Purple paradox - F. D. Sola - E-Book

Purple paradox E-Book

F. D. Sola

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Beschreibung

Han pasado varios miles de años desde que la raza humana fue aniquilada casi al completo por los monstruos que continúan rondando el planeta, amenazando con terminar de extinguir a nuestra especie. Para asegurar nuestra supervivencia se crearon los Kojin Slayers, encargados de exterminarlos usando sus habilidades únicas. Ajeno y aislado en un bosque, un joven es obligado por sus padres a pelear a muerte con bestias hasta que un día su familia y hogar desaparecen sin dejar ningún rastro.

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Seitenzahl: 404

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Purple paradox: el ejército de restauración de la humanidad

F. D.Sola

ISBN: 978-84-10184-69-5

1ª edición, febrero de 2024.

Ilustradora: Lucia Quaresma

Conversión de formato de libro electrónico: Lucia Quaresma

Editorial Autografía

Calle de las Camèlies 109, 08024 Barcelona

www.autografia.es

Reservados todos los derechos.

Está prohibida la reproducción de este libro con fines comerciales sin el permiso de los autores y de la Editorial Autografía.

· 0 ·

Infancia

Tengo cinco años y estoy junto a mi familia, papá y mamá me observan impasibles mientras yo, temblando del miedo, tengo delante de mí un espinejo adulto de medio metro de alto a punto de atacarme. Me gruñe dando el aviso de que un movimiento en falso y se tirará furiosamente a por mí. No es la primera vez que paso por esto, mis padres casi a diario me obligan a enfrentarme con criaturas del bosque, me dicen que soy una vergüenza por ser tan débil y que si continúo siéndolo me abandonarán, así que combato contra esas bestias para que así Papá y Mamá digan algún día que están orgullosos. Por eso debo hacerme más fuerte.

Papá me empuja y el animal se lanza contra mí, yo sacudo el palo que llevo en la mano y golpeo su cabeza, haciendo que caiga al suelo. Éste rueda y se levanta de manera ágil, tirándose de nuevo directo a por mí. Es demasiado veloz, intento esquivarlo pero una de sus espinas me acaba haciendo un arañazo en el brazo y empiezo a sangrar.

El combate se alarga por unos minutos, yo apenas le he acertado un par de veces, sin embargo, mi cuerpo contiene varias heridas por culpa de las peligrosas púas. Me veo incapaz de ganar e intento huir corriendo, el espinejo me persigue y tras una corta carrera me alcanza, desgarrándome la espalda y haciendo que grite del dolor. Mis lágrimas bajan por mis mejillas. Me doy la vuelta y veo al espinejo con el tejido de mi ropa clavado en sus espinas, tapándole la cabeza y la visión por completo.

No me lo pienso y lo golpeo con el palo, sin parar, él ya ha dejado de moverse pero yo continúo, la tela comienza a teñirse de un color rojo oscuro y el cráneo, ya machacado, cruje con cada impacto. No me detengo hasta que el palo acaba cediendo, partiéndose y haciendo que caiga al suelo, llorando y sollozando sin control. Sé que esto no está bien y no entiendo por qué me obligan a hacerlo.

Mis padres me llevan a casa y me meten en el sótano como siempre ocurre después de las peleas diarias. Me quedo sin moverme durante a saber cuánto hasta que alguien abre la puerta, la luz me deslumbra y aparece Papá, que se queda un rato callado mirándome hasta que deja un bollo de pan en el suelo.

—Alégrate, hoy será el trozo entero.– Suelta antes de volver a subir las escaleras.

Se cierra la puerta haciendo que la oscuridad regrese. Dolorido, pongo la mente en blanco mientras mastico en silencio la comida del día.

[En el Imperio Yamato hay una antigua historia que todo el mundo ha escuchado cientos de veces: Miles de años atrás, la civilización humana vivía en un mundo mucho más avanzado al nuestro Estaba lleno de inventos y comodidades, y no tenían ninguna amenaza que les perturbara más que tontos conflictos entre ellos. Un día todo eso cambió, a un cometa que pasaba a varios millones de kilómetros de la Tierra se le desprendió un fragmento, y este, atraído por la gravedad terrestre se desvió apuntando directo hacia nuestro planeta. Los gobernantes de aquel mundo se aliaron e intentaron destruirlo con sus poderosas armas. Evitando así que el impacto fuera fatal, pero con ello, el meteoro acabó dividiéndose en varios trozos y repartiéndose por varios rincones del mundo.]

[Fueron siete grandes pedazos los que alcanzaron la superficie en diferentes lugares, dos acabaron en las estepas asiáticas, uno en la antigua Europa y el mayor de todos aterrizó en lo que solía ser una enorme selva en el Continente Muerto. Los demás cayeron en los océanos o están en paradero desconocido.]

[Los humanos celebraron su salvación sin reparar en la verdadera amenaza de ese evento. El mayor problema al que se debía enfrentar la humanidad se encontraba en aquellos fragmentos del meteorito, estos estaban compuestos de una sustancia que emitía gran radiación, la cual masacró o provocó cambios en todos los seres vivos del planeta. En apenas unos años, el ser humano ya no se encontraba en el peldaño más alto de la cadena alimenticia y en menos de una década la población humana se redujo de manera drástica pasando de sus ocho mil millones a apenas quinientos millones de personas, cifra que continuó disminuyendo aún más. La maleza se adentraba en las ciudades y las bestias que habitaban ahora el mundo hicieron que la ciencia y herramientas humanas se perdieran, haciendo retroceder al humano en algunos aspectos a una etapa casi primitiva.]

[Como el resto de seres vivos, el humano también presentó cambios, siendo distintos en cada individuo, estos aparecen tras los quince años de edad y tras varias generaciones la variedad de estas características aumentó y se acentuó. Las llamaron Kojin Sukiru (Habilidades Individuales) o Jinsus para abreviar.]

[Hoy en día la humanidad depende de estas habilidades para sobrevivir y defenderse de los monstruos que rondan el mundo, para acabar con esta amenaza se crearon los Kojin Slayers (Asesinos Individuales), con la misión de dar caza a las bestias, localizar los fragmentos del meteoro y eliminarlos. Decenas de miles mueren al año, pero los supervivientes se hacen más fuertes con cada combate del que logran salir con vida.]

[Cuando presentan un Jinsu, los jóvenes tienen permitido abandonar las aldeas y convertirse en Kojin Slayers si es lo que quieren. Hasta entonces están obligados a mantenerse dentro de sus poblados para evitar el peligro externo.]

