Redovan. Mi tierra amada - José Luis Olmo Díaz - E-Book

Redovan. Mi tierra amada E-Book

José Luis Olmo Díaz

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Beschreibung

El texto ofrece una visión general de la geografía, la historia y la cultura de la localidad, proporcionando una gran cantidad de información descriptiva sobre Redován, incluyendo su ubicación geográfica, datos demográficos, historia, geología y clima, ayudando al lector a tener una comprensión completa del lugar. También presenta una narrativa histórica interesante, destacando la presencia de diferentes culturas a lo largo del tiempo en la zona, lo que agrega profundidad a la historia de Redován. Además, incluye imágenes que ilustran los aspectos mencionados, como la geografía y los monumentos locales, para visualizar mejor el lugar. En un contexto cultural y gastronómico, menciona la cultura local y la gastronomía, lo que añade un toque de autenticidad y sabor a la descripción. La inclusión de platos y dulces tradicionales es una manera efectiva de transmitir la cultura local. Luego repasa, a modo de autobiografía, los casi treinta y cuatro años vividos en la localidad por el autor, desde un punto de vista educativo, social y cultural.

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Seitenzahl: 444

Veröffentlichungsjahr: 2024

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© José Luis Olmo Díaz

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz Céspedes

Diseño de portada: Rubén García

Fotos portada y contraportada: Jesús Fenoll

Supervisión de corrección: Celia Jiménez

ISBN: 978-84-1181-906-0

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

.

A mis nietas Blanca y Candela, que se les ocurrió y me aconsejaron

que escribiera este libro.

.

«Si el olvido es la muerte de las cosas, al escribirlas será resucitarlas, darles vida, hacerlas inmortales».

Pedro Vega (Declaración de los siete salmos penitenciales, 1599-1602)

«La biografía será un elemento de juicio esencial para entender una época y una sociedad».

Julio Caro Baroja (Género biográfico y conocimiento antropológico, 1986)

«Yo he conocido cantores

que era un gusto escuchar,

mas no quieren opinar

y se divierten cantando,

pero yo canto opinando».

José Hernández (El Gaucho Martín Fierro)

«Aférrate a lo que sabes que es correcto. Con el tiempo, aquellos que te ridiculizaban llegarán a admirarte».

Epícteto, filósofo griego (Disertaciones, 55-135 d. C.)

«Con la verdad no ofendo ni temo».

José Gervasio Artigas

Prólogo

Redován, mi tierra amada se presenta en sus primeras páginas como una obra dedicada a esta población de la provincia de Alicante. No obstante, como cualquier escrito que no se ciña estrictamente a lo ensayístico sino que busque adentrarse en lo literario, no lo hace desde el punto de vista objetivo de un narrador despersonalizado, sino desde la impresión subjetiva de quien escribe. Así, tras unos breves apuntes geográficos, históricos y demográficos, el autor se adentra en el relato de sus años vividos en el municipio, tomando como hilo conductor su trayectoria laboral, pues es su trabajo como docente lo que le lleva a Redován por primera vez a finales de los años setenta.

A través de breves capítulos y anécdotas, el narrador irá desgranando no solo su desempeño profesional, sino también la evolución del municipio, del sistema educativo y de otros aspectos más generales de la sociedad española, que tan profundos cambios atravesó desde la Transición hasta la crisis económica de principios del nuevo siglo. El relato autobiográfico, que se presenta en orden más o menos cronológico, oscila de lo personal a lo comunitario y de lo comunitario a lo personal, siguiendo sobre todo una serie de iniciativas culturales que el autor emprende a lo largo de su estancia en Redován, de entre las que destacarán las de carácter musical. Se incluyen otros textos también escritos por el autor, pero publicados con anterioridad en otros medios, referentes a sus aficiones personales y a sus pesquisas en la historia de Redován. Esta miscelánea de recuerdos está ambientada en lugares en los que los lectores quizás nunca hayan estado, pero que terminarán por resultarles familiares, como el bar del Ancho o la cafetería Huellas, donde habitan una serie de personajes reales a los que quien lee conocerá desde la cercanía de sus apodos, aunque no lo haga en persona.

El título de la obra, Redován, mi tierra amada, se corresponde con el primer verso del himno de esta localidad. Sin embargo, que no se deje el lector engañar por su tono de alabanza, pues no todo lo que se narra son bondades del lugar al que se refiere. El autor no solo se centra en ensalzar las vivencias positivas, ni caer en la tentación de romantizar un pasado que ya no volverá, sino que también comparte con los lectores experiencias frustradas y rencillas con algún conciudadano, dejando ver las dificultades a las que se enfrenta quien intenta insertarse en una comunidad pequeña que a menudo se muestra reacia a dejar de considerarlo «un forastero». Un forastero que, a pesar de todo, termina por llamar hogar a la tierra que le acoge.

Nota del autor

Cualquier lector natural de Redován, residente o no, debe saber que cuanto aquí se escribe es la pura realidad, sin límites ni tapujos y sin licencias narrativas que hagan modificar la esencia de los hechos. Simplemente he reflejado, a modo de memorias, mi pasado de hace más de veinte y treinta años tal y como fue porque nadie me lo contó, sino que lo viví personalmente, y así se debe asumir, aunque hoy, pasadas varias décadas puedan parecer ciertos hechos para algunos, fuera de contexto social o cultural.

No pretendo con estas «venturas y desventuras» vividas a lo largo de treinta y cuatro años en el pueblo y que expongo a continuación, levantar ampollas ni abrir herida alguna.

Siento si alguna persona al mencionarla, o algún familiar cercano, se puedan sentir molestos, no es mi intención. Me guía únicamente el criterio de que prevalezca y se conozca la verdad.

En un principio pensé titular el libro Ocurrió en Redován, pero pensándolo bien, me decidí por la primera estrofa del himno,Redován, mi tierra amada, ya que en los casi treinta y cuatro años vividos en la localidad tanto mi familia como yo, con sus luces y sombras, fuimos felices. Mis hijos son del pueblo y para mí, Redován, mi segunda tierra.

Breve pincelada de Redován

Redován es uno de los veintisiete pueblos de la comarca de la Vega Baja del Segura que se sitúa al sur de la provincia de Alicante, con una superficie de 9,45 km2, a una altitud sobre el nivel del mar de veintiséis metros. Limita al norte con Cox, al sur y al oeste con Orihuela, al este con Callosa del Segura y al noroeste con Benferri, Callosa y Granja de Rocamora. Su población actual ronda los 8500 habitantes, llamados redovanenses y, entre ellos riovaneros.

Mapa de la comarca alicantina de la Vega Baja del Río Segura.

El relieve del municipio presenta dos partes perfectamente diferenciadas, la noroeste del término está ocupada por la Sierra de Callosa, última estribación del Sistema Penibético, donde su cota más alta es el Pico del Águila con 568 metros sobre el nivel del mar. Otras alturas importantes son: el Peñón de la Lobera (328 metros), el Collado del Lobo (303 metros) y el Pico del Chinar (531 metros). La altitud oscila entre los 568 metros y los veinte metros de la vega, mientras que la población se encuentra a unos veintiséis metros sobre el nivel del mar.

