Simplemente un beso - Daniel Vilches - E-Book

Simplemente un beso E-Book

Daniel Vilches

0,0
4,99 €

oder
-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

La historia del autor en diferentes épocas de su vida, con errores, aciertos e incertidumbres. Tiene una fuerte inspiración en la importancia de la familia, el perdón y los valores como la amistad y el compañerismo. Resalta como la simplicidad de un beso o un abrazo, puede llenar vacíos y soledades.Donde a pesar de las circunstancias de la vida y las dificultades puestas en el camino, lo importante es no rendirse y confiar en la fuerza que tenemos todos en nuestro interior, para poder seguir adelante transitando por este lapso de tiempo en la tierra.

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB

Veröffentlichungsjahr: 2019

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Índice
Prólogo
Días más tarde
El incidente
Una semana después

Simplemente un beso

Daniel Vilches

Vilches, Daniel

Simplemente un beso / Daniel Vilches. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Suburbia, 2019.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-47256-0-8

1. Narrativa Argentina. 2. Novela. I. TÌtulo.

CDD A863

© Daniel Vilches, 2019

de esta edición

Pampia Grupo Editor

Av. Juan B. Alberdi 872 (1424) C.A.B.A.

Buenos Aires, Argentina

E-mail: [email protected]

www.pampia.com

Primera edición

ISBN edición impresa: 978-987-45828-9-8

ISBN Digital: 978-987-47256-0-8

Diseño de interior: Departamento editorial

Diseño de tapa: Departamento editorial

Editado en Argentina - Edited in Argentina

Prólogo

Esta es la historia de Pablo, un muchacho de campo que se vio obligado a abandonar todas sus costumbres y sus vivencias, su infancia y adolescencia; todo cuanto la vida de campo le había enseñado, arrojado a un abismo en el cual intentará no sumergirse, y del que buscará afanosamente salir.

Se esforzará por darle pelea a una nueva vida, demostrando todo su conocimiento y su valentía; le abrirá paso a grandes oportunidades, con errores y con aciertos. Luchará contra una corriente cada vez mayor. Revelará misterios. Por esa razón, su vida se verá envuelta en situaciones peligrosas que, gracias a su astucia y valentía, podrán llevarlo al éxito esperado.

Nací y me crié en el campo —lo que llamaríamos zona rural— al igual que mis padres y mis tres hermanos. A los dieciocho años, ya habiendo terminado mis estudios secundarios, decidí trabajar, codo a codo, con mi padre en las tareas rurales; nuestra familia posee algunas hectáreas de campo que utilizamos para la cría de ganado y sembradío. La vida de agricultor y criador de animales es muy dura; el trabajo es rudo, cansador. Nuestro día comienza muy temprano, sin saber la hora en que finalizará. El ganado necesita de un cuidado permanente, por lo cual, para nosotros, no existen sábados ni domingos. Solo quien conoce esto sabe de lo que se trata…

Mi infancia y la de mis hermanos estuvieron ligadas, y en parte aún lo están. Si bien, por momentos, se tornó solitaria, ya que no contábamos con amigos (vecinos) en la cercanía de nuestro hogar, cuando llegaba algún visitante de nuestra edad lo aprovechábamos al máximo.

Cierto día me encontraba con mi padre reparando un cerco de alambre que habían dañado las vacas. Mi padre es quien me emplea y quien paga mi sueldo. Ese mismo día aproveché la oportunidad de pedirle una ayuda económica, ya que me habían ofrecido comprar un terreno, con muy buena financiación; yo no quería desaprovechar esa oportunidad: la de comenzar a tener lo mío propio. Acudí a él, convencido de que me facilitaría el dinero. Le recordé que con Marisa Hernández, con quien llevamos dos años de novios, estábamos sintiendo la necesidad de comenzar a tener lo nuestro, para que así, paso a paso, en el día de mañana pudiéramos formar una familia juntos.

Mi padre, don Osvaldo, como se lo conoce en la ciudad, es un hombre rudo para el trabajo; de mediana estatura, mirada penetrante, de pocas palabras. Fue él quien siempre manejó las finanzas de la familia. Jamás dejó que nos faltara nada. Pero cuando se trata de dinero, suele ser muy reacio.

Yo sabía que no sería fácil obtener esa ayuda económica. Igual hice mi intento. Luego de darle una minuciosa explicación sobre la oferta del terreno en cuestión y su financiación, su respuesta fue clara y contundente: mirándome fijamente, me dijo: «Pablo, nuestra economía familiar no está atravesando por un buen momento. El campo no nos está otorgando los beneficios requeridos. Dame unos días y veré si puedo ayudarte». Esa fue su respuesta, lógicamente nada alentadora para mí.

Lamentablemente advertí que mi padre estaba mintiendo. El campo siempre estuvo a la altura de nuestras exigencias, más en estos momentos en los que habíamos tenido una buena remuneración por nuestra última cosecha de maíz. No bajé los brazos. Traté de arreglármelas solo, aunque sabía que mis ahorros y los de Marisa no eran suficientes a la hora de la entrega requerida.

En los días subsiguientes, no percibí cambio alguno en lo hablado, pero noté un marcado distanciamiento de su parte. No solo en lo que a mí concierne, sino también hacia Marisa, cuando nos visitaba. Esto me hizo suponer que no había sido de su agrado lo que hablamos sobre el pedido que me vi obligado a hacer.