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Ronda de Tinta nace desde la pasión de las escritoras que forman parte del colectivo Ronda Libre, y desde sus ganas de publicar algunos de sus textos. Se trata de una vuelta por el universo de ocho mujeres que se animaron a escribir —y a publicar— lo que perciben, lo que las emociona y lo que intuyen. Cada autora muestra su mundo, a través de lo que perciben sus sentidos. Pero también su intuición y su sensibilidad son las que quedan grabadas en cada línea de este trabajo que comparten. Diferentes edades, profesiones, intereses, historias y caminos, confluyen en Ronda de Tinta; logrando así una muestra variada de lo que estas mujeres tienen para decir… y también, para callar La tinta nunca deja de fluir en esta ronda… tú también puedes ser parte de ella.
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Seitenzahl: 45
Veröffentlichungsjahr: 2020
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Ronda de tinta : antología del taller de escritura creativa / María Eugenia Armando...
[et al.]. - 1a ed . - Córdoba : Tinta Libre, 2020.
134 p. ; 22 x 15 cm.
ISBN 978-987-708-591-4
1. Literatura Argentina. 2. Antología Literaria. 3. Antología de Poesía. I. Armando, María Eugenia.
CDD A860
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2020. Tinta Libre Ediciones
Prólogo
La puerta se abre, es una biblioteca: libros en sus estantes y en el centro, una mesa. Una ronda y sus promesas, un contagio que reza y las reúne a escribir, a viajar en un libro.
¿Maneras? ¿Estilos?
La fuerza y el vuelo de la literatura.
Fémina, luce la pluma
y moja sus pies en la tinta,
a saltos las letras pinta
en danzas, como ninguna.
En una mirada distinta,
guarda su inmensa fortuna
y en cada hoja, una por una,
la poesía, tiene cita…
Carlos Funes Noviembre, 2019
Gisela Beltramino
Y no fue justo no verlo o verla ni una vez
Te mandé una carta donde decía que te amaba,
el silencio de tus palabras, hizo que te deseara.
Te mandé un ramillete de canciones enamoradas
que alguna vez una loca escribió para su rey;
no sé qué pasó por tu cabeza,
tampoco quisiste aparecer.
Te mandé una foto, hermosos nosotros dos,
volvió la misma, en el mismo sobre
pero en pedazos, como ella, mi corazón.
Te mandé tu primera tarjeta,
luego de conocernos hacía tiempo
en la heladería de aquel centro,
para que recordaras que me habías querido.
La tarjeta no volvió, tampoco volviste vos.
Como último intento, destruidos ya mis huesos,
te mandé dentro de un sobre, de esos reciclados,
el papel frío, impreso en negro, que me dio un doctor,
junto a él la última ecografía de nuestro bebé.
Escribí en el reverso con letras tímidas y doloridas,
“Está en mi vientre desde la última noche que tuvimos de amor”.
Dos meses después,
junto a un puñado de flores
me dijiste vía papel:
“Lo siento, no te amo,
dile a mi hijo que su padre es un error”.
No sé qué fue de nuestro hijo,
si fue mucama o actor,
si es rubio o rubia, honesta o ladrón.
No sé qué es de tus ojos
o a quién le hablan tus labios hoy,
si seguís vivo, si ya moriste,
si tenés familia o sos feliz.
Por si te llega a interesar,
desde hace dos décadas
estoy encerrada en un loquero,
donde también deberías estar vos.
No es justo que yo pague,
si el culpable fue tu amor.
Jamás
Esa tarde comenzó su alcoholismo, quizás antes.
Esa tarde ella destapó la primera botella, pero desde hacía años su paladar y también su alma, disfrutaban el sabor de cada copa bebida en los cumpleaños de quince, primero; en las fiestas navideñas, de fin de año, después. Siempre le había atraído ese sabor dulce, frutal y con apenas una caricia de alcohol, pero esa tarde había sido diferente.
Esa tarde, esa caricia de alcohol era la caricia que una vez más ella no podría dar, porque una vez más, estaba vacía; yerma, como en la obra de teatro.
Con el paso de los meses, sin obtener resultados que evidenciaran una nueva vida, ella fue llenando su útero vacío, de alcohol. ¿Qué más daba? ¿Por qué no? Cada mancha de sangre iniciaba una especie de ritual, porque en eso se había convertido. Primero, para darle el toque positivo a la situación de suicidio que su cuerpo provocaba; si se indisponía, podía tomar. El deseo de ser madre y el de beber se iban alternando, evitando que la ilusión quedara desecha y sin objetivo. Después se hizo costumbre. Una botella no alcanzaba. El vacío era más grande que un litro de líquido dulce, debía tomar dos; después tres. ¿Qué importaba cuánto? Si total, por más que intentara, ese hueco, ese útero negro, no se llenaba.
Claro que… si hubiese sabido que le pasaría esto, ella jamás, jamás, jamás, hubiera abierto la primera botella.
Vendido a …
Ya comienzo a ver
como te comienzas a borrar.
Se perdieron tus ilusiones
y se pierde mi felicidad.
Ya amanecen los reproches
y los defectos de este amor
y en el ocaso vemos aclararse
alegres noches de calor.
Alas caídas hacen de alfombra
y ojos nublados cubren tu cielo.
Las copas de los árboles se vaciaron
y ya no existen flores en mi suelo.
Sobre la roca de un corazón herido
se remata a bajo precio una pasión,
un cartel dice quién fue el dueño
pero no llego a leer
si fueron tus ganas
o fue mi amor.
Dejá
Dejá…
No hagas que el sol salga otra vez.
