15,99 €
En estas últimas generaciones se ha identificado que los niños y adolescentes ya no vienen de hogares en donde prevalece la comunicación padres-hijos; cuyo fenómeno puede ser por diversos motivos: ambos padres trabajan para lograr un ingreso basto para la manutención de sus hijos, uso incorrecto y excesivo de los medios electrónicos de comunicación, en algunos casos hijos de familias uniparentales, en donde el padre cumple con un solo rol, abastecer de los recursos básicos, etc. En cualquiera de estos motivos, el hijo muestra represión y fuerte dificultad para externar sus emociones y sentimientos. Esta situación indudablemente ha repercutido en el ámbito familiar, donde el estrés, la citada tecnología, las obligaciones de los padres y muchos factores más contribuyen a mermar la calidad de atención y el flujo de comunicación, acentuando problemas conductuales y de personalidad en los niños. El psicólogo E. David Ruiz pretende mostrar, mediante una serie de divertidas analogías y metáforas alusivas a los helados, cómo es que se conforma la personalidad en un niño y por qué ésta no resulta como los padres esperaban; sin considerar que no son sino los mismos padres quienes al final dieron forma a tal personalidad. También pondrá en perspectiva cuáles son los tres estadios en que un niño desarrolla su infancia al verse involucrado en un ambiente que no es su hogar o también al desarrollar su capacidad de socialización fuera del yugo familiar. Estos factores influyen en el constructo de su personalidad, conformando así la denominada Triada de Personalidad que arrojará la forma de ser del sujeto una vez que llegue a la adolescencia. Estoy segura que este libro cambiará su perspectiva sobre la forma en que conduce su intercambio para con sus hijos, brindándole alternativas que podrán significar un cambio positivo en su relación familiar y en la personalidad de sus hijos.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Veröffentlichungsjahr: 2023
© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© David Ruiz Bravo
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN:978-84-1181-544-4
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».
AGRADECIMIENTOS
A mis padres, que, sin saberlo, brindaron equilibrio en mi Triada de personalidad.
A mis hijas, quienes inspiraron tal teoría y presente obra.
A mi amada esposa y colega, quien atinadamente mi hizo notar dicho equilibrio, ayudándome a reforzarlo y, más aún, a compartirlo.
PRÓLOGO
¿Cómo transmitir a los padres, o a quienes se convertirán en padres, que cada hijo es distinto? Deben saber que, durante la infancia y la adolescencia, serán etapas de profundos cambios, que cuando no estamos preparados para saber qué es lo que sucede dentro de ellos, estas transformaciones darán como resultado problemas de conducta, que, seguramente, identificaremos solo a partir de que alguien más nos diga que nuestros hijos están comportándose de una manera muy distinta a la que conocemos. Es ahí cuando la preocupación se inicia, tal vez a tiempo para cambiar ciertos hábitos o quizás algo tarde para reestructurar la forma en que los educamos.
En cualquiera de los casos, debemos acercarnos a nuestros hijos con el corazón, basándonos en todo el amor que les tenemos, abiertos, sin juicios, interesados, no controladores. De esta forma cambiarán las actitudes que les están creando problemas. Mediante el avance de la lectura de este libro, podremos verlos a través de un cristal distinto para aceptar los errores cometidos, pero, al mismo tiempo, apoyarlos y reconfortarlos acerca de que ¡todo saldrá bien a partir de ahora!
Para comprender mejor a nuestros hijos, debemos conocer los cambios que se presentan en ellos durante el desarrollo, y cómo intervenimos nosotros en la construcción de su personalidad. En un consultorio psicológico se recibe a padres que se preguntan por qué sus hijos se comportan de tal o cual manera, y los psicólogos responden, ¿cómo creía usted que su hijo iba a comportarse?, ¿qué es lo que le parece raro?, ¿alguno de ustedes dos padres se comporta así? Ante estas preguntas los padres se van contestando la primera pregunta y, seguramente, si ellos leen este libro, saldrán de muchas dudas.
La crianza de los hijos exige mucho de los padres, se debe de invertir mucho de energía para ir moldeando la personalidad, pero no la que quisimos desear para nosotros mismos, sino aquella que el pequeño presenta y que solo se debe de nutrir día con día para formar hijos que realmente puedan solucionar conflictos en cualquier ámbito de su vida. Sí, en efecto, los padres requerimos prepararnos para trabajar con rutinas y hábitos, que nos harán sentir cada vez más seguros como educadores, si no lo han realizado aún, están a tiempo de asesorarse, no permitir que la llegada de la adolescencia en nuestros hijos nos tome desprevenidos, sea entonces cuando la reflexión acerca de lo que se pudo ir formando, ahora no sepan por dónde empezar.
Ser padres no es sencillo, conforme más nos preparamos, nos lleva al autocuestionamiento, nos enfrenta a las deficiencias que hemos mostrado durante la educación de nuestros pequeños, nos permite vernos en un espejo y concientizar lo que hemos hecho mal.
