos y de los límites de la producción de estos autores jóvenes, decidí asumir el reto.

Algunos poetas jóvenes, en plena eclosión y a veces apenas salidos de la adolescencia, podrían pasar desapercibidos y parecernos secundarios. Sin embargo, deseo estudiar sus escrituras a menudo singulares e impregnadas de vitalidad y energía. He optado por una selección de poetas chilenos nacidos a finales de los años 1970, en los años 1980 y 1990, pero que empiezan su producción en el siglo XXI y cuyo nacimiento en dos períodos históricos distintos marca la mirada con la que perciben el mundo que los rodea. En resumen, me referiré a dos generaciones poéticas que tendrían como punto común el haber comenzado a producir y publicar en el siglo XXI.

Así, a partir del corpus, estudiaré la emergencia y el reconocimiento del grupo de los “Novísimos”, cuyos representantes más significativos son Héctor Hernández Montecinos (1979), Paula Ilabaca Núñez (1979), Pablo Paredes (1982), Diego Ramírez Gajardo (1982), a los que se puede añadir a Gladys González Solís (1981) y a Felipe Ruiz (1979); hoy, siendo todavía jóvenes, poseen un recorrido y una experiencia literaria no desdeñable. Además de los “Novísimos”, otros poetas, cuya producción es simultánea a la de aquellos, debe tenerse en cuenta, por ejemplo, a Víctor Munita Fritis (1980), Enrique Winter (1982) o Jorge Cid (1986). Estos diferentes autores pertenecen entonces a una generación y/o promoción poética que anuncia a la siguiente: la de aquellos nacidos en los años 90, tales como Daniel Olcay Jeneral (1990), Maximiliano Andrade (1990), Alexander Correa (1991), Fernanda Martínez Varela (1991), Ronald Bahamondes (1992), Roberto Ibáñez Ricóuz (1993) o Cristofer Vargas Cayul (1993), presentes en la antología Halo. 19 poetas chilenos nacidos en los 90 de Héctor Hernández Montecinos (2014). A esta lista no exhaustiva se sumarán poetas no incluidos allí, como Gabriela Contreras (1983), Javier Ossandón (1990) o Alexis Baros López (1992) —quienes publican también en el mismo período que los de Halo—, con el fin de proponer un amplio abanico de discursos líricos que superen cualquier clasificación reductora. La primera generación o promoción poética abarcaría los años 2000-2013 —incluyendo así a poetas cuyas primeras producciones se hacen a lo largo de estos catorce años—, mientras que la segunda correspondería a los poetas de Halo, nacidos entre 1990 y 1996, así como a los poetas, en su gran mayoría, de los ‘90 y no incluidos en Halo. Esta generación se gestaría en 2014, año de publicación de la antología y fecha a partir de la cual producen esos autores.

¿Cómo se definen las generaciones o promociones poéticas de estas primeras décadas del siglo XXI y cómo calificar las subdivisiones en grupos de poetas pertenecientes a una misma promoción o generación poética? ¿Es determinante el cambio de siglo por lo que se refiere a la aparición de estas jóvenes generaciones de hoy? Como mi objetivo es definir los rasgos característicos de la escritura de los poetas chilenos jóvenes actuales, la aproximación sociohistórica a los conceptos de juventud y de generación que propondré vendrá acompañada, naturalmente, de la aproximación a las promociones literarias y poéticas. Sabemos que el modelo generacional utilizado por Ortega y Gasset fue adaptado por el crítico Cedomil Goić(1960), quien lo aplica al dominio literario. Soy consciente, no obstante, para retomar los términos de Michel Leymarie, de que uno se enfrenta a aveces a una “insuficiente distinción entre una generación familiar y una generación literaria” (2006 162). Intentaré, mediante un cruce de teorías, definir con precisión las características de las jóvenes promociones poéticas chilenas de hoy.

