Supervivientes II - Jonathan Fernández - E-Book

Supervivientes II E-Book

Jonathan Fernández

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Beschreibung

Supervivientes II nos devuelve al caótico universo ya visto anteriormente en su primera parte. Una terrible lucha entre dos facciones (Malatavash y los Corruptos) deja la Tierra al borde del abismo y el caos. La primera, defendiendo los intereses de la raza humana y salvaguardando a los seres humanos, buscando el control de los cuatro fragmentos primordiales: Alpha, Beta, Gamma y Omega (Fragmentos extremadamente poderosos creados por entidades antiguas y de otro plano existencial). Y la segunda, despertando a los instintos más bajos dentro de los seres humanos, alimentándose del caos y la destrucción y buscando reinar como un nuevo orden sobre cada ser vivo en la Tierra. Los guerreros entrenados después de la Arena de Supervivientes, viajarán a una ubicación específica en busca de uno de estos fragmentos, el cual se encuentra en manos enemigas. En esta entrega, veremos épicas batallas entre los mercenarios de Malatavash, siendo testigos de una gran aventura repleta de acción y drama. Los personajes darán todo para terminar con aquella facción contraria a sus intereses, y devolver la paz y el orden a un mundo donde cualquiera pudiera ser un monstruoso asesino sediento de poder.

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Seitenzahl: 293

Veröffentlichungsjahr: 2019

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Autor: Jonathan Fernández

Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Corrección literaria: Constanza Tanner.

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Foto de solapa: Kevin Müller.

Fernández , Jonathan

Supervivientes II : los tres herederos / Jonathan Fernández . - 1a ed . - Córdoba : Tinta Libre, 2019.

250 p. ; 22 x 15 cm.

ISBN 978-987-708-454-2

1. Narrativa Juvenil Argentina. 2. Novelas Fantásticas. 3. Ciencia Ficción. I. Título.

CDD A863.9283

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,

total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor. Está tam-

bién totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet

o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad

de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2019. Fernández, Jonathan

© 2019. Tinta Libre Ediciones

En algún lugar de Corea del Sur

Sonaban las televisoras por doquier, y daban diversos anuncios sobre la situación caótica que transcurría en el mundo.

Canal 11: Se ha reportado un nuevo caso de Corruptos de clase A, que asaltaron uno de los bancos nacionales más grandes. Curiosamente, no se llevaron nada de las reservas, sino que optaron por asesinar a todas las personas que se encontraban en el recinto. La policía…

Canal 14: Desde el avistamiento de aquel Corrupto por la noche, la gente de la ciudad metropolitana de Busán ha optado por llevar encima y tener a su disposición armas de fuego, que podrían ayudarlos a abatir a cualquier ser hostil que se aproximase a sus hogares. La situación está comenzando a agravarse debido a que hubo reiteradas apariciones a nivel mundial. Las organizaciones gubernamentales dicen que están utilizando un sistema de prueba y error, mediante el cual al fin podrán encontrar una solución…

Canal 15: El padre Salomón arremetió contra veintidós personas la noche del doce de abril. Desde este hecho, la gente ha elegido no reunirse en grandes cantidades ni amontonarse en lugares cerrados, porque temen un ataque masivo por parte de los corruptos. Las mutaciones que el padre sufrió fueron dignas de un Corrupto de clase A. Fue abatido por las fuerzas especiales de Malatavash apenas se dio el aviso de emergencia. Las víctimas fatales ascienden hasta el momento a quince, de las cuales dos eran niños…

Canal 22: La desaparición del empresario Ángelus Belphor ha ocasionado problemas en la ciudad de Transilvania, en Rumania, puesto que el afamado sanador se había visto envuelto en una serie de escándalos que podrían tacharlo como uno de los culpables de que la cepa del virus Ikarus se haya diseminado y haya proliferado con gran rapidez desde Valaquia hasta Moldavia, y desde ahí haya dado la vuelta al mundo. Aun después de seis años desde su supuesto deceso, el empresario Belphor sigue levantando revuelo. Se desconoce si estos rumores son ciertos, pero científicos locales afirman que las infusiones de la familia Belphor contenían…

Allí se encontraba el chico, haciendo zapping entre los canales de noticias, esperando encontrar algo relativamente importante.

Tomó su computadora y entró en esos foros que tanto solía visitar.

Quería saber algo de sí mismo, entender algo. Pero no había nada que lo ayudase a hacerlo.

Dejó su cigarrillo sobre el cenicero y suspiró agotado.

Se dirigió hacia su balcón y miró la vista desde el piso 32. Los autos brillaban con las luces parpadeantes, y el sonido de sus bocinas alertaba a la gente apresurada por el toque de queda.

Subió hasta la parte alta del barandal, abrió sus brazos de lado a lado y se lanzó al vacío.

Las alas, como grandes pedazos de cartílago, se abrieron sobre su espalda. Se echó a volar.

