Si quieres, puedes - Jaume Rosselló - E-Book

Si quieres, puedes E-Book

Jaume Rosselló

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¿Pueden nuestros pensamientos crear nuestra realidad? ¿Existe realmente una ley universal que responde a nuestros deseos más íntimos? En un mundo saturado de promesas de manifestación instantánea y éxito garantizado, este libro ofrece una mirada crítica y esclarecedora sobre uno de los fenómenos culturales más influyentes de nuestro tiempo: la ley de la Atracción. Si quieres, puedes nos invita a un fascinante viaje que va desde los orígenes históricos de estas ideas en el siglo xix hasta su explosión mediática con el best seller El Secreto, pasando por la industria multimillonaria que ha generado. Con rigor y una prosa accesible, el autor desmonta afirmaciones seudocientíficas mientras rescata los elementos valiosos que la ciencia sí ha validado sobre el poder del pensamiento positivo. Jaume Rosselló nos ofrece las herramientas para discernir entre la fantasía y la realidad, entre la esperanza fundamentada y las promesas vacías. Un libro esencial para quienes buscan un camino de desarrollo personal basado en la evidencia, la compasión y la sabiduría. «La verdadera magia no está en manifestar nuestros deseos, sino en comprender y desarrollar nuestro potencial humano real».

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Seitenzahl: 225

Veröffentlichungsjahr: 2025

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SI QUIERES, PUEDES

Jaume Rosselló

SI QUIERES, PUEDES

Todo lo que debes saber sobre la ley de la atracción

 

 

© del texto: Jaume Rosselló, 2025

© de esta edición: Arpa & Alfil Editores, S. L.

Primera edición: septiembre de 2025

ISBN: 979-13-87833-24-4

Diseño de cubierta: Anna Juvé

Maquetación: Àngel Daniel

Producción del ePub: booqlab

Arpa

Manila, 65

08034 Barcelona

arpaeditores.com

Reservados todos los derechos.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida por ningún medio sin permiso del editor.

ÍNDICE

Cubierta

Título

Créditos

Índice

INTRODUCCIÓN. UNA LEY CON MUY BUENA PRENSA

1. ¿Qué es la ley de la Atracción?

2. La ley de la Atracción, un fenómeno cultural

3. Tus pensamientos crean tu realidad

4. Detrás de la ley de la Atracción: una ciencia poco científica

5. El lado oscuro del pensamiento positivo

6. El poder real de las coincidencias

7. Historias de éxito... y las que no cuentan

8. La ciencia detrás del pensamiento positivo (¿y si los esotéricos tuvieran razón?)

9. Física, energía y la verdadera ley de la Atracción

10. El poder del enfoque y la acción

11. La relación entre emociones y comportamiento

12. Más allá de la atracción

13. Los personajes

EPÍLOGO. LO QUE ME ATREVO A MANIFESTAR DESPUÉS DE ESCRIBIR TODO ESTO

APÉNDICE. EL MARKETING DETRÁS DE LA ATRACCIÓN

AGRADECIMIENTOS

BIBLIOGRAFÍA. PARA SABER MÁS

INTRODUCCIÓN

UNA LEY CON MUY BUENA PRENSA

Supongamos —solo por un momento— que el universo fuera un mayordomo obediente, atento a cada una de nuestras ocurrencias mentales. Bastaría con pensarlo intensamente: «quiero una pareja romántica, una casa con piscina o que hoy no me toque el jefe pesado». Y zas: el universo, diligente como un repartidor de Amazon celestial, nos traería lo que hemos pedido. Fabuloso, ¿no?

Esta es, más o menos, la idea que subyace en la ley de la Atracción. Un principio que ha seducido a millones de personas y que sostiene que «lo semejante atrae a lo semejante», una premisa tan simple como seductora. Tus pensamientos, emociones e intenciones emiten una frecuencia y esa frecuencia atrae situaciones equivalentes.

