Sindicato de viudas - Laura Weinberg - E-Book

Sindicato de viudas E-Book

Laura Weinberg

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Beschreibung

Convertirse en viuda, asumir plenamente ese estado y transitarlo constituye una tarea ardua de la que poco o nada se habla. Desde el Sindicato nos proponemos acompañar en los primeros tiempos, esos momentos de desubicación en los que nos sentimos perdidas. Brindamos asesoramiento legal, organizamos cursos de capacitación, talleres de arte y abrimos la discusión a diferentes temáticas que abordan la viudez. ¿Cómo nombrarlo ahora que no está? ¿Qué hacer con los anillos? ¿Qué pasa con nuestra sexualidad? Compartimos experiencias, generamos proyectos y editamos la revista La viuda lectora, un espacio de expresión para nuestras socias. Si querés sumarte, anotate en Secretaría y nos contactaremos con vos.

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Seitenzahl: 108

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Weinberg, Laura

Sindicato de viudas / Laura Weinberg. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Metrópolis Libros, 2024.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-631-6505-89-7

1. Narrativa Argentina. 2. Literatura Contemporánea. I. Título.

CDD A863

© 2024, Laura Alicia Weinberg

Primera edición, junio 2024

Dirección comercial Sol Echegoyen

Dirección editorial Julieta Mortati

Coordinación editorial y correcciónMartín Vittón

Ilustración Juan Miranda

Diseño y diagramaciónLara Melamet

Conversión a formato digital Estudio eBook

El texto del aviso que forma parte del capítulo "Aviso" (ver aquí) pertenece a Leo Maslíah, y forma parte del libro Carta a un escritor latinoamericano y otros insultos, de Ediciones La Flor.

Hecho el depósito que establece la ley 11.723. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra sin la autorización por escrito de los titulares del copyright.

Editorial PAM! Publicaciones SRL, Ciudad de Buenos Aires, Argentina

[email protected]

www.pampublicaciones.com.ar

A ustedes tres, sus semillas.

Hoy, poderosas y bien plantadas.

Mujerazas.

Amor se fue;

mientras duró

de todo hizo placer.

Cuando se fue

nada dejó

que no doliera.

 

MACEDONIO FERNÁNDEZ

Índice

CubiertaPortadaCréditosDedicatoriaEpígrafeConsideraciones preliminaresProblemas de vocabularioEl Sindicato de ViudasCarteleraAvisoSe dice de mí… La agoníaCenizasEl nuevo FrankensteinArme su propio difuntoHoy vas a entrar en mi pasadoObras citadasAusencia El Síndrome de la Efeméride Corporal
Revista La viuda lectoraANTICIPO: Las viudas en la política argentinaVOCES: Vidalita de entresueño / Súper ochoRECREO: Las viudas más famosasINVESTIGACIÓN: La viuda como sujeto del proceso de dueloREFLEXIÓN: ¿Qué hacer con los anillos?TEST: ¿Qué tipo de viuda sos?
Mamushkas Silencios y vacíosLa heladera La cuestión del estado civilLos palcos de las viudasSeñora se ofreceLa Otra ViudaPermuto mueblesDespués de la ráfagaLa evolución en la ocupación del territorio El segundo debutLos libros de la viuda lectoraEl Sindicato II El viajeJuego de la Oca viudaAgradecimientosSobre este libroSobre la autoraTienda PAM

CONSIDERACIONES PRELIMINARES

Convertirse en viuda, asumir plenamente ese estado y transitarlo, constituye una tarea ardua de la que poco o nada se habla. Se toma como un hecho de la vida que a algunas nos toca atravesar y para el que sólo queda “agua y ajo” (aguantarse y joderse).

Existe bastante bibliografía que aborda el proceso de duelo; es muy conocido el modelo de la doctora Elisabeth Kübler Ross, que establece cinco etapas en este recorrido. Pero no hay nada que plantee el proceso de la viudez.

En general, la viudez se encara de manera solitaria, sin desmerecer el acompañamiento de amigas, amigos y familiares. Si bien cualquier situación emocional se vivencia individualmente, y las experiencias profundas resultan intransferibles, también sabemos del valor de compartirlas, verbalizar los sentimientos, identificarse con otras personas que, de una u otra manera, pasan por circunstancias similares.

A lo largo de estas páginas se plasman historias, reflexiones, investigaciones, muchas de ellas producto de entrevistas y charlas mantenidas con diferentes socias del Sindicato de Viudas. Confío en que servirán de apoyo, consuelo y aliciente a quienes las lean.