La noche ayudaba a cubrir su extraño aspecto, ya que era difícil de diferenciar con el cielo nocturno. Por ello, él vestía de negro y siempre llevaba una capucha que cubría su cabeza casi por completo.

Se dirigió hacia un viejo y desolado lugar, una recóndita azotea en el centro de la ciudad.

Allí lo esperaba alguien que le daría cierta información.

Ocultó sus ennegrecidas alas, haciéndolas desaparecer dentro de su cuerpo. Peinó su cabello negro a un lado y se recostó sobre un pedazo de pared que aún se mantenía en pie.

Golpeó un viejo casillero tres veces y cerró sus ojos.

Un estruendo se oyó en la parte baja, en las habitaciones abandonadas que el edificio poseía. Golpe tras golpe, la ciudad de Seúl se veía impregnada por un misterio atroz.

Por la puerta salió un muchacho bien arreglado y físicamente premiado. Sus ojos tenían distinto color, cada uno en un balance entre el rojo y el azul, y su cabello era de color gris; tenía dos pendientes en forma de rombo colgando por debajo de sus orejas.

Llevaba un traje blanco y una corbata negra, y sus uñas pintadas en una combinación monocromática. Todo en sincronía, de acuerdo con lo que él necesitaba.

—Ness… supongo —dijo el muchacho de ropa oscura cruzado de brazos, apoyando su peso contra el viejo casillero oxidado.

El chico le devolvió una sonrisa y lo miró a los ojos con plena quietud.

—Sebastian, supongo —le respondió, encaminándose hacia él.

Extendió su mano en un apretón de poco fiar.

—Empieza a hablar, entonces, quiero saber quién mierda soy —exclamó el muchacho, presuroso y molesto.

—Claro, pero primero necesito el pago.

Ness acomodó su cabello con glamour y abrió la palma de su mano para recibir el encargo que le había hecho al muchacho. Una diminuta cápsula de color violeta, que parecía brillar en aquella noche estrellada. Se la pasaron el uno al otro y en ese mismo instante el chico de traje la ingirió, disfrutando de ella como si fuera el último sorbo en un desierto.

—Es Ikarita, la conseguí de un dealer de la zona. No entiendo cómo la gente se puede drogar con eso. Ahora, necesito saber —admitió Sebastian, dándole poca importancia al asunto y queriendo apresurar las cosas.

—No… todavía. La mayoría de los Corruptos pierden su memoria a largo plazo. Es uno de los síntomas más comunes del genotipo I. Los Sunderland tenemos cierta información sobre cada persona que hay en esta ciudad, en cada distrito quesepara Seúl —advirtió Ness, raspando sus uñas con total desinterés—. Sabemos quién es un Corrupto, quién se está por convertir en uno. Quién es peligroso y quién puede andar por las calles sufriendo y agonizando por dentro. Llevamos cierto control… pero si te lo digo ahora, dejarás de trabajar para mí y te morirás lenta y dolorosamente, encerrado en tu habitación. Sería un total desperdicio.

—Tsk —profirió molesto Sebastian—. Sabía que había gato encerrado detrás de este encuentro. No pienso trabajar para un maniático superficial.

Ness rio por lo bajo, antes de acceder a su primer pedido.

—Bien, entonces te contaré de dónde vienes, y después veremos qué sucede. Solo te pediré una pequeña tarea, nada de otro mundo. No es que seas diferente a otros Corruptos de la zona, pero sinceramente me cansa estar buscando de uno en uno. Al final, todos terminan muriendo.

Sebastian asintió con la cabeza, y le indicó que hablara.

Ness lo tomó del mentón y lo miró a los ojos con firmeza. La acción puso nervioso a Sebastian, quien estuvo a punto de empujarlo, pero cuando se quedó estático y sus ojos se volvieron blancos, la cosa cambió.

—Sebastian Soldem, hijo de un viejo policía rumano que emigró hasta aquí en sus días de retiro. Ex estudiante de la academia Shandei, nacido en esta misma ciudad. Veintidós años, con especialidad en la mecánica y la salud. Adquiriste el virus hace relativamente poco. El parásito se metió en tu cuerpo después de una fiesta… ¿no es verdad? Supongo que fuiste una víctima del ataque del veintidós de febrero. El único superviviente de esa masacre.

El muchacho cayó de espaldas al suelo, con la respiración agitada y con miles de imágenes que llegaban a su cabeza de forma repentina.

—Creo que lo único que sabías de ti era que vivías en ese lugar, y poco más. Estuviste encerrado ahí un buen tiempo, ocultándote de todo el mundo. Tienes suerte de que tu padre haya pagado por esa habitación por adelantado, antes de fallecer. Te hubiesen descubierto tarde o temprano…

Los ojos de Ness cambiaron a un color lila, original de la gente infectada. Los de Sebastian tomaron la misma tonalidad.

—Dios… ¿Qué ha sido eso?