Para lograrlo, consultaré, además de los poemarios de estos autores jóvenes, las ya mencionadas antologías Cantares y Halo, así como antologías de poetas jóvenes externos a los “Novísimos” y ausentes de esta última. Desde luego, una antología puede tener sus límites pues sus opciones y selecciones pueden ser discutibles, pero, como escribe Emmanuel Fraisse, “la antología es la expresión de una conciencia crítica de la literatura, de una literatura, de un momento o de un movimiento literario” (1997 95), lo cual es aplicable a Halo y a la antología Cantares de Raúl Zurita que, en 2004, alaba con sinceridad la producción de los poetas “novísimos”, así como a los que pertenecen a la generación literaria-poética anterior, surgida en los ‘90 y cuya recepción queda sólidamente asentada en el siglo XXI. Ambas obras son, en efecto, instrumentos de “autoselección de una literatura” que preservan “lo que es digno de ser recordado”, si concordamos con las afirmaciones de Sabio Pinilla (2011 160). Veré también si estos poetas del siglo XXI instauran nuevos cánones.

Resulta difícil abarcar en un conjunto uniforme a la totalidad de los poetas jóvenes que están actualmente produciendo en Chile. Por lo demás, ¿cómo seleccionar a los poetas a quienes deseo incluir en este corpus y por qué descartar a otros? Con el fin de adoptar una coherencia global, he decidido considerar los siguientes criterios que podrán tenerse todos en cuenta o solo en parte para cada poeta concernido: a) participación en talleres de creación literaria, b) organización de talleres de escritura poética, c) pertenencia a colectivos de poesía, d) presencia en antologías, e) obtención de premios de poesía, f) reconocimiento de parte de poetas de renombre, g) primeras publicaciones en el siglo XXI.

Puede que en este trabajo falten escritores de provincia, así como poetas que no formen parte de colectivos, autores que no adhirieron a los grupos dominantes o publicitados y otros más difíciles de rastrear, pero me parece que la selección permite, al menos, dar muestra de cierto rigor metodológico y de una diversidad de voces representativas.

Con el fin de analizar la emergencia y el reconocimiento de los poetas chilenos jóvenes del siglo XXI, a lo largo de esta reflexión me preguntaré en qué medida su escritura, pese a una gran diversidad, posee puntos comunes, pero, igualmente, cómo se caracteriza por su singularidad; también desearía comprobar si se tienden puentes entre las dos generaciones o promociones poéticas de estos primeros años del siglo XXI en Chile y si se podría hablar de nuevas prácticas escriturales a su propósito.

Cabe reflexionar, a este respecto, sobre el concepto de lirismo cuyas definiciones son plurales y que, tradicionalmente, se vinculan con la expresión de los sentimientos de una voz en primera persona. Para Ludmila Charles-Wurtz, “tradicionalmente definido como el lugar de la expresión del Yo, el lirismo es más bien un modo de experimentación de éste: es un lugar de palabra donde el sujeto se esfuerza por decir ‘Yo’ y toma conciencia, en el mismo momento en que lo articula, de que este ‘yo’ es una forma vacía, una persona gramatical que se escapa tan pronto como se le quiere atribuir una individualidad” (1998 38). Pero para Jean-Michel Maulpoix, el término es más complejo y supera la simple expresión de una individualidad y de una emoción: “el lirismo no es reducible a esta idea simplista de un flujo verbal poco o mal controlado, ni tampoco a una efusión de sentimientos cualquiera. Por vinculado que esté con la vida interior de un ‘sujeto’ y con sus afecciones, no se le puede reducir a la ‘dicción de una emoción’. No se le podría caricaturizar sin daño” (2009 9).

Maulpoix también escribe que “el lirismo contemporáneo se muestra cojo, afectado por un fuerte coeficiente de duda y de incertidumbre” (91) y que “dice más bien una energía que actúa, una presión, un auge, un movimiento, un llamado” (2000 22). ¿Cómo se producen entonces estas dudas e incertidumbres, esta apertura del “yo” a una visión más colectiva, esta “experimentación” en la escritura de los poetas chilenos jóvenes de hoy que renuevan la definición tradicional del lirismo?