Según esta idea, nuestros pensamientos, emociones e intenciones actúan como imanes que moldean la realidad. Piensa en abundancia y atraerás riqueza. Vibra alto y atraerás amor. Visualiza tu meta con fuerza y el universo conspirará contigo para hacerla realidad.

La manifestación, como se conoce popularmente a este proceso, no es una novedad. Sus raíces se hunden en movimientos filosóficos y espirituales del siglo XIX, desde el espiritismo hasta la teosofía, el Nuevo Pensamiento y la Ciencia Cristiana. Lo que sí es nuevo es su expresión actual, un envoltorio salpicado de referencias cuánticas, testimonios emocionales, gurús digitales, técnicas virales y un mercado multimillonario que vende desde diarios de gratitud hasta retiros de abundancia.

Y no hay que ser especialista en física de partículas —aunque algunos lo pretendan— para intuir que este mundo «cuántico» merece una mirada más a fondo.

Este libro nace precisamente de ahí: de la mezcla entre curiosidad genuina, estupor ante ciertas promesas extravagantes y la sospecha razonable de que no todo lo que brilla con palabras como «manifestación» y «abundancia» es oro vibracional. En sus páginas hablaremos de historia, neurociencia, autoayuda, pensamiento mágico, pseudociencia, TikTok, Deepak Chopra, Tesla (el de verdad y el de memes falsos), Oprah Winfrey, el coaching con nombres rimbombantes y hasta de cabalistas con cuenta de Instagram.

Lo haremos con datos, también con ironía… y con toda la amabilidad posible. Porque lo cierto es que la ley de la Atracción ha sido muchas cosas: una idea espiritual decimonónica, una promesa de éxito rápido, una estética de vida, un negocio muy rentable y, en algunos casos, una excusa decorada con frases motivacionales para no aceptar que la vida también tiene días grises.

No pretendo desmontar las esperanzas de nadie, y menos aún, la venta de verdades absolutas. Solo te propongo una mirada más lúcida (y algo más divertida) a un fenómeno que ha conseguido lo que ni la física ni la filosofía: hacer que millones de personas se interesen por el poder del pensamiento… y paguen por ello.

Este libro es para ti si alguna vez has dicho en voz baja «voy a manifestarlo», si te preguntas por qué tantos famosos juran que visualizaron su éxito, o si quieres saber por qué algunas afirmaciones sobre energía, vibraciones y física cuántica harían que Einstein se atragantara con el café.

O simplemente, si necesitas un poco de claridad entre tanto humo perfumado de buena intención.

Pongámonos cómodos. Vamos a empezar.

1

¿QUÉ ES LA LEY DE LA ATRACCIÓN?

En el vasto panorama del desarrollo personal y la espiritualidad actual, pocos conceptos han cautivado tanto la imaginación colectiva como la ley de la Atracción. Esta idea, aparentemente simple pero profundamente sugerente, promete el poder de moldear nuestra realidad a través del pensamiento consciente. Si creemos a sus defensores más entusiastas, nuestras mentes serían como varitas mágicas capaces de convertir los pensamientos en realidad. Pero, ¿qué hay en realidad detrás de esta promesa que suena casi demasiado buena para ser verdad?

«LO QUE PIENSAS, ATRAES»

La ley de la Atracción, en su formulación contemporánea, se presenta como un principio universal que gobierna la relación entre nuestros pensamientos y la realidad que experimentamos. Sus defensores sostienen que nuestros pensamientos y emociones emiten «vibraciones» específicas que atraen experiencias de frecuencia similar, estableciendo así una conexión directa entre el mundo mental y el físico.

Imaginemos el universo como un gigantesco servicio de «reparto cósmico»: según esta teoría, tus pensamientos son como peticiones que lanzas al universo, y este, cual diligente repartidor, se encarga de entregarte exactamente lo que has estado «pidiendo» con tu mente. Sus defensores sostienen que existe una conexión íntima e inevitable entre el mundo mental y el físico, una danza cósmica donde nuestros pensamientos y emociones son los coreógrafos de nuestra experiencia vital.