—Un recordatorio, Soldem. Uno para mí.

Por detrás de Ness, surgieron dos enormes figuras con máscaras, una de traje negro y máscara blanca, y otra de traje blanco y máscara negra. Como dos maniquíes, extraños y flexibles. Con guantes de cuero y botas que se acomodaban al blanco y negro que llevaban sobre sí.

Una de estas marionetas se acercó al aturdido muchacho y lo levantó a varios centímetros del suelo, sosteniéndolo fuertemente por su abrigo.

—Espera… aún puedo hacer esa tarea que me dijiste. ¿Qué necesitabas? —preguntó Sebastian, en un intento por escapar de aquella terrible situación.

—Encontrar a la única persona a la cual no asesiné en esa fiesta. Bingo, di en el blanco —Ness sonrió de oreja a oreja, chasqueando sus dedos y haciendo que su extraño compañero traspasara con su mano, de lado a lado, el pecho del pobre tipo.

Lo arrojó por un lado del edificio, y el cuerpo impactó contra el concreto. Ness desapareció entre las sombras.

Una nueva víctima de los Corruptos que deambulaban por las calles, saciando su sed de violencia.

Supervivientes IILos tres herederos

Jonathan Fernández

Arco ICapítulo 1: Proyecto finalizado

Bloody y los demás guerreros yacían sobre los escombros de una vieja construcción, cerca del cuerpo encapsulado de Cazador.

Esperaban algún tipo de ayuda, sabían que Malatavash vendría pronto a buscarlos. Habían dado el aviso por el parlante hacía no más de una hora.

Rebeca se sentó junto a la chica e intentó calmarla, pues ella tenía ahora dentro de sí parte del Beta principal, y se había convertido en uno más de esos extraños seres con capacidades inhumanas.

—Seguramente te extirparán eso al volver —aseguró Rebeca—. Habrá una explicación para todo. Volveremos a casa, sanas y salvas. Mantendremos el contacto y llegaremos al fondo de todo esto. De alguna manera lo haremos. Nos protegeremos entre los cuatro. ¿Verdad, chicos? —preguntó mirando a Dylan y Alan, quienes asintieron con calma.

—Temo que quieran utilizarme para más pruebas… ellos no pueden saber que tengo esto…

A poca distancia se veía uno de los gigantescos helicópteros que Malatavash poseía, y que aterrizó en un punto cercano a ellos.

—Pase lo que pasare ahora, estamos juntas en esto —Rebeca le dio la mano como señal de seguridad, y el apretón selló ese vínculo de compañerismo que se había formado en el último tramo.

Los mercenarios se dispersaron armados y se dirigieron hacia la parte alta del edificio, subiendo poco a poco por los distintos pisos.

—¿Están armados? —preguntó Bloody, acercándose todavía más a Rebeca.

—Ha de ser algún protocolo de defensa —aseguró Dylan.

Los soldados subían con las armaduras que Malatavash les daba para distinguirlos de los demás. Cascos con una buena protección y pecheras que permitían reducir el impacto de las balas.

Todos apuntaron hacia los jóvenes y se dedicaron a esperar.

Ellos respondieron levantando sus manos en alto y asegurando que ya habían concluido con la tarea.

Poco les importó a los soldados. Abrieron fuego y acribillaron a los tres guerreros, exceptuando a Bloody.

La chica adaptó su cuerpo y mutó, en una forma similar a la que Cazador había creado con su modo Predador. Se abalanzó contra las tropas de Malatavash en un intento por exterminar a aquellos que habían asesinado a sus compañeros, pero poco pudo hacer una vez que Royst subió al último piso.

Bloody se dirigió justo sobre él para golpearlo en la cabeza, pero el jefe de la organización llamó la atención de uno de sus soldados, quien, con un corto flequillo de color castaño echado hacia la izquierda y su mandíbula cubierta por una máscara, la interceptó.

La chica se detuvo antes de impactar contra este intruso, quien la miró fijamente mientras ella bajaba la guardia.

—Elynn… —susurró—. Todo está bajo control, cariño. Ellos están bien.

Una sección del casco óseo que la chica poseía se partió, revelando la parte superior de su cabeza, desde la nariz hasta su frente y sus largos cabellos negros. Ella, paralizada, reconoció aquella mirada, que la petrificó al instante.

—El simulacro terminó, señorita Szothiaf. Sus demás compañeros la están esperando en la antesala. Necesitamos devolverla a su cuerpo original —añadió Royst—. El agente J. insistió en venir a verla, dijo que podría lidiar con la situación. Quizá se sienta confundida, pero necesitamos que se tranquilice para poder desmantelar su cuerpo clon. Enviaremos su matriz correspondiente a la base, y todo volverá a la normalidad.

Bloody se sentía confundida, y poco entendía de todo lo que estaba ocurriendo. No obstante, luego de oír un pitido bastante molesto, quedó de rodillas frente a los soldados, con un doloroso sonido que se repetía en su cabeza.

