5,99 €
La Comarca Patagones-Viedma, sur de Argentina, ubicada a pocos kilómetros del océano Atlántico, es una zona que comienza a poblarse a partir de finales del 1700. No obstante, en la zona ya vivían los llamados Tehuelches, población originaria. Recordar es un proceso selectivo, rescatamos partes de un todo, consciente o inconscientemente. Una fábula nos puede ayudar a hacer más ameno la mención de situaciones, actos o personajes típicos de una época y de una zona. Recordar puede causar pesar, otras veces, una cálida emoción nos invade.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Seitenzahl: 106
Veröffentlichungsjahr: 2022
Comarca Patagones-Viedma
Argentina
Los siguientes recuerdos y relatos, vieron la luz en la página de Facebook Comarca Patagones-Viedma; lugar que es como una suerte de memoria colectiva, alimentada y compartida entre la gente de la Comarca.
Recordar puede ser doloroso, pero al mismo tiempo dulce. Aquellos tiempos de nuestras vidas que nos han marcado, para un lado y para el otro.
Recordar gente querida que ya no está entre nosotros; amigos, vecinos, que también se han ido; recordar negocios e instituciones diversas que han dado vida a la Comarca.
Puede haber algo de terapéutico en recordar; también, -quizás- recordamos partes de un hecho, dejando de lado, consciente o inconscientemente detalles del todo.
Finalmente, debo decir, que ha sido entretenido, un placer, volcar de forma escrita
el pasado vivido en la Comarca. Siento un gran amor por mis pueblos: Patagones y Viedma. Los avatares de la vida me llevaron lejos; me quedan los recuerdos, como una forma de estar cerca.
Cuando logra atravesar la barra
Basilio Villarino suspira aliviado
le costó sus horas pasar sin encallar;
los tehuelches observaban atónitos
y la curiosidad carcomía,
seguían de cerca al bergantín
Nuestra Señora del Carmen y Ànimas.
Cuando vieron que los blancos iban a desembarcar
sobre la margen sur del río,
se acomodaron para observar
hicieron una suerte de pícnic;
los niños se subían a los sauces para ver mejor,
las madres algo angustiadas;
el cacique habla con los suyos
kuki kuki keles pareke lugareke
que sería más o menos:
a éstos se los lleva la próxima creciente;
el tiempo pasó, y un buen día
las aguas subieron salvajemente,
los pobladores tuvieron, efectivamente,
que trasladarse al lado norte del río
el cacique comentaba kuki kuki kete dike pasareke
traducido: ¡Qué les dije muchachos!
En realidad, la culpa de aquella situación
fue del padre
las hermanas habían vivido juntas
haciendo uso y disfrutando del campo
durante años
hasta que al progenitor se le ocurre
hacer testamento en vida
y divide las tierras en dos;
Carmen recibe su parte
y Mercedes la suya;
a partir de allí, ya nada fue igual
cada uno a lo suyo
y se perdió algo en el camino:
el entendimiento por el bien común;
las hermanas se ven, se encuentran
pero ya nada es igual
los hijos de ambas han crecido
robusteciendo la nueva situación;
hay quienes dirán que no está mal
mas siempre estará la incógnita
¿Y si ambas hubieran administrado juntas
el provecho de las tierras
no habría habido más fuerza y capacidad de acción
para solucionar los retos del día a día?
Por esas cosas de la vida
he nacido en la margen norte del río
pero pudo haber ocurrido,
de igual forma,
en la margen sur.
Nunca he entendido por qué
la división de los pueblos
cuando el origen es el mismo,
creo que de haber continuado indiviso
podría haber resultado más fuerte
más fascinante
Mercedes de Patagones y
Carmen de Patagones
barrio sur
barrio norte
una ciudad unida por un río
con una historia singular e interesante
refugio de tantas nacionalidades
que deseando otros aires
desembarcaron aquí,
quién sabe
quizás en la Argentina año verde
se produce la unión
de lo que nunca debió estar desunido.
La perla de los pueblos
el río
que serpenteando nervioso
se desliza
por dilatadas extensiones,
desde Los Andes al Atlántico,
dando vida
pero a veces, también angustia y dolor;
sus sauces llorones
cumplen la función de condolerse
ante los infortunios,
personas ahogadas
que el río engulle sin más
como una ofrenda
que debemos pagar,
por su belleza
y los beneficios que proporciona.
Recuerdo una familia
donde uno de sus hijos, un crío
en un día de verano
buscando descanso y placer
en las aguas frescas,
es llevado por la corriente traicionera,
del lado de Patagones
pese a los esfuerzos de la hermana mayor
por rescatarlo.
Todo fue en vano,
lloraron la pérdida del querido hijo
del querido hermano,
mientras tanto,
el río siguió presuroso su cauce
sin inmutarse.
Cómo describir la ciudad maragata
en pocas palabras.
Nacida junto al Río de Los Sauces
por importancia estratégica;
tierra de tehuelches septentrionales,
pampa dura, viento terco,
avanzada de aventureros, desterrados
y soñadores;
con un cerro histórico que rememora
el intento fallido de una fuerza extranjera
de entrar al país por la puerta de atrás.
Largos fueron los años
de soledad y aislamiento,
difíciles seguramente,
para sus primeros pobladores,
hasta que el pueblo toma forma, vida propia
con el sacrificio de tantos.
