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Project: miles de millones de proyectos deambulando entre el tiempo y el espacio. Siendo siempre más importante la cosa que está detrás del lente, se desvela así la historia de un simple y espléndido humano, ansioso, como todos, de sentido. Con una virtud que a veces parece un defecto: la soledad; con una fortaleza y un carácter acérrimo que nos arrastra en un vaivén de emociones adversas que malgastan y enseñan, que avivan tanto una esperanza en un mundo tan lógico que hace que sea mejor aceptar una locura antes que tener que disparar: al menos eso pensaba Gregorio.
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Seitenzahl: 65
Veröffentlichungsjahr: 2023
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Lucas González
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación:María V. García López
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 978-84-1181-773-8
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1
Hay dos universos en mi percepción. Uno es aquel al cual podría llamar «tangible», el de la vida que conocemos mayormente, el del cuerpo, las casas, las plantas, las amistades, los llantos, etc., y otro... Uno más... no sé, cuando menos incierto, confuso y brumoso.
Este desorden mental, o lo que sea que esto fuere, hace que las cosas que percibo parezcan en realidad representar otras cosas, cosas distintas, de otra naturaleza, pero no parecidas o combinables, sino cosas absolutamente diferentes, por ejemplo, si de escribir se trata, resuenan en mi interior incoherencias como las que describiré a continuación:
«Un deseo, el deseo de que esas casillas vacías se llenen poco a poco empujándome hacia la verdad, me sumieran y me sumergiesen en la verdad. Y las esferas, esas esferas que me hablan, me gritan, me susurran, que vienen y se van ignorando mi voluntad y mi clamor interno por hacer que alguna vez llegasen a ser una única esfera, perfecta».
Otro ejemplo, la absurda sensación que me produce el pararme frente a una partitura que leo por primera vez:
«Y ese juego, siempre ese juego, ese al cual por vanidad o ingenuidad no he logrado aún abandonar y no encuentro escapatoria posible. Y la escalera, la escalera que ya no está tan lejos, es que ya casi puedo palparla, se tensan mis músculos como si mis piernas estuviesen ahora mismo escalando sus peldaños».
Hay, sin embargo, representaciones lingüísticas que, siendo igual de incoherentes, no encuentran acción concreta en el mundo en que vivimos, por ejemplo:
«Y el sendero, aquel sendero que me llevase al recuerdo veraz de “lo sucedido”, acaso la gran salida a este sueño infinito. Y siempre aún aquella necesidad, la necesidad punzante de recordar; o acaso, tan solo, de invocar a la verdad».
Se parecen un poco a los sueños, algo inconsciente, borroso, lúgubre e intranscriptible.
Y luego, el sueño mayor, ese en donde ya no puedo distinguir parámetro alguno, uno en donde todos esos pequeños sueños y enrevesadas sensaciones se entremezclan y terminan por manifestarse en una suerte de existencia atemporal, infinita y a la vez instantánea. La claridad se vuelve ahora hipotética; y lo incipiente, engañoso, supuesto e ilusorio.
Antes de entrar por primera vez en este gran sueño que voy a contarles, debo aclarar que he sido, según afirman algunos críticos, un gran violinista, «virtuoso», «sublime», «elegante»; esos y muchos otros calificativos tan gloriosos y, a la vez, potencialmente muy perjudiciales; tan maravillosos cuando no descabellados o embarazosos (como aquella rimbombante y ridícula tapa de la revista Classy, en donde se me dedicara el insólito título de «em-Bach-ador»).
Siempre he pensado que el reconocimiento y la gloria no son más que simples afectaciones de una supuesta racionalidad mundana, una racionalidad vanidosa e innecesaria, la racionalidad de los vivos, la que procura incorporar talantes humanizados, individualistas y egocentristas al perfecto orden supremo, tan irreales y tan improcedentes como la inminente fatalidad. Y ante eso, me debo en vida, carne y hueso a un desafío inconmensurable: resolver la incógnita que ha asediado a tres generaciones de una misma descendencia (de momento son ya tres, siendo yo partícipe y protagonista de la tercera), que ha tenido lugar en el mundo de los vivos. Encontrar una verdad, y digo «verdad», en tanto y en cuanto esta es la probable salida a un dictamen ilegible:
«El juego terco de lo plausible y la escapatoria a semejante aberración del hombre en vida. Y un anhelo absoluto y obligatorio; transitar libre por el gran sendero de la verdad».