Los alaridos de Bloody se oían a kilómetros, mientras ella intentaba levantarse.

—¡Dijiste que no dolería, Royst! ¡Haz que pare, ahora! —ordenó Johann a su superior, mientras este apenas lo observaba de reojo.

Royst no dijo nada, no hizo nada tampoco.

Johann, arremetiendo contra su autoridad, tomó un arma de bajo calibre y la apuntó hacia su jefe, quien apenas se inmutó. Los demás soldados apuntaron sus armas hacia el mercenario, ordenándole que se detuviera. No obstante, todos, hasta Johann, sabían que nadie iba a disparar. La situación no fue tensa, se calmó con rapidez.

Royst dictó un nuevo comando y el cerebro de Bloody entró en reposo. Ella quedó profundamente dormida, casi al instante.

—Elynn debe descansar, ya vimos suficiente. Su Beta también es emocionalmente activo, al igual que el de Matheus. Debemos llevarlos de vuelta. Descarten los cuerpos Prefabricados de Rebeca, Alan y Dylan, y comiencen a despertar su matriz original. La recreación ya ha terminado.

Los hombres cargaron el cuerpo de Bloody y la crisálida de Cazador en una gigantesca máquina para depositarlos sobre los vehículos aéreos en los que habían llegado.

El proceso llevó sus cuantiosas horas, pero valió la pena: habían llegado a un resultado satisfactorio.

Se hicieron los preparativos para, después de veinticuatro horas, darle la bienvenida a casa a la joven guerrera finalista del proyecto.

Ella despertó poco después de las ocho de la mañana del día siguiente.

Su cuerpo se encontraba tendido sobre la cama, con pequeñas máquinas conectadas a sus brazos para medir las pulsaciones y el ritmo cardíaco, y para realizar todo tipo de control que la estabilizara.

Estaba confundida. Intentó ponerse de pie, pero sus piernas no respondían.

Se notaba extraña, fuera de su cuerpo. No tenía aquella cicatriz que la implantación del DCN le había dejado por debajo del cuero cabelludo.

Intentó levantarse con todas sus fuerzas, aproximándose a los laterales de la cama. Aunque tuviera que arrojarse al suelo y arrastrarse por los mosaicos, necesitaba salir de ahí.

La puerta se abrió justo en el instante en que estaba por tocar el suelo con su hombro.

Un muchacho con una media máscara de color negro que tapaba parte de su boca y nariz se aproximó para darle una mano. La levantó un poco y la depositó sobre la cama, acomodando su cabello a los lados.

Bloody quedó impactada, pues había identificado a ese chico, aun cuando pareciera un sueño.

El muchacho desabrochó la parte de atrás de su media máscara y mostró sus labios gruesos y una pícara sonrisa.

—No quiero que te alteres mucho, ya te explicaremos de qué va todo esto —intentó calmarla—. Soy yo. Estoy con vida —aseguró, antes de que las lágrimas corriesen velozmente por las mejillas de Bloody.

El reencuentro vino seguido de mareos, y la falta de estabilidad también le dio duro a Bloody, pero pudo reponerse relativamente rápido.

Johann la ayudó a acurrucarse sobre su hombro por unos instantes y la abrazó tan fuerte como le fue posible.

—Dime por favor que esto es real. Solo quiero saber eso, quiero saber que estoy viva en este momento.

Johann se acercó a su oído y le susurró:

—Iré a donde tú vayas…

—Y estaré donde tú estés…—contestó ella antes de romper en llanto.

Su corazón se aceleró violentamente, sus manos apretaron a Johann. No le importaba entender, ella quería sentir.

Él le dio su tiempo antes de separarse por breves instantes. Limpió sus lágrimas con un pañuelo y le explicó algomientras ella descansaba sobre sus hombros y lo abrazaba con gran fuerza. Sus dedos se hundían por debajo de su traje hasta tocar su piel.

—Tenemos una junta en media hora, tenía que venir a confirmar si habías despertado. Tu cuerpo aún se ha de sentir muy débil, pero es comprensible. No lo usas desde hace mucho tiempo. Tus recuerdos se irán alineando poco a poco, a medida que la transmisión del DCN se adecue a tu cerebro. Luego te harán un repaso de todo. Lo lograste, amor —afirmó el chico, dándole un pequeño beso sobre la comisura de los labios—. Eres la Superviviente electa en el proyecto. Tú y tu hermano lo lograron.

Bloody se quedó en silencio, no quería hacer preguntas, prefería entenderlo todo en pequeñas fracciones. De a poco, su mente se iba transformando en lo que había sido antes de participar. Entendió su pasado, quién era, por qué estaba ahí, por qué ahora estaba aquí.

Johann acarició sus brazos y le pidió que tuviera paciencia.