Redován con la sierra al fondo.

Panorámica de Redován y su vega.

El resto del pueblo está entroncado perfectamente con la huerta de la Vega Baja al sur, y al norte con la superficie de campo, apenas accidentado por la Rambla de Abanilla que es un relleno aluvial completamente llano que el río Segura, que discurre cercano, fue formando a través de la historia.

Su suelo es rico en limos y areniscas, por lo que resulta muy fértil para la agricultura.

Redován tiene un clima mediterráneo seco con acentuados rasgos de aridez y con caracteres esteparios que dan un paisaje natural de colinas grises y desnudas, donde las chumberas, pinares, (de reciente reforestación) algarrobos, palmeras, matorrales xerófilos y plantas aromáticas como la saldorija, tomillo y romero dominan el paisaje.

Vista del pueblo con piteras.

Las precipitaciones son escasas y desiguales sin superar los 280 mm anuales, que se precipitan sobre todo en primavera y a comienzos del otoño de forma tormentosa. Solo el agua del Segura, canalizada desde tiempos bereberes, por entramados de azudes (1), canales y acequias, como la del Escorratel y Callosa, las recientes aportaciones del Canal Tajo-Segura y el aprovechamiento de las aguas subterráneas mediante pozos, hacen posible las plantaciones de su huerta, destacando los cítricos, hortalizas y algodón.

Se sabe por los yacimientos arqueológicos encontrados en su término que diferentes culturas mediterráneas habitaron en su montaña: iberos, fenicios, griegos, romanos y árabes. Los indicios del poblamiento más antiguo son en el Bancalico de los Moros, El Rincón y El Cabezo.

Su topónimo es de origen árabe, cuya etimología más verosímil es la que hace referencia a un general musulmán llamado Reduan o Ridwan.

En el siglo XIX en una de las excavaciones se halló un yacimiento ibero con cerámicas grecolatinas y figuras de color rojo y de barniz negro, cerámica ibérica y una serie de esculturas ibéricas que fueron llevadas al Museo de Louvre de París. Entre todas ellas destaca el Grifo de Redován, exponente de la cultura ibérica.

Grifo de Redován.

La obra presenta un «grifo» o animal fantástico con ojos saltones, fauces abiertas en forma de pico, grandes cejas unidas simulando una palmeta (2) protohelénica, chipriota o fenicia, y en la cerviz cresta denticulada que flanquean sendos cuernos caprinos. Esta pieza volvió a España en 1941, pudiéndose apreciar en el Museo Arqueológico Nacional, ubicado en Madrid. En el del Louvre todavía existen bastantes figuras y vestigios redovanenses.

El Rostro de Redován.

Recientemente se ha descubierto que en el MAN existe otra figura ibera denominada el Rostro feo de Redován, se trata de una figura en caliza datada entre los años 350 y 250 antes de Cristo, que también estuvo en el Museo del Louvre hasta el año 1941 cuando volvió a España en un intercambio de obras que realizó Franco, en el que también venía la Dama de Elche. Representa un rostro fantástico con un peinado de tirabuzones que esconden sus orejas.

Igualmente, gracias a los trabajos de investigación de Emilio Fernández Escudero, se ha descubierto que en el Museo de Louvre de París, se encuentra la llamada Cabeza de Toro de Redován. Se trata de una cabeza de astado hallada en El Mulagar en el año 1900 y que data del 600 al 450 a. C., realizada en piedra caliza con una altura de 37 centímetros, una longitud de 24 centímetros y un peso de 31 kilogramos.

Cabeza de toro.

Aunque está depositada en el museo, no se encuentra en la exposición sino en el Departamento de Antigüedades Orientales del mismo.

Me consta así mismo, que por los años setenta, en los trabajos de excavación de la cimentación de varios edificios de la calle Pascual Martínez, se encontraron más restos arqueológicos de esta época, y que sin darlo a conocer a las autoridades ni por parte de los propietarios del terreno ni de la empresa constructora, fueron depositados junto a la grava y argamasa como base de sustentación.

Se considera efectiva la fundación del pueblo como tal, a partir del año 1396 con la construcción de un templo religioso cristiano bajo la advocación de San Miguel Arcángel, sobre los restos de la que supuestamente era anteriormente una mezquita musulmana.

Se sabe que en el año 1401 era señor de Redován don Bernar Tapiols que contrajo matrimonio con una descendiente de los Mirón. En 1488 don Joan Mirón reclama el derecho de renta de la (…) «aldea e heretat de Redová e del terme de aquell» (…) por lo que en 1490 la familia Mirón vendió la alquería junto a los nuevos regadíos denominados como «La Heretat d’Ortanova», tierras que quedan entre Benferri y el actual barrio de San Carlos a don Jaime Santangel, caballero de la reconquista del Reino de Valencia, el cual invirtió grandes cantidades de dinero en el actual término de Redován y donde estableció una de sus residencias familiares, como finca de esparcimiento para sus ratos libres. Un año más tarde Jaime de Santangel fue nombrado por Fernando el Católico alcalde general de Orihuela, gracias a que dicho Jaime había sido junto a su hermano Luis de Santangel, los prestatarios reales que sufragaron parte de los viajes de Cristóbal Colón para el descubrimiento de América.

En las décadas de los setenta/ochenta sus habitantes no pasaban de los 4500 y ya se empezaba a notar el reflujo de la población que volvía de Francia, Bélgica o Alemania tras la emigración sufrida, tanto en Redován como en toda la Vega Baja, hacia estos países por el hundimiento de la industria del cáñamo de los años sesenta, tras el resurgir de los compuestos plásticos. Estos redovanenses trajeron los ahorros de su trabajo en el extranjero, lo que supuso para el pueblo un renacer de actividades industriales y sociales o de costumbres con arraigo europeo.

Económicamente el pueblo ha vivido tradicionalmente de la agricultura en trabajos del campo y de la huerta.

Antiguamente tuvo cierta relevancia en la producción de la seda, aunque no reportó grandes beneficios. Posteriormente Redován se conoció como «La Mapa» del cultivo del algodón, donde su factoría de La Algodonera daba trabajo en temporada a gran cantidad de obreros. También fue muy importante el cultivo del cáñamo con su manufactura y conversión en productos de fibras textiles, calzado, redes de pesca y cuerdas de barco. Esta industria tuvo su importancia, llegando a ser el oficio principal en el siglo XIX hasta mediados del XX. El resto del sector agrícola se dedica a la producción de frutas, hortalizas, de entre las que destacan los cítricos y las alcachofas.

Sierra desde la huerta con alcachofas.

En cuanto a la industria ha destacado durante años la fabricación textil del bordado del hogar y el aparado de zapatería, para las fábricas de calzado ubicadas en Elche.

Únicamente el principal sector económico ha sido la construcción. Si bien debido a la crisis de la «burbuja inmobiliaria» esta actividad ha caído en picado.

