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Por fin la sexualidad y las relaciones afectivas de las personas con discapacidad son tratadas con total claridad y, a la vez, con valentía y profundidad. Desde una simple caricia hasta el coito... ¿Cuál será la necesidad de cada persona? ¿Es útil recurrir a servicios sexuales profesionales? ¿Cómo pueden intervenir los familiares y los terapeutas? ¿Qué se puede obtener con la masturbación o los juguetes sexuales? ¿Cómo se debe prevenir el abuso sexual? Y en definitiva, ¿por qué cuesta tanto reconocer y satisfacer esta necesidad tan básica cuando implica personas con alguna discapacidad? Gracias a su profundo conocimiento y experiencia profesional, las autoras de este libro tratan todas estas cuestiones desde la seriedad y el afecto, y nos ofrecen también una guía de recursos para familiares y profesionales. Con la participación de la Fundació Pere Mitjans y Aspanin. «La expresión sexual es un derecho personal de cualquier individuo, tenga o no una discapacidad, y sea o no esta física, sensorial o cognitiva.» —Miguel Ángel Verdugo
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Seitenzahl: 125
Veröffentlichungsjahr: 2022
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SENSUALES
Relatos de sexo y afecto en la discapacidad
Primera edición: febrero 2014
Segunda edición: octubre 2019
© Clara Clos, Gemma Deulofeu
© del prólogo: Miguel Ángel Verdugo
© Editorial Comanegra, 2014
Consell de Cent, 159
08015 Barcelona
www.comanegra.com
Diseño de cubierta: Susana Catalán
Maquetación: aQuatinta
Impresión: Book Print Digital
ISBN: 978-84-15097-96-9
Producción del ePub: booqlab
Quedan rigurosamente prohibidas y estarán sometidas a las sanciones establecidas por ley: la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier procedimiento, incluidos los medios reprográficos o informáticos, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo público sin la autorización expresa de Editorial Comanegra. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
Agradecemos a todas las personas con diversidad funcional, a sus familias y a los profesionales de su entorno que, con su honestidad y valentía, han confiado en nuestra labor y han compartido sus vidas. Así como a nuestras entidades y compañeros, que nos han apoyado desde el inicio y que nos han hecho este camino mucho más fácil.
Nota del editor
Prólogo
Relatos
Roca y espuma
Ausencia
Engranajes
Juguetes
Canciones
Ojos azules
Una mariposa azul
Escéptica
Una cita
Culpables
Rodillas
Toboganes
Estaciones
Punto y seguido (apuntes finales y recursos prácticos)
En un encuentro en casa de Lydia (la Sra. Rius) para ultimar detalles del libro La Sra. Rius al desnudo, que nuestra editorial estaba a punto de publicar, salió en la conversación el hecho de que Lydia estaba en contacto con especialistas del mundo de la discapacidad que querían establecer un marco de colaboración para casos concretos de necesidad de sexo de pago para sus pacientes. Como padre de un hijo con discapacidad intelectual, se me hizo evidente la necesidad de un libro donde se pudieran encontrar no tan sólo soluciones y recursos para este tan ignoto mundo del sexo y la discapacidad sino también las complicidades que nos son tan necesarias.
Fruto del trabajo mano a mano entre especialistas de los campos de la sexualidad, la discapacidad y la edición, como Ariadna Esteve, Andrés Portillo y Elena Martínez, a los que hay que agradecer el enorme esfuerzo realizado siempre con alegría e ilusión, hemos elaborado este libro con el deseo de conseguir poner un grano de arena para ayudar a normalizar la difícil relación de las personas con discapacidad y su propia sexualidad.
El resultado son trece relatos creados a partir de las experiencias de la psicóloga Clara Clos y la psicóloga y sexóloga Gemma Deulofeu. Cada historia se acompaña de una reflexión posterior de las autoras, con el objetivo de repensar acerca de las relaciones sexuales y afectivas de las personas con diversidad funcional que requieren algún apoyo o ayuda específica, así como de las actitudes o percepciones que surgen del entorno. En la parte final del libro, el lector encontrará un conjunto de recursos prácticos y herramientas útiles de referencia, que pueden servir de apoyo para familiares y profesionales.