Deseoso de cruzar las aproximaciones teóricas y fuentes bibliográficas, a través de la consulta de antologías, monografías y artículos especializados, me esforzaré por definir quiénes son los poetas chilenos jóvenes emergentes y los poetas ya bien asentados. Este estudio, que deseo novedoso, intentará ofrecer, a través de un marco teórico sólido, nuevas perspectivas que permitan un acercamiento a la abundante creación de estos escritores. Mediante análisis textuales de una vasta paleta de autores, demostraré las especificidades de sus discursos líricos y el itinerario de numerosos poetas que pasaron del estatuto de principiantes al de poetas confirmados. Al fin y al cabo, el objetivo consistirá en brindar una visión la más clara posible de la riqueza creadora de estas escrituras polifacéticas. Eso me permitirá verificar si, como dijo Raúl Zurita al recibir el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, “los jóvenes y nuevos poetas chilenos […] están abriéndonos al mundo” y si “la poesía es posiblemente la voz más profunda del pueblo chileno” (2016 48).

PRIMERA PARTE

Una aproximación a las generaciones o promociones de poetas chilenos jóvenes del siglo XXI

Capítulo 1

Los poetas chilenos jóvenes del siglo XXI: ¿nuevas “generaciones”?

En las antologías de poesía chilena publicadas desde el siglo XIX, así como en algunas revistas consagradas a los poetas jóvenes de Chile, la selección de los autores se efectúa a menudo en función de la edad. Dedican una parte no desdeñable a las promociones jóvenes e incluyen a poetas que empiezan a escribir, publicar y darse a conocer cuando apenas salen de la adolescencia. Pero el estudio de los poetas chilenos jóvenes del siglo XXI adolece de una carencia doble: por un lado, la ausencia de definiciones teóricas claras que permitan evaluar la producción de estos autores y, por otro lado, la casi inexistencia de estudios críticos al respecto. Por supuesto, la emergencia reciente de estas “promociones poéticas” del siglo actual, entendidas como grupos de autores que surgieron en un período idéntico y que, a mi parecer, son dos, hasta el año 2020, puede explicar en parte esta situación. Me esforzaré por dar una definición del concepto de “generación” que resulte más precisa que la de “promoción” literaria, la cual es más borrosa y más difícilmente asible. Los matices existentes entre ambos términos no siempre se tienen en cuenta por los investigadores y críticos, y son a veces usados indistintamente (Lastra 1960). Para algunos investigadores, el vocablo “promoción” se emplea cuando un grupo de poetas tiene una duración inferior a la “generación”, tal como tradicionalmente la han definido los historiadores, filósofos, sociólogos. Así, Javier Campos (1985) emplea la palabra de “promoción” o “conjunto promocional” para designar a los poetas chilenos que escriben entre los años 1961-1973, o sea por un período de 12 años. Citemos igualmente a Andrés Morales quien dice: “Es increíble constatar que en mi país surgen promociones poéticas cada diez años. Casi es imposible hablar de generaciones pues desde los años sesenta hasta la actualidad, se han sucedido cientos de poetas agrupados más por décadas que por el antiguo concepto generacional” (2001 58). Por lo que atañe a este trabajo, emplearé ambos conceptos complementarios, a sabiendas de que el de “generación”, abordado bajo diversos ángulos (sociológico, histórico, filosófico, literario) podrá nutrir más profundamente esta reflexión y dista mucho de ser incongruente cuando se trata de analizar a los poetas chilenos jóvenes del siglo XXI. Se suele hablar, además, de “promociones generacionales”, término que agrupa los dos conceptos. Para evitar cualquier dispersión, privilegiaré los términos de promoción y generación.

En este primer capítulo, deseo, entonces, interrogarme sobre la tradición de poesía escrita por autores jóvenes y sobre la existencia de generaciones poéticas en el Chile de las dos primeras décadas del siglo XXI, así como sobre la pertinencia del concepto de juventud manejado en el marco del estudio de las nuevas promociones poéticas.