Sin embargo, Redován cuenta con un importante sector comercial y de servicios, de entre los que destacan, la elaboración artesanal de productos de panificadora y confitados, así como de embutidos y productos cárnicos. Además dispone de una variada y extensa carta de restaurantes, bares y cafeterías con una excelente aceptación entre las poblaciones vecinas. También cuenta con la sala de celebraciones y macrofiestas más grande de toda Europa.

Dispone de un polígono industrial situado en la partida rural de San Carlos, junto a la carretera nacional N-340. De entre las empresas que destacan se encuentran las de automoción, servicio ITV, mecánica industrial, metalistería, hilaturas, fábrica de lámparas de cristal de Bohemia etc.

En temas educativos Redován cuenta con dos escuelas infantiles de 0 a 3 años. El Colegio Sagrados Corazones donde imparten Infantil y Primaria a cerca de setecientos alumnos, cincuenta y dos profesores en sus distintas especialidades. La Escuela de Música de la Sociedad Unión Musical de Redován, centro reconocido por la Consellería de Educación, donde se imparten todas las áreas instrumentales de grado elemental y medio, y un instituto de Enseñanza Secundaria y Bachillerato.

Arquitectónicamente no es que abunden los monumentos, si exceptuamos el Palacio de la Orden de Predicadores, edificio que ocupa actualmente el Ayuntamiento, y que en sus orígenes fue un palacio residencia de los padres dominicos del Colegio de la Universidad de Orihuela.

Palacio de la Orden de Predicadores, actual Ayuntamiento.

La contigua y antigua Casa Consistorial (Casa del Reloj) con una torre reloj que data de finales del siglo XIX, artesanal y de cierto valor artístico.

Casa del Reloj.

La iglesia parroquial de San Miguel Arcángel. Templo del siglo XIV (1396) de estilo románico en sus orígenes. Allí se guarda la imagen de Nuestra Señora Virgen de la Salud, patrona de Redován y que celebra su festividad el día 8 de septiembre. De esta imagen solo se conserva original la parte del Niño y la mano de la Virgen, ya que el resto fue pasto de las llamas en la contienda civil del 36. La nueva imagen es obra del escultor Sánchez Lozano, de la Escuela de Salzillo de Murcia.

Iglesia parroquial.

Existe también un antiguo refugio de pastores (siglo XVIII) situado en la cota más alta de la montaña.

Refugio de pastores.

En los años ochenta se construyó una ermita en la sierra con donativos populares, dedicada a Nuestra Señora de la Salud.

Ermita.

El municipio cuenta con un Museo de Semana Santa en el que se exponen las imágenes y la orfebrería pertenecientes a las manifestaciones procesionales de las distintas cofradías locales.

Son también edificios de interés, la Casa de la Música, y dos centros socio-culturales, donde se pone de manifiesto la gran tradición musical de sus distintas agrupaciones en actividades anuales de conciertos y certámenes, y donde tienen cabida las sedes de sus muchas asociaciones culturales, sociales, deportivas ,etc.

Sus fiestas patronales se celebran durante todo el mes de septiembre en honor a sus patronos, la Virgen de la Salud, (día 8) y San Miguel Arcángel (día 29).

Además de procesiones cabe destacar en ella el desfile de moros y cristianos, la romería a la ermita de la Sierra, galas y conciertos culturales, retretas, barracas de peñas y comparsas, eventos deportivos, exhibición de grama e hilado del cáñamo a cargo de la Barraca La Gramaera como evocación de los trabajos tradicionales y artesanos de antaño, como eran esparteñas (3), redes de pesca, cuerdas de barco, sogas, etc.

Redován cuenta con un gran prestigio de tradición gastronómica que se pone de manifiesto en sus embutidos elaborados artesanalmente en las carnicerías locales: el jamón serrano al pimentón, así como la proximidad marítima, se advierte en la gran variedad de la fábrica artesanal de salazones y pescados ahumados.

Destacan también los múltiples productos panificados y de confitería cocinados en los hornos de Los Quincenos, Lolín, Rafael, El Torero, Caselles, La Pani, La Fea…

En la mesa no suelen faltar platos cocinados con sus magníficas hortalizas y verduras que brinda su huerta, así como: paella de arroz y costra, arroz con conejo y serranas, cocido con pelotas, arroz de los tres puñaos, trigo picao, migas ruleras, guiso con bacalao, camarrojas (4) fritas, bleas(5) cocidas, ensalada de lisones (6), ensalada de alcachofas con capellán…

En el tapeo es de costumbre, la taza con pelota, michirones (7), perol de ternera en salsa, tortilla de alcachofas, pastel de carne hojaldrado, ensaladilla de alcachofas, etc.

Los dulces típicos más tradicionales son: las almojábanas, pitisús, rollos de calabaza, tarta de almendras, mona de Pascua, tocino de cielo, magdalenas de aceite, pasteles de gloria, milhojas, buñuelos de naranja, torta boba y gachas con arrope y calabazate.

Arroz con costra.

Migas.

Arroz de los tres puñaos.

Sin olvidar que en Navidad son tradicionales las toñas finas, los almendrados, la pasta flora de cabello de ángel, las mantecás, etc.

Además existe un turrón autóctono fabricado por los hermanos Ferrández que se elabora con azúcar tostada y rosetas de maíz.

Turrón de rosetas de maíz.

En los últimos años se ha construido en la sierra una vía ferrata (8) para disfrute y aventura, bien de personas solas o para gozar en familia de esta fantástica y atractiva diversión.

La vía ferrata de Redován ofrece tramos ora verticales ora horizontales con recorrido entre varios puentes colgantes en un itinerario con vistas inigualables de Orihuela y toda la vega que la hace pionera en la provincia alicantina.

NOTAS

1.-Azudes: azud es un pequeño muro grueso, menor que una presa, que se construye en un río para reconducir el agua hacia un canal o acequia. (N. del A.).

Azud

2.-Palmeta: Ornamento en forma de hoja de palmera, comúnmente usado en la Antigua Grecia y Roma. Probablemente se originó en el Antiguo Egipto. (N. del A.).

Palmeta.

3.- Esparteña: Especie de alpargata hecha de cuerda de esparto o de cáñamo. (N. del A.).

4.- Camarrrojas: Variedad de achicoria silvestre amarga. La planta es bastante común y existen variedades tanto cultivadas como silvestres. Su uso en la cocina se está perdiendo, apenas en los hogares de los abuelos de la Vega Baja se utiliza, así como otras hojas silvestres recolectadas en los bordes de los caminos o ribazos, que siguen presentes como recuerdo de una cocina austera que siempre caracterizó la tradición de la huerta. Fritas con sardinas son un manjar, y en Redován en el bar de Mario se comían excelentes, gracias al buen hacer de la tía Baltasara. (N. del A.).

Camarrojas con sardina.

5.- Bleas: Así se llaman las acelgas en la Vega Baja. (N. del A.).

6.- Lisones: Verdura silvestre muy común en la huerta, sobre todo a orilla de los bancales, y con la que se hace una ensalada muy apreciada, en toda la Vega Baja y Murcia, a base de lisones, una picá de ajo, tomate rayado, aceite de oliva, limón exprimido y sal. Hay lugares donde se le conoce como «cerraja fina». (N. del A.).

