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¿Te cuento un vino? es el libro de vinos que gustará a todos; desde los más expertos en elaboración y cata al consumidor poco entendido pero que sabe distinguir lo más importante: si un vino le gusta o no. A través de más de 30 microrelatos, su autor Enrique López, nos abre las puertas de otras tantas bodegas para que sintamos y conozcamos algo más que sabores, aromas, fermentaciones y taninos: el alma, el corazón… el "lado humano" de nuestros vinos y bodegas.
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Seitenzahl: 123
Veröffentlichungsjahr: 2020
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Enrique López
Diseño de edición: Letrame Editorial.
ISBN: 978-84-18362-67-5
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A los que han estado antes, o durante o después. Y sobre todo a los que han estado antes, y durante y después. En especial a las personas más generosas y entregadas que conozco; mis padres Enrique y Mercedes, mis hermanos Fali, Mercedita y María José, y mi persona preferida del mundo,
mi sobrino Fran.
PRÓLOGO
Amigo lector;
Déjeme que le confiese algo antes de continuar. Cuando Enrique, el autor del libro que tiene usted entre sus manos, me pidió que escribiera el prólogo de este, sentí una mezcla de sentimientos que oscilaban entre el pánico y el orgullo. Pánico, porque es una responsabilidad muy grande para el que suscribe el estar a la altura de la obra. Y orgullo, porque el que una persona como Enrique quisiera depositar en mí semejante encargo, hizo que mi ego se engrandeciera hasta el límite de la pedantería.
Las personas que tienen la suerte de conocerlo personalmente me entenderán más fácilmente. Para los que no han tenido la oportunidad, déjenme que se lo describa de un modo más que subjetivo, porque, sepa usted querido/a amigo/a, que es tanta la admiración, simpatía, y, por qué no decirlo, amor, que siento hacia este hombre, que me va a impedir por completo describirlo desde un punto de vista objetivo.
Ante todo, Enrique López es un ser especial; brilla por su locuaz manera de relacionarse y, sobre todo, es un hombre coherente con sus actos, justo y apasionado. Es el típico tipo que destaca en las reuniones, que sobresale por encima del resto, que en un primer momento te gustaría odiar, pero no puedes, porque ya ha dicho un par de gracietas, y ya te cae bien.
Es con esa pasión y, sobre todo, con amor, con lo que, créame, se ha escrito este libro. Amor, ha leído bien. Amor hacia algo tan arraigado en la humanidad como es el vino. Amor no solo hacia el producto en sí, sino hacia todo un proceso de elaboración, desde el comienzo de todo en el campo, hasta su degustación en una buena mesa con la mejor compañía o, por qué no, solo. Un amor hacia el vino, tan solo superado, por el amor que Enrique siente por su familia, su «Flechita» y sus amigos.
Se podría decir que este libro es una mezcla entre «novela de amor», «guía práctica» de cómo parecer entendido en vino sin serlo y un compendio de lo que denomino «cotilleos de Bodega». Déjeme que le explique el porqué de tan difícil descripción.
Es una «novela de amor» nada convencional porque se ha escrito y describe un sentimiento de amor, no hacia otra persona en sí, sino hacia un producto, hacia esos manjares que Baco ha tenido a bien concedernos. Y porque en muchas de las historias, las personas que pertenecen a la vida de Enrique van a verse reconocidas. Y pueden estar seguros de que cada palabra que forma este libro destila este sentimiento, hacia el vino y hacia su gente.
Es una «guía práctica» porque en este libro encontrará anécdotas que solo los verdaderos profesionales del sector vitivinícola pueden conocer y estoy seguro de que no todas. A casi todos nos ha pasado en alguna ocasión el compartir una cena de empresa, reunión familiar, comida de amigos o de negocios…, con esa persona, ya sea el jefe, el amigo o el típico cuñado que todo lo sabe, que a la hora de pedir el vino suelta algún comentario sobre la añada, la bodega o la Denominación de Origen, queriendo resaltar sus conocimientos sobre este. Esta obra es la ayuda que, los que no sabemos mucho sobre este vasto mundo, necesitamos para «dejar contra las cuerdas» a estos personajes que, a veces, rozan la pedantería, y quitarnos esa espina clavada desde hace tiempo.
Pero también, este libro en un «compendio de cotilleos». Sí, amigo/a mío/a, efectivamente, somos cotillas. El ser humano, por naturaleza, siente curiosidad por las cosas y no hay que avergonzarse de reconocerlo, todo lo contrario, ha sido, es y será esa condición la que nos hace progresar. Yo soy el ejemplo más claro que conozco…, y si usted conoce a alguien más cotilla que yo, me gustaría saberlo. Usted, sin ir más lejos, si ha llegado a este punto del prólogo, tenga claras dos cosas; la primera es que a usted le gusta la vinicultura, de no ser así no habría elegido este libro, y la segunda es que siente usted curiosidad por todas las rarezas que pueden pasar en una bodega, es decir, es usted un cotilla.