· 1 ·

Encuentro

Me despierto y miro a mi alrededor, la luz entra por mi ventana y consigue calmarme. Estoy en mi habitación.

—(He vuelto a soñar con ellos, con mis padres.)– Pienso al igual que todas las mañanas en los últimos cinco años.

Me visto rápido y salgo cerrando la puerta, bajo las escaleras de la casa en la que me alojo y entro a la herrería. El viejo Tetsu se encuentra forjando una de sus herramientas.

—¡Niko, ya era hora no?

—…

—¡Veo que sigues igual de hablador que siempre, jajajaja!– Bromea con su usual buen humor mañanero. –Bueno, ponte manos a la obra que han venido unos cuantos Slayers esta mañana para hacer un pedido.

Como a diario, me coloco el pesado delantal de cuero, preparo mis instrumentos y me pongo a amartillar el hierro al rojo vivo sin descanso hasta que pasamos el mediodía.

—¡¿Hoy estás inspirado eh?! Tómate un descanso y ve a por el almuerzo.– Me indica quitándose el sudor de la frente con el brazo.

—Hm.– Respondo yo, afirmativo.

La Aldea Hikomi, dónde vivo, se encuentra junto al final de una raíz del Robur, un árbol gigante que supera los treinta mil metros de altura. Este titán vegetal contiene una sustancia que repele a la mayoría de las bestias, alejándolas así del pueblo. En él habitan unas seiscientas personas, entre ellas el viejo Tetsu y yo.

El restaurante al que me dirijo se llama la Taberna de la Savia, allí es donde todos los Slayers que pasan por el pueblo se reúnen para contar batallitas y fanfarronear mientras se emborrachan.

Entro directamente a la taberna.

—¡Nikoo, aaahhh!

“Pum”

La joven llega corriendo hacia mí y se cae contra el suelo.

—¿Te has roto algo?– Pregunto más por amabilidad que por interés.

—Tr-tranquilo, Niko. Estoy bien, ya sabes cómo soy jejeje.– Dice avergonzada y con la cara encendida mientras se sacude su falda larga y recoge su bandeja. –¿Vienes a por lo de siempre no?

Asiento vagamente.

—¡Te-te lo traigo volando!– Me asegura mientras se va corriendo.

Esa chica tan torpe se llama Ruri, tiene un pelo color avellana que contrasta a la perfección con sus ojos esmeralda, aunque no tanto con la cara rojiza con la que la suelo ver. Además, tiene la misma edad que yo, doce años, y trabaja de camarera en la taberna.

Al poco rato, Ruri llega con las raciones de comida para Tetsu y para mí. Le pago lo habitual y empiezo a andar en dirección a la salida.

—Niko...– Se me queda mirando dubitativa.

—…..– Callo esperando averiguar lo que quiere de mí.

—Q-que tengas un buen día.

—…– Me quedo observándola pensativo. –Igualmente.

Ya en casa de Tetsu, donde resido, la cual se encuentra justo encima de la herrería, pongo la mesa y le reclamo para almorzar. Mientras comemos el viejo me cuenta los encargos que ha estado haciendo en mi ausencia, algunos problemas que ha tenido con clientes y demás detalles.

Él es de baja estatura, con unas manos endurecidas por el trabajo y varias cicatrices que recorren sus brazos. Su piel está envejecida por sus setenta años de edad, aunque no lo aparenta por su musculatura recia y voluminosa. En su cabeza, lisa por su calvicie, se encuentra una larga barba pelirroja y canosa a partes iguales. Cuando este individuo no está trabajando se tira el noventa porciento del tiempo riendo y dando voces, y el restante se lo pasa comiendo o bebiendo.

Continúa durante un rato con su monólogo, hasta que me dirige una pregunta.

—¿Sabes qué día es mañana, chico?

—Martes.– Le respondo con simpleza.

—¡Jajajaja!– Golpea la mesa mientras le pega otro sorbo a la jarra con agua. –No me refiero a eso, mañana hará cinco años que trabajas en la herrería conmigo, así voy a dejar que tengas el día libre para hacer lo que quieras. Por cierto, ¿quieres algún regalo o algo así?

—No necesito nada, y no le encuentro el sentido a faltar mañana al trabajo.– Le rebato.

—Acepto que no quieras que te dé nada, pero ni se te ocurra pasarte mañana por la herrería. Además, hace mucho que no vas a ese lugar.– Torna su tono a uno más serio.

—Hmm.– Accedo.

—Pues no hay más que hablar, esta tarde toca sudar la gota gorda que todavía nos quedan todas las espadas por terminar.– Me da una palmada en la espada.

Pasamos el resto del día fundiendo, enfriando y afilando el encargo de armas hasta que terminamos el pedido tan cansados que no tenemos hambre y nos dormimos.

—Buenas noches, chico.– Me despide al ver que me dirijo a mi dormitorio.

Cierro la puerta y me desvisto para dormir.

A la mañana siguiente los párpados me pesan y me quedo durmiendo hasta el mediodía hasta que el hambre me hace salir, voy a la taberna para aplacar mi apetito. Se me hace raro no ver a la pesada camarera, de casualidad oigo mencionar al dueño que al parecer Ruri está enferma y se ha quedado en casa. Al terminar de comer me llevo un poco de agua para el camino y finalmente parto.

Llevo más de un año sin visitar aquel sitio, ese lugar que me produce unos sentimientos que desconozco y que pone en duda mi cordura. Salgo de la aldea sin ser visto y me adentro en el bosque. Puede haber bestias por aquí, por eso me he traído una daga que forjé hará un par de años en caso de que me encuentre alguna. El viaje se alarga durante más de una hora, en ese lapso de tiempo logro oír un par de aves agitar sus alas entre los árboles.

Al fin he llegado donde recuerdo que se encontraba mi hogar. Tengo recuerdos demasiado reales de que aquí estaba mi casa, mis padres, ese frío sótano... Todo eso no puede ser producto de mi imaginación. Se que existieron. Aunque los habitantes de Hikomi no me crean y me llamen loco, yo estoy seguro de que todas esas crueles peleas que me obligaban a librar eran reales. Tengo decenas de cicatrices que me lo demuestran.

Hoy hace cinco años desde que lo perdí todo, el día de mi octavo cumpleaños. Mis padres me dieron por primera vez un regalo y también tuve que afrontar mi primer combate sin su supervisión. Yo estaba emocionado porque para mí esos dos eventos significaban que al fin reconocían mis avances, o eso creía. Tras la caza, arrastré mi trofeo para demostrar mi victoria, pero allí ya no había nada, donde antes estaba mi casa, se extendía un campo con vegetación como arbustos y hiedras, no había ni un indicio de que allí hubiera estado ningún humano y menos aún una construcción. Me aseguré de no haberme equivocado de sitio, pero me conocía el bosque a la perfección, además, los árboles de alrededor seguían ahí, idénticos.

