Tan solo me alejo - Aldana Álvarez - E-Book

Tan solo me alejo E-Book

Aldana Álvarez

0,0
10,99 €

-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

Todos tenemos un hogar, ¿no es así? Jamie recordó que una vez tuvo uno muy importante, Sunny; una muchacha de ojos color noche. Todas las tardes, cada vez que corría las mismas calles hasta poder llegar hasta ella, él sentía aproximarse a un bonito y cálido hogar. Y cada vez que experimentaba la sensación de esos brazos rodeándolo y lo reconfortándolo, sabía que finalmente había llegado. Pero como todo en la vida, aquello desapareció. Jamie intentó lidiar con ello y dejarla ir. Pero luego de encontrar el libro que su mejor amiga escribía con pasión, decidió realizar un viaje: Finlandia. Él, a pesar de estar en el momento más oscuro de su vida, en búsqueda de su hogar, la esperaría. Pero estaba asustado; temía que las auroras no se sintiesen como en casa. Sin embargo, ¿valdría la pena el riesgo con tal de volver a sentirla cerca?

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB
MOBI

Seitenzahl: 372

Veröffentlichungsjahr: 2020

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Alvarez, Aldana

Tan solo me alejo / Aldana Alvarez. - 1a ed . - Córdoba : Tinta Libre, 2020.

336 p. ; 22 x 15 cm.

ISBN 978-987-708-581-5

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas Románticas. 3. Literatura Juvenil. I. Título.

CDD A863.9283

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,

total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución

por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad

de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2020. Alvarez, Aldana

© 2020. Tinta Libre Ediciones

A mis padres, por ayudarme a realizar este viaje.

A Cande, por siempre acompañarme y ser mi página siete,y a Los Tupios, por quitarme el color grisa la hora de pintar el paisaje.

Tan solo me alejo

No pude dejarte ir

La razón por la cual esta noche es demasiado bellaprobablemente no sea por el brillo de aquellas luces estrelladas, sino por nosotros.

—Bangtan Sonyeondan.

Capítulo 1

El comienzo

Sunny estaba despierta, quería mantenerse de aquella manera ya que, sentía que, si sus ojos se cerraban por alguna razón, algo malo ocurriría.

Su estómago ardía, era aquel insoportable dolor emocional, no sabía cómo sacárselo de encima, cuando comenzó a sentir un insoportable dolor en su cabeza, empezó a removerse de un lado a otro en la camilla, quería que la ayudaran, que alguien la protegiese... Se sentía demasiado débil, y se había dado cuenta de que en aquella madrugada estaba sola.

La puerta de su cuarto se abrió y ella se alivió un poco, al menos alguien la acompañaría por unos segundos, además de su soledad.

Era un enfermero, caminaba de forma lenta y, en la oscuridad, Sunny pudo notar lo cuidadosos que eran sus movimientos. Había dejado un vaso de agua en la pequeña mesita de noche junto con los remedios que la joven tendría que tomar en el desayuno. El muchacho terminó su labor, por lo que se dio la vuelta y en el momento en que iba a retirarse de su habitación, la niña no pudo contenerse.

—Hey... —soltó ella haciendo que aquel muchacho detuviese sus acciones. Se dio la vuelta y se acercó a ella con cuidado, sigilosamente, probablemente para evitar que Sunny se desvelase por completo.

—¿Te sientes bien? —preguntó él, jamás había atendido a Sunny y de hecho hoy tuvo que hacerlo para cubrir el turno de una de sus compañeras. Así era el trabajo allí, favores por favores y mientras no cometieran un error, ya que aquello podría terminar en tragedia, aquel negocio de “dame tu ayuda y yo te lo pagaré cuando necesites la mía” seguía vigente.

—No... Tengo miedo, no quiero dormir —habló ella y el muchacho frunció sus ojos—… siento que no despertaré —el chico al oír eso se sorprendió, era un poco extraño lo que le estaba diciendo, pero a su vez aquel presentimiento podría llegar a ser verdad y eso lo espantaba, pues a simple vista Sunny era una chica joven, no debía morir a estas alturas.

—¿Te duele algo? —le preguntó el joven, descolgándose el estetoscopio del cuello.

Sunny no respondió, simplemente se quedó en silencio mientras el enfermero se aseguraba de que sus latidos fuesen normales. No sabía qué responder a aquella pregunta, era demasiado simple, pero a la vez compleja.

¿Le dolía algo? Su cabeza era un infierno, el estómago se le estrujaba y le ardía, y aquel dolor no poseía ningún órgano, simplemente se apoderaba de su torso y a veces de su pecho. Pero aquello no era tan doloroso, era molesto. No la dejaba dormir y hacía que piense, y aquello no se le daba muy bien. Solía pensar en su madre y eso producía que el dolor aparezca. Luego pensaba en su padre y ocurría lo mismo. No podía pensar muy seguido. En sí, creía que lo físico era más soportable que aquel dolor de estómago que no se apoderaba de ningún órgano en específico, y aparecía para culpar a sus emociones.

—¿Puedes quedarte aquí hasta que duerma? —le respondió con una pregunta, más bien parecía que le rogaba.

El chico se quedó pensado por un momento, podía hacer eso, simplemente sacrificaría llegar a su casa y dormir en su plácida cama, y poder descansar en la comodidad de su hogar, lo consideraba el mejor plan de un sábado en la noche. Pero los ojos de Sunny se veían demasiado asustados en la oscuridad de la habitación, desde luego que aceptaría.

—Está bien —el enfermero tomó la silla que se encontraba en el escritorio de Sunny y la colocó a un lado de la cama.

Sunny se acomodó y se tapó con aquella abrigada frazada, giró su cuerpo de manera que pudiera ver al muchacho y así vigilar que no se vaya hasta que se duerma, y si intentaba hacerlo cuando la vea con los ojos cerrados probablemente le diría que es mal enfermero, después de todo ¿qué clase de persona no pasaría la prueba del dormido? Lo primero que solía hacer Sunny era entrecerrar sus ojos por unos largos minutos y si el enfermero seguía allí, era todo un profesional. Pero si se iba cuando podía ver que llevaba con sus ojos cerrados más de un minuto, lo graduaba con el título de mal enfermero por el resto de su vida.

