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Una original guía de fácil lectura y bellamente ilustrada pensada para acompañar a los peregrinos y ayudarles a saborear la visita de cada santuario, deteniéndose a contemplar el entorno natural, la arquitectura, la decoración; a comprender el significado que tienen cuando son citados en las Escrituras; a realizar también un recorrido espiritual mediante lecturas bíblicas, oraciones y otros textos complementarios. Una guía elaborada por Manuel Crespo, gran conocedor de Tierra Santa y experimentado guía durante años de peregrinaciones a Los Santos Lugares, en la que combina información turística con lecturas, oraciones, curiosidades y aspectos menos conocidos como el entorno natural y su presencia en la Biblia. Con un apéndice que contiene información práctica, direcciones de embajadas y consulados e índice de lugares.
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Seitenzahl: 251
Veröffentlichungsjahr: 2018
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Índice
Portada
Portadilla
Créditos
Tierra Santa. Yo soy el Camino
Programa tipo de una peregrinación de 8 días
I. Litoral mediterráneo
Acre
Haifa, monte Carmelo
Cesarea Marítima
Jaffa (la bella) Tel Aviv (la moderna)
II. Galilea
Nazaret
Lago de Tiberíades
Cafarnaún
Tabgha
Magdala
Caná de Galilea
Monte Tabor
III. Samaria
Siquén
IV. Judea
Jericó
Betania
Emaús
Ain Karen
Belén
V. Jerusalén
Monte de los Olivos
Getsemaní
Monte Sion
Ciudad Vieja
Basílica del Santo Sepulcro
Explanada del templo
VI. El Mar Muerto
VII. La naturaleza
Apéndice
La Custodia franciscana de Tierra Santa
Información práctica
Información al viajero
Manuel Crespo Ortega (San Sebastián, 1948), es licenciado en Teología Bíblica por el Instituto Bíblico franciscano de la Flagelación en Jerusalén, ex-director de la revista Tierra Santa y colaborador asiduo de la misma hasta la fecha. Durante diez años ha sido guía de peregrinos en Tierra Santa y acompañante de grupos por tierras bíblicas de Egipto, Israel, Jordania, Turquía, Chipre, Grecia, Malta e Italia. Recientemente ha publicado en San Pablo Isidro Labrador, santo del siglo XI y... del XXI.
Fotografías de Shutterstock. En portada: Mezquita de la Roca (Jerusalén).
© SAN PABLO 2018 (Protasio Gómez, 11-15. 28027 Madrid)
Tel. 917 425 113 - Fax 917 425 723
E-mail: [email protected] - www.sanpablo.es
© Manuel Crespo Ortega, 2018
Distribución: SAN PABLO. División Comercial
Resina, 1. 28021 Madrid * Tel. 917 987 375 - Fax 915 052 050
E-mail: [email protected]
ISBN: 978-84-285-6123-5
Depósito legal: M. 31.931-2018
Impreso en Artes Gráficas Gar.Vi. 28970 Humanes (Madrid)
Printed in Spain. Impreso en España
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio sin permiso previo y por escrito del editor, salvo excepción prevista por la ley. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la Ley de propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal). Si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos – www.conlicencia.com).
A los franciscanos de Tierra Santa.
Durante 800 años al servicio
de los santuarios evangélicos,
de los cristianos locales
y de los peregrinos.
Cesarea
L a vida es una peregrinación, una imagen del camino que debemos recorrer durante nuestra existencia. Viviendo y andando vamos haciendo caminos, experimentamos y disfrutamos de la vida, de la naturaleza, de amigos, compañeros y familiares... Siempre estamos acompañados.
Peregrinando por los caminos del Quinto Evangelio nos sentimos acompañados por el Maestro que dijo: Yo soy el Camino, de su mano y de sus conversaciones aprendemos cosas sobre la felicidad, el amor, la amistad, el sufrimiento... en definitiva, sobre la vida humana.
Según Goethe: «Si quieres comprender al poeta, debes visitar su país».
Y lo mismo dijo san Jerónimo: «La Biblia, especialmente el Evangelio, la entenderá mejor quien haya visto con sus propios ojos los Santos Lugares».