Estuve horas y horas dando vueltas por la zona esperando una explicación o que mágicamente apareciera tan fácil como había desaparecido. Lleno de frustración, me acurruqué en un rincón y pasé mi primera noche a la intemperie.

Comía carne cruda de lo que cazaba. No sabía encender un fuego, ni era capaz de distinguir qué frutos del bosque son comestibles. Sólo sabía matar y moverme por el bosque. Aparte de hablar un poco, eso era lo único que había aprendido de mis padres.

Los días se volvieron semanas y, desesperado, escapé del bosque. Tetsu, que volvía de la ciudad más cercana, me encontró por accidente, me llevó hasta su casa y me acogió bajo su techo.

Hoy, todavía no he resuelto este misterio, pero pienso hacerlo. Mi única meta es saber qué pasó con mis padres y averiguar quién soy. Tan solo tengo una pista: el regalo que me dieron y que aún conservo, una simple piedra negra.

Me tumbo en la hierba y me quedo allí con la mirada perdida en el vasto cielo, contemplando como las nubes han adoptado un tono anaranjado y avanzan en una carrera hacia el oeste.

Se está haciendo tarde, así que me levanto y comienzo la búsqueda de comida. Con los años he aprendido a caminar sin hacer ningún ruido además de poder identificar huellas y otras marcas que dejan las pequeñas bestias del bosque. No pasa mucho tiempo hasta que un rastro me lleva hasta una pareja de espinejos. Me acerco a ellos por la espalda, procurando escabullirme, pero uno de ellos logra detectar mi olor y tras sobresaltarse se lanza a la ofensiva.

Los espinejos ya no representan ninguna amenza para mí, conozco sus habilidades y formas de defenderse, no me hace falta hacer uso de la afilada daga en mi cintura.

Esquivo con gran agilidad la embestida del primero y contraataco con una patada que le acierta, haciendo que impacte contra un árbol. El segundo da un brinco tratando de clavar en mi cuello sus espinas. Evito el ataque dando un salto hacia atrás pero el espinejo no se da por vencido y continúa con su ofensiva. Sigo evadiendo hasta que preveo la trayectoria de una de sus arremetidas, espero al momento exacto y le golpeo en el cuello con un único puñetazo que lo incapacita.

Un par de horas más tarde estoy asando el mismo espinejo. Al primero al que me enfrenté lo dejé libre ya que con uno tengo suficiente. No he tardado mucho en preparar una pequeña fogata, lo que sin duda es más laborioso es quitar la piel del espinejo, la cual es muy dura y además está repleta de las afiladas espinas.

Al terminar, apago la hoguera y me marcho. Está anocheciendo así que debo darme prisa, las criaturas más peligrosas del bosque salen por la noche.

Aligero la marcha, no me gustaría toparme con algún lobo negro, carnívoros que pueden llegar a los dos metros de altura apoyados en sus cuatro patas, y que cuentan además con una habilidad que les permite lanzar ondas sónicas a través de sus potentes aullidos, que debilitan y aturden a sus presas dejándolas indefensas e incapaces de huir.

También en los últimos meses han aparecido unas aves llamadas secuestradores nocturnos, su apariencia es desconocida en su totalidad y son conocidos por atacar a sus víctimas por la noche, llevándoselas en el silencio de la noche a sus nidos. Estas dos razas son los únicos grandes depredadores que habitan las cercanías de la raíz del Robur.

Consigo salir del bosque y me acerco a la muralla que rodea la aldea.

Debo entrar en el pueblo sin que los guardias se enteren, todavía no tengo quince años por lo que está prohibido que salga de éste sin un adulto. Para que no me pillen he creado un pasadizo por el que salgo y entro sin ningún problema cuando hay algún guardia vigilando la puerta de la muralla, un agujero oculto que abro y cierro. Lo creé aprovechando que unos arbustos tapan esa parte del muro por ambos lados por lo que no podrán encontrarlo en mucho tiempo.

Al abandonar los matorrales de mi entrada secreta me sorprende encontrarme al encargado de la defensa de Hikomi: Yoshio, el Slayer más fuerte de la zona.

—Bueno... Parece que he encontrado al creador de esa entrada, la vi por casualidad hace unas semanas, de vez en cuando vigilo por si encuentro al responsable, y resulta que eras tú.– Me narra orgulloso.

—…

Busco alguna oportunidad para huir, pero aunque Yoshio parezca relajado sé que no me deja ninguna vía de escape.

—Tranquilo, la verdad es que he estado buscándote esta mañana, pero Tetsu me había dicho que estabas enfermo y no habías salido hoy. Da la casualidad de que uno de mis soldados te ha visto mientras comía hoy en la posada y me ha dicho que no tenías ninguna pinta de enfermo. Así que he atado unos cuantos cabos y he llegado a la conclusión de que si esperaba aquí te encontraría.

Yoshio no es solo un tipo de dos metros con músculos como rocas, sino que también presenta una gran inteligencia y astucia.

—¿Por qué me has estado buscando?– Le pregunto.

—Tetsu me ha hablado varias veces sobre ti, dice que presentas un gran potencial y que tu estado físico es admirable para alguien de tu edad. Eres rápido, tienes buenos reflejos y tu fuerza y habilidad en combate son comparables a los de un adulto.

—¿Y?– Sigo sin saber lo que pretende.

—Niko, ¿tienes algún plan para el futuro?

—Estoy buscando a alguien.– Resumo sin querer entrar en detalles.

—Así que quieres viajar para encontrar a alguien. ¿Y has pensado alguna vez en convertirte en Slayer?

—No.– Respondo cortante y con ánimo de marcharme.

—Creo que con tu meta te puede ser muy útil trabajar como Slayer. Cumplir misiones puede ser pan comido para ti y además puedes obtener información que te puede ayudar con tu búsqueda.– Intenta tentarme.

—Entiendo.– Logra llamar mi atención.

—Pues mi propuesta es que me dejes entrenarte los próximos dos años antes de que cumplas los quince años.– Me revela al fin sus intenciones con una expresión sincera que alivia la tensión del momento.

Paso unos segundos evaluando su propuesta.