—Y si no despierto... Hay un chico que se llama Jamie, es alto y tiene ojos celestes muy lindos, quiero que le digas que lo quise mucho —hablaba Sunny, pero el enfermero solamente pensaba que era un delirio de la joven, sus latidos estaban un poco acelerados, y él asoció que se debía al miedo.

—¿Es tu enamorado o algo así? —cuestionó el muchacho mientras senreía, aunque Sunny no pudo observarlo.

—No... Claro que no —afirmó ella—, sus ojos no son tan hermosos —comentó algo dudosa—… le dirás que lo quise mucho ¿verdad? También tienes que darle mi cuaderno, quiero que lo lea, es una parte de mí que quiero que conserve... No creía que iba a entregárselo... Pero al ver las circunstancias... —le estaba comenzando a dar mucho sueño.

—Se lo daré, lo prometo. Duerme, parece que estás muy cansada.

—Lo estoy —respondió Sunny—. No me quiero ir... Quería ver a Jamie y a Sunny juntos —suspiró y terminó cayendo en un profundo sueño.

Un sueño del que jamás pudo despertar... Aquel sueño que hizo que su corta y desdichada vida termine, pero que a su vez fue el motor que puso a esta historia en marcha.

Capítulo 2

Los no atendidos

“Perdona mis sonrisas, apareciste sin avisar,¿cómo no asustarme? Estoy acostumbrada a que se vayan sin hacerlo”.

Sunny estaba escribiendo aquel libro suyo, era una especie de fetiche, veía la cantidad de hojas en blanco que tenía y simplemente las completaba, estaban llenas de frases que hacían referencia a su lugar favorito, o a lo que sentía, se consideraba toda una escritora y hacerlo la distraía bastante.

En el momento en que su madre la vio de aquella manera, tan concentrada en su escritura, sonrío.

—Pasas demasiado tiempo escribiendo —su madre era una mujer alta, de cabellos grises y rubios. Solía preocuparse todos los días por cubrir los quehaceres de la casa y asegurarse de que su ex marido pagara la despensa de su hija. Pero hoy no era un día muy ocupado.

—Ma... ¿Necesitas ayuda con algo? —comentó Sunny mientras cierra su cuaderno y acomoda su corto cabello.

—¿Quieres cocinar conmigo? —le preguntó su madre, animada por pasar un tiempo de madre e hija, pues en el fondo algo le decía que nada era para siempre y que debía hacer algo al respecto, era un lindo día y una mañana con su hija era irremplazable.

Sunny sonrió gustosa. Ambas se colocaron su delantal y comenzaron a cocinar. La madre de la muchacha estaba feliz, a pesar de la terrible situación que ambas estaban afrontando, aquella mañana parecía como si ninguna mala noticia hubiese llegado a la pequeña y disfuncional familia. Debían aprovecharlo.

Sunny estaba sumida en sus pensamientos, de vez en cuando se reía de los chistes de su madre. Pero en realidad se sentía desorientada, como si la información de la hospitalización hubiese llegado hace minutos, y aquello no le había sentado para nada bien. No quería dejar su casa para internarse por muchísimos días en aquel gran hospital, rodeada de personas tristes que posiblemente compartan sus penurias con ella.

—Mami —la llamó la joven—… ¿Cómo crees que esté papá? —preguntó, sorprendiendo a su madre, sabía lo mucho que su hija odiaba hablar de aquel tema. Pero que ahora lo haya sacado a la luz, era extraño.

—No lo sé mi amor, está como debe estar —habló la mujer mientras pelaba aquellas papas para el puré del mediodía—. ¿Me alcanzas las demás papas, hija? —le pidió y Sunny restregó sus manos en el delantal para secarlas.

Se giró y visualizó las papas que se encontraban en una bolsa de supermercado en la mesa de la cocina.

Comenzó a dar un paso, luego otro, el tercero por alguna razón fue algo complicado de dar, y en el cuarto... sintió que su cabeza daba vueltas, su audición era demasiado débil y su respiración se agitó por un momento.

—¿Por qué quieres saber acerca de él...? —la voz de su madre sonó lenta y demasiado lejos, y fue raro ya que solo estaban a unos dos metros de distancia. Los ojos de Sunny se hicieron hacia atrás y cuando intentó equilibrar su peso con su pie izquierdo se desplomó en el suelo.

Jamie se encontraba en la sala de espera de aquel enorme hospital. Los enfermeros estaban atendiendo demasiadas urgencias a la vez y eran tan graves que ni siquiera se inmutaban cuando veían el rostro pálido y de dolor que había comenzado a tener el chico.

Su pierna estaba fracturada, el juego de básquetbol iba de maravilla, su equipo ganaba gracias a sus astutos movimientos y destacadas jugadas... pero Brad, aquel detestable chico había golpeado con demasiada fuerza su pierna —podía decirse que incluso con mucha rabia—, tanta que había hecho que Jamie terminase allí, en urgencias.

—Iré a ver por qué rayos no nos han atendido —habló el entrenador, quien estaba acompañando al muchacho. Ambos habían estado en la zona de “los no atendidos” durante varios minutos, y no podía seguir así.

Jamie asintió mientras tocaba su pierna izquierda y fruncía sus ojos por el dolor. Sentía que algo dentro de su pierna se encontraba haciendo pedazos todos sus nervios y músculos, y pensar en aquellas cosas hacía que la zona le ardiese más.

Las puertas de la sala de espera se abrieron, y Sunny, algo desorientada, pudo dirigirse a la zona de “los no atendidos” sin problemas. Su madre se había quedado en recepción, hablado con su doctor personal para que la atendieran lo más rápido posible, y claro que le iba a contar lo sucedido hace unos minutos, lo haría con algo de drama y, por supuesto, agregaría los: “ya no sé qué hacer, estoy desesperada”, “necesitamos ayuda, ambas odiamos pasar por esto”, “estoy cansada de esta situación”.

Si ella estaba cansada... Entonces el cansancio de Sunny era inimaginable.