—Los demás reclutas y mercenarios nos esperan en la sala de juntas, tienes que vestirte y encontrarnos allí. Royst nos pidió que hiciéramos esto antes de comenzar con la segunda parte. Rebeca y Lucas ya despertaron. El doctor Prow me pidió que le diera una mano en la mañana, así que estuve haciéndome cargo de las matrices. Me llenó de emoción saber que estabas con vida. No quería verte morir ni en una simple simulación. Tu tutor siempre confió en tu poder. Yo también.

El muchacho se levantó de la cama y le indicó a su compañera que debía retirarse.

—Johann… ¿cómo está Matheus? —preguntó ella, demostrando que había empezado a recordar.

—Sigue encapsulado… sabes cómo es su asunto. Por desgracia aún no han podido despertarlo, el coma lo ha dejado en un estado de regeneración inamovible. Si el fragmento Beta no responde, lamento decirte que podríamos perderlo. Afortunadamente, parece que todo funcionará como debe y él se recuperará.

—Gracias…

Johann acercó dos dedos a sus labios y le envió un beso como señal, seguido de una sonrisa. Cerró la puerta tras de sí y caminó hacia la sala principal de aquel inmenso lugar.

Las piernas de Bloody dejaron de doler poco a poco, la quemazón intensa desapareció minutos después.

Se levantó, se miró en el espejo y vio su cuerpo original. Se sentía ella, al fin. Peinó su cabello y tomó una ducha rápida. Quería percibir las gotas de agua que resbalaban por su cuerpo, sentirse ella de nuevo. Luego de sus preparativos, vistió el uniforme de los mercenarios de Malatavash y analizó lentamente la situación.

—Mi nombrees Elynn Szothiaf… soy una mercenaria de Malatavash.

Sus pies caminaron con ligereza,mientras los civiles, soldados y científicos que paseaban por el inmenso predio la miraban y saludaban, después de varios días sin verla.

Una joven muchacha de cabello rizado se detuvo apenas la vio, la tomó de las manos y agachó su cabeza en señal de respeto.

—Es increíble que hayas llegado a la final… lamento ser tan repentina, pero admiré mucho lo que tu madre hizo por nosotros hasta el último momento. Lo llevas en la sangre y sé que podrás salvarnos —hizo una señal en cruz con ambos brazos, llevándolos hasta sus hombros—. Malatavash y el mundo dependen de tu desempeño, y no podemos estar en mejores manos.

Elynn le devolvió una cálida sonrisa y le agradeció.

—Y esa confianza nos ayudará a lograrlo.

Las chicas se despidieron, y la guerrera tuvo que seguir su camino hasta el salón de juntas.

La reunión estaba a punto de comenzar, todos esperaban las novedades después de que el segundo proyecto saliera exitoso y con buenos resultados. Resultados inesperados, pero positivos.

Elynn abrió la puerta, respiró profundamente y esperó toparse con algo que su mente pudiera diferenciar de aquella simulación realista.

Allí estaban, en una gigantesca mesa de varios metros, sentados y charlando entre sí.

En el extremo derecho más alejado de Elynn, el comandante Marcus Roses, junto a su hija y aprendiz Marlenne Roses. Quienes estaban en la piel de Six y Halley dentro del proyecto.

Casi a mitad de la mesa, el escuadrón de Rebeca Shusten y Lucas Mai, en su propia piel y en la de Zetto, su compañero, respectivamente.

En el extremo más alejado izquierdo, los científicos Alexander Prow y Christopher Crow, expertos en biotecnología y necrotecnología. Prow y Crow, los Beta básicos, los Corruptos clase A.

Poco más al centro, sobre el lado izquierdo, Johann Fénix, mercenario recientemente ascendido a rango Élite por su desempeño y colaboración.

Cerca de Elynn, en el lado derecho, Sergei Szothiaf, alias el Primer Cazador, guardián del fragmento Beta. A su lado se ubicaba un lugar vacío, donde debía sentarse Elynn; lamentablemente su hermano, Matheus Szothiaf, aún se encontraba en recuperación después de la batalla.

Lado izquierdo: Dylan Aldemoir y Alan Franz, guerreros de clase alta. Supervivientes del segundo proyecto.

La mesa rectangular también contaba con dos asientos en la parte cercana a la puerta y otros tres en el extremo más alejado.

Vacíos, por ahora.

Elynn se dirigió hacia Sergei, evitando pensar en lo ocurrido hacía poco, convenciéndose de que había sido parte de la prueba. Luchar contra su propio tutor, casi un padre. Todo era tan relativo, tan extraño. Las explicaciones se darían en breve, las pocas explicaciones que faltaban para que sus recuerdos se encasillasen como debían.

Sergei no pudo evitar hacer un comentario respecto a la batalla.

—Te entrené para que fueses más fuerte que yo, y me superaste. Es increíble… Una vez que tu hermano despierte, se sentirá más que orgulloso de ti.

Ella lo trató con algo de frialdad, furibunda por el estado en el cual élhabía dejado a Matheus.

