Sensible y esencial - Sonia Esqueta Chamorro - E-Book

Sensible y esencial E-Book

Sonia Esqueta Chamorro

0,0
5,99 €

oder
-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

Sensible y esencial es una obra muy personal a través de la cual la autora explica qué es la sensibilidad de procesamiento sensorial, un rasgo de la personalidad que presenta aproximadamente una de cada cinco personas (20 por ciento de la población). Son conocidas como PAS (personas altamente sensibles), y la mayoría no lo saben, pero es un rasgo que determina todos los aspectos de su vida. La autora cuenta cómo gestiona esta condición con diversas herramientas, pero con los aceites esenciales como protagonistas. Por ello también explica cómo y por qué funciona la aromaterapia y aporta recetas fácilmente personalizables. En la primera parte del libro se explica la alta sensibilidad y la aromaterapia desde un enfoque descriptivo, con un tono sencillo y accesible pero argumentado y respaldado con las evidencias científicas actuales. La segunda parte tiene estructura de diario. En él la autora detalla circunstancias cotidianas que se derivan de la alta sensibilidad y cómo las gestiona. El objetivo es facilitar el camino del autoconocimiento a las PAS, clave para vivir la alta sensibilidad de manera más sencilla y feliz.

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB

Veröffentlichungsjahr: 2023

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Sonia Esqueta Chamorro

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz

Diseño de portada: Rubén García

Supervisión de corrección: Ana Castañeda

ISBN: 978-84-1144-549-8

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

Letrame Editorial no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones del autor o con el texto de la publicación, recordando siempre que la obra que tiene en sus manos puede ser una novela de ficción o un ensayo en el que el autor haga valoraciones personales y subjetivas.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

.

A mis abuelos M. y M.

Y a mi familia, que es mi todo.

Nota de la autora

A lo largo del libro, me voy a dirigir a ti, querida lectora, en femenino. Y es por la sencilla razón de que hablo a personas altamente sensibles. Personas. Y «personas» es una palabra de género femenino. Gracias por sentirte incluida, sea cual sea tu identificación de género.

Prefacio

Es domingo, última hora de la tarde, noviembre. Tengo mi difusor de aceites esenciales burbujeando con una sinergia suave y relajante a base de madera de cedro y naranja, mis velas, mi pijama. Ojalá lloviera, pegaría todo. Estoy cansada y quería echarme en el sofá a leer, pero tengo tantas cosas en la cabeza que al final me levanto, tontamente. Si eres PAS, sabrás a qué me refiero: esa mente que es como una máquina de hablar.

Otras veces la apaciguo con mis aceites esenciales, o la reconduzco con instrucciones severas, como a un niño. Pero hoy me he dejado llevar y me he levantado del sofá. Planeando mi agenda para la semana que entrará en unas horas, he echado un vistazo a ver qué día me parecía bonito empezar a escribir mi diario (mi libro, más bien). Y también tontamente he pensado: «¿Y por qué no ahora?». He parado un instante para conectar con mi voz interior, a ver qué opinaba. Y me ha dicho: «Vale, estoy preparada».

Un gusanillo se ha movido por mi columna. Es la señal. Así que aquí estoy, en pijama (total, un diario se escribe así, a solas, en plan cómodo e íntimo). Empezando.

Empezando un proyecto precioso que rugía en mi interior desde hacía tiempo. Primero agazapado, sin querer dar la cara. Luego asomando la patita. Hasta que se envalentonó y tomó forma, aprovechando el impulso y la creatividad de mi coach Noelia Santana, a quien dedico lo que salga con todo mi agradecimiento. También se lo dedicaré a más personas, pero este paso se lo debo a ella.

Sensible y esencial será un diario de cómo gestiono mi alta sensibilidad con varias herramientas, pero con los aceites esenciales como protagonistas estelares. Para mí son magia, simplemente. Desde el minuto uno, me maravillaron, aunque el primer contacto resultó catastrófico. Ya te lo contaré. Y te hablaré de algunas negociaciones que he tenido que hacer con ellos. En general, estoy acostumbrada a negociar con mi cuerpo. Y aprovecharé para explicarte por qué he llegado a las conclusiones que he llegado, después de probar y probar, y ajustar, y escuchar, y leer muchas teorías, investigaciones, estudios, tanto de aromaterapia como de alta sensibilidad, y por qué casan como casan.

O sea que, principalmente, será un diario personal, pero empezaré por introducirte en ambos mundos con una parte teórica y rigurosa de la que podrás aprender (pero no te asustes que será llevadero).

