Toda mi violencia es tuya - Carolina Yuste - E-Book

Toda mi violencia es tuya E-Book

Carolina Yuste

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Beschreibung

Badahó, comienzos de los dosmiles. La Jara crece en medio de la cultura cani, a ritmo de reguetón, rotondas, motos, botellones y hostias. En medio del ruido, la danza es lo único que le da sentido a todo. Bailar o explotar. Silencio. Cuando conoce al Santi, se abre en ella una grieta más profunda. La violencia extrema. Todavía hoy, toda esa rabia sigue siendo suya. La ira sigue ahí, a punto de estallar. Con Toda mi violencia es tuya, Carolina Yuste construye una novela filosófica-choni, todo un alegato de supervivencia y resistencia.

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Seitenzahl: 254

Veröffentlichungsjahr: 2025

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CaRoLiNa YuStE

Hace más de dos años recibimos un correo de la jefa de prensa de Carolina Yuste (Badahó, 1991) contándonos que a ella le gustaba mucho nuestro trabajo, que estaba escribiendo una novela y quería enviárnosla por si nos interesaba publicarla. Conocíamos el trabajo de Carolina, que ya por entonces había ganado su primer Goya a la mejor interpretación femenina de reparto en Carmen y Lola. Cuando leímos su proyecto de novela descubrimos que, además de una gran actriz, estábamos ante una persona implicada políticamente, y que su texto, a pesar de que aún tenía que crecer y transformarse, tenía una fuerza y una oralidad que conectaba perfectamente con nuestra línea editorial.

Mientras trabajaba en esta novela, Carolina ha tenido tiempo de ganar otro Goya, esta vez como actriz protagonista, por La infiltrada (2024), ser nominada por su cortometraje Ciao Bambina (2024) y también como actriz protagonista por Saben aquell (2023), además de participar en la obra de teatro Caperucita en Manhattan o interpretar a Massiel ganando Eurovisión en la serie La canción. Casi na.

Carolina Yuste se formó en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid y en el centro de investigación teatral La Manada. Aparte de su contrastada trayectoria profesional, no queríamos dejar de destacar su activismo y su defensa por los derechos LGTBIQ+, la igualdad de género y la inclusión social.

 

Título original: ToDa Mi VioLeNciA eS tUyA

Primera edición: mayo de 2025

Tercera reimpresión: julio de 2025

 

 

 

Corrección y maquetación: Editorial Barrett

© del texto: Carolina Yuste, 2025

© foto de la biografía: La Tati

Revisión del texto en catalán: Joana Morales

© de la edición: Editorial Barrett | www.editorialbarrett.org

TKM Georgina Salichs

Comunicación y prensa: Belén García | [email protected]

 

 

ISBN: 978-84-18690-71-6

Producción del ePub: booqlab

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Somos buenas personas, así que, si necesitas algo, escríbenos. No nos va a sacar de pobres prohibirte hacer unas cuantas fotocopias.

 

Está siempre ahí, justo detrás del pensamiento.HÉLÈNE CIXOUS

Ella mira el mar, es lo que puede hacer. Y su mirada está limitada por la línea del horizonte, es decir, por su incapacidad humana de ver la curvatura de la Tierra.CLARICE LISPECTOR

Báilalo, báilalo, báilalo, baila, niña, ese fandango, báilalo, que cuando bailas tu cara resplandece como el sol, báilalo. La Virgen de Guadalupe es morena y muy bonita por eso a las extremeñas nos gusta ser morenitas.FANDANGO EXTREMEÑO

Cuando el yo queda herido desde fuera, tiene al principio la rebelión más extrema, la más amarga, como un animal que se resiste. Mas no bien el yo está medio muerto, desea ser rematado y se deja conducir hasta el desvanecimiento. Si un toque de amor lo despierta entonces, aparece un dolor extremo que produce ira y a veces odio contra quien lo ha provocado. De ahí las aparentemente inexplicables reacciones de venganza en contra de su benefactor por parte de esos seres caídos. También puede ocurrir que no sea puro el amor del benefactor. Entonces, al recibir inmediatamente el yo despertado por el amor una nueva herida de desprecio, surge el odio más amargo, un odio legítimo.SIMONE WEIL

ÍNDICE

Cubierta

CaRoLiNa YuStE

Créditos

Título

Índice

Los 2000 no fueron cosa fácil

Semiótica

2000 que aparecen

Semiótica

Un poco antes de todo

Semiótica

Carnavales o polvo eres y en polvo te convertirás

Semiótica

KieRo FeRia

Semiótica

Estábamos relativamente TraNqUiLaS

Semiótica

Coge la moto

Semiótica

Le debemos unas disculpas

Semiótica

15 años tiene mi amor

Semiótica

Semiótica

No HaY gRieTa

Semiótica

La primera explotó antes de las 07:37

Semiótica

Está diluviando

Semiótica

Café con leche y catalana con jamón por favor

Semiótica

Guide

Cover

Índice

Start

Los 2000 no fueron cosa fácil

A veces, lo que nos caracteriza como especie no es la capacidad de cooperar, sino la rebeldía. En aquellos años, absolutamente llenos de Don Omar, del Paseo de Badahó o El Vivero-botellón, no poca absenta pedíamos a largas horas de la noche pa no llegar nunca. No llegar nunca. Éramos cuatro o cinco, o probablemente fuimos más de la mitad de las niñas de nuestra edad, las que dando vueltas con un vaso de plástico en las manos buscábamos que nos buscaran. La mitad de nosotras no teníamos suficiente vocabulario. En estos años, dominadas por el impulso, muchas conocimos la jugada maestra del límite fronterizo pa seguir vivas. Allí, en los 2000, Las Chuches, Fondo Flamenco, Kiko y Sara, Daddy Yankee, Niña Pastori, las pastillas abortivas ilegales, el tabaco industrial Lucky o Ducados rubio, la manifestación del No a la Guerra, el 11M, el 11S, Noviembre, llámame que no tengo saldo y Mónica Naranjo. El primer Operación Triunfo, Gran Hermano. El primer guantazo. El trío de las Azores invadiendo tu propio Yo. Entendiendo muy rápido, muy pronto y muy sin sentido que las opciones de existir no son exactamente iguales ni exactamente iguales ni exactamente iguales ni exactamente iguales. Por eso, podíamos salí y gritá y bebé y bailá y follá y quedarnos preñás y enterarnos porque nuestra pareja nos acababa de dar una paliza y, al comenzar a sangrar, ir a urgencias. El Santi. Y tú tenías catorce pa quince. Y tú tenías catorce pa quince y no tenías ni puta idea de qué coño estaba pasando. Tú solo recuerdas que hubo un día en el que, mientras gritaban No a la Guerra, mientras había torres cayendo, edificios de prensa eran bombardeados, mientras Estados Unidos armaba hasta los dientes a los talibanes, sonaba Aventura en la Feria y se llevaban calcetines dentro de los calcetines pa hacer bultos y que la campana del pantalón quedase más ancha, tú…

Abajo.

Debajo del suelo.

Debajo de debajo del suelo.

Debajo de debajo de debajo del suelo.

Llego a casa de mi amiga Tatiana, la Tati, y allí están mis tres imprescindibles de los 2000. Mi prima Cata, Sole y la Tati. Listas pa comenzar el ritual del viernes noche, o quizá es jueves, o sábado. Pa salir paí. No sé, quizá estas noches son un bucle o un aviso. Hay cosas básicas: la plancha de la ropa pa alisar el pelo. Comprar cuatro perritos calientes —que es probable que en algún momento de la noche yo expulsase—, tabaco y algunas perras que compartimos entre las cuatro dependiendo de quién tuviese esa semana. Listo. Ketchup y mayonesa, mi favorito.