“Poetas jóvenes de Chile”: una breve historia del término

Existe en Chile una larga tradición de “poetas jóvenes”. ¿Cuándo surge esta denominación? Los historiadores de la literatura y críticos literarios chilenos dividen las promociones poéticas del país en diversos movimientos que incluyen, entre otros, a poetas jóvenes emergentes. Luis Muñoz González y Diego Oelker Link, en su Diccionario de movimientos y grupos literarios chilenos (1993), proponen un panorama de acuerdo con las grandes corrientes de la literatura del país (“El movimiento Literario de 1842”, “El Realismo en Chile”, “El Modernismo en Chile”, etc.), entre las cuales sobresale el género poético. La presencia de creadores jóvenes dentro de estos movimientos está a veces claramente señalada, aunque en otras ocasiones solo una consulta minuciosa del lector permite distinguirla. Existen opiniones contrastadas en cuanto a la existencia de una rica poesía en el Chile del siglo XIX, como indica Maximino Fernández Fraile: la antología de José Domingo Cortés, Poetas Chilenos (1864) o Adolfo Valderrama en 1866 en su Bosquejo Histórico de la Poesía Chilena ensalzan las cualidades de la poesía chilena de la época, mientras que, en el siglo XX, otros especialistas, a través de una mirada retrospectiva, se muestran más bien negativos con respecto a la poesía del siglo XIX; Eliodoro Astorquiza, en su artículo “¿Ha habido poetas en Chile?”, afirma que “En suma, no hubo poetas antes del 91”, mientras que Alone confiesa: “Se escribían muchos versos […] pero no había poetas” (Fernández 230). Tales afirmaciones parecen aberrantes dada la existencia de movimientos y promociones importantes a los cuales pertenecieron poetas jóvenes.

En 1848, Joaquín Blest Gana escribe: “Si nuestros jóvenes poetas ambicionan ocupar un puesto distinguido en la historia de la literatura, si quieren legar su nombre al no parcial aprecio de las edades venideras, deben dedicar su talento a la interesante pintura de las variadas e importantes escenas de la Historia de Chile” (1848 62). Para Blest Gana, la poesía joven debe cantar la grandeza de la Historia chilena y su vocación es la de ser bastante mimética con respecto al contexto en el cual está producida, según la concepción que tiene el intelectual y político chileno. Algunos años antes, Andrés Bello afirmaba en su “Discurso inaugural de la Universidad de Chile (1843)”:

La universidad, alentando a nuestros jóvenes poetas, les dirá tal vez: “Si queréis que vuestro nombre no quede encarcelado entre la cordillera de los Andes y la mar del Sur, recinto demasiado estrecho para las aspiraciones generosas del talento; si queréis que os lea la posteridad, haced buenos estudios, principiando por el de la lengua nativa. Haced más; tratad asuntos dignos de vuestra patria y de la posteridad. Dejad los tonos muelles de la lira de Anacreonte y de Safo: la poesía del siglo XIX tiene una misión más alta. Que los grandes intereses de la humanidad os inspiren. Palpite en vuestras obras el sentimiento moral […]” (2008 27).

Según Bello, el canto de amor a la patria y el perfecto manejo del idioma permitirían a los creadores pasar a la posteridad. La poesía, en particular la de los autores jóvenes, asociada a una riqueza expresiva y un profundo trabajo formal, contribuye pues, a su manera, a establecer las bases de la nueva República recién creada en ese entonces tras tres siglos de dominación colonial española.

Algunas antologías esenciales de poetas chilenos jóvenes

Sin mostrarme exhaustivo, elegí algunas antologías que ilustran la pluralidad de concepciones en torno a lo que es un poeta joven. Tomemos el ejemplo iluminador de las primeras antologías publicadas en Chile en las cuales figuran “poetas jóvenes”. En Poetas Chilenos. Coleccionados (publicada en 1864), el antologador, José Domingo Cortés, escribe que “comienza a alborear en Chile el magnífico sol de una literatura que tendrá por base esta encumbrada i brillante poesía, que hoi alienta la democracia i que mañana coronará sin duda el arte” (VIII). Así, alaba a una poesía nacional, capaz de contribuir a la consolidación de la joven República chilena, y se refiere a una poesía nueva encarnada por autores que tienen, como media, 30 a 35 años —rodeados por su decana, Mercedes Marín del Solar, quien en 1864 tenía 60 años. Algunos decenios más tarde, en Poetas chilenos (1902), el antologador y poeta Pedro Antonio González selecciona a cinco autores que tienen entre 25 y 39 años. Si el término de “poeta joven” o “poeta emergente” no aparece como tal, la presencia de autores jóvenes parece bastarse a sí misma. En 1917, Armando Donoso publica su Pequeña Antología de Poetas Chilenos Contemporáneos; que incluye la sección “Otros poetas jóvenes”, pero tres de ellos tienen entre 43 y 54 años. En una versión ampliada de la misma obra (1924) aparece sin embargo el joven Pablo Neruda, que entonces tenía 20 años. El criterio de la edad no parece entonces predominar en este caso preciso, sino que son más bien los nuevos aportes a la poesía chilena representados los que se ven realzados.