Esto es el prefacio, así que vale por hoy. Vale por este domingo. Y ahora sí, me voy a leer al sofá, feliz, emocionada.

Sonia

Capítulo 1 Hola, encantada

Para empezar, me voy a presentar: yo soy Sonia y soy PAS (persona altamente sensible). Esto no lo hago así normalmente en la vida diaria, pero aquí no vamos a andar con rodeos. De todas formas, dadas las circunstancias, ya te lo imaginarías.

Es algo en lo que he tenido que trabajar: en reconocerme y presentarme así abiertamente como persona altamente sensible, porque no solo soy eso, pero sí es uno de los rasgos que me caracterizan y es información importante tanto para mí como para los demás. De hecho, marca muchas de las otras cosas que soy (muchas más), lo que me gusta, cómo pienso, cómo actúo, cómo me relaciono, cómo vivo. Hasta entonces me esforzaba por ser como los demás. Y como no me salía del todo, me frustraba bastante.

Recuerdo una noche que, hablando con un buen amigo con el que solía tener conversaciones bastante sinceras y profundas, me contó que otra amiga común le había dicho, al hilo de no sé qué cuestión sin importancia: «Es que Sonia no es como nosotros». Ella lo había dicho con total naturalidad, sin ninguna mala intención. Y el amigo (que me conocía bien) también me lo transmitía de buenas, aportando que le había sorprendido aquella observación de mi amiga, que en toda su simpleza había soltado aquello que ella tenía claro e integrado desde vete a saber cuándo, y no le daba mayor importancia. Él, como digo, contaba que se había quedado un poco descolocado, pero que al sopesarlo había caído en la cuenta de que era verdad. Hará de esto entre quince y veinte años. Con los dos tenía (y tengo) una relación normal y corriente, de cariño, pero en aquel momento me sentó un poco mal, y también me descolocó un poco. Con lo que yo me esforzaba. Porque además quedaba claro que no se referían solo a las cuestiones físicas (ya entonces tenía episodios de dolores frecuentes), ni a las diferencias que nos separaban de trayectoria vital, formación, entorno social, etc. Era algo más profundo. Con esa frase tan simple había tocado una tecla que me dejó removida por días. Y al final comprendí que no me había sentado mal que ellos lo pensaran o incluso lo dijeran, sino que ellos lo sabían y lo aceptaban, pero yo iba huyendo de mí misma.

Coincidió, encima, con una etapa de crisis vital a partir de la cual yo había iniciado un cambio radical de vida, y en los años sucesivos me parapeté en mi hogar refugio desde el que me zambullí en mi interior para localizar y sanar mis heridas desde mi sofá. Con mis libros y mis cosas. Con una vida familiar, social y laboral entretenida y activa, pero con ese trabajo interno profundo tan transformador. Como una doble vida hacia fuera y hacia dentro. Manteniendo máscaras hasta que se han caído por su propio peso.

Me reconozco como PAS desde 2018. Antes ya había oído hablar sobre ello, había leído algunas cosillas y siempre me había generado una opinión negativa. «Qué chorrada», pensaba. Incluso conocí a dos personas que se presentaron así (en círculos de grupos de trabajo personal, que en cierto modo venía a cuento) y pensé: «Vaya petardas». Y yo seguía así, con mi prejuicio por la vida, hasta que un buen día la portada de un libro que vi por casualidad me atrapó.

Era La guía para personas altamente sensibles de Ted Zeff. La portada es una preciosidad. Los colores llamaron poderosamente mi atención, pero lo que me embaucó fue la ilustración: una cabeza de mujer cuya melena estaba llena de cosas. Pero a pesar de eso, su cara, su expresión, estaba en calma. Y quise ser ella.

Quería estar en paz, por encima de todo, por encima de todas las cosas que llenaban mi cabeza, que revoloteaban alrededor haciéndome sentir sobrepasada, incómoda, rara, dolida, cumplidora, exigida / autoexigida, decepcionada / decepcionadora, desplazada. Perfecta en un mundo imperfecto. Imperfecta en un mundo ajeno.