Con todo lo anterior, no te quiero decir que todo ha sido un desastre, no siempre es así, pero si algo durante la lectura de este libro te llama la atención, quiere decir que no estás yendo por buen camino. Espero que mis palabras no te suenen a regaño, solo lo que deseo es que no te pase lo que al enfermo que se queja constantemente de que se siente mal, pero no acude al médico o toma medicamento, el instruirnos es como asistir al médico y tomar el medicamento que este prescriba a tiempo y que no se agudice la enfermedad.
Pero bien, si estás interesado en este libro, y estoy segura de que así es, si no, no estuvieran leyendo estas palabras que, aunque fuertes, sabemos que pueden aumentar tu interés y tu preocupación, no es fomentarte miedo, porque el miedo puede afectar tus decisiones, solo es empezar a trabajar «sobre el inicio del camino correcto».
De algo si debemos tener seguridad, los padres somos quienes sacamos el potencial de nuestros hijos, o bien podemos hundirlos en un sentimiento de incapacidad, no culpes al colegio de no hacerlo por nosotros, la escuela viene a trabajar la «enseñanza de conocimientos», que, si bien refuerza el comportamiento de sus alumnos basándose en valores, estos últimos los traen de casa y, dentro de esos valores, está el propio valor que se asigne el niño, si tú trabajas con tu hijo su autoestima, tu hijo siempre estará preparado para enfrentar los obstáculos que se le presenten y hacer realidad el proyecto de vida que debe de marcarse, aun siendo pequeño.
Es ahora cuando te dispones a trabajar como un verdadero padre, y no me refiero al abastecimiento económico y material, sino al ser honesto, amoroso, pero actuando con firmeza sobre la manera de apoyar a tu hijo a adquirir las habilidades para «La vida».
Lorna Herlinda Naranjo Aguilera
Psicóloga
INTRODUCCIÓN
En las últimas décadas, han surgido diversas teorías, dentro y fuera de la psicología, sobre cómo se forma la personalidad de un sujeto y cuáles son o podrían ser los factores preponderantes en cuanto a la formación de la misma. Esto basado en los paradigmas que los grandes investigadores realizaron a principios del siglo xx. Si pudiese haber un punto de convergencia en dichas teorías, sin duda estaríamos hablando de la etapa infantil y el entorno que prima sobre el sujeto durante esta etapa. Esto naturalmente no es la esencia del presente volumen, sino el hecho de tener un panorama sobre hasta dónde podemos influir los adultos, como parte de tal entorno, para bien o para mal. Esto en cuanto a la personalidad, conducta, autoestima y la vida misma del niño durante su etapa de formación.
Cuando la paternidad nos sorprende, y tardíamente nos percatamos de que no estábamos preparados para ese rol, ¡ya es tarde!, dado que, desde la concepción misma del niño, ha comenzado la escultura de nuestra obra maestra, lo que sea que esto signifique. Cuando el bebé comienza a crecer, está aprendiendo de su entorno familiar y, fundamentalmente, de sus padres, en quienes la inexperiencia, en algunos casos inmadurez y en otros, más extremos, la apatía, son los elementos que regirán la estructura de la personalidad que ostentará el pequeño cuando ya sea un adulto.
El primer elemento que aparece ante la inminente llegada de un nuevo ser en la familia es la proyección. Esto es: todo aquello que siempre quise ser, hacer o tener, lo veo proyectado en el bebé, como un vaticinio sobre lo que será su destino a partir de ese momento. Sin embargo, si el bebé pudiera hablar, tener la capacidad de razonamiento y la inteligencia ad hoc ante las circunstancias, seguramente emitiría una expresión equivalente a:
¿Qué les parece si yo decido qué será de mi vida?
Ahora bien, ¡el bebé ya está aquí!, está entre nosotros. Luego, remitiéndonos al viejo adagio que cita: «si vas a Roma, actúa como los romanos» no nos percatamos de que, efectivamente, el bebé comenzará a actuar como lo hace su entorno. De aquí surge precisamente la siguiente palabra a analizar: Contexto. Cuando acudimos a la definición coloquial de dicho término, nos indica algo como: «Suma de las condiciones naturales, sociales y culturales en las que se sitúa una obra…».
Por tal motivo, el título del presente libro se remite a una TRIADA, es decir, tres elementos vinculados. En el caso hablamos de tres ESTADIOS O SITUACIONES en que un pequeño puede estar envuelto durante su etapa infantil hasta la pubertad, siendo objeto, en cada una de ellas, de algún tipo de presión proeducación o formación, dependiendo del entorno y la respectiva parte social que en él se localice. Quizás, al llegar a la madurez, no establecemos una empatía con el pequeño, en la que podamos entender que en cada una de estas etapas deberá llevar una «máscara» sobre cómo debe ser, conforme al contexto que prime en determinado momento, alejándose incluso de su YO verdadero.
La citada TRIADA DE PERSONALIDAD está compuesta, como lo indica su nombre, por los tres estadios a continuación descritos:
HIJO
Al referirnos al HIJO, dentro de un entorno familiar, hablamos del sometimiento al que se enfrenta el pequeño para recibir la educación de parte de sus padres, la enseñanza sobre lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro —esto, metafóricamente hablando—, los principios y valores que, como padres, procedemos a inculcar. Esto es totalmente válido, pero… surge la interrogante: ¿lo hacemos de la manera correcta?