Como veremos, muchas de esas propuestas resultan fascinantes, incluso poéticamente bellas y atractivas. Incluso encontraremos abundantes testimonios que nos hablan de la fuerza del pensamiento, de los que hemos recogido un buen puñado. Pero, sobre todo, aquí nos ocuparemos tanto de los disparates que escapan de cualquier pensamiento razonable como de la impresionante trastienda que ha generado la creencia en la ley de la Atracción.

Esta popular «ley natural» se sustenta en tres pilares básicos que, según sus defensores, operan con la misma precisión que las leyes de la física:

El poder del pensamiento

El primero es el poder del pensamiento: la idea de que nuestros pensamientos son fuerzas energéticas capaces de influir en el mundo material. Se afirma que cada pensamiento emite una frecuencia específica que atrae circunstancias, personas y experiencias de vibración similar.

Como veremos, los neurocientíficos nos recuerdan que cada día producimos alrededor de 60.000 pensamientos, de los cuales la mayoría (más de un 95 %) son involuntarios, automáticos y repetitivos. Esto significa que, según esta teoría, cada idea que cruza nuestra mente se convierte en una fuerza energética tangible que emite una frecuencia específica al universo. Es como si cada uno de nosotros fuera una emisora de radio personal que transmite continuamente al cosmos. «Estoy sintonizado en la frecuencia del éxito», dirá un empresario optimista. «Todo me sale mal», radiará sin cesar otro menos afortunado, y ambos podrían estar programando su realidad futura.

En todo caso, casi el 80 % de nuestros pensamientos son negativos. Según la doctora Carmen Ochoa, experta en mindfulness, disponemos de una variante de esta técnica, el aprendizaje del silencio consciente, para regular los «pensamientos basura con los que planificamos gran parte de nuestra vida». Se trata de practicar una concentración focalizada en el presente, a través de «las sensaciones físicas, los olores, los colores». De este modo, se intenta burlar al cerebro, ya que «el objetivo último del cerebro es la supervivencia. Está siempre pendiente de dolores pasados y de los miedos futuros». Nos ocuparemos un poco de la mente y la conciencia más adelante; volvamos ahora al segundo pilar del pensamiento:

La importancia de las emociones

Las emociones se consideran amplificadores de nuestros pensamientos. Así, cuanto más intensa sea la emoción asociada a un pensamiento, mayor será su poder de atracción. Este segundo pilar enfatiza el papel crucial de las emociones en este proceso. Imagina tus pensamientos como música y tus emociones como el control de volumen: puedes tener la mejor canción del mundo (el pensamiento más positivo), pero si el volumen es bajo (poca emoción), apenas se escuchará. Un deseo acompañado de una emoción intensa, sea positiva o negativa, tiene mayor poder de manifestación que un pensamiento carente de carga emocional. Es la diferencia entre susurrar al universo o gritarle con toda la fuerza de nuestro ser.

Los expertos nos dicen que nuestras emociones son reacciones psicofisiológicas que ocurren de manera espontánea y automática. En cambio, los sentimientos son la interpretación que hacemos de esas emociones (y se pueden regular mediante nuestros pensamientos). Entre las emociones consideradas positivas aparecen la alegría, el humor, el amor y la felicidad; entre las negativas, el miedo, la ansiedad, la ira, la tristeza, el rechazo y la vergüenza; y entre las ambiguas, la sorpresa, la esperanza y la compasión. No son las únicas, lo mismo que los sentimientos: desesperanza, aislamiento, enfado, depresión, tristeza, miedo, ansiedad, culpa. Y vemos que el miedo aparece y reaparece una y otra vez. Con la soledad suele ocurrir lo mismo: lejos de ser una incidencia aislada, ambas características forman parte esencial de la existencia humana. Y con ambas opera la ley de la Atracción.

