Triunfo de los santos - Pedro de Morales - E-Book

Triunfo de los santos E-Book

Pedro de Morales

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Beschreibung

Triunfo de los santos de Pedro de Morales se concibió como parte de los grandes festejos que se celebraron en México el 2 de noviembre de 1578, con motivo de la llegada a la Catedral de unas reliquias procedentes de Roma. El argumento de la obra responde a un tema clásico del teatro jesuítico en toda España: las persecuciones que sufrieron los cristianos y el triunfo final de la Iglesia. Siguiendo el hilo habitual de la acción, se exponen al comienzo de la obra los motivos que impulsan al Emperador Diocleciano a acabar con los cristianos. A continuación se narra la persecución y martirio de éstos. Y finalmente se refiere la conversión de Constantino al cristianismo, tras la muerte de su antecesor. Un tema, en definitiva, muy cultivado por la literatura religiosa y en cuyo tratamiento apenas encontramos desviaciones con respecto a piezas de la misma temática elaboradas en toda Europa. El carácter innovador del Triunfo de los santos se aprecia en el aspecto formal. Pedro de Morales distribuye la pieza en cinco actos y la estructura tripartita, compuesta por introito, obra y canción, evidencian un claro influjo del drama italiano de la primera mitad del XVI. Morales se revela como un profundo conocedor de la «vanguardia» literaria del momento. La abundancia de versos endecasílabos y de combinaciones italianizantes, junto a los ecos de Garcilaso colocan a la tragedia en un lugar destacado dentro de las nuevas corrientes poéticas de la época en lengua castellana. Cabe agregar que se trata de algo inusual en un momento en que Hispanoamérica solía recibir con retraso todo lo que llegaba de Europa.

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Seitenzahl: 106

Veröffentlichungsjahr: 2010

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Pedro de Morales

Triunfo de los santos

Barcelona 2024

Linkgua-ediciones.com

Créditos

Título original: Triunfo de los santos.

© 2024, Red ediciones S.L.

e-mail: [email protected]

Diseño de cubierta: Michel Mallard.

ISBN tapa dura: 978-84-1126-192-0.

ISBN rústica: 978-84-9816-546-3.

ISBN ebook: 978-84-9953-475-6.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.

Sumario

Créditos 4

Brevísima presentación 7

La vida 7

Personajes 8

Prólogo 9

Jornada primera 13

Escena I 13

Escena II 20

Escena III 28

Jornada segunda 37

Escena I 37

Escena II 45

Escena III 51

Jornada tercera 59

Escena I 59

Escena II 64

Escena III 75

Jornada cuarta 81

Escena I 81

Escena II 86

Escena III 90

Jornada quinta y última 101

Escena I 101

Escena II 106

Escena última 114

Libros a la carta 127

Brevísima presentación

La vida

Pedro de Morales (Valdepeñas, 1538-1614, México). España.

Pedro de Morales ejerció como abogado en Madrid y en Granada antes de entrar en la Compañía de Jesús en 1570. Poco después partió a la Nