Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
En las profundidades de Puerto Místico, Dante Hernández, de 16 años, desaparece durante una expedición a unas cuevas misteriosas. Tras reaparecer, luego de cinco días, algo cambia en él. Voces siniestras lo atormentan, instándolo a cometer asesinatos. Dante lucha en silencio mientras sus amigos desconocen el peligro creciente. Puerto Místico se convierte en el escenario de un thriller psicológico, donde la lucha interna de Dante desata una oscura amenaza sobre su pacífica comunidad.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 121
Veröffentlichungsjahr: 2024
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Darwin Carballo Velásquez
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de cubierta: Rubén García
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 978-84-1068-227-6
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».
Prólogo
Vivía entre las cuevas el mago de la oscuridad. Dentro de ellas, en el silencio y la soledad, encontraba tranquilidad y belleza. Todos en el poblado le conocían y temían, era conocido como Tiniebla. A pesar de que todos habían escuchado sobre él, con el tiempo, su existencia empezó a considerarse como un mito. Una leyenda sosa que cada vez se repetía menos.
Pero la verdad era que Tiniebla existía. Él no era un ser bueno, llevaba la mismísima muerte dentro de sí y, para su lamento, el mundo en que vivía se le hacía deleznable, corrupto y ruin. Es por ello que decidió mantenerse solo, oculto entre una red de cuevas lejos de todos.
Un día, uno no muy distinto de otros, una flauta comenzó a sonar en las afueras de la cueva en la que residía Tiniebla. La flauta tenía una melodía triste y tenebrosa. La música llamó la atención del solitario mago permitiendo que, curioso, se acercase a ver qué o quién producía el sonido.
Un joven de aspecto fútil y ojos blancos como la nieve, tocaba la flauta con gran destreza; la canción era escuchada por cuervos y serpientes propios de la cercanía de la cueva, seres tan solitarios y despreciables como el mismo mago.
El flautista terminó su canción y se inclinó en señal de agradecimiento para todo aquello que le había escuchado… Dio media vuelta y se alejó. Tiniebla lo vio marcharse y le gritó:
—¿Quién eres tú, triste músico? ¿Qué no sabes que estos son mis aposentos y que todo ser humano que aquí entra perece? ¡Lárgate! —reclamó en gesto bravío Tiniebla.
El músico tomó su dedo índice y lo puso en su boca exclamando: «Shhh…». Y empezó a tocar de nuevo su flauta con melodía burlesca, mientras caminaba en dirección a la cueva, hogar del mago. Tiniebla, al ver tanta osadía, decidió conjurar un oscuro hechizo que tenía la intención de que los cuervos de alrededor atacasen al flautista. Pero, para la sorpresa de Tiniebla, estos solo volaron rodeándole, otros descansaron en sus hombros, todos hipnotizados por la melodía de la flauta.
A Tiniebla lo invadía una enorme ira: ese músico se había burlado de él sin decir si quiera una palabra. Al entrar a la cueva, el músico se encontraba sentado en el suelo y, por vez primera, manifestó alguna palabra:
—Mi nombre es Ezzild… Tú has de ser Tiniebla, El maligno. He cantado historias sobre ti. No creí que fueses real. Vengo desde tierras muy lejanas siguiendo la poesía y las hermosas leyendas que se propagan por todos los reinos sobre este lugar de encanto. Hace ya cincuenta años desde que la oscuridad tomó estas praderas. Pero tú, Tiniebla, lograste detener el mal y salvar este lugar.
—Tú debes ser Ezzild, El músico de bestias. Yo también he escuchado de ti. Eres un pobre ciego que va cantando de reino en reino mendigando limosnas para vivir.
—No solo voy mendigando monedas, triste mago, yo busco los sentimientos que conviven con las personas para inspirarme y crear canción y así aliviar los dolores y animar la vida. Por eso te estaba buscando.
—No puedo brindarte nada, músico… Estoy totalmente vacío de cualquier sentimiento. Mejor vete.
No contento con esa respuesta, Ezzild empezó a cantar una canción de melodía suave y melancólica. Esta contaba la triste historia de la muerte de alguien especial y era cantada por los ancianos a los niños para anunciarles su pronta despedida. Se había hecho tradición cantarla cuando alguien moría. De inmediato, tal y sollozante melodía encaminó una lágrima por la mejilla de Tiniebla, quien había recordado a su abuelo que siempre se la cantó y de quien nunca pudo despedirse.
—Qué ser tan curioso eres, músico… Has logrado sacar una lágrima de este cuerpo tan seco.
—Es la magia de la música. Hasta un ser tan ruin como tú sucumbe a su tenor.
Tiniebla se sentó frente al fuego y frente a Ezzild y respondió:
—Desde hace rato no escucho esas voces que me atormentan día y noche. Puedo entender lo que has hecho. Tu música las ha alejado… Desde hace mucho tiempo no tenía esta paz.
—No siempre fuiste así, ¿cierto?
