Retazos del natural - Charo Alonso - E-Book

Retazos del natural E-Book

Charo Alonso

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Beschreibung

Colección de relatos entre el costumbrismo y la reivindicación que pretende dar voz a las siempre calladas, a las silenciadas, a las mujeres que han sostenido la vida desde que el mundo es mundo. Relatos mordientes, nostálgicos y amargos, que defienden el papel de la mujer desde una perspectiva histórica en una España que las aplastó desde siempre bajo la bota del machismo.

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Seitenzahl: 79

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Charo Alonso

Retazos del natural

CUENTOS

Saga

Retazos del natural

 

Copyright © 2018, 2023 Charo Alonso and SAGA Egmont

 

All rights reserved

 

ISBN: 9788728396032

 

1st ebook edition

Format: EPUB 3.0

 

No part of this publication may be reproduced, stored in a retrievial system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

 

www.sagaegmont.com

Saga is a subsidiary of Egmont. Egmont is Denmark’s largest media company and fully owned by the Egmont Foundation, which donates almost 13,4 million euros annually to children in difficult circumstances.

Para Fernando... y para Charo García Diego

A la manera de Monterroso

 

Cuando me desperté, tú seguías sin estar ahí.

Lección de Lengua

Repasando la morfología del amor

reparo en su falta de género,

en el número plural de los que amamos,

en que siempre supe ser un verso suelto.

Por eso la sintaxis de mi amor

concuerda contigo en género y en número,

en persona y hasta en modo subjuntivo,

porque fuera o fuese el más puro deseo.

Por eso, antes de adecuar el texto a su contexto,

mi mano a lo cóncavo y mi sexo a lo convexo,

me dejo rimar la coherencia y cohesión

y conjugo, sin analizar, todos los nexos,

deseando que contigo sean un tratado

de gramática sexual todos los verbos.

CONTRA LOS FEMINICIDIOS DE CIUDAD JUÁREZ

-Estancias del horror I- -Estancias del horror II- -Estancias del horror III-

Estancias del horror I

Una voz clama en el desierto: Preparad el camino a la Bestia. Que crujan los huesos pelados con el estrépito de la tormenta y que se levante la tolvanera.

No cosáis la cicatriz que no cierra los más de tres mil kilómetros de frontera, no sequéis el Río Bravo que supura toda la cobardía ni calléis el escándalo atroz de las maquiladoras de mano de obra sedientas.

La Bestia no se sacia con la carne de la balacera, no se emborracha de sangre del narco ni de corridos reventados de crónica negra. A la Bestia le gusta mancillar la inocencia, esa que guardan las mujeres entre las piernas y lucen, ignorantes, las niñas como la tuya y la mía, quienes tuvieron la fortuna de nacer lejos de la frontera y de aquellos que cubren el cuerpo con el sudario que nunca quiso el Profeta.

Esa es la voz que le gusta a la Bestia, aquella que convierte en matadero a la heroica Ciudad de Juárez, estercolero de sueños y apeadero de trenes. No la de los cronistas del dolor ni la de los poetas, no la de los periodistas ni la de las mujeres de negro que claman por las que no volvieron de la calle de la Bestia... esa que acecha en los rincones de la violencia, en las esquinas y en los descampados, en los tráficos de los hombres y de los coyotes que te dejan morir en medio de todas las esperas.

Una voz clama aquí y ahora: que se levanten aquellos a los que callaron de la peor manera. Que el Verbo se haga carne y habite entre las letras. Que llueva en el desierto y vayan las niñas a todas las escuelas y los trenes recorran el pespunte cosido del cuerpo resucitado con las vísceras enteras.

Y que la Bestia se ahogue cruzando todas las fronteras, destripada y maldita, y que de nada le valgan lanchas, ni muros, ni vallas, ni pateras.

Estancias del horror II

Mi niña, mi amor, que la tierra te sea leve. Que estés donde estés te cubra como la sábana tersa, sudario de novia virgen. Que estés donde estés no pases frío en la noche yerta del desierto, ni calor esperando el trasporte que te lleva otra vez a la maquila donde compartirás con tus vestales el miedo a la salida del último turno. Ese temor a los coyotes, a las serpientes, a la mayor de las bestias. A esa que arranca la carne a mordiscos y horada lo más sagrado, esa que escupe hostias y ensucia las imágenes de la virgencita. Aquella guadalupana a la que rezábamos las madres para que nos diera fuerzas y pudiéramos mataros nosotras con la mayor de las dulzuras, carne de nuestra carne, sin dolor ni ultraje. Todo menos expulsaros otra vez a la vida cruel de la frontera, hija mía, muerta mía, allá donde estés. Porque yo que soy tu madre lo habría hecho con suavidad, sin que te doliera pasar de uno a otro sueño, te habría cavado una cuna de tierra donde ir a llorarte. Pero no hemos tenido el valor de esconderos en lo más profundo de nuestros cuerpos y nuestras casas o de ahogaros con la almohada de infante o de apretaros las trenzas en ese cuello tronchado. Mi niña, mi amor... Allá donde estés, muerta mía, otra más en el silencio eterno en el que no brilla la luz cruda de desierto... que la tierra te sea leve y el dolor, para mí, la losa que a todas nos aplaste.

