Robots en la sombra - Ignacio G. R. Gavilán - E-Book

Robots en la sombra E-Book

Ignacio G.R. Gavilán

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Beschreibung

Este libro nos guía en un viaje que desvela todas las claves ocultas tras los robots software inteligentes y las nuevas fuerzas de trabajo digitales. La inteligencia artificial y los robots están cada vez más presentes en nuestras vidas. Nos ayudan en todo tipo de tareas, nos hablan, nos escuchan, a veces hasta parece que nos comprenden. Pero muchas veces no los vemos. Porque algunas de las formas robóticas más avanzadas y fascinantes son intangibles, evanescentes. Se trata de los robots software, un conjunto de categorías de agentes inteligentes que incluyen la automatización robótica de procesos (RPA), los chatbots, los agentes virtuales y diversos tipos de bots con capacidades cognitivas avanzadas. Este libro nos explica lo que son, cuáles son sus capacidades, cómo se gestiona su despliegue y operación y cuál es su impacto en modelos de negocio, incluso a nivel social. El texto nos guía a través de las tecnologías que los sustentan, desde la inteligencia artificial en sus vertientes de procesamiento de lenguaje natural o visión artificial, hasta el screen scraping o el reconocimiento óptico de caracteres, pasando por aspectos de integración con servicios en la nube o ciberseguridad. Una obra, sin duda, imprescindible para una comprensión serena, realista y abarcadora de este fascinante mundo de la robótica software y la automatización cognitiva. * Primer libro en castellano que describe en profundidad la automatización robótica de procesos (RPA). * Una revisión integral de los robots software: desde su tecnología y capacidades hasta su implantación e impacto en el negocio y en la sociedad. * Por primera vez, una misma obra reúne a chatbots, agentes virtuales, spiders y RPA. * Incluye una descripción imprescindible de las nuevas fuerzas de trabajo digitales. * Con unas reflexiones imprescindibles sobre empleo, fiscalidad y ética de los robots software.

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Seitenzahl: 443

Veröffentlichungsjahr: 2021

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A Mercedes, María e Irene, habitantes del reino de la luz.

AGRADECIMIENTOS

Cuando escribí la sección de agradecimientos de mi primer libro, La carrera digital, comentaba que, cuando ejerzo como lector, este tipo de secciones de agradecimientos las suelo mirar un poco por encima, sin prestar en general demasiada atención. Decía que entendía esas secciones casi como una comunicación directa entre el escritor y personas o instituciones que le son muy cercanas y que, de una forma u otra, directa o indirecta, tienen algún tipo de peso en la elaboración del libro.

De alguna manera, insinuaba que solo en aquella obra, por tratarse de mi primer libro, iba a extenderme en esos agradecimientos.

Llega ahora el momento de los agradecimientos de mi segundo libro y, aunque de nuevo pienso que al lector general este tipo de secciones le pueden no interesar mucho, me siento necesitado de dedicar esas palabras directas y agradecidas a algunas personas e instituciones.

Algunas de ellas, que han tenido peso en toda mi vida o en toda mi actividad profesional y a las que dediqué más espacio en mi primer libro, siguen estando en mi pensamiento y siguen siendo objeto de mi agradecimiento sincero. Sigo teniendo en mi mente y mi corazón empresas o instituciones como Telefónica, donde desempeñé mi actividad profesional durante 25 años, o a la Escuela de Organización Industrial, donde desarrollo una parte importante de mi actividad actual. Y sigo siendo socio de Club Corredores y disfrutando de sus actividades atléticas y sus personas.

Pero, en esta ocasión, en aras de una prudente brevedad, quisiera expresar mi agradecimiento a instituciones, grupos o personas que guardan una relación más directa con el contenido y la elaboración de este libro o que han estado más presentes en la época en que este ha sido creado.

En ese sentido, como resulta casi evidente, aparte de merecido, quiero agradecer a Anaya Multimedia, muy en especial a Víctor Manuel Ruíz, la confianza que han depositado en mí a la hora de publicar este libro. De Víctor me gustaría decir que, aunque sabes que estás hablando con un profesional, como la copa de un pino por cierto, y sobre una actividad profesional, la relación ha sido desde el principio tan humana, tan cercana, tan fácil, que parece que, más que con un editor, estés tratando con un amigo de toda la vida. Gracia a ti, Víctor, y gracias también a Alonso Álvarez que nos presentó.

También quiero dar las gracias a Idoia Salazar y Richard Benjamins, autores del libro El mito del algoritmo, que accedieron a escribir el fantástico prólogo que abre este libro. No puedo estar más orgulloso de contar con su colaboración como prologuistas.

Quiero dar las gracias también a todas aquellas empresas o instituciones que ya como clientes finales, ya como entidades de formación, me han permitido impartir docencia o consultoría en las materias que forman parte de este libro, los chatbots y, sobre todo, RPA. Entidades como Escuela de Organización Industrial, Generation Spain, OBS (Online Business School) o el Colegio de Abogados de Madrid han contado conmigo a la hora de impartir formación en estas materias y clientes finales como Telefónica de España, Banco de Santander o Ricopia Technologies han contado con mis servicios para la formación y consultoría en estas materias. Gracias a esas instituciones y a los alumnos que he tenido en los diferentes programas. No hay mejor forma de aprender que enseñar o asesorar, así que a ellos debo en buena medida los conocimientos que humildemente he intentado volcar en este libro. En esa misma línea, quiero agradecer a UiPath el contar conmigo como partner y todo el material didáctico que pone a disposición de la comunidad.

Y quiero agradecer a Universal Robots y a Amelia, an IPsoft Company, el material gráfico que amablemente me han proporcionado y que ilustran los capítulos 1 y 4 respectivamente.

En la introducción de este libro hablo de cerrar círculos e insinúo la apertura de uno nuevo. En esa apertura son importantes dos instituciones, dos grupos a los que también quisiera recordar.

Antes, mencionaba a Idoia y Richard a nivel individual, pero ahora quisiera mencionar como institución a OdiseIA, el Observatorio del Impacto Social y Ético de la Inteligencia Artificial, que me ha acogido como socio en su comunidad, una comunidad de investigadores y profesionales de altísimo nivel, y que comparten conmigo el interés por la inteligencia artificial y por sus implicaciones más allá de la tecnología. Gracias por acogerme y por confiar en mí para dirigir no solo el área de Operaciones, sino también el área de Relación Robots-Personas, una temática que me inspira y motiva y que no es ajena, en parte, al contenido de este libro, muy en especial al último capítulo. Esa temática es parte esencial del nuevo círculo que se abre y que insinúo en la introducción. Gracias a OdiseIA, como organización, y gracias a las personas: a Idoia (de nuevo), a Richard (de nuevo), a Mar, a Anna, a Eva, a Borja, a Juanma con quienes es un placer colaborar y aprender, y a tantos otros socios con los que en el momento de redactar estas líneas aún he tenido poca relación, pero que, cuando este libro se encuentre en la calle, estoy seguro de que ya os conoceré mucho más y tendré mucho más que agradeceros.