—¿Y qué ganarías tú con eso?– Le interrogo sin entender el origen de su decisión

—Simplemente tengo la intuición de que serás un gran Slayer, eso es todo. ¿Qué me dices, aceptas?– Me plantea con la mayor naturalidad del mundo.

—Tendría que hablarlo con el viejo.– Me excuso intentando escabullirme.

—No te molestes, ya está todo hablado, por las mañanas entrenarás conmigo y por la tarde trabajarás en la herrería.

Me quedo callado y pensativo mirando a Yoshio, el cual tiene una sonrisa de lado a lado y asiento sin estar muy convencido.

—Bien, mañana a las seis de la mañana en la plaza central.– Me impone.

—¿Seis?

—Acostúmbrate a madrugar porque no vamos a saltarnos ni un día, tengo dos años para volverte el mejor Slayer del examen. Y por cierto, no vuelvas a salir del pueblo sin un adulto o tendré que castigarte.– Me advierte mientras su cara se ensombrece y se cruje los nudillos.

Llego a casa y le cuento mi extraña experiencia a Tetsu.

—Ese joven es muy cabezota, aunque te hubieras negado te habría obligado a entrenar.– Se burla, quitándole importancia.

—Eso no me ayuda…– Me quejo, sin obtener resultado.

—¡Jajaja! Chico, tú a dormir la mona que mañana madrugas.– Me dice, dándome un empujón hacia mi dormitorio.

· 2 ·

Entrenamiento

Me despierto y llego a la hora ajustada, allí me encuentro Yoshio esperando.

—¿Lo ves?– Indica señalando una montaña cercana a la raíz del Robur. –Vamos allí.

Corremos hasta llegar al monte, tardando una hora y media en alcanzarlo ya que hemos tenido que parar un par de veces para que yo tomara el aliento. Llegamos al final de un barranco, y paramos cuando tenemos delante una subida casi de noventa grados.

—Niko, ten cuidado no vayas a responder mal a esta pregunta. ¿Qué es lo más importante para un Slayer?

—Ser dueño de un Jinsu fuerte.

—Mal.

Rápido, un puño casi del tamaño de mi cabeza golpea mi pecho, apenas he conseguido verlo por lo que no puedo evitarlo o bloquearlo. Salgo despedido por unos metros, en cuanto llego al suelo comienzo a rodar sin control hasta que consigo frenarme.

—Te dije que tuvieras cuidado con responder erróneamente.

—(¿De qué va este viejo?)– Me pregunto furioso.

Ahí me empiezo a hacer una idea de la intensidad del entrenamiento. No sé a dónde he sido arrastrado.

—Tienes el resto de la semana para pensar en la respuesta. Hasta entonces quiero que subas hasta la cima de este barranco.

Miro hacia arriba, se encuentra a veinte metros por encima de mí, y para llegar allí debo escalar una pared de roca vertical. No sé ni siquiera si es posible hacerlo pero no pienso echarme atrás ahora. No quiero recibir otro puñetazo, aunque a decir verdad el impacto no me ha dolido mucho, aunque hubiese llevado mucha fuerza.

—Antes de eso, Niko, ¿tú sabes cuál es mi Jinsu?

—No.

—Mi Jinsu no es uno de los más fuertes en combate, ni mucho menos. Básicamente tiene dos funciones, la primera hace que mis huesos tengan una composición que le otorga una dureza fuera de lo común y la segunda hace que cuando mis nudillos tocan una estructura rocosa pueda controlar su superficie a placer, con unos límites, por supuesto.

Se acerca a la pared rocosa del acantilado y la golpea con su puño, de repente, unos escalones comienzan a salir de la roca. Él sube por ellos hasta llegar a la cima, ahí se agacha para tocar el suelo y los peldaños se vuelven a introducir dentro de la montaña.

—Cada Jinsu tiene sus ventajas y desventajas, hay momentos en los que son útiles y otros en los que no sirven para nada. A cada usuario le corresponde la tarea de encontrarle sus utilidades y llevarlos a sus límites. Pero el Jinsu no hace al Slayer, hay algo mucho más importante. Ahora sube aquí.– Me ordena desde arriba.

—(Como si fuera tan fácil hacerlo.)– Pienso yo mientras busco donde agarrarme.

Comienzo a subir lento pero seguro durante los primeros metros, la pared es bastante lisa por lo que cuesta encontrar sitios estables de agarre. Cuando llevo subidos los primeros cinco me resbalo.

“TRASHHH”

Caigo sobre unos matojos que amortiguan el golpe, aun así, la caída ha sido dolorosa. No quiero imaginarme qué pasaría si me desplomase cuando vaya por los quince metros.

—¡Vaya, vaya, menuda caída! Espero que no haya decaído tu moral solo por eso.

—Ya quisieras viejo.– Replico rencoroso casi sin pensar.

Miro hacia arriba, sus ojos están clavados en mí, no tiene cara de enfado ni de burla, no sé en qué piensa o si se está divirtiendo con esto. Vuelvo a agarrarme a la piedra, resbalándome de nuevo y caigo desde un poco más arriba. El aterrizaje esta vez no ha sido tan doloroso aún sin haberme amortiguado en algún arbusto. Llega el mediodía y no he llegado a pasar de los diez metros, pero al menos veo que tengo posibilidades de lograrlo antes de que pasen los seis días de plazo. La vuelta se me hace más larga, tengo todo el cuerpo dolorido por los golpes y caídas, aun así, estoy más motivado que nunca y he tomado como objetivo pasar la prueba pronto. Tengo pensado devolverle aquel puñetazo al viejo gigante.

—Mañana a las seis te quiero en la montaña.

—Hm.– Contesto afirmativo.

—Ve pensando en la respuesta a la pregunta y hoy te invito yo a comer, es importante que comas todo lo que puedas y tengas energías, así que no te cortes.– Me ordena con una sonrisa.

Cenamos en la taberna, hoy tampoco estaba Ruri. Engullo hasta que estoy a punto de explotar.

En la herrería hoy no había demasiado trabajo, así que acabo temprano y me acuesto antes de lo normal. Esta noche ha sido la primera vez en mucho tiempo que no he soñado con mis padres, sino conmigo subiendo el barranco. Justo antes de llegar a la cima, resbalo y me caigo al vacío. Despierto de un salto. Son las cuatro de la mañana, no sé por qué razón, pero decido vestirme e irme a la montaña. Tardo otra vez una hora y media, esta vez no porque parase, sino que tenía tantas agujetas que mi cuerpo no me permitía ir más rápido. Ya allí, son poco más de las cinco y media, no veo al guardia gigante pero aun así decido empezar a escalar.