La Cata siempre es la que más tarda, sin duda, y su pelo es el mejor, sin duda. La Tati nunca tiene tabaco. Sole tiene un novio al que le falta una patatina pal kilo y yo siempre con bigote. No es una cuestión reivindicativa, no tengo ni idea de lo que significa esa palabra, es pura pereza. Vamos, que me importa tres leches y, bueno, que siempre fui un poco farraguas.

Tabla de planchar puesta y caliente. Very well fandango. Suena El pantalón, de Las Chuches. Mi prima Cata, peine y plancha en mano, le hace un buen alisado japonés sin queratina a Sole. La Tati me coge un cigarro y elige entre la camiseta negra con brillos dorados o el top con las tirantas del sujetador por fuera. Sin duda segunda opción. Tacones de pico incómodos de ocho euros del Marypaz o botín feo de charol negro. Esta segunda es mi opción. De fondo Jaime Cantizano en Dónde estás corazón discute con alguien sobre otro alguien. Es increíble la cantidad de álguienes que esperan sedientos de caricias cinco minutitos de atención. Mari, que es la madre de la Tati, escucha atenta y no se fija en que la ceniza del cigarro le quema las uñas.

La cantidad de Marías que existen es directamente proporcional a la cantidad de dolor acumulado y rabia contenida.

No hay mucho que hacer en esta ciudad que no sea salir a hacer botellón. O quizá sí. Quizá hay una oferta cultural de la hostia que me estoy perdiendo. Aunque lo dudo. Además, a mí hacer botellón es una cosa que me parece estupenda. Bastante llena estoy de libros que leo para intentar llenar mi cerebro de información y que así no me duela el estómago. Y llenar mi cerebro de palabras escritas para construirme un Yo que tenga espacio en la ilustración y en el consejo de sabios que no compran en el mercadillo. Que, por cierto, son los martes y domingos. Los martes siempre voy con mi agüela. Los domingos en las Malvinas. Suerte de Saavedra, papá, ya lo sé. Pero es que siempre le hemos llamado las Malvinas porque allí estaban, donde Cristo perdió la chancla. Y en el quiosco de las Malvinas compramos la Super Pop, la Loka, la Bravo y un cigarrito, por favor. ¡Ah, coño, mi madre! Pa aprender a tragarse el humo. Y bien pronto aprendemos a tragá. Tragá sin digerí, por supuesto. Añugaíta viva.

Otro imprescindible son las breas y las pipas. Tijuana pa la Tati, con sal pal resto. Negrita cola pa nosotras, JB cola pa ellos. Dos o tres bolsas de hielo y quince personas más, atrochamos por la Granadilla pa juntarnos en El Vivero, alrededor del estadio de fútbol a bebé y fumá y bebé y fumá y meá detrás del árbol que está un poco alejao, pero lo suficientemente cerca pa volver corriendo si alguna de tus amigas está en un problema. Problema es que nunca tenemos unos putos clínex. Y venga vámonos que me quiero ir a bailá, y venga espera un poco no me seas agonías que todavía queda botella. Una vez reventé una botella de JB en la cadera del Santi y otra vez reventé una luna de un coche, porque el mindundi escuchimizao que lo conducía lo puso a ciento ochenta diciendo que me iba a matar camino a San Isidro.

A San Isidro vamos los domingos a hacer barbacoa ahora que todavía se pueden hacer barbacoas. Hay caballos, cerdos y también cerdos. Hay cerdos vivos y cerdos muertos troceados en pequeñas partes que ponemos a las brasas al lado de los cerdos vivos pa que ellos sepan qué lugar ocupan y pa que nosotras podamos disfrutar del sol sin romería. En el campo puedes permitirte cierto descanso. Es una especie de relajación activa entre encinas, olivos y alcornoques. Dicen que las bellotas tienen un valor nutricional increíble y que los cerdos tienen un corazón muy parecido al de los humanos. Ibérico de bellota. Pero, salvo en Badahó estos domingos, yo nunca he visto a nadie comer bellotas y pienso que es pienso, y que nuestro queridísimo Sapiens no querrá comer lo que es pienso para lo que es Cerdo.

