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El estilo y rasgos del Polifemo están también presentes, si no intensificados, en las Soledades. Este poema de Luis de Góngora está escrito en silvas, forma más adecuada que las octavas para la complejidad sintáctica y formal de la nueva poesía gongorina. Se estructura en cuatro cantos (soledad primera a cuarta), asociados a cuatro unidades escenográficas: - la de los cabreros y cazadores de la montaña nómadas, - la de una aldea campesina, - la de los pescadores que habitan una isla - y la de un señorío feudal, con su castillo y sus nobles practicando la cetrería.El arranque narrativo alude a un peregrino que arriba a un poblado de pastores que le dan albergue, y a partir de ahí va transcurriendo por diferentes paisajes donde encuentra los personajes y comunidades antes descritos. El trasfondo del poema se asienta en múltiples alusiones. Una sería el reflejo del paso del mundo renacentista de la verdad a otro representado por el caos o la confusión respecto al destino (el oscuro y complejo barroco). Otra alude más directamente a la situación de vertiginosa pérdida de influencia mundial que experimentaba España. Otra ejemplificaría el desengaño del mismo Góngora respecto a la Corte y al destino político español, y otra más a la situación del individuo enfrentado a un mundo en crisis donde domina la vanidad. En este desengaño gongorino al autor se siente exiliado y busca su propio cambio individual para contrarrestar el desastre (actitud que parece relacionarse con un regreso de signo epicúreo a la sencillez y la armonía mundanas).
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Seitenzahl: 62
Veröffentlichungsjahr: 2010
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Luis de Góngora y Argote
Soledades
Barcelona 2024
Linkgua-ediciones.com
Título original: Soledades.
© 2024, Red ediciones S.L.
e-mail: [email protected]
Diseño de cubierta: Michel Mallard.
ISBN rústica ilustrada: 978-84-9007-180-9.
ISBN tapa dura: 978-84-9007-186-1.
ISBN ebook: 978-84-9897-981-7.
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Créditos 4
Brevísima presentación 7
La vida 7
La obra 7
Soledades 9
Soledad primera 11
Soledad segunda 47
Libros a la carta 81
Góngora y Argote, Luis de (Córdoba, 1561-1627). España.
Hijo de Francisco de Argote, quien fue juez en Madrid y más tarde fue castigado por la Inquisición, adoptó el apellido de su madre.
Perteneció a una familia ilustre de origen judío y se dice que estudió con los jesuitas, aunque fue en la biblioteca paterna donde conoció a los autores clásicos y renacentistas.
Entre 1576 y 1580 frecuentó las aulas en Salamanca. Parece que su pasión por el juego y las mujeres le impidió terminar sus estudios. Recibió las órdenes mayores cuando su tío Francisco le cedió su cargo, pero no le atrajo la vida religiosa. Prefirió relacionarse con cómicos y toreros y disfrutar de la vida.
Tras visitar varias ciudades españolas vivió en Madrid (1617) y fue nombrado capellán de Felipe III gracias a la intercesión del duque de Lerma. A la muerte de éste buscó sin éxito el apoyo del conde-duque de Olivares. Su situación económica era muy precaria debido a su adicción al juego; en 1625 tuvo que desalojar su casa, que pasó a manos de Quevedo. Murió en Córdoba acosado por sus acreedores.
Góngora no publicó su obra en vida, aunque lo intentó en 1623. Sus versos se conocieron dispersos en manuscritos o impresos en hojas sueltas. Solo aparecieron en un libro el año en que murió, en una edición que preparó Juan López de Vicuña con el título de Obras en verso del Homero español (1627). Después Gonzalo de Hoces hizo otra edición de Todas las obras de don Luis de Góngora en varios poemas (1633).
Era del año la estación florida
En que el mentido robador de Europa
(Media Luna las armas de su frente,
Y el Sol todos los rayos de su pelo),
Luciente honor del cielo, 5
En campos de zafiro pace estrellas,
Cuando el que ministrar podía la copa
A Júpiter mejor que el garzón de Ida,
Náufrago y desdeñado, sobre ausente,
Lagrimosas de amor dulces querellas 10
Da al mar, que condolido,
Fue a las ondas, fue al viento
El mísero gemido,
Segundo de Arión dulce instrumento.
Del siempre en la montaña opuesto pino 15
Al enemigo Noto,
Piadoso miembro roto,
Breve tabla, delfín no fue pequeño
Al inconsiderado peregrino,
Que a una Libia de ondas su camino 20
Fió, y su vida a un leño.
Del Océano pues antes sorbido,
Y luego vomitado
No lejos de un escollo coronado
De secos juncos, de calientes plumas, 25
Alga todo y espumas,
Halló hospitalidad donde halló nido
De Júpiter el ave.
Besa la arena, y de la rota nave
Aquella parte poca 30
Que le expuso en la playa dio a la roca;
Que aun se dejan las peñas
Lisonjear de agradecidas señas.