[6:00]

[Mientras Niko escala la montaña, su maestro Yoshio lleva un rato observándolo con una sonrisa y riendo sin hacer mucho ruido para no distraerlo de su entrenamiento.]

—Sabía que no me decepcionaría.– [Dice para sí]

Creo que llevo medio camino aunque no estoy seguro porque no quiero mirar abajo, ya me he caído un par de veces pero no había llegado tan arriba.

[En realidad ha subido veintitrés metros, que es más de tres cuartos. Yoshio ha subido por otra parte para así no molestar a su alumno. Él no esperaba ni en broma que Niko fuese a avanzar tan rápido en su segundo día.]

Estoy a punto de llegar a la cima, me quedan unos cuantos centímetros para conseguirlo.

[Arriba, Yoshio no se cree lo que está viendo.]

—(A mí me costó cuatro días llegar donde está él.)

Poco a poco voy subiendo, si estiro el brazo lo conseguiré, miro hacia abajo para ver todo lo que he avanzado, pero mi pie izquierdo resbala en la roca y caigo al vacío. Todo se va a acabar, a unos metros de tocar el suelo, veo pasar al viejo gigante por mi lado izquierdo y aterrizar con fuerza en el suelo, de repente salta resquebrajando la roca bajo sus pies y me coge en el aire.

Agarrándome, caemos juntos en el fondo del barranco, a salvo. Ahí, me suelta en el suelo.

—Nunca te confíes, ¡nunca! Si no llego a estar aquí hubieras muerto.– Me regaña.

—Lo siento.– Cierro los ojos esperando que tire la toalla conmigo.

—Sube ahí arriba de una vez y demuéstrame lo que vales.

[Esa simple frase llega hasta la parte más profunda de Niko, es la primera vez que alguien le da ánimos después de fracasar tanto. En la herrería, apenas comete errores y siempre ha sido muy eficiente, pero aquí se ha jugado la vida y ha fracasado, pero aún así Yoshio le continúa apoyando y le da ánimos.]

—Viejo, pienso superarte muy pronto.– Digo sonriendo y convencido por completo.

—A ver si es verdad chaval.– Me responde con un tono desafiante junto a una sonrisa sincera.

Caigo cinco veces más, pero no me rindo hasta que lo consigo.

—(Al fin he llegado arriba.)

Miro a Yoshio, que ahora tiene unas cadenas y correas en sus manos.

—Bueno, creo que el entrenamiento puede comenzar a partir de hoy. ¿Has pensado tu respuesta?

—Ayer estuve dándole vueltas, pero no estoy seguro de que ninguna me convenza del todo.

—Cuando acabe tu entrenamiento de hoy quiero que me des una.

Comienzo a pensar en qué puede ser de utilidad para un Slayer. Me viene a la mente la habilidad con las armas, el estado físico o incluso el conocimiento sobre las bestias.

—Vale.

—Bueno, ya que todavía no has cumplido los quince años de edad y no se ha manifestado tu Jinsu aún, solo puedo preparar tu físico e inculcarte algunos conocimientos. Eso sería lo primero que entrenaría con alguien normal de tu edad, tú eres distinto.

Me enorgullezco al oír esas palabras y una pequeña sonrisa se me escapa.

—A ti tengo que pulirte muchas más cosas porque eres un desastre.

Adiós a la sonrisa.

—Vamos a empezar con tu lamentable habilidad social.– Me explica.

—(¿Qué dice este viejo?)– Pienso para mí.

—Es vital para un Slayer saber comunicarse debidamente con sus compañeros, eso sirve tanto para optimizar su nivel de combate en batalla como para aumentar la confianza entre el grupo. Además, si tu meta es encontrar a alguien mediante la búsqueda de información necesitarás poder hablar y expresarte sin problemas con la gente. Por eso el desarrollo de las habilidades sociales son importantes y esenciales para cualquier Slayer, y no sólo eso, si además te interesase...

—(No me importa).– Pienso incrédulo.

Tras varios minutos de argumentos inventados llega a su conclusión

—Por eso a partir de hoy vamos a hacer una serie de cambios.

—¿Qué cambios?– Le pregunto sin estar demasiado de acuerdo.

—Para empezar, vas a trabajar de camarero en la taberna. Antes de venir aquí he hablado con el dueño, que es amigo mío, y ha aceptado, no te preocupes por Tetsu, también se lo he comentado y está de acuerdo con el plan.

—Qué bien.– Digo con ironía.

—También quiero que vayas a hablar con los soldados que terminen su turno de día y hagas sus informes.

—Eso solo te interesa para quitarte trabajo.

—¡No te hagas una idea equivocada, chaval!– Responde esquivo. –No quiero ninguna queja. La mañana no ha terminado, voy a decirte tu siguiente prueba física...

Miles de ideas se cruzan en mi cabeza.

—Vas a mover piedras.

—…

—Las cosechas del pueblo van empeorando, la de este año está siendo un fracaso debido a las bajas temperaturas que han aparecido además de la aparición de bestias que no para de incrementar. Si esto sigue así muchos van a arruinarse en los próximos años. He pensado que como en la capital se necesitan muchas cantidades de piedra caliza para la construcción, y da la casualidad de que esta montaña es de este material, quiero que lleves bloques de esta roca desde aquí hasta la entrada del pueblo.

—Vale.– Acepto sin más.

—¿Vale? ¿No vas a poner ninguna pega? Ah, por cierto se me había olvidado decirte que vas a tener que bajarlos manualmente escalando por el barranco con ellos.

—Ningún problema para mí.

[La verdad por la que Yoshio ha planteado este entrenamiento, en parte era para mejorar la visión de los aldeanos sobre Niko, ya que ellos piensan que es un loco y corren rumores de que incluso ha matado a sus propios padres.]

—Pues comencemos.– Dice mirando a la montaña.

Se acerca a ella y la golpea con su mano cerrada. Uno a uno, pequeños bloques van saliendo de la ladera de la montaña, deslizándose y colocándose en el suelo a la vez que van dejando sus siluetas vacías en la roca.

—Mi habilidad me da control sobre las piedras, pero no me permite crearlas de la nada, si quito un bloque, el hueco se queda ahí.– Explicándomelo por si no lo he entendido.

Un total de diez bloques se quedan apilados en el suelo.

—Toma esto.– Ofreciéndome lo que lleva en su mano.

—¿Qué es?

