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La obra poética de Jacobo Rauskin, que abarca hoy unos cuarenta libros, ofrece a sus lectores un ejemplo de poesía contemporánea en su más noble variedad formal. Desde los poemas líricos hasta los de inclusión social y desde los breves destellos verbales a las obras de cierta extensión. Además, en nuestro autor conviven, gracias a un estilo generoso y refinado, las formas tradicionales y las actuales. Referente habitual de la poesía paraguaya de la segunda mitad del siglo veinte y de lo que va del veintiuno, Jacobo Rauskin es autor de una obra renovadora con un aporte valioso que va más allá de las fronteras y que defiende apasionadamente la centralidad del hombre en todo tiempo y lugar. Su poesía denuncia la manipulación ideológica de las conciencias y el vaciamiento de los contenidos. En ella encontramos una permanente valorización de lo utópico y un declarado escepticismo ante los frutos de la llamada política real. En Jacobo Rauskin la poesía deja casi siempre la huella de un joven desterrado. Él mismo lo fue en su ya lejana juventud. En Señales en el sur esta condición está presente en numerosas páginas. A lo largo de los años (sus primeros libros son del mil novecientos sesenta y tantos), la creación de un estilo propio, versátil, depurado, fue la principal tarea del poeta. Sus lectores, tanto en América como en España, se han ocupado de calificar el verso de Rauskin como el de un maestro del realismo trascendente. Su Obra poética, en dos tomos, se publicó en 2018. Entre sus libros recientes, recordamos El refugiado, Poemas selectos, El aparente fin de todas las cosas y El sueño derramado.
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Seitenzahl: 22
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Señales en el sur
Jacobo Rauskin

Universidad Veracruzana
Martín Gerardo Aguilar Sánchez
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Maquetación de forros: Jorge Cerón Ruiz
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D. R. © Universidad Veracruzana
Dirección Editorial
Nogueira núm. 7, Centro, cp 91000
Xalapa, Veracruz, México
Tels. 228 818 59 80; 818 13 88
https://www.uv.mx/editorial
Primera edición: septiembre de 2020
ISBN: 978-607-502-850-7
Las páginas de este libro sugieren, al modo de la poesía, instantes de una vida, la de mi persona. Y con ella se mezcla la historia de mis compañeros de viaje. Años llevo intentando aprender a escribir un libro de poesía tal cual me gustaría dejarlo en la mano del lector. Espero que Señales en el sur sea ese libro. Se lo dedico a Sofía, mi nieta.
J. R.
Es una casa antigua, pintada
de un color que casi ya no existe.
Todos los días abre sus puertas una mano
que acaricia la oscura madera.
Un día, las paredes reciben disparos
de un fanático, de varios.
La casa sobrevive
con las puertas abiertas
y la puerta cancel que no cancela.
Quien quiera entrar conmigo ahora,
visitará un hogar de 1947.
Encontrará en la sala el taller de un sastre
y en la mesa un sifón sin soda.
Antaño, la vendettagubernista
convirtió a la ciudad en un cementerio
de liberales, de socialistas,
de teósofos y de sofistas.
No se demore más un saludo
a quienes todavía esperan
la revolución prometida.
En cuanto a mí, no te engañes,
yo espero solamente el tren.
Nos informa Musset
que la luna, la pálida luna
sobre la torre de cualquier campanario
es un asunto caligráfico.
Es como el punto sobre la i.
En esta mínima ciudad sureña y cálida,
en medio de la noche, voy viviendo mis horas.
El campanero duerme, nada le quita el sueño.
El boticario y su vecina
practican de manera tardía el adulterio.
Se reproducen los recién casados.
Se abusa de una fámula.
Se aman los amantes de siempre.
La noche no termina de irse.
El alba dura aquí cien años,
si es que Venus se asoma a su íntima ventana.
(Diluidos en una tarde lánguida, digamos,
en un atardecer de lluvia y lejanía,
duran más, mucho más, los amores perdidos).
Dejando de lado las flores