Ensalada de lisones.

7.- Michirones: Plato típico de la Vega y de la Región de Murcia. Se trata de un guiso a base de habas secas con hueso de jamón, chorizo y laurel y que se puede presentar en una cazuela de barro individual o en plato. (N. del A.).

Michirones.

8.- Vía ferrata: Una vía ferrata es un itinerario tanto vertical como horizontal equipado con diverso material: clavos, grapas, presas, pasamanos, cadenas, puentes colgantes y tirolinas, que permiten llegar a zonas de difícil acceso para senderistas o personas no habituadas a la escalada. (N. del A.).

Septiembre de 1978

El Concurso General de Traslados del cuerpo de maestros me llevó obligatoriamente a Redován. Gran parte de mi promoción fuimos destinados a Canarias, al País Vasco y a la provincia de Alicante, concretamente, y que recuerde en estos momentos, a Torrevieja llegó mi compañero Maudilio Hernández, al Pilar de la Horadada, Lorenzo Girón, al Rincón de Redován, Gregorio López, (Goyo para los amigos), a Petrel, mis amigos Rosa Herráiz y Fernando Hernández, otros a Calpe, Elche, Denia, etc., y yo que vine a parar al colegio Sagrados Corazones.

A finales de agosto, cuando salió la resolución del concurso general, me llamaron de la Delegación de Educación de Cuenca para comunicarme mi destino definitivo, pues hasta ese momento había ejercido como profesor provisional en los colegios Nuestra Señora de Manjavacas de Mota del Cuervo y Virgen de la Loma de Campillo de Altobuey (Cuenca), donde tenía fijada mi residencia.

Cuando me dijeron el nombre de Redován en Alicante, no supe dónde se ubicaba, a pesar de que tras mis estudios en Ibi y Campello, había visitado multitud de pueblos de esta provincia, tanto del interior como costeros. Y como Redován no me sonaba de nada me vi en la necesidad de ojear un atlas para dar con mi nuevo destino. Observé y vi que se encontraba en la Vega Baja del Segura, cerca de la N-340, junto a poblaciones como Callosa, Cox y sobre todo muy cerca de Orihuela, cabeza de partido judicial y ciudad más importante de la comarca. Aquello ya me sonaba más, pues había estado en Elche, camino de Cabezo de Torres y Murcia, y lógicamente había pasado por allí, aunque poco quedara en mis recuerdos.

Lo que sí recuerdo es que ese día era día de mercado en Campillo, y bajé a la Plaza Nueva donde situaban los puestos, y vi un camión que vendía frutas y verduras de Cox. Ni que decir tiene que enseguida entré en conversación con el covero, como se les llamaba antes, ahora cojenses. Le pregunté que por dónde se iba a su pueblo, pues un día de estos tenía que ir a Redován.

Como entonces no había autovías, me indicó el camino que él hacía con su camión, ya que era asiduo vendedor en estos pueblos de la Manchuela. De Albacete —me dijo—, me voy para Murcia, y mucho antes de llegar, sale un desvío a la izquierda hacia Archena. Coge esa carretera de Archena y Fortuna y cuando llegues te vas hacia Abanilla, luego viene Benferri, La Murada y Orihuela, y ya en Orihuela tienes Redován al lado. Le agradecí su información y así lo hice. El día primero de septiembre con mi Seat 127 emprendí solo el camino hacia mi nuevo destino en busca de una vivienda para hacer el traslado de mi familia, mi mujer y mi hija de dos meses.

Al girar hacia Archena y Fortuna, y luego hacia Abanilla me iba intranquilizando al ver la sequedad del terreno y los parajes tan inhóspitos y semidesérticos, cuando mis referencias eran que el pueblo estaba en la Vega Baja. Con cierto desánimo continué hacia Benferri, y al pasar La Murada pude vislumbrar el palmeral de Orihuela y el verdor de su huerta bordeando el serpenteo del río Segura.

Recuerdo que paré en Casa Corro a tomar un café, y después hacia el colegio que se divisaba desde el extrarradio. Entré en el despacho del director, a la sazón, Luis Bermejo, que me presentó a tres compañeros, Pepe Ferrando, Jesús Miguel Jordá y Agustín Coll. Tras una charla insustancial acudimos al bar de Mario, donde se nos unió otro compañero, Paco Manzanares. Días después me señalaría Manzanares, y que yo no advertí, las caras de sorpresa de estos cuando les llegué a comentar, cómo había transcurrido la pasada huelga en el centro. (Años después llegué a pensar, si advirtió realmente el gesto en sus caras o era cosa suya y de su hipocondría como en muchas de otras ocasiones). Pues el curso pasado se había producido en magisterio la mayor huelga indefinida de su historia, auspiciada por todos los sindicatos y a nivel nacional.

Con este rocinante caminaba desde La Mancha hacia mi nuevo destino.

Ferrando, que era concejal, me acompañó al ayuntamiento a recoger la llave de la única casa de maestros disponible, pues la otra libre ya la había ocupado Antonio Arques, en la calle Juan XXIII, enfrente de la Pani.

La vivienda había quedado desocupada ese verano al cambiar de destino la profesora que la ocupaba. Y cuando pasamos a hablar con el alcalde, Antonio Cutillas, me dijo que la casa no estaba en condiciones para habitarla así, que tenía los suelos levantados por la humedad y le hacía falta una reforma. Que si me metía tal y como estaba no se iba a arreglar, lo mejor era que esperara dos o tres meses y cuando estuviera aseada la podría ocupar sin problema. Tengo que aclarar para quien lo desconozca, que antiguamente el Ministerio de Educación Nacional construía junto a los colegios casas para los maestros con el fin de que pudieran vivir en la localidad y cerca de su trabajo. Las viviendas eran del Ministerio, pero la conservación y cuidados de las mismas correspondían a los ayuntamientos.

Traté de buscar vivienda por el pueblo para alquilar, pero mi búsqueda a pesar de los contactos resultó infructuosa.

Al volver al centro le comuniqué a Luis lo que había, y le sugerí que me indicara alguna Caja de Ahorros, pues no llevaba en el pueblo más de dos horas, para abrir una cuenta y poder domiciliar la nómina, precepto impuesto por obligación por la Delegación educativa. Me habló de la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, que se situaba en la calle Pascual Martínez, casi a la salida del pueblo, enfrente de la cafetería Huellas, que preguntara por el señor Pancracio. Allí que voy y entro en la entidad que ocupaban diez o doce personas. Como se me había indicado, pregunto:

—¿El señor Pancracio?

No contesta nadie, y se hace un silencio sepulcral. Vuelvo a preguntar:

—¿El señor Pancracio?

Nadie mueve un párpado ni un músculo. Todo es silencio. Vuelvo a insistir algo más alto ya que todos parecían estar sordos.

—¿El señor Pancracio?

Entonces un señor que estaba tras el mostrador en caja, se levanta despacio, con una altura de por lo menos uno noventa o más, y mirándome fijamente me dice, como martilleando las sílabas: me lla-mo An-to-ni-o Po-ve-da. ¿Quién le ha dicho a usted que me llame Pancracio?