Estimado lector, este libro no es una guía de Tierra Santa al uso, es un libro donde se describen los lugares y santuarios que los peregrinos visitan durante la peregrinación de ocho días, programa preparado por la mayoría de las agencias expertas en turismo religioso. Dejamos a un lado muchos lugares importantes en la historia bíblica, casos como Hebrón, Silo, Meguido, Berseba, etc., para centrarnos más en el Nuevo Testamento.
Este libro está pensado como guía-acompañante para que el peregrino, tras escuchar las explicaciones del guía, pueda saborear con relax la visita de cada santuario, visionando el entorno natural, la arquitectura, la decoración, elementos que le ayudarán a fijar en su mente el mensaje de cada santuario y los sentimientos que ha tenido en cada visita.
También se puede leer antes del viaje, como ayuda y preparación a las visitas, y así aprovechar al máximo las sugerencias y reflexiones que aquí pueda encontrar.
Termino con unas recomendaciones que hacía un párroco de Madrid a sus grupos de peregrinos antes de viajar a Tierra Santa: «Prepara con ilusión tu maleta. No solo los objetos prácticos: calzado cómodo y ropa acorde, gafas de sol para ciertas zonas, pasaporte, dinero, etc. Prepara principalmente tu espíritu y buen ánimo, alegría y sentido religioso, ecumenismo y respeto a culturas y religiones diferentes. Lo pasarás bien».
Ese es también mi deseo. Que lo pases bien leyendo este libro y peregrinando a Tierra Santa. ¡Puedes caminar en paz!
• Vuelo hacia Tel Aviv y traslado a Nazaret o Tiberíades.
• Por la mañana, visita de Nazaret: Basílica y Gruta de la Anunciación, Fuente de la Virgen, Iglesia de San José y Poblado Evangélico.
• Por la tarde, traslado a Haifa, el mayor puerto marítimo del país: visita del monte Carmelo y el santuario Stella Maris. Continuación a Caná de Galilea, lugar del primer milagro de Jesús: renovación de las promesas matrimoniales.
• Monte de las Bienaventuranzas, escenario del Sermón de la Montaña. Continuación a Tabgha, lugar de la multiplicación de los panes y los peces, y visita de la pequeña capilla del Primado de Pedro, a orillas del lago.
• Traslado a Cafarnaún, la ciudad de Jesús, que fue escenario de gran parte de su vida pública: visita de los restos de la antigua sinagoga del siglo IV y la casa de San Pedro. Travesía en barco por el Mar de Galilea.
• Por la tarde, traslado al monte Tabor: subida en taxi y visita de la iglesia de la Transfiguración. Seguidamente, traslado a Jerusalén.
• Visita del Campo de los Pastores. De regreso a Belén visita de la basílica de la Natividad levantada sobre la gruta del Nacimiento. Grutas de San José y San Jerónimo.
• Por la tarde, traslado a Ain Karen: Santuarios de la Visitación y San Juan Bautista. Recorrido por la Ciudad Nueva pasando junto al Parlamento (Knéset) y el Museo de Israel, donde se encuentra la maqueta de Jerusalén.
• Monte de los Olivos, cargado de recuerdos evangélicos: lugar de la Ascensión; recinto del Pater Noster. Panorámica de la Ciudad Santa desde la cima del monte. Paseo hasta la pequeña capilla franciscana del Dominus Flevit y Getsemaní: basílica de la Agonía, Huerto de los Olivos con sus árboles centenarios, gruta del Prendimiento y Tumba de la Virgen.
• Por la tarde, visita del monte Sion cristiano: San Pedro in Gallicantu; tumba del rey David, el Cenáculo donde Jesús celebró la Última Cena y la abadía de la Dormición.
• Entrada en la Ciudad Vieja por la Puerta de Sion y recorrido por el Barrio Judío, visitando el antiguo Cardo Máximo, la reproducción del mosaico de Mádaba con el plano de Jerusalén del siglo VI y el Muro de las Lamentaciones.
• Visita de la Ciudad Vieja de Jerusalén: Entrada por la Puerta de San Esteban y visita de la iglesia de Santa Ana, Piscina Probática. Flagelación.
• Recorrido por la Via Dolorosa rezando el Víacrucis, siguiendo los pasos de Jesús hasta la Basílica de la Resurrección: visita del Calvario y Santo Sepulcro.
• Tarde libre.
• Salida hacia Emaús, lugar que recuerda la aparición de Cristo resucitado a los dos discípulos: visita del santuario y celebración de la Eucaristía.