¿Qué factores facilitaron la aparición de promociones poéticas jóvenes en el escenario chileno del siglo XIX? Juan Poblete, aunque centre su monografía en el caso de la novela da, pese a todo, pistas interesantes que permiten comprender el desarrollo de la producción de obras literarias, de la circulación de estas y de su lectura a finales de siglo en los centros urbanos. Alude en efecto a “la experiencia de lo nacional que la literatura […], su producción, circulación y consumo, hacen posible en el Chile de la segunda mitad del siglo XIX. Esta experiencia y este proceso se manifiestan […] como partes de una moderada revolución lectora que se desarrolló a la sazón en los centros urbanos del país, en general, y, en particular, en Santiago y Valparaíso” (2003 11). No obstante, también explica que “La poesía […] requería de una preparación especial que la ponía fuera del alcance de muchos de esos mismos ciudadanos” y, cita a Alberto Blest Gana: “En tanto que género más conciso y supeditado a reglas retóricas más complejas, no se facilitaría el acceso del gran público a la lectura de poesía y, por consiguiente, de la poesía de las promociones jóvenes” (41).

Algunos años más tarde, en 1935, Eduardo Anguita y Volodia Teitelboim publican la Antología de poesía chilena nueva (reeditada el 2001). En el Prefacio, los autores explican que “El reducido número de antologados es producto de nuestra común estrictez para estimar los valores de una poesía verídicamente ‘nueva’, y resultado también de una posición arbitraria y francamente de combate” (2001 32). Efectivamente, diez fueron los antologados y, en la fecha de publicación, el mayor tenía 42 años y el menor 19. Según Teitelboim, los jóvenes poetas de generaciones sucesivas consideran esta obra como un modelo de ruptura, “Han transcurrido 66 años desde su publicación. Fue una sorpresa descubrir que en cada nueva generación literaria hay muchachos que la retoman en sus manos y la enarbolan a modo de bandera. ¿Cómo explicarlo? Tal vez porque hacen suya su proclama rupturista, porque quieren también cambiar la poesía y algunos hasta pretenden transformar el mundo” (14).

Mas incluyente que la anterior es la antología Exposición de la poesía chilena. Desde sus orígenes hasta 1941 de Carlos Poblete (1941). Según su autor, la obra quiere dar una visión integral de la lírica nacional e incluye una sección de jóvenes poetas donde figuran poetas como Juan Negro (1906) o Luis Oyarzún (1920), escalonándose la amplitud de edades de 21 a 35 años. Poblete subraya la importancia numérica de estas promociones jóvenes y las elecciones efectuadas en la antología, que permiten brindar una visión rica y precisa de la creación poética de la época y que abarca a poetas confirmados y a autores jóvenes promisorios.

Por lo que se refiere a la antología de Pablo de Rokha, Cuarenta y un Poeta Joven de Chile. 1910-1942 (1942), esta tiene como objetivo el de resaltar a “estos jóvenes tan jóvenes, de los cuales ya alguno o algunos, avanzan sobre la historia” (9). Por esta alabanza, el poeta y antólogo demuestra el itinerario efectuado por algunos de los autores seleccionados y el lugar que ocupan en la historia literaria chilena. Naín Nómez, en el texto liminar de la reedición de 2002, explica acerca de Pablo de Rokha que

no se puede negar su clarividencia estética y su capacidad de proyectarse en un futuro, donde las voces de los mandragoristas ya cercanos a los 30 años, convergían con las de otros poetas más jóvenes que iniciaban su camino con estilos y formas que iban de lo social a lo popular, transformando los antiguos vanguardismos en cruces sincréticos con la tradición española clásica, la poesía urbana y las nuevas dimensiones del ruralismo popular, todo ello tamizado por un surrealismo más apagado y mezclado que el de los años 30 (5).