Es domingo y es día de Dios. Le profeses fe o no. Es día de todo cerrado. Son los 2000 y vivimos en Badahó. A nadie se le ocurre abrir un comercio o pensar en la posibilidad de trabajar-ser explotado un domingo. El domingo es séptimo día y el verbo se hace carne. El cerdo se hace carne.

Nunca te fíes de aquellas personas que odian los domingos. Creen que el mercado se regula solo.

 

Señora de los Olivos, acércame una rama de encina para taparme. Sostén la entrega de las que, como yo, estamos empeñadas en encontrar lo que está detrás. Inyecta en el pueblo el veneno de la luz, para gozar del placer de la tranquilidad y el consuelo. El campo. Lléname de aceite de oliva y dame el pan de los domingos. Y así sumergirme en el líquido eterno, que será entregado por ti a las que aquí caminan. Expándete entre soles. Nosotras, las desterradas, nutriremos cuerpos sin vida y alcanzaremos la plenitud de la tierra fértil que alimenta. Para acompañarte entre petróleo y gas y así desterrarlos del camino posible.

Así será, así será.Para las causas imposibles.

Semiótica

Varias cosas:

1. El café de la mañana, religión.

2. A partir de 33 ºC, si no tienes agua cerca, estás jodida.

3. Extremadura es extrema, extranjera y de extrarradio, extraordinaria y extravagante, extraordinariamente llena y extraordinariamente vacía.

4. Lisa, en la mitología griega, es la personificación de la ira frenética, la furia y la locura producida por la rabia, también en los animales. Se representa con serpientes en la cabeza y los ojos centelleantes, falda corta y un gorro de cabeza de perro.

5. Un día te mueres y ya.

Es pronto para que todo sea tan oscuro, no son ni las seis. Ha pasado noviembre y, en mi terraza, las plantas y flores no tienen el color ni las ganas de mayo. Dentro, la calefacción central se enciende de dos de la tarde a diez de la noche, nuevas restricciones por lo del desastre climático o por lo del gas de Argelia. O simplemente para que tu espacio deje de ser cómodo y cálido y salgas a la calle a producir, reproducirte o consumirte. Una convención.

Ahora dos personas que no se gustan ni se desean, y ni siquiera son capaces de escucharse mínimamente, se desnudan sin mirarse en una cama del piso número indefinido del bloque del centro de la ciudad que más estrés y ansiedad genera. No las conozco, pero se parecen a todas las demás. Es probable que una de ellas piense en otra persona y que la otra persona piense en que tiene que hacer la compra porque le falta leche de arroz y mañana no podrá hacerse el café de la mañana, que es el que más le gusta. Aparentemente estas personas están felices, si es que podemos definir la felicidad de alguna manera, si es que podemos definir un estado transitorio de alguna manera. Aparentemente tienen ganas de despertarse cada mañana para ir a sus puestos de explotación a lidiar con otra panda de Sapiens laborans que alardean de que ayer justo estuvieron viendo el partido de fútbol que se celebraba en uno de los países que más vulneran los derechos humanos del mundo. Supervivencia extrema. Orgasmo fallido.