—Sabías la situación de Matheus… él no contaba con un cuerpo sustituto. Y aun así, no tuviste piedad. ¿Qué se supone que haré si él no vuelve?

—El fragmento Beta se encargará de ello, no te preocupes. Todo lo que hicimos fue necesario. Tenían que estar preparados, saber cómo reaccionaría algo de esencia dentro de sus cuerpos, controlarla y volverse feroces guerreros para enfrentarse contra lo que hay allí afuera. No justifico toda esa matanza, pero quiero hacer algo positivo de ella.

—Todos esos Prefabricados… sentían, tenían miedo, emociones… nosotros también fuimos Prefabricados por esos días. Matamos a nuestros pares…

Sergei suspiró, sin intentar convencerla de nada, pero ayudando a que se quitase la culpa.

—Estaban hechos para morir después de diez días. Sus cuerpos se iban a deshacer con el tiempo, querida. No tienes por qué culparte… Además, tú no mataste a ninguno de ellos. Yo sí…

Elynn se mantuvo en silencio, notando el dolor que Sergei tenía dentro de sí. Ser un villano por tanto tiempo le había afectado. Aún no entendía del todo cómo había funcionado ese proyecto, pero sabía que él no estaba del todo de acuerdo con su comportamiento. Nunca había deseado ser un villano.

—Es tan extraño todo esto… veo a esta gente, contra la que me enfrenté. Los odié. Cada uno fue amigo o enemigo. Creí perderlos, los conocí por segundos y luego, al despertar, sabía absolutamente todo sobre ellos. Eran mis colegas. Los recuerdos vinieron hacia mí como una catarata de emociones que fluía hasta mi corazón. Aún te puedo recordar, todo lo que has hecho por mí, por mi hermano y por… mi madre. Y yo te maté hace poco.

—Anthony diseñó todo, los recuerdos, el proyecto, como si fuera una historia contada de forma dinámica. Él pensó que todo esto funcionaría, y lo hizo. Los preparó para el mundo exterior. Ahora sé que no debo temer por algo que te suceda allí afuera. Me has acompañado en misiones antes, pero no en lo que se vendrá próximamente —observó a la chica y le confió unas palabras—. Sé que al menos tú vas a sobrevivir, con o sin esencia de Beta dentro de ti.

Elynn se sonrojó un poco, sintiendo orgullo por las palabras de su maestro.

Aún las cosas se sentían incómodas. Los villanos que tan malvados se habían visto, comportándose de forma agresiva e impulsiva, ahora eran personas de bien, que buscaban proteger a la humanidad contra todo peligro. Luchando a favor de la gente, siendo la última barrera que el ser humano tenía para subsistir.

El salón terminó de llenarse con un último invitado y participante, Royst Sindaeón, líder de Malatavash, nombrado como el Guardián de Hierro, el amo de las máquinas.

Ayudado por su bastón metálico dio varios pasos hasta llegar a su silla. La reclinó hacia atrás, la tiró levemente y tomó asiento.

Acomodó sus manos por debajo del mentón, cruzadas, y sonrió. Se aclaró la garganta, para que todos le prestaran atención. La sala completa se encontraba en silencio.

Una gigantesca pantalla holográfica hizo aparición en el medio de la mesa, reflejando lo mismo para cada integrante del foro de discusión.

­­­—Como todos sabrán, la primera fase del proyecto ha concluido. Sepan disculpar la demora, pero necesitaba arreglar unos últimos asuntos antes de dar las noticias. Todos han despertado, sus recuerdos han sido devueltos y su aura ha sido establecida correctamente. Sus cuerpos sustitutos fueron desmantelados y destruidos, de pies a cabeza; ahora cada uno habita su propio cuerpo. La Prefabricación ha sido cancelada para próximos proyectos, ya que es momento de dar paso a la segunda parte. Basta de pruebas.

La pantalla reflejó una imagen del planeta Tierra, como símbolo de repaso de todo aquello que había ocurrido a lo largo de los años. Una explicación a modo de revisión les ayudaría a todos a recordar los últimos detalles.

—El mundo como lo conocemos actualmente siempre ha estado rodeado de misterios, y uno ha sido el de nuestra misma creación. No sabemos de dónde venimos, ni a dónde vamos. Qué hay más allá, por qué motivo estamos aquí. Y aun queriendo descubrirlo, jamás llegaríamos a una verdad absoluta. El ser humano siempre ha intentado encontrar una respuesta. Decodificar el programa. Por qué los animales son y se ven de tal forma, por qué comen, viven, se reproducen y mueren. Qué hay más allá, por qué tenemos estas ideas y somos capaces de crear, de vivir, de modificar. De ser dioses en nuestra cabeza. Creamos, damos vida, inventamos, avanzamos. ¿Por qué dar tal capacidad a alguien tan imperfecto como el ser humano?

La Tierra dentro del holograma comenzó a girar, mostrando diferentes fases, desde las primeras construcciones humanas hasta el avance actual y un poco más.