También pensé que me habría gustado ver, además, su corazón. Si también estaba en paz, o estaba un poco encogido. El mío se expandía y se encogía a ritmo vertiginoso, desbordado, a la deriva de las mareas de la vida; ahora en calma, ahora en tempestad. Pequeñas tempestades del día a día, sin relevancia, al parecer, para nadie más. Y resistiendo maremotos como un experto navegante, amarrado al palo más alto de la embarcación. O de sus restos. Aterido por todo el dolor indescifrable, pero escondido, entrenado para latir, a pesar de todo, como si nada. Encajando en el mundo. Sístole y diástole de gigante en mi pequeño corazón. Así era antes, años atrás. De una manera u otra, a base de mil herramientas, intentos y fracasos, pequeños o grandes pasos, había ido conquistando mi propia paz. Pero la chica de la portada, a todas luces, estaba mejor que yo, y eso me sedujo lo suficiente como para leer la sinopsis.

Esta vez no rechacé lo de la alta sensibilidad. Creo que la clave fue comprobar que estaba enfocado, sobre todo, a los estímulos sensoriales, que son una gran traba para mí en el día a día. Y ahí fue, antes de comprarlo incluso, cuando mi cerebro hizo el clic, el que me decidió a dinamitar mi prejuicio.

Nunca antes había dado ese enfoque al concepto que yo tenía de alta sensibilidad (concepto muy pobre, ahora lo sé). Creo que había relacionado lo de ser sensible con ser débil, y yo ni era débil ni quería serlo. Lo había demostrado a lo largo de mi vida, y, por supuesto, tenía que seguir demostrándolo. Aunque no hiciera falta, aunque a veces no pudiera y tuviera que fingirlo.

Así que me lancé a leerlo y, desde la primera página, cada párrafo me hacía saltar de la silla. Y pensaba, ¡pero si esa soy yo! Es algo muy común, algo que he oído después a muchas PAS que, sobre todo al principio, cuando te abres a escuchar o leer sobre el rasgo, te emocionas, lloras, te ríes, flipas porque te crees que es una cámara oculta y que están escribiendo o hablando sobre ti. Es muy gracioso. Y emotivo, sobre todo me resulta emotivo. Aún me pone los pelos de punta recordar ese momento de reencuentro conmigo misma, de reconocimiento, de, por fin, saber y entender.

Y hoy, cada vez que ayudo a una persona a identificar el rasgo en ella, me sigo emocionando. Cuando no le da importancia o no lo asume me da mucha pena, aunque también he aprendido a respetar su proceso y aceptar, a mi vez, que llegará su momento si tiene que llegar. Pero cuando se abren a descubrirse, a acompañarse… eso es un gozo absoluto. Entonces, siento inmensa gratitud por todo el camino recorrido. Porque esa paz ansiada cada día es mayor; porque hoy, al fin, la siento en mí, reina en mi cabeza y en mi corazón la mayor parte del tiempo. Y cuando no es así, echo mano de todo lo que sé y entonces entiendo, acepto, perdono; me perdono y me rindo. He dejado de luchar, y eso es paz.

En cuanto a mi aventura con los aceites esenciales, empecé a usarlos y estudiar sobre ellos en 2016, antes de conocer mi alta sensibilidad. Desde el principio vi que en mí los efectos eran algo diferentes a los que estudiaba en las clases y compartía con los compañeros o leía en los libros. Y no entendía por qué, pero lo noté en la primera clase presencial (en la que en los primeros tres minutos ya estaba enamorada de la aromaterapia): yo iba con dolor de cabeza y el profesor me dio aceite esencial de menta para aliviarme, que es lo típico. Pues a los pocos minutos me puse malísima. Probé una segunda vez y empeoré otro poco. ¡¡Esa fue mi primera experiencia seria con los aceites esenciales!! Sin embargo, en vez de salir de allí huyendo, yo vi clarísimo el potencial de esos botecitos: aquello era tan poderoso que solo una gota diluida había provocado ese efecto tan rápido y notable en mi cuerpo. Así que todo mi ser confió en que, aunque esa vez había resultado contraproducente, podría conseguir también lo contrario, encontrar la gota que revirtiera el efecto y me ayudara a sentir mejor. De modo que me puse a experimentar y los fui adaptando a mis necesidades. Cuando descubrí la alta sensibilidad y me lancé de lleno a estudiarla, todo encajó, y entonces uní los dos mundos y el avance fue espectacular.

Mi proyecto inicial sobre esto que lees consistía en hablarte de cómo yo gestiono mi alta sensibilidad con los aceites esenciales como principales protagonistas de un librito con estructura de diario. Algo facilito para mí y para ti. Sin embargo, enseguida me vino la necesidad de aportar un marco teórico, tanto sobre alta sensibilidad como sobre aromaterapia. Para que entiendas cómo encajan la una con la otra, para que veas que no es un invento, sino que es química, biología, anatomía, neurociencia, neuroquímica… Un montón de disciplinas de lo más serias amparan este maridaje, aunque lo cierto es que hoy por hoy hay pocos estudios de los que podamos extraer conclusiones exactas a este respecto.

