Te toca - Florencia Villa - E-Book

Te toca E-Book

Florencia Villa

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Beschreibung

Un cuaderno en blanco cae en manos de un estudiante. Pero este cuaderno viene con reglas que harán que él, sus amigos, y otros estudiantes del mismo instituto, escriban en sus hojas. Mientras tanto, una estudiante crea preguntas que liberarán secretos anónimos de los alumnos. Las respuestas, entonces, podían ser leídas sin saber de quién se trataba. Hasta que unos amigos quieren formar parte de la diversión, y lo publican. Así empezó la adivinanza de autores. ¿Podrán estos estudiantes guardar sus secretos o quedarán expuestos frente a sus compañeros?

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Seitenzahl: 268

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Villa, Florencia Natalia

Te toca / Florencia Natalia Villa. - 1a ed . - Córdoba : Tinta Libre, 2020.

256 p. ; 22 x 15 cm.

ISBN 978-987-708-605-8

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. 3. Literatura Juvenil. I. Título.

CDD A863.9283

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,

total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución

por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad

de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2020. Villa, Florencia Natalia

© 2020. Tinta Libre Ediciones

Bienvenido al cuaderno White. No olvides las reglas simples del juego. Sí, este es un libro nuevo, déjame explicarte las reglas.

Puedes escribir en el cuaderno solo una vez. Si, por error, el cuaderno vuelve a ti, debes dárselo a alguien más inmediatamente, sin leer lo que tiene dentro. Recuerda que ya utilizaste tu turno anteriormente. Si es la primera vez que el libro llega a tus manos, te invito a escribir en él.Deberás tener el libro contigo un día, puedes escribir lo que te ha pasado.Se recomienda escribir al finalizar el día para tener la información correcta y, una vez que hayas terminado, deberás entregarlo a alguien más para seguir escribiendo.Tienes el permiso para leer lo que escriben los demás, pero recuerda que las historias son anónimas y privadas por lo que es mejor no pensar en alguien particular al leerlas y no hacer comentarios sobre el libro.Al ser anónimas no se permite poner nombres ni fechas, lo recomendable es dejar una página en blanco cuando intercambies el libro para no provocar confusiones en las historias.Como punto final, quiero recordarte que es solo un juego.

Sin más que aclarar, sean libres de escribir y que empiece el juego.

1

—Ángel, ¿estás bien? —mamá se acercó a la sala en donde me encontraba acostado viendo la televisión con mi pierna derecha sobre el apoyabrazos del sofá. Mi cabeza estaba sobre el respaldo con mi cabello rubio mojado, mientras me caían unas gotas por los hombros.

Estaba solo en la sala hasta que llegó ella. Mis demás primos seguramente se estaban preparando en su habitación para el nuevo día de escuela. Mi hermano y yo ya nos habíamos preparado antes mientras ellos desayunaban y ahora desayunábamos nosotros porque así nos colocamos en los turnos.

Al ser muchos en la misma casa tenemos una pequeña mesa en la cocina en donde nos turnábamos para desayunar y una mesa más grande para el almuerzo y la cena. En vacaciones no nos turnábamos, simplemente desayunaba el que bajaba y cada uno despertaba en diferentes momentos. Éramos más, pero mis primos Jacobo, Eileen y mis tíos se habían mudado con su abuela antes de empezar las clases.

Cuando mamá llegó a mi lado me dio un leve golpe en la cabeza para que me levantara del sofá y no se me arrugara el uniforme.

—Sí —no me levanté del sofá, pero me quedé recto con la espalda derecha sentado en él mientras seguía mirando la televisión.

—De acuerdo. Ven, te ayudo hasta la mesa para que puedas desayunar.

Ella se acercó para ayudarme a levantarme. Ambos nos dirigimos al comedor para desayunar.

Mi hermano menor, Noah, era el único que aún estaba desayunando en la mesa. Yo me quedé distraído con la televisión.

—Mmm... ¡Qué rico! ¿Yo también puedo comer las tostadas como Ángel? —Noah se acercó y se sentó frente a mí.

Noah tiene siete años, yo tengo doce. Mientras que yo soy rubio y tengo pecas en las mejillas, él tiene el pelo oscuro y solo tiene un lunar cerca de la comisura del labio izquierdo, pero ambos somos de piel muy clara.