—No. Una vez fui como cualquier otro.
—¿Qué recuerdas de esa vida?
—A mi amiga Diana.
El mago, encantado de no escuchar las voces oscuras que vibraban como ecos en su cabeza, decidió, en un gesto espontaneo, sacar todos los recuerdos de su vida:
—Todo comenzó cuando era un niño. La reina, en ese entonces princesa, solía jugar conmigo todos los días en los prados de este lugar. Su belleza y pureza venían bien acompañados de su nobleza. Estaba destinada a amar y ser amada por todos. Esa época de mi niñez junto a ella fue la más feliz de mi vida. No fue hasta nuestra adolescencia donde mis sentimientos hacia ella cambiarían a un noble amor. Pero un ser tan patético como yo jamás lograría obtener el amor de una mujer como ella, tan dulce y feliz como ninguna otra. Mi amor por ella fue creciendo en lo silencioso de su mirada y de su temple tan bondadoso, siempre muy lejos de lo que yo podría ser. En silencio la amé.
»Un día llegó un joven que poseía un don que no podía pasar desapercibido. Su magia era de una belleza tan tangible como real… Nunca había visto tanta impresión en la mirada de la princesa. No pasó mucho tiempo para que, por medio de encantos y alegría, valiéndose de su don, obtuvo el amor de la princesa Diana. Él podía ofrecer lo que yo jamás podría, solo observé cómo era feliz sin mí. Pero yo no desistiría, la princesa era mi mejor amiga y mi más grande amor. Por ella abandoné todo y me fui del reino, todo para ya no ver su felicidad con aquel que se ganó el nombre de Mago de Luz. Me fui en busca de mi propia magia.
»La nigromancia me recibió y me brindó de su poder oscuro, a cambio se llenó de mi odio, desdichas y maldiciones. Tenía tanto rencor conmigo mismo que empecé a llorar y, de pronto, escuché voces. Los espíritus de la nigromancia me daban la bienvenida y me explicaban la belleza de lo oscuro, de lo roto, de lo pútrido… Estas voces realmente entendían mi dolor y me hacían compañía, condenándome a una demencia continua y a un dolor profundo.
»Al volver al reino años después, decidí buscarla, verla una vez más. La encontré ya hecha una mujer. Su belleza se había multiplicado por el infinito de las estrellas, y su sonrisa alegre seguía siendo tan tierna como la recordaba. Cuando me acerqué más y más, lo vi a él, me miraba fijamente… De pronto, la Guardia Real me rodeó y el mago explicó que mi aura era oscura y maligna, que era un nigromante. Ella me miró con tanto terror… Sencillamente no me reconocía y me terminé de quebrar. Escapé al ver lo que ocurría.
»Al escapar y dejarla a ella con él, lo comprendí. Era él quien se quedaría con mi joya, con mi tesoro, con el corazón de Diana que ahora latía al ritmo que él quisiese y lo seguiría adonde él fuese… Yo, en cambio, solo era una rata en este reino, condenado al exilio, condenado a alejarme para siempre de ella. Ya mi vida no tenía ningún sentido.
»¿Sabes algo, músico? Los seres de luz siempre han querido tomar a las estrellas que avivan la noche como propias, pues las admiran. Pero te diré algo, las estrellas no pertenecen a la luz. Las estrellas son existencias que pertenecen a la oscuridad y están destinadas a eso, a ser lejanas, a estar solas, a ser incomprendidas y ser solo eso.
Ezzild notaba la tristeza del pobre mago, y para él, era la tristeza más poética, sublime y llena de melodías que había sentido nunca. Ezzild tenía algo en su mochila que quería mostrarle a Tiniebla. Era el diario de la reina, un diario donde la reina solía escribir sobre su amigo Dante.
—Ahora puedo estar seguro de que tú sí eres Dante. Toma, debes leer esto —dijo Ezzild.
Del diario de la reina:
Es el primer día de primavera, escribo para dejar plasmado algo sobre esta fantástica fecha. Mi amigo Dante corta rosas y las trae para mí y solemos correr de un lado al otro. Él suele cansarse primero, pues no le agrada correr; pero, si yo empiezo a correr, siempre va tras de mí. Él a menudo se enoja conmigo, dice que debo empezar a comportarme como una princesa y que ya debería dejar de escaparme para ir a jugar con él. Es bastante quisquilloso, pero a mí me agrada salir y disfrutar de esta época del año. Además, me divierto mucho con su compañía. Desde ahora me hago una promesa a mí misma: escribiré en este diario cada primavera desde hoy.
Esta es la segunda primavera desde que empecé a escribir en mi diario, la alegría se desborda y el paisaje cambia como todos los años. La gente parece estar muy alegre, pero Dante está enfermo, creo que el polen lo ha puesto mal. Tenía pensado visitarle a su casa y llevarle algunas galletas que he hecho, pero me han montado una vigilancia muy seria para que no me escape, así que tendré que quedarme y solo le escribiré una carta para que se sienta un poco mejor. Le diré que me vea mañana donde siempre y que llevaré muchas galletas. Eso seguro lo motivará a salir.