—Los humanos tenemos miles de defectos incorregibles, como el creernos con poder sobre todo lo que nos rodea y el secretismo. Y ahí, la Orden surge como operador. Hace cientos de años, el primer indicio de búsqueda sobre nuestro origen apareció justo debajo de nuestros pies. El fragmento Alpha, un artefacto capaz de abrir nuestra mente más allá de lo posible. Se tuvo como una señal divina o del cosmos, algo que nos ayudaría a ser guiados por aquello que nos trajo a este mundo, que nos formó desde la nada.

Un retrato del primer sacerdote de la Orden, quinientos años antes, apareció sobre la mesa.

—Elisha Selenia, el primer Guardián: así fue llamado elcreador de la Orden. Él, a lo largo de cientos de años, intentó seguir lo que aquel artefacto le dictaba por las noches; al dormir, sentía cómo una voz lo guiaba hacia la ubicación de otros tres artefactos, y le decía que necesitaba reunirlos para encontrar la Verdad, la paz eterna y la felicidad a nivel mundial. Él fue entregando dicho artefacto de generación en generación, explicando sus enseñanzas, y demostrando su fe en que esto alguna vez sucedería. Trescientos años después, Samantha Lidcraft, hija de un viejo alquimista, encontraría el segundo fragmento en un bosque cercano a su hogar.

La imagen de dicha mujer apareció ahora en pantalla.

—El segundo artefacto no solo afectó la condición mental de Samantha, sino también su condición física. Ella se sentía con más fuerza, con una incontrolable energía y, por momentos, con una ira con la que terminaba por arremeter contra cualquiera que se interpusiera en su camino. Intentó separarse del fragmento al descubrir qué tanto afectabasu vida. Sus enseñanzas nutrieron la mentalidad de los pocos seguidores que, ignorando cualquier otra fe, aseguraban que el verdadero poder estaría escondido y resguardado de toda maldad y codicia humana.

Una nueva imagen, un poco más reciente, de hacía sesenta y cuatro años, mostraba a un viejo pastor de la Orden. Zachary Temsa.

—En el año 1953, Zachary Temsa, uno de los herederos más recientes de aquellos dos fragmentos, pudo localizar un tercero. El fragmento de la energía inagotable: Gamma. Lo halló después de recorrer el mundo en una intensa odisea. Se movilizó de una punta a otra, siguiendo pistas que, de forma onírica, se le presentaban como una apertura más allá de lo que nuestra mente podría asegurarnos. Y así fue que él pudo encontrarlo. Guardó aquel fragmento junto a los otros, y pudo cumplir su misión en la vida. Con sesenta años, había conseguido lo que tanto había buscado.

La imagen de los tres fragmentos resplandecientes inundó la pantalla con pequeños detalles de cada uno: Alpha, la mente; Beta, el cuerpo; Gamma, la energía. Un cuarto fragmento apareció en escena.

—Veinte años más tarde, su nieto, Harold Sindaeón, hijo de Sasha Temsa y Robert Sindaeón, descubriría la existencia de un cuarto fragmento. El último en la vasta cronología y en la búsqueda en que la Orden se veía metida. El fragmento Omega, la destrucción. Con su hallazgo, al fin se cerraría un capítulo en la búsqueda del origen, la humanidad llegaría a la iluminación que tanto había deseado. Pero nadie contaba con que nosotros, los seres humanos, somos la aberración más grande que alguien haya podido crear.

La imagen de cuatro personas diferentes apareció sobre la mesa. Una mujer de cabello rubio y grandes ojos verdes, un hombre de cabello largo y bigote fino, el retrato del mismísimo Royst y el retrato de Sergei.

—Años después, Harold, temiendo que gente de la misma Orden quisiera el poder para su propio bien, designó a cuatro personas de confianza como los primeros guardianes de cada fragmento. Viejos colegas de una pequeña organización que él había creado para preservar la vida humana, una ONG aceptada por la mismísima ONU como el organismo más secreto y oculto de todos. Malatavash, la última resistencia ante la catástrofe.

»Malatavash ya llevaba algunos años formada, y se encargaba de asuntos de vital importancia para el mundo. Era un grupo de poderosos mercenarios que cumplían determinadas tareas para preservar la seguridad de los fragmentos, y así mantenerlos ocultos del resto del mundo.

»Cada piedra fue asignada a una persona, dos miembros de la Orden y dos de Malatavash. Los dos fehacientes guerreros de la Orden darían su vida por encontrar la verdad, y se designaban a sí mismos como hijos del Dios creador. Eran capaces de controlar la fuerza que cada pieza tenía dentro de sí, sin perder el control ni ser entes potencialmente destructivos.

