Tic... Tac - Nilo Espinoza Haro - E-Book

Tic... Tac E-Book

Nilo Espinoza Haro

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Beschreibung

Las páginas de Nilo Espinoza Haro marcan el fin de una tradición y acaso construyen un camino que está descubriendo nuevos y fecundos territorios para nuestra literatura. Wáshington Delgado Los escritos de Nilo Espinoza Haro me hacen recordar la imaginación poderosa de algunos disparates ordenados y estéticos de Franz Kafka. Luis Alberto Sánchez Nilo Espinoza Haro es uno de los cuentistas peruanos más originales y singulares (…) es un prosista depurado (…) La patria de sus escritos es el lenguaje. Ricardo González Vigil

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Seitenzahl: 163

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Tic... Tac

Tic... Tac

nilo espinoza haro

Tic... Tac

Primera edición digital, publicada en Lima en septiembre de 2021.

Primera edición impresa, publicada en Lima en agosto de 2021

por Gambirazio Ediciones.

© 2021, Nilo Espinoza Haro

© 2021, Mal Menor E.I.R.L.

Para su sello editorial Gambirazio Ediciones

Av. Ayacucho S/N Mz. G, Lt. 38, Urb. La Capullana-Santiago de Surco, Lima33

Telf.: (51) 986 732 950

[email protected]

[email protected]

Dirección editorial: Juan Carlos Gambirazio Vásquez

Diseño de portada e imágenes interiores: Lorenzo Osores

ISBN: 978-612-48476-8-4

Hecho el Depósito Legal

en la Biblioteca Nacional del Perú n° 2021-09017

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni en su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 a 272 del Código Penal).

Índice

Plaza San Martín.

Carlota.

Si lo cuentas, se cumple.

Montserrat.

Enterrando huellas.

El huésped.

GIRÓSFOROS

En el tictac del reloj hay un Génesis en Tic y un Apocalipsis en Tac.

Frank Kermode

Puesto que querer es desear, el deseo ha de ser la esencia del hombre.

Querer ser para siempre.

Baruch Spinoza 

Para Gabriel, Marisel y Paula.

Plaza San Martín.

Credo quia absurdum (Lo creo porque es absurdo).

San Agustín

Señor ingeniero Luis Maldonado:

Estimado Luis: te escribo desde Marcará, distrito de la provincia de Carhuaz, localidad que pertenece al Callejón de Huaylas, región Ancash y que está ubicada a una altura de doscientos mil setecientos cincuenta y siete metros sobre el nivel del mar y a cuatro cientos cincuenta y tres y medio kilómetros de Lima, capital política del Perú.

El señor Felipe Lazarte Solís, amable vecino de este lugar, es el portador de la presente carta que, con carácter de más que urgente, te la envío para pedirte que me auxilies de la siguiente manera: por favor, lo más rápido posible contrata a una grúa para que, a mí y a mi camioneta, que está muy averiada nos trasladen a Lima.

La razón, estimado socio y colega, por la que te hago este pedido es porque, tal como el señor Lazarte te dirá, aquí en Marcará, no hay servicio mecánico disponible, ni herramientas ni quien pueda arreglar vehículos a gasolina y, por supuesto, menos a los que, como el mío, emplean energía nuclear.

Confío, estimado socio y colega, en que luego de que recibas esta carta, y en el menor tiempo posible, te esforzarás en llevar a cabo todo lo que convenga hacer para que, por fin, ya no continúe en el desamparo en el que me encuentro aquí.

Ten en cuenta, además, que este pedido lo hago apelando a nuestra condición de organizadores y principales accionistas de la exitosa empresa consultora de ingeniería mecánica en la que estamos trabajando más de una década, pero principalmente, a la gran amistad que nos une.