• Traslado a Jericó: visita de las ruinas de la ciudad más antigua del mundo. Contemplación del monte de la Cuarentena y del Oasis formado por la fuente de Eliseo.
• Continuación a Qumrán: visita de las excavaciones del Monasterio Esenio y panorámica de las cuevas donde se encontraron los Pergaminos del Mar Muerto. Renovación de las promesas bautismales en Qasr-el-Yahud, lugar del bautismo de Jesús en el río Jordán.
• Tiempo para baño en el Mar Muerto, el lugar más bajo de la tierra. Regreso a Jerusalén.
Mapa de Tierra Santa
• El programa del último día depende del horario del vuelo de regreso a Madrid, según la compañía aérea elegida por cada agencia.
• Salida a Betania: visita de la iglesia de Marta y María. Celebración de la Eucaristía de despedida de la Peregrinación. A continuación traslado a Jaffa: visita de la iglesia de San Pedro y el Barrio de los Artistas.
• Por la tarde, traslado al aeropuerto de Tel Aviv y vuelo de regreso a Madrid.
Haifa
Jaffa
E l mar Mediterráneo forma parte del país de la Biblia: sus costas son testigos de acontecimientos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.
Entre otros pasajes, tenemos el de Jonás embarcando en el puerto de Jaffa hacia Tarsis cuando huía de la justicia divina. Las naves de Salomón descargan en este mismo puerto las maderas preciosas que usó para la construcción del templo de Jerusalén. El profeta Jeremías cita el Carmelo sobre el mar (Jer 46,18) y a Elías lo vemos combatiendo contra los dioses de Baal, en el Carmelo, frente al mar.
Una región del litoral muy citada es la Filistea, situada al sur de Tierra Santa, que se extendía entre la actual Tel Aviv y Gaza. De procedencia desconocida, fue un pueblo que se asentó en esta zona y disputó estos terrenos a los israelitas. En relación con los filisteos, destaca Sansón («hijo del sol»), protagonista de los relatos en Jueces 13-16 y conocido por su fuerza (capaz de cargar con las puertas de la ciudad de Gaza), y también por su relación con la filistea Dalila. Según el libro de los Jueces, Sansón sojuzgó a Israel durante diez años.
Del nombre de Filistea procede el actual de Palestina, nombre con el que se ha conocido durante siglos la Tierra Santa y hoy da nombre al pueblo árabe residente en esta tierra, con las aspiraciones de conseguir un día formar un Estado independiente que comparta con Israel este país, conocido como el País de la Biblia.
Según el Nuevo Testamento, en este litoral mediterráneo destacan las figuras de Pedro en Jaffa y Cesarea, Pablo en Cesarea y Acre, mientras que el diácono Felipe evangeliza esta costa desde Azoto hasta Cesarea (He 8).
El Mediterráneo se convirtió en una autopista para la evangelización: los apóstoles Pedro y Pablo, con sus colaboradores, viajan por los actuales estados de Chipre, Turquía, Grecia, los países balcánicos, Malta, Italia y... España.
Los antiguos puertos de Jaffa, Cesarea, Acre y ahora Haifa, han sido los puntos de salida y entrada de comerciantes, viajeros, apóstoles, peregrinos, cruzados...
Por el Mediterráneo llegaron Pedro y Pablo a Roma.
Por el Mediterráneo quiso llegar Pablo a España, posiblemente a Tarragona.
Por el Mediterráneo vino Santiago a España, a evangelizar la península Ibérica: «seréis mis testigos hasta los confines de la tierra», hasta el Finisterre.
Por el Mediterráneo se transmitía el mensaje de Cristo: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida». ¡Cómo han cambiado las cosas veinte siglos después! Ahora es el mar de los contrastes: viajes de lujo y confort en los cruceros junto a lanchas pateras cargadas de emigrantes abocados, en muchos casos, a la muerte, para quienes el Camino se acaba en mitad del oleaje, la Verdad no existe, han sido engañados, y la Vida se les trunca intentando llegar a la «otra orilla».