Noah tenía frente a él dos sándwiches cortados a la mitad. Hacía un tiempo que yo entrenaba en un club de fútbol de mi ciudad y el entrenador nos había explicado que tenía que comer sano para poder realizar las clases, hacer Educación Física y seguir entrenando. Al ser un grupo grande en la misma casa hay algunas comidas que son especiales, las tostadas sin sal vienen mayormente por mí.

—Tú pediste dos sándwiches con pan tostado —me senté frente al plato con pan tostado que es mi desayuno. Es diferente su pan tostado hecho por mamá que los tostados sin sal que vienen en el paquete.

—Pero puedo comer un sándwich y las tostadas —Noha levantó la cabeza para ver a mamá. Tiene siete, pero sigue teniendo la altura, la ternura y sigue siendo igual de infantil y agradable que cuando tenía seis años cuando lo conocí.

—Tú pediste los sándwiches y te comerás los dos. Tu hermano tiene que comer las tostadas de arroz para entrenar —explicó mientras levantaba de a varios los platos y tazas vacías que dejaron mis tíos y mis primos cuando desayunaron. Acercó y dejó sobre el plato donde tenía las dos tostadas sin sal, dos galletas de arroz que obviamente también tenía que comerme.

—Pero yo no sabía que había tostadas de arroz, si no, no hubiera pedido el sándwich —mi hermano se quejaba en su silla viendo el plato que le había tocado, pero con tristeza. Empecé a agarrar mis tostadas para empezar a desayunar.

—Bueno, será la próxima vez, ahora cómete lo que tienes.

Mamá empezó a lavar los platos vacíos y seguía discutiendo mientras nos daba la espalda. No me sentía incómodo al escuchar sus conversaciones, tampoco invisible, pero sí que había momentos en los que prefería estar callado porque apenas llevaba un año allí y no me sentía en toda la confianza de decir lo que quisiera.

Mientras que un año atrás me comportaba como niño y a veces como adulto, ahora me siento realmente como un niño en desarrollo, con un padre con el cual casi no conversamos, un niño que tengo como hermano menor, y una madre a quien conozco desde hace apenas cuatro años, pero solo como Elizabeth. Una chica que venía a hacer periodismo al orfanato y de a poco fue ganándose el cariño y la confianza de muchos allá adentro, y finalmente me eligió a mí. Me eligieron.

—¿Pero no puedo dejar uno? —Noah levantó la vista para ver a mamá de nuevo.

—Solucionado —papá pasó y se robó un sándwich del plato de Noah y buscó una taza para servirse su desayuno.

—¡Leo! —mamá molesta rodeó la mesa para acercarse a papá—. Quiero que aprendan a apreciar lo que tienen, yo hice los dos sándwiches y tú estás enfermo.

Preparó otro sándwich mientras papá se sentaba en la mesa junto a nosotros. Mamá dejó el tercer sándwich en el plato en donde estaban los otros dos, al frente de Noah, y llevó el paquete de las tostadas de arroz hacia el frente de papá.

—Oye —se quejó Noah cuando vio el tercer sándwich.

—Tú comerás lo mismo que Ángel y tú te comerás el último sándwich —dijo, mientras apuntaba a papá y mi hermano.

—Pero solo hiciste dos.

—Y ahora hice otro —se burló.

Me levanté al terminar mi desayuno, mientras mamá pasaba como rayo por detrás de mi hermano para buscar nuestros platos y tazas sucias que habíamos dejado para lavarlos al igual que hizo con los otros. Nos levantamos a buscar nuestras mochilas que se encontraban arriba del sofá. Éramos Marcia, Jacobo, Tomy y Tony, los gemelos, mi hermano menor, Noah, y yo. Marcia sostenía su mochila y la lanzó hacia su espalda para engancharla en ambos brazos mientras dirigía su vista a sus hermanos gemelos.

—¿Cómo piensan hacer para hacer amigos?

Marcia tenía un año más que yo, es decir trece, tenía que usar lentes todo el tiempo y se había recogido el cabello marrón en una coleta alta.