Estancias del horror III

Mi Costurerita

 

No heredarás la tierra ni la hacienda y ganarás el pan con el sudor de la maquila que cose a puntadas carniceras la cicatriz que nos separa del otro lado. Muros y miedos para hilvanar los días con los que hilas las horas, las que te devuelven a la casa, sana y salva, mientras tu madre suspira de alivio. Porque aquí la vida es una sucesión de sombras y sudores y la tierra que te levanta, tan liviana, sólo alumbra niñas asustadas y bestias sanguinarias. Cambiaste los pedales de la bicicleta con la que soñabas por los de la máquina de coser y el miedo difuso por el terror cierto. Creciste. Y nadie te dijo que no serías la esclava del Señor, sino del miedo. Estás viva aún, pero a qué precio, por eso haces un gesto desolado a la puerta de la iglesia... de nuestros enemigos/líbranos Señor, Dios nuestro... mientras desciende sobre ti una corona de espinas hecha con alfileres y se abre en tu costado la flor de la lanzada. No volverás a la maquila mañana, rodeada de niñas como tú, ni gritarás de nuevo al entrar en casa el agradecimiento de regresar viva y el alivio de todo lo que no sucedió consolará a tu madre mientras cose el su-dario que escondemos en el costurero las mujeres de esta tierra que nunca heredaremos. Por la señal de la Santa Cruz...

Cóncavo y convexo

Te habrán costado cinco mil, pero lo peor va a ser el cachondeo en el centro de trabajo. Van a hacer cola para tocártelas, nena, y para colmo no te puedes quitar el vendaje en un par de semanas, te vas a gastar una pasta en sujetadores, y nada de topless en una temporada. ¿No sabías que las amazonas se cortaban uno para llevar mejor el arco? Ya te cansarás de llevar el canalillo subido hasta la boca, ya te cansarás de que no te miren a la cara sino a las dichosas tetas, y eso que no llevas la factura en el escote. Por cierto, dame el nombre del cirujano, guapa, estoy pensando que no me vendría mal retocarme la nariz... Problemas respiratorios, chata, a ver qué te piensas...

Descubriendo América

...Cosas nunca oídas ni aún soñadas... al otro lado de la mar océana, de la mesa donde te sientas, del lugar donde provienes a once horas de vuelo... Cosas nunca oídas ni aún soñadas... más allá del libro de caballerías y de mi propia imaginación desbocada.

RETABLO MATERNO

-Tabla primera: Preguntas retóricas- -Tabla segunda: Prima ballerina absoluta--Tabla tercera: Lazos de sangre- -Tabla cuarta: Puzzles-

Tabla primera Preguntas retóricas

La teóloga que vive conmigo me preguntó anoche ¿Por qué nos hizo Dios? Cuando se lo cuento a mi oráculo de Delfos, me dice que, según Jung, todos los niños pasan esa etapa.

—Mamá, Dios nos ha hecho como muñecos pequeñitos.

El amor hace que ella piense que yo tengo todas las respuestas, el amor hace que yo piense que tú respondes a todas mis preguntas.

Tabla segunda Prima ballerina absoluta

Yo le regalé a tu hija las zapatillas rojas de ballet que alguien desechó y que nunca usé porque en mis tiempos solo las niñas ricas iban a clase de ballet. Sin embargo a la tuya no le gustaron ni la tiranía de las punteras ni el demi-plie, se coló en una clase de baile flamenco y empezó a zapatear y taconear contra el mundo.

Hoy, que te taladra el vientre con su rebeldía y con el afilado estilete de su zapato de tacón, me pregunto cuánto tardará mi propia hija en cambiar la puntera redondeada de sus zapatillas de ballet por el acerado stiletto de la adolescencia.

Tabla tercera Lazos de sangre

Los niños son tan seguidos que parecen gemelos. Y como no hay peor cuña que la de la propia madera, pasan la tarde discutiendo bajo mi ventana. Hoy la contienda ha ido más allá de las manos.

—¡Ya no eres mi hermana!

—¡Te jorobas que eso de ser hermanos es para siempre!

El niño atraviesa la calle envuelto en el estrépito de su llanto y oigo a la madre a través de la ventana: “¿Te ha pegao tu hermana?”