Nada mejor para empezar, entonces, que estas intensas historias cargadas de sensibilidad. Esperamos las disfruten.
Joan Sala
La «invisibilidad» de las personas con discapacidad, particularmente la de aquellas con discapacidades significativas, fue una característica del pasado, pero ya no es así hoy, al menos hablando de manera general. Sin embargo, sí que es cierto que algunos aspectos de su vida todavía son invisibles, o más bien sucede que la sociedad en general prefiere no enfocarlos. Ocurre lo mismo, aunque en menor medida, en lo referido a las organizaciones y a los profesionales que apoyan a esas personas. Y también en el caso de la sexualidad y las relaciones afectivas.
La expresión de la sexualidad es un derecho innegable a cualquier persona, independientemente de si tiene o no discapacidad y del grado de la misma. El derecho a la sexualidad viene relacionado con la posibilidad de elegir y decidir en cada caso individual la manera apropiada de manifestarse. Las relaciones afectivas y la sexualidad son una parte importante de la calidad de vida de la persona, pues afectan a su comportamiento y su funcionamiento vital en los aspectos interpersonales y emocionales, así como también, en algunos casos, a otras dimensiones como la inclusión social o la salud física y mental.
La sexualidad es diferente en cada persona, y puede cambiar con el paso del tiempo. Los tipos de sexualidad son muy diversos, e incluso el umbral de respuesta sexual y las necesidades de satisfacción (y por tanto de apoyo requerido) varían en gran manera. Hay que tener un profundo respeto hacia las diferencias en el ámbito de la sexualidad de cualquier individuo. En cualquier caso, el conocimiento y la información sobre la sexualidad y sus opciones son un derecho y una obligación educativa y de acompañamiento en la vida de las personas.
Y aquí reside el valor del texto prologado, el cual puede ser de gran utilidad para avanzar en el conocimiento de la sexualidad y su expresión, así como de la manera de enfocar situaciones particulares. La ausencia habitual en los centros de protocolos escritos de actuación ante situaciones diferentes a la habitual en el ámbito de las relaciones afectivas y sexuales, en los casos conflictivos o problemáticos, se debe al requerimiento de un análisis previo que fundamente el desarrollo de esos protocolos. La sexualidad como un derecho, la individualidad de la respuesta, el papel de la familia, el rol del terapeuta, los procesos de información y decisión, todos ellos son temas fundamentales y abordados en el libro.
Las autoras del texto, desde una amplia y reflexionada experiencia profesional, muestran gran valentía para dar a conocer situaciones reales y diversas de la vida cotidiana, contándolas con claridad, sencillez y profundidad a la vez. Exponer los casos referidos a situaciones tan variadas como el acceso a trabajadoras sexuales, la homosexualidad, la masturbación, las relaciones sexuales, el abuso sexual, el fetichismo o la transexualidad es acercar la realidad, para poder encauzar el afecto compartido, el derecho a la sexualidad elegida libremente, a explorar las opciones sexuales, para valorar el papel de la familia, las dificultades de comunicación y cómo superarlas, o el papel de los terapeutas en el apoyo.
La expresión sexual es un derecho personal y está relacionada con la reivindicación de la mayoría de edad de cualquier individuo, tenga o no una discapacidad, y sea o no ésta física, sensorial o cognitiva.
Miguel Ángel Verdugo Alonso
Catedrático de Psicología de la Discapacidad. Director del INICO
Un susurro, dulce y vibrante. Espléndida. Elegante. Y esos labios rojos...
Su sonrisa pícara proponía un encuentro lleno de fantasías ya elaboradas de hacía años. Demasiados.
Ven, acércate. No me tengas miedo. Ven... seguro que quieres estar conmigo. Y sonreía...