—Necesitarás algo para llevar los bloques, con esto te los podrás atar a la espalda y tendrás las manos libres para escalar. Los bloques que te he preparado, pesan diez kilos cada uno, te recomiendo empezar con esos, si en algún momento quieres que los haga con más o menos peso, dímelo.

—Vale.

—Con el montón que acabo de crear debería mantenerte ocupado los próximos cinco días.

—Ya veremos.– Le reto con mi mirada.

—Bueno, se nos echa el tiempo encima, tenemos que marchar en nada, cárgate un bloque y ve a la puerta del pueblo, allí te diré dónde debes colocarlo. Y de paso ve pensando en la pregunta por el camino.

—Hm.

[Supuestamente Yoshio se marcha, pero solo se esconde no muy lejos para poder verlo descender, mientras, Niko amarra un bloque con las cadenas y se lo amarra a la espalda, con el cansancio que siente esos diez kilos le pesan más de lo que deberían.]

—(Como si una simple piedra pudiese conmigo.)

Lentamente comienzo a descender, la verdad es que la bajada me resulta bastante peor que la subida, tengo que estar mirando abajo y mis piernas se cansan más. Se me resbalan un par de veces los pies, pero después de tantas veces ya sé cómo aguantar agarrado durante los imprevistos. Tardo más de lo esperado, pero llego al fondo y procedo a trotar rumbo a Hikomi.

[Al ver que ha bajado sin ningún problema su mentor se marcha también.]

Correr se me hace difícil con el bloque a mi espalda, así que avanzo a una velocidad moderada. Aguanto las agujetas del anterior entrenamiento a duras penas, aun no me he acostumbrado a ello. Por el camino le doy vueltas a la pregunta, tiene que ser algo que me haya enseñado el viejo.

Pasan casi dos horas cuando me acerco al pueblo, he tardado demasiado. En el camino me espera Yoshio, que me indica el lugar donde colocaré los bloques, una gran explanada oculta entre mucha maleza. Lo suelto y coloco en el suelo.

—¿Y bien?– Me pregunta por lo que lleva esperando toda la mañana.

—No estoy muy seguro, pero mi respuesta es: Conocer su propio Jinsu y saber darle un buen uso.

Se me queda mirando, y yo súbitamente me cubro con mis brazos del golpe que me dará.

—Es un buen intento pero veo que no lo has pillado todavía.

—…

—¿Por qué no te desproteges?– Sonríe mostrando curiosidad.

—Me dijiste que nunca me confiase.

—Veo que eso si lo has aprendido.

[Tan pronto como termina de hablar, una patada dirigida a su brazo derecho manda a volar a Niko unos cuantos metros, lo derriba por poco ya que tras alcanzar el suelo aguanta la fuerza del impacto con sus pies, arrastrándose y dejando un rastro en la hierba]

—(Otra vez un ataque con un gran empuje, pero apenas me ha hecho daño.)– Razono mientras me recompongo.

—Veo que sabes aguantar bien los golpes. Nada mal.– Me elogia.

—No lo entiendo.– Digo sentándome en el suelo ya que mis fuerzas no dan para poder levantarme. –Tener un Jinsu poderoso, y más sabiendo utilizarlo, debería ser lo más importante para que un Slayer sea fuerte.

—Ahí te equivocas, hay varias cosas por encima de eso. Todavía no conozco a nadie que solo con un Jinsu poderoso haya superado a otro que tenga la respuesta a esta pregunta. Venga levántate que tenemos que irnos.

[Niko no se levanta.]

—¿Es que no me has escuchado?

[Sigue sin mostrar ningún movimiento]

—¡Oye! ¿Qué haces?

—Qu... no… do.– [Dice algo tan flojo que no se le entiende]

—¿Qué?

—¡Que no me puedo levantar, maldita sea!– [Dice entre avergonzado y enfurecido.]

—¡Jajajaja, haber empezado por ahí!– Me ayuda a levantarme.

—Vamos a la taberna, debes comer para reponer tus fuerzas.

Me coge del brazo y se lo coloca detrás de su espalda mientras pone su mano en el hombro para así no caerme.

En la taberna me como un plato tras otro, de vez en cuando se ven miradas discriminatorias y cuchicheos. Cuando esto pasa, Yoshio me sonríe y me pregunta que cómo está todo y otras cosas, para distraerme supongo. La verdad me da igual lo que los demás piensen de mí.Todo me sabe delicioso. Acabo de terminar, no he comido tanto en mi vida. De alguna manera siento mis fuerzas aumentando por momentos.

—Nos vemos mañana Niko.– Se despide de mí.

—Bien.

Me dirijo a la herrería, de pura casualidad cuando llego Tetsu está abriendo la puerta.

—Niko, no te preocupes por hoy, he acabado todo lo que había que hacer esta mañana. He abierto para entregar un pedido a un cliente que ha venido a llevárselo.

—Te espero arriba en la casa.– Le muestro un saco con su cena.

—¡Jajajaja! Veo que hoy estás animado.

Entro a casa y al rato viene el viejo.

—Últimamente no pasamos tanto tiempo juntos, ¿eh chico?

—Hm.

—¿Qué tal el entrenamiento con Yoshio?

—Supongo que bien, aunque lo de dejar la herrería e irme a trabajar a la taberna no me convence.

—¡¿Qu-queeeeeee!?– Se le cae la jarra de la que estaba bebiendo. –Ese pedazo de sinvergüenza…

Se queda callado unos segundos recapacitando, con cara de que esta fuese la primera vez que escucha esta noticia.

—¡Jajaja! Bueno que se le va a hacer.– Se rasca su poblada barba.

—(Qué rápido ha tirado la toalla.)– Pienso decepcionado.

—Tendré que acostumbrarme a trabajar más. Estos años me has ayudado mucho.– Me intenta reconfortar al notar mi desánimo.

—Sí.

—¡Jajajaja, no te preocupes por mí, chico! Este viejo todavía puede trabajar, mis puños no se oxidan todavía.

El Jinsu de Tetsu es perfecto para su profesión, tiene dos habilidades, la primera le permite transformar su piel en acero, cuanta más piel transforma, menos tiempo puede usarlo. De normal endurece su puño y lo usa como un martillo. Su otra habilidad, le permite con tan solo tocar una piedra o mineral, identificarlo y saber su calidad. Cuando cumplió los quince años sólo desarrolló la primera se ellas, así que decidió convertirse en Slayer, pero según avanzó su edad, la segunda apareció y decidió dedicarse a la herrería para correr menos riesgos. De eso hace ya cuarenta años.

—No estés nervioso por trabajar en la taberna, lo harás bien.

