Transmutada - Eve Harms - E-Book

Transmutada E-Book

Eve Harms

0,0

Beschreibung

Isa, una Tiktoker trans, renuncia a su cirugía soñada para salvar a su padre. Un tratamiento experimental la transforma más allá de lo previsto. Lo que parecía un milagro se convierte en pesadilla.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 148

Veröffentlichungsjahr: 2025

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



TRANSMUTADA

Eve Harms

TRADUCIDO POR ROBERTO CARRASCO

Dimensiones Ocultas Digital

Transmutada

Título original: Transmuted

Primera edición: septiembre 2025

© Del texto: Eve Harm, 2023

© De la traducción: Roberto Carrasco, 2025

© de esta edición, Dimensiones Ocultas Digital, 2025

www.editorialdimensionesocultas.es

[email protected]

Editado por Roberto Carrasco

Corrección: Cristóbal Olmedo

Ilustración y diseño de cubierta: Suspiria Vilchez

ISBN (ebook): 979-13-990547-8-1

Todos los derechos reservados.

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por cualquier medio o procedimiento, incluidas la reprografía, tratamiento informático, la fotocopia o la grabación, la difusión a través de Internet y la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo público, sin la autorización previa y por escrito de los titulares del copyright.

ÍNDICE

PRÓLOGO

CAPÍTULO UNO

CAPÍTULO DOS

CAPÍTULO TRES

CAPÍTULO CUATRO

CAPÍTULO CINCO

CAPÍTULO SEIS

CAPÍTULO SIETE

CAPÍTULO OCHO

CAPÍTULO NUEVE

CAPÍTULO DIEZ

CAPÍTULO ONCE

CAPÍTULO DOCE

CAPÍTULO TRECE

CAPÍTULO CATORCE

CAPÍTULO QUINCE

CAPÍTULO DIECISÉIS

CAPÍTULO DIECISIETE

A menudo me olvido de que, en teoría, te puedes identificar con los personajes de las historias, con sus problemas y con las situaciones específicas que viven; más allá de un vago sentimiento de afinidad para el que es necesario un considerable esfuerzo de abstracción. Sé que hay personas, no sé si mayoría o no, que sienten esta conexión con relativa frecuencia, porque hablan de libros y de películas y lo expresan. Pero tengo asumido, sin alegría ni pena, que a mí no me va a suceder, imagino que por factores varios de mi experiencia vital y mi autopercepción. Ni siquiera busco esta conexión al crear a mis propios personajes protagonistas: tan solo trazo un fino hilo común, una pequeña puerta a través de la que adentrarme en la cabeza de una persona muy diferente a mí. No lo considero un defecto, me parece un buen enfoque para escribir ficción.

Soy consciente de que hoy en día hay historias con protagonistas que son mujeres trans, o personas no binarias transfemeninas o como se quiera llamar cada una, con las que más o menos comparto una experiencia muy relevante y definitoria, compuesta de tantas cosas. Sin embargo, llamadme exquisita —del gore y la serie B—, pero el abanico de obras que tiendo a disfrutar es algo limitado. Mis lecturas de confort no son dramas ni coloridas aventuras y no podría importarme menos, a nivel personal, que en una serie de fantasía orientada al público juvenil aparezca una persona trans; si bien puedo reconocer más o menos su valor social.

El cine de terror fue lo que me mantuvo vagamente a flote durante muchos años, en los que mi autoestima era tan absolutamente inexistente que, al acordarme, me sorprendo de haber sobrevivido a aquella época. Aunque en distintos momentos también consumí con pasión otros géneros, hoy en día es difícil que mi atención se aleje mucho del terror. Tanto en cine como en literatura, sigue siendo uno de mis mayores apoyos psicológicos. Nuestra representación más notoria en este género viene de personajes creados para causar pavor y repulsión en mentes predispuestas a la transfobia y la homofobia, como Buffalo Bill —El silencio de los corderos— o mi querida, a pesar de la intencionalidad de su exhibición, Angela —Campamento sangriento—. Quizá podemos situar los cimientos de la asesina trans demente como arquetipo de ficción en Vestida para matar. Brian de Palma, inspirado por Psicosis, decidió hacer de su versión de Norman Bates una mujer trans. La mera identidad de género de Bobbi la lleva a un desdoblamiento de personalidad y a la violencia, según la irrisoria explicación final, a imitación de la película de Hitchcock, por parte de un psiquiatra.