El principio de resonancia

El tercer principio postula la idea de que «lo semejante atrae a lo semejante». Y sostiene que nuestros pensamientos y emociones atraen experiencias que vibran en la misma frecuencia.

Es como si fuéramos imanes emocionales: un imán de alegría atraería más situaciones alegres, mientras que un imán de quejas... bueno, ya te puedes imaginar. «Dime con qué vibras y te diré qué atraes», podría ser el eslogan de este principio. De todas formas, la expresión de los yoguis: «aves del mismo plumaje vuelan juntas», nos ayuda a tener en cuenta los riesgos de generalizar. También nos recuerda que en la aventura vital humana aparecen aspectos que no son posibles de valorar con el método científico, tan potente, tan válido y eficaz por otra parte.

EL CONTEXTO HISTÓRICO: UNA ÉPOCA DE TRANSFORMACIÓN

Para entender cómo estas ideas, que hoy pueden sonar a una mezcla entre física cuántica y pensamiento mágico, llegaron a ser tan influyentes, necesitamos hacer un viaje en el tiempo al siglo XIX, un mundo en plena Revolución Industrial: las ciudades crecían como hongos después de la lluvia, las máquinas de vapor rugían en las fábricas y la gente se encontraba a caballo entre dos mundos: el tradicional, con sus certezas espirituales, y el moderno, con sus promesas materiales de la mano del rigor científico.

Fue una época de profundas transformaciones sociales y espirituales. La Revolución Industrial había transformado radicalmente la sociedad occidental, generando tanto progreso material como desconcierto existencial.

Revolución Industrial y crisis espiritual

La Revolución Industrial había alterado radicalmente, como decimos, el tejido social occidental. Desde el punto de vista de la vida interior, era como si la humanidad hubiera construido un edificio impresionante de avances técnicos, pero se hubiera olvidado de instalar el sistema de calefacción espiritual. Mientras las chimeneas de las fábricas dibujaban nuevos horizontes urbanos, muchos experimentaban un profundo vacío que el materialismo científico no podía llenar. También aparecieron nuevas clases sociales, y dinámicas de poder, que erosionarían las estructuras sociales y religiosas tradicionales.

Suena familiar, ¿verdad? Quizá sea porque hoy, en plena revolución digital, estamos viviendo algo similar.

La industrialización masiva trajo consigo también una mecanización sin precedentes de la vida cotidiana y un énfasis creciente del materialismo científico. Esta transformación provocó una crisis espiritual que se manifestó de diversas formas. Mientras la ciencia y la tecnología avanzaban a pasos agigantados, muchas personas experimentaban un profundo vacío existencial. El materialismo científico tenía éxito a la hora de explicar los mecanismos del mundo físico, pero parecía insuficiente para satisfacer las necesidades espirituales humanas.

El esoterismo espiritista

En este caldo de cultivo de inquietud espiritual, surgieron diversos movimientos que intentaban tender puentes entre la nueva realidad industrial y la búsqueda de lo trascendente. El espiritismo, popularizado entre otros por Allan Kardec,1 fue uno de los primeros en despertar la atención. Era como si la gente dijera: «Vale, tenemos trenes y telégrafos, pero ¿podemos también hablar con los espíritus usando métodos científicos?». La respuesta de Kardec fue un rotundo sí. Y mucha gente lo creyó.

El espiritismo proponía, entre otras cosas, la posibilidad de comunicación con los espíritus, junto con una visión progresista de la evolución espiritual. La reconciliación entre ciencia y espiritualidad era algo soñado en aquel momento, e iba de la mano de una explicación racional de los fenómenos paranormales. Este movimiento preparó el terreno para el surgimiento de otras corrientes esotéricas, estableciendo un precedente para la aceptación de ideas que combinaban lo espiritual con lo pseudocientífico.