—No lo estoy. Solo creo que no es buena idea.

—Ya me contarás mañana.– Me sonríe.

—Me voy a dormir ya.– Declaro levantándome con dificultad.

—¡Es muy temprano todavía, chaval!

—Mañana madrugo.– Me despido.

[4:00]

Me escabullo por mi entrada secreta y corro hacia la montaña. Al llegar no pierdo tiempo, escalo el barranco y engancho un bloque a las correas, desciendo y corriendo lo llevo al pueblo.

Esta acción se repite dos veces más hasta que me encuentro sobre las doce y media a Yoshio en la gran puerta de madera.

—Buenos días Niko, ¿Cuántos bloques llevas esta mañana?

—Tres.– Digo a regañadientes.

—No está nada mal para ser el tercer día desde que empezaste a entrenar.

—Tengo una respuesta.– Expongo confiado.

—Sorpréndeme.– Levanta una de sus cejas.

—El entrenamiento físico.– Digo tomando una pose para defenderme.

—¡MAL!

Las piedras que pertenecen al camino comienzan a rodearme hasta dejarme inmovilizado.

—Debes ser más observador y darte cuenta de las cosas.– Me sermonea mientras se aproxima.

Me da un capirotazo con su dedo en la frente.

—Este castigo es absurdo.– Digo con el entrecejo rojo.

—Vas a tirarte los siguientes treinta minutos pensando con detenimiento.

Esa media hora pasa como una pesadilla, no se ha detenido en todo ese tiempo de darme capirotazos en la frente. No sé cómo quiere que recapacite si no he parado de recibir golpes continuamente.

Pasado el castigo, el camino vuelve a su estado original y yo ya puedo moverme con libertad.

—Se te acaba el tiempo, tienes cuatro intentos más.

—Lo sé.– Respondo de mala gana.

—Será mejor que vayas a la taberna.

—(Llegaría temprano si no fuese por ese absurdo castigo.)– Pienso mientras me alejo.

Entro a la dichosa taberna.

—¡Nikooo!– Se tropieza y cae. –¡Aaah!

“Pum”

—¿Estás bien?– Pregunto sin que me importe demasiado.

—¡S-Sí– Se levanta con velocidad junto con su cara toda roja y vuelve a derrumbarse.

“Pum”

—(A mí no me parece que esté muy bien).– Pienso con pena.

—Pe-Perdón, me he levantado muy rápido y me he mareado. Tr-tranquilo estoy bien.

—Te sangra la cabeza.– Digo señalando su frente.

Se toca con la mano y al bajarla, ve la sangre.

—Cierto.– Se ha desmayado.

La agarro antes de que se caiga, la siento en una silla y pido una toalla para limpiarle la pequeña herida.

—¿Qué le has hecho, monstruo?– Dicen unas mujeres que están sentadas en una mesa lejana, comiendo.

El dueño de la taberna me da la toalla y trae un botiquín médico.

Ruri tarda unos minutos en recuperar la consciencia. Al verme, pega un salto y se aleja corriendo. Yo ya sé que en el pueblo corre el rumor de que soy un asesino, pero nunca había visto a nadie huir de mí así.

—(Realmente estaba muy cerca de Niko, mi corazón casi se para del susto cuándo lo he visto. Ahora que lo pienso, ¿he salido corriendo de él? ¡Ay, qué vergüenza! ¿Qué habrá pensado?)– [Piensa Ruri.]

[La joven se asoma por detrás de un muro para ver si Niko se ha ido y Niko detecta sus llamativos ojos verdes en la esquina mirándole con intensidad.]

—(¿Está esperando a que me vaya para salir de ahí?)– Razono confuso y sin comprender.

—(Uff... Menos mal que Niko sigue ahí.)– [Piensa desconociendo que ya la ha pillado espiándole.]

Decido pasar del tema y hablar directamente con el dueño sobre el trabajo. Me acerco a la barra y él hace lo mismo desde el lado contrario.

—¿Qué pasa Niko?

—Yoshio me ha dicho que a partir de hoy, voy a trabajar aquí.

—Ah sí, no me acordaba. Bienvenido a la plantilla de la Taberna de la Savia.

[A la mañana del día anterior]

—Daichi, necesito que me hagas un favor.

—¿Qué favor me vas a pedir esta vez Yoshio?

—Tengo un discípulo y me gustaría que le dejases trabajar aquí.– [Le pide juntando ambas palmas.]

—¿Y quién es ese discípulo?

—Niko.

—¿El loco?

—Tú sabes tanto como yo que no está loco.– [Se pone serio el guardia.]

—Lo sé, pero los clientes no opinan lo mismo que tú y que yo.

—Es muy trabajador y se esfuerza mucho, estoy seguro que no te dará ningún problema.

[El dueño del local se queda un rato mirando a los ojos a su amigo.]

—Vaaale, pero si recibo aunque sea una queja lo voy a echar a la calle sin pensarlo.– [Dice no muy convencido.]

[Actualidad]

—Ruri, enséñale el local a Niko.– Le ordena a ella, que aún tiene media cabeza asomada, se pone roja al saber que se le veía en la esquina vigilándonos.

—Va-Vale.

Recorremos el local en silencio, se nota que mi presencia le desagrada ya que está mucho más tensa que antes a parte de su respiración que comienza a agitarse. Llegamos a una sala parecida a una despensa.

—E-Este es el almacén, aquí podrás encontrar todo lo que puedas necesitar.

Entro después de ella.

—Aquí están los uniformes, toma el tuyo.– La mano le tiembla y se le cae. –Pe-perdón.

Nos agachamos y lo agarramos a la vez, al hacerlo, nos miramos, provocando que ella se asuste y retroceda unos pasos.

—Ya sé que no te caigo bien, así que no tienes que actuar delante de mí.– Comento para tranquilizarla.

—(¡Aaahhh, piensa que le odio! Ruri, reacciona, ¡reacciona!)– [Se horroriza la joven.]

Sin previo aviso, Ruri se abofetea la cara con ambas manos, dejándose la marca en las mejillas.

—Niko, te pido perdón, no me caes mal, es más, me caes muy bien, demasiado bien.

—¿Demasiado bien?– Pregunto sin entender nada.

—S-Sí, y cuando estoy contigo me pongo nerviosa.– Trata de arreglar el malentendido.

—¿Seguro que eso no es miedo?

—¡Noo!– Agita de lado a lado su cabeza enérgicamente.

—Bueno, tú tampoco me caes mal.

—(¡Sííí! Ha dicho que no le caigo mal.)– [Piensa mientras se le escapa una sonrisa.]