Y al empezar a tirar del hilo para encontrarlas, me vi absorbida por la búsqueda de estas investigaciones serias, experimentos, evidencias científicas, pruebas de laboratorio, conclusiones de otros autores… y me fui liando la manta a la cabeza. Me dejé llevar por mi afán de perfeccionismo, de llegar al fondo del asunto, de aprovechar mi visión panorámica, de ensamblar datos probados e intuiciones, de aportar lo que sé al mundo, de ayudar a quien lo pueda necesitar… o sea, una PAS siendo PAS. Con toda mi consciencia.

Así que en esta primera parte te contaré todo lo que he encontrado y todo lo que he aprendido durante los últimos años, desde que empecé a estudiar aromaterapia, a leer sobre alta sensibilidad y llevarlo a la práctica. Lo haré, no obstante, de una forma resumida, sencilla, para que no te resulte un tostón. Es solo una puerta por la que te invito a entrar en estos dos apasionantes mundos. Si quieres profundizar, en el anexo IV te recomiendo un montón de libros y fuentes de estudio que te permitirán hacerlo casi hasta el infinito.

Deseo profundamente que todo ello te aporte, aunque sea, una mínima parte de lo que me ha aportado a mí. En serio. Sería un regalazo para ambas.

Pues venga, entremos en materia.

Capítulo 2. Entendamos la sensibilidad del procesamiento sensorial

La alta sensibilidad es un rasgo de la personalidad que presenta aproximadamente (y como mínimo) un 20 % de la población aunque la gran parte aún no lo sabe. En los últimos años algunos investigadores (todavía pocos, la verdad) han comenzado a focalizar sus estudios en la sensibilidad y han surgido varias corrientes que se engloban dentro de lo que se ha denominado «sensibilidad ambiental».

La sensibilidad ambiental1 es un término general que explica las diferencias individuales en la capacidad de registrar y procesar los estímulos ambientales. Estas incluyen las teorías de la «susceptibilidad diferencial» (Belsky, 1997; Belsky y Pluess, 2009), la «sensibilidad biológica al contexto»(Ellis y Boyce, 2011) y la «sensibilidad del procesamiento sensorial» (SPS) (Aron y Aron, 1997).

Yo me voy a referir siempre a la última de las mencionadas: la sensibilidad de procesamiento sensorial (SPS), que es a la que alude en general toda la información cuando se habla de PAS (personas altamente sensibles).

Para empezar a explicarlo de una manera sencilla, podemos decir que nuestro sistema neurosensorial está hiperdesarrollado y trabaja de manera diferente, como si fuera más fino. Las personas altamente sensibles procesamos de manera distinta la información que recibimos a través de nuestros sentidos y también la que se gesta en nuestro interior. Y esto ocasiona un montón de circunstancias que hace que vivamos la vida y nos relacionemos con el mundo también de forma diferente. Por eso repercute en todos los aspectos de la vida: físico, emocional, intelectual, social y espiritual.

Se define como un rasgo de la personalidad, un rasgo neutro, ni bueno ni malo. No es una enfermedad, ni un defecto, ni una moda. No somos raros, ni caprichosos, ni tenemos ganas de llamar la atención. Somos intensos, eso sí. Para algunos es un don. Para otros, un defecto. Pero es neutro. Para mí, en la práctica tiene un poco de ambos, tiene su parte buena y su parte mala.

Es como si nuestras antenitas de la percepción estuvieran superafiladas, como si tuviéramos el volumen a todo trapo, de manera que lo malo es malísimo y lo bueno es buenísimo. También creo que es muy cansado ser PAS, porque a veces no te aguantas ni tú, con tanta intensidad (así que imagínate los demás), y tenemos que estar en un ejercicio constante de regulación interna y externa. Nuestra vida es un continuo ajuste.