Marcia es la hermana mayor de los gemelos y también mi prima. Su madre es la psicóloga de la escuela y los gemelos empezaron la secundaria en otro establecimiento porque la anterior no tenía secundaria, solo primaria. Mientras que Eileen y Jacobo también son hermanos de otros padres. Su madre es la profesora de Educación Física.

—¿Hacer amigos? —preguntó Tony levantando su mochila para ver a su hermana al igual que todos los demás; yo también me dirigí a verla. Los gemelos tienen el mismo color de cabello que su hermana, pero más claro.

—Sí, tienen que sobresalir para demostrar de lo que son buenos y tener buenos amigos con sus mismos gustos —Noah estaba alegre por la idea de nueva escuela, era su primer día de escuela primaria y amigos.

Jacobo fue el único que salió del auto para buscarnos junto a su madre, Eileen se había quedado en el auto. Se fue adelantando mientras nosotros seguíamos ahí parados detrás de los sillones. Jacobo tiene once años, a diferencia de su hermana Eileen que tiene trece, al igual que Marcia.

Mi mochila estaba abierta y vi un libro en blanco, que yo no había guardado allí, junto con una carta en ella. Leí la carta rápidamente antes de irnos. Mi abuelo me había escrito que había encontrado ese cuaderno en una librería y pensó que me gustaría, además me deseaba suerte en mi nueva escuela.

—No, tienen que esperar y ver a cada uno para saber si son compatibles o no —Marcia seguía hablando sacándome la carta, haciendo que la deje en la mochila como la había encontrado y cerré la mochila pensando que quería ver el cuaderno. Pero solo ocuparía más tiempo cuando lo pudiera hacer luego sin ningún problema en vez de arriesgarme a llegar tarde a la primera clase. Algo que no quería que pasara para nada.

—Pero, ¿eso no es juzgar a los demás sin conocer? —preguntó Tomy a su hermana. Marcia se giró para seguir a Jacobo al auto. Yo iba atrás, con mi hermano, tomándolo de la mano y sosteniendo mi mochila con la otra, los gemelos se adelantaron para estar al lado de su hermana.

—No, porque exactamente no los conocen, solo es el comienzo para encontrar a alguien que les guste tener como amigo —se encoge de hombros con una pequeña sonrisa, al terminar lanza su mochila en la parte de atrás y se sube al auto. Los gemelos hicieron lo mismo y se sentaron a su lado en la parte de atrás. Eileen se ubicó al frente. Jacobo, Noah y yo nos pusimos al lado del auto para escuchar la conversación antes de subirnos a nuestro auto.

—Tú, ¿qué harás Eileen? —Noah le preguntó mientras se acercaba al asiento del frente. La nombrada, que ya estaba sentada en el auto con el cinturón puesto, levantó la mirada de su teléfono y contestó.

—Nada, estar sola y me sentaré sola hasta que salga alguna conversación con alguien, no pienso arriesgarme a hacerme de amigos con los cuales luego no esté cómoda o amiga de alguien y vaya a ser que me equivoque, soy paciente —se encogió de hombros sin darle importancia.

—Eso es muy maduro —Sam, la madre de Marcia y psicóloga de la escuela miró a su sobrina con una ceja alzada por el comportamiento de la niña cuando llegaba al auto.

—Tanto que no parece mi niña —siguió el juego Tes a su lado.

Me gustaría decir que espero no llamar mucho la atención, que espero conseguir buenos amigos en poco tiempo y que espero no meterme en problemas con nadie.

Subí último al vehículo y arrancamos para la escuela.

Llegamos a clases, fui a paso más lento que mis primas porque me quedé un rato a ver la escuela desde la entrada y a los alumnos que había alrededor. Empecé a caminar hasta llegar a las escaleras. Marcia se quedó afuera con un grupo que supongo que son sus amigos mientras que Eileen y Jacobo, que son los otros que habían bajado en el mismo instituto, entraron rápidamente solos sin esperar ni buscar a nadie.

La campana aún no sonaba así que aproveché para sacar el cuaderno que había encontrado en la mochila y que había puesto mi abuelo sin que yo lo supiera. Lo saqué de mi mochila y se me cayó al suelo sin querer. Miré algo dudoso, pero al final lo levanté y me fijé si tenía algún nombre, pero estaba completamente en blanco, solo con unas instrucciones en la primera hoja. «¿Tendré que empezar?»