Una voz que me sumergía en una profunda excitación, una voz femenina que hablaba de una forma melódica y con insinuantes silencios.
Yo no podía hablar. Debía esforzarme en demostrarle que estaba tan nervioso y excitado que pensaba que no podría soportar ni unos minutos antes de que mi cuerpo explotara. Ella me cogió de la mano y la acercó a su mejilla, a su pelo. La tenía delante, arrodillada, e iba recorriendo con sutileza pequeños trozos de mí. Yo estaba alucinando porque tenía la suerte de haber coincidido con esa maravillosa criatura tan sexy; ojos color canela y pelo negro, media melena ondulada y voluptuosa, cuerpo también voluptuoso, pestañas negras imposibles. Preciosa. Parecía una muñeca de los años veinte. ¿Estaba soñando? Un sueño sólo para mí en el que ella me había aceptado con traviesa y habilidosa actitud.
Me preguntaba si se comportaba así con todos los hombres.
Esas pestañas perfectas y esos labios carnosos, llenos de una sutil pasión y perversión por descubrir.
¿Qué te gusta que te hagan las chicas? Me preguntaba mientras se desabrochaba la americana que escondía un sofisticado corsé con abalorios de oro y metal. Y sin esperar respuesta se abalanzaba lentamente hacia mí, insinuante, con un gesto que me obligaba a reseguir su escote.
Voy a ser dura y dulce… necesito sentirte más…
Era mi primera vez y nadie me había explicado gran cosa sobre las mujeres. Recordaba que antes de estar en su habitación, incluso antes de conocerla, había visto una película pornográfica con un amigo, y eso era todo. En mi casa la educación no había sido ni extensa ni corta. Sencillamente no la hubo.
Por eso había pasado los días previos nervioso, incluso angustiado, con mil dudas por resolver. Aun así sentía que podía hacerlo, que podría estar con una mujer con casi cuarenta años. Y esa mujer superaba lo que ahora yo consideraba réplicas vulgares de las muñecas hinchables que había alquilado, hacía años, en el videoclub.
Sí, por fin era mi momento. Un momento anhelado casi desesperadamente. Así que con la mirada y el gesto firme y caballeroso le indiqué que siguiera.
Me desnudaba y acariciaba con aceites que me recordaban el jazmín. Luz ténue y ella, una gata preparada para la carrera que empezaba a moverse y contonear su cabeza. Su cuerpo ondulante mientras me derramaba el aceite por el cuerpo. Seguro que también era bailarina, esos movimientos la delataban. Me volví a concentrar porque mi cabeza se perdía en encontrar frases, pensamientos y situaciones que desconectasen del deseo.
Demasiados años conviviendo con la contención y la distracción. Pero ahora era distinto; podía. Podía encontrar la cremallera con su ayuda y empezar a notar sus pechos medio desnudos deslizándose por mi torso. Me gustas... qué piel tan suave y qué mirada tan linda tienes.
Me deshacía por dentro pero mi sexo crecía hasta una sensación nunca antes vivida. Me estremecí y sentí como si me fuera a desvanecer. Incluso pensé que iba a morir.
Me abrazó y de nuevo me susurró si estaba bien, si me había gustado. Yo estaba fascinado; era la primera vez que estaba con una mujer, tenía curiosidad por si había sido «normal». Se vistió lentamente y me cogió en brazos.
Me sentí hombre, me sentí lleno y feliz. Una mujer bonita y hermosa en todos los sentidos. Lo guardaría en mi pensamiento, muy dentro de mí.
Quizás nunca más podría estar con ella, o con otra. Probablemente con ninguna. Ésa es mi suerte. No soy yo quien decide; sólo recibo las recomendaciones y la ayuda de los demás.
Soñé por un momento que no vivía comprometido a una silla de ruedas, que podía emitir mucho más que sonidos guturales derivados de la disartria y que mis ojos verdes y saltones sentían más que la mitad de mi cuerpo paralizado. Soñé que era un hombre con una mujer y que, antes de morir, un sueño se había convertido en realidad. Había sido un hecho excepcional, no por falta de ganas sino de oportunidades.
