7,99 €
«Querida Monstruación. Diario de una exploradora en el país de las hormonas», es un viaje por el organismo y la vida emocional de una niña de 10 años que acaba de entrar en la edad fértil.
Una bitácora escrita por una adolescente que explora su ciclo menstrual para comprender mejor su cerebro y su sitio en el mundo.
Un libro sobre lo «gracioso» que es ser mujer y tener la regla en un mundo neoliberal.
SOBRE LOS AUTORES
Mariajo Tabar (Pamplona, 1980) es periodista, comunicadora científica y copywriter. Ha escrito los libros Pastorear el viento, domar el agua, labrar el fuego, Las Revoltosas, Piratas de leyenda y Rostros del paisaje. Publica artículos en periódicos y blogs. Divulga proyectos científicos y culturales. Escribe en festivales de artes escénicas. Busca sombras, bebe café y rinde culto a su perro Zaska.
Íñigo Franco Benito (Burgos, 1975) es ilustrador, diseñador gráfico y cortometrajista. Su novela gráfica «No con tu hija» (Dolmen, 2017) recibió el Premio Diario de Avisos al Mejor Guión de Humor. Su cortometraje «En el banco» ganó el Premio del Público en el Festival Rewind y obtuvo una veintena de selecciones en festivales nacionales e internacionales. Imparte talleres de cómic y es yb devorador compulsivo de novelas gráficas.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Seitenzahl: 39
Veröffentlichungsjahr: 2023
Querida Monstruación
© de los textos, Mariajo Tabar Áriz
© de las ilustraciones, Íñigo franco Benito
Ediciones El Drago
www.edicioneseldrago.com
Primera Edición, 2023
Depósito Legal: M-9878-2023
ISBN: 978-84-126348-5-3
ISBN ePub: 978-84-127407-0-7
Diseño y maquetación: Estelle Talavera
Conversión a ePub: Rafael Lago Sarichev
La reproducción parcial o total de este libro, mediante cualquier medio, vulnera derechos reservados. Queda prohibida toda utilización del mismo sin el permiso previo y explícito de los editores.
Querida Monstruación es un viaje por el organismo y la vida emocional de una niña de 10 años que acaba de entrar en la edad fértil.
Una bitácora escrita por una adolescente que explora su ciclo para comprender mejor su cerebro y su sitio en el mundo.
Un libro sobre lo ‘gracioso’ que es ser mujer y tener la regla en un mundo neoliberal.
Sinopsis
PAMPLONA
¿YA?
LA INNOMBRABLE
LA PESADILLA DEL PEZÓN
SURFING ESTRADIOL
HAY QUE DECIRLO MÁS
MALDITAS (Y NECESARIAS) PROSTAGLANDINAS
UN CALENDARIO ALTERNATIVO
DON HIPOTÁLAMO
VERGÜENZA
LANZAROTE
DESCARRILAR UNA VIDA TALGO
¡VADE RETRO!
MI FLUJO, MI YO
EL ELEGIDO
DESTINO FINAL
YOU, SEXY THING!
EL VIAJE DEL ÓVULO
RENUNCIAR A UN SUPERPODER
FUERA DE LA MEDIA
SOCORRO
EL REINO DEL TERROR PREMONSTRUAL
EL OPUS DEI
¿PLANIFICACIÓN FAMILIAR?
LA MUJER IDEAL
Sobre los autores
A mi madre, que me educó en igualdad.
A Ale, mi persona favorita. Gracias por auparme
y enseñarme que el humor nos hace mejores.
A mis amigas, primeras correctoras de este libro.
A quienes trabajan por una sanidad
y una educación pública y universal.
La autora
Nací en una ciudad llena de árboles un lunes de 1980 a las siete de la tarde.
Entonces no existían los teléfonos móviles ni las redes sociales, pero en el colegio ya nos calificaban como si fuéramos pequeños ratones de laboratorio («destaca», «progresa adecuadamente», «sobresaliente»).
Lo más importante de la vida podía resumirse con un número: las notas, las analíticas de sangre, el sueldo... La reputación era analógica. Los likes eran palmaditas en la espalda.
Siempre me gustaron las cosas poco rentables como las tiendas de antigüedades y las máquinas de escribir Olivetti.
Crecí en un barrio de jubilados y familias de clase media, con plazas amuralladas por plataneros de ramas artríticas que pregonaban el otoño cambiando de color.
Jugábamos al baloncesto, a la goma, a la mano loca, al escondite. Escupíamos pipas, sentadas en el respaldo de los bancos. Nos escribíamos notas en clase y nos tirábamos bolitas de papel usando como cerbatana los esqueletos transparentes de los bolis BIC.
La felicidad consistía en perseguir palomas a lomos de una BH roja, leer libros de detectives, abrazar a mis yayos, conseguir el silbato mágico del Super Mario 3 y ver Scooby Doo los viernes por la tarde devorando grandes cantidades de chorizo y paté.
Entre los 6 y los 15 años fui una niña gorda. Yo insistía en comer sándwiches de ensaladilla rusa mientras jugaba con la Nintendo NES, mi madre le quitaba hierro al asunto («solo está rellenita») y mi padre pasaba un poco de todo («pues sí que está lozana la nena...»).
El pediatra les recomendó que se dejaran de tonterías porque eran responsables de un caso de sobrepeso infantil. Algún tiempo y varios cambios en la dieta después, pegué el estirón y pasé a formar parte del club de personas altas de mi clase.
Siempre fui una niña con espíritu de señora mayor y, ahora que me he convertido en esa señora mayor, dentro de mí vive una niña que solo quiere seguir jugando.
Fui, soy y tengo la certeza de que siempre seré una sapiens llena de preguntas.
No recuerdo haber sido otra cosa durante toda mi vida.
En el verano de 1990, me vino la regla por primera vez.
El sol caía con ímpetu kamikaze, como sucede cada mes de agosto en las ciudades de interior. El toldo naranja ardía y los chopos plantados en la mediana de la calle apenas movían sus ramas.
Tenía 10 años y comía helado de yogur en el sofá. Un runrún en la tripa me hizo levantarme y correr hacia el baño.
Me bajé los pantalones cortos y me senté en la taza del váter sin encender la luz. Agradecí el frescor de la porcelana y la penumbra que entraba por el ventanuco del patio, pero el relax acabó bruscamente cuando vi una mancha marrón saludándome desde mi braguita de algodón.
—Mierda. ¡No! Mierda.
En una fracción de segundo, se me pasó por la cabeza la metamorfosis que había experimentado mi cuerpo los últimos meses: unas tetas incipientes con forma de misil Tomahawk, pelillos en las axilas, pelos en las pantorrillas, pelos por todas partes.