Jamie notó que se encontraba demasiado pálida, en cada uno de sus pasos pudo imaginarse el cansancio con el que tenía que lidiar su cuerpo, y en cierto modo pudo sentirse agradecido por estar en la situación en la que él estaba, y por no encontrarse en los zapatos de aquella pobre chica.

Ella reposó su espalda en la pared de enfrente, y Jamie frunció el ceño. ¿En serio? ¿Prefería estar de pie en vez de sentarse en las sillas que se encontraban libres?

—¿No quieres sentarte? —preguntó Jamie, quiso creer que aquella chica no se había dado cuenta de la presencia de las sillas desocupadas en la habitación.

—Es peor si me siento —soltó ella con una voz algo ronca mientras acariciaba su frente y posaba su mirada en Jamie.

Observó el estado de su pierna, la misma estaba en el suelo y Sunny notó que se trataba de una fractura, descansaba muy hinchada teñida de un color morado y rojo, como si se tratara de un gran golpe.

—Debes subir tu pierna —le dijo Sunny mientras aclaró su voz.

—¿Qué? —cuestionó Jamie un poco adolorido.

—Ponla sobre... una de las sillas que tienes a un lado, veras que no te dolerá tanto — recomendó Sunny y Jamie le obedeció, luego de unos segundos pudo llegar a sentir cierto alivio respecto a su pierna, y le agradeció a la muchacha.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó Jamie de manera curiosa. Sunny pensaba en una forma sutil para responder a aquella pregunta.

—Me enfermé y... me recuperé y hoy... volví a enfermarme —ella suspiró con pesadez, pero sonrió ante su explicación. Jamie asintió.

—Eso apesta —suspiró mientras acomodaba su pie en la silla de su izquierda.

—No creo que... sea tan doloroso como eso —dijo ella mientras acariciaba su frente por unos momentos.

—Duele demasiado —soltó él y esto hizo que Sunny sonriera.

Jamie sintió algo extraño dentro de él apenas la observó, era raro... pero por alguna razón experimentó alguna especie de conexión. Aquello lo hacía sentir extrañamente cómodo, muy cómodo, se podía decir que intercambiar un par de palabras con aquella chica incluso lo hizo feliz por un momento.

—¿Estás bien? —cuestionó él al ver la manera en la que cerraba sus ojos, con fuerza, como si algo dentro de ella le estuviese haciendo mucho daño en este momento.

—¡Sunny! Ven cariño eres la siguiente —habló Margo, la enfermera y recepcionista del lugar.

—No... Él estaba antes de mi —le dijo ella, mientras la mujer la sujetaba, ya que esta temía que la muchacha pudiese caer.

Otros enfermeros aparecieron intentando convencer a Sunny de que sea atendida en primer lugar, pero ella se resistía, pues había llegado última y el hecho de que la asistan primero era injusto.

—Tenemos que irnos y no podemos perder tiempo por sus caprichos —los enfermeros hablaban entre ellos y esta frase fue la que logró escuchar Sunny, entre gritos, ruido de hospital y murmullos de parte de las personas que estaban en el lado de “los atendidos”.

—¡Tiene una pierna fracturada! ¿Es en serio? —Sunny estaba a punto de perder los estribos— Si no me escuchan y no lo atienden a él primero entonces, me iré —le hablaba la muchacha seriamente al enfermero que le había faltado el respeto anteriormente.

Aquel hombre asintió, Sunny no tenía tiempo para discutir ni tampoco ánimos, por lo que ni siquiera insistió para que se disculpara por haber dicho lo que dijo. Los enfermeros ayudaron a Jamie a pararse y con cuidado lo trasladaban lentamente a pie hacia la sala de urgencias.

Antes de doblar aquel extenso y blanco pasillo, Jamie giró su cabeza.

Estaba dejando atrás a una descompuesta y, a pesar de todo, muy fuerte chica. Sunny lo había visto en la distancia y el hecho de haber notado que Jamie se había girado para verificar si estaba bien la había hecho sonreír.

Instintivamente ella sonrió, alzó un poco su mano y la agitó haciendo que Jamie sonriera y volviera su vista al frente. Pero aquel ademán no había quedado muy claro.

¿En realidad estaba diciendo “Hola, fue un gusto conocerte”, ¿o quizá era nada más ni nada menos que un simple “Adiós”?

Capítulo 3

¿Estás bien?

“Quizá nunca preguntaste, o si... Sabía que querías saber de mí, te preocupabas y no pude entenderlo, creo que solo se trataba de tu peculiar forma de decirme que te importaba”.

—Te pondremos aquí, será solo por unas horas no creo que el dueño se moleste —Jaime estaba por recibir el alta mañana por la mañana, al parecer el cuarto en el que se iba a instalar estaba fuera de servicio o algo así, lo cual era ridículo.

¿Cómo podría un cuarto estar fuera de servicio? Era una habitación no un baño, quizá alguien rompió algún barrote de la cama... o probablemente se estropeó la iluminación, pero ¿estar fuera de servicio? ¿En serio?

El enfermero supuso que tomar este cuarto algo pequeño y al parecer recién arreglado sería buena idea, por lo que Jamie no protestó.

—Instálate mientras yo chequeo nuevamente tu historial —habló el sujeto de cabellos negros y algo largos, mientras tomó una libreta larga.

Jamie se sentó en la cama y alzó su pierna fracturada, la cual estaba dentro de una gran bota negra, esto no le permitía mover la articulación de su tobillo, no es que tenía ganas de hacerlo, sino que se sentía algo incómodo. Pero pronto podría volver a jugar al básquetbol, al menos dentro de unos meses.

En el momento en que Jamie sacó su teléfono celular de su mochila, se escuchó un golpe en la puerta, como si alguien hubiese chocado fuertemente con ella. Jamie al igual que el enfermero observaron algo sorprendidos la puerta de la entrada al cuarto.

Pudieron darse cuenta de que alguien que se encontraba en silla de ruedas había intentado ingresar, pero había chocado con la puerta de aluminio.

—Déjame ayudarte —el enfermero se acercó a la persona en la entrada, Jamie no podía identificar aún de quién se trataba.

—No, no y no. Yo puedo, tan solo déjame... —aquella voz era femenina.