Los poetas jóvenes de la antología se caracterizan entonces por sus audacias formales, la renovación estética emprendida, ya que los años 1940 representan un giro en la creación poética chilena. Así, entre otros poetas nacidos entre 1910 y 1924, Teófilo Cid (1914-1964), Braulio Arenas (1913-1988) y Enrique Gómez-Correa (1915-1995) ocupan un lugar relevante en esta obra. La práctica poética y los profundos cambios estéticos, defendidos y llevados a cabo por estos mandragoristas, que tenían respectivamente 28, 29 y 27 años, justifican plenamente su presencia en esta antología.

En los años 50, son publicadas dos antologías de “poesía nueva”. Primero, la Antología crítica de la nueva poesía chilena (1957) de Jorge Elliot donde, según Silva Castro, “se ofrecen bases para nuevas apreciaciones sobre el aporte de los poetas jóvenes al caudal de las letras nacionales” y cuya “presentación de autores comienza con Pedro Prado (nacido en 1886) y termina con Efraín Barquero (nacido en 1931), si bien se mencionan al paso algunos de fechas más recientes” (1969 40); luego, en 1953, Víctor Castro publica Poesía nueva de Chile, que agrupa a poetas nacidos entre 1900 y 1931. En ambos casos, aunque la edad no quede descartada de las consideraciones de los antologistas, es sobre todo la renovación creadora la que prima, permitiendo estas “nuevas apreciaciones” frente a discursos líricos inéditos.

Poetas jóvenes de la segunda mitad del siglo XX: de generación en generación

Desde la segunda mitad del siglo XX, encontramos generaciones de poetas jóvenes que renovaron la práctica escritural en su época. Son las llamadas “Generación de 1950” y “Generación de 1960” (o “Generación de 1972”). En la primera sobresalen varios nombres: Enrique Lihn, Jorge Teillier, Miguel Arteche, Efraín Barquero, Armando Uribe Arce, Alberto Rubio, David Rosenmann Taub y Sergio Hernández. En ella, como indican Eduardo Godoy y Haydée Ahumada para el caso de la narrativa, “Un grupo de jóvenes escritores remecieron la institución literaria, al definirse como una nueva generación y emplazar las prácticas impuestas por el criollismo” (2012 103). En cuanto a la otra generación, la del 60 o del 72, también, lógicamente, reúne a jóvenes creadores; como lo precisa Jaime Concha “sería posible fijar en 1965 el surgimiento de la nueva poesía chilena. Entre la revolución cubana, proa de esperanza en la historia latinoamericana, y la elección democrática del presidente Salvador Allende, inician su obra estos jóvenes poetas” (1988 75). Así, esta generación surge en un período de cambios políticos profundos en América latina; Waldo Rojas —quien pertenece a este grupo de autores— la califica de “generación compuesta en ese momento por una docena de jóvenes poetas” (1985 40) que son, según Andrés Morales —quien los sitúa dentro de la generación de 1972—, Óscar Hahn, Floridor Pérez, Jaime Quezada, Waldo Rojas, Gonzalo Millán, entre otros, a los cuales se puede añadir a Manuel Silva Acevedo o a Omar Lara (2012 s/p), de modo que serían en total unos 26 poetas nacidos entre 1937 y 1951, como lo vemos en el primer tomo de Antología de poesía chilena. La generación de los 60 o de la dolorosa diáspora (2012) de Teresa Calderón, Lila Calderón y Thomas Harris. María Inés Zaldívar recuerda que se trata de una poesía que se aleja de la concepción lírica de las grandes figuras (Mistral, Neruda), del registro conversacional (Parra) y social y que “el énfasis se marca más bien en la búsqueda de un cómo decir en poesía a través de la ampliación de la palabra hacia otros códigos estéticos como la visualidad y lo sonoro” (2007 111).

Se abren así nuevas perspectivas de producción lírica, rompiendo con los modelos anteriores, lo cual se intensificará con los nuevos poetas de los años 70. En 1972, Martín Micharvegas publica en Buenos Aires la antología Nueva poesía joven en Chile.En la “Nota práctica”, analiza la “nueva poesía”, la “poesía joven” y la “nueva poesía joven en Chile”. Los poetas incluidos nacieron prácticamente en la misma época con, a veces, trece años de diferencia (casi una generación en el sentido orteguiano del término), como lo descubrimos con Floridor Pérez y Raúl Zurita. Micharvegas escribe que “Para la consideración de poeta joven no se hizo demasiado hincapié en la edad del autor. Encuentros periódicos de poetas jóvenes son estimulados por las organizaciones universitarias de Chile” porque, según él, “Allí se pueden recoger las manifestaciones más dotadas, tanto en el plano del lenguaje como en el del contenido, que serían las que avalan a un hombre como un poeta joven inscripto dentro de un movimiento de poesía joven”. Continúa diciendo que “Sólo la intensidad, decisión, firmeza y esclarecimiento alrededor del fenómeno poético y de la amplia aventura humana que significa han sido los motores de este encuadre” (11)1. El juego verbal, la concisión y el trabajo lingüístico definen la poesía chilena de los años 70. Por su parte Jaime Quezada muestra, en el prefacio de otra antología, Poesía joven de Chile (1973), que estos poetas se nutren de los modelos para imponer mejor su voz propia, mezclando influencias e impronta personal: “Su gracia está en haber aprendido de uno y de otro hasta sacar su propia voz, su lenguaje personal, su vocación renovadora. Es el sello que le da novedad y prestigio a una poesía que se libera de influencias y de sombras, que dice lo que tiene que decir con personalidad definida” (7)2.

La dictadura de Pinochet va a significar, evidentemente, otros cambios determinantes en la constitución de grupos y en la escritura poética del país. Como lo señalan los autores de Antología de poesía chilena II. La generación NN o la voz de los 80 (2013): “el grupo de poemas que denominamos ‘Promoción del 80’ está constituido por aquellos poetas que comenzaron a escribir y publicar después del golpe de Estado de 1973” (Calderón 25), e incluye a casi dos generaciones dado que diecinueve años separan al más joven y a la decana de esta promoción, calificada a menudo de “Generación NN” dentro de la cual la disidencia (estética y política) y las nuevas experimentaciones formales juegan un rol relevante. Óscar Galindo destaca algunos de sus rasgos: “Se trata de un vanguardismo cuyas fuentes son más angloamericanas que francesas y que, por lo mismo, incorpora frecuentemente el uso del lenguaje conversacional, en su versión popular y barrial” (2009 79)3, y que, además, según Iván Carrasco, “reitera el gesto experimental, antitradicional, innovador, polémico, de la vanguardia” (1988 37). A eso se suma la diversidad de situaciones en que se encuentran los poetas de la época: poesía del exilio, poesía del interior (esta, en algunos casos, marcada por la experiencia del encarcelamiento como el de Raúl Zurita, Aristóteles España, Floridor Pérez).

Antes de abordar plenamente las generaciones que constituyen el eje central de este trabajo, cabe evocar, por último, las nuevas voces de los años 1980 y la emergencia de los “Náufragos” en los años 1990. De acuerdo con Manuel Osorio, para definir a los poetas jóvenes del período se deben tener en cuenta la edad y las carreras universitarias: “La edad promedio de estos narradores y poetas es de 30 años. Digno de mención resulta, por otra parte, el bagaje académico que casi todos ellos evidencian”. La importancia del contexto histórico es igualmente un factor relevante: “Es claro que texto y contexto son, pues, la plataforma convergente de cada proyecto creativo” (1985 7-8). A propósito de los poetas jóvenes que irrumpieron a finales de los ‘80 y comienzos de los ‘90, Julián Gutiérrez señala:

Entre las características generales que permiten identificar esta promoción, destaca su emergencia en una época de profunda crisis sociopolítica […]. Se trata de escritores que, tras haber llegado tarde a la épica utópica de los sesenta, tienen que asumir la experiencia de ser testigos de un periodo de devastación y tristeza, en un territorio cercado por una política que, en lo cultural, se orientó al exterminio de cualquier proyecto crítico. Una suerte de generación perdida que, según la crítica establecida, anuncia con rudeza una poesía posutópica definitiva, la conformación de una idea de cuerpo promocional más o menos específico al interior de la tradición poética chilena (2016 10).