En esa apertura de círculos, en esa visión amplia de la tecnología y sus implicaciones éticas y humanísticas, gracias a los compañeros y amigos del Foro de Humanismo Digital EOI, por vuestra calidad intelectual y humana, por vuestra compañía y opiniones y por ayudarme a ver nuevas perspectivas. Gracias, Alberto (González), Alberto (Turégano), Ana (Vizcaíno), Ángel, Belén, José (Aguilar), Juan, Paloma, Sara, Valentín, Valvanera, Vicente, Ana (Álvarez), Carlos, Ana (Higuera), José (López), Txetxu, Antonio y Aníbal.

Y, aunque sea repetirme con respecto a mi anterior libro, gracias a toda mi familia. A la familia política, Manolo y Angelita, Lolo y Marta, Mari Geli y Jorge, Sara y Philippe, Santi y Merche, Nano y María y todos los sobrinos.

Gracias a mis tíos y primos de Atlanta, Purita y Abelardo, Eduardo y Adriana, Susana y Winfried, Ana y Alex y todos sus hijos y sus parejas.

Gracias a mis hermanos y parejas, Clarita y Herminio, Gustavo y María Jesús, Javier, Sergio y Mar, Pipe y Marta y todos sus hijos y mis sobrinos. Y a mis padres, Pepe y Clara (se me hace raro llamarles así, pero así les conoce todo el mundo), a los que dediqué el libro anterior.

Y, finalmente, a mi mujer y mis hijas, a Merce, a María e Irene, a las que tanto quiero y a las que tanto debo, y que deben pensar que a veces soy yo el que soy un poco robótico. Tantas son las horas encerrado en el despacho, trabajando, estudiando o escribiendo, que a veces soy yo el que parece moverse en el mundo de las sombras, mucho más que los chatbots o los robots RPA. Para mi fortuna, ahí están siempre ellas, plenamente alegres, humanas y cariñosas, habitantes, sin duda, del reino de la luz.

Madrid, 8 de diciembre de 2020

IGNACIO G. R. GAVILÁN

Ignacio G. R. Gavilán.

Ignacio G. R. Gavilán (Ignacio González de los Reyes-Gavilán) es asesor empresarial, profesor, escritor y conferenciante, especializado en innovación y transformación digital de procesos y modelos de negocio y con especial foco en la robotización de procesos y la automatización cognitiva.

Desde 2018 dirige su propia firma de asesoría y formación, Reingeniería Digital, especializada en la definición de planes de transformación digital de compañías y de mejora de procesos de negocio mediante la aplicación de tecnología digital. Además, es director académico de programas, profesor y mentor de proyectos en EOI (Escuela de Organización Industrial) y colabora también con otras instituciones educativas como OBS (Online Business School) y UNIR (Universidad Internacional de la Rioja).

Entre 1992 y 2018, prestó servicios como mando en diversas unidades de Telefónica, incluyendo el paso por Telefónica Investigación y Desarrollo (1992 a 2005), donde tuvo responsabilidad en proyectos de desarrollo de sistemas de CRM, gestión de red, provisión de servicios y trouble ticketing; Telefónica Soluciones de Informática y Comunicaciones (2005 a 2012), donde fue responsable del desarrollo de negocio y ejecución de proyectos y servicios para grandes clientes fundamentalmente en el ámbito del puesto de trabajo digital y soluciones de conectividad LAN; y, finalmente, Telefónica de España (2012 a 2018), donde coordinó los trabajos de la unidad de Operaciones y Red tanto en el lanzamiento del servicio Movistar Fusión Empresas como en una ambiciosa iniciativa de compañía en materia de reingeniería de procesos y sistemas.

Anteriormente a su ingreso en Telefónica, entre 1990 y 1992, prestó servicios en G.A.D.D. S.A., donde participó en proyectos de desarrollo de sistemas de gestión documental y receta electrónica.

Conviviendo con su actividad profesional actual, Ignacio ha impulsado la fundación del Foro de Humanismo Digital EOI, un think tank para la reflexión y el debate sobre temas de actualidad donde se cruzan lo técnico y lo humanístico, foro que lidera actualmente. Además, desde 2020, pertenece a OdiseIA (Observatorio del Impacto Social y Ético de la Inteligencia Artificial), donde es director de Operaciones y también director del Área de Relación Robots-Personas.

En 2019, publicó con la editorial ExLibric su primer libro, La carrera digital, donde aporta su visión sobre la transformación digital.

Ignacio G. R. Gavilán es ingeniero superior industrial por la Universidad de Oviedo con especialidad en Electrónica y Automática. Tiene un Executive MBA en 2000 por IE Business School y mantiene las certificaciones PMP (Project Management Professional) en dirección de proyectos y OCEB2 (Object Management Group Certificate Expert in Business process management) en gestión de procesos de negocio.

Nació en Oviedo (Asturias), pero, desde hace más de 25 años, reside en Madrid. Está casado y es padre de dos hijas.

Ignacio es muy activo en medios sociales y lo puedes encontrar en su página oficial (ignaciogavilan.com), en su blog Blue Chip (ignaciogavilan.com/blue-chip), Twitter (@igrgavilan) y YouTube (youtube.com/IgnacioGRGavilan).

Índice de contenidos

Agradecimientos

Ignacio G. R. Gavilán

Prólogo, por Idoia Salazar y Richard Benjamins

Introducción. Leer un libro y cerrar un círculo

Prefacio. Una noche en la oficina

Parte I. Entendiendo los robots software

1. Los habitantes de las sombras. ¿Qué es un robot software?

Antes de nada: ¿qué es un robot?

Artificiales

Adaptables

Actuación sobre el entorno

Autonomía

Sustitutos de personas

Similares a personas

En resumen

Proletariado robot. Los robots industriales

Robots al volante. vehículos robóticos

Y por fin: los robots software

2. Robots en la oficina. La automatización robótica de procesos

Un día en la oficina

Una definición de automatización robótica de procesos

Qué saben hacer los robots

Interacción con aplicaciones y pantallas

Interacción con ficheros y documentos

Interacción con APIs y protocolos

El pensamiento del robot

Escenarios de trabajo para los robots RPA

Tareas habituales confiadas a los robots

Escenarios robotizados

Robots atendidos y no atendidos

La fábrica de robots. Creación y entrenamiento de robots

Gestión de una plantilla de robots. Operación de robots en producción

La tecnología que hay detrás de los robots RPA

3. Robots parlanchines. Chatbots, voicebots y asistentes virtuales

La interacción entre personas y sistemas

¿Qué es un chatbot?

Tipos de chatbots

Conversaciones

Elementos de una conversación

Diseño de conversaciones

Creación y entrenamiento de conversaciones

La personalidad del chatbot

Anatomía de un chatbot

Canales de interacción

La tecnología que hay detrás de los chatbots

Plataformas

Escenarios para el uso de chatbots

4. Otras especies robóticas

Fuerzas de trabajo digitales. La convergencia de chatbots y RPA

Los robots-araña: spiders, crawlers y scrapers

Robots en medios sociales

Robots financieros

Y la cosa no acaba aquí

Parte II. La tecnología que anima a los robots

5. Aplicaciones en la chistera. Screen scraping, teclado y ratón

La interacción de robots con aplicaciones

La estructura de una aplicación moderna

Cómo pueden acceder los robots a las aplicaciones

Web Scraping

¿Cómo funciona la web?

