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El perdón es la venganza de los hombres buenos. ¿Es usted de las personas que perdonan? ¿O, por el contrario, se llena de resentimiento con aquellos que le fallan o lo dañan? Es sumamente importante saber qué sucede en sus emociones y en su vida cuando adopta una u otra postura. También es saludable que conozca los beneficios de pedir perdón a tiempo con total humildad y las consecuencias de no hacerlo. Jerry Porter y Marcelo Laffitte abordan este tema capital con fluida sencillez, enriqueciendo el texto con una enorme cantidad de ejemplos prácticos. El resultado es un libro útil que instruye y ayuda a romper las cadenas que genera la ausencia de perdón.
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Seitenzahl: 83
Veröffentlichungsjahr: 2020
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PERDONAR ES EL GRAN VERBO
LA META SUPREMA
EL PERDÓN QUE ES APRUEBA
EL ABUELO Y EL NIETO
JESÚS PERDONA A POR INICIATIVA PROPIA
NADA DE DIÁLOGO
LA PROSTITUTA CON JESÚS
EN EL MADER
LA CARTA DE UN ASESINO
¡YO NO QUIERO PERDONAR!
PERDONA Y SERÁS LIBRE
CUANDO NO PERDONO SOY ESCLAVO DEL QUE ME OFENDIÓ
CUANDO NO PERDONO, NO PUEDO SER PERDONADO
ASÍ ACTÚAN LOS QUE ESTÁN LLENOS DE LUZ
LA OFENSA: UN CINCEL QUE NOS MODELA
“MÍA ES LA VENGANZA”, DICE EL SEÑOR
¿Y SI FUI YO EL QUE OFENDIÓ?
CONSECUENCIAS DE UNA CONCIENCIA SUCIA
En primer lugar NO PODEMOS TESTIFICAR
En segundo lugar NO PODEMOS TOMAR DECISIONES OBJETIVAS
En tercer lugar NO PODREMOS VENCER ANTE LAS TENTACIONES
EXCUSAS PARA NO PEDIR PERDÓN
AQUEL CARRITO ROJO
MAS EXCUSAS PARA NO PEDIR PERDON
CÓMO CONSEGUIR UNA CONCIA TRANSPARENTE?
FORMAS INCORRECTO DE PEDIR PERDÓN
ACCIDENTADO CAMPAMENTO DE JÓVENES
¿HA VISTO MI PROGRAMA ALGUNA VEZ?
Otros libros de Marcelo Laffitte
Otros libros de Hilda Laffitte
Sería bueno que cada cristiano tuviera un “cementerio”especial donde pudiera enterrar los defectos y errores de amigos y seres queridos.
He notado muchos conflictos y hasta divisiones en iglesias locales por falta de perdón. Creo que esa falta de perdón no solamente genera problemas espirituales muy serios en las personas, sino que también provoca daños físicos, sociales y emocionales.
Pero no solo quiero hablar de “perdonaraquienesnosofenden”, sino también “cómopedirperdóncuandosomosnosotrosquienesofendemos”.
Todos –sinexcepción-hemos sido, somos y seremos ofendidos. En las difíciles relaciones interpersonales, la ofensa es moneda corriente. Hoy nos ofenden, mañana ofenderemos nosotros. Por eso digo que la vida de los cristianos tendría que ser un intercambio permanente de perdón, amor y humilde comprensión. Porque ese perdón que hoy otorgamos, mañana vamos a necesitarlo para cubrir algún daño que nosotros provoquemos.
El ser humano es muy susceptible, muy sensible, cualquier pequeñez puede ofenderlo. Alguien no nos saluda como lo hace habitualmente, y ya nos enojamos. Ni qué hablar cuando nos insultan, nos rechazan o nos critican. Podemos dejar de hablarnos y hasta retirarle el saludo a una vecina, sencillamente porque sus hijos escuchan música fuerte o porque alguna vez, al lavar la acera, nos arrojó un poco de agua en el frente de nuestra casa.
Hay otras ofensas un poco más severas que ocurren muy a menudo: ese amigo que nos pide dinero y nunca más nos lo de- vuelve, o ese familiar que nos traiciona con una herencia. Y ni qué hablar del dolor que genera un adulterio. Como decíamos al comienzo, tristemente también se ve la ausencia de perdón en algunas congregaciones, generada, fundamentalmente, por razones de poder.
La buena noticia es que, como hijos de Dios, estamos capacitados para perdonar aún las ofensas más graves que pueda hacernos el hombre, y vivir una vida realmente libre de las opresiones que general el rencor.
Si hoy recibieras una carta de Dios de manos del arcángel Gabriel, donde Cristo te revelara cuál es su meta suprema para tu vida, ¿Qué crees que te diría? ¿Cuál piensas que es el objetivo mayor del Señor para nosotros?: ¿ser salvos? ¿Ir al cielo? ¿Ser santos? ¿Serle fieles? ¿Ganar a los perdidos? ¿Tener una comunión íntima con Él? ¿Dar gloria a Dios?
Él nos diría en esa carta: “Quiero que seas como yo, que tengas miimagen”.Todo lo que podamos hablar sobre perdonar o pedir perdón está dentro de esta sencilla meta.
Nuestra meta suprema es ser como Cristo. Por el amor y la gracia de Dios, todo lo que Él permite que suceda en nuestras vidas es usado por nuestro Dios para modelarnos a su imagen.