Viajando desde España a Tierra Santa se sobrevuela el Mediterráneo en toda su extensión. Las cuatro horas de vuelo, inicio cómodo de la peregrinación, nos pueden servir para reflexionar sobre estas historias de antes y de ahora, mientras por la ventanilla disfrutamos del azul de sus aguas y vemos allí abajo, al sur de Italia y muy cerca, la isla, tristemente famosa, de Lampedusa, y después las islas griegas, la costa turca, Chipre y finalmente la ansiada costa de Tierra Santa, sobrevolando Tel Aviv para aterrizar en el aeropuerto de Ben Gurion. Hemos llegado, pero el espacio recorrido nos ha permitido recordar las travesías de Pablo, Pedro, Bernabé, Santiago, las de los peregrinos de antes, viajeros por mar, las de los cruzados... Y también a los que hoy se dejan la vida en sus aguas.
Como vemos, el Mediterráneo ofrece mucha historia con sabor a mar, a Biblia y a actualidad.
Acre
E stá situada en un extremo de la bahía de Haifa, al norte de Israel, y a unos 25 km de la frontera con Líbano. Acre ha sido una ciudad muy importante en la historia de Oriente Medio. Dada su situación geográfica y su puerto marítimo, ha sido muy apetecida por los numerosos pueblos que la han invadido llevados por sus intereses económicos y militares. La lista de pueblos y ejércitos es larga: asirios, persas, griegos, ptolomeos, macabeos, partos, romanos, cruzados...
Ya es citada como ciudad de la tribu de Aser en el Antiguo Testamento: «Aser no expulsó a los habitantes de Acco ni a los de Sion... y los hijos de Aser habitan en la tierra en medio de los cananeos» (Jue 1,31-32).
En el siglo III a.C. cambió de nombre al ser tomada a los griegos por los ptolomeos de Egipto, y pasó a llamarse Tolemaida. Fue una época próspera, ya que su puerto se amplió convirtiéndose en uno de los más importantes de la costa oriental del Mediterráneo. Con este nombre es citada en la época cristiana cuando san Pablo regresa a Jerusalén tras su tercer viaje: «Nosotros, terminando nuestra travesía, fuimos de Tiro a Tolemaida, saludamos a los hermanos y nos quedamos un día con ellos» (He 21,7).
Durante el Imperio romano perdió influencia, al coincidir con la creación de la ciudad de Cesarea y su gran puerto. Pero se recuperaría con la invasión árabe el año 636 y sobre todo con la llegada de los cruzados el año 1104, cuando la ciudad de Acre fue conquistada por Balduino I. Y con Ricardo Corazón de León volvió a cambiar de nombre, pasando a ser San Juan de Acre. En apenas un siglo, la ciudad, controlada por los cruzados, progresó en su arquitectura y urbanismo: se construyeron un recinto amurallado, la fortaleza de los Cruzados, de estilo gótico, donde se pueden admirar, entre otras obras, el salón de los Caballeros, la sala del Gran Maestre, la cripta de san Juan, hospitales... y se crearon las famosas y beneméritas órdenes militares, como la de los Hospitalarios de San Juan y la Orden Militar de los Caballeros Teutónicos.
El próspero período de los Cruzados acabó con su expulsión de Acre en 1291, a cargo del sultán de Egipto, Melek el Ashraf.
Entre sus callejuelas, se encuentra la iglesia de San Juan, parroquia de los católicos a cargo de los franciscanos de la Custodia, así como un colegio.
En el puerto de esta ciudad está el origen de la benemérita Custodia Franciscana de Tierra Santa. Queriendo Francisco que sus frailes estuvieran presentes en los lugares donde nació y murió Jesucristo, de ahí su devoción al pesebre y al Víacrucis, envió a un grupo de estos que llegaron por mar de Italia al puerto de Acre en 1217 (exactamente ahora se han cumplido ¡800 años!).
«En aquellos días Elías dijo a Ajab: “Vete a comer y beber, que ya se oyó el ruido de la lluvia”. Ajab fue a comer y beber, mientras Elías subía a la cima del Carmelo; allí se encorvó hacia tierra, con el rostro en las rodillas y ordenó a su criado: “Sube a otear el mar”. El criado subió, miró y dijo: “No se ve nada”. Elías ordenó: “Vuelve otra vez”. El criado volvió siete veces, y a la séptima dijo: “Sube del mar una nubecilla como la palma de una mano”. Entonces Elías le mandó: “Vete a decirle a Ajab que enganche y se vaya, no le coja la lluvia”. En un instante se oscureció el cielo con nubes empujadas por el viento y empezó a diluviar. Ajab montó en el carro y marchó a Yezrael. Y Elías, con la fuerza del Señor, se ciñó y fue delante de Ajab, corriendo hasta la entrada de Yezrael» (1Re 18,41-46).