Vuelvo a estas líneas meses después de haber escrito esta parte para contarte cómo me ha puesto la piel de gallina el testimonio de Alanis Morissette en la película documental Sensible. La historia no contada (por favor, tienes que verla). Porque justo habla de lo tremendamente difícil que ha sido para ella vivir esta dualidad con tanta intensidad. De que precisamente era su forma de ser, vivir, sentir… lo que la subía a lo más alto, lo que llevaba a la gente a idolatrarla, a vivir verdaderas catarsis en sus conciertos. Pero a la vez era tan grande que no podía con ello, así que era un constante desafío, y los demás no la entendían ni la aguantaban. «Querían el fruto de mi rasgo, pero no convivir con mi rasgo, […] me sentía amada y rechazada por la misma razón». Y después cuenta cómo escribió uno de sus himnos, That I would be good, metida en su armario, con una vela, en un momento de máxima sobreestimulación, para convertirlo en su propio anclaje, su bálsamo, para cuando no pudiera tomarse el tiempo o el espacio que necesitara (que era casi siempre).

En la película lo cuenta desde la serenidad de haberlo trascendido, pero en su expresión, quizá en su mirada, se percibe aún la huella de todo aquello. Una huella dura. Y yo pienso: con lo difícil que se me ha hecho mi vida a veces (una vida intensa y para nada fácil ni corriente, pero al fin y al cabo de las de andar por casa), ¿qué hubiera sido de mí si me toca una vida a ese volumen? No hubiera querido verme en su piel.

Capítulo 3 El regalo que nos hizo Elaine N. Aron

El tema de la alta sensibilidad es relativamente reciente, ya que el primer libro que se escribió sobre esto fue en 1995. Y se lo debemos a la doctora Elaine N. Aron. Yo siempre digo que fue un regalo que hizo a la humanidad, porque cada vez que una PAS se encuentra con este concepto (y lo atiende) se le enciende una luz, le hace un clic, y si lo acepta y profundiza, da un giro a su vida. Es como si llevaras toda la vida con zapatos que, o te aprietan o te están grandes, y no puedes andar bien, no te gusta andar, se te hace pesado, te salen ampollas… y por fin encuentras unos de tu talla, y entiendes que el problema hasta aquí no era tuyo, ni de tus pies; era de los zapatos, que no te ponías los adecuados.

La doctora Aron vivió la primera parte de su vida así, con zapatos que no eran de su talla, y se sentía un bicho raro. Pensaba que tenía algún defecto, que no encajaba en ninguna parte, era desgraciada. Hasta que se le hizo tan insostenible que empezó a ir a terapia. Allí tuvo la suerte de dar con una psicóloga que le dijo con toda naturalidad que no le pasaba nada, solo que era muy sensible, que conocía a más pacientes así, incluso que ella misma lo era. Así que Elaine vio una puerta y se coló por ella.

Empezó a investigar sobre esto, pero no había nada escrito ni documentado, solo algunos estudios de Jung sobre la introversión. Ahora sabemos que Jung también era PAS, y la introversión es una característica muy frecuente entre las PAS, pero no es lo mismo; aunque el porcentaje es mucho más bajo, también hay PAS extrovertidas.

Elaine ya entonces era profesora de universidad y puso un anuncio en el boletín universitario haciendo un llamamiento a personas que se consideraran sensibles, se sintieran como ella y tuvieran determinadas características. La sorpresa fue que tuvo una avalancha de personas que querían hablar con ella y participar en el estudio. Y así empezaron a salir las personas sensibles del armario. En 1995 escribió el libro El don de la sensibilidad, y poco a poco este concepto ha ido ganando terreno hasta ahora, que tenemos por fin un momento de visibilidad muy esperanzador.

Muchas PAS se sienten así, bichos raros. Quizá tú también lo hayas pensado. Yo muchas veces. Y casi siempre he sentido que el mundo no era de mi talla, desde luego. Aunque siempre he intentado adaptarme y en millones de ocasiones lo he conseguido, unas veces con trabajo y esfuerzo, otras con reto y disfrute. Pero siempre he sido consciente de tener que recorrer esa milla extra que no veía en la mayoría de las personas que me rodeaban. Y eso cansa. Pero ahora entiendo por qué. El mundo, realmente, objetivamente, no es de mi talla, porque está hecho por y para el 80 % que no es PAS. Pero ahora lo sé, y, cuando lo estimo conveniente, hago los ajustes que hagan falta; y cuando no, me quedo tan ancha. No pretendo ser lo que no soy, ni pretendo que los demás sean lo que no son. Esto también me ha dado mucha paz. Ni yo soy bicho raro ni los demás son bichos raros. Sencillamente, tenemos sensibilidades distintas, y eso lo explica todo. Y todos somos necesarios, y todos aportamos nuestra esencia al equilibrio del mundo. Cada uno tiene su papel. Por eso es vital que lo entendamos.

Capítulo 4 Y yo, ¿soy PAS?