¿Cómo funciona web scraping?

El caso de los rastreadores

Otras formas de scraping

Scraping en entornos Windows

Scraping en aplicaciones virtualizadas

El uso del teclado y el ratón

Casos especiales: emuladores de terminal, apis y conectores

Funcionamiento en segundo plano

6. Papeleo robótico. Interacción con ficheros y documentos

Tratamiento de ficheros de texto

Ficheros de texto estructurados: CSV, XML Y JSON

Tratamiento de ficheros ofimáticos

Las hojas de cálculo

Los ficheros PDF

Presentaciones, procesadores de texto y mucho más

Navegando por directorios

Un problema resuelto

7. Hasta las nubes y más allá. Computación en la nube e integración

Cloud computing

Web Services: SOAP y REST

Servicios cognitivos

Telefonía y medios sociales

Correo electrónico

Bases de datos

Transferencia de ficheros: FTP

Y más allá

8. En el cerebro del robot. Inteligencia artificial y machine learning

Los robots software como sistemas cognitivos

Una primera aproximación al concepto de inteligencia artificial

Algoritmos

La programación

El concepto de inteligencia artificial revisitado

Algunas formas iniciales de inteligencia artificial

Sistemas expertos

Algoritmos genéticos

Lógica difusa

Variedad algorítmica

Machine learning

Concepto de machine learning

Tipos de aprendizaje

Problemas de clasificación, regresión y clustering

Algunos algoritmos de machine learning

Redes neuronales y deep learning

Neuronas y redes neuronales

Deep learning

Esquema general del aprendizaje de una red neuronal

Elementos de diseño e hiperparámetros

Algunas arquitecturas de redes neuronales

ELEMENTOS COGNITIVOS EN LOS ROBOTS SOFTWARE

9. ¿Cómo ven los robots? Visión artificial y OCR

¿Qué es la visión artificial?

Soluciones que aporta la visión artificial

Tecnología para visión artificial

El caso de OCR

¿Cómo usan la visión artificial los robots?

10. ¿Cómo hablan, escuchan y leen los robots? Lenguaje natural y tratamiento de la voz

A medias entre la tecnología y la lingüística

Algunos conceptos fundamentales

Algunos problemas comunes en procesamiento de lenguaje natural

Las tecnologías detrás del procesamiento de lenguaje natural

El tratamiento de la voz

Reconocimiento de voz

Síntesis de voz

¿Cómo usan los robots el lenguaje natural?

El lenguaje natural en los chatbots

El lenguaje natural en RPA

11. A lo grande: escalabilidad y seguridad

El problema de la escalabilidad

Robots escalables

El papel de la nube

Diseño para la escalabilidad

La algoritmia importa

El empleo de APIs frente a screen scraping

El segundo plano

Asincronismo y gestión de colas. El patrón productor-consumidor

Y más

La seguridad de los robots

La arquitectura hardware y la alta disponibilidad

Parte III. El negocio de los robots

12. Los robots software en el contexto de la automatización

Automatización

Automatización de procesos

¿Qué son los procesos de negocio?

Automatización de procesos de negocio

Una breve historia de la automatización de procesos

Ausencia de automatización

Automatizaciones departamentales y de nicho

Sistemas empresariales: ERP y CRM

Integración: EAI y SOA

Workflow y BPMS

Otras soluciones complementarias

La revolución cognitiva en el ámbito de la automatización de procesos

Una taxonomía de soluciones de automatización de procesos

Soluciones conscientes de proceso

Sistemas empresariales

ITSM

Soluciones orientadas al proceso

Workflow/BPMS

Case management

RPA

Soluciones de automatización laxa

Soluciones especializadas y de nicho

Workforce management

Smart contracts

Complex event processing

Chatbots

El papel de los robots software en la automatización de procesos

Hiperautomatización

Clavos y martillos

13. Criterios de aplicación de robots software

Recordando escenarios

Uso de robots RPA

Criterios generales de aplicación RPA

Criterios tácticos de aplicación de RPA

Beneficios de usar automatización robótica de procesos

La proposición de valor de RPA

Uso de chatbots

Criterios de aplicación de chatbots

Beneficios de usar chatbots

El sentido de negocio y el sentido común

14. En marcha: Gestión de iniciativas de robotización

La convergencia de dos disciplinas: BPM e ingeniería software

Robots y BPM

Robots e ingeniería de software

Una visión convergente

Proyectos de desarrollo e implantación RPA

La evaluación de la oportunidad

Fases

Roles

Documentos

Centros de excelencia

Proyectos de desarrollo e implantación de chatbots

Enfoque predictivo frente a agile

15. Modelos de negocio robóticos

¿Qué es un modelo de negocio?

Elementos de un modelo de negocio

¿Dónde impactan los robots en los modelos de negocio?

Algunos patrones originales de modelo de negocio robótico

Canales robóticos

Fuerzas de trabajo digitales y mixtas

Outsourcing robótico

Insourcing robótico

Robots como servicio (RaaS y RPAaaS)

Y surgirán más modelos

16. Robots y sociedad

Robots, automatización y empleo

El impacto de los robots en el empleo

La hipótesis de un desempleo masivo

La renta básica universal

Fiscalidad de los robots

La propuesta de una fiscalidad para robots

Una valoración de la conveniencia

Una valoración de la viabilidad de una fiscalidad robótica

Una opción posibilista

Decisiones en manos de robots

Paradojas de la inteligencia: el problema de las decisiones inteligentes

La explicabilidad de la inteligencia artificial

Un punto de realismo y tranquilidad

Ética

¿De qué hablamos cuando hablamos de ética?

Algunas problemáticas éticas asociadas a los robots software

Amigos en la sombra

Posfacio. Amanecer

Acrónimos

Bibliografía

Créditos

 

La primera vez que nos aproximamos a este segundo libro de Ignacio nos llenó de curiosidad su lectura. Su sugerente título, Robots en la sombra, no solo nos invitaba a pensar en esa necesidad de mantener a la inteligencia artificial en un segundo plano, con respecto al hombre, sino también en la incertidumbre que puede generar algo borroso... aun dotado de cierta oscuridad. Y se nos ocurrieron palabras como “intranquilidad” o “desconocimiento” de lo que pudiera esconder. En una sombra se puede apreciar cómo es su forma, pero quizá diste mucho de la “apariencia real” que la está proyectando.

Es cierto que las implicaciones y aplicaciones de la inteligencia artificial aún siguen rodeadas de cierta confusión, motivada por múltiples causas. Por un lado, nos envuelve una capa de prejuicios fomentada con imágenes de la literatura y la cinematografía de ciencia ficción que nos hace, ya de por sí, tener una predisposición negativa hacia estas nuevas tecnologías. En el mundo occidental, son muchos los robots que en películas como Terminator o Yo, robot acaban por adquirir personalidad propia y revolverse contra los humanos. Ahora, vemos algunas de esas imágenes trasladadas al mundo real y nos preguntamos si en un futuro próximo no nos encontraremos luchando contra las máquinas por nuestra supervivencia como especie.