—Usted perdone —le contesto—, pero debo abrir una cuenta bancaria y don Luis, el director del colegio me ha dicho que pregunte por el señor Pancracio.

—¡Eso no puede ser, don Luis no le ha podido decir eso!

—Pues créame o no, pero llevo en el pueblo poco más de dos horas y no conozco a nadie.

Mientras transcurre esta discusión, observo la pasmosa quietud de la gente expectante que no se atreve ni a abrir la boca.

Hecha la gestión vuelvo al colegio y Luis con esa sonrisa socarrona, con la que a veces se explayaba, me dice:

—¿Qué? ¿Cómo ha ido la cosa?

—Bien —le respondo—, ya está todo hecho.

—Y… ¿no ha pasado nada? —quiso saber.

—Pues sí, que Antonio Poveda se ha puesto hecho un energúmeno cuando he preguntado por Pancracio.

—¡Pero hombre! ¿cómo se te ocurre…? Con la rabia que le da que le digan Pancracio por lo grandón que es.

—¿Por quién me dijiste que preguntara? —le dije.

—Pero era una broma.

—¿Y yo lo iba a saber? Le dije, cuando me preguntó, que me lo habías dicho tú.

—¡Nooooo! ¿Pero qué has hecho? ¡A ver cómo arreglo ahora esto, Dios mío!

En el despacho había una chica, que me presentó como María Teresa, una maestra que venía de Segovia, definitiva a la escuela unitaria del barrio de San Carlos. En San Carlos había dos viviendas para maestros, una en la planta baja que ocupaba él, que estaba soltero, y otra en la parte superior que le pertenecía a la maestra de la escuela. Resulta que la muchacha le había comentado que su familia no quería que viviese sola, sino que buscase habitación con una familia. Cuando Luis se percató de la idea, le dijo que pensaba que tenía la solución. Y es cuando vuelvo al despacho tras el incidente de la caja de ahorros, y una vez terminada la discusión del affaire de Pancracio.

Pienso, comenta el director, que tengo la solución a tu problema. Tú buscas casa. María Teresa tiene casa, pero no quiere vivir en ella por estar sola y busca una familia. Os podéis juntar, y ya está con una familia. ¿Qué os parece? La chica se aviene y yo les digo que lo tengo que consultar con mi mujer. Desde allí mismo llamo a casa de mis suegros, donde estaba y le comento lo que había. Si no hay otro remedio, me contesta, qué vamos a hacer. Le comento que iba a ser para unos meses, según me dijo el alcalde, y que la vivienda de la maestra consta de dos habitaciones, salón comedor, cocina y aseo. Y así de esta forma, a los pocos días hacemos la mudanza desde Campillo, ya que hasta el día 15 no comenzaban las clases.

Mª Teresa ocupó la habitación más pequeña dejando la de matrimonio para nosotros, que era más grande y cabía la cuna donde dormía mi hija María. A ella le vino muy bien, ya que podía utilizar los electrodomésticos a su antojo, y mi mujer cocinaba para los tres. Pusimos un fondo común aportando tres partes, de donde hacíamos las compras conjuntamente. Así estuvimos estupendamente más de año y medio, hasta que la reforma de la casa de Juan XXIII estuvo terminada.

Luis vivía en la planta baja, e hicimos bastante amistad. Era natural de Usanos, pequeña población pedánea de Guadalajara y que como era de la región, Castilla La Nueva, (entonces), aunque él alcarreño y nosotros manchegos, congeniamos. Subía a casa todas las noches, de las que cenaba con nosotros la mayoría, porque decía que no podía pasar el día sin ver y jugar con María, a quien cogía en sus brazos con verdadero cariño, aunque con el tiempo observé que además de ver a la chiquilla, a quien quería ver en verdad era a la maestra, pues ambos eran solteros y Luis algo mayor que ella, terminaron saliendo y haciéndose novios.

Mª Teresa con mi hija María en el barrio de San Carlos.

Cuando él me confirmó lo de ellos, aunque no le dije nada, pensé para mis adentros que aquello no iba a funcionar. Mª Teresa era buena chica, formal y cabal pero muy cómoda y acostumbrada a otra cosa, ya que había vivido siempre cobijada con sus tíos, que dedicado a la construcción en Segovia, con posibles y sin familia, a su ahijada Mª Teresa la tenía a merced de todos sus caprichos. Y ella, dada la buena vida que había vivido con ellos, suspiraba por su tío y lo que le dijera su tío iba a misa, y no lo digo con doble sentido, ya que eran católicos recalcitrantes.

Luis por otra parte, mozo viejo y harto de vivir solo, era más dejado, aunque en su trabajo era serio y profesional y tenía un grave problema familiar, que cuando se refería a él y me lo contaba, lloraba como una Magdalena. Y no era por su defecto en la pierna que le dejó cojo de niño, cuando una inyección mal puesta o fuera de plazo de poliomielitis le dejara la pierna inhábil para toda la vida. Con sus padres, ya mayores vivían sus hermanos. Su hermana, prácticamente de su edad, que había sacrificado toda su vida en cuidar al pequeño que discapacitado totalmente estaba postrado en cama desde su nacimiento, hacía ya más de treinta años, y con una capacidad mental, me contaba, igual que María que tenía pocos meses. Él siempre había estado fuera y llevaba el drama familiar tan dentro, que cuando, a una joven con la que comenzaba alguna relación se enteraba de la situación familiar, terminaba por dejarlo.

Su hermana, al cuidado de los tres, ya reclamaba ayuda y él se estaba pensando pedir el traslado a Guadalajara, pero no sabía cómo decírselo a Mª Teresa, por miedo a que le ocurriera lo mismo que a las otras pretendientes anteriores. Por eso, yo pensaba, que dada la forma de vida que ella había vivido y que quería seguir viviendo, con lo que Luis le ocultaba, no estaría muy de acuerdo con el cuidado de la familia de Usanos, si es que terminaba aceptando vivir y casarse con Luis Bermejo.

La primera impresión que tuve al llegar a Redován, fue mi extrañeza de cómo en una población con un clima tan seco, árido y caluroso no hubiese arbolado en todo el pueblo; pues la plaza de la Paz no existía, ya que era un bancal, la plaza del Ayuntamiento era de tierra donde se situaba a un lado enfrente del palacio la casa del cura, que era don Roque García, y debían de estar a la espera de algún permiso episcopal para tirarla y así acondicionarla. En la plaza de la Cruz no existía nada verde. Y por descontado, si no había árboles, menos aún fuentes públicas, ni por estética ni para aliviar los calores casi desérticos de sus moradores.

A decir verdad, tan solo encontré en el patio viejo del colegio tres o cuatro moreras centenarias, y en el patio nuevo varios eucaliptos, que se colocaban unos junto a la valla de la calle Benito Pérez Galdós, otros en la parte que daba al campo, hoy avenida de la Libertad y alguno junto a la verja de una escorrata, y que hoy es la calle Camilo José Cela.