Los poetas que pertenecen a esta promoción quedan profundamente marcados por la dictadura. Francisca Lange Valdés en su antología Diecinueve (Poetas chilenos de los noventa): “Tres circunstancias tienen en común la mayoría de los autores reunidos en este libro: ser chileno(a)s, haber vivido su infancia y parte de su adolescencia durante la dictadura militar y haber publicado su primer libro durante la década del noventa” (2006 11). Los autores allí reunidos nacieron entre 1967 y 1975, y publican sus primeros poemarios entre 1987 y 2000. Esta promoción, cuyos poetas son llamados comúnmente “Los náufragos”, como recuerda Javier Bello (2011 25), concede un lugar importante al trabajo lingüístico y se aleja de una escritura de las contingencias históricas. Por su parte, Magda Sepúlveda (2010) menciona “la poesía escrita por quienes comenzaron a publicar en los noventa”, citando a varios nombres (Javier Bello, Matías Ayala, Andrés Anwandter, Germán Carrasco, Verónica Jiménez, Jaime Huenún, Alejandro Zambra, Armando Roa, Alejandra del Río, Marcelo Novoa, Kurt Folch, Rafael Rubio, Antonia Torres4) y deplora que no hayan

sido inscritos o discutidos suficientemente por la crítica literaria nacional, a pesar de haber obtenido importantes galardones como el Premio Pablo Neruda, dado a un poeta menor de cuarenta años y que fue otorgado a Germán Carrasco el 2005, a Javier Bello el 2007 y a Rafael Rubio el 2008 […] Sin embargo, estos estímulos no han coincidido con el estudio crítico de sus poemarios (80).

En este panorama conviene recordar los esfuerzos realizados por la propia Magda Sepúlveda parar analizar y difundir la producción de estos poetas con su ensayo de 2013, o los de Paula Miranda con la organización del evento “Chile mira a sus poetas” (2009), y la edición del libro homónimo (2011). También a los ya citados antólogos Francisco Véjar y Francisca Lange Valdés,sin olvidar Cantares de Raúl Zurita, siendo esta un excelente puente entre la generación del ‘90 y los poetas que irrumpen a comienzos de siglo.

A partir de este breve recorrido, necesario para entender la emergencia de los poetas del siglo XXI, podré interesarme por la singularidad de las prácticas poéticas de estos, pero sin proceder a un estudio comparatista con las promociones que les precedieron porque esta tarea superaría con creces este proyecto.

¿“Generaciones” de poetas chilenos jóvenes del siglo XXI?

Como es imaginable, el estudio de la producción poética de los jóvenes de hoy es un trabajo complejo. No solo por la constante aparición de poemarios a veces de difícil acceso, sino que además por la ausencia casi total de estudios detallados sobre esta, lo cual impide el distanciamiento necesario para saber si los poetas forman parte de un grupo, una escuela, una “generación”. La fugacidad del concepto y la sustitución de una generación por otra —en el caso que nos interesa aquí, de una generación literaria-poética— constituyen otro escollo. Para Ortega y Gasset “toda generación tiene una dimensión en el tiempo histórico, es decir, en la melodía de las generaciones humanas” y dice “que tiene también una dimensión en el espacio. En cada fecha el círculo de convivencia humana es más o menos amplio” (1951 38). Me parecería interesante preguntarme en qué medida los poetas chilenos jóvenes de hoy se constituyen en generaciones poéticas, qué “dimensión histórica” y qué “dimensión en el espacio” se deben considerar para analizarlos. ¿Están tan representados los poetas de la provincia como los de la capital? ¿Corresponderían los comienzos del siglo XXI a la “dimensión del tiempo histórico” mencionada por Ortega y Gasset, período que sería el punto de partida de una generación poética, o bien otros elementos inherentes al “tiempo histórico” se deberían considerar? Además, cierta flexibilidad es necesaria cuando se trata de clasificar en generaciones históricas y promociones literarias a los poetas jóvenes. En efecto, si uno se fija en las promociones poéticas chilenas jóvenes de estos inicios del siglo XXI, entiende que los poetas Pablo Paredes y Diego Ramírez (nacidos en 1982) no pertenecen a la misma generación histórica que Héctor Hernández Montecinos y Paula Ilabaca (nacidos en 1979), aunque los cuatro son miembros de los “Novísimos”, pero sí se integrarían a una misma promoción poética.