Titirimundi - Ignacio Sanz - E-Book

Titirimundi E-Book

Ignacio Sanz

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Beschreibung

Titirimundi: En el festival de títeres de Segovia, un titiritero ha perdido sus títeres. Menos mal que una cigüeña ayudará uno de sus muñecos hasta que encuentre a su dueño. Lectura recomendada a partir de 8 años .

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Veröffentlichungsjahr: 2016

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© de esta edición Metaforic Club de Lectura, 2016www.metaforic.es

© Ignacio Sanz, 2008© Ilustraciones de Ana González Lartitegui, 2008

ISBN: 9788416873159

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la portada, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, sin el previo permiso escrito del editor. Todos los derechos reservados.

Director editorial: Luis ArizaletaContacto:Metaforic Club de Lectura S.L C/ Monasterio de Irache 49, Bajo-Trasera. 31011 Pamplona (España) +34 644 34 66 [email protected] ¡Síguenos en las redes!

Ignacio Sanz

TITIRIMUNDI

Ilustración de Ana G. Lartitegui

A Julio Michel

La ciudad

Había una vez una ciudad pequeña y tranquila situada al pie de una cordillera de montañas. Durante el invierno hacía muchísimo frío y, a veces, la nieve cubría las calles, los tejados y los campos de alrededor como una alfombra interminable. Por ello, las golondrinas y las alondras que anuncian la primavera retrasaban unos días su llegada. Pero cuando, finalmente, las golondrinas y las alondras llegaban, parecían contentísimas con sus cantos estridentes y sus vuelos alocados. Y todo alrededor se llenaba de alegría. En esos días los árboles echaban los brotes nuevos. Y en los setos de los jardines crecían las primeras flores.

La ciudad era pequeña y tranquila. Se trataba de una ciudad antigua, con calles estrechas y plazas recoletas. Estaba llena de casonas y palacios, de iglesias y de conventos. También tenía su muralla, su catedral y su castillo. Un castillo enorme, situado en lo alto de una colina, desde donde se contemplaban los campos que circundaban la ciudad.

El festival de títeres

Cada año, por primavera, unas pocas semanas después de que llegaran las golondrinas y las alondras, la ciudad celebraba un festival de títeres. No era un festival cualquiera; se trataba del gran festival de títeres, donde se daban cita los mejores titiriteros del mundo. Algo parecido a las olimpiadas en el deporte.

Durante una semana, cientos de titiriteros y miles de títeres llenaban las calles y las plazas, los patios de los palacios y los pórticos de las iglesias. Príncipes y princesas, reyes y reinas, magos y brujas, ángeles y demonios, dragones y basiliscos, policías y ladrones, tenores y sopranos, bandoleros y malhechores se insultaban a gritos y se peleaban con palos y bastones desde las ventanas de sus retablillos de madera y de tela pintada.

Con los títeres, llegaban también personajes peculiares como los sirenos, los curiosos hombres sin cabeza, las mujeres forzudas capaces de desplazar una iglesia de su sitio, los gallifantes, las centauras, los gigantolines, los domadores de pulgas y mosquitos, los lobos apacibles, los tragallamas y los malabaristas.