Me asustaba un poco que el abuelo hubiera elegido el cuaderno para mí. Lo quiero mucho, además de haber aprendido mucho gracias a él en el año que vivimos juntos en la misma casa. Solo me confundía que me lo hubiera dado a mí, aunque sea solo porque era mi primer día en mi primera escuela. Era un extraño cuaderno que había elegido para mí, en el cual explicaba cosas como que tenía que escribir algo sobre cómo estuvo mi día y luego tenía que entregárselo a alguien más. Pero yo no conocía a nadie más.

«Ahora que lo pienso mejor, buena jugada, abuelo». Tal vez el tener que escribir ahí y que luego alguien más lo lea era lo que me angustiaba. Entonces lo vi con más claridad. «Por supuesto que es eso, no conozco a nadie y no me siento aún listo para expresarme tan abiertamente a los demás. Sí, abuelo te mereces un gran aplauso por lo listo de tu jugada».

—Oye, ¿eres nuevo verdad? —me llamó alguien por atrás, tomándome del brazo. Pegué un salto del susto por estar muy concentrado en el libro que no me di cuenta de que me hablaban a mí hasta que me tocaron el brazo—. Nunca te había visto por aquí. Me presento: soy Lucas, del equipo de la red social escolar. Nos encargamos de hacer virales los talentos de los estudiantes, las noticias escolares, algún que otro video para entretener y, por supuesto, de los chismes más importantes del instituto, recién horneados. ¿Por qué no vienes conmigo y te presentas frente a la cámara? Créeme, la mayoría de las amistades en este instituto surgieron gracias a nuestros videos.

El chico era de pelo negro, bastante alto, con ojos verdes.

Sin que me dejara quejarme o decir algo, me arrastró por los pasillos hasta llegar a un aula con tres computadoras, un fondo azul con dos luces apuntando y una cámara al frente. Delante del fondo azul había dos bancos de madera altos, me llevó del brazo hasta uno para indicarme que me sentara y se fue hacia la cámara para encenderla.

Debería creer que tanto el cuaderno como Lucas estaban ideados por mi abuelo solo para que hiciera amigos en mi primer momento en la escuela. Pero eso ya sería de paranoico y sé que el abuelo solo da un empujón para quien lo necesita sabiendo qué hacer, pero también sabe que no todo hay que servirlo en bandeja de plata. Y para eso es el empujón, solo una ayuda para que tú sepas cómo empezar, sigas aprendiendo y subiendo los demás escalones. Como no entré el año anterior al instituto, pasamos mucho tiempo juntos y he aprendido a conocerlo bien.

—Bien, lo que tienes que hacer es responder las preguntas que te haga, solo eso —empezó a tocar los botones de la cámara, mientras veía por la pantalla lo que suponía era el cuadro de la imagen.

—De acuerdo —respondí por fin. Empecé a mirar alrededor porque me daba curiosidad si era un cuarto especial o un aula de clases y me daba incomodidad verlo hacer sus cosas, así que lo dejé seguir con su trabajo.

Paseé la vista y me encontré con algunas fotos de diferentes cosas pegadas en la misma pared, una al lado de la otra y arriba y abajo de estas también. Seguramente elegidas para venerarlas ahí. Dos computadoras en sendos escritorios detrás de la cámara, una al lado de la otra, posiblemente para editar este tipo de videos que ellos hacen. Eso significaba que no estaba solo, tal vez tuviera amigos que lo ayudaran a hacer esos videos.

Detrás de mí, una pizarra negra con algunas tizas guardadas y un borrador; frente a la puerta, una ventana que daba al patio, pero estaba tapada por las cortinas grises y, al lado, una silla abandonada con libros descansando en él, supongo que de cámaras, de iluminación, edición y todo lo que tuviera que ver con su trabajo.

Mi impulso de ordenar que ha aparecido en el año que estuve en casa apareció haciéndome crear tareas para hacer, como por ejemplo la idea de poner cuadros y fotografías en el cuarto que comparto con mi hermano. Esto no está mal, pero primero tendría que tener fotografías así que la tarea sería tomar fotografías de mi hermano, de mis padres, de mí y de los demás, tal vez hacer algunos dibujos, incluso guardar mis trofeos en otro lugar. Me maldije mentalmente por no pensarlo antes de que empezaran las clases hasta que el muchacho me sacó de mi cabeza una vez más.