La dueña de la voz intentó entrar a la habitación unas dos veces y se negaba a aceptar la ayuda del profesional. Finalmente, en el tercer intento, logró entrar.

Sunny, ya en la habitación, observó sorprendida a Jamie y él también lo hizo, pues la última vez que este se había encontrado con ella, se encontraba algo débil. Pero ahora no era así. Ella vestía unos pantalones rosas algo holgados, junto con un sweater blanco abrigado. Su piel no era pálida, se encontraba lúcida y sus ojos se veían despiertos, no como antes, en la sala de espera, que parecía que se iban a cerrar inconscientemente en cualquier momento.

—Si hubiese sabido que tenía visitas... Me hubiese arreglado un poco, o hubiese cocinado algo —habló Sunny provocando la risa de Jamie y la de el enfermero.

—¿Este es tu cuarto, Sunny? Yo creí que tú —Jamie notó que el enfermero comenzó a hablar normalmente pero luego, al ver la manera en la que Sunny agachó su cabeza debido a su pregunta, simplemente se detuvo, y el ambiente pareció tornarse algo triste.

—Sí —comentó ella mientras realizaba una sonrisa torcida, sonrisa que Jamie notó que forzó.

—Lo siento —dijo el profesional mientras observaba a Sunny con pena—, iré a ver... en recepción cómo soluciono el tema de la habitación de Jamie —habló haciendo entender a Sunny que el chico que se encontraba en su cama se llamaba Jamie.

Sunny asintió y seguido de esto, el enfermero se retiró a paso apresurado hacia el lugar mencionado.

—¿Cómo estás? —preguntó Jamie mientras observaba cómo Sunny se trasladaba hacia una especia de escritorio que parecía vacío, pero en realidad no lo estaba, ya que la chica había sacado un pequeño libro que se encontraba dentro de los cajones.

—Bien. ¿Cómo está tu pierna? —Sunny respondió rápidamente, restándole importancia a la pregunta de Jamie para luego cuestionar otra cosa.

—Genial, podré jugar al básquetbol dentro de unos meses... Y me parece bien —Jamie habló sonriente.

Sunny detuvo repentinamente sus movimientos al oír lo que el chico había dicho, luego dejó su libro sobre el escritorio para girarse rápidamente y observar a Jamie con su ceño fruncido.

—¿Qué? —preguntó ella, al parecer confundida.

—Que estoy bien, podré volver a jugar dentro de unos meses, los doctores dije... —las palabras de Jamie fueron interrumpidas por las de Sunny.

—¿Te gusta el básquetbol? —cuestionó Sunny y Jamie asintió repetidas veces—¿Y por qué estás feliz? No digo que no debes estarlo, pero... ¡Jugarás recién en meses! ¿No tienes ganas de hacerlo justo ahora? —la voz de Sunny parecía muy ansiosa, como si tuviera ganas de moverse y no pudiera.

—Pues... La verdad no me gusta demasiado el básquetbol... A papá le encanta, él me metió en el equipo —comentó él.

—Ya entiendo todo —habló Sunny mientras por su cabeza se imaginaba el tipo de relación que tenía Jamie con su padre.

Dedujo que su relación no era la mejor de todas, quizá su padre lo metió en el equipo y Jamie en un principio tal vez estaba en desacuerdo, pero al ver el orgullo que sentía su padre accedió, y aquello es lo que hacía que siga en pie su título en el equipo de básquetbol.

—¿Y tu mamá? —Sunny había encontrado su cepillo y guiándose por un pequeño espejo comenzó a peinar su corto cabello, mientras sacaba algún tema de conversación.

—Ella murió... hace cuatro años, fue un accidente —habló Jamie intentando mantener su voz estable, mientras un flash provocó que recuerde cada detalle de la muerte de su madre, y aquello hizo que su pecho ardiera.

—¿Por qué soy tan tonta? —Sunny se lamentó mientras tapaba su rostro, logró maldecirse internamente como ocho veces por no haber sacado el tema del clima en vez de seguir hablando acerca de familias.

—¡No! Tranquila, pasó hace mucho tiempo— Jamie intentó hacer que Sunny no se sintiese mal por la pregunta que formuló hace minutos—. Además, todos... perdimos algo importante alguna vez. ¿Tú no? —preguntó para hacer que Sunny se distraiga y comience a hablar.

—Mmmm... No lo sé —habló Sunny mientras dejaba el cepillo y el espejo sobre el escritorio.

—¿Cómo que no lo sabes? —Jamie frunció sus cejas y sonrió un poco.

—¿Nunca tomaste a alguien por muerto? Eso me pasó a mí, una vez me di cuenta de que conocía a una persona muy cruel... entonces decidí darla por muerta, hacer como si no existía —comenzó a hablar Sunny mientras observa algo hipnotizada los celestes ojos de Jamie—. Me pasó eso, creo que puede catalogarse como una especie de perdida... O tal vez soy muy ridícula, y lo que estoy diciendo es tonto —Sunny desvalorizó sus palabras mientras suspiraba y miraba por la ventana del cuarto.

—De hecho —habló Jamie captando la atención de Sunny—… lo que dices tiene mucho sentido, y tienes que saberlo... ¿Sueles llamarte tonta a ti misma muy seguido? —Jamie le sonrió a Sunny, notó alguna especie de baja autoestima en aquella chica, hablaba con poca seguridad, como si no confiara ni siquiera de sus propias palabras.

Sunny sonrió un poco ante la pregunta de Jamie.

Ella suspiró y luego se trasladó hasta la punta de la habitación. Jamie observó cómo plegaba las pequeñas placas en las que estaban apoyados sus pies en la silla de ruedas y las cerraba. Ella apoyó sus pies en el piso alfombrado de la habitación, parecía que iba a comenzar a caminar.

—¿Estás segura de que puedes hacerlo? —cuestionó él mientras se sentó correctamente en la cama, algo inquieto y atento a los movimientos de Sunny, pues temía que se lastimara o tropiece.

—Se trata de caminar, ya lo he hecho unas cuantas veces —Sunny logró ponerse de pie mientras se burla de Jamie. Él simplemente sonrió y no le hizo caso a la burlaba, pues de verdad temía que la chica que se encontraba delante de él se haga daño.