Desnudo el joven, cuanto ya el vestido
Océano ha bebido, 35
Restituir le hace a las arenas;
Y al Sol lo extiende luego,
Que, lamiéndolo apenas
Su dulce lengua de templado fuego,
Lento lo embiste, y con suave estilo 40
La menor onda chupa al menor hilo.
No bien pues de su luz los horizontes,
Que hacían desigual, confusamente,
Montes de agua y piélagos de montes,
Desdorados los siente, 45
Cuando, entregado el mísero extranjero
En lo que ya del mar redimió fiero,
Entre espinas crepúsculos pisando,
Riscos que aun igualara mal volando
Veloz, intrépida ala, 50
Menos cansado que confuso, escala.
Vencida al fin la cumbre,
Del mar siempre sonante,
De la muda campaña
árbitro igual e inexpugnable muro, 55
Con pie ya más seguro
Declina al vacilante
Breve esplendor del mal distinta lumbre,
Farol de una cabaña
Que sobre el ferro está en aquel incierto 60
Golfo de sombras anunciando el puerto.
«Rayos —les dice—, ya que no de Leda
Trémulos hijos, sed de mi fortuna
Término luminoso.» Y recelando
De invidiosa bárbara arboleda 65
Interposición, cuando
De vientos no conjuración alguna,
Cual haciendo el villano
La fragosa montaña fácil llano,
Atento sigue aquella 70
(Aun a pesar de las tinieblas bella,
Aun a pesar de las estrellas clara)
Piedra, indigna tiara,
Si tradición apócrifa no miente,
De animal tenebroso, cuya frente 75
Carro es brillante de nocturno día:
Tal, diligente, el paso
El joven apresura,
Midiendo la espesura
Con igual pie que el raso, 80
Fijo, a despecho de la niebla fría,
En el carbunclo, Norte de su aguja,
O el Austro brame, o la arboleda cruja.
El can ya vigilante
Convoca, despidiendo al caminante, 85
Y la que desviada
Luz poca pareció, tanta es vecina,
Que yace en ella robusta encina,
Mariposa en cenizas desatada.
Llegó pues el mancebo, y saludado, 90
Sin ambición, sin pompa de palabras,
De los conducidores fue de cabras,
Que a Vulcano tenían coronado.
«¡Oh bienaventurado
Albergue a cualquier hora, 95
Templo de Pales, alquería de Flora!
No moderno artificio
Borró designios, bosquejó modelos,
Al cóncavo ajustando de los cielos
El sublime edificio; 100
Retamas sobre robre
Tu fábrica son pobre,
Do guarda, en vez de acero,
La inocencia al cabrero
Más que el silbo al ganado. 105
¡Oh bienaventurado
Albergue a cualquier hora!
No en ti la ambición mora
Hidrópica de viento,
Ni la que su alimento 110
El áspid es gitano;
No la que, en vulto comenzando humano,
Acaba en mortal fiera,
Esfinge bachillera,
Que hace hoy a Narciso 115
Ecos solicitar, desdeñar fuentes;
Ni la que en salvas gasta impertinentes
La pólvora del tiempo más preciso;
Ceremonia profana
Que la sinceridad burla villana 120
Sobre el corvo cayado.
¡Oh bienaventurado
Albergue a cualquier hora!
Tus umbrales ignora
La adulación, sirena 125
De Reales Palacios, cuya arena
Besó ya tanto leño,
Trofeos dulces de un canoro sueño.
No a la soberbia está aquí la mentira
Dorándole los pies, en cuanto gira 130
La esfera de sus plumas,
Ni de los rayos baja a las espumas
Favor de cera alado.
¡Oh bienaventurado
Albergue a cualquier hora!» 135
No pues de aquella sierra, engendradora
Más de fierezas que de cortesía,
La gente parecía
Que hospedó al forastero
Con pecho igual de aquel candor primero 140
Que, en las selvas contento,
Tienda el fresno le dio, el robre alimento.
Limpio sayal, en vez de blanco lino,
Cubrió el cuadrado pino,
Y en boj, aunque rebelde, a quien el torno 145
Forma elegante dio sin culto adorno,
Leche que exprimir vio la alba aquel día,
Mientras perdían con ella
Los blancos lilios de su frente bella,
Gruesa le dan y fría, 150
Impenetrable casi a la cuchara,
Del sabio Alcimedón invención rara.
El que de cabras fue dos veces ciento
Esposo casi un lustro (cuyo diente
No perdonó a racimo, aun en la frente 155
De Baco, cuanto más en su sarmiento,
Triunfador siempre de celosas lides,
Lo coronó el Amor; mas rival tierno,
Breve de barba y duro no de cuerno,
Redimió con su muerte tantas vides), 160
Servido ya en cecina,
Purpúreos hilos es de grana fina.
Sobre corchos después, más regalado
Sueño le solicitan pieles blandas,
Que al Príncipe entre holandas, 165
Púrpura tiria o milanés brocado.
No de humosos vinos agravado