Di las gracias internamente a aquellos que me comprendían y defendían mis derechos e ilusiones personales. Agradecí que Carla no me rechazase como hombre y que Javier me acompañase hasta la puerta de la habitación como a todo el mundo.
Espero volver a verte. Llámame, me ha encantado estar contigo, ha sido genial. ¿Quieres un poco de agua? Me acercó el vaso y me introdujo el borde en la boca. Entonces me di cuenta de que mi temblor corporal generalizado había desaparecido. Estaba en paz y sentí que todos los conflictos y las angustias de hacía unos meses desaparecían. Por lo menos ese día.
Sonreí, pagué con gratitud. No pude articular las palabras necesarias para demostrar mi felicidad y el deseo de no separarme de ella. Me relamí los labios llenos de su carmín pero no pude decirle lo bien que me sentía… no por no desearlo sino porque mi expresión no me lo permite. Un accidente me dejó sin esa posibilidad, pero no me quitó la capacidad de sentir. Y ese día fue el mejor de mi vida.
No me compadecería de mí mismo. Había sido capaz de estar con una mujer y experimentar lo mismo que cualquier hombre. También se rompió algo dentro de mí y de mi fortaleza aparente. Necesitaba recibir afecto, contacto «piel a piel», y sobre todo cariño. Quién sabe, pensé volviendo a casa de mis padres, si quizás alguna mujer se podría llegar a fijar en mí. Y otro sueño nació en ese instante.
De momento, guardaré tu teléfono, Carla.
Acta de la reunión de piso
Fecha: 2 de febrero
Edu plantea una cuestión: estas dos últimas semanas Pepe está muy nervioso. No se sabe muy bien por qué va de un lado a otro del piso. Prácticamente no se sienta tranquilo en ningún sitio, ni en el sofá verde, ni en el del rincón, tampoco en la butaca ni en la silla de su habitación. Para comer no consigue mantenerse en su asiento, enseguida se levanta, como si tuviera un resorte. Pepe no acepta bien las propuestas que le hacen, no le apetece que le hagan masajes, que tanto le gustaban, ni ayudar en las tareas domésticas, ni toca el agua que sale de la manguera mientras riega en la terraza. Se despierta por la noche, da una vuelta por el piso y va al baño. Anoche se levantó tres veces. Esta semana, en las cuatro ocasiones que se le ha pedido colaboración, ha respondido como si fuera a morder.
Esto es muy extraño: Pepe siempre tiene un buen trato con el personal. Parece como si tuviera ganas de salir a la calle constantemente. Se para delante de la puerta para emitir sus sonidos guturales. La única propuesta que acepta bien es la de salir. Por esta razón lo está haciendo más de lo habitual, incluso varias veces en una misma tarde, pero una vez en la calle sigue inquieto, mirando a izquierda y derecha, como si quisiera volver al piso.
María opina que quizás no se encuentre bien y que se debería pedir hora al médico para que lo visite y descartar que no tenga algo que le pueda doler o molestar. Se acuerda que su referente pedirá hora urgentemente.
También se acuerda explicarle a Pepe, cada vez que se levante por la noche, que debe descansar más y que no es bueno para él ir de un lado a otro del piso de madrugada, a la vez que lo acompañen de nuevo a la cama.
Acta de la reunión de piso
Fecha: 9 de febrero
Esta semana sigue nervioso. Juana lo acompañó al médico. En principio no parece que tenga nada: la doctora le ha encontrado un tapón en el oído izquierdo y le ha recetado unas gotas. Tendrá que volver en una semana.
Ella plantea que Pepe quizás esté buscando a Francisco y, al no encontrarlo, se pone muy nervioso e inquieto. Francisco hace dos semanas que está en el hospital. Tuvieron que operarlo de urgencias de la vesícula pero se está recuperando muy bien. Las fechas encajan: él empezó a estar más nervioso cuando Francisco se fue al hospital.