Por otro lado, está el hecho de que la inteligencia artificial genera desconcierto ya desde su propio nombre. ¿Puede una máquina llegar a ser inteligente? ¿No era la inteligencia algo únicamente intrínseco a los seres humanos? Y no solo esto: resulta que a la máquina le estamos dando ojos, nariz, boca, extremidades... Incluso hay compañías desarrollando musculatura y piel artificial para cubrir su esqueleto artificial. Robots como la ya mundialmente famosa Sophia son capaces de simular sentimientos con su mirada. Incluso se está buscando dotar de esta “capa sensible” a los chatbots, de manera que será cada vez más difícil distinguir los comentarios de una máquina de los de cualquiera de nosotros.

Es paradójico. Somos nosotros, los humanos, los que estamos concediendo licencias por un lado, a la vez que exaltamos nuestra indignación al respecto. En realidad, esta manera de actuar es perfectamente comprensible. Es tremendamente curioso ver cómo seres hasta ahora solo imaginables en la ciencia ficción dan el gran paso y cruzan el, hasta hace pocos años, insalvable abismo que les separa del mundo real. Es una cuestión de capacidad; algo parecido al mito de Frankenstein. A lo largo de la historia, hemos soñado en convertirnos en creadores; descubrir el secreto de la vida y de la consciencia. Ahora son muchos los que prodigan que el momento se acerca en forma de singularidad tecnológica: un lapso en el que las máquinas dotadas de inteligencia artificial superarán en inteligencia general a los humanos, incluso serán capaces de mejorarse a sí mismas, perdiendo pues nuestra especie el control directo sobre ellas.

Hasta ahora, en este prólogo, no hemos hecho más que alimentar el mito creado que Ignacio, con su maestría en este libro, ha conseguido aterrizar. Pero, tal y como planteamos en nuestro libro El mito del algoritmo. Cuentos y cuentas de la inteligencia artificial, era un mal necesario para comprender el porqué de nuestro tan racional temor por las noticias que llegan a nuestros sensibles y prejuiciados oídos sobre la inteligencia artificial, el porqué de la necesidad de una mayor formación que acelere el conocimiento respecto a cuál es la realidad sobre las implicaciones de esta revolucionaria tecnología de gran impacto, el porqué de la necesidad de estos libros que tratan de buscar el lado práctico y realista de unas herramientas que van a ser la base de nuestro futuro más inmediato, en muchas de las áreas de nuestra vida, no solo a nivel profesional.

No podemos esperar más. El momento de cambiar y adquirir estos conocimientos es ahora, en un instante de la historia en el que varios elementos se están uniendo para motivar un cambio drástico en la evolución natural del ser humano. Las teorías de selección natural de Darwin empiezan a quedarse atrás para dar paso a la llamada “selección artificial”, donde empiezan a surgir grandes preguntas como: ¿por qué esperar a que pasen generaciones y generaciones si con un chasquido de dedos, a través de la tecnología, podemos llegar a ser más inteligentes, ver y oír mejor y modificar nuestro ADN para evitar y prevenir enfermedades (tecnología CRISPR)?

Algunas personas no se paran a pensar en estas preguntas. Simplemente las asumen y siguen adelante. Pero, frente a estos extremadamente integrados, encontramos la otra punta: los apocalípticos abrumados por los rápidos cambios que ha sufrido el mundo en los últimos veinte o treinta años. En una misma generación, nuestro mundo ha sufrido un cambio radical. Internet ha cambiado nuestra percepción del espacio. Gracias a la red de redes podemos compartir información, en breves segundos, a nivel mundial. Podemos comunicarnos, sin coste alguno y por tiempo ilimitado, con otra persona situada al otro lado del globo. Las redes sociales han supuesto un paso más en nuestra concepción de las relaciones interpersonales. Si alguien hubiera imaginado, a principios del siglo XX, lo que estamos viviendo hoy día, probablemente le hubieran tomado por loco o por una persona increíblemente imaginativa. Desde luego, no se puede jamás decir que algo sea imposible.

El hecho es que todos estos cambios están sucediendo con demasiada rapidez, sin dejar que la antes mencionada adaptación natural actúe en nuestra percepción de las cosas y nos permita enfrentarnos a ellas con naturalidad. El esfuerzo que debemos hacer, por tanto, para conseguir esta adaptabilidad artificial es considerable, pero parece ser la clave en nuestro camino hacia el futuro.

Las tecnologías disruptivas actuales, entre las que está la IA, están motivando una necesidad, cada vez mayor, de adquirir nuevas habilidades que permitan adaptarnos correctamente a esta realidad “líquida”, en continuo cambio. La formación debe de ser constante, la habilidad de adaptación a estos cambios debe de estar cada vez más desarrollada y también nuestro criterio a la hora de enfrentarnos a esta rutina de “convivencia con las máquinas”.

Naturalmente o no, simplemente, la humanidad continúa su camino, siempre en busca de la mejora en la calidad de vida. Los sistemas de inteligencia artificial realmente la traen. Esta tecnología permitirá aprovechar para nuestro beneficio el ya llamado petróleo del siglo XXI: los datos; el Big Data.

Nosotros, los humanos, no tenemos capacidad de procesar esta inmensidad que crece cada día a un ritmo exponencial. Así pues, ¿por qué no dotar a las máquinas de la suficiencia para analizarlos, gestionarlos, incluso llegar a conclusiones precisas? Supone una gran ayuda; una colaboración interesante que ahorra tiempo y dinero y puede derivar en grandes ventajas para empresas y sociedad en general, siempre que se sepa gestionar con ética y responsabilidad.

En este sentido, Robots en la sombra profundiza, con un enfoque muy práctico y completo, en las tecnologías más potentes para automatización de tareas, que incluye: la automatización robótica de procesos (RPA), los asistentes digitales o virtuales, reconocimiento de imágenes o vídeos y el aprendizaje automático supervisado, tecnología que sirve de base para las otras tres tecnologías. Además, no huye de los temas controvertidos, pero muy importantes, alrededor de la automatización: ¿qué pasaría con los empleos?, ¿requiere la automatización un cambio en el sistema fiscal? O, en palabras más conocidas, ¿deberían pagar los robots impuestos? ¿Cuánta autonomía podemos o deberíamos ceder a los robots? ¿Cuáles son los impactos éticos de la automatización? Todas preguntas importantes para una profunda reflexión.

Pero, en la explicación de esta profunda reflexión, es importante también saber cómo contarlo, cómo llegar al lector. Ignacio lo hace con maestría captando su atención con los sugerentes títulos de sus capítulos: “Los habitantes de las sombras”, “Robots parlanchines”, “Hasta las nubes y más allá”...

Sin duda, consideramos que, al igual que el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española es el diccionario para todos los españoles, Robots en la sombra es el diccionario para todo el mundo que quiere profundizar en cómo aplicar estas tecnologías potentes en un entorno real. Esperamos que disfrutéis de su lectura, como hemos disfrutado nosotros.