Cuando una es rara y le encanta el cine de terror, es relativamente común empatizar o incluso identificarse con los monstruos. En clásicos tan influyentes como Frankenstein de 1931 —dirigida por James Whale, abiertamente gay—, esta cercanía es intencionada. Campamento sangriento, un slasher de bajo presupuesto absolutamente disparatado, pero con un conseguido aire melancólico, es la única de las obras mencionadas que te da alguna facilidad para empatizar con la chica trans. Es una película que me encanta y me conmueve, pero mis similitudes con Angela son muy tenues. Ella transicionó siendo mucho más joven que yo, a raíz de que una tía suya con claros problemas mentales decidiera empezar a tratarla como a una chica. Sospecho que no es una experiencia muy común. Personalmente, tampoco he ido nunca a un campamento de verano ni he asesinado a un montón de gente y —como diría mi amiga Katherine Vega—, si lo he hecho, no lo voy a confesar ahora.

Las cosas son distintas hoy en día, pero yo sigo siendo asidua al terror de los años 70 y 80. Del cine de bajo presupuesto de estas décadas nacieron estilos únicos y fascinantes, que influyeron también en la literatura en una época de grandes cambios temáticos y estilísticos para el género.

Con todo, no consumo tan solo ficción del siglo pasado y muy de vez en cuando me topo con una historia que, desde la voz actual de una persona trans, encaja perfectamente con mis gustos. El año pasado me pasó por encima la novela Brainwyrms, de Alison Rumfitt, que me dejó fascinada. Y más recientemente, al leer Transmutada, de Eve Harms, me sorprendí al sentir que la protagonista de un libro podía tener ansiedades y preocupaciones similares a las mías. Las situaciones que Isa vive no son equivalentes a mis experiencias, pero encuentro un parecido suficiente entre nosotras como para leerlas desde la cercanía sin esfuerzo. Y más importante aún: la historia con la que esta conexión tiene lugar es un desmadre con claro aire de película de serie B, que me recuerda a mi admirado Frank Henenlotter y a las producciones de la Full Moon que tantas veces consumí con avidez. Aquí no hay monstruos pequeñitos —estaríamos hablando más bien desde tamaño medio hasta XL—, sino una transmutación con características particulares.

No os digo más, porque entiendo que querréis empezar la novela y a mí no me gusta cuando me lo cuentan todo en el prólogo. Solo deciros que, si de alguna manera habéis conectado también con estas palabras, aunque sea un poco, estoy segura de que vais a disfrutar de Transmutada.

Lin Carbajales

PRÓLOGO

La cosa intenta hablar, impele el aire de sus pulmones, cuya forma humana original aumenté hasta cinco veces. Mi intención era afinar los tubos respiratorios que le recorrían el cuerpo para llegar a un re menor perfecto y, después, cambiar a un Do Mayor; sería un órgano de tubos humano, un homenaje a aquel antiguo instrumento de mi juventud. Pero no lo he hecho bien y suena como un soplador de hojas atrapado en el barro. Miro con desprecio este absoluto fracaso.

—¿Intentas decir algo? ¿Pedir ayuda? No sirve de nada, te he extirpado las cuerdas vocales; no hay nadie que pueda ayudarte; de hecho, ni siquiera sigues siendo tú, ¿verdad, Greg? ¿Te imaginas qué te he hecho?

La miserable criatura borbotea y emite un silbido agudo, como el aire de un globo que sale mientras lo mantenemos tenso. Quizás quiere verlo por ella misma. Giro a mi abominación hacia el espejo, ese con el marco antiguo que compré en Francia, durante mi último viaje de investigación. Tallado a mano, de madera con pan de oro, hermoso; una pena que algo tan bello refleje semejante tragedia.

El patético amasijo guarda silencio mientras estudia su nueva forma. No me puedo creer que presentara esta pila de imperfecciones a los otros. He sido demasiado ambicioso, el cuerpo humano solo puede ser transmutado hasta cierto punto. Y, debido a mi arrogancia, he acabado con lo que parece ser una bolsa de basura hecha de piel humana; llena de orificios rojos y agrietados, parches púrpuras, decolorados, una nariz bulbosa y caída como la de un dibujo animado, la boca estirada, con labios demasiado pesados como para que los músculos puedan levantarlos, y ojos saltones que no pueden cerrarse. Y la guinda podrida del pastel: una maraña de pelo marrón que parece dibujado por un niño.

Esta cosa es una pesadilla estética. Tiene que estar horrorizada de verse, especialmente conmigo al lado como contraste, con mi perfecta silueta y la piel inmaculada. Pero no, no es terror lo que se refleja en sus ojos. ¿Quizás sea tristeza? ¿Resignación ante el destino?

Claro, ¿cómo se puede solucionar este desastre? Ni siquiera merece la pena dejarla con las otras. Solo serviría para recordarme que he fallado. Pero debería recordarlo, debería echarle un vistazo a esta desgracia de vez en cuando, para así no volver a cometer los mismos errores. Sí, la dejaré en mi laboratorio con las otras.