Esta es la meta más alta de un cristiano. Todas las otras metas están incluidas dentro de esta: “si soy como Cristo entonces soy salvo”, “si soy como Cristo iré al cielo”, “si soy como Cristo seré santo”, “si soy como Cristo seré fiel”, “si soy como Cristo amaré alprójimo”,“sisoycomoCristodarégloriaaDiosconmivida”.
Todas las metas están incluidas en esa meta: la salvación, la justificación, la santificación, el crecimiento en gracia, la glorificación, todo esto será una realidad en nosotros si crecemos conforme a la imagen de Jesucristo.
Si vivo en la carne las consecuencias de ese estilo de vida serán: “Inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones...” (Gálatas 5:19-20,NVI)
Si en cambio logro, pese a mis imperfecciones, llevar mi vida por carriles espirituales, los frutos serán otros: “Amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio...” (Gálatas 5:22,NVI)
¿Podemos perdonar si estamos llenos de odios, de celos y de arrebatos de ira?
En cambio, qué distinta puede ser nuestra forma de reaccionar ante los errores de los demás, si nuestra vida está impregnada de amor, de paciencia y de dominio propio.
Pedro interrogó al Señor de una manera que más de uno de nosotros quisiera hacerlo:
-Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?
-No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete, le contestó Jesús (Mateo 18.21).
¿Qué quiso decirle con “setenta veces siete”? Le quiso significar: “Debes perdonar siempre, Pedro”
Jesucristo no solo predicaba y enseñaba esto, sino que también lo practicaba. Si miramos el Nuevo Testamento nos damos cuenta que se pasó la vida perdonando y perdonando. Pero lo interesante es ver, si analizamos los pasajes donde perdonaba, que Jesús lo hacía siempre de una manera muy particular: perdonaba por iniciativa propia.
El perdón por iniciativa propia es, justamente, el que Dios aprueba, es el perdón bíblico. ¿Y cómo es?
Tiene tres características muy claras: En primer lugar, es el perdón que se otorga por misericordia, sin que la otra persona tenga que venir a humillarse para pedir perdón.
En segundo lugar–y preste atención a esto- es el perdón que se brinda por amor, sin que la otra persona se lo merezca.
Yentercerlugar, es el perdón que se da, por compasión, sin que la otra persona ni siquiera se dé cuenta que tiene que pedir perdón.
En el primero de los casos,perdonar cuando vienen a rogarnos que les perdonemos es lo que hacen muchas personas del mundo, no cristianas. Eso es fácil. Pero que el perdón surja de nosotros como expresión de un corazón lleno de luz, eso sí que es valioso.
Elsegundopunto es quizá el más difícil para nuestra naturaleza caída. Se requiere mucha grandeza para perdonar a alguien que realmente no merece ese perdón. Pero cuando el bendito Espíritu Santo gobierna nuestros actos, es posible. Y a la vez maravilloso.
Yeltercercasose refiere a ese tipo de personas que quizá sin darse mucha cuenta nos lastiman fuertemente con una frase, con una actitud o con una crítica. No han tomado conciencia del dolor que nos han provocado y, por ende, jamás vendrían a pedirnos perdón. En estos casos, antes que crezca en nosotros una raíz de amargura, debemos perdonar por iniciativa propia.
El Señor nos enseña: “En lo que dependa de vosotros, estad en paz con todas las personas” Romanos12:18.
Habrá veces en que nuestra actitud de perdonar no será recibida por la otra parte. Será penosa esa situación, pero ya habremos hecho lo que Dios nos pide, o sea, lo que depende de nuestra acción.
Un sábado a la mañana, don Jerónimo, un hombre de unos 65 años, le pidió a su hija Marta que le permitiera sacar a pasear a Matías, si nietito de seis años.
Era un día soleado en la ciudad de Buenos Aires. Don Jerónimo había proyectado llevar al niño a desayunar unas ricas tortas y luego invitarlo a ver un partido de fútbol, el deporte favorito del pequeño.
Pero nada de eso se cumpliría porque les aguardaba una tragedia.
Al cruzar una calle, un vehículo que venía a gran velocidad, los arrolló y mató a los dos.
Como una estocada fatal, en aquel minuto, Marta perdió a dos de sus seres más queridos: su hijo y supadre.
No pasó mucho tiempo para que la policía ubicara aquel automóvil. El propietario ya lo había reparado para disimular las averías provocadas por el choque.
El conductor, que fue detenido por la justicia, no resultó ser ni un joven alocado ni una persona drogada. Era Francisco, un hombre de unos 45 años, padre de familia, una persona de bien, que había salido a hacerle algunas compras a su esposa.
En su declaración dijo que cuando vio, por el espejo retrovisor, los cuerpos caídos, se asustó mucho y el miedo lo indujo a huir, y luego a ocultar el vehículo.
Al poco tiempo este hombre fue dejado en libertad, pero Marta se llenó de dos venenos terribles: undolorinsoportableyuntremendo deseo devenganza.
José, el padre de Matías y esposo de Marta, decidió huir de la angustia: se entregó a lasdrogas.
Pero luego de un año de este episodio, alguien –Dios siempre envía a alguien en los momentos límites- le habló a Marta de Jesús.
Ella y su esposo José se entregaron al Señor de inmediato. Tomaron la fe como un compromiso profundo. Al poco tiempo, José abandonó las drogas. Marta –me lo dijo personalmente-comenzó a sentir que si bien el dolor persistía, ya no abrigaba odio por Francisco, el conductor.
Se hicieron miembros de una iglesia y comenzaron a estudiar La Biblia casi con desesperación.
-Me hace mucho bien leer la Palabra –me contó Marta.
Al poco tiempo quedó embarazada y llegó Manuel como un regalo del cielo.