Sunny comenzó a caminar con pasos pequeños y muy cuidadosos. Estiraba sus piernas, pues estar sentada mucho tiempo no era nada cómodo, por mucho que lo pareciera.

—Vas bien —comentó Jamie prestándole atención a los pasos de Sunny, más de la que ella estaba prestando—… ten cuidado con la cama —habló cuando vio que Sunny estaba cerca de la esta.

—¿Ves? Fácil —dijo ella cuando logró esquivar lentamente la cama, pero luego, por alguna razón perdió el equilibrio, pues no estaba del todo lista para caminar, los medicamentos que había tomado horas antes aún estaban haciendo efecto.

En el momento en que Jamie oyó el grito de Sunny debido a que se estrelló contra el suelo, instintivamente, y también por el gran susto, se puso de pie, su pierna ardió un poco al entrar repentinamente en contacto con el suelo.

—Estoy bien... Dios estoy —Sunny se sentó en el suelo y puede ver cómo Jamie se encontraba inclinado hacia ella, para verificar si realmente se encontraba bien, pero se sorprendió al ver al chico parado—… ¡¿Qué haces?! ¿Acaso debo informarte que estás facturando? —Sunny por un momento habló como si Jamie fuese su hijo, lo que internamente le causó gracia al muchacho.

Jamie sujetó las manos de Sunny y ayudó a que se ponga de pie, la joven luego de pararse soltó las manos de Jamie rápidamente, recordando que él debía estar haciendo reposo y no ayudándola.

—¿Estás bien? —le preguntó Jamie, aunque ya sabía la respuesta solamente quería asegurarse.

—Estoy bien. Siéntate —le ordenó. Aquel acto de preocupación había hecho que Jamie riese, y Sunny solo rodó sus ojos, con cuidado se dirigió hacia su silla de ruedas y se sentó.

—Estás loca —comentó él mientras reía y ella hizo una mueca de indignación.

—Pues discúlpame por preocuparme por ti —habló ella mientras se cruzó de hombros.

—Eso es lo loco. Te preocupas por mí, pero también te enfadas cuando pregunto por ti para saber si estás bien —soltó él, y Sunny frunció sus labios.

—No me enfado, tú lo interpretas de esa manera —dijo ella.

—Está bien —comentó Jamie para no armar una discusión—… ¿Estás bien? —le preguntó nuevamente, sabía que, si lo hacía, o respondería con un rápido “bien” para luego cambiar de tema o quizá, se enfadaría. Era increíble cómo llegó a conocerla en tan solo minutos.

—Ya basta de preguntar eso —Sunny le habló con un semblante tan serio que provocó una carcajada, pues para él era solo una tontería.

—¿Por qué? Quiero saber... ¿Qué sucedería si realmente te sientes mal y nunca lo supe? Podrías morir y yo ni siquiera lo hubiese sabido, es algo importante que...

—Estoy bien —Sunny ablandó su semblante mientras interrumpía la larga explicación de Jamie.

Ella sonrió mientras Jamie asintió y rió, pues a pesar de todo, se sentía reconfortante que alguien se preocupara por ella sin ser su madre o sin llevar una bata puesta... Era extraño, pero lindo a la vez.

Capítulo 4

Juramento

“No quería hablar con nadie, estaba en mi peor momento, pero tus ojos por alguna razón hicieron que mis palabras se sintieran escuchadas”.

Era el día siguiente. El cielo estaba algo grisáceo aquella mañana, una lluvia estaba a punto de presentarse. Sunny había despertado y luego de recibir la mala noticia acerca de su hospitalización y ver la manera en la que su madre lloraba sin consuelo, simplemente se quedó allí, sin ganas de salir de aquel pequeño cuarto de hospital por un largo tiempo.

El doctor había llegado sorpresivamente a su cuarto unos minutos después de que su madre la haya visitado.

Les informó que el estado de Sunny no había mejorado y que por esa razón debía iniciar su hospitalización, y la misma duraría, con suerte, alrededor de seis meses.

La madre de Sunny apenas oyó aquellas palabras provenientes del doctor de su hija, comenzó a llorar, las lágrimas no cesaban y en el momento en que pronunció su “Debo tomar aire”, Sunny pudo reconocer que se trataba de una pequeña despedida.

Su ventana estaba completamente abierta, no había rastro de viento por la ciudad, y desde su cama podía ver la forma en la que las nubes grises se aproximaban. Aquella noticia la había dejado sin ánimos de nada, no quería salir, hablar... Incluso la idea de escribir en su libro se le hizo aburrida.

—La buena noticia es que te recuperarás, podremos tener más tiempo para curarte —comentó Margo mientras deja el almuerzo de Sunny sobre su cama, en una mesita pequeña.

—Tú y yo sabemos que eso no es cierto —respondió ella mientras alzaba sus piernas y las abrazaba, para posteriormente rechazar su almuerzo.

—Debes comerte todo, y si vuelvo y no lo has hecho entonces —Margo estaba pensado en alguna amenaza utilizable para obligar a Sunny a almorzar—… puedo —seguía pensando, pero ninguna amenaza buena pasaba por su mente.

—Voy a comer, solamente quiero un momento a solas ¿sí? —habló Sunny mientras le sonrió amablemente a su vieja amiga. Margo al ver su sonrisa asintió mientras acariciaba la mejilla de su querida paciente.

En el momento en que Sunny vio que Margo cruzaba la puerta de su cuarto, sintió una puntada en su estómago. Quería estar sola, sí. Pero el estar sola la habilitaba a llorar por todas las cosas malas que le habían sucedido, y no quería llorar. Era como aceptar que estaba siendo derrotada, y aquello era inaceptable para ella.

Jamie estaba por volver a su cuarto. Era muy temprano y dentro de unas horas debía irse, pues le darían el alta al medio día.

Se encontraba en el pasillo extenso del último piso, donde estaba su habitación, pero había salido un momento de esta para tomar algo de aire, creía que alguien iba a visitarlo, pero no fue así.