Desconecto el cable que la mantiene unida al compresor de aire y su cuerpo colapsa lentamente. Unos pitidos comienzan a salir de los orificios y crean un acorde desafinado, mientras la bolsa de piel se desinfla y se pliega sobre sí misma con el hedor de las flatulencias.

La próxima vez, no fallaré. La próxima vez, crearé un ser divino de indiscutible belleza. La próxima vez, todos sabrán que soy un genio. Seré yo el que alimente a la bestia.

CAPÍTULO UNO

Muevo la cabeza de lado a lado, abro los ojos y arqueo las cejas. La cabeza en 3D, con el pelo azul, del personaje de anime que es mi avatar refleja mis movimientos. No creo que una chica de un anime sea mi objetivo en la transición, pero es un avatar gratis y es mona, no me apetece nada ser un T-Rex o un robot.

No me gusta enseñar la cara cuando transmito. Mi foto de perfil es una foto, tuneada y tomada desde el mejor ángulo posible, pero técnicamente soy yo, así que la gente se puede hacer una idea de qué pinta tengo —más o menos—. Pero cuando estoy delante de la cámara, soy demasiado consciente de mí misma, me distraigo al verme en la esquina de la pantalla mientras juego. Incluso ahora, que no estoy jugando a nada, prefiero esconderme y ser una chica de un anime. Después de un año ensayando la voz, sueno genial, así que enseñar mi careto arruinaría todo el trabajo y muchos de mis fans ya nunca más me verían como una mujer. Pero este careto… Es el tema del día.

Del streaming, odio todo ese rollo de «pregunta lo que quieras» o de «story time». Por mí, estaría todo el tiempo jugando, mirando de vez en cuando el chat y hablándole a mis viewers. ¿No es por eso por lo que están mirando? ¿No prefieren mirar cómo creo familias en Los Sims 3 para luego torturarlas? ¿Cómo me cargo monstruos en el Doom? Pero les prometí un AMA, un «pregunta lo que quieras».

En cuanto pulso el botón de «transmitir en vivo», a mis seguidores les llega una notificación. Mis visualizaciones comienzan a subir, están en 543 y de repente en 1235. Respiro hondo, 2530 personas me están viendo. Desde que hice el maratón para recaudar dinero para mi cirugía de feminización facial, subieron mucho mis seguidores y visitas, pero aún no me he acostumbrado a ello.

—¡Holi! Soy vuestra chica, Isa. Lo primero, quiero darle las gracias a todo el mundo otra vez. A todos mis suscriptores que donaron dinero y a los streamers: hgunnerguy, gibbonsThreeTwoSix, pinkEllinator, que compartieron mis directos para recaudar fondos. Mil gracias a todes. No me creo que hayamos recaudado cuarenta mil dólares, joder. Eso, junto con lo que gané en esa mierda de trabajo de camarera, ha sido más que suficiente para cubrir la cirugía de feminización facial. He donado lo que ha sobrado a otros crowfundings de otras trans.

Pulso un botón que hace que salga una animación y la fanfarria de victoria del Final Fantasy VII. Tres de mis personajes de Los Sims hacen twerking bajo unas luces de discoteca y la frase «¡Lo hemos conseguido!» sobrevuela sus cabezas con una tipografía cursi de los ochenta. Hago que mi avatar sonría a la cámara, con ojos de anime en forma de medialuna, y muevo la cabeza de lado a lado mientras hago el signo de la paz con ambas manos.

Dios, hay tantos mensajes positivos, no me lo creo. Y también algunos que no son tan positivos, claro. Hago clic en el botón rojo para banear a algunos idiotas y evito leer las mierdas que han escrito. Ya tengo una voz cabrona en mi cabeza que me dice constantemente que no soy una mujer de verdad, no necesito un coro griego de gilipollas en internet dándole la razón.

—Y yo…

Me he quedado en blanco. 6421 seguidores ya, madre mía. Nunca he tenido tantos. Trago saliva y agarro a Squeezy, uno de esos muñecos antiestrés, un alien en forma de bolo. Lo estrujo por debajo de la mesa y paso los dedos alrededor de sus ojos redondos y de su nariz, es el mejor juguete para la ansiedad, después de pellizcarme el pezón, que no es precisamente apropiado para transmitir en vivo.

—Después de estar en lista de espera ocho meses, por fin voy a operarme dentro de una semana y media con la doctora Bayerd. Es una de las mejores cirujanas de Los Ángeles. Es una artista, estoy muy emocionada y tan agradecida… ¡Voy a ser superfemenina!

Una oleada de emojis de uñas pintadas inunda la pantalla. Sonrío y suelto una risita nerviosa.

—Así que, bueno, creo que os debo un AMA. Venga, preguntadme lo que queráis.

ladygamerbitch69: ¿Cuánto tiempo es la recuperación?

truestegg: ¿Por qué crees que tú te mereces esto?