En mi casa hay varias cosas importantes: dos cuadros que pintó mi madre, un poema que me escribió mi amigo Álex, una estampita de la Virgen de la Esperanza, una planta de incienso y La gravedad y la gracia de Simone Weil. Digo mi casa, pero de mía nada. Es un espacio que alquilo por dinero. El dolor de estómago hoy ha decidido darme una tregua y eso implica que puedo comer sin tanto miedo a que cualquier cosa que entre en mi estómago sea considerada tóxica. Sin la obsesión, casi siempre constante, de que la comida y yo no terminaremos nunca de llevarnos bien. Si es ahora o fue antes, poco importa. Si la propia acción de la expulsión generó un pensamiento constante de rechazo y eso ha constituido una estructura celular dismórfica, poco importa. La palabra y la emoción se dividen y dejan de correlacionarse como aparentes partes de un mismo yo. Entonces todo es dual e inconexo. La fugacidad del instante ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, ahora, ahora.

Ahora se debaten dos personas entre escribirse ese mensaje o no hacerlo nunca. Se debaten si dejar pasar el tiempo y confiar (esto es una mentira) en que todo pase y todo se coloque en un lugar nuevo. Que todo sane con el tiempo. Imposible acción. Acción insoportable.

Ahora hay una mujer que duerme en la calle.

Ahora hay un hombre de unos setenta y cinco años hablándole a su perro. Imposible acción.

Ahora un chique de quince años está pensando en cómo decirle a su madre que está harte de verla llorar por las noches y que tiene miedo.

Ahora hay una mujer que le revienta el cráneo al violador de su hija.

Ahora un hombre de unos sesenta y tres años haciendo una sesión de pranayama en el salón de su casa.

Ahora hay un grupo de activistas climáticos siendo escuchados por el resto.

Ahora hay un expresidente del Gobierno italiano ofreciendo mujeres prostituidas a un equipo de fútbol.

Ahora alguien lanza en Twitter toda su violencia contra una mujer ministra.

Ahora alguien acaricia a su gato mientras ve la última serie de Netflix.

Ahora hay una chica rubia en Lavapiés inyectándose heroína.

Ahora el metro se desborda por la lluvia.

Ahora una pareja llega al orgasmo.

Ahora alguien se ríe muy fuerte con un chiste muy malo que le acaba de contar su mejor amiga.

Ahora alguien está levantándose de la mesa en la que está comiendo con sus amigos para ir disimuladamente al baño y expulsarlo todo, incluso a sí misma.

Ahora una mano acaricia una nuca.

Ahora alguien recoge los calabacines del huerto.

Ahora un hombre con pañuelo azul duerme en el desierto.

Ahora una familia de cinco comparte mesa, gazpacho y lentejas.

Ahora alguien se baña en una piscina y hace ochocientos metros a crol.

Ahora una niña baila.

Ahora alguien se come una tostada con tomate y aceite.

Ahora ella no habla y no pide que pare y no dice no y no se resiste.

Ahora un bebé entra al mundo.

Ahora hay gente cruzando una frontera escondiéndose de la policía turca.

Ahora un padre le cuenta el cuento de pan y pimiento a su hija.

Ahora alguien llama por teléfono a sus amigas para que la sostengan.

Ahora muere una persona sin hogar dentro del contenedor de ropa en el que dormía.

Ahora una mujer llora en un concierto.

Ahora un hombre camina en el alambre.

Ahora dos mujeres se tocan los pies en el sofá de casa mientras escuchan un podcast sobre el universo y la muerte de las estrellas.

Ahora hay una mujer de dudoso tinte celebrando su cumpleaños en un yate entre Ibiza y Formentera.

Ahora el Mediterráneo.

Ahora alguien se ahoga.

Ahora alguien muere.

Y ahora también.

Y ahora.

2000 que aparecen

Wisin y Yandel en coches negros con los graves muy fuertes. Tienes un cuerpo brutaaaaal woooooo que todo hombre desearía tocar woooooo sexy movimiento oh oh oh. Retumban las calles. La vibración interiorizada. Absolutamente interiorizada y necesitada de unos ojos que ya no son los míos ni tampoco los de mis amigas. Y tu perfume combinao con el viento qué rico huele.