Refugio variopinto de gente
que dio y da colorido, riqueza humana;
con sus hermosas bajadas y subidas
en lienzos retratadas
por Don Alcídes.
Su historia, recogida y conservada
en el museo Emma Nozzi.
Y allá abajo...el río
sin el cual nada sería igual
con un sol centelleante sobre sus aguas,
y en la vereda de enfrente
su hermana
Doña Mercedes de Patagones.
El malecón junto al río
cuando sólo era
un caminito de tierra salpicado de ripio
las más de las veces, desierto
tiempos de cuando el pueblo dormía
y los años pasaban
dejando poca huella en el poblado;
belleza silvestre
con un río a la derecha o a la izquierda
a veces, furioso, buscando el mar
manso en la crecida;
caminando sin apuro en un otoño fresco
con el viejo puente como norte
dejando en la retaguardia
el muelle con sus lanchitas.
Cierta vez
transité el mismo camino
sin percatarme de él
es que entonces caminaba embelesado
junto a una promesa
que no fue...
Tu recuerdo está grabado
en la memoria de tantos maragatos
cordial, intensa, dedicada
amabas
los detalles de la historia del pueblo
compartías tus conocimientos
haciéndolos amenos
el museo resultaba cautivador
en tus anécdotas
los objetos resultaban fascinantes
cobraban vida
abandonando el escaparate
para correr por la imaginación.
Gracias por todo lo que has dado de tí
En el año 1899
la zona sufrió una fuerte inundación
las fotos lo atestiguan;
la parte más desconocida tiene que ver
con el causante de la misma
El Río de los Sauces
la historia comienza en el seno familiar
los padres del río
Doña Limay y Don Neuquén
estaban preocupados por el caudal
que el hijo llevaría hasta el océano
el vástago presumía, todo bajo control...
salió repleto y orondo, un poco a los tumbos;
por Choele Choel comenzó a desbordar
al llegar a la Comarca
se llevó por delante parte de los pueblos
pedía perdón a gritos
no podía contener tanta agua
al llegar a la desembocadura
Don Atlántico lo veía venir mal
muy diligente recibe rápido las torrentosas aguas
algo azorado, el río agradeció la ayuda.
No se puede vivir de los recuerdos
pero los recuerdos
regresan una y otra vez
son una telaraña
en la que estamos cautivos
dulce nostalgia
mosaico de rostros, lugares, calles
y el río…siempre el río
nombres que aún invoco
apelativos llenos de afectos
¡Qué seríamos sin los recuerdos!
eternamente en el limbo
sin enterarnos qué ha sido
de nuestras vidas
cuales han sido nuestros actos
un vacío imposible de llenar.
Entre el calor y el polvo
de aquellas calles de tierra
era común en el pueblo baldear la acera
limpiar y refrescar;
en eso estaba la Teresa
armada con su escoba
y toda su estampa decía, heme aquí
y yo, saliendo del cascarón
estrenando y entrenando mi pubertad
en aquello que despertara mi atención
y veo a la Teresa con otros ojos,
con su holgada bata de color verde claro
y pequeños lunares blancos...
bata semiabierta, descubriendo su entrepierna
y mis ojos se perdieron allí...
mar adentro
encandilado como vizcacha antes del disparo
despertando al escuchar su voz
- ¿Y vos, qué mirás, mocoso?
Y me quedo mudo, sin saber qué decir
aunque me atrevo con un
- ¿Yo? nada, sólo que le faltan dos botones a tu bata
- ¡Botones te voy a dar yo a vos! pasá y secate la baba…
Lo que más me dolió, no fué el escobazo en el trasero
sino el comprender que yo, para Teresa, era tan sólo un crío...
Había una vez…
una señora con una ilusión
poder tener una hija con rulitos
redonditos como caracoles
pero la suerte quiso
que viniera una niña
de pelos lacios y duritos
por suerte, en el pueblo
había una peluquería para señoras
que hacía milagros...
Don Carmelo Patané
que con una máquina infernal
transformaba lo lacio, en ondulado
la permanente;
la madre acude con su pequeño vástago
de tan sólo cinco años
para que abracadabra
la falla de la naturaleza
fuera subsanada por Don Carmelo;
muchas veces
la pequeña sufrió, sentada en un gran sillón
con la cabeza llena de ruleros
y frente a una gran espejo
el tratamiento que hacía, de un sueño,
una realidad...
Aquellos que tenemos ya
muchos inviernos
recordamos al lustrabotas,
niños o adultos que para ganarse
el pan diario
salían a lustrar zapatos
y a veces, también
a ensuciar medias.
Siendo yo niño, observaba con atención
la escena:
un señor sentado junto a una mesa
tomándose un vermut
o parado, recostado contra una pared
y un niño con su cajón de lustrar
postrado a sus pies
al final, el pago de unas monedas
por el trabajo realizado
eso me dejó pensando
¡Yo también quiero ganar plata!
no tardé en hacerme un lastimoso
cajoncito de lustrar y a la calle...
mi experiencia fue corta
pronto se vinieron a mí los gavilanes
y me echaron de la zona
ellos lo hacían para sobrevivir
y cuidaban sus lugares,
¡Así de rápido terminó
mi etapa de lustrabotas!