Idoia Salazar y Richard Benjamins, autores de El mito del algoritmo. Cuentos y cuentas de la inteligencia artificial, 2020, Anaya Multimedia.

 

Este libro que tienes en tus manos, apreciado lector, es en cierto sentido para mí, su autor, una manera de cerrar un círculo que comenzó hace ya muchos años, más de los que me gusta reconocer, como suelo decir en estos casos, con una sonrisa medio irónica, medio triste en los labios.

Cuando finalizada mi etapa escolar, hace muchos años ya digo, me llegó el momento de elegir estudios, opté por ser ingeniero. La variante, por decirlo así, de ingeniería que elegí dependió de varios factores, algunos muy idealistas, otros de naturaleza más práctica, pero se acabó concretando en ingeniería industrial. Esa decisión coincidió en el tiempo con una etapa, digamos intelectual, en que, sin dudar lo más mínimo de mi vocación técnica, me interesaban mucho también otras disciplinas de corte más humanista, especialmente la psicología y la filosofía. Pero, aunque me considero persona de intereses muy transversales, no se puede elegir de todo, así que me concentré en mi desarrollo técnico y aparté un poco mis otras vocaciones intelectuales.

Avanzada la carrera, no dudé al elegir la especialidad: electrónica y automática. Fue ya en el último año de carrera cuando, diría que por fin, entre las temáticas de la asignatura de automática, se abordó la robótica. Debo decir que me encantó lo que vi, pero me supo a poco, me quedé con ganas de más.

Al entrar en el mercado laboral, una mezcla de mis preferencias y de circunstancias externas hicieron que mi actividad profesional se centrase en el mundo del software, al principio bastante orientado a la gestión y luego algo más cerca de la tecnología, en concreto de las redes de telecomunicación, pero alejado, eso sí, de los entornos industriales y la robótica.

Cuando en el año de los grandes acontecimientos para España trasladé mi residencia a su capital, se me ofreció la posibilidad de entrar también en el mundo de la inteligencia artificial. Pude contemplar, aunque sin participar, por desgracia, el desarrollo de algún sistema experto orientado al diagnóstico de redes y también de la entonces llamada tecnología del habla, pero, sobre todo, tuve la oportunidad de realizar cursos de doctorado en un atractivo programa denominado “Control de procesos e inteligencia artificial”. Guardo de aquella época en mi biblioteca, como dos tesoros, dos libros, dos obras míticas de la inteligencia artificial primigenia como son The society of mind, de Marvin Minsky, y Perceptrons, de Minsky y Papert. Y la inteligencia artificial me cautivó, pero, por motivos que no vienen al caso, no fue viable realizar una tesis en este campo y tampoco orientar mi actividad profesional a esta fascinante rama.

Quizá fue algo afortunado porque, poco después, mientras mis intereses y actividades derivaban en otras direcciones, se ceñía sobre el campo de la inteligencia artificial uno de sus conocidos y crudos inviernos. Y mi camino y el de los robots y la inteligencia artificial se separaron durante bastante tiempo, mucho, y parecía que nunca más se iban a volver a encontrar.

Durante años, más de los que me gusta reconocer, como digo, he trabajado en tecnología, en procesos, en sistemas, en soluciones digitales. Un poco por elección y otro poco por circunstancias, mi actividad profesional ha estado en buena medida ligada a la digitalización y a la automatización de procesos de negocio. Cuando, hace casi tres años, tuve la oportunidad de elegir un nuevo rumbo profesional, una nueva aventura en solitario, pensé que ese área de actividad era mi territorio natural.

Y hete aquí que, en ese momento, investigando y ampliando horizontes en materia de automatización de procesos, me reencontré con los robots. Con los robots y con la inteligencia artificial. No eran robots físicos, eso es cierto, eran robots software. Eran robots invisibles, que operaban en la sombra. Pero eran robots, robots inteligentes. Y me volqué con ellos.

En los últimos tres años, en mis labores tanto docentes como de asesoría a empresas, la robotización de procesos ha ocupado un lugar preponderante. Y, de esta forma, ¡quién me lo iba a decir!, he vuelto a dedicarme intensamente a lo que pudo ser y no fue en su momento: a los robots y la inteligencia artificial. Y así, en un alarde, no sé si de justicia poética o de justicia robótica, se ha cerrado un círculo y han convergido mi experiencia anterior en digitalización con mi interés en la robótica y la inteligencia artificial.

Son extrañas las coincidencias, sí, pero lo que no es extraño es el auge de los robots software. Tanto la automatización robótica de procesos (RPA) como los chatbots, los dos tipos de soluciones nucleares de este libro, son tecnologías en rápido crecimiento y evolución, que, sobre todo, ofrecen unas fantásticas oportunidades a las empresas para su automatización y para conseguir grandes ganancias en cuanto a eficiencia. Sin embargo, al trabajar en robotización estos últimos años, también me he encontrado dos problemáticas, creo que bastante generalizadas, y que me gustaría que este libro contribuyese a paliar.

Por un lado, he visto lo que yo calificaría como una cierta falta de perspectiva. Como tantas veces ocurre con las tecnologías emergentes, la información que las rodea es confusa y, por tanto, su entendimiento también, no ya en el público en general, sino también en las empresas, entre sus directivos, sus decisores, incluso entre sus técnicos. No se sabe muy bien qué pueden hacer exactamente, cuándo usarlas, por qué usarlas, cómo se comparan con otro tipo de software, qué tienen que ver con la inteligencia artificial y cómo son de inteligentes. Esta confusión y falta de perspectiva es especialmente notoria en el caso de RPA y no tanto, afortunadamente, en el caso de los chatbots.

La otra carencia, quizá secundaria pero que creo que conviene paliar, es la falta de literatura profesional suficiente. En este caso, sí estoy refiriéndome específicamente al campo de RPA. En el caso de chatbots, existen obras excelentes, pero, en el ámbito de RPA, falta aún, en mi opinión, desarrollo conceptual y explicaciones claras y abarcadoras.

Con este libro lo que he querido es ofrecer, precisamente, una visión transversal, amplia, comprensible y ajustada a la realidad, de la robotización software.

Una visión que explique por un lado qué son los robots software y aporte información suficientemente completa sobre sus capacidades funcionales, es decir, que explique lo que los robots pueden hacer por nosotros.

Una visión que no rehúya la explicación tecnológica, sino que, de una forma, eso sí, lo más simple y conceptual posible, explique las tecnologías más importantes que subyacen a estos robots, con especial interés en las que tienen que ver con inteligencia artificial.

Una visión, en fin, que también adopte una perspectiva amplia, contemplando la robotización como una iniciativa de negocio incluyendo sus beneficios, la forma de gestionar un programa de robotización y cómo afecta a los modelos de negocio y que incluso llegue a razonar en términos de aportación para la sociedad.

Esa triple visión se refleja en las tres partes que componen el libro.