Ahora, mucho más calmada, Ruri me cuenta una a una las normas del local y los pasos que debo seguir cuando sirvo a alguien.

—Creo que ya estás listo para servir a tu primera mesa. Es esa de allí.– Me indica señalándola.

En la mesa están sentados una pareja con su hijo pequeño. Son del pueblo pero, aunque los conozco de vista, no sé sus nombres. Me acerco a preguntarles qué van a querer beber, al verme aproximarme los padres, se miran a los ojos.

—¿Qué van a…– Pruebo a aplicar lo que me ha enseñado Ruri.

—¿Qué quieres de nosotros?– La madre cubre al niño con su brazo.

—Voy a ser su camarero.– Continúo con el protocolo.

Miran mi delantal.

—Venga, arriba.– Dice mientras levanta a su hijo. –Nos vamos.

[Los clientes se van y Ruri se acerca a Niko pensando que estará triste por lo ocurrido, sin embargo la cara de Niko no expresa ningún sentimiento, no tiene ni un mínimo rasgo de alguna emoción, una impasibilidad que sorprende a Ruri.]

—Niko... ¿Estás bien?

—Preocuparme por lo que los demás piensen de mí es innecesario.

El propietario del local se acerca de inmediato.

—¿Qué ha pasado?– Viene en busca de explicaciones.

—Se han ido los clientes.

—Niko, yo sé que no eres un mal chico, pero la gente del pueblo no te conoce y creen en las mentiras que les cuentan. Así que me temo que no vas a poder seguir tr…– Me suelta una justificación que parece que tenía ya preparada para cuando pasase esto.

—¡E-Espere, jefe! Entiendo la situación pero le pido que le dé otra oportunidad, he tenido una idea.– Salta Ruri cortando lo que iba a decir.

El dueño se muestra indeciso.

—Esta es la última oportunidad, no puedo permitirme perder más clientes.– Me avisa, volviendo de nuevo detrás de la barra.

—Ruri, ¿cuál es la idea?– Le pregunto.

—¿Qué idea?– Me responde un tanto perdida.

—La que le has dicho que tienes al jefe.

—E-En verdad no se me ha ocurrido nada, estaba nerviosa y decir eso ha sido lo primero que se me ha cruzado por la cabeza.– Me confiesa mientras su cara comienza a encenderse.

De repente un grupo de Slayers aventureros entran al local y se sientan en una mesa redonda preparada para albergar grupos grandes. Me ven y uno de ellos me llama:

—¿Nos tomas nota?

Ruri y yo nos miramos, ella asiente y yo me acerco a la mesa.

—¿Qué van a querer tomar?– Les pregunto.

—Trae nueve cervezas y la mejor carne que tengáis.

Un par de minutos más tarde, aparezco con las bebidas y las coloco sobre la mesa.

Cuando estoy repartiéndolas, un Slayer me dice:

—Oye chaval, tienes buenos músculos, ¿Entrenas?

—Sí.

—¿Tienes ya tu Jinsu?

—No, todavía tengo trece años.

Algunos se sorprenden.

—Pues está bastante fuerte para su edad.– Dice otro.

—¿Y no tienes pensado convertirte en Kojin Slayer?

—Sí, estoy entrenando para ello.

—Pues tengo ganas de ver cómo será tu Jinsu.

Seguimos hablando sobre los Slayers y misiones que habían completado. Unas rondas de cerveza más tarde, se empiezan a escuchar historias claramente irreales e imposibles. Otro grupo de Slayers entra. Y me ocupo de atenderlos a ellos también.

Horas después ya ha llegado noche, todos los clientes que he atendido eran Slayers, y han dejado bastante propina, eso, según Ruri, significa que le ha agradado el trato que les he dado. Al final de la jornada el jefe se me acerca.

—Niko, estoy orgulloso de haberte aceptado en la plantilla, los clientes han salido contentos y diciendo que volverán a comer aquí. A partir de este momento tú te encargarás de servir a todos los Slayers que vengan.– Me propone, ilusionado.

De vuelta en casa, le cuento a Tetsu lo ocurrido hoy.

—¡Jajaja! Sabía que iba a salir bien el día.

—Traigo el dinero que he ganado hoy.– Le digo ofreciéndoselo.

—¿Qué haces? Ese dinero es tuyo, chaval. Suficiente me has dado a mí con esos cinco años pasando calor en la forja. Ahórralo para cuando te vayas con quince años.

Es la primera vez que poseo dinero propio, hasta ahora mis únicas pertenencias son una daga y la piedra. Y llevo los dos en un bolsillo atado al cinturón. Meto el dinero en una caja dentro de mi habitación y me acuesto en la cama.

[Tres días más tarde]

[22:00]

A partir del tercer día de entrenamiento, el resto de la semana ha transcurrido sin ningún cambio, durante esos días he seguido llevando bloques de diez kilogramos y he atendido a los Slayers en la taberna.

—¡Ha-Hasta mañana Niko!

—Hm.– Le respondo mientras voy pensando en lo mío.

Mañana es el último día para que averigüe la respuesta, y no tengo ni idea de que puede ser.

Llevo mi cena y la de Tetsu ya que ayer me pidió que cenara con él. Al fin llego a casa.

—Ya he vuelto.

—¡Bienvenido! ¿Qué tal el día chaval?

—Bien, supongo.

—¡Jajaja, me alegro! ¿Has traído la comida? Tengo un hambre que me muero.– Exagera poniendo sus manos sobre el estómago.

—Aquí está.

—Ya he puesto yo la mesa.

Comemos en silencio, noto que no me quita ojo de encima.

—¿Te pasa algo chaval?

—Sólo estoy pensando en algo.

—Cuéntame.

—Intento averiguar qué es lo más importante para un Slayer.

De repente se le ilumina la mirada a Tetsu.

—¡Jajajaja! Ese Yoshio… ¡Qué poco original! ¡Jajajaja!– Se parte de risa como nunca.

—(¿De qué se ríe este viejo?)

—¿Acaso sabes la respuesta?

—¿Podrías decirme lo que has conseguido con tu entrenamiento?– Me contesta con otra pregunta.

—Ya lo sabes, he escalado el muro de la montaña.

—Y, ¿Cómo lo has conseguido?

—No rindiéndome y esforzándome en ello.

El viejo se queda mirándome con su sonrisa característica.

—¿Es eso?

—Jajaja, no lo sé. Yo solo te he preguntado cuál ha sido la forma de conseguir algo que al principio creías que era imposible.