 

 

L. W.

 

§

PROBLEMAS DE VOCABULARIO

Está la cuestión de cómo nombrarlo cuando se habla con alguien que no lo conoció y que ignora nuestra condición. Hablar del finado o del difunto suena antiguo, pasado de moda, casi mersa. Aunque cómo hacerle saber a un interlocutor o interlocutora que somos viudas, no vaya a ser que al vernos solas piense que estamos separadas, o peor aún, que nos quedamos para vestir santos. La cara les cambia cuando les decimos que somos viudas. Aparece una expresión de desubicación, de “metí la pata”, y después, un matiz de compasión, de compromiso, seguido por la pregunta “¿Y hace mucho?”, como si eso fuera un dato crucial. También están los morbosos interesados en saber cómo fue, cuánto duró su agonía, etcétera, etcétera.

En inglés se dice late husband, que se traduce como “esposo fallecido”, pero suena horrible, suena a tardío, y tardío no fue precisamente, más bien partió temprano y nos dejó clavadas.

Levantar la vista al cielo y decir “Dios lo tenga en su gloria” tampoco va, teniendo en cuenta que podemos ser ateas.

Si recurrimos al diccionario de sinónimos, las opciones tampoco resultan muy satisfactorias: extinto, que suena a dinosaurio; inanimado, como si fuera un objeto (aunque es cierto que ya no es un ser viviente y podría aplicarse); cadáver, muy macabro; momia no, porque no lo mandamos a embalsamar; interfecto, palabra desconocida para la mayoría, entonces mejor no usarla; occiso remite a las páginas de policiales.

Referirse a él siempre en pasado tampoco resulta evidente, porque bien podría ser que estemos contando algo que ya pasó, y no necesariamente implica que no se encuentre más entre nosotros. Eso podría ser, aclarar que ya no está más entre nosotros, pero no, tampoco: es una frase demasiado larga para repetirla cada vez que lo nombramos.

Presentarnos como “la viuda de Tal” queda pretencioso, como si Tal hubiese sido famoso.

Por otra parte está el asunto del verbo: se dice “Estoy separada [o divorciada]”, pero decir “Soy viuda” es como si se tratara de un estado permanente e irreversible. Mejor sería decir “Estoy viuda”, algo transitorio que puede transformarse.

¡Qué tema no saber cómo nombrarlo! En la próxima reunión del Sindicato lo pondremos en el orden del día.

 

§

EL SINDICATO DE VIUDAS

El comienzo fue casual y el crecimiento, gradual. Desde los primeros encuentros se resolvió una sede itinerante, no sólo por motivos económicos, sino porque aportaba dinamismo y novedad. Y porque entre las integrantes no había viudas de mausoleo. Estas solían quedarse en casa, con las persianas bajas, nunca más una sonrisa, amargas, custodiando inútilmente un recuerdo ya raído y desvanecido.

¿Por qué sindicato y no club, gremio, cofradía? Sindicato, en el imaginario y en la sensibilidad popular, conlleva la idea de lucha, de impulso conjunto por conseguir algo, de una cierta rebelión y de un esfuerzo de trascendencia.

Los datos censales indican un porcentaje importante de viudas con respecto a la población en general. Constituyen un segmento invisibilizado cuya fortaleza es ignorada.1

Son varias las cuestiones que ocupan al Sindicato. Está, por ejemplo, la Comisión de Legales, que provee asesoramiento acerca de certificados de defunción, de convivencia, pensiones, sucesiones, convocatorias de herederos, cambios de titularidad, etcétera. Es impresionante la cantidad de trámites que es necesario realizar una vez que fallece el cónyuge. Por lo general, la organización de los sepelios no está dentro de las tareas del Sindicato porque las nuevas socias llegan una vez superada esta situación. Aunque hay excepciones. A veces se acerca alguna previsora futura viuda que ya sabe que se aproxima el “inevitable desenlace luego de una larga y penosa enfermedad”.

La Comisión de Contención Psicológica brinda acompañamiento en los primeros tiempos, esos momentos de desubicación en los que la nueva viuda se siente perdida, todavía no del todo consciente de que su vida ha cambiado para siempre. Entre los materiales adquiridos había, al principio, unas redes que se colocaban como protección en las casas en aquellos casos en que se vislumbraban tendencias suicidas. También se contrataban abrazadores profesionales, proveedores de estrujones de oso y soportadores de llanto inconsolable para las que ansiaban y extrañaban un soporte físico. En los últimos tiempos se están poniendo en práctica técnicas psicológicas que ayudan a superar situaciones traumáticas.

Dentro de los asuntos cotidianos, otro grupo se especializa en arreglos hogareños. Muchas han descubierto una nueva vocación en sus vidas, y es así que hay electricistas, carpinteras, pintoras, herreras, plomeras, albañilas, siempre dispuestas a colaborar con la que lo requiera. Estos servicios son muy solicitados, ya que resulta muchísimo más sencillo entenderse con una compañera, sin tener que soportar el mansplaining.2 Y en general los arreglos y reformas quedan mucho mejor terminados y resueltos.