La primera parte, “Entendiendo los robots software”, proporciona los fundamentos y la perspectiva más funcional. Así, el primer capítulo se dedica a proporcionar el concepto de robot y de robot software. El segundo explica en detalle las capacidades funcionales de RPA. El tercero hace lo propio con los chatbots, incluyendo bajo este paraguas también a voicebots, altavoces inteligentes, etc. Y el cuarto, que cierra esta primera parte, habla de otros tipos de robots y de conceptos como las fuerzas de trabajo digitales.

La segunda parte, “La tecnología que anima a los robots”, se vuelca con la visión tecnológica que subyace a los robots y abarca siete capítulos. En el capítulo 5, se explica cómo los robots RPA interaccionan con pantallas, teclado y ratón. El siguiente capítulo habla del tratamiento de ficheros y documentos y el capítulo 7 nos muestra mecanismos de integración de los robots y, sobre todo, su relación con el cloud computing. Los tres siguientes capítulos se centran en la inteligencia artificial, aportando el capítulo 8 los conceptos más transversales y enfocándose los dos siguientes en visión artificial y procesamiento de lenguaje natural, respectivamente. El último capítulo de tecnología habla de seguridad y escalabilidad.

La tercera y última parte, “El negocio de los robots”, adopta una perspectiva más empresarial, de negocio y de gestión. Primero, enlazando con la parte técnica, el capítulo 12 pone en contexto a los robots frente a otras alternativas de automatización de procesos. El siguiente capítulo explica los beneficios de la robotización y aporta criterios y escenarios donde resultan de aplicación los robots software en el entorno empresarial. Luego, ya en el capítulo 14, se abordan los aspectos fundamentales, especialmente metodológicos, para gestionar una iniciativa de robotización. Y, para cerrar la visión de negocio, el capítulo 15 se eleva a una perspectiva más estratégica para hablar de los modelos de negocio y cómo se pueden mejorar mediante los robots. Como complemento a esta parte, trascendiendo en cierto sentido el mundo empresarial, el último capítulo habla de los robots en relación a problemáticas sociales como el empleo, la fiscalidad o la ética.

Robots en la sombra es un libro que creo apto para muchos tipos de públicos: directivos involucrados o simplemente interesados en transformación digital y robotización, profesionales jóvenes, sobre todo del ámbito técnico, que se estén iniciando en esta disciplina, gerentes y jefes de proyecto con responsabilidades en automatización y robotización, incluso desarrolladores o arquitectos que quieran ampliar su perspectiva, quizá porque solo conocen algunos tipos de robots, porque quieren entender mejor la tecnología o, por el contrario, porque desean evolucionar hacia la gestión de proyectos.

A mí, que soy amante de las visiones transversales, me gustaría, lector, que te atrevieses con el libro en su completitud. Lo he escrito para que esté al alcance de cualquiera, sea cual sea su punto de partida. Pero para aquellos con tiempo limitado o con intereses más acotados, puedo sugerir otras formas de lectura.

Para ejecutivos que lo que deseen sea una visión directiva del campo de la robotización, les aconsejaría que se leyesen los cuatro capítulos de la primera parte o, al menos, los capítulos 2 y 3 para saber lo que son y pueden hacer los robots RPA y los chatbots. Luego pueden saltar a la parte tercera y leer los capítulos 13, 14 y 15 que hablan, respectivamente, de beneficios y criterios de aplicación, de gestión de programas y de impactos en modelos de negocio.

Para gerentes y jefes de proyecto en el campo de la robotización, les aconsejaría leer enteras las partes primera y segunda (aunque, si se ven como puros gestores más que como técnicos, podrían saltarse esta segunda parte tecnológica). Y, de la tercera parte, al menos leer el capítulo 12, en que pone a la robotización en contexto con la automatización, el 13, que explica criterios de aplicación de robots, y el 14 sobre gestión de iniciativas.

Para desarrolladores y arquitectos les animaría a leer la parte primera y segunda enteras, aunque, quizá, de la segunda parte se puedan saltar algún capítulo sobre tecnologías que ya conozcan suficientemente. De la tercera parte, se deberían leer, al menos, el capítulo 13 sobre soluciones de automatización.

Y para cualquiera, en fin, con inquietudes sociales y éticas, sea cual sea su perfil profesional, le animaría a leerse el último capítulo sobre robots y sociedad.

Así se cerraría la lectura de este libro de la misma forma que él, de alguna forma, cierra un círculo en mi actividad profesional.

Pero, como decía al finalizar mi anterior libro, La carrera digital, a toda meta le sigue una nueva salida y, en este caso, para todo círculo que se cierra existe alguno que se abre. Este último capítulo, en cierto sentido, anticipa un nuevo círculo, uno que reúne esos otros dos intereses que dejé apartados hace tantos años, psicología y filosofía, un círculo al que no son ajenos mi participación actual en el Foro de Humanismo Digital EOI y en el Observatorio del Impacto Social y Ético de la Inteligencia Artificial (OdiseIA) y que, en otra pirueta del destino, parecen anticipar una nueva convergencia, un nuevo círculo, una nueva aventura intelectual, profesional y personal, en la que parece que también, callados, en la sombra, quieren participar los robots.

 

Nunca olvidaré esa noche.

Ahora me río, pero entonces no me hizo ninguna gracia. Ninguna.

Había quedado con Ignacio, mi amigo ingeniero. Íbamos a cenar en su casa. Nada especial. Solo picar algo y regarlo con vino o cerveza. Y con una buena charla, claro.

A la semana siguiente, yo iba a empezar a trabajar en una nueva sede de la compañía. En la empresa se estaban produciendo muchos cambios y, entre otros ajustes, se estaba procediendo a redistribuir los distintos departamentos entre los edificios que poseía la empresa. Yo trabajo en el Departamento Financiero y toda mi unidad se iba a unir con la de Recursos Humanos y la de Tecnologías de la Información en el mismo edificio.

Lo de Recursos Humanos, bueno, Gestión del Talento como dicen ahora, me parecía bien, pero la verdad es que compartir edificio con los tíos de sistemas no estaba muy seguro de que me hiciese gracia. En realidad, no me la hacía. Siempre los había visto un poco como bichos raros, hablando de cosas extrañas y a su rollo. Luego dicen de los financieros, pero cuando los informáticos se ponen a hablar... Eso cuando hablan y no están encorvados como langostinos encima de los teclados de sus ordenadores, que cualquier día se van a quedar ciegos de tanto mirar a la pantalla o no van a ser capaces ya de enderezarse de lo doblados que están.

Además, en ese momento estaban muy creciditos porque, entre tanto cambio, no paraba de hablarse en la empresa de todo el programa de transformación digital y del proyecto de robotización. En la intranet, en los correos internos, incluso en los discursos del CEO, venga a hablar de tecnología, venga a hablar de transformación, venga a hablar de cosas digitales. ¡Menudo rollo! Y la cuenta de resultados, ¿para quién?, digo yo... ¡Y anda que lo de los robots! ¿Pero de qué robots hablan en una empresa de servicios? ¡Que esto no es una fábrica de coches o de engranajes! ¡A ver si se enteran! ¿O es que van a contratar a C3PO? Anda, que ya les vale.