Con el tiempo, los dos o tres árboles situados junto a la calle Pérez Galdós, tuvieron que talarlos por las quejas de los vecinos de la calle, ya que sus raíces cruzaban la calle y se metían en sus casas, levantando terrazos y tabiques.

Al cabo de cinco o seis años, tras pedirle el claustro de profesores al Ayuntamiento que nos plantara arbolado en el centro para alivio del alumnado y poder cobijarse a la sombra en los recreos, nos hicieron caso. Así, un lunes al llegar al centro observé una hilera plantada junto a la pared que daba a la calle Padre Manjón, y otra bordeando el campo de fútbol de tierra y el asfaltado cercano al edificio gris, hasta la pista de futbito.

Plaza de la Paz hoy.

Eran unos árboles de buen tamaño ya, de hoja caduca ancha y grande. Cuando en un consejo escolar al representante del Ayuntamiento de UCD, Ángel Vegara, (el Cariño) a los pocos días de la plantada, le pregunté qué clase de árboles eran, me contestó muy risueño y simpático, como él es, con una sonrisa entre burlona y sarcástica, que eran «chopos canadienses». Pues enhorabuena, le dije, y felicita a quien los haya elegido en mi nombre, por lo bien que lo ha hecho, pues en verdad que esta clase de árbol necesita mucho sol y temperatura alta, pero también mucha humedad, ya que su hábitat natural se sitúa entre los 1200 metros de altitud, ubicándose al margen de los cursos de agua o cerca de los nacimientos, justo las condiciones climáticas que se dan en Redován. Como sabrás, me contestó, yo de eso no sé nada. Como era de suponer, unos se secaron a pesar de los incesantes riegos del conserje, y a los dos o tres años, lo hicieron los que quedaban. Posteriormente fue el propio colegio el que realizó la plantada de los arbustos que existen en la actualidad, falsas pimientas, jacarandas, mimosas y buganvillas en tiempos de la directora del centro, Encarna Hernández.

Comienzo de curso y actividades extraescolares

El curso 78-79 comenzó y al ser nuevo en el colegio, se me adjudicó la tutoría de un quinto curso, Ciencias Sociales en octavo y algunas marías como Educación Física, Religión y Pretecnología en octavo, ya que por aquellos años no existían especialidades en los centros y todos éramos maestros generalistas, aunque algunos, los más jóvenes ya veníamos del concurso oposición con especialidad, como era mi caso en Historia y Ciencias Sociales.

Esos primeros años en el colegio me tocó hacer de todo, desde pintar la pista de futbito que servía para balonmano y baloncesto, con los chavales, ya que impartía Educación Física a los mayores, teatro para obtener fondos y que el alumnado se pudiera pagar el viaje de estudios, llevar a los chicos a los campeonatos escolares comarcales, etc., etc., y todo ello fuera del horario lectivo, es decir a partir de las cinco de la tarde y los sábados por la mañana.

Tras las cinco horas lectivas diarias, debíamos permanecer una hora más en el centro, es lo que se llamaba «dedicación exclusiva», donde se corregían trabajos y se preparaban las clases del día siguiente, además del tiempo que dedicábamos en casa. Como los sábados salía con los muchachos a los campeonatos escolares y echaba de cinco a seis horas, solicité al claustro que se me permutara la «exclusiva» por mis salidas matinales. La contestación global fue que si me iba con los chicos los sábados, era porque me gustaba y nadie me obligaba. Por descontado que seguí haciéndolo; sí, una porque me gustaba y otra por los chicos, porque disfrutaban jugando al fútbol, y eso que los tenía que llevar en el 127, aunque parezca mentira, a todos el día que no me acompañaba ningún padre. A Jorge, Salvador y Alberto los tenía que recoger en el barrio de San Carlos por la mañana y llevarlos a casa alrededor de las tres de la tarde. Pero fue una época maravillosa que recuerdo gratamente.

Recuerdo una anécdota que me ocurrió pasados más de veinte años de todo esto. Estaba al caer una de esas tardes veraniegas en la terraza de un bar en la calle principal de la playa de las Mil Palmeras, junto con unos familiares de Madrid tomando una copa. Nos sirvió un joven treintañero moreno con muestras de conocer el negocio y cuidar a su clientela. Al tiempo, cuando ya habíamos terminado y nos disponíamos a marchar, le pedimos la cuenta. Entonces, el chico resuelto y educado, nos dijo que la consumición estaba pagada. Sorprendido le pregunté, que quién había tenido la amabilidad de invitarnos. Entonces él me miró fijamente y me dijo: tú eres José Luis, ¿verdad?, maestro de Redován, y no te acuerdas de mí. Yo sí que me acuerdo, la cantidad de sábados que con el 127 nos llevabas a Jorge Martínez, Salvador Aracil y a mí, Alberto Martínez Arenas a jugar al fútbol por los colegios de la Vega.

—No me digas que eres Alberto —le contesté, pues de sobra sabía que el pobre Salvador había fallecido unos años antes en su profesión de submarinista, y Jorge era rubio.

—Pues sí, soy Alberto. Regento este chiringuito y estoy encantado de invitarte a ti, y a tus amigos.

Chocamos las manos y seguimos con el parloteo, mientras mis contertulios pedían otra consumición.

En otra ocasión y en otro claustro de profesores, solicitó Arques, (que nos habíamos puesto de acuerdo él, Vicente Franch y yo) si en vez de hacer la «exclusiva» dedicábamos esa hora los tres a dar clases de adultos por la noche; pues sabíamos de mucha gente que no había terminado sus estudios de EGB, sobre todo las chicas, ya que la mayoría abandonaba los estudios en sexto o séptimo que aprendían a aparar y las familias las incorporaban al mundo del trabajo. Y por otra parte también conocíamos a gente mayor analfabeta, porque en su niñez no pudieron asistir a la escuela.

Esta vez la idea no les pareció mal al resto de compañeros, y por parte de la dirección se nos dijo que lo consultaría con las altas esferas educativas. Antes del mes llegó la contestación de Educación aprobando la idea, pero cambiando algunos términos que nosotros habíamos incluido:

1.- Seguiríamos haciendo la «exclusiva» como el resto de profesores.

2.-Las clases de adultos se impartirían por la noche: una de Graduado Escolar, y otra de alfabetización.

3.- Los profesores del centro responsables eran: Antonio Arques, Vicente Franch y José Luis Olmo.

4.- Estos profesores por impartir dos horas diarias de clase a cada grupo, percibirían un aumento en sus haberes de cuatro mil pesetas al mes.

5.- Deberán mandar a esta Dirección General una Programación General y un listado del alumnado con los horarios fijados.

Y esta es la causa y la razón de que exista en Redován la clase de adultos. Con el tiempo, cansados de esta actividad lo dejamos, y luego el Ayuntamiento continuó con la actividad haciéndose cargo de la misma con profesorado sin trabajo y recién terminada la carrera.

En septiembre del 79, tras los exámenes extraordinarios, selladas y firmadas las actas por todos los profesores, me llama el director al despacho y me dice que tengo que aprobar a una alumna, que solo le ha quedado Ciencias Sociales, asignatura que yo impartía.