H aifa, tercera ciudad de Israel, se extiende a lo largo de la falda del monte Carmelo, entre jardines y avenidas arboladas que terminan junto a las aguas del Mediterráneo, formando una hermosa bahía. El puerto, construido durante el Mandato británico a principios del siglo XX, es el más importante de la zona y confiere a la ciudad su carácter industrial. La mayoría de sus habitantes son judíos, tan solo un 10% lo forman musulmanes, cristianos, drusos y seguidores de la religión Bahá’í, cuyo fundador Siyyid ‘Alí-Muhammad (El Báb), muerto en Persia en 1850, descansa en el panteón de cúpula dorada, construido en medio de unos bien cuidados jardines persas que conforman una de las panorámicas más bellas y fotografiadas de la ciudad.
El peregrino cristiano acude a Haifa principalmente para visitar el santuario Stella Maris y su Virgen del Carmen. Es, cómo no, también el origen de la Orden de los Carmelitas, orden benemérita que ha dado a la Iglesia y a la Humanidad personajes tan ilustres como san Juan de la Cruz y la inconmensurable Teresa de Jesús, peregrina andariega por nuestras tierras hispanas, fundando conventos, visitando y animando a sus hermanas con palabra cálida y sencilla, mística muy cercana a Dios y a la vez humana, descubriendo a Dios entre las personas, entre las cosas de la vida e incluso «entre los pucheros».
A finales del siglo XII nos encontramos con un grupo de ermitaños alojados en un valle solitario de la cadena del monte Carmelo. No se sabe nada sobre su origen. Podían ser miembros de otros monasterios que se refugiaron aquí cuando Palestina fue ocupada por los musulmanes, o viajeros que surcaban el Mediterráneo y decidieron permanecer en Tierra Santa.
Se trataba de grupos espontáneos que vivían en penitencia. No eran clérigos, ni monjes, ni estaban sometidos a ninguna regla ni institución. Se alojaban en cuevas y cerca de la fuente de Elías, el profeta que vivió en esta zona y a quien trataban de imitar.
A principios del siglo XIII, el patriarca de Jerusalén, Alberto, envía un escrito a estos ermitaños invitándoles a vivir en comunidad con unas normas de vida y con el deseo de que levanten un oratorio dedicado a la Virgen... Así, con esta sencillez de medios, se originó en el monte Carmelo una nueva orden religiosa, con referencias a Elías y a María como modelos y maestros. Los miembros de la nueva orden serán los hermanos de la Bienaventurada Virgen María del monte Carmelo.
Los carmelitas son los difusores de la advocación mariana tan querida, sobre todo en España, de la Virgen del Carmen, patrona del mar, protectora de marinos, marineros y pescadores, festejada en sus fiestas patronales en muchos pueblos costeros que la pasean por los puertos y las playas. Muchas mujeres en España llevan con orgullo el nombre de Carmen, en homenaje a la Virgen del monte Carmelo, nombre que ha suscitado canciones, películas, óperas...
El monasterio actual es del siglo XIX, obra del carmelita italiano F. Cassini. Destacan las pinturas de la cúpula, con escenas del profeta Elías y otros profetas del Antiguo Testamento, los cuatro evangelistas y santos carmelitas. En el altar mayor destaca la imagen de la Virgen del Carmen, de talla polícroma. Y, debajo del altar, una gruta recuerda al profeta Elías, tan presente en este monte como profeta e inspirador de la vida monástica, y más tarde maestro y modelo de la nueva Orden religiosa carmelitana, en sus ramas masculinas y femeninas.
En el exterior podemos ver un monumento dedicado a la Virgen del Carmen, patrona de Chile, levantado en 1894. Muy cerca de allí hay un mirador, desde donde se disfruta de una magnífica panorámica de la bahía, el puerto y la ciudad. Al fondo de la bahía se divisa la cercana e histórica ciudad de Acre.
Los carmelitas además de atender el santuario Stella Maris, atienden una residencia anexa para grupos de peregrinos y se encargan de la parroquia católica de Haifa.
Dice una voz marinera:
¿Quién me presta una patera
para poder rescatar marineros que,
en faena, no pudieron regresar?