—Sí hablas. Ya me daba miedo que fueras sordo y que tuvieras miedo a mi a modo de “quién es este chico, por qué me lleva a una habitación oscura, qué cosa extraña quiere hacer con una cámara” —comentó de manera exagerada y yo lancé una pequeña risa—. Bien, tienes sentido del humor, eso es bueno, no lo dejes fuera de cámara que conseguirás buenas amistades así. Solo sé real, ¿de acuerdo?

—Vale —ya más confiado y relajado, bajé los hombros, me senté recto en el banco y esperé que él viniera a sentarse a mi lado en el banco vacío que estaba al lado. No sabía que estaba con mala postura y me volví a retar en mi cabeza por no sentarme derecho y tener la espalda erguida.

—Buenas, buenísimas, “Peces dorados”. Aquí de nuevo en un nuevo día escolar con un compañero nuevo. Buenas, te voy a hacer algunas preguntas para conocerte mejor, si te parece bien. Sin nada más que se necesite explicar empecemos: ¿pared de hormigón o de cemento?

—De cemento —lo miré con una ceja alzada. Se suponía que eran preguntas para conocerse mejor. Me reí igual por la tontería de la pregunta.

—¿Escaleras o ascensor?

—Me gustaría negarlo, pero últimamente me gusta más el ascensor por traumas míos.

«Soy muy torpe para caminar y me caigo en las escaleras», no pienso decirlo más que en mi cabeza.

—¿Piratas o vikingos?

—Piratas, creo. La verdad, es difícil.

—¿Envenenado o acuchillado?

—Envenenado.

—Ojos de color favorito.

—Prefiero la heterocromía.

—Chico listo. ¿Solo o acompañado?

—Acompañado.

—¿Verano o invierno?

—Primavera.

—¿Vivir con amor o vivir con dinero?

—Vivir con amor.

—Cómic, revistas o libros.

—Libros.

—Color favorito para una toalla.

—Oscuro supongo, algún color oscuro. Azul, púrpura.

—¿Flor favorita?

—Claveles.

—Bien, muchas gracias por tu participación, espero verte pronto para otro video.

—De nada, fue un placer. Me gustó estar aquí presente y espero la siguiente propuesta para ayudar con otro video.

—Bien, te digo a ti como a nuestros compañeros-alumnos que estén viendo esto, que tengan una linda jornada escolar —se levantó y se acercó a la cámara.

—Amigo, tienes un sentido del humor de oro, espero que no te lo quiten en el instituto. Los exámenes, las clases y los bravucones pueden cambiarte, sobre todo si eres nuevo.

Salté del banco y fui a buscar mi mochila que había dejado en la entrada.

—¿Se notará para todos que soy nuevo pasando por los pasillos? Me adoptaron el año pasado y como estudié en casa no sé cómo es esto de ir a un instituto.

—¿Así que te adoptaron, campeón? Genial. ¿Cómo se siente ser el elegido? —pregunta sacando la cámara de su trípode y pasándolo de uno de mis hombros al otro como si fuera una espada. Sonreí negando con la cabeza sus tonterías. Se llevó ambos, la cámara y el trípode, al lado del escritorio—. No te preocupes, la cara de príncipe que tienes es lo que va a delatarte si quieres pasar desapercibido.

No respondí a ninguna de sus preguntas porque no me interesaba responderlas. Recuerdo más de lo que me gustaría de hace más de un año. No me gustaría comparar lo que fue mi vida con lo que es ahora. Es como si hubiera muerto sin saberlo y volviera a nacer y crecer hasta la edad en la que me morí sin recordarlo. No digo que es triste, ni aburrido, solo diferente. Tía Tes, en el año que estuve en casa y ellos vivía en la misma casa que nosotros, me decía que tenía que recordar el pasado para aprender de lo que pasé y de lo que viví para avanzar, pero sobre todo tenía que enfocarme en el presente como si mi misión fuera sobrevivir en el mundo en el que caí con mi nave muy diferente al mundo en donde había vivido toda mi vida.