Repito, quiera Dios que esta carta la recibas en el término de la distancia. Para que sea así, es que estoy invocando con toda mi alma al divino. Tengo que proceder así porque no estoy muy seguro de que la recibas. La razón de ello es que te la estoy enviando de una manera poco común en estos tiempos, es decir, lo hago como se acostumbraba hacer este tipo de envíos postales en los remotos tiempos en los que no existía el servicio de correos, no solo en nuestro país, sino en el mundo entero, esto es, mediante un mensajero expreso. Pues, la verdad, estimado socio y colega, pese a que vivimos en los fabulosos tiempos post modernos y llenos de sofisticadas tecnologías, aquí no hay otra forma de hacer este o cualquier envío.

Estimado socio y colega, te informo que, durante mi permanencia aquí, me ha extrañado mucho el hecho de no haber visto circular automóviles ni camiones ni ómnibus ni motocicletas. Curiosamente tampoco caballos ni burros ni mulas o cualquier clase de transporte. Además, solo el hostal en el que me hospedo cuenta con corriente eléctrica, que es proporcionada por un vetusto generador. El resto de esta pequeña localidad carece totalmente de luz eléctrica.

El caso es, como ya te he dicho líneas arriba, que no funciona el servicio de correos ni hay luz eléctrica, sin embargo, felizmente no todo está perdido porque he tenido la gran suerte de que el señor Felipe Lazarte Solís tiene mucha urgencia de ir a Lima y, como no hay un medio de transporte que lo lleve a la capital de la república, lo hará en bicicleta, porque, según él, es un hábil ciclista y su bicicleta dice que es muy poderosa y él, gracias a Dios, ha aceptado ser el que te entregue esta carta y en el momento en que lo haga, por favor, remunérale con doscientos cincuenta dólares o su equivalente en soles. Esa cantidad de dinero no es un pago exagerado. Está más que justificado, debido a las circunstancias en las que están las comunicaciones en este distrito. Apenas me encuentre en Lima, yo te reembolsaré ese gasto y el pago a la grúa.

Estimado socio y colega, te preguntarás ¿qué estará haciendo el ingeniero mecánico Marco en este lugar? Bueno, pues, yo Marco Romero Pastor estoy buscando a Carolina Cruz, La Gatita, o sea a una especie de novia mía a quien por causas ajenas a mi voluntad, y más precisamente por ser muy descuidado, no tuve ocasión de presentártela por lo cual, desde ya, te ofrezco las respectivas disculpas.

A lo dicho, sin embargo, tengo una excusa que exhibir por no presentártela y es esta: la Gatita y yo nos veíamos solo en las noches. Durante el día, por más que quisiera, jamás aparecía ella.

De ella, ahora puedo decirte que con tan solo verla la primera vez me deslumbró y me encendió con el fuego de una increíble y maravillosa pasión que, como prueba de que era y es de fuego auténtico, me ha marcado para siempre porque se ha introducido por mis poros y hundido en mi piel hasta llegar al centro más profundo de mis huesos y de mis sueños. Más que eso, sin ella no puedo ni respirar normalmente y, todavía más, tengo la viva sensación de que mi sangre, sin ella, detiene su circulación.

Tan extraordinaria y única es esa pasión que, aunque no la veo ahora, con solo recordarla me hace sentir el sabor y esencia de lo que es vivir lo más sabroso de la vida y en toda su plenitud, vale decir, ella, su presencia, su recuerdo y hasta su sombra, todo eso es la ecuación que compone la flor que no es otra cosa que la pasión sensual que el más exigente de los mortales pueda anhelar y que, por supuesto nunca la ha vivido, pero yo, orgullosamente, digo que sí, que la he vivido y a fondo.

Ella, estimado socio y colega, mi Gatita, en síntesis me hizo vivir esa dicha de manera prodigiosa y en su más grande dimensión. Solo que, lamentablemente, no sé por qué, una madrugada de pronto, mientras yo dormía profundamente, esa increíble pasión se hizo añicos, porque ella, mi Gatita, en la única página en blanco de mi libro Structural Engineer´s Pocket Book escrito por Fiona Cobb, libro del que, entre paréntesis, solo me despego cuando duermo, en letra palmer caligrafió lo siguiente: Para que me tengas presente tal como soy en estos días y no me veas marchita o sea castigada por el tiempo, y así no decaiga tu amor, ese gran amor que me has dado y que te he dado y para que tengas siempre un buen y bello recuerdo de mí, me voy para siempre de tu lado, e inmediatamente se fue de mi vista, pero no de mi vida.

