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La agonía de la vida en el planeta ¿Cómo hubiera sido la vida de la humanidad sobre un planeta sin contaminación, sin guerras y sin poderes autoritarios? Tal vez sea demasiado utópico pensar en el equilibrio ecológico y la libertad como móviles de la humanidad.
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Seitenzahl: 113
Veröffentlichungsjahr: 2021
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Magdalena Gomez.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Quiroga, Silvia Rosalía
Retroavance : delirios proféticos / Silvia Rosalía Quiroga. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2021.
118 p. ; 21 x 14 cm.
ISBN 978-987-708-866-3
1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. 3. Ciencia Ficción. I. Título.
CDD A863
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2021. Quiroga, Silvia Rosalía
© 2021. Tinta Libre Ediciones
A la memoria de mis padres y abuela melchora
A la memoria de mi abuelo materno Gaetano, veterano de la primera guerra mundial.
Al amor de mis hijos.
RETROAVANCEDelirios Proféticos
PRÓLOGO
Se había sentado a la orilla del arroyo, sobre una de esas raíces que se extienden casi hasta el agua. Esas raíces gruesas y leñosas evidencian la fuerza que el árbol que está casi al borde de la barranca produce para afirmarse, buscando el modo de hallar el equilibrio para mantenerse erguido.
Algunos aleteos, trinos y gorjeos indicaban que los pájaros ya estaban regresando a sus nidos. Levantó los ojos para ver una bandada de golondrinas con dirección al infinito.
Después, su mirada se centró en el horizonte, un arco inmóvil que siempre ha estado allí donde nadie puede alcanzarlo.
Con su rojo incandescente la puesta de sol se mezclaba con el ocaso de su vida.
Al igual que el árbol, su vida también intentaba afirmarse al borde de un abismo y también percibía cómo lentamente el horizonte iba tapando el sol.
Cual plancha de metal, el agua del arroyo estaba quieta. Un cromo blando, fijo, inalterable dejaba penetrarse con los últimos rayos y los refractaba débilmente. La incandescencia parecía fundirlo.
El paisaje lo indujo a pensar en el amor; pero el amor también se había alejado de su vida.
Alguien en forma arbitraria había cambiado el giro de su historia, le había impuesto un receso a su vida, una transición.
Debía postergar su vida para ser parte de una guerra. Debía asumir una transición, ese cambio sustancial que produce un quiebre: resurgimiento o destrucción.
El tiempo infinita y despiadadamente lo observaba desde lejos con ojos parcos, colocando tinieblas sobre sus recuerdos.
El viento le traía algunas palabras inaudibles, que no eran otra cosa más que lamentos de la historia.
La tarde se había esfumado.
Sus ojos estaban orientados hacia una única dirección: el cielo apenas iluminado por la luz de la luna tenue. Un inmenso vacío iba inundando su historia. Su historia terminaba.
Sentía un sabor amargo y tenía los labios secos. Sus ojos seguían proyectados. A tientas en la oscuridad llegaban hasta el otro extremo del arroyo.
Sintió un escalofrío como si el agua lo tapara y los pies como en un remolino. No flotaba, no tenía apoyo, lo absorbía el abismo y caía y mientras caía se elevaba.
Apenas vislumbrando algunos rayos de luz pero con las alas rotas y los pies descalzos, todavía con miedo, agotado, detenido en el instante que dura el paso, verificaba la firmeza del otro extremo del abismo; pero con la esperanza y la seguridad de que el salto esta vez era hacia adelante, sin dolor, sin barreras, sin cadenas, sin puñales, sin falsas promesas, sin palabras vacías, sin apariencias, sin esperanzas vanas.
En efecto concluía una última etapa. El quiebre de la transición lo había colocado en el umbral de la muerte.
I
La audiencia no era demasiado numerosa cuando el profesor tomó la palabra.
“El Planeta Tierra, implacablemente y en forma vertiginosa avanza ya en su giro de regreso hacia el punto de origen. El punto es el marcador de inicio y llegada, el que impulsa y el que atrae; así, el primer y el último tramo que se encuentran a los lados del punto se parecen.
El giro de impulso se originó genuino y potente y en su avance fue potencializando la inteligencia productiva. Paulatina y secuencialmente fue siempre fraccionándose a través de la subjetividad para ir marcando épocas y adelantos. Esa subjetividad se llama historia y para darle un orden material, la humanidad le colocó cronología y la graficó iniciándola desde la probabilidad con segmentos de división también probables.
En el gráfico, una línea recta representa un ciclo de sistema cerrado en su inicio, aunque sin segmento final. A los segmentos de origen se les ha dado un orden y frecuencia a pesar de ser desconocidos.
La cronología objetivada se marcó con días y años basándose en la rotación y traslación del planeta alrededor del sol. Pero la cantidad de años acumulados en cada etapa fue solo a partir de cálculos basados en suposiciones.
Así, ordenaron y midieron todo desde, lo que imaginaron, fueron los inicios. Tal vez sea preferible la división subjetiva, la marcada con épocas y procesos con la coyuntura de receso en cada cambio, las coyunturas de transición.
El clímax del giro se ubicaba en el punto opuesto que marcaba esa línea media imaginaria llamada diámetro. En ese punto paralelo al del origen se iniciaba un nuevo avance con el empuje hacia la curva final, el avance hacia el retroceso, el cual se percibió aún más veloz, porque el proceso de destrucción se presentó más vertiginoso.
Lo que se construyó con lentitud y perseverancia durante un largo proceso se aniquiló con la inmediatez de algunos hechos. Hasta el punto medio ocurrió la evolución y luego del climax, la inevitable involución.
La fracción cronológica diseñada por la humanidad era solo la medida del movimiento, el desplazamiento de los objetos materiales o la energía. Las líneas eran sólo las imágenes que reflejaban el movimiento, una percepción materializada para mantener una idea respecto a la órbita natural de lo creado y su secuencia.
Se establecieron coyunturas marcadoras de épocas y cada época fue en sí un proceso. El conjunto de procesos secuenciados formó el gran proceso, el cual, como ya se manifestó, partió desde un punto y regresó al mismo punto. Era el punto de origen: proyección e impulso y de llegada: atracción y recepción, un punto que fue solo uno entre los millones que integran los millones de galaxias y planetas en la infinitud del universo.
II
“En el principio, el universo estaba en tinieblas y desordenado, y dijo Dios: “Sea la luz”, y luego el agua y los seres vivos sobre la faz de la tierra, y vio Dios que era bueno”.1
Y el universo se ordenó en forma perfecta para que el Planeta Tierra sea un lugar perfecto.
Su próximo objetivo fue crear seres a su imagen y semejanza para que perfeccionen aún más su creación. Los multiplicó siendo individuos, pero cada uno con su propia capacidad, talento o don y todos poseían bienes potenciables orientados hacia la perfección.
Lentamente el ser humano fue organizando su adaptación a su hábitat. De este modo, se sirvió de frutos y animales para comer, construyó armas para cazar y defenderse, también embarcaciones y chozas y descubrió la utilidad del fuego. Para poder comunicarse, potenció su capacidad de lenguaje y logró manipular utensilios, algunos de percusión para poder comunicarse a distancia.
Primero cargaban piedras en sus espaldas o las empujaban a veces hacia las altas cumbres. El esfuerzo les hizo darse cuenta de que el traslado sería facilitado a través de la forma circular, con la cual era probable el giro y fabricaron la rueda.
Para dejar constancia de sus actividades idearon el arte rupestre, una especie de inicio del lenguaje escrito y cuando necesitaron preservarlo y difundirlo, inventaron la imprenta.
Al principio el hombre se sirvió de la naturaleza en forma equilibrada. Sus primeras armas eran piedras filosas que usaban en la caza o la defensa. Tomaban de la naturaleza únicamente lo necesario y los ecosistemas se mantenían en equilibrio natural.
Los ciclos iniciales y los finales solo tienen algo en común: la neutralidad del punto de inicio o llegada: la materia surge del polvo y regresa al polvo2, el alma surge de la esencia y vuelve a ella. Toda la creación se manifiesta en ciclos y todo lo material sufre transformación y desgaste.
El espacio terrenal que nos fue otorgado también fue cumpliendo su ciclo y los procesos que lo integraron, los formadores de la subjetividad llamada historia, también se desgastaron.
Y toda subjetividad se esfuma por su condición abstracta, se transforma y se reintegra a otras subjetividades.
III
Dentro del gran ciclo histórico se han ido sucediendo etapas, algunas de aparentes avances; pero todo avance, indefectiblemente marca un retroceso.
En la etapa llamada Prehistoria los seres humanos elaboraron herramientas y armas de piedra, madera y huesos hasta que descubrieron los metales. Vivieron trasladándose de un lugar a otro. Su vida nómade tenía que ver con la elección de un hábitat donde encontraran refugio, agua y alimentos, ya que estaban condicionados por los cambios geográficos y climáticos. Existían algunas especies de animales que amenazaban la humanidad. Muchos de ellos se exterminaron luego del período de glaciación.
Descubrieron el fuego y comenzaron a construir chozas y a establecerse en zonas fértiles cercanas a ríos o mares. El fuego les sirvió al principio para ahuyentar animales salvajes y protegerse de las bajas temperaturas. Paulatinamente pasaron de un sistema recolector-cazador hacia el parcialmente productor.
Observando a los animales aprendieron a diferenciar las hierbas y frutos venenosos. En esta instancia se iniciaba la agricultura y la ganadería.
Los avances eran resultantes de la evolución del cerebro humano. Así, lentamente se fueron transformando de homo habilis a homo sapiens.3
Conjuntamente con los primeros sembrados comenzaron a domesticar animales, surgiendo de ello la agricultura y la ganadería.
Como producto del trabajo diario comenzó la inevitable acumulación de alimentos, por lo cual, munidos de canoas y armas, comenzaron los primeros intercambios que dieron origen a las primeras acciones comerciales.
A través de los viajes por rutas marinas, llegaron a otros lugares con el fin de intercambiar productos. El trueque fue la primera manifestación del comercio.
Pero no todo acontecía en forma pacífica. Ocurrían situaciones de invasión y saqueos y los nativos reaccionaban en defensa. Las luchas dejaban como resultado espacios invadidos y sometimiento de los naturales de la tierra.
Era el surgimiento del poder, la ambición, la explotación y la esclavitud.
La tecnología se fue desarrollando en función del espacio y del contexto histórico.
Siglos antes del nacimiento de Cristo, la gran coyuntura, ya se habían descubierto dos grandes elementos para el comercio: el ábaco y la brújula.
La ciencia y la tecnología avanzaban proyectándose hacia la ambición de poder y las riquezas.
Desde los inicios, las sociedades se agrupaban obedeciendo a jefes, líderes o reyes. Indefectiblemente e inevitablemente en toda época y en toda estructura social existió la pirámide.
A fines de la Edad Media, se inventó la imprenta, lo demás se fue sucediendo a pasos agigantados: el telescopio, la máquina a vapor, la pila eléctrica, el telégrafo, el teléfono, la bombita de luz, los motores a gasolina, la radio, la fotografía… .
El verdadero final de la Edad Media se marcó con los viajes marítimos debido a la discusión respecto a la forma de la tierra. Algunos afirmaban que la tierra era plana, otros que era redonda, una discusión que a mi criterio, no tiene sentido, ya que cualquier forma en rápido movimiento rotatorio se ve redonda, sea un plano cuadrado, triangular o curvo, un círculo o un ovalo; si es que realmente la forma del planeta responde a las que conocemos. De todos modos, es realmente un sin sentido la curiosidad respecto a su forma; habría sido más interesante investigar cómo preservar la naturaleza, lo que se nos otorgó para la vida.
El ser humano históricamente se ha empeñado en lograr nuevos descubrimientos en el universo. Actualmente envía naves al espacio pensando conquistar la infinitud.
Existen grandes pensadores y científicos que pretenden descifrar la infinitud; pero que desconocen el modo de vivir sin contaminar y sin destruir la vida del planeta.
Los científicos analizan todo desde la materia, intentan trascender a lo desconocido siempre a partir de la materia, sin tomar en cuenta los límites que tiene en sí misma esa materia.
IV
La etapa llamada Edad Moderna se caracterizó por un cúmulo de descubrimientos e inventos. La ciencia y la tecnología dieron pasos agigantados. El progreso estaba en marcha. La Primera Revolución Industrial impulsó el maquinismo sobre las tareas manuales y difundió la industria textil, incrementándose la actividad industrial.
Las dos primeras revoluciones fueron muy extensas, necesitaron mucho tiempo para desarrollarse y perfeccionarse. La tercera ocurrió con cambios permanentes, con tiempos reducidos entre uno y otro. Simultáneamente se iba generando la globalización y a medida que ésta iba integrando al mundo, se iban incrementando las desigualdades internacionales en un avance lento y rápido al mismo tiempo.
La tecnología fue eliminando la mano de obra y la necesidad de la aplicación del razonamiento humano. La forma en que avanzaron la inteligencia artificial y la tecnología fue una ruptura importante, un modo de destrucción de la filantropía.
El avance científico y tecnológico y el crecimiento desmedido del poder económico de pequeños grupos sociales pusieron a gran parte de las sociedades en situación de dependencia.
El dominante poder económico controló y sometió ya que su objetivo principal, lejos de ser social fue económico: hacer fructificar el dinero obteniendo intereses.
El valor social se medía por medio del dinero y los capitales. Las empresas y bancos privados en su mayoría actuaban proyectados hacia las ganancias y la multiplicación de sus capitales. Para ello utilizaban un sector social que en su mayoría respondía a una resignada explotación.
