Tres ladrillos - Carlos Walter Zapata - E-Book

Tres ladrillos E-Book

Carlos Walter Zapata

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Beschreibung

Tres ladrillos es una cautivante novela que transporta al lector a la ciudad de Córdoba de los años 50. En este relato, seguimos las aventuras de un joven lleno de esperanzas y creencias en sí mismo y en el poder del amor. Su vida da un giro inesperado cuando conoce a una mujer mayor que despierta en él emociones desconocidas y transforma su existencia por completo. El escenario se desarrolla en el barrio inglés, en un contexto problemático, plagado de malevos y peligros protegidos por gobernantes y personas relacionadas con el poder. En medio de esta realidad, surge una polémica que cuestiona los límites entre el bien y el mal. Una traición lleva la trama a un nivel de suspenso y crimen, manteniendo al lector en vilo. El desenlace de la historia sorprende y deja a todos los personajes involucrados en una situación impactante, donde el destino de los personajes es incierto hasta el último momento. Una lectura cautivadora para todo el mundo.

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EPUB

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Zapata, Carlos Walter

Tres ladrillos / Carlos Walter Zapata. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.

104 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-824-534-8

1. Narrativa. 2. Novelas. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2023. Zapata, Carlos Walter

© 2023. Tinta Libre Ediciones

Tres ladrillos

Introducción

Si caminás por el barrio Pueyrredón, te vas a encontrar con la capilla de Nuestra Señora del Tránsito, ubicada en Buchardo al 1400. En otra época, a este le decían el barrio inglés. En sus alrededores, por Viamonte, estaban los famosos potreros de fútbol; por Pringles donde se junta con la calle Garay, una villa muy precaria; por Jacinto Ríos al 1115, las casas de sótanos, muy por debajo de la altura del pavimento. Allí existen estas casas porque sus moradores se negaron a abandonarlas. Más allá, se levantaba imponente el glorioso club El Ceibo, donde estaban los mejores basquetbolistas de aquel tiempo.

En el mismo frente, para ser más exacto, al 1260 de Jacinto Ríos, estaba el conventillo de doña María Piojo. Se trataba de una casa con una puerta de madera, que tenías que levantar del picaporte para poder abrir. Si querías entrar, te encontrabas con un pasillo largo y, antes del primer recoveco, veías las cortinas, que eran de retazos de telas cosidos a mano y que estaban clavadas en sus marcos oficiando de puertas.

Metros más allá, existía una parra que, por su sombra, se utilizaba de patio. Estaba al costado, contra la pared descascarada, de la que sobresalía un pico de bronce que servía a la comunidad del lugar. Pegado a este, se levantaba imponente un cuarto del que pendía un cartel que decía: “Escusado”. Más adelante, el piso era de baldosas limpias y brillantes, como separando todo.

En este espacio vivía doña María Encarnación Pereyra o, mejor dicho, doña María Piojo, una dama de treinta y ocho a cuarenta años aproximadamente y de curvas muy sensuales. Su rostro se destacaba por unos ojos marrones vivaces y de su cabellera renegrida sobresalía un largo mechón blanco que acentuaba más su belleza.

Capítulo 1

La señora de la casa se arregla la cabellera cepillándosela y formando una cola de caballo. Una vez que está vestida, se para en la punta de la galería y, con un gesto, invita a una de sus jovencitas a traer la pava. Una muchacha humilde, agachando la cabeza de costado, la mira por el rabillo del ojo.

—¡Pasá, negra! ¡Vos sí sabés hacer buenos verdes!

—Si usted dice, doña —contestó Sara.

Esta mujer es su mano derecha, una joven de unos treinta años que cojea de una pierna. Se acerca a cumplir con el pedido de su ama y se queda cebando mate de pie a su lado, sin tomar nunca asiento.

—¿Las chinitas están bien? ¿Apolillaron bien hoy? No vayan a estar cansadas, que esta tarde-noche es de bacanes y papirusa —pregunta María.

—Doña, vino don Jacinto y dejó la cuenta.

—¡Ese solo sabe cobrar!, ¡que lo parió con ese tano!

—Es que dice que usted es puntual —responde con el gesto apocado de quien siempre tiene que pedir permiso para hablar.

Mientras tanto, no muy lejos de allí, en la panadería, está Armando. Amasa, estira y sazona con sal. Se seca la transpiración, pasa la masa por el cuello y las axilas y la vuelve a estirar. Veloz, da un pequeño salto hacia atrás, dos taconeos de malambo y levanta los brazos al cielo como si existiera público.

En ese momento, aparece por la puerta Mario, quien le advierte:

—Guarda, que viene la gilada.

Pasa entonces Omar, el jefe de la cuadra. Se para, lo mira de arriba abajo con las manos en jarra sin decir palabra; solo lo mira, sabe que es suficiente con su silencio.

***

A lo lejos, hay una villa donde se ve gente y basura en el fondo. Una mujer se acerca como si conociera el lugar. Algunos la ven pasar.

Dentro del rancho, está Rosa: una mujer pasada en peso, con las manos callosas y tierra en las uñas, un pañuelo atado en su cabeza de donde salen algunos cabellos, una pollera larga desteñida y un batón por encima de un chaleco. Lleva tatuajes en sus brazos. Ella mira a la recién llegada y le corre un banco de madera.

—Sentate, che, que tengo algo para vos.

—Desembuchá, ¿qué tenés, que aquellas otras me dijeron que viniera rapidito?

—¡Pará, que esta no es tan fácil!

—No tengo todo el día y la yuta está que brama por acá, no quiero que me vean.

—Sabés bien que lo mío es bueno. ¿La yuta está? —Saca de adentro de un pañuelo anudado un mechón de cabellos trenzados. María levanta la cabeza como diciendo: “¿Qué me decís con esto?”.

—Desembuchá o me voy. Ya perdí mucho tiempo.