En las próximas páginas no va a encontrar una clase magistral sobre el mundo del vino, su proceso de elaboración y sus características. Lo que va a encontrar es el lado humano de este universo enológico; las historias que han hecho posible el producto que elabora cada bodega participante, aquellas que también han aportado su color, aromas y sabor al vino.
Tan solo, y para acabar, me gustaría dirigirme en primera persona al autor de la obra, licencia que espero que usted me disculpe.
Gracias, Enrique, gracias por dejarme ser el padrino de este tu primer «hijo», gracias por permitirme el formar parte de tu vida y, sobre todo, GRACIAS por dejarme ser tu amigo. Te quiero.
Juan Manuel Carrasco Rivas Gerente GM Cash Granada Jefe y amigo del autor
INTRODUCCIÓN
Cuando quiero vivir digo Moraima.
Digo Moraima cuando siembro la esperanza.
Digo Moraima y se pone azul el alba.
Cuando quiero soñar digo Moraima.
Digo Moraima cuando la noche es cerrada.
Digo Moraima y la luz se pone en marcha.
Cuando quiero llorar digo Moraima.
Digo Moraima cuando la angustia me asfixia.
Digo Moraima y el mar se pone en calma.
Cuando quiero sonreír digo Moraima.
Digo Moraima cuando la mañana es clara.
Digo Moraima y la tarde se pone mansa.
Cuando quiero morir no digo nada.
Y me mata el silencio de no decir Moraima.
Imagino que a todos los que hacemos algo por vez primera (lo que conlleva no ser un profesional de aquello que estás haciendo), nos asaltan mil y una dudas en el proceso… ¿Seré capaz? ¿Va a quedar bonito? ¿Gustará a mi gente?...
Nunca he escrito un libro, no soy escritor. Lo que estás leyendo no es una obra de arte, yo no sé hacerlas. Esto no es un libro, es algo más; es un sueño, es un reto, es una nueva vida. En estas letras no hay aspiraciones a nada, no hay premios futuros. Este libro es mucho más que eso; es una historia de amor inquebrantable, de amistad eterna, de FAMILIA.
Todas las páginas que vienen a continuación son (una tras otra) un grito alto y fuerte: gracias, os lo debo, esto no es mío, esto es nuestro. No es por mí, es por nosotros.
Y, sin embargo, de entre ese mar de dudas que he tenido y sigo teniendo al iniciar este trabajo, hay algo en lo que nunca he titubeado: la historia que abriría ¿Te cuento un vino?
Porque tuve la suerte de conocer de cerca el vino y la bodega, y en el mismo momento de escuchar la poesía que acabas de leer, este libro ya tenía principio.
Moraima es considerado uno de los poemas de amor más relevantes de la poesía europea. Fue escrito por el gallego Celso Emilio Ferreiro, y está dedicado a su mujer, que puedes imaginar cómo se llamaba…
Viña Moraima toma el nombre de la bodega y de su vino insignia de este poema. Con Denominación de Origen Rías Baixas, elabora un excelente, especial y diferente albariño, que seduce y enamora, como la obra en la que está inspirado.
Empezar con esta historia no es una casualidad. Este vino me buscó y me encontró, como lo hizo la profesión a la que ahora me dedico. Moraima encierra en sí misma la pura esencia con la que nace ¿Te cuento un vino?: contar historias especiales en torno a este producto tan nuestro y arraigado a nuestra tierra y nuestra cultura.
A partir de ahora, comienza la aventura. El mundo del vino es apasionante, atrayente, embriagador… Cada vino que pruebas es diferente: nace de un terruño, de una variedad, de un proceso de elaboración, de un clima… Y tiene una historia detrás. Esas historias son las que vas a encontrar en las páginas siguientes.
Lo que dijo el poeta gallego lo uso para decíroslo a todos vosotros; los que me habéis apoyado que sois parte de mi vida, de mi alma y de mi corazón, y todo comprador de este modesto libro, que ya forma parte de la familia de ¿Te cuento un vino? Quiero sembrar esperanza, quiero soñar y poner azul el alba. Quiero llorar, que la angustia me asfixie y que el mar se ponga en calma. Quiero sonreír, que la mañana sea clara y la tarde se ponga mansa. Quiero decir Moraima.
Quiero matar el silencio… Quiero contarte un vino. Y me gustaría que lo disfrutaras.
Por último, mil millones de gracias a bodegas, viticultores, enólogos, sumilleres, empresarios… Gracias por hacer vino, gracias por dejarme un minúsculo pedacito de este universo. En él me siento pleno, libre y feliz. Gracias.
LA VERSIÓN MODERNA DE UNA FÁBULA CLÁSICA
La vieja y taimada zorra estaba decepcionada. Durante todo el día había merodeado tristemente por los densos bosques buscando comida, pero no encontró un solo bocado. Además, sentía sed, una sed terrible. Su garganta estaba reseca.
En ese estado de ánimo dio la vuelta a un muro de piedra y se encontró con algo que le pareció casi un milagro. Allí, frente a ella, había un viñedo lleno de racimos de frescas y deliciosas uvas, que solo esperaban que las comiesen.