También se dictan cursos de capacitación, como “Enseres básicos para una caja de herramientas completa”, “Proceso de forjado de metales”, “Producción de muebles artesanales”, la mayoría con mucha concurrencia.

El Área de Investigación cuenta con un equipo altamente especializado, al tanto de las últimas publicaciones, sobre todo feministas. Hubo muchos avances en estos temas, nuevas definiciones y encuadres que contribuyeron a clarificar posiciones y abrir alternativas insospechadas. Las modernas perspectivas ofrecen diversas miradas posibles y expanden los horizontes. Todo entra en cuestión. Todo es examinado, revisado, reevaluado y sopesado. Las viejas creencias son puestas en duda, y estas movilizaciones —en principio consideradas inquietantes y desestabilizantes— contribuyen a un reposicionamiento de la condición de viuda, históricamente relegada al olvido.

Un ejemplo es la típica pregunta: “Y… ¿rehiciste tu vida?”, escuchada por la mayoría de las socias, que dispara una catarata de discusiones y reflexiones. ¿Qué significa para los demás que “rehagas tu vida”? ¿Sólo se considera rehecha si una vuelve a formar pareja? ¿Es aceptado socialmente que una mujer, una viuda, pueda ser “feliz” sin volver a convivir con un hombre?

¿Qué pasa con la sexualidad de las viudas? Poco se habla de este tema fuera de los ámbitos íntimos, como si estuviéramos rodeadas de un halo de castidad y/o santidad, intocables para siempre.

Las conclusiones de estas y otras discusiones suelen darse a conocer en papers académicos de reconocidas universidades internacionales, y así se establece un corpus interesante y prolífico de bibliografía especializada. Se inauguró una editorial que publica obras escritas por las socias y la revista La Viuda Lectora.

Desde lo artístico, se abordan diferentes ramas: literatura, pintura, escultura, danza, teatro, nuevas tecnologías, música. Y por supuesto también está la comisión especializada en turismo.

En síntesis, el Sindicato es una organización viva, activa, moderna, alimentada por las inquietudes cada vez más crecientes de sus socias, abriéndose a nuevos proyectos y emprendimientos.

 

§

1. Según los datos del censo 2010 publicados por el INDEC, en la Argentina hay 15.738.019 de mujeres mayores de 14 años, de las cuales 1.579.251 (aproximadamente un 10%) son viudas. Hay más viudas que las poblaciones sumadas de hombres y mujeres de Tierra del Fuego, Santa Cruz, La Pampa, La Rioja y San Luis juntas. Casi todas están sin pareja (1.421.714).

2. Las relaciones y demostraciones de poder se dan también en terrenos invisibles, como en el discurso y la palabra. O en ese hábito masculino de explicarles cosas a las mujeres, con un tono paternalista y condescendiente, sin que se les haya pedido su opinión, e incluso cuando ellas saben más que los varones sobre el tema en cuestión. La palabra mansplaining es un neologismo anglófono basado en la composición de las palabras varón y explicar que se define como “explicar algo a alguien, generalmente un varón a una mujer, de una manera considerada como condescendiente o paternalista”.

AVISO

Cada vez que iba al cementerio a conversar con el finado, recibía las mismas quejas: que estaba aburrido, que ella ya no le contaba todo, que no le hablaba con la misma congoja de antes, que parecía haberlo olvidado. Todos reproches de amante despechado.

Ella no sabía cómo explicarle que lo seguía amando, pero que la ceremonia de las visitas cotidianas ya se le volvía pesada, tan pesada como le estaba resultando cargar el termo con el mate y las tortas fritas y la silla de camping y la sombrilla en los días de calor o de lluvia.

Era cierto que lo extrañaba, sobre todo en la cama. Ese abrazo en cucharita que le brindaba calor… O lo que seguía, cuando el abrazo crecía en caricias, en respiraciones agitadas, alejando el sueño y despertando el deseo.

Pero tampoco soportaba más ir por las noches a compartir el lecho terroso. Hacía frío, a veces el suelo estaba mojado porque había llovido antes, y ella ya estaba mayor para esos trajines. Por las mañanas le dolía todo, y por más que se llevara una frazada, él no le brindaba calor sino un aliento helado sobre la nuca, con los huesos cada vez más expuestos que se le clavaban en la espalda y… y ese olor a podrido se le hacía insoportable. Por otra parte, el pelo se le llenaba de lombrices gordas y desagradables que después había que desenredar. No, ya no le divertía despertar medusa.

Hacía cinco años que repetía la misma ceremonia.