2
Estoy en una caverna o sótano de luz tenue donde respirar con fluidez es desagradablemente dificultoso. En este lugar brutal e incomprensible nos rodean charcos de agua maloliente de manera incómoda. Hay plantas desagradables que despiden un olor nauseabundo. Me siento un poco ebrio. No hay alusiones que me indiquen dónde nos encontramos, pero recurrentemente se menciona la fatalidad que implicaría acercarnos a una escalera que desde allí apenas alcanzo a ver, no con mucha claridad. Y un juego extraño... Se trata de algo así como ir dando forma visible a las palabras y a los pensamientos, ajustándolos, puliéndolos, afilándolos mediante la inscripción de los mismos en... ¿coordenadas geométricas?, y aparecen premisas, premisas que se van acumulando y que hacen que la construcción de aquellos pensamientos en forma de palabras estampadas vayan modificándose en su presentación o exposición, complejizando la apariencia de los.... objetos que las contengan, ¿para qué?, para no ser nunca olvidadas..., dicen.
Aquí, una serie de sucesos que derivan siempre en la sensación de que no comprendo nada o, peor aún, que lo he olvidado todo.
Divje 1 dice que en esa escalera es inminente la muerte súbita, tantas veces como uno intente escalarla.
Divje 2 dice haber descubierto que «el consenso» nos aleja de la escalera.
Divje 3 expone entonces la necesidad de consensuar todas y cada una de las reglas por venir de ahora en más, todas, de la naturaleza que fueren, y yo no comprendo de qué reglas habla ni para qué deberíamos someternos a ellas; tampoco comprendo la idea de «de ahora en más».
Divje 1 ha dicho que el consenso debe pagarse con una moneda de cobre: de ese modo, las acciones propuestas no serán infundadas y estériles; y que el pago corre por cuenta del creador de la regla o quién haya hecho la propuesta de acción. Primero las monedas, luego la regla, finalmente el consenso.
Comienzan entonces a jugar con una especie de barro escurridizo, baboso y maloliente: con él hacen unos discos que inmediatamente se transforman en monedas de cobre.
Divje 4 propone que las reglas y los consensos sean escritos en papeles para no ser nunca olvidados.
Divje 2 sugiere que los papeles deberían ser de colores: de ese modo, dice, se lograría resaltar el contenido de lo escrito favoreciendo el proceso por el cual puede establecerse una asociación o un vínculo entre la regla y su significado. Una suerte de mnemotecnia.
Entonces pienso: estos seres llamados Divjes (como la flauta de Babe) están considerando una actividad que no parece pertenecer a este escenario, están intentando llevar a cabo la terrenal acción de escribir; una parte de mí presiente que aquí no hay lógica alguna, de repente me siento mareado, por un momento me ausento, luego retorno. Al abrir los ojos me doy cuenta de que he vomitado y veo a los Divjes reír de mí con total cinismo, y no entiendo por qué lo hacen.
Divje 2 expone la idea de la supremacía de lo tridimensional por sobre lo bidimensional si de pensar se trata. Ha ideado un mapa sobre un tablero con casilleros rojos y medallones transparentes en donde la elaboración de pensamientos consensuados plasmados en figuras geométricas realizadas con papeles de colores danzarán dentro o fuera de los medallones que aparecen en los bordes de los casilleros.
De esta manera, se ha iniciado la realización del juego del pensamiento y las ideas a través de los consensos.
Aquí se produce una inflexión: los Divjes me invitan a participar del juego; intuyo que no sería posible escapar o resistirme a ello.
Al intentar mi primera esfera me distraigo, los Divjes ríen de mi borrachera y de mi imposibilidad de construir monedas de cobre. Luego olvido siempre lo que quiero escribir en aquella esfera y la aparto del tablero.
Divje 4 propone que los pensamientos no deben ser solo escritos en papeles de colores que moldean objetos tridimensionales, sino que estos deben realizar además algún tipo de movimiento continuo.