Reina y Señora del mar,
Tú, que vas por esos mares,
hazle llegar esta salve
a los que en el cielo están.
Diles Tú, Carmen divina,
que desde que faltan ellos
dentro de mi corazón
llevo clavada esa espina.
Hoy yo les quiero cantar,
Virgen del Carmen Señora,
quiero cantar en memoria
de los que en el cielo están.
«Al día siguiente, se levantó y marchó con ellos, haciéndose acompañar por algunos de los hermanos de Jaffa.
Al día siguiente entró en Cesarea, donde Cornelio lo estaba esperando, reunido con sus parientes y amigos íntimos. Cuando iba a entrar Pedro, Cornelio salió al encuentro y, postrándose, le quiso rendir homenaje. Pero Pedro lo levantó diciendo: “Levántate, que soy un hombre como tú”. Entró en casa conversando con él y encontró a muchas personas reunidas. Entonces les dijo: “Vosotros sabéis que a un judío no le está permitido relacionarse con extranjeros ni entrar en su casa, pero a mí Dios me ha mostrado que no debo llamar profano o impuro a ningún hombre; por eso, al recibir la llamada, he venido sin problemas. Dime, pues, por qué motivo me habéis hecho venir”. Cornelio contestó: “Hace cuatro días, a esta misma hora, cuando estaba orando a la hora de nona en mi casa, se me presentó un hombre con vestido resplandeciente y me dijo: ‘Cornelio, Dios ha oído tu oración y ha recordado tus limosnas; haz venir de Jaffa a Simón, llamado Pedro, que se aloja en casa de un tal Simón curtidor, a orillas del mar’”»... (He 10,23-48).
«Los soldados, de acuerdo con lo que se les había ordenado, tomando a Pablo, lo llevaron de noche hasta Antípatris. Al día siguiente, dejando que los jinetes se fuesen con él, regresaron al cuartel. Cuando aquellos llegaron a Cesarea, después de entregar la carta al procurador, le presentaron también a Pablo. Después de leerla, preguntó a qué provincia pertenecía y, al saber que era de Cilicia, dijo: “Te oiré cuando vengan tus acusadores. Y ordenó que lo custodiaran en el pretorio de Herodes”» (He 23,31-35).
C esarea fue una de las ciudades más importantes de la Palestina antigua, pero a pesar de su esplendor, la gloria le duró apenas catorce siglos. Situada a medio camino entre Jaffa y el monte Carmelo, hoy solo podemos visitar los restos arqueológicos que nos demuestran la riqueza de los materiales usados en su construcción.
Donde había un poblado decadente y un pequeño puerto sin importancia, Herodes el Grande construyó una magnífica ciudad a partir del año 22 a.C. a la que dotó de anfiteatro, hipódromo, acueducto, almacenes y edificios públicos, además del puerto, que llegó a ser uno de los mejores del Mediterráneo.
El historiador judío Flavio Josefo nos recuerda algunos detalles de esta Cesarea Marítima: «La dotó de un gran puerto, venciendo grandes dificultades, –mayor que el del Pireo–. Frente a la entrada del puerto construyó, sobre una pequeña altura, un templo que dedicó a César, de excelentes proporciones y belleza, con una colosal estatua de Octavio, no inferior al Júpiter Olímpico, al que se asemejaba, y el coloso de Roma, igual a la Hera de Argós. Herodes dedicó la ciudad a la provincia, el puerto a los navegantes y a César el honor de la fundación, por eso la llamó Cesarea».
En el año 6 d.C. es destituido Arquelao, hijo de Herodes, y los romanos, con Augusto al frente, se anexionan la ciudad a la provincia de Judea. Dependiendo de Roma, aquí vivían los procuradores, y se convirtió en centro administrativo y militar de la región y residencia de los gobernadores.
La primera presencia cristiana en la ciudad es a través del diácono Felipe según el testimonio de los Hechos de los apóstoles: «Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea» (He 8,40). Después será san Pedro quien viniendo desde Jaffa llega a Cesarea para convertir y bautizar al centurión Cornelio y su familia (He 10,1-48). Asímismo san Pablo será procesado y encarcelado en esta ciudad (He 23,24).
