Soledades - Luis de Góngora y Argote - E-Book

Soledades E-Book

Luis de Góngora y Argote

0,0

Beschreibung

El estilo y rasgos del Polifemo están también presentes, si no intensificados, en las Soledades. Este poema de Luis de Góngora está escrito en silvas, forma más adecuada que las octavas para la complejidad sintáctica y formal de la nueva poesía gongorina. Se estructura en cuatro cantos (soledad primera a cuarta), asociados a cuatro unidades escenográficas: - la de los cabreros y cazadores de la montaña nómadas, - la de una aldea campesina, - la de los pescadores que habitan una isla - y la de un señorío feudal, con su castillo y sus nobles practicando la cetrería.El arranque narrativo alude a un peregrino que arriba a un poblado de pastores que le dan albergue, y a partir de ahí va transcurriendo por diferentes paisajes donde encuentra los personajes y comunidades antes descritos. El trasfondo del poema se asienta en múltiples alusiones. Una sería el reflejo del paso del mundo renacentista de la verdad a otro representado por el caos o la confusión respecto al destino (el oscuro y complejo barroco). Otra alude más directamente a la situación de vertiginosa pérdida de influencia mundial que experimentaba España. Otra ejemplificaría el desengaño del mismo Góngora respecto a la Corte y al destino político español, y otra más a la situación del individuo enfrentado a un mundo en crisis donde domina la vanidad. En este desengaño gongorino al autor se siente exiliado y busca su propio cambio individual para contrarrestar el desastre (actitud que parece relacionarse con un regreso de signo epicúreo a la sencillez y la armonía mundanas).

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 62

Veröffentlichungsjahr: 2010

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Luis de Góngora y Argote

Soledades

Barcelona 2024

Linkgua-ediciones.com

Créditos

Título original: Soledades.

© 2024, Red ediciones S.L.

e-mail: [email protected]

Diseño de cubierta: Michel Mallard.

ISBN rústica ilustrada: 978-84-9007-180-9.

ISBN tapa dura: 978-84-9007-186-1.

ISBN ebook: 978-84-9897-981-7.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.

Sumario

Créditos 4

Brevísima presentación 7

La vida 7

La obra 7

Soledades 9

Soledad primera 11

Soledad segunda 47

Libros a la carta 81

Brevísima presentación

La vida

Góngora y Argote, Luis de (Córdoba, 1561-1627). España.

Hijo de Francisco de Argote, quien fue juez en Madrid y más tarde fue castigado por la Inquisición, adoptó el apellido de su madre.

Perteneció a una familia ilustre de origen judío y se dice que estudió con los jesuitas, aunque fue en la biblioteca paterna donde conoció a los autores clásicos y renacentistas.

Entre 1576 y 1580 frecuentó las aulas en Salamanca. Parece que su pasión por el juego y las mujeres le impidió terminar sus estudios. Recibió las órdenes mayores cuando su tío Francisco le cedió su cargo, pero no le atrajo la vida religiosa. Prefirió relacionarse con cómicos y toreros y disfrutar de la vida.

Tras visitar varias ciudades españolas vivió en Madrid (1617) y fue nombrado capellán de Felipe III gracias a la intercesión del duque de Lerma. A la muerte de éste buscó sin éxito el apoyo del conde-duque de Olivares. Su situación económica era muy precaria debido a su adicción al juego; en 1625 tuvo que desalojar su casa, que pasó a manos de Quevedo. Murió en Córdoba acosado por sus acreedores.

La obra

Góngora no publicó su obra en vida, aunque lo intentó en 1623. Sus versos se conocieron dispersos en manuscritos o impresos en hojas sueltas. Solo aparecieron en un libro el año en que murió, en una edición que preparó Juan López de Vicuña con el título de Obras en verso del Homero español (1627). Después Gonzalo de Hoces hizo otra edición de Todas las obras de don Luis de Góngora en varios poemas (1633).

SoledadesSoledad primera

Era del año la estación florida

En que el mentido robador de Europa

(Media Luna las armas de su frente,

Y el Sol todos los rayos de su pelo),

Luciente honor del cielo, 5

En campos de zafiro pace estrellas,

Cuando el que ministrar podía la copa

A Júpiter mejor que el garzón de Ida,

Náufrago y desdeñado, sobre ausente,

Lagrimosas de amor dulces querellas 10

Da al mar, que condolido,

Fue a las ondas, fue al viento

El mísero gemido,

Segundo de Arión dulce instrumento.

Del siempre en la montaña opuesto pino 15

Al enemigo Noto,

Piadoso miembro roto,

Breve tabla, delfín no fue pequeño

Al inconsiderado peregrino,

Que a una Libia de ondas su camino 20

Fió, y su vida a un leño.

Del Océano pues antes sorbido,

Y luego vomitado

No lejos de un escollo coronado

De secos juncos, de calientes plumas, 25

Alga todo y espumas,

Halló hospitalidad donde halló nido

De Júpiter el ave.

Besa la arena, y de la rota nave

Aquella parte poca 30

Que le expuso en la playa dio a la roca;

Que aun se dejan las peñas

Lisonjear de agradecidas señas.

Desnudo el joven, cuanto ya el vestido

Océano ha bebido, 35

Restituir le hace a las arenas;

Y al Sol lo extiende luego,

Que, lamiéndolo apenas

Su dulce lengua de templado fuego,

Lento lo embiste, y con suave estilo 40

La menor onda chupa al menor hilo.

No bien pues de su luz los horizontes,

Que hacían desigual, confusamente,

Montes de agua y piélagos de montes,

Desdorados los siente, 45

Cuando, entregado el mísero extranjero

En lo que ya del mar redimió fiero,

Entre espinas crepúsculos pisando,

Riscos que aun igualara mal volando

Veloz, intrépida ala, 50

Menos cansado que confuso, escala.

Vencida al fin la cumbre,

Del mar siempre sonante,

De la muda campaña

árbitro igual e inexpugnable muro, 55

Con pie ya más seguro

Declina al vacilante

Breve esplendor del mal distinta lumbre,

Farol de una cabaña

Que sobre el ferro está en aquel incierto 60

Golfo de sombras anunciando el puerto.

«Rayos —les dice—, ya que no de Leda

Trémulos hijos, sed de mi fortuna

Término luminoso.» Y recelando

De invidiosa bárbara arboleda 65

Interposición, cuando

De vientos no conjuración alguna,

Cual haciendo el villano

La fragosa montaña fácil llano,

Atento sigue aquella 70

(Aun a pesar de las tinieblas bella,

Aun a pesar de las estrellas clara)

Piedra, indigna tiara,

Si tradición apócrifa no miente,

De animal tenebroso, cuya frente 75

Carro es brillante de nocturno día:

Tal, diligente, el paso

El joven apresura,

Midiendo la espesura

Con igual pie que el raso, 80

Fijo, a despecho de la niebla fría,

En el carbunclo, Norte de su aguja,

O el Austro brame, o la arboleda cruja.

El can ya vigilante

Convoca, despidiendo al caminante, 85

Y la que desviada

Luz poca pareció, tanta es vecina,

Que yace en ella robusta encina,

Mariposa en cenizas desatada.

Llegó pues el mancebo, y saludado, 90

Sin ambición, sin pompa de palabras,

De los conducidores fue de cabras,

Que a Vulcano tenían coronado.

«¡Oh bienaventurado

Albergue a cualquier hora, 95

Templo de Pales, alquería de Flora!

No moderno artificio

Borró designios, bosquejó modelos,

Al cóncavo ajustando de los cielos

El sublime edificio; 100

Retamas sobre robre

Tu fábrica son pobre,

Do guarda, en vez de acero,

La inocencia al cabrero

Más que el silbo al ganado. 105

¡Oh bienaventurado

Albergue a cualquier hora!

No en ti la ambición mora

Hidrópica de viento,

Ni la que su alimento 110

El áspid es gitano;

No la que, en vulto comenzando humano,

Acaba en mortal fiera,

Esfinge bachillera,

Que hace hoy a Narciso 115

Ecos solicitar, desdeñar fuentes;

Ni la que en salvas gasta impertinentes

La pólvora del tiempo más preciso;

Ceremonia profana

Que la sinceridad burla villana 120

Sobre el corvo cayado.

¡Oh bienaventurado

Albergue a cualquier hora!

Tus umbrales ignora

La adulación, sirena 125

De Reales Palacios, cuya arena

Besó ya tanto leño,

Trofeos dulces de un canoro sueño.

No a la soberbia está aquí la mentira

Dorándole los pies, en cuanto gira 130

La esfera de sus plumas,

Ni de los rayos baja a las espumas

Favor de cera alado.

¡Oh bienaventurado

Albergue a cualquier hora!» 135

No pues de aquella sierra, engendradora

Más de fierezas que de cortesía,

La gente parecía

Que hospedó al forastero

Con pecho igual de aquel candor primero 140

Que, en las selvas contento,

Tienda el fresno le dio, el robre alimento.

Limpio sayal, en vez de blanco lino,

Cubrió el cuadrado pino,

Y en boj, aunque rebelde, a quien el torno 145

Forma elegante dio sin culto adorno,

Leche que exprimir vio la alba aquel día,

Mientras perdían con ella

Los blancos lilios de su frente bella,

Gruesa le dan y fría, 150

Impenetrable casi a la cuchara,

Del sabio Alcimedón invención rara.

El que de cabras fue dos veces ciento

Esposo casi un lustro (cuyo diente

No perdonó a racimo, aun en la frente 155

De Baco, cuanto más en su sarmiento,

Triunfador siempre de celosas lides,

Lo coronó el Amor; mas rival tierno,

Breve de barba y duro no de cuerno,

Redimió con su muerte tantas vides), 160

Servido ya en cecina,

Purpúreos hilos es de grana fina.

Sobre corchos después, más regalado

Sueño le solicitan pieles blandas,

Que al Príncipe entre holandas, 165

Púrpura tiria o milanés brocado.

No de humosos vinos agravado