—Y dime, ¿son todos amigos allí o se pelean tipo competencia por quién sería mejor hijo? —siguió preguntando varias cosas, muy del tema.

Pero yo solo miraba los escritorios al lado de su computadora donde él pasaba el video, miraba los folletos y papeles que estaban ahí arriba. Al mismo tiempo que en mi cabeza salían recuerdos de ese mundo en el que viví, que él quiere que le cuente, pero no voy a poder explicarle porque me es imposible de resumir sin tener que describir cada día que viví ahí y lo que sentí en cada momento que pasé en ese mundo.

—No voy a responderte a eso —levanté la cabeza para mirarlo y él hizo lo mismo. Me miró muy curioso tratando de leer mi mente, supongo para tratar de sacar información que no obtendrá. El pasado no es algo para alardear ni para dar lástima. No si has crecido, solo memorias para recordar y aprender de los errores.

No sé cuántas veces lo he dicho con diferentes palabras, pero me lo han explicado muchas veces de diferentes maneras en un año para no sentirme excluido en la familia que me ha tocado. Supongo que hubieran hecho lo mismo con otro muchacho que le haya tocado en vez de a mí.

—De acuerdo, pero haremos ese video —seguramente dijo de hacer un video sobre mi adopción entre todas esas preguntas, pero no le hice caso. No recuerdo haber escuchado eso. Es lo que intento repetirme para creérmelo para no decir ni una palabra más tarde y no hacérselo recordar a él.

—Claro que no —seguí negándolo.

—Eso dices ahora, pero después cambiarás de opinión —dejó su computadora y rodeó su escritorio volviendo a poner la memoria de la cámara en la misma.

—No, claro que no. Te aseguro que, tanto ahora como después, la respuesta es no.

—De acuerdo, solo piénsalo —colgó el cinto de la cámara en su hombro.

—Lo pensaré y siempre será no.

Se acercó apuntándome con el dedo.

—Eso dices ahora.

—Eso digo ahora y lo diré después.

Parecía agradable al comienzo, incluso con el interés de querer ser mi amigo, pero en ese momento lo sentía molesto e insistente, como un periodista que solo hace su trabajo utilizando una sonrisa actuada para caer bien. Estaba empezando a sospechar de él y de sus intenciones. No me agradaba que intentara esconderse para atacar.

—Eso no lo sabes —iba a seguir negándolo, pero me interrumpió un ruido de afuera.

Escuchamos unos casilleros que se golpeaban; yo me asusté y, extrañado, lo miré. Levantó la mirada de su cámara hacia la puerta, sacó la cámara de su trípode y salió corriendo a la puerta al parecer para saber lo que estaba pasando. Con su cámara como si fuera un periodista a punto de perderse el perfecto momento en que la madre leona da a luz a sus crías.

Lo seguí hacia el grupo de chicos que formaban un círculo en donde estaba un bravucón encerrando a mi primo Jacobo contra los casilleros. Al parecer, fue lo que escuché de los alumnos que estaban alrededor, unas chicas rubias que estaban vigilando el espectáculo en primera fila lo empujaron cuando él defendía a una chica alta esbelta, con lentes y bráquets que veía la escena asustada. Las rubias —“barbies”, como les empecé a decir—, lo empujaron y Jacobo cayó encima del bravucón y este se molestó, y mucho, por lo que podía ver.

Mientras que yo soy tranquilo, ambos hermanos —tanto Eileen como Jacobo— no diría que son problemáticos, pero ambos se ponen en frente para defender a quien sea y por las razones que sea. Toleran las bromas, pero no las críticas y los comentarios hacia ellos o hacia alguien más, quien sea. Eileen primero va a la charla y, si eso no pone a la otra persona del mismo lado, si es posible, va por los pelos y las uñas, pero Jacobo habla menos y cree que siempre puede ganar, incluso con bravucón de este tamaño.

Vi a la chica de lentes y bráquets, que me pareció muy linda, junto a otras chicas que conozco, como Sheila, y otra chica mayor, pero a esta no la conozco. Alrededor vi a otras personas que conozco como Eileen que se veía bastante molesta con Jacobo, pero no se acercó a la pelea y otro chico que veía algo preocupado a la de lentes mientras todos los demás miraban a mi primo junto al otro grande en frente.