¿Tú te preguntarás por qué le digo Gatita? Le digo Gatita, por sus bellísimos ojos, que son muy parecidos a los de una gata. Y, sobre todo, porque Manuel Figueroa Moncada, veterinario especializado en animales menores, cuando hace un mes le consulté al respecto, me dijo que los ojos de algunas especiales y contadas gatas solo se acercan y retienen, o mejor dicho, apresan con la mirada a lo que ellas desean apoderarse o apropiarse para siempre a como dé lugar de algo o de alguien; y parece, aunque no es seguro para mí, que ella es del tipo de esas gatas, porque a veces tengo el presentimiento de que se ha apropiado de mí, que me tiene cautivo, preso.

De esta manera: cuando la vi por primera vez, sus ojos me hicieron sentir una atracción tan fuerte como aquella que, como sabemos no solo los que trabajamos con metales, poseen los imanes cuando atraen los objetos elaborados con hierro, acero y otros materiales semejantes.

Palabra, estimado socio y colega, en esta oportunidad, no me da vergüenza confesar que sentí y todavía siento que sus ojos me absorbieron y aún me absorben de cuerpo entero, con toda mi alma, con todo mi corazón, con toda mi vida, con mis dos zapatos, con mi camisa y con todo lo que tengo y lo que no tengo. De modo tal que, desde que ya no me miran esos ojos como ahora, siento estar a merced de un poderoso viento sin destino ni término.

Tú dirás, ¿por qué he venido a Marcará? Bueno, porque hace dos días, revisando mi papeles en el escritorio de mi departamento, encontré un papel que con la fina letra de mi dulce Gatita Carolina estaba escrita la siguiente dirección: Calle Central 177- distrito de Marcará- Provincia de Carhuaz Región Ancash.

Fue en ese momento en que recordé que me había hablado varias veces de lo agradable que era para ella este distrito. Más que eso, recordé entonces que me dijo que había vivido aquí, en Marcará, y que una de las cosas que más le gustaba de este lugar era ver desde la ventana de su dormitorio la belleza del enorme nevado Huascarán y de los otros imponentes y también muy bellos nevados que forman parte de toda la llamada Cordillera blanca.

Asimismo, me dijo que Marcará es una palabra que, en quechua ancashino, significa llevar a alguien cargada o cargado en brazos, por eso, siempre me pidió que la cargara, que la llevara cargada en brazos a la cama y allí ella, en la cama, me gratificaba de tal manera que me hacía sentir en el paraíso de los paraísos.

Bueno, pero volviendo al papel con la dirección que te he dicho que estaba escrita ahí y el recuerdo de todo lo que me dijo de este sitio y, más que eso, la esperanza de encontrarla cuanto antes, y recobrar el norte de mi existencia. Todo, todo eso se acumuló de tal forma en mí, que no tuve otra cosa que hacer que ponerme en camino en dirección de este lugar, de Marcará.

A continuación, paso a contarte que volando, sí, volando pero de a verdad, y pensando nada más que en encontrar a toda velocidad a mi Gatita Carolina, sí a toda velocidad, con mi cuatro por cuatro que tú conoces, me enrumbé por la carretera Panamericana Norte.

La carretera estaba prácticamente desierta y a mi discreción. Contra lo que era común y corriente, te repito, la Panamericana estaba totalmente libre. Sin embargo, ni me fijé ni lo tomé en cuenta ese detalle, porque solo estaba pendiente en avanzar lo más rápido posible y llegar a ver a mi Gatita.

Es decir, estaba concentrado en el camino y en ninguna otra cosa más. Así estuve varias horas. Luego, saliendo de la carretera Panamericana Norte y estando ya en la carretera que pasa digamos por el centro del Callejón de Huaylas y muy cerca de llegar a Marcará, empezó la noche y al mismo tiempo cayó una lluvia fuerte.