A finales del siglo II ya era sede episcopal y en el año 195 se celebró un Concilio, en el que se aprobó que la Pascua se celebrara en domingo. Años más tarde se fundó la Escuela Bíblica de Cesarea, trasladada por Orígenes desde Alejandría.
El primer historiador de la Iglesia fue Eusebio de Cesarea, que fue obispo de la ciudad en el siglo IV. Entre sus obras destaca un libro sobre la geografía de Tierra Santa, conocido como el Onomasticon, una especie de guía de los Santos Lugares.
A partir del siglo VII empieza el declive de esta maravillosa ciudad. La invasión de los persas, con el bárbaro Cosroes II al frente, arrasó con todo, no dejando piedra sobre piedra.
Los cruzados reconquistaron por dos veces Cesarea, con Balduino I y san Luis de Francia, que construyó un nuevo muro y foso. De poco sirvió, porque cuarenta años después el sultán Baibars la destruyó totalmente.
En el siglo XIV, ya no hay constancia de la ciudad en las crónicas: la zona fue ocupada por beduinos y los restos arqueológicos fueron saqueados y se transportaban por mar a Jaffa y Acre, donde se recolocaron algunas columnas en el pórtico de la mezquita de El-Jazzar, una de las más importantes del país.
La arqueología ha permitido descubrir numerosas ciudades ricas en monumentos a las que el tiempo y la desidia dejaron ocultas por muchos siglos. Cesarea es una de ellas, y pasear entre sus antiguas piedras nos permite recrear la ciudad floreciente que fue en su tiempo y recordar a los apóstoles Pedro y Pablo, tan unidos a ella. Entre otros lugares, merecen la pena los siguientes:
Data del siglo II d.C. aunque fue levantado sobre el construido por Herodes el Grande, junto al Mediterráneo. Se descubrió en una campaña arqueológica entre los años 1959-1964, y tiene un aforo para seis mil espectadores. Como en tantos otros sitios, ha sido remodelado y se sigue usando en verano para conciertos y festivales de teatro.
El violonchelista Pablo Casals tuvo el privilegio de actuar el día de su reinaguración.
Durante las excavaciones apareció en este lugar una lápida de mármol con esta inscripción: «Tiberio: Poncio Pilato, prefecto de Judea». Tiene gran importancia en el estudio de los evangelios, porque es la única referencia escrita –al margen de esta– que habla de Pilato.
Del paso del cristianismo por Cesarea también da testimonio una pieza de mármol con la representación del Buen Pastor.
Sirvió para abastecer de agua a la ciudad, que se traía desde el monte Carmelo. Se conservan muy bien algunos arcos, casi en la misma playa, lugar que permite a los aficionados a la fotografía conseguir muy buenas imágenes. La acción del mar ha destruido la última parte, así como el magnífico puerto, que ha quedado sumergido bajo las aguas.
Se conservan el foso y parte del muro que construyó san Luis, rey de Francia, en la última etapa de los cruzados en Tierra Santa. De la entrada principal sale la calle central que conduce hasta el puerto. Se aprecia en su pavimentación el uso de materiales antiguos, como mármoles, columnas y capiteles, romanos y bizantinos.
Los cruzados quisieron dedicar una catedral a los apóstoles Pedro y Pablo, pero no lo consiguieron. Los inicios de esta se pueden advertir entre las ruinas cesarianas.
Durante el paseo por la zona arqueológica, también se pueden ver las ruinas bizantinas, el templo de Augusto y el hipódromo.
Teatro romano
Jaffa
«Había en Cesarea un hombre, llamado Cornelio, centurión de la compañía itálica, que era hombre religioso y temeroso de Dios, lo mismo que toda su casa. Hacía muchas limosnas al pueblo y oraba a las horas establecidas. Un día, hacia las tres de la tarde, tuvo una visión en la que vio claramente a un ángel de Dios, que entró en su habitación y le dijo: “¡Cornelio!”. Él le miró y, lleno de temor, dijo: “¿Qué quieres, Señor?”. Le respondió: “Tus oraciones y limosnas han subido a la presencia de Dios. Y ahora, manda hombres a Jaffa y haz venir a Simón, llamado Pedro, que se hospeda en casa de un tal Simón, curtidor, cuya casa está junto al mar”. Cuando se fue el ángel que le había hablado, Cornelio llamó a dos de sus criados y a un soldado piadoso de los que le asistían, se lo explicó todo y los mandó a Jaffa.