Le digo que las actas están hechas y firmadas y que no voy a rectificar, como han hecho el resto de profesores con esa alumna, ya que de sobra sabía lo que había ocurrido.

Me contesta que las actas se pueden romper y hacerlas de nuevo, a lo que le digo, que no, que la chica no se lo merece.

Bien, me contesta, el padre te está esperando en el patio, tú verás lo que le dices.

Efectivamente, al salir del edificio me aborda el hombre para pedirme exactamente lo que me había dicho Luis: que tenía que aprobar a su hija para que pudiera matricularse en el instituto con todas sus amigas, que él era un hombre honrado y de buena familia, y que mi asignatura no tenía tanta importancia y siempre me lo agradecería.

Entonces le digo al buen señor, que su hija no ha dado en todo el curso un palo al agua, que en septiembre ha venido a los exámenes todavía peor que en junio, que si los demás profesores la habían aprobado, allá ellos, yo no la iba a aprobar bajo ningún concepto. Además, le dije, que si por una casualidad la aprobara, en justicia debería aprobar al resto de alumnos que también habían suspendido, y cuyos padres no habían venido a reclamar; que dadas las circunstancias, lo mejor para su hija era que repitiera curso y al año siguiente fuera a Bachillerato con mejor preparación.

Le tuvo que convencer mi razonamiento, porque me contestó, que lógicamente, si aprobaba a la suya, lo debería hacer con el resto, y eso tampoco lo veía bien, por lo que aceptó que la chica repitiera octavo.

El hombre no era otro que Manuel Medina Ros, el Morrongo, y lejos de enojarse conmigo el hecho nos condujo a ambos a una relativa amistad.

La tutoría de octavo me correspondió, y ese curso iniciamos una serie de actividades extraescolares con el fin de recaudar fondos para que los chicos se pagaran el viaje de estudios, como fueron en Navidad la venta de dulces y polvorones, décimos de Lotería Nacional y la representación de la obra de teatro La zapatera prodigiosa, de García Lorca. Obra que tuvimos que repetir porque llenamos la sala del Cine Medifer, de la que Manolo el Morrongo era el gerente y uno de los propietarios, ya que el cine era familiar. Para tal fin, Manolo me ofreció la disponibilidad de la sala gratuitamente.

Intérpretes de La zapatera prodigiosa.

Tengo y debo mencionar para ser justo, que entre acto y acto llevamos a cabo el sorteo de dos pares de zapatos, uno de caballero y otro de señora, que altruistamente nos había obsequiado José Esclápez para este fin, y que siempre que recurríamos a él para esta causa, siempre estuvo dispuesto a colaborar para los chicos.

La disposición de la sala de proyecciones no solo quedó en el teatro, sino que fue el propio Manolo el que me propuso que por qué no proyectábamos los viernes por la tarde para los chicos del colegio las películas que iba a dar los sábados y domingos, siempre que fueran adecuadas a ellos, siempre y cuando los maestros nos hiciéramos responsables y a cargo de la taquilla, de las entradas y acomodación, para evitar gastos. Como vi una buena posibilidad de obtener fondos acepté. Tan solo me puso una condición, y era que al término de todas las sesiones le pagáramos los gastos ocasionados por la limpieza del local. Y en eso quedamos.

Otro momento de La zapatera.

Así iba transcurriendo el curso, cuando a las dos o tres sesiones realizadas, me llama un día y me dice que ha estado con él Roque Escudero, que era el delegado local de la Sociedad General de Autores y Editores, SGAE, y que lógicamente quería cobrar su porcentaje de estas sesiones extras de los viernes.

Le he dicho que eso era cosa tuya, así que tú verás cómo lidias ese toro.

A los dos o tres días de esto, me entrevisto con Roque y le hago ver que Manolo no tiene nada que ver, lo único que nos cede gratuitamente la sala y pone al servicio del colegio las películas con el doble fin de que los chicos saquen un dinero para costearse el viaje de fin de curso, y no acudan los sábados y domingos al cine para que haya más espacio disponible para los adultos.

De esta forma podrán viajar la totalidad de los chicos sin que los padres tengan que desembolsar el dinero que les haría mermar sus economías domésticas. Imagínese que es usted un padre afectado.

Le debió de convencer mi postura, porque no me dijo nada, solo movía la cabeza lentamente de un lado hacia el otro, hasta que respondió así como por lo bajo, un está bien, y se marchó.

Cuando hubieron terminado todas las sesiones, como habíamos pactado al principio, le pregunté a Manolo que qué le teníamos que pagar por los gastos de limpieza, para sacar el dinero de la cuenta que a nombre de octavo tenían abierta los chicos.

De forma caballerosa, altruista y generosa me contesta que ya estaba todo pagado y no le teníamos que abonar nada, pues estaba muy contento con la marcha del curso de sus hijos María y José Miguel.

Me viene a la memoria otra anécdota de los juegos escolares. Se jugaban esta vez en el colegio Santo Domingo de Orihuela. Nos tocaba jugar con ellos al fútbol, y al mismo tiempo participar en ajedrez, creo que era con los locales, Santo Domingo, Almoradí, y el otro colegio no sé si era el de Dolores o el de Benejúzar. Lo que sí recuerdo es que todo se jugaba al mismo tiempo. Y nosotros teníamos un problema ya que nuestro único participante en ajedrez, Jaime Águeda, también era necesario en fútbol. Al comunicarle los horarios y decirle que debía dejar su puesto en fútbol a otro compañero, me dijo que de eso nada, que él jugaba en las dos competiciones, que hablara con los maestros para que pudiera jugar al ajedrez al mismo tiempo con los tres colegios. Que se los ventilaba en un tris tras y le daba tiempo a cambiarse para salir al terreno de juego. Pero hombre, le dije: ¿cómo vas a jugar simultáneamente con los tres? Tú no te preocupes, maestro, y déjame a mí.

Expuse a mis compañeros lo que había, y estos aceptaron gustosos la propuesta de mi pupilo. Recuerdo ver sentados a sus contrincantes delante del tablero, y Jaime de pie haciendo una jugada con uno, luego pasaba al otro, y por último al tercero. A la segunda pasada, la jugada era «jaque mate». No habían transcurrido más de cinco minutos, cuando el de Sagrados Corazones dejaba eliminados a los tres colegios.

Rápidamente salimos para los vestuarios, cuando los chavales comenzaban a salir hacia el campo de fútbol. Les dije a los míos, que se hicieran algo los remolones en salir, para darle tiempo a Jaime para que se pudiera cambiar, pues ya se había cargado a los tres contrincantes de ajedrez.

—Si ya te lo decíamos, maestro —me respondían ufanos los chicos— que Jaime era un hacha en ajedrez.