Fijé mi vista en Jacobo mientras me acercaba a él y me puse en frente. Alcancé a llegar para que él me viera y me dio un gran golpe en el ojo izquierdo. Me empujó para alejarme, pero soy más alto por lo que puede mantenerme ahí, en mi puesto.

—¡Eh! Tes, no —Sam intentó llamar a mi otra tía, pero ella se acercó al bravucón cuando yo estaba en el suelo.

Sin escucharla, Tes se fue a por el bravucón espantando y llamando la atención de varios alumnos más que estaban cerca pero no del director, por suerte.

—¡Mamá! —Eileen la vio y llamó su madre mientras se acercaba con Sam a su lado.

—¿Qué?

—Eres profesora, una docente, ya no eres la justiciera —regañó Sam.

—¿Justiciera? —preguntó Eileen.

—Hacía justicia contra los que se evadían en la secundaria.

—Genial, pero tía Sam tiene razón: eres profesora ahora, podrías haber intervenido de otra forma en vez de darle miedo al chico —y se fue mientras Sam, de brazos cruzados, seguía ahí mirando a su amiga.

—Tu hija tiene razón, eres una persona casada, con hijos que parecen más maduros que tú.

—¿Disculpa? Soy profesora, ¿te parece que las opciones que he tomado en toda mi vida no han sido maduras?

—Me tomas mal, Tes, no quise decir eso. Has sido madura toda tu vida, pero hay momentos en que se te olvida en dónde estás o con quién estás hablando, no mides tus palabras ni lo que haces. Llegas a hacer cosas sin pensarlas.

—¿Dices que no cambie que sigo siendo una terca?

—No, Tes —sin mucho éxito, Tes se fue dejando sola a Sam. Yo escuchaba la pelea al lado de ellas dos. No podía más con el ojo que a esa altura ya debía estar morado y el brazo rojo.

Tía Sam me llevó con el director y me sentó en unos bancos al lado de la puerta de la oficina del director.

—Gracias, Rafa, espero que te escuche a ti —Sam llegó a la puerta y la abrió para despedirse de Rafa y se fue. Sam esperó unos segundos para ver cuando Rafa se alejaba de la escuela e iba a cerrar la puerta, pero se detuvo al verme con la cabeza mirando al suelo. Preocupada, levantó la mirada pensando que me iba a decir algo, pero en vez de eso se quedó unos segundos en silencio mirándome y después cerró la puerta. Sin querer, estuve viendo su cara molesta, pero no porque ella hubiera hecho algo, sino más bien por la situación. Me avergonzaba que me viera así y me molestaba haber sido tan tonto para caer en la trampa de las peleas apenas el primer día, sin siquiera haber entrado a la primera clase.

En el pasillo estaban Grecia, Jacobo, Lucas y Frank que, al parecer, no habían llegado a encender la cámara para poder filmar la pelea antes de que llegara la profesora. Las barbies no estaban más que en sus clases y el grandote había sido el primero en entrar a dirección. Frank y Lucas estaban murmurando algo o, mejor dicho, solo Frank le hablaba a Lucas de algo mientras que Lucas actuaba regañado y molesto frente a él.

—Comenten cómo se metieron en este problema —Lucas se acercó con la cámara, pero en un plano en donde entrabamos Jacobo y yo.

—No importa.

—Básicamente por principios que pretendo valorar —Jacobo bufó y respondió por los dos, no estaba de humor para responder, mucho menos a Lucas por el momento y él lo hizo con la cabeza alta.

—¿Y eso qué significa?

—Si veo injusticia o algo no me parece correcto, pretendo hacer algo para cambiarlo — llevé mi vista a otro lado para demostrar que no estaba prestando atención a la cámara y que no pensaba decir nada mientras que en mi cabeza repetía una y otra vez lo que quería hacer al llegar a casa: «fotografías, cuadros, trofeos, fotografías, trofeos, cuadros...».

Me golpeó en la cabeza un paquete de galletas mientras esperaba en el pasillo. Levanté la cabeza y me encontré con la mirada de un moreno que me sonreía junto con su círculo de amigos hablando en la entrada de su clase.