Sarai88: Estás bien así, pero doné de todas formas porque parecías muy desesperada.

KingHairyBallz: Estás buena, lol, quieres foiar

g1mp3y: ¿No te asusta que el médico la líe parda y te joda la cara?

precious-egg: Cuál es tu juego favorito?

sissyboylovespie: ¿No será que todavía tienes disforia y quieres operarte para que la sociedad te acepte? ¿Y si aceptaran a las trans por lo que son? ¿No es lo de «nacida en el cuerpo equivocado» una narrativa pasada de moda y empleada por médicos cisgénero?

vtrans98: ¿No es tránsfobo operarse para parecer una mujer cis? Las mujeres trans non-passing también son mujeres. El passing solo nos trae problemas.

truestegg: la disforia es lo que nos trae problemas si lo piensas bien

Ay, mi madre, ¿quién es toda esta gente y por qué me hacen tantas preguntas? Estos no son los de siempre. ¿Serán suscriptores de canales más grandes que me han promocionado? ¿Randoms de Twitter? Aprieto con más fuerza a Squeezy, a él no le importa.

—Vale… Que ¿cuánto tiempo es la recuperación? De dos semanas a un mes, dependiendo de la persona. Es una cirugía bastante complicada y…

Doy un repullo cuando mi móvil comienza a vibrar sobre el tablero de aglomerado. ¿De qué sirve ponerlo en silencio si la vibración hace un ruido tan horroroso? Es la familiar sensación de sobrecogedores gusanos recorriendo mi cuerpo. Ninguno de mis amigos me llama sin avisar, a no ser que sea una emergencia. La única persona que haría algo así es… Sarah.

La pantalla se enciende, es mi hermana, tal y como había pensado. Solo me llama cuando mi padre quiere algo, al que no he hablado directamente desde… ¿Cuánto ha pasado? ¿Casi un año? Squeezy se resbala entre mis dedos torpes y yo, toda torpe, intento silenciar el móvil. Respiro, aliviada, cuando su nombre desaparece de la pantalla.

—Y mi juego favorito es… Buah, es una pregunta difícil. Creo que Los Sims 3 es uno de mis…

Un mensaje de texto salta en el móvil y mis ojos se clavan en él de forma automática. Es Sarah, por supuesto: «Contesta ahora mismo, es una emergencia». Siempre es una emergencia. Dios, otra vez está llamando. No me va a dejar tranquila hasta que no le coja.

—Lo siento, pero tengo que cortar la emisión. Emergencia familiar.

Lo que faltaba: quieren ver mi cara por última vez, docenas de mensajes suplican verla. Imagino que al menos les debo eso, ya que están ayudándome a pagar la nueva después de todo.

Apago el avatar de la chica de anime en 3D para la gran revelación de mi hombruna cara. Al menos me he maquillado y me he puesto bien las grandes y bonitas tetas con las que las diosas del TRH me han bendecido. Eso debería compensar lo de mi cara un poquito. Hago un corazón con las manos y corto la emisión.

La cabeza me revienta del estrés cuando contesto el teléfono:

—Hola.

—Hola, soy yo.

Me agacho para buscar debajo del escritorio, empujando hacia atrás la silla de gamer, que choca contra mi cama, a menos de un metro tras de mí. Squeezy, ¿dónde te has metido? Tanteo con las manos por la alfombra, llena de polvo y de restos de patatas fritas.

—Ya lo sé, ¿qué pasa?

—Nada, que me he dado cuenta de que no te he felicitado por haber conseguido todo ese dinero, tienes mucha suerte.

Aquí está mi amiguito, salgo de debajo de mi escritorio —no sin antes darme en la cabeza, por supuesto— y abro Twitter. Estrujo el alien, mientras recorro mi feed; los ojos rojos se le salen de las cuencas. Sujeto el móvil con el hombro y la oreja, me va a dar tortícolis.

—Gracias, me lo he currado mucho también. El maratón de videojuegos me dejó las muñecas fastidiadas un mes, tuve que pedirme una semana de vacaciones en la cafetería porque no podía hacer ni un café con leche.

—Qué bien. Y, oye, quién te iba a decir que otro canal te iba a hacer publicidad, aunque sea de tercera, ¿no?

¿De tercera? Hgunnerguy es de los grandes, tiene un millón de suscriptores. Es que no se entera de nada.

—Sí, quién me lo iba a decir.

—Bueno…

Aprieto a Squeezy todavía más fuerte y mis uñas de color morado, cortas y descuidadas, se me clavan en la palma de la mano. A Squeezy se le infla la nariz. Sarah quiere algo. Siempre quiere algo.

—¿Qué pasa, Sarah?

—A ver, hace tiempo que quiero contártelo, pero no te vayas a molestar. ¿Puedes hablar ahora? ¿Estás sentada?