En los últimos años se ha extendido en el pueblo un eslogan breve y bonito, creo que de cara al turismo, que dice: «Redován, balcón de la Vega Baja». A decir verdad, de quien haya sido la idea no lo ha tenido que pensar mucho, pues tengo que decir que esta idea salió de este mismo curso de octavo del que venimos hablando. Hicimos como un concurso entre los chavales de eslóganes para dar con uno, para hacer pegatinas y llevarlas a los comercios y empresas, además de a los particulares y a sus compañeros para sus cuadernos. Tras mucho escandallar opciones, ganó la frase: «Redován, balcón de la Vega Baja», que a decir verdad, no recuerdo quién fue el que la trajo. Lo que sí sé con certeza es que el que dibujó la sierra en negro, colocando la frase encima fue José Miguel Carrillo Ballesta, el Xato, que por esos años se dedicaba a sustituir a los profesores que causaban baja por enfermedad, antes de dedicarse a la hostelería. Luego llevamos el dibujo a imprenta y se confeccionaron las pegatinas. Por tanto, aunque no lo tenga registrado, el copyright (1) del citado eslogan es del Xato. Todo lo demás es plagio. Esta nueva idea tan solo ha cambiado el color y la posición de la letra.

Y digo que José Miguel Carrillo trabajaba casi a diario en hacer sustituciones, no sé si compartiéndolo con sus estudios o si ya había terminado la carrera. Junto a él, también lo hacían Margarita Monera, Concha Arenas y la hija de Patolas, Inmaculada Abadía.

En otras actividades extraescolares, en este caso carnavaleras. Cursos 83-84 y 84-85.

Ocurría que la Administración no mandaba profesores sustitutos al centro, ya fuera para dos o tres días de baja por gripe o anginas, o durante más tiempo, y que a estos jóvenes los debíamos buscar nosotros y pagarles de nuestro bolsillo, y eso a pesar que en el centro por esos años no estábamos más de veinticinco o veintiséis profesores.

Unos años más tarde de esta función se ocupó el Ayuntamiento, regido por Antonio Cutillas y el APA, siendo presidente de la Asociación Manuel Gálvez Baillo.

El viaje fin de curso que realizamos a Tarragona, Barcelona, Andorra, Zaragoza y Monasterio de Piedra, Teruel y Albarracín fue un éxito, y como todos los años la tutoría de octavo la rotábamos Arques y yo, un año lo organizaba él y al siguiente me tocaba a mí, cada uno a su modo y estilo. Pero en lo que sí coincidíamos era en las representaciones teatrales de carácter infantil para la obtención de fondos, como El rey Sol, El Raterillo, etc., etc., tocándome a mí la dirección artística y casting para las obras, pues afición y conocimientos teatrales me sobraban, ya que en mis años de estudios de Bachillerato en Salesianos, formamos varios alumnos un grupo de trabajo donde nos iniciamos en preparar y representar cada tres meses una obra en el centro por lo que había representado bastantes papeles teatrales a lo largo de mis estudios.

(1).- Copyright: Derecho exclusivo del autor, editor o concesionario para explotar una obra literaria, científica o artística durante cierto tiempo. (N. del A.).

Grupo de octavo en la representación de El rey Sol.

Momento de la interpretación.

Otra de las actividades extraescolares que realizamos, tanto este curso, como en los siguientes era la de celebrar el Día del Árbol con una repoblación forestal en la ladera de la sierra. Recuerdo con este octavo precisamente, porque fue el año que plantamos los pinos actuales que bordean el parking que hay detrás del cementerio.

Teatro en la Barraca La Gramaera

Esto hizo que cierto día vinieran a verme dos dirigentes de la Barraca La Gramaera, Miguel Terol y Antonio Marcos, para decirme que tenían inquietud por el teatro y que como pertenecían a una asociación cultural, habían pensado crear en su seno un grupo de teatro, pero les faltaban conocimientos y no tenían a nadie preparado para tal fin entre sus socios, y que si yo quería podía hacerme cargo del mismo. La idea no me pareció mal, ya que como digo, el teatro es una de mis debilidades y pasiones, y la idea me gustaba. Cuando tras recapacitar, les confirmé mi conformidad siempre y cuando se me dieran estas condiciones:

1.- El director del grupo, y por tanto el responsable artístico era yo. Yo elegiría las obras y haría los casting entre los socios que me propusieran.

2.- Al estar dentro de una asociación, no quería injerencias ni censuras en mi trabajo por parte de ningún dirigente de la misma.

3.- Yo fijaría los días de ensayo en sus locales, y por descontado mi trabajo iba a ser altruista.

Aceptaron mi propuesta y a los pocos días, pensé que la obra de Alejandro Casona, La barca sin pescador era la idónea para comenzar este bonito proyecto, debido a su carga emocional y dramática. Se fotocopió el panfleto y elegí a los personajes que creí capaces y adecuados para su representación, dentro de la cantidad de socios que me presentaron para el casting, que fueron muchos y a todos les entusiasmaba la idea de hacer teatro, y tras el reparto y una inicial lectura de sus papeles, les expliqué cómo debían estudiarlos y memorizarlos, sabiéndose el término de la frase del personaje anterior, y les di un tiempo para aprendieran su papel.

Este fue el reparto por orden de aparición:

Ricardo Antonio Martínez Cartagena

Enriqueta Genoveva Cartagena Gómez

Juan Manuel García Sannicolás

Banquero Manuel Pacheco Hurtado

Consejero 1º Manuel Mazón Hurtado

Consejero 2º Francisco Martínez Gómez

Caballero de negro Miguel Hernández Sánchez

Abuela Salud Ros Gómez

Estela Finita Hernández Sánchez

Frida Paqui Ros Gómez

Tío Marco Miguel Mazón Hurtado

Montaje, decorados, iluminación y efectos especiales, grupo de teatro LA GRAMAERA.

Dirección: José Luis Olmo Díaz

Me parecía increíble, cómo gente mayor, trabajando y sin estudios, a la semana justo ya dominaban memorísticamente sus papeles. Así pues comenzamos los ensayos. Todo transcurrió bien y cuando la obra estaba prácticamente montada, ellos mismos hicieron los decorados y la iluminación, bajo mi dirección.

Unos días antes de la función le comenté a Marcos mi idea de que una vez que terminara la representación me gustaría tener una charla distendida con todos los personajes, alrededor de un café o de una copa, para comprobar cómo había sido su experiencia, cómo pensaban que habían hecho el papel, qué habían sentido, qué pensaban que habían fallado, si podían hacerlo mejor, etc., etc. y le dije que como estaba la cafetería de su hermano enfrente del cine, nos podíamos juntar allí. Le tuvo que parecer bien porque no me puso ninguna objeción. Pero al día siguiente, o bien lo había consultado con alguien o lo había pensado mejor, me dijo que no veía bien que fuéramos al local de su hermano para evitar habladurías, que mejor que fuésemos al bar del Ancho.

Como a mí me resultaba indiferente, lo vi bien, siempre que se respetara mi idea de entablar una conversación con los actores en caliente.

Hicimos la representación en el cine Medifer con un lleno espectacular y la obra salió estupendamente con una representación increíble. Me parecía mentira lo que aquella gente mayor había hecho, fue un rotundo éxito, de tal forma que tuvimos que repetir la función, volviendo a llenar las butacas de la sala.