Los pilares fundamentales: del nuevo pensamiento a la teosofía

Quimby y el Nuevo Pensamiento

Fue en este contexto cuando emergieron las figuras seminales que sentarían las bases de lo que hoy conocemos como la ley de la Atracción. Podemos mencionar al exrelojero norteamericano convertido en mentalista Phineas Quimby (1802-1866), poco conocido entre nosotros, que pasó de arreglar mecanismos de relojería a intentar reparar los mecanismos de la mente humana: era también curandero y mesmerista.2 Como buen relojero, Quimby entendía que todo sistema tiene sus engranajes y leyes. ¿Por qué no iba a tenerlos también la relación entre mente y realidad?

Así, a través de sus experimentos y observaciones, desarrolló una filosofía que enfatizaba el poder curativo del pensamiento positivo o la naturaleza mental de la enfermedad, junto a la influencia de las creencias en la salud física. Abogaba también por la existencia de una «ciencia del Cristo» o sabiduría universal.

Su influencia fue profunda y duradera, en especial a través de sus pacientes y estudiantes, entre los que se encontraba Mary Baker Eddy, quien más tarde fundaría la «Ciencia Cristiana». Su mensaje, basado «en el espíritu y las leyes divinas», proponía que con ellas «se puede sanar todo tipo de pecado y sufrimiento humano».

Blavatsky y la Sociedad Teosófica

Más conocida entre nosotros es Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891), fundadora de la Sociedad Teosófica en 1875, que introdujo un nuevo paradigma en el pensamiento esotérico occidental. La teosofía pretendía ser una síntesis de ciencia, religión y filosofía, incorporando elementos de las tradiciones orientales con interpretaciones occidentales.

Sin embargo, como señaló el tradicionalista René Guénon3 en sus obras críticas, especialmente en El Teosofismo: historia de una pseudorreligión (1921), la teosofía representaba una desviación significativa de las tradiciones esotéricas auténticas.

Guénon argumentaba que la teosofía malinterpretaba y occidentalizaba conceptos orientales fundamentales, además de crear una mezcolanza sincrética sin verdadera profundidad espiritual. Así, el gran axioma por definición de la teosofía, «no hay religión más elevada que la verdad», representaba una «contrainiciación» que desviaba a los buscadores de las tradiciones espirituales auténticas y contribuía a la confusión espiritual característica de la era moderna.

A pesar de estas críticas fundamentadas, la influencia de la teosofía en el desarrollo de la ley de la Atracción es innegable, especialmente en la popularización de conceptos como karma y reencarnación, o de las ideas sobre leyes universales que gobiernan tanto lo material como lo espiritual y de una sabiduría antigua accesible a través del estudio y la práctica. No haremos debates teológicos, pero vale la pena recordar que la teosofía defiende la creencia en la evolución espiritual de la humanidad.

La antroposofía

A principios del siglo pasado, el alemán Rudolf Steiner (1861-1925) abandonó los excesos de Madame Blavatsky para dar forma a la antroposofía, otra vía de conocimiento cuyo legado permanece hasta nuestros días. Todavía hoy podemos apreciar el valor de la antroposofía en las artes (biodanza-euritmia, pintura y arteterapia), en la arquitectura,4 o en los remedios naturales libres de química de síntesis y en la agricultura biodinámica (en la que se siguen prácticas orgánicas y ritmos lunares y está reconocida por la UE). También ha pervivido en la enseñanza: en la actualidad, las escuelas Waldorf no utilizan tecnología digital y son las elegidas para sus hijos por bastantes emprendedores de Silicon Valley.

El sendero de autoconocimiento de Steiner, que no definía sus propuestas como religión, sino como «filosofía espiritual», postula la existencia de un mundo interior objetivo, comprensible desde el punto de vista intelectual y accesible a la experiencia humana. En la antroposofía se reúnen claves marcadamente esotéricas junto a una visión que reconoce «la sabiduría inherente al ser humano», todo ello para apoyar una búsqueda permanente de autodesarrollo personal. En conjunto se trata de un movimiento moderado, aceptado por lo general en todas partes.