De pingoneo en la Bambú o en la Forever o en aquella discoteca de la barriada de Llera que está al lado del puticlub donde muchos de ellos terminan la última copa. La última oportunidad pa Mojo Dojo Casa House y entender que pueden. Que lo hacen porque pueden. Porque lo normal es lo normal, y llenos de saliva y de JB se meten en un espacio de mujeres, la mayoría de ellas migrantes, a compartir entre ellos lo normal, habitual u ordinario. Dicho de una cosa que se halla en su estado natural, que sirve de norma o regla y que por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

Nuestro estado natural estas noches es una mijina de tabaco, tequila y sal. Salimos a partir de las once o a partirnos por la mitad. Nunca muy conscientes pero tampoco del todo inconscientes. No, no solo estoy hablando de sobriedad. No es una cuestión de alcohol. No siempre tenemos la capacidad de reconocer la realidad y relacionarnos con ella. Con un vaso de menta. El conocimiento inmediato que teníamos de nosotras mismas en la mano un vaso en el pelo un lazo maquillá con su cartera nunca pierde el paso, era pura gasolina.

Mis amigas ya empiezan con la retahíla de que bailo demasiao, que llamo mucho la atención. Que estoy como una regaera. Préndete y ponte rabiosa. Que muevo demasiao el culo, que me miran demasiao y, claro, es normal que me miren porque estoy siendo demasiao exagerá. ExCeDo Lo nEcEsArIo Y CoNvEnIeNtE. iNteNsiDaD ExCeSIvA. La Tati termina bebiendo cerveza siempre. Lleva el pueblo en la espalda y por bandera.

En el pueblo de la Tati hay más Amstel que agua. Como en to los pueblos, vamos. La Orquesta Factoría está en la carpa donde el polideportivo. Luces RoJaS y VeRdeS. Luces bLaNcaS y rOsAs. Luces aMariLLas y AzuLes. Mucho plástico y mucha pena. Hay tanta gente que parece un entierro. Un entierro de pueblo en el que las mujeres de más de cincuenta y siete han ido a la peluquería y los hombres al bar a darle al pirriaque. Después se juntan en la plaza del pueblo a esperar que se abra la iglesia y puedan entrar uno a uno pa dar el pésame y ser vistos. Ah, mira, ha venido la Juani y la Rosi con su prima Rocío, que anda más perdía que el barco del arroz. Son los mayores y mejores eventos del año, el entierro y la romería. Entierro y verbena. Al menos comunidad, al menos que el señor esté contigo y con tu espíritu. Porque si algo caracteriza un pueblo, en este caso el pueblo de la Tati, es que en la salud y en la enfermedad se está siempre. Pase lo que pase. Entierro y romería. Como aquel día de julio que enterramos en el pueblo de la Tati al profesor que siempre me decía que yo era como su hija. Y yo me puse muy nerviosa porque mientras tapiaban la tumba en el cementerio la gente hablaba. No supe entender que la forma de expresión no siempre es el silencio y mejor eso que la chicharra. Y después me fui con la Tati a su casa que era blanca y fresca porque ella ya estaba harta de aparentar una forma de expresión y de tapiar y del caló que hace en un entierro en un pueblo de Extremadura entre Cácereh y Badahó.

Fondo Flamenco y un pasodoble pa terminar justo antes del lago con algún DJ que pinche Caribe Mix 2005. El camión de la orquesta está en el polideportivo, el suelo ya encharcao y pegajoso. Mientras bailo en el centro de la pista de arena con los ojos cerrados, mientras consigo por un momentino de na no estar muy dentro ni muy fuera de mí misma, un poco en trance un poco por necesidad, un muchachino que a todo el mundo le cae bien le mete mano a Fany, una morenaza medio italiana que vive en Trujillo pero que siempre viene al pueblo en las fiestas. Guantazo. Dos hermanos discuten porque ya es hora de irse a casa. Guantazo. Un grupo de cuatro bailan y suben a la más rubia a caballito. Guantazo. En los baños dos colegas mean, supuestamente. Guantazo. Hay pocos grupos mixtos. Guantazo. Yo llevo un chándal del Barça en un pueblo del Real Madrid. Guantazo. La Tati está buscando a su prima que lleva horas sin aparecer. Guantazo. Cata llama por teléfono a su madre pa decirle que la quiere y que siempre la echa de menos cuando sale unos días de casa. Guantazo. Está un poco borracha. Guantazo. Sole le cuenta a una desconocida que el novio este que tiene le ha regalao una Blackberry. Guantazo. Un coche se para detrás de mí. Guantazo. Me llaman por teléfono. Guantazo. Hola. Guantazo. ¿Dónde estás? Guantazo. En el pueblo de Tatiana. Guantazo. Date la vuelta.