Es ahí donde puede aparecer la proyección del padre para con el hijo, aun con las mejores intenciones, esto es: queremos que sea: X, Y o Z, según corresponda. Y entonces la decisión del CÓMO QUIERO QUE SEA recae en los prejuicios (siendo este uno de los objetos de estudio más destacado del psiquiatra Gordon Allport y que veremos más delante), que ostentan los padres y, fundamentalmente, la parte de mayor autoridad en el núcleo familiar, sea el padre o la madre, o en algunos casos, el vínculo conforme al género del pequeño, esto es: si es niño, quien le enseñará «todo» será papá, pero si es niña, entonces la responsabilidad recaerá en mamá. Para no extendernos en este rubro, podríamos citar solo dos opciones que regirán la educación del pequeño:
1) quiero que sea como yo, pero mucho mejor, o bien
2) no quiero que sea como yo, quiero que tenga lo que yo no tuve.
En este rubro, el pequeño considera como sus mentores, ejemplos de conducta y guía sobre todas las cosas, a sus padres según la jerarquía ya expuesta. No obstante, algo que tendemos a pasar por alto es el hecho de que, quizás, el niño no se identifique con su mentor principal, siéndolo con su mentor secundario. (Durante el proceso del complejo de Edipo, la identificación es natural con el progenitor del sexo opuesto, antagonizando con su progenitor del mismo sexo, todo esto en cuanto se supera dicha etapa, siendo esta la principal manifestación, más allá de mitos y leyendas en torno a dicho complejo freudiano). Si a todo esto le incluimos que parte de su entorno lo complementan hermanos y, en algunos casos, abuelos, la influencia que regirá sobre él tendrá repercusiones de mayor calibre, ya que la proyección que minará su existir no solo será de sus padres, sino también de los ya citados familiares. Sobre este punto nos extenderemos en capítulos subsecuentes en particular.
ALUMNO
Al referirnos al concepto ALUMNO, estamos citando a un pequeño que ha incursionado ya en el ámbito escolar, desde su primera etapa en cuestión. Por tanto, comienzan las reglas, los derechos, al igual que las obligaciones. Estamos hablando aún desde la estancia maternal, o bien su primer grado en preescolar. En este «mundo feliz», es muy probable que la interacción del pequeño con otros contemporáneos, bajo la responsable vigilancia de su educadora, sea placentera, sea efectivamente feliz, pero es aquí donde tendrá que utilizar otra máscara o, en el sentido estricto de nuestra teoría, un estadio más, ya no la de hijo, sino también la de alumno, que también puede o no estar lejos de su YO verdadero (aun en formación).
Así comienza a identificar otro entorno: el de las reglas, el aprendizaje, la socialización y sus respectivas normas de convivencia. Luego, entonces, se empieza a formar una parábola en lo que la dirección hacia su personalidad refiere.
NIÑO
En esta etapa o estadio de su desarrollo, el niño es precisamente eso: NIÑO, se manifiesta conforme lo dicten sus impulsos, sus deseos, su curiosidad, su hedonismo natural, su necesidad primitiva de aprendizaje prosupervivencia e, incluso, su metacognición. La evolución y desarrollo de su código de comunicación está en pleno desarrollo, ya que es aquí cuando surgen las diversas interrogantes sobre ¿quién soy y qué hago aquí? En esta etapa, el niño, aparentemente, no está siendo objeto de escrutinio, al menos de los adultos que rigen su vida, ya que puede desenvolverse de una forma natural, partiendo de que hablamos de sus momentos de esparcimiento, de introspección, de identificación del entorno, de sus semejantes y los que no lo son. Comienza a preguntarse a sí mismo: ¿Qué pasa si…?, es cuando podríamos inferir que comienza a desarrollar una metacognición. Está en su hábitat y, por tanto, sus factores críticos de éxito; los determina su capacidad probada o en valoración. Al intercambiar con niños de su edad, quizás un poco más chicos o más grandes, en edad y tamaño, también comienza a elaborar su propia escala de jerarquías dentro de su ámbito, surgiendo lo que Piaget consideraba como la etapa de construcción constante de nuevos significados.
El objetivo de esta obra está enfocado a revalorar cómo estamos conduciendo esta etapa en nuestros hijos, mediante la ejemplificación con situaciones mundanas, expuestas en metáforas y analogías con personajes ficticios, avalados con una explicación técnica sobre las teorías que rigen la conducta, la personalidad y el constructo de esta. Buscamos que exista una profunda reflexión sobre si la forma en que estamos dirigiendo el barco hacia puerto seguro es la más adecuada y, más aún, si llegaremos a puerto seguro o nos dirigiremos hacia una isla desierta.
Como elementos destacados en el ámbito educativo y psicológico, consideramos que para poder guiar a los hijos se debe contar con un sustento válido y probado que permita fortalecer el criterio que regirá su educación. Recuerda: No puedes jugar a ser Dios si no conoces el infierno.
.
Capítulo I
Los padres
.