»Claude Sunderland, una astrofísica polaca de veinte años de edad, inteligente y habilidosa. Guardiana de la piedra Alpha, la mente. Capaz de mantener su creatividad más allá de lo que cualquier artista podría hacer en su mejor momento. Creadora de todo, con excelentes ideas de mejoras y avances. Utilizó el fragmento para conocer más de aquello que se encontraba oculto frente a nosotros.

»Ángelus Belphor, un excéntrico conocedor de las fuerzas oscuras. La alquimia era su fuerte; élera un gran herbolario con capacidades curativas y conocimientos sobre todo tipo de magia que entrometiera la vida con la muerte. Era el barquero del Styx en nuestros tiempos. El guardián del fragmento Omega.

»Royst Sindaeón, el guardián del fragmento Gamma. Soy conocedor de la tecnología, colaborador de Claude y fiel seguidor de sus ideas. Juntos creamos infinidad de artefactos utilizando la energía Gamma. Intentamos conseguir la fuente de energía más grande jamás conocida y fallamos, pero aun así jamás nos rendimos. Aquello que buscábamos, lo inagotable, estaba a tan solo un paso. La ciencia lo tenía todo para hacer de la humanidad algo mágico. O eso al menos intentábamos.

»Sergei Szothiaf, el guerrero supremo. El Primer Cazador, el más fuerte e inigualable. Uno de los mayores soldados que jamás haya existido, que ha ganando miles de combates cuerpo a cuerpodefendiendo con su vida todo aquello que él cree correcto. Imbatible, imposible de derrotar. Guardián del fragmento Beta, el cuerpo, capaz de causar modificaciones físicas más allá de la razón. Todo ser fue creado gracias a su poder. No había límites que dicha fuerza conociera.

»Sin embargo, en el año 2010, una tragedia sacudió al mundo.Uno de los fragmentos fue robado y tomado por los rebeldes de la misma Orden que había jurado protegerlos. Asesinando a Claude de por medio.

»Ángelus Belphor, el principal y único sospechoso.

»Él, abusando de un inmenso poder sobre la vida, comenzó a experimentar con el fragmento Omega en un lugar desolado de su propia mansión. Descubrió algo llamado Ikarus, una fuerza irracional que convertía a todo aquel que tocabaen un sádico y desalmado asesino, sediento de sangre. Aquello que cada fragmento tomaba al dominar a la persona que lo llevaba consigo. Así como la esencia del Beta transformaba a su huésped, el fragmento de Omega hacía exactamente lo mismo, pero diez veces peor. Cada fragmentopodía convertir a su huésped en un mutante con habilidades inimaginables, dándole un índice de peligro masivo.

»Los casos de gente afectada por el Ikarus crecieron hasta niveles desbordantes, creando una paranoia por aquella pandemia incorregible.

»Eso, la muerte de Claude, la aparición de los Corruptos por el Ikarus, todo inculpaba más y más al mayor responsable que la Orden pudiera haber proclamado como el elegido y correcto guardián del fragmento más peligroso.

»El soldado Sergei, el primer Cazador, fue enviado a la mansión Belphor para aclarar el panorama y sacar del camino a Ángelus, antes de que las cosas fueran más allá.

»La numerosa familia Belphor se comportaba con normalidad, aunque la charla con Ángelus fue poco convencional. Y, después de un impactante descubrimiento y de la toma de control a nivel mundial por parte de Malatavash para resguardar la seguridad y la salud humanas, los jefes a cargo de la organización señalaron a Ángelus como único culpable, ordenando a Sergei acabar con su vida y tomar el fragmento que poseía.

»Desafortunadamente, Ángelus también contaba con el fragmento Alpha, robado a Claude después de asesinarla.

»La mansión Belphor ardió esa tarde, convirtiendo todo en cenizas y dejando a su suerte a dos pequeños y jóvenes hermanos: Amadeus y Anthony Belphor.

»Reclutados por Malatavash, entrenados como guerreros, ellos hicieron el juramento y prometieron salvaguardar la vida humana ante todo.

»Anthony, con quince años de edad, contaba con una mente acelerada para su edad, con ideas alocadas e increíbles, con una capacidad creativa imposible de comparar con la de otros niños.

»Amadeusposeía con una habilidad y un desarrollo de su propia destreza imposibles de equiparar. A ambos se los veía extrañamente fuertes, capaces, inhumanos.

»Los herederos de la familia Belphor contaban con algo que nosotros desconocíamos hasta el momento. Poco podríamos haber sospechado que, seis años después, un ataque a nuestra sede principal acabaría por dejarnos un inmenso número de reclutas caídos, y que Amadeus abandonaría el bando de Malatavash y sería reclutado por la nueva Orden:guerreros de identidad desconocida que buscaban desmontar todo equilibrio y llevar a la humanidad al borde de la extinción, convirtiéndose a sí mismos en semidioses.

»Fue entonces cuando decidí dar pie a un proyecto de avanzada tecnología que revolucionaría esta guerra interna que nuestro mundo había vivido a lo largo de siete años.

»El proyecto Supervivientes.