Roso de Luna

Mario Roso de Luna (1872-1931) fue un teósofo, astrónomo, periodista, escritor y masón español, autor de una abundante obra literaria sobre estos temas. Todavía hoy, en las librerías de viejo, los interesados podréis encontrar algún ejemplar de sus libros editados en aquella época: Por el reino encantado de Maya, El árbol de las Hespérides, Hacia la Gnosis o El velo de Isis, entre otros.

Alice Bailey y la «New Age»

La también teósofa y escritora angloamericana Alice Bailey (1880-1949) es autora de unos veinticinco libros, como Tratado sobre magia blanca, Iniciación humana y solar, Los siete rayos, La naturaleza del cuerpo etérico o La curación esotérica. Su «Oración Universal» (La Gran Invocación) tuvo cierta popularidad como instrumento «para completar el plan divino en la Tierra». Hoy se respeta como una especie de oración universal por la paz mundial, y Bailey es considerada como la primera en utilizar el término «New Age».

DE PRENTICE MULFORD A MIKE DOOLEY: LA CONTINUIDAD DE UNA IDEA

El pionero olvidado

Prentice Mulford (1834-1891) fue quizás el primer escritor en articular claramente lo que hoy conocemos como la ley de la Atracción, aunque él nunca usó ese término. Este excéntrico personaje tuvo una vida tan fascinante como sus ideas: nacido en Long Island, se marchó joven a California durante la fiebre del oro, donde pasó años como buscador y minero. Más tarde trabajó como periodista en San Francisco antes de trasladarse a Nueva York, donde se convirtió en uno de los escritores más influyentes del movimiento del Nuevo Pensamiento.

Mulford escribió una obra extensa que incluía títulos como The Gift of the Spirit (1888), The God in You (1890) y su obra más conocida, Your Forces and How to Use Them (1888). También escribió Thoughts are Things (1889), cuyo título se convertiría en uno de los mantras fundamentales del pensamiento metafísico moderno. Curiosamente, también fue autor de relatos humorísticos y cuentos sobre la vida en California, mostrando una versatilidad literaria que pocas veces se menciona cuando se habla de él como precursor espiritual.

En Your Forces and How to Use Them, Mulford escribía: «Los pensamientos son cosas. Tienen vida, poder y sustancia». Esta frase, que hoy nos puede sonar familiar, fue revolucionaria para su época.

Mulford sostenía que nuestros pensamientos no eran meros fenómenos mentales, sino fuerzas reales con capacidad de influir en el mundo material. Según su visión, cada pensamiento emitía lo que él llamaba «fuerza mental», una especie de energía que atraía circunstancias correspondientes a su naturaleza. Creía con firmeza que mantener una actitud mental positiva no era solo beneficioso para el bienestar personal, sino que literalmente modificaba las circunstancias externas de la vida de una persona. Para Mulford, existía una conexión directa e inevitable entre el estado mental interno y las manifestaciones físicas que experimentamos en el mundo exterior.

El lenguaje en evolución

Lo fascinante es observar cómo las mismas ideas han sido «reempaquetadas» para diferentes épocas:

— Mulford (1888): «Los pensamientos son cosas».

— Dooley (2009): «Los pensamientos se convierten en cosas: ¡elige los mejores!».

— Mulford: «Fuerzas mentales».

— Época actual: «Vibraciones y frecuencias».

— Mulford: «Sustancia universal».

— Época actual (El Secreto): «Campo cuántico».

La versión siglo XXI

Mike Dooley, con su popular frase «Thoughts become things... choose the good ones!» [«Los pensamientos se convierten en cosas... ¡elige los buenos!»] ha conseguido algo que Mulford nunca logró: convertir en virales estas ideas en la era digital. Sus Mensajes del Universo, publicados en español por Ediciones Urano, son, en esencia, una versión moderna de las afirmaciones que Mulford proponía hace 150 años.