A la Tati le di un guantazo una de las noches en las que él aparece sin avisar. Pero lo presiento antes. La sensación de que la hostia se aproxima llega mucho antes de que su cuerpo, el de Santi, haga su aparición justo detrás de mi nuca. Un sobresalto. Salí de la discoteca y discutí con la Tati porque nada era ya importante salvo la presión en el pecho y aquí estoy yo y tú a mí no me dices eso y deja de decirme lo que tengo que hacer y qué dices tía si yo solo que te calles que no puedo que acha que solo te estoy diciendo que guantazo.

Y dejó de hablarme durante una semana. O dos. Fui a buscarla a su portal pa pedirle perdón, que mira tú que me cuesta, pero Tatiana, la pejiguera, la Tati, la que se me presentó en una discoteca diciéndome ¿tú eres la novia de mi primo nooooo? Con ese soniquete típico de la tierra, esa canción parriba y pabajo. Y ni primo ni na, solo chulería. La que se enfadó porque mis amigas y yo nos apropiamos de «su banco» en el parque de abajo de casa de la Cata. La que después de salir a correr se compra una bolsa de patatas Lays. La que tiene un ordenador en la habitación de su hermana en el que pone rumba portuguesa y baja a buscar a los bancos del barrio a aquel que la espera. Tatiana, la Tati, es de las pocas que te sostienen aunque esté derrumbándose. Es la que, aun rota completamente, es capaz de salir a buscarte cuando estás perdía. Es con la que comparto recomendaciones de libros que nunca terminamos y es la que siempre termina conmigo la noche cuando cae la pelona y eso yo no puedo perderlo. Aunque nos toque dormir en el portal porque es demasiado tarde pa llegar a casa. Venga, levanta el jopo. ¿Quieres un piti?

Es de noche y hay otra carpa en el campo del pueblo de la Tati al lado de al lado de una miniermita al lado de una barra de metal en la que sirven minis de cerveza y de calimocho. Nunca me ha gustado la cocacola, aunque tuve una época de adicción al Redbull. Nada más levantarme de la siesta, Redbull. Porque una de las ventajas de ser de provincia y de que el instituto te pille cerca de casa es que llegas, comes y te echas la siesta. Poder dormirte la siesta significa que todo está bien. La siesta debería estar recogida en la constitución. Te alabamos, óyenos.

El Santi, que parece que está montao en el dólar, lleva una camiseta muy ajustada blanca, un pantalón vaquero negro y unas pumas blancas y doradas. Evidentemente no viene en la moto. La moto. La moto. La moto. Su vida. Una mierda de Jog negra y amarilla con una pantera dorada y el motor trucado es su vida. Ese sonido. Esa vibración cada vez que llega o pasa con la mierda la moto me dan ganas de vomitar, de mearme encima o de comerle la boca. Solo. Y venga a lavarla y venga a darle brillo y venga fotos pal Tuenti. Menuda bronca tuve con él unos meses antes cuando me hice la cuenta. Eso es de guarras. Refiriéndose, entiendo, no a cerdo o jabalí, tampoco a que fuese una sucia porque yo me duchaba día sí y día también aunque na más que cinco minutinos pa no gastar mucha agua, cosa que me enseñaron de bien pequeñina en casa por lo del desastre climático y la sequía. Guarra de guarra, de puta, de promiscua. Notificaciones verdes.