De regreso a esta jaula llamada palacio, al final he podido escaparme sin que la Guardia Real se diera siquiera cuenta. He podido ver a Dante, le han encantado mis galletas. Me ha cantado una hermosa canción. Dijo que la luz de la luna lo había inspirado y que era inevitable cantar algo para mí hoy, que tenía que sacarse la canción del pecho… Él suele ser bastante espontaneo, es grato contar con un amigo así.
Esta es la tercera primavera. Me impresiona el que no haya dejado de escribir en este diario, o el que aún no lo haya perdido. Estas primaveras son distintas, pues ya tengo dieciséis años y mi padre me dejará salir, con su permiso, a lugares que él elija. Me ha dicho que hoy vendrá un joven mago al reino… Iré a ver cómo funciona eso de la magia.
El mago me ha dejado fascinada, ha creado rosas por doquier y me las ha obsequiado. Él tiene un brillo natural tan genuino… Me agradaría conocerle más. Mi padre me ha dicho que vendrá al palacio mañana. Su familia parece ser bastante importante.
He recibido una carta de Dante:
«Princesa, espero pronto verla. Sé cuánto le agradan las rosas, es por ello que hoy pasaré toda la noche buscando las rosas más hermosas del campo para usted y se las enviaré al palacio. Sé que debe estar con muchas responsabilidades, pero me gustaría citarla mañana en el mismo lugar de siempre para confesarle algo que ha ocurrido conmigo y que la involucra a usted».
Hoy el día ha comenzado bastante bien. Las rosas de Dante han llegado a mis manos a primera hora de la mañana, realmente se ve que tuvo que seleccionarlas cuidadosamente, pues son las más hermosas que he visto en ya bastante tiempo. Hoy el mago ha venido al palacio y mi padre me ha responsabilizado de su cuidado para que le muestre el reino. Es una persona muy callada, pero se ve que es de corazón noble. Debido a que está a mi cuidado, le llevé conmigo a ver a Dante.
A Dante parece que no le agradó la idea… No quiso decirme lo que dijo que me confesaría, solo estuvo por un corto tiempo y se marchó. Dante suele ser muy raro en ocasiones. El mago empezó a hacer su magia… De pronto hizo un arcoíris y luego hizo nacer un campo de rosas. Pasé todo el día con el mago.
Esta sería la octava primavera desde que empecé con este diario, eso si hubiera escrito sobre las demás primaveras. Así que esta primavera sería la cuarta sobre la que escribo. He decidido escribir otra vez en el diario, pues, al releerlo, pensé que estaba inconcluso. Estas serán las últimas líneas que escribiré sobre este papel. Estas no serán palabras alegres de una feliz primavera como lo he escrito anteriormente. Esta será una gris primavera. Desde hace cerca de cuatro años mi amigo Dante desapareció. Desde entonces, no puedo sonreír en ninguna primavera, y en todas ellas lo espero en el mismo lugar en que nos reuníamos desde niños.
Siento que Dante se había enamorado de mí, yo de cierta manera también sentía algo por él. Sentía una enorme admiración, me sentía protegida a su lado y también sentía mucho miedo de aceptar que sentía tantas cosas más por él. Desearía verlo, que regrese… Justo ahora siento ira y un gran vacío en mi vida. A pesar de que he encontrado el amor, me falta hablar con Dante… Deseo expresarle mi cariño y preguntarle tantas cosas.
Desde una primavera ya no tan feliz, doy por terminado este diario.
Firma: La princesa de las rosas.
Tiniebla, al terminar de leer el diario, se incó de rodillas y lloró profundamente como nunca lo había hecho jamás… Su mente se llenó de tantos recuerdos, no solo de las primaveras que la reina narraba en ese pequeño y corto diario, sino de muchas cosas más. El llanto era inevitable. Tiniebla nunca había sentido tanta fragilidad, y todo causado por aquel amor tan lejano. Es por ello que decidió confesar lo siguiente:
—He permanecido en este bosque, en este reino para protegerla, Ezzild. Ella nunca me ha pertenecido, pero yo la siento tan mía y, al caer en la realidad, me doy cuenta de mi desgracia. Así he vivido por tanto tiempo, joven músico. Este diario ha conseguido conectarme con aquel Dante que era, y te lo agradezco. Sabes, mi corazón ha estado latiendo y se mantiene vivo por este amor que siento por ella… Jamás la he dejado de amar —Tiniebla habló mientras tomaba caldos de sus pociones—. Quizá no pueda volver tan atrás como en ese diario, pero sí puedo parecerme a ese Dante de dieciséis años que está ahí descrito.
Los conjuros temporales de la nigromancia le devolvieron a Tiniebla una apariencia de juventud. Ezzild quedó realmente impresionado y preguntó:
—¿Irás a buscar a la reina y