Llovió lo que se dice a cántaros, pero a cántaros de a verdad o sea cántaros hechos tal vez por seres gigantescos. Entonces, la computadora, las crucetas, los palieres y la bomba de agua de mi vehículo, por una o por varias causas que ignoro totalmente, se averiaron.

La camioneta, en tres palabras, estimado socio y colega, se me plantó. Se me plantó en un lugar patéticamente solitario. Por eso, con gran molestia y mucho temor a que me la roben o la canibalicen como lo hacen en Lima con los vehículos que están a la intemperie, tuve que dejarla allí, o sea a dos kilómetros de distancia de Marcará, donde, después de muchas horas, conseguí alojamiento.

Desde la medianoche de ayer ocupo una habitación de la segunda planta con vista a la calle de un hostal, que está a unos cincuenta metros de la plaza más importante de este distrito.

Me molesta que hasta este momento, por estar concentrado en mi Gatita, no he podido ver el paisaje no solo de este lugar, sino de todo el Callejón de Huaylas; pero lo que me fastidia más, y casi me olvido de decirte, es que tampoco funciona mi Laptop ni mi Tablet y menos mi teléfono móvil.

En el recibidor del hostal hay un teléfono fijo que no funciona. Tampoco funciona el teléfono móvil de su propietario y administrador, cuyo nombre es Federico Terry Váscones, quien, dicho sea de paso, me presentó al señor Felipe Lazarte Solís y me ayudó a convencerlo para que sea el portador de esta carta y también me ha advertido que el combustible que usa el viejo generador, que proporciona corriente eléctrica, se agotará pronto y no tiene cómo obtener combustible que lo reemplace.

En el mismo recibidor hay un antiguo tocadiscos a tubos que reproduce música folklórica sin descanso y en el comedor un televisor también a tubos que en todo momento pasa versiones grabadas de fiestas del lugar, de antiguos partidos de fútbol de Lima y presentaciones de un cantor que, como me informó el señor Terry, lo llamaban El jilguero del Huascarán, también de una cantante llamada Pastorita Huaracina y de otra cantante llamada Princesita de Yungay y, como me dijo el señor Terry, es la única que está viva y tal vez ya no cante porque debe estar muy anciana. Todas esas grabaciones son de por lo menos cuarenta o más años atrás.

Al respecto, el señor Terry me ha dicho que pasa esas grabaciones cada vez que puede, porque le recuerdan su infancia y, sobre todo, porque los que aparecen allí, según sus palabras: me acompañan como nadie lo ha hecho desde hace mucho tiempo.

Hasta esta hora, diez de la mañana, aparte de Federico Terry Váscones y el señor Lazarte, no he visto a ninguna otra persona en el hostal y cuando he mirado desde la puerta a la calle tampoco he visto a ningún hombre, o mujer o niño o niña que caminen por ahí.

Eso me ha inquietado bastante, pero dejando ese tema a un lado, al señor Terry le pregunté si sabía o si conocía a una señorita llamada Carolina Cruz o una familia de apellido Cruz.

Para sorpresa mía, me respondió que como había nacido hace muchos, muchos años aquí en Marcará y que pocas veces había salido a otro sitio, conocía a todos los que viven y han vivido aquí y que jamás había oído ese nombre y ese apellido.

Luego, muy preocupado, le pregunté por los gatos de Marcará. Él me dijo que hace un tiempo unos desconocidos que pasaron por Marcará encargaron a una anciana el cuidado de una hermosa gata.

La anciana estaba muy contenta de tenerla y de cuidarla y, por eso, estaba muy agradecida a esos desconocidos que, según ella, parecían gitanos.

La anciana vivió mucho tiempo cuidando a la linda gata, pero como no todo en la vida dura, ella murió y la preciosa gata desapareció. Lo que me dijo Terry hizo que se me helara la sangre.

El asunto es que, además, en este preciso momento, no sé por qué, tuve la rara sensación de que los únicos habitantes de esta localidad son el señor Terry y el señor Lazarte.