La zorra no perdió el tiempo. Corrió, dio un salto y trató de asir la rama más baja, pero no logró alcanzarla. Volvió a saltar, esta vez a una altura algo mayor, y tampoco pudo atrapar con los dientes una sola uva. Cuando fracasó por tercera vez, se sentó por un momento y, con la reseca lengua colgándole, miró las docenas y docenas de ramas que pendían fuera de su alcance.
El espectáculo era insoportable para una zorra famélica, y saltó y volvió a saltar, hasta que sintió mareos. Necesitó mucho tiempo, pero comprendió que las uvas estaban tan fuera de su alcance… como las estrellas del cielo. Y no le quedó más recurso que retirarse.
¿Quién necesita esas viejas uvas agusanadas?, se dijo a sí misma. Están verdes…, sí, eso es lo que pasa. ¡Verdes! Por nada del mundo las comería.
Un cuervo que había estado observando la escena desde una rama próxima comenzó a reír, y entre risas le gritó: ¡Si te dieran un racimo, veríamos si en verdad las uvas te parecían verdes!
Si toda fábula tiene una moraleja, seguramente la de esta sea que no hay que despreciar aquello que no hemos conseguido simplemente porque nos parece inalcanzable. Y que no hay que abandonar la lucha de lo que anhelamos tener; en continuar luchando cada momento ya hay una victoria. El resultado final es muy importante, pero no es lo único que cuenta.
Esta historia es atribuida a Esopo, del que dicen que vivió alrededor del 600 a. C., y tiene su continuación en pleno siglo XXI…
En Sant Sadurní D’Anoia, en los viñedos pertenecientes a Celler Credo (D.O. Penedés), durante los controles de maduración de la uva en julio de 2012, los viticultores se encontraron con una zorrita en las viñas. Joven, avispada, inquieta, intrépida y traviesa, se quedó ensimismada con el fruto de la uva. Atrapada por los aromas de la xarel·lo, parecía adivinar el resultado final del proceso que estaba presenciando; unos vinos de gran calidad, elaborados según los principios de la agricultura ecológica y biodinámica. Trabajados con lías, macerados con las pieles o los raspones, sin añadir sulfitos…
Durante tres días consecutivos, la zorra fue vista entre las cepas, ganándose el nombre de Miranius, que significa literalmente «quien mira nidos», es decir, alguien que anda distraído, en su mundo, viviendo un sueño. Miranius es hoy uno de los primeros vinos biodinámicos de la D.O. Penedés, y nuestra zorrita es su protagonista absoluta. Tanto que finalmente acabó adornando su botella en la etiqueta.
Otra de las marcas de Celler Credo es Estrany (extraño en catalán); lo que ofrece algo inexplicable y que incita a la curiosidad… ¿Era extraño el vino de nuestros abuelos? Estrany recupera una manera ancestral de elaborar, de cuando el vino se maceraba con la piel de la uva. Se trata de un trabajo con las pieles llevado al límite y que tiene como objetivo mostrar la variedad xarel·lo sin concesiones y con total franqueza, profundidad y ruda elegancia. El resultado es un vino blanco ecológico y biodinámico que nos remite a los aromas del pasado.
Celler Credo es una bodega independiente pero que pertenece a Cavas Recaredo, siendo la apuesta y compromiso de esta última por elaborar vinos blancos de terruño. Sin fertilizantes químicos, ni pesticidas ni herbicidas. Vinos que se sinceran y se erigen en cronistas de una historia sensorial sin artificios, genuina. Es un diálogo entre el hombre, la variedad y la tierra; un diálogo con mucho que decir y nada que ocultar.
Recaredo era el nombre del primer rey visigodo en convertirse al cristianismo. Pero ¿qué tiene que ver el rey visigodo con la fundación de esta mítica casa de cava situada en Sant Sadurní d’Anoia?
El padre del fundador de las cavas se llamaba Lleó (nacido en 1878), y fue llamado así por deseo de su madre, ya que en aquel momento el papa de Roma era León XIII. Ahora bien, el nombre no acababa de convencer a su padre, quien pronto empezó a llamarle Recaredo. En Sant Sadurní d’Anoia, donde Recaredo trabajaba como artesano ceramista, todos lo conocían por el sobrenombre… Cuando en 1924, su hijo Josep Mata Capellades decidió fundar la cava, optó por Recaredo en honor a su padre.
Cavas con elaboración únicamente de añada, exclusivamente Brut Nature (totalmente secos), de vinificación, elaboración y crianza 100 % propia y degüelle natural sin congelar el cuello de la botella.
Un nombre de rey para uno de los reyes del país de los cavas.
VINOS DE REYES
A ochocientos metros sobre el nivel del mar, en Pampliega (Burgos), se asienta Enológica Wamba. El terreno que ocupa esta localidad era una zona tradicional de viñas; multitud de escritos antiguos hablan de que abastecía de vino a la capital Burgos, y de hecho se demuestra e