Dooley ha mantenido la esencia del mensaje de Mulford, pero lo ha adaptado brillantemente al lenguaje contemporáneo.

La persistencia de una promesa

¿Qué explica que una idea de mediados del siglo XIX siga cautivando a millones de personas? Quizá porque toca algo profundamente humano: el deseo de tener control sobre nuestro destino y la esperanza de que nuestros pensamientos y deseos más íntimos puedan de alguna manera influir en la realidad.

LA INVESTIGACIÓN DEL ÉXITO Y LA «CIENCIA» DE LA PROSPERIDAD

En el siglo XX, autores como Wallace D. Wattles y Napoleon Hill llevaron algunas de estas ideas al terreno práctico de la prosperidad y el éxito. Si Blavatsky era la teórica, estos eran los ingenieros que querían construir un ascensor al éxito usando los planos de la ley de la Atracción. Wattles, con su libro La ciencia de hacerse rico (1910), fue como el Steve Jobs del arte de la manifestación (la capacidad de hacer realidad los propios deseos a través del pensamiento positivo), intentando que los principios esotéricos fueran user-friendly.

Hill, por su parte, se convirtió en el periodista de investigación del éxito, estudiando a más de quinientas personas triunfadoras para descubrir sus secretos. Todavía hoy podemos encontrar en librerías su célebre best seller Piense y hágase rico, publicado por vez primera en 1937.

En versión actual

La versión contemporánea de la ley de la Atracción ha hecho un cambio de vestuario completo para adaptarse a los tiempos modernos. Es como si hubiera pasado por un programa de makeover o cambio de imagen espiritual: donde antes se hablaba de «vibración mental», ahora se habla de «frecuencias energéticas» (suena más científico, ¿verdad?); la «sustancia universal» se ha convertido en «campo cuántico» (un guiño a la física moderna), y el «magnetismo personal» es ahora «resonancia vibratoria» (todo suena mejor con un toque de física ondulatoria).

En su actual versión adaptada al siglo XXI, la ley de la Atracción aparece subida con entusiasmo al tren digital. Hay apps que prometen «programar tu frecuencia vibratoria» (como si fuera una radio), comunidades online donde la gente comparte sus manifestaciones (desde encontrar plazas de parking perfectas hasta almas gemelas), y cursos digitales que te enseñan a ser tu propio mago cuántico (encontraréis información en el apéndice de este libro). Existen, por otra parte, prácticas muy válidas, como el mindfulness, las neurociencias en su conjunto y buena parte de la psicología positiva que se han unido a la fiesta, intentando dar un barniz de legitimidad científica a estas ideas centenarias.

Por eso vale la pena recordar que Wattles presentaba estas ideas como una «ciencia exacta», argumentando que seguir sus principios conduce de manera inevitable al éxito, siempre que se apliquen con precisión y persistencia.

La ley de la Atracción, tal como la conocemos hoy, es el producto de más de un siglo de evolución del pensamiento metafísico occidental, y enraiza profundamente con aspiraciones humanas relacionadas con el sentido de la vida. Su origen en el siglo XIX, su desarrollo a lo largo de casi dos siglos y su transformación moderna reflejan una búsqueda constante de sentido y control en un mundo cada vez más complejo.

EL LENGUAJE DE LA LEY DE LA ATRACCIÓN A LO LARGO DE LA HISTORIA

Términos antiguos

Términos modernos

Vibración mental

Sustancia universal

Magnetismo personal

Poder mental

Frecuencias energéticas

Campo cuántico

Resonancia vibratoria

Manifestación consciente

A pesar de la evolución en el lenguaje y la presentación de la ley de la Atracción y el arte de la manifestación, los principios fundamentales se han mantenido notablemente constantes:

— El poder del pensamiento:

Creencia en la capacidad de la mente para influir en la realidad.