—Jacobo —el grandulón fue a su clase sin dirigir vista además del suelo y mi primo fue el siguiente en entrar a la dirección. Fran y Lucas terminaron la entrevista, apagaron la cámara y se giraron para ir a su clase. Los vi irse para darme seguridad de que realmente se iban y ya no me molestarían mientras esperaba.

—Te dije que quitaras el trípode del medio del salón —Frank volvió a hablar con cara molesta con él y Lucas rodó los ojos, molesto.

Pasó un rato hasta que llamaran a mis padres. En ese tiempo pusieron en castigo al bravucón y Jacobo explicó que solo se había puesto en frente de las barbies para que dejaran en paz a la otra chica de bráquets, que parece que se llama Grecia según lo que me ha dicho. Y cuando cayó al suelo con el otro monstruo, él solo hablaba tranquilo porque no era de problemas mientras que el grandote lo amenazaba con romperle toda la cara, pero esa parte fue para mí, por ponerme en frente. En mi defensa creí que podía contra él.

—¿Por qué esta chica morena tiene un apellido que me parece conocido? —Tes apuntaba con la cabeza a una chica rubia que era la que había causado el problema principal.

—¿Mastronardi? Es de Cam. ¿Cam Mastronardi? La perrita domada de Tori —Sam apoyó la espalda en el escenario al lado de Tes.

—No puede ser.

—Consiguieron un esposo con dinero que las mantenga, para parecer buena adoptaron a esa chica de “color” y luego su marido la dejó sola con la chica y sin nada más.

—¿Y tú cómo sabes todo eso? —Tes dirigió su mirada a su lado en donde estaba su amiga.

—Internet —respondió también cambiando su mirada a Tes—. Tengo que admitir que es diferente a ser psicóloga escolar de los más pequeños.

—Dudo que haya tanta diferencia, solo son niños más grandes.

—Los niños tienen miedo, pero no se preocupan, captan solo el presente sin pensar en el riesgo. Al vivir el presente son más honestos con ellos mismos.

—No me imagino a ti pensando en todo esto ahora.

—No es mío, es de Magalí Tajes. En las redes sociales hay de todo, solo hay que buscar bien y trato de no distraerme.

Tía Sam y tía Tes estaban chusmeando como si estuvieran solas y lo que estaban diciendo fueran cosas de las celebridades, pero yo no entendía mucho de quién estaban hablando. Ambas estaban apoyadas en la secretaría que está al lado de la entrada de la escuela, pero Sam sí estaba haciendo algo, ella buscaba unos papeles mientras que Tes estaba a su lado apoyada en el escritorio hablando con ella.

Mamá y papá entraron al instituto y los escuché mientras se acercaban por el pasillo.

—Primer día de clase y ya están pasando cosas —se quejaba mi madre, entrando a paso rápido. Desde lejos podía notarla molesta, pero más bien preocupada, al igual que papá.

—Iban a pasar cosas igual —ambos se acercaron y a pocos metros los escuché mientras yo estaba con la mirada al suelo.

—Habla tú con él, lo conoces más —tomó del brazo para llamar a mamá mientras esta se giraba.

—Pero tú eres su padre también —se defendió ella.

—Al igual que tú.

—Ve por Sam que te diga lo que le dijeron a ella yo hablaré con él —apuntó con la cabeza hacia el patio.

Mamá me miró apenada, sin moverse del medio, parada en el pasillo, y luego se acercó para sentarse a mi lado. Sentía cómo me miraba sin saber por dónde empezar a hablar, pero yo no la miraba. Mi vista estaba en el pasillo buscando algún punto para perder mi vista ahí hasta que vi a Grecia hablar con sus hermanas, me quedé unos segundos mirándola en silencio hasta que mamá me sacó del trance empezando a hablar.

—¿Por qué lo hiciste? ¿Estaban tratando a alguien mal? ¿Tú estuviste cuando pasó?

—No.

— Tú eres calmado. ¿Cómo llegas a lo físico? ¿Ángel? ¿Cómo llegaste?

—No quería. Pero estaba Jacobo ahí.

—Él se llevaría la peor parte. Sé que eres de ponerte enfrente para querer protegerlos, pero podrías haberlo pensado un poco.

—No me etiquetaron de violento.

—Tampoco me importan las etiquetas, ni si dirán que eres débil. Solo soy tu madre y debo preocuparme.