Bueno, ahora ya sé de qué robots hablaban, pero entonces ni lo sabía ni me interesaba. Más bien me fastidiaba, por no decir algo peor. Y pasaba de transformaciones digitales, de robots y de todas esas historias.

Aprovechando que la nueva sede estaba muy cerca de la casa de mi amigo, me iba a pasar antes un momento por la oficina a dejar mis cosas. Así que, con esos pensamientos, con mi portátil y con mis escasas pertenencias en una caja, me acerqué a la nueva sede.

Nada más entrar se encontraba un mostrador con guardia de seguridad. Ya comenzaba a caer la noche y a esas horas no quedaban muchas más personas que las de seguridad. El guardia, la verdad, se mostró muy atento.

—¿Su nombre por favor? —me preguntó.

—Álvaro López Galindo —dije yo.

Me indicó cómo debía hacer para acceder a mi nuevo sitio, pero antes tuve que cumplir con el protocolo de seguridad, claro. Tuve que mostrarle el contenido de la caja y del maletín del portátil, así como mi tarjeta de empleado. Todo eso, más o menos, era normal, pero, además, y a eso no estaba yo acostumbrado, me tomó una foto desde una pequeña webcam instalada al efecto donde antes se firmaba y también escaneó mi huella dactilar.

—¡Ya empezamos con los “cachivaches”! —no pude evitar rezongar para mis adentros, acordándome de los de informática y pensando que tanta camarita y huellita seguro que era cosa de ellos.

Una vez acabadas las gestiones, tomé el ascensor y subí hasta la planta primera donde se encontraba mi nueva ubicación. Al abrirse las puertas del ascensor, avancé lentamente por un largo pasillo que conducía a las diferentes estancias, mortecinamente iluminado solo por las luces de seguridad y en total silencio. Avanzar por un edificio vacío en medio de la noche y sin apenas luz impresiona un poco, al menos a alguien tan hipocondriaco y asustadizo como yo. Pero me dije que no fuese bobo y seguí avanzando hasta llegar a una puerta con el letrero que marcaba que mi sitio estaba allí. Sala 1-A-003.

Abrí la puerta.

Era una sala muy amplia y abierta, con bastantes filas de cubículos individuales que se extendían hasta un fondo que yo apenas alcanzaba a vislumbrar en la penumbra de la sala. Mi sitio estaba muy cerca de la puerta, así que lo localicé casi inmediatamente. Como no tenía ganas de permanecer mucho tiempo en ese edificio oscuro y silencioso, en seguida dejé la caja en la mesa y saqué el portátil. Lo enchufé a la toma de corriente y lo arranqué. Localicé fácilmente la WiFi y me conecté. Ya tenía acceso a la intranet. Bien. Pero me habían advertido que en esa sede se estaba usando un nuevo programa y que para trabajar tenía que conectarme a él. Ya lo había localizado y estaba entrando al mismo cuando una voz me sobresaltó.

—Factura 20200900231 procesada —dijo una voz.

Pegué un respingo en mi sitio y me volví. No vi a nadie, pero, al fondo, una pantalla de un ordenador se había iluminado.

—Factura 20200900232 procesada —dijo la misma voz.

—¿Hola? ¿Hay alguien ahí? —pregunté con una voz más temblorosa de lo que me gusta reconocer.

—Factura 20200900233 procesada —insistía la voz.

Me levanté y forcé la vista. Seguía sin ver a nadie.

—Factura 20200900234 procesada —se dejó oír la voz de nuevo.

No sabía si salir por pies, pero me dije a mí mismo que no fuese ridículo. Seguramente alguien se habría quedado hasta tarde procesando facturas y se daba ánimos a sí mismo cuando acababa una. Eso sí, trabajaba endemoniadamente rápido.

El caso es que, con un cierto tembleque, me acerqué al fondo de la sala, donde estaba el ordenador iluminado. Cuando estuve suficientemente cerca pude ver algo que me heló la sangre. Allí no había nadie. Nadie tecleaba, nadie miraba esa pantalla, nadie usaba el ratón, pero las ventanas se movían, se abrían y cerraban documentos, se veían pantallas de nuestro sistema contable apareciendo y desapareciendo a toda velocidad y aquella voz emergía de su interior para seguir con su siniestra retahíla:

—Factura 20200900235 procesada.

—Factura 20200900236 procesada.

—Factura 20200900237 procesada.

Estaba paralizado. En ese momento se encendió la pantalla del ordenador situado al lado del anterior y una voz diferente dijo:

—Iniciando procesamiento de pedidos.

Y también ahí empezaron a aparecer y desaparecer pantallas y programas movidos como por arte de magia.

—Preparando informe de ventas del día —dijo otra voz, en un ordenador diferente, situado justo detrás de mí.

Y otro ordenador empezó actuar solo. ¿Qué embrujo era aquel? Estaba rodeado por ordenadores que parecían zombies, jugaban a toda velocidad con las aplicaciones de la empresa y hablaban y hablaban con sus voces siniestras. ¿Había fantasmas en esa oficina?

—Factura 20200900254 procesada.

—Factura 2020090255 procesada.

—Pedido 202009AA002 procesado.

—Ventas de provincia de Álava en proceso.

—Localizado error en factura 202009005. Solicitando revisión.

—Factura 2020090055 procesada con error.

—Procesadas ventas de Álava.

—Procesando ventas de provincia de Albacete.

—Pedido 202009AA003 procesado.

—Factura 2020090056 procesada.

No aguanté más. Con más susto que dignidad salí corriendo hacia la puerta de la sala. En un último reflejo de cordura, fui a recoger mi portátil que parecía haber entrado ya en el nuevo programa. Cuando estaba a punto de cerrarlo vi dentro de él la cara de una chica que me miraba fijamente a los ojos con una media sonrisa y me decía:

—Bienvenido, Álvaro. Soy Amelia, tu nuevo asistente personal. ¿En qué te puedo ayudar?

—¡Que te...! —grité. Y en ese momento sí salí definitivamente corriendo y abandonando a mi portátil a su suerte.

Mi corazón latía con fuerza, no solo por la carrera que me acababa de pegar. Me costó tres intentos dar con el botón del ascensor y mientras esperaba, angustiado, no dejaba de mirar aterrorizado hacia la puerta de la sala que acababa de abandonar por si algún malvado ser de las tinieblas surgía desde allí.

Dentro del ascensor, aún resonaban en mi mente esas voces del averno y veía la cara diabólica de la chica, la tal Amelia.

—¿Se encuentra bien? —me preguntó el guarda cuando pasé a su lado como una exhalación.

—Tengo mucha prisa —casi grité sin detenerme y enseñándole a distancia la tarjeta de empleado.

Salí por pies de allí. Mientras corría calle abajo y buscaba un taxi, me decía que quizá debería haberle advertido de lo que ocurría en la planta superior. A lo mejor corría peligro.

Llegué muy rápido a casa de mi amigo. La verdad es que podía haber ido andando, pero no estaba yo para paseos nocturnos.

Todavía debía llevar el susto en mi cara porque, cuando me abrió la puerta, me dijo:

—¡Oye, Álvaro! ¿Te encuentras bien? Estás un poco pálido...