Su padre no lo visitaría, y era lamentable tener que aceptar que además de ese hombre... No tenía a nadie más. Caminaba cojeando, había pasado una semana desde su ingreso en aquel hospital y ayer le informaron que mañana en la mañana recibiría el alta, pues mejoró demasiado a lo largo de la semana, y a este punto le recomendaron reposo en su casa y algo de ejercicio poco forzoso, como caminar. De aquella manera su pierna se recuperaría más rápido.

Hace unos veinte minutos atrás, cuando estaba caminando hacia el baño cuidadosamente, pudo ver cómo una mujer se dirigía al ascensor, ella lloraba desconsoladamente y sollozaba... Fue triste pensar que quizá algo malo le había pasado a uno de sus seres queridos... o tal vez lo había perdido, quién sabe.

Luego de hacer sus necesidades en el baño, mientras volvía hacia su cuarto, detuvo su paso en frente de la gran ventana de cristal del cuarto de alguien más. Era el de Sunny. Ella no había cerrado sus cortinas, quizá lo olvidó, pues el muchacho no creía que ella haya querido que la viesen de aquella manera. Su cabeza se encontraba gacha, y debido a la forma en la que se movía, como si estuviese sollozando, Jamie pudo darse cuenta de que se encontraba llorando mientras alejaba su almuerzo.

Luego de decidir no almorzar, con rapidez logró destaparse y calzarse con sus zapatillas sin cordones, para dirigir su paso apresurado hacia la salida del cuarto. Estaba tan ocupada limpiando sus lágrimas mientras agachaba su mirada para no ser vista, que olvidó mirar por dónde caminaba, por lo que en la salida chocó con Jamie y casi provocó que este cayese al suelo.

—¡Dios, lo siento! ¿Estás bien? —Sunny se exaltó demasiado al chocar a una persona que se encontraba en el estado de Jamie, por lo que su voz sonaba preocupada.

—Estoy perfecto —habló él mientras se cruzó de brazos y la observó con sus cejas fruncidas—… ¿Y tú? —cuestionó. Sunny limpió bien sus ojos y evitó la mirada de Jamie.

—Sí... ¿No viste a mi mamá por aquí? —respondió, limpiándose su nariz con su puño.

—No que yo sepa... ¿Estás segura de que estás bien? —interrogó Jamie mientras se agacha un poco para que Sunny lo mirase a los ojos, ella lo observó y asentía, no muy segura —¿Por qué lloras? —preguntó finalmente, por lo que Sunny resopló.

—Es que —Sunny cierra sus ojos intentando relajarse, para que al contar lo sucedido no volviese a llorar por recordarlo, odiaba cuando sucedía eso—… siento como si... me están pasando tantas cosas, y tengo que hacerle frente todo yo sola, y... estoy cansada de hacerlo —habló mientras bajaba la mirada, su nariz picó, sus ojos se cristalizaron, pero gracias al cielo no lloró.

—Además de tu mamá, ¿nadie suele acompañarte seguido? —preguntó Jamie, eso le ocurría a él, estaba completamente solo la gran parte del tiempo. Todas las cosas malas que le sucedían debía afrontarlas a su manera y de forma independiente. Desde que falleció su mamá supo que se había quedado sin familia, tenía un padre, pero no lo consideraba importante en su vida.

—Sí... Pero creo que está bien, prefiero sufrir sola antes de que los demás sufran por mí —confesó Sunny con completa sinceridad.

—Entiendo —comentó Jamie mientras observaba con algo de pena la manera en la que Sunny secaba sus ojos con sus puños—… Mira, muchas veces me suele pasar esto, el sentirme solo y tener que hacerles frente a demasiadas cosas... es duro, pero no tienes que sentirte mal, todo pasa y prometo que pronto todo estará bien, quizá no ahora, pero pronto lo estará —habló el muchacho mientras agachaba su mirada, intentando buscar la de Sunny, la misma estaba clavada en sus zapatos sin cordones, pero luego de escuchar las palabras de aliento que Jamie le estaba dando, la alzó y la enfocó en aquellos celestes ojos.

Ella, mientras mantenía contacto visual con Jamie, empezó a analizar aquellas palabras. Eran certeras, puede que las cosas en este momento estén mal, que parezca que todo se está derrumbando ante sus ojos... pero pronto mejorarán, no había manera de que las cosas no cambien nunca, en algún momento ocurrirá un cambio positivo que hará que las cosas mejoren, entonces, todo estará bien.

—Gracias —le dijo ella mientras sonreía un poco sin mostrar sus dientes.

Jamie le asintió mientras le devolvía la sonrisa. Contempló por un momento las delicadas facciones en el pálido rostro de Sunny, desde sus muy pequeños hoyuelos hasta las pequeñas arrugas que se encontraban debajo de sus ojos. Debía admitir que era una chica realmente hermosa.

—¿Por cuánto tiempo estarás aquí? —preguntó Sunny mientras se cruzó de brazos, imitando a Jamie.

—Me iré dentro de unas horas, el doctor dijo que mejoré demasiado y que necesito reposo en casa —masculló Jamie con una sonrisa mientras se sentaba en uno de los largos bancos que adornaban aquellos extensos y blancos pasillos.

—Eso es grandioso —Sunny se sentó a un lado de él.

—¿Y tú? —cuestionó Jamie. Pudo notar que la muchacha había borrado su sonrisa al igual que apartó su mirada y la enfocó de nuevo en sus zapatos.

—Tengo que estar en observación... por mucho tiempo más —el chico al oír aquello frunció sus labios y asintió—. Pero, de todas formas, no me emociona salir, no tengo muchos amigos afuera así que... —habló Sunny mientras alzaba su mirada y realizaba una media sonrisa algo desganada.

Jamie se puso a pensar por un momento, y cayó en cuenta de que aquella chica y él no tenían demasiadas diferencias.

—No es muy emocionante salir, ¿cierto? —dijo Jamie mientras la contemplaba con empatía, ella posó sus ojos negros sobre él y al interpretar su mirada, Jay logró obtener respuesta a su pregunta—Creo que lo único emocionante al salir de aquí... Será que ya estaré casi sano —comentó Jamie mientras suspira.

Sunny lo observó y asintió. Ambos coincidían en eso, sus vidas cotidianamente no eran emocionantes, y muchas veces solían tener malas experiencias. Pero aquellos momentos en el hospital eran diferentes, para Jamie fueron como unas vacaciones de su propia vida, pudo huir de sus problemas por una semana mientras su pierna se recuperaba.

Mientras que para Sunny, el hospital era el único estilo de vida que reconocía, sin embargo aquello no le resultaba triste, todo lo contrario, muchas veces pudo sentirse afortunada, ya que sabía que había personas que se encontraban en una situación peor que la de ella y aquello hacía que se sintiese agradecida por la vida que se encontraba viviendo.

—¿Tu mamá te visitará seguido? —preguntó Jamie cuando una idea interesante había pasado por su cabeza.

—Siempre que no esté trabajando. Trabaja tarde y noche y en las mañanas suelo hacerme algunos estudios... ¿Por qué preguntas? —respondió ella.

—Pues, debido a mi poco emocionante vida, me preguntaba si podría... tal vez venir a visitarte, de vez en cuando —Sunny en el momento en que escuchó aquellas palabras salir de la boca de Jamie se sorprendió, sus ojos se agrandaron y su corazón comenzó a latir más rápido debido a la ilusión.

—¿Qué? —la voz de Sunny se agudizó.

—Los horarios de visitas son a las cinco, podría visitarte... Si es que quieres, si no pues...

—Sí quiero —habló Sunny y Jamie al ver la alegría en sus ojos oscuros, sonrió—. ¿Vendrás? —preguntó ella, para asegurarse.

—Lo haré —aseguró Jay.

—No, pero de veras... ¿Vendrás? —ella insistió, lo que hizo que Jamie pensara en las veces en las que probablemente hayan engañado con algo parecido a Sunny.

—Prometo venir —Jamie la miró a los ojos a la hora de hablar mientras que le sonreía. Sunny suspiró al identificar que aquel chico no mentía, y el hecho de saber que alguien la visitaría y hablaría seguido con ella la hacía sentir muy feliz, por fin tendría una nueva compañía.

—¡Dios! Nunca nadie me había visitado antes... ¡Yo prometo no aburrirte! Aunque mamá dice que suelo hablar mucho cuando estoy a punto de aburrirme así que sería imposible aburrirnos —Sunny habló demasiado rápido lo que hizo que Jamie suelte una pequeña carcajada.

—No nos aburriremos —comentó Jamie—… o al menos me aseguraré de que eso no pase—se carcajeó y Sunny rodó los ojos ante su comentario para luego unirse a su risa.

—Cielo, ven debes tomar tu medicina —habló Margo en la distancia, Sunny se giró y vio que se encontraba en la puerta de su habitación a unos cinco metros de ella.

—Adiós, vendrás ¿verdad? —preguntó Sunny una última vez, aunque más que una pregunta era una especie de recordatorio. Temía que Jamie se olvidase y ella solo se aseguraba de repetirlo las veces necesarias para evitar que el chico no recuerde visitarla.

—Si lo haré, lo juro —Jay extiendió su dedo meñique para que Sunny lo estrechase, la muchacha sonrió ante el acto del chico por lo que rápidamente juntó ambos dedos. Luego de que sus meñiques se entrelazaron, la muchacha se apresuró para juntar ambos pulgares y de esa manera sellar su juramento.

Sunny caminó unos cuantos pasos, dirigiéndose a su cuarto, donde había ingresado Margo, quien la estaba esperando con su medicina. La joven involuntaria e inmediatamente se giró para ver a Jamie, quien seguía sentado en aquel banco mientras observaba como ella se alejaba.

Entonces, la joven de cabellos castaños alzó su meñique en el aire, recordándole su juramento a Jamie, y este último repitió esta acción para despedirse y dejarle en claro a aquella chica que por nada del mundo rompería ese juramento.

Capítulo 5

Destrozos

“Recuerdo que mamá me decía que los secretos eran malos, jamás fui capaz de ocultarle algo cada vez que sus ojos oscuros me interrogaban... Mi tarea ahora es complicada pero fácil al mismo tiempo, tus ojos no son para nada oscuros, y jamás comenzaron un interrogatorio”.

—¡Se que llego tarde! Lo sé, lo sé —habló Jamie cuando entró en el cuarto y observó la forma en la que los ojos negros de su mejor amiga se agrandaron y sus cejas se enarcaron, sabía que iba a regañarlo, pero antes de que eso pasase comenzó a hablar—… Pero, si te dijera que la tienda de malvaviscos cerró, y que luego de diez minutos encontré otra... ¿Te alegrarías? —cuestionó él mientras sacó la bolsa de malvaviscos de su mochila, eran los dulces favoritos de Sunny.

Ella por un momento se cruzó de brazos, pero luego rodó sus ojos y finalmente sonrió.

Jamie caminó hasta la cama donde ella estaba arrecostada, se agachó un poco y la saludó con un beso en la mejilla.

—¿Cómo estás? —le preguntó ella mientras se sentaba en la camilla y dejaba la bolsa de malvaviscos sobre sus piernas—... ¿Brad o tu papá? —la voz de Sunny era algo animada.

—Ninguno de ellos —comentó Jamie sentándose en la cama a un lado de Sunny para hacerle compañía.

Hace ya casi tres meses tenía aquella especie de rutina. Jamie solía levantarse tranquilamente todas las mañanas, luego de desayunar iba a la preparatoria. Allí, cuando no recibía el acoso de Brad, el chico que hizo que acabara en urgencias y que constantemente lo fastidiaba, se la pasaba admirando a Sunny, una chica nueva que logró ingresar al equipo de porristas. Le pareció gracioso que llevara el mismo nombre que el de su mejor amiga. Su enamorada era demasiado bonita y capturó su atención desde que la vio por primera vez, en los pasillos de la preparatoria.