Importancia de mantener un estado mental positivo.

La conexión entre pensamiento y manifestación.

— La visualización creativa:

Técnicas específicas para imaginar resultados deseados.

Importancia de la claridad en la visualización.

El papel de las emociones en el proceso de manifestación.

— La conexión universal:

La idea de una interconexión fundamental entre todas las cosas.

La creencia en leyes universales que gobiernan la manifestación.

La noción de una inteligencia o conciencia universal.

La versión moderna de la ley de la Atracción muestra una adaptación para abordar las preocupaciones contemporáneas:

— Énfasis en el bienestar holístico:

Integración de prácticas de mindfulness.

Conexión con la neurociencia y la psicología positiva.

Enfoque en el equilibrio trabajo-vida.

— Incorporación de tecnología:

Apps de manifestación y visualización.

Comunidades online de practicantes.

Contenido digital y cursos en línea.

— Respuesta a la crítica:

Mayor énfasis en la acción práctica.

Reconocimiento de factores externos.

Cierta integración con enfoques más científicos.

La persistente popularidad de la ley de la Atracción puede sugerir que toca alguna fibra profunda del alma humana. Es como si fuera la respuesta a un anuncio que no sabíamos que habíamos publicado: «Se busca teoría que prometa control sobre el caos de la vida. No se requiere experiencia científica. Se valorará capacidad para hacer sentir bien».

Es fácil ver que la ley de la Atracción responde a necesidades humanas fundamentales: el deseo de control sobre nuestro destino (seamos sinceros, ¿a quién no le gustaría tener un mando a distancia universal para la vida?), la búsqueda de significado en un mundo cada vez más materialista y la esperanza de que nuestros pensamientos y acciones puedan crear cambios positivos en nuestras vidas.

En los siguientes capítulos veremos cómo estas ideas se convirtieron en un fenómeno cultural global. Será como una investigación detectivesca, en la que separaremos los hechos de la ficción, las promesas realistas de las fantasiosas e intentaremos entender por qué una teoría que muchos científicos consideran completamente infundada sigue cautivando la imaginación de millones de personas. Spoiler: la respuesta es más fascinante de lo que podrías pensar.

 

1 El pedagogo francés Allan Kardec (1804-1869) fue uno de los principales introductores del espiritismo en Francia. Su popularidad se debe a los numerosos libros que publicó con este nombre, entre ellos El libro de los espíritus, que sentó las bases de aquel universo de mesas que se movían. El metafísico René Guénon (1886-1951) desmontaría aquellas doctrinas, poniendo de manifiesto sus contradicciones en El error espiritista.

2 En el siglo XVIII, el médico alemán Franz Mesmer expuso una teoría según la cual existe una fuerza invisible, el «magnetismo animal» que poseen todos los seres vivos, «sean humanos, animales o plantas». Así, la gravedad celestial afectaba «a un fluido invisible en el cuerpo, como hacía con las mareas».

3 René Guénon (1886-1951) era un intelectual ultraconservador, autor de una amplia obra de denuncia de la teosofía y otras tendencias de cariz espiritual «novedoso» de aquella época. Sus obras se centraban en cuestiones de simbolismo, metafísica y esoterismo tradicional. Destacan títulos como El hombre y su devenir según el Vedanta (Omnia Veritas, 2018), pero en El reino de la cantidad y los signos de los tiempos (Ayuso, 1976) plasmó con claridad la situación que hoy atraviesa la aventura humana. Tras su desaparición, otros autores seguirían su estela de conocimiento, conocida como Sophia Perennis. Una parte importante de esta línea de libros ha sido publicada en español por J. J. de Olañeta.

4 En 1922, un incendio provocado destruyó el primer Goetheanum, principal centro antroposófico (en Dornach, Suiza), cuyos perfiles recuerdan ligeramente la obra del arquitecto Antonio Gaudí.