El Santi fumaba siempre que conducía y cogía las rotondas tumbando la moto. Su madre había tenido o tenía la pasta suficiente como pa tener un chalet de tres plantas en un barrio así como de clase media que se viene arriba, con su piscina y to. Su padre ni está ni se le espera y el hombre que vive en su casa dice cosas del tipo no me gusta cómo caza la perrina. Llegó a Badahó con dieciséis y no sé si me escribió por el Terra o por MSN o alguna de esas tardes en las que yo juego al Counter-Strike en el cíber de al lado del parque del tren. J4R4-K48 o con algún que otro nick porque en cuanto se dan cuenta que soy una tía me echan de las partidas. Con lo bien que se me da a mí colocar bombas. Venía de Don Benito y en su foto de perfil llevaba una sudadera muy ancha blanca, con una especie de letras medio tribales negras en el medio y yo me imaginé que era B-boy y que bailaba en los soportales con la cabeza en el suelo. Na de eso.

Al Santi le conocí la noche de la 4ever. Pitbull, yo y la Jessy, que era una del Cerro de Reyes que se juntaba con nosotras de vez en cuando y tienes tremendo culo. Y la Jessy y yo reventábamos el círculo hazme el favor y menéate chica porque tienes tremendo culo. Yo era consciente de que el Santi estaba detrás de mí y me había estado escribiendo por Terra o por MSN o por el Counter, y no podría asegurar si fue esa tarde-noche la primera vez que nos comimos la boca, pero sí que se acercó lo suficiente. Que le recuerdo en la nuca. Que recuerdo cómo daba palmas y movía los hombros mientras la Jessy y yo sudábamos el ron cola y que en un momento fui al baño y pasé demasiao cerca aposta y él estiró la mano y rozó un poco la mía aposta. Cuéntale que te conocí bailando. Ok, entendido.

Pero ahora no es ese día. Han pasado tres o quinientos años de toques en oculto a las once y media de la mañana. La hora del recreo. Estamos en el campo del pueblo de la Tati, al lado de una miniermita al lado de una barra de metal en la que sirven minis de cerveza y de calimocho. Date la vuelta. Sin aire y sin posibilidad de salir pitando. De escapar-Me. Ya fue el hospital y ya fue la noche en la que le puse un cuchillo al cuello. Ya fue la tarde en la que escaleras abajo y patadas en el baño. Ya fue también el día en el que le dije una y no más, santo Tomás, cuando yo misma me fui echándolo de mi casa. Lo eché por lache y por furia y por que ya está. Porque estaba vacía y noviembre o diciembre y acabo de sacarme esto de dentro y podría matarte porque ahora soy un dragón y podría arrancarte la yugular con mis dientes y masticarla suavemente mientras veo cómo tus pupilas de niño bien van quedándose quietinas. Podría levantarme, ir a la despensa donde mi madre guarda las herramientas que tenemos por si hay algo en casa que se escacharra, coger este destornillador y clavártelo en la garganta.

Tatiana ha encontrado a su prima que estaba con unos amigos un poco lejos de la coherencia. El Santi quiere hablar conmigo. Sabe que me voy. JoDer. Con lo bien que me lo estaba pasando. Con lo simpática que es la gente de este pueblo y lo bien que incluyen siempre a cualquiera que viene de fuera. La alegría compartida. La celebración conjunta. Verbena, romería o entierro. No se está dando cuenta de que ya no estoy, de que ya me he ido y que su frase si te vas a Madrid vas a ser una fracasada suena muy lejos y muy suave y muy al inconsciente. Pero me vengaré de ello un tiempo después, cuando deje de clavar el metal del mechero en mi antebrazo, cuando deje de tatuarme smileys