Balbuciente, de forma atropellada, quizá exagerando un poco, le conté lo de los fantasmas de la oficina y toda mi tenebrosa experiencia nocturna.

Y se rio. Se rio mucho. Se partió de la risa. Se rio a carcajada limpia. En mi cara. Y debo reconocer que, aunque me ofendía un poco, quizá bastante, esa risa también me tranquilizaba.

—Anda, ven. Te voy a explicar. De momento, tú tranquilo, que la nueva sede no está embrujada, no has sido poseído por espíritus malignos ni has sufrido ninguna experiencia paranormal. Pero, antes, vamos a preparar algo para picar.

Un poco más tranquilo, pero no sin mis dudas, le ayudé a disponer platos, cubiertos y servilletas. Mi amigo descorchó un buen Ribera de Duero y me sirvió una copa generosa que seguro que contribuyó a calmar mi espíritu atormentado.

Y así fue como, alrededor de un buen surtido de ibéricos, queso manchego, aceitunas y tortilla de patatas, y con una buena compañía de tinto, mi amigo me habló largo y tendido del proyecto de robotización, de los robots software, de los chatbots, de los asistentes virtuales, de los altavoces inteligentes, de RPA y de la automatización cognitiva.

Esto fue lo que me contó...

 

—¿Qué es lo que está pasando en esa oficina, Ignacio? —le pregunté todavía un poco alterado—. ¿Cómo es que los ordenadores hablaban solos y las pantallas se movían si allí no había nadie más que yo?

Y entonces me quiso explicar que se trataba de robots, pero no le dejé acabar.

—¿Cómo que robots? ¡Que allí no había nadie, Ignacio! ¡Ni humanos ni robots! ¡Si hubiera habido robots los habría visto!

Con una paciencia algo socarrona me dijo que se trataba de robots software y que estos, se puso en plan poético, trabajan en las sombras.

—Bueno, lo de las sombras lo puedo jurar —dejé caer sin acabar todavía de comprender—. Pero no entiendo muy bien qué es exactamente eso de trabajar en las sombras.

Así que me lo explicó. Para empezar, me dejó claro de qué hablamos realmente cuando hablamos de robots y qué es eso de los robots software.

Luego me habló de una cosa con un nombre muy largo y que sonaba muy rimbombante. ¿Cómo era? ¡Ah, sí! ¡Ya me acuerdo! “Automatización robótica de procesos”. Me cuesta recordar ese nombre tan aparatoso, así que normalmente digo solo RPA y santas pascuas. Eso sí, me quedó claro que quienes movían las ventanas, quienes procesaban las facturas y los pedidos eran esos dichosos robots RPA.

Y me habló también de los chatbots. Eso me sonaba un poco más, tengo que decir. Pero me tuvo que aclarar que los chatbots no es solo eso que veo en Facebook Messenger con sus emojis y todas esas “chorraditas”, sino que cada vez con más frecuencia hablan y saben reconocer lo que las personas les decimos de viva voz.

—Ya veo —dije yo, que empezaba a relajarme—. ¿Y la tal Amelia esa era un chatbot?

Me dijo que más o menos. En realidad, era una evolución del concepto de chatbot para convertirse hacia lo que llamó un trabajador digital. Yo empezaba a sentirme ya un poco ridículo por haberme asustado tanto, así que tuve que justificarme un poco:

—¡Jo, pero si es que te miraba y hasta parpadeaba, Ignacio!

Me dijo que sí. Con cierta frecuencia, a los robots, especialmente a los chatbots, se les estaba dotando de una especie de avatar, una representación visible y a veces muy realista.

Todas estas explicaciones duraron lo que una tortilla de patatas exquisita y, al final, logré entender lo que había pasado esa noche en la oficina.

Fue esto.

 

Ocultos entre las sombras, pero muy presentes, inmateriales y casi mágicos, se deslizan invisibles los robots software. Estos robots, los bots si se prefiere, son los que habitan en nuestros ordenadores y nuestros smartphones. Son los que nos hablan, nos escuchan, nos reconocen, nos contestan y son también los que hacen que las pantallas de nuestros ordenadores personales se muevan solas.

Trabajan para nosotros. Nos ayudan. Nos hacen la vida más fácil. Incluso nos divierten y entretienen. ¿Quiénes son estos personajes misteriosos y evanescentes? ¿Cómo funcionan? ¿Qué son en realidad?

Vamos a intentar entenderlo poco a poco, comprendiendo primero lo que es un robot, analizando luego otros precedentes en robotización para, finalmente, armados con esos conceptos, llegar por fin a definir lo que es un robot software.

ANTES DE NADA: ¿QUÉ ES UN ROBOT?

Algunos de los términos más comunes en las tecnologías punteras presentan contornos imprecisos y son de difícil definición. Esto ocurre, por ejemplo, con el concepto de inteligencia artificial o con el de machine learning, de los cuales hablaremos más adelante. Y ocurre también con el término “robot”.

La palabra robot deriva en último término del checo y en concreto del término “robota”, que significa algo así como “trabajo” o “prestación personal”. En su origen, incluye una connotación fuertemente negativa, puesto que “robota” se puede traducir también como “trabajo forzado” o “esclavitud”. En ese sentido fue utilizado por el que se considera padre del término, el escritor nacido en Praga, Karel Capek, en la obra teatral que llevaba por título R.U.R, publicada en 1920 y representada por primera vez en 1921 con gran éxito.

En esta obra, en efecto, los robots son una especie de mano de obra barata, trasunto del proletariado industrial de la época. A pesar del indudable mérito de Capek como inventor del término, que él atribuye en realidad a su hermano, y del valor histórico de la obra, esta concepción de robot no nos resulta demasiado útil ahora mismo.

Si acudimos al Diccionario de la lengua española, nos dice, en su primera acepción, que la palabra “robot” designa a una “máquina o ingenio electrónico programable que es capaz de manipular objetos y realizar diversas operaciones”.

Lejos de nuestra intención está intentar enmendar la plana a la Real Academia en materia lingüística, pero, a efectos de nuestro objetivo, esta forma de definir robot es demasiado limitada y muy orientada a los robots industriales, a los que en seguida dedicaremos unas líneas. Pero no cubre nuestra visión de lo que es un robot.

Es limitada porque nos habla de ingenios electrónicos y, aunque en general es así, aunque en la base de la mayoría de los robots actuales se encuentra la tecnología electrónica, no siempre es el caso y pudiera no serlo tampoco en el futuro. Así, por ejemplo, hoy en día también se incluyen bajo este paraguas de la palabra robot, los robots biológicos, los nanorrobots que no necesariamente emplean tecnología electrónica. Y el futuro puede traer consigo otras tecnologías adecuadas para la implementación de robots más allá de la electrónica.

Y la definición es limitada también porque nos habla de manipulación de objetos. Y la palabra objeto, que la propia RAE define simplemente como “cosa”, nos refiere, o al menos sugiere, elementos con realidad física, con peso y volumen: cajas, piezas, componentes mecánicos, motores, etc.