Ninguno de los dos compartía una historia romántica, sino fuera por las inseguridades de Jamie y los ridículos estereotipos escolares probablemente ya lo hubiesen hecho. Cuando terminaba el horario escolar, comenzaban las prácticas de básquetbol masculino con el equipo de la preparatoria, era divertido, a pesar de que ingresó allí por su padre, terminó convirtiéndose en una especie de hobby, y sin importar de que en aquellas clases se encontraba Brad y su séquito de idiotas, lograba pasarla relativamente bien.

En el momento en que las prácticas terminaban, corría unas siete calles hasta llegar al hospital, pues finalizaban un poco antes de las cinco de la tarde, hora en la que comenzaba el horario de visitas.

Corría y corría, cuando llegaba se sentía completamente feliz de poder visitar a su mejor amiga, el compartir momentos con ella era irreemplazable, se convirtió no solo en una gran compañía, sino en una gran persona en la vida de Jamie. Podía contarle absolutamente todos sus problemas, y sabía que jamás sería juzgado bajo la mirada de Sunny... A no ser que haya llegado tarde, aquello enfurecía demasiado a su amiga.

—Algo raro te está sucediendo —comentó Sunny mientras abría el paquete de malvaviscos. Jay abrió sus ojos enormemente, sorprendido, no sabía cómo pudo saber que algo realmente le estaba afectando.

—¿Cómo...? —preguntó él robándole la bolsa de malvaviscos, de aquella manera Sunny le prestaría atención.

—Puedo saber que algo te está pasando —en el momento en que la viva voz de Sunny terminó de pronunciar aquellas palabras, ella comenzó a observar fijamente los celestes ojos de su mejor amigo, Jamie miró los de ella, y en aquel instante en el que la joven acompañó su vivaracha mirada con una tierna sonrisa, el corazón de Jay le avisó que parara de mirar sus ojos color noche, de aquella manera le ahorraría más latidos.

Jamie carraspeó y esquivó la mirada.

—¿Ves? —reía Sunny mientras le quitaba de vuelta su bolsa de malvaviscos— Cuando miro esos ojos celestes puedo saber si están alegres o si están tristes... Digamos que ahora están inquietos, dime qué pasó.

—Es increíble... ¡Bien! ¡Me atrapaste! ¡Lo admito! —Jamie se acostó de forma perpendicular a la camilla, aplastando las piernas de Sunny con su espalda, aunque esta última no se quejó, simplemente comenzó a reír por la frustración de su amigo— Se trata de una persona... Es una chica.

Sunny al oírlo decir aquello abrió demasiado sus ojos y observó a su mejor amigo fijamente, pudiendo confirmar que lo que estaba diciendo no se trataba de una broma.

—¡¿Qué?! ¡Si! Nunca me ha pasado esto... Quiero decir, lo he visto en las películas, pero... ¡Ay! ¡Dios mío, cuéntame más! —Sunny le entregó con fuerza el paquete de malvaviscos a Jamie, haciendo que este se quejara, para luego reemplazarlo por una de sus almohadas, la misma que siempre abrazaba en la noche y en los momentos necesarios. Para ella, este era uno. Jamie al ver la emoción en Sunny, se carcajeó.

—Bueno... Ella es demasiado bonita —Jamie comenzó a hablar con algo de dificultad.

—Si...

—Tiene ojos oscuros... Amo la manera en la que ríe... La conozco desde hace muy poco, creo que tal vez unos tres meses — la joven asentía a cada palabra que pronunciaba su mejor amigo.

Para ella esto era increíble, jamás había tenido la posibilidad de enamorarse, creía que este tipo de amor eran solo cosas que utilizaban varios productores para realizar películas exitosas. Pero oír a su mejor amigo hablar de su enamorada... Era fantástico.

—Se llama Sunny —Jamie giró su cabeza y observó a su mejor amiga, estaba muy sumido en los pensamientos acerca de su enamorada.

Sunny al oír aquello y al verificar que sus ojos celestes no mentían, borró repentinamente su sonrisa.

—Esto es tan estúpido... No debí enamorarme lo sé, lo sé —Jamie se sentó de nuevo en la cama, Sunny oía atentamente sus palabras con las pupilas de sus ojos casi desorbitadas.

No podía creerlo, nunca jamás nadie se había enamorado de ella... Y de ser así tampoco se hubiese dado cuenta de aquello. Pero se trataba de Jamie, de su mejor amigo, y las películas le enseñaron que jamás, nunca jamás debía haber un romance entre dos mejores amigos. Era como la ley de oro que nadie debía romper, y de hacerlo, habría consecuencias

—Fue demasiado rápido, casi a primera vista —Jamie miró los negros ojos de Sunny con completa y absoluta sinceridad, haciendo que el rostro de su mejor amiga adoptara un color muy pálido, pues no sabía cómo actuar ante aquella situación—. Aunque, a pesar de todo, no puedo quejarme —Jay se interrumpió y frunció sus cejas al ver lo pálida que se encontraba su mejor amiga, y la expresión de asombro en sus ojos lo inquietó—… ¿Qué te sucede? —preguntó él acercándose un poco a ella, observando su rostro, pues creía que quizá estaba viendo mal.

—Yo... No lo entiendo —comentó ella mientras observaba con demasiada concentración a su amigo, esperando a que diga que todo se trataba de una mala broma. Aunque solamente esperaba que Jamie se atreviera a decir todas aquellas palabras de nuevo.

—¿Qué no entien...? —Jamie volvió a interrumpir su propia voz para inquietarse al ver la manera en la que la chica tapaba su rostro—… ¿Estás bien? —cuestionó de nuevo y en ese momento pudo percatarse de que a su mejor amiga le estaban introduciendo sus medicamentos por endovenosa.

—¿Puedes... explicarme todo rápido? Quiero oírlo otra vez —habló Sunny sin destapar su rostro.

—Me enamoré por completo tonto de Sunny, una chica que ingresó a mi escuela hace pocos meses —Sunny destapó su rostro y observó aliviada a su amigo.

—¡Santo Dios! ¡Mi corazón...! —dijo ella al ver que su corazón latía rápido debido al alivio.

—¡¿Qué?! ¿Debo llamar a alguien? —en el momento en que Jamie terminó de preguntar aquello, la muchacha comenzó a reír de la felicidad, pues acababa de darse cuenta de que su mejor amigo no estaba enamorado de ella.