Un instante después, recordé que el señor Federico Terry Váscones, al servirme el desayuno a las siete de la mañana, en el comedor, me dijo que Carhuaz, es decir el nombre de la provincia al que pertenece el distrito de Marcará, en quechua ancashino significa color amarillo.

También me explicó por qué llevaba la provincia ese nombre. Al respecto, me contó que, desde mucho tiempo atrás, tal vez mucho más antes de los tiempos en que los incas gobernaban y pasando los tiempos, mucho después, es decir, hasta diez años antes de este siglo XXI, el color amarillo había predominado de manera brillante en el follaje, en el cielo y en el aire de esta provincia, por eso lo antiguos pobladores de este sitio, le pusieron ese nombre.

Ese amarillo, según me dijo, era muy alegre y tenía mucha vida. Era signo de prosperidad porque, según él, es el color que tiene el oro y es la presencia bendecida del dios de los incas, el sol.

Sin embargo, me dijo, que desde la mitad del año 1990 para adelante poco a poco ese color amarillo brillante y alegre cambió de tono. De brillante, bruscamente, se convirtió a un amarillo de tono pálido. Según él, junto con ese tono ha llegado pena, enfermedad, preocupación, tristeza y dolor.

Y, según me dijo el señor Terry, ese color amarillo cada día se va poniendo tan débil al punto que, según subrayó, no sé qué gran terrible desgracia pueda pasar de aquí a más adelante.

Todo eso me lo dijo no con la voz enérgica pero despejada, apacible y amable con la que me recibió ayer en la noche y que sonaba así hasta hace pocos instantes, sino con una voz cada segundo que pasaba más baja, apagada y sin vigor.

Bueno, pues, como él me ha atendido con gran gentileza, en retribución le he ofrecido darle unas pastillas para que su voz no se apague totalmente.

Antes de subir a mi habitación para cumplir con entregarle al señor Terry las pastillas para que le alivie la garganta y no se apague su voz, le pedí papel y bolígrafo para escribirte esta carta, que ojalá, repito, te entregue cuanto antes el señor Lazarte.

Muy cordialmente, el señor Terry me dio lo que le pedí. La prueba es que, si cumple el señor Lazarte, recibirás lo que te estoy escribiendo y seguro no te negarás a auxiliarme.

Ya sentado frente a una pequeña mesa de la habitación que ocupo, como una película, me ha venido a la mente todo lo que me ha ocurrido desde que en Lima encontré el papel con la dirección que di por hecho que escribió mi Gatita. Mejor dicho, en mi mente se ha rebobinado todo lo que he estado viviendo durante los últimos cuarenta y pico de horas o más.

El resultado me ha desconcertado. Porque, fíjate, para comprobar cada paso que he dado, lo primero que he hecho es abrir el libro del que te dije líneas arriba que nunca me separo, es decir el que lleva por título Structural Engineer´s Pocket Book escrito por Fiona Cobb, y, para mi total desconcierto, no he encontrado lo que te dije que había anotado mi Gatita despidiéndose de mí, y si a eso añado que se me ha extraviado por completo el papel en el que estaba la dirección de Marcará que encontré dentro de mis papeles y, más aún, si a lo que estoy mencionado sumo lo que me ha dicho el señor Terry en el sentido que en Marcará no hay ninguna familia apellidada Cruz, eso me ha preocupado.

Más que eso, cuando me habló de la anciana que cuidaba a una hermosa gata dejada por desconocidos que parecían ser gitanos, me ha dejado en un estado de ánimo de mucha desorientación y perplejidad., porque tal cosa significa nada menos que a lo mejor mi Gatita en el mejor de los casos podría ser un simple espejismo, o una ilusión, u otra cosa que no me atrevo a decir lo que en verdad pudiera ser.

Para salir de esas suposiciones o certezas me puse de pie, respiré con todas mis fuerzas, hice diez lagartijas y luego y para tranquilizarme definitivamente me acerqué a la ventana para ver por primera vez en mi vida lo grandioso que es el nevado Huascarán y todos los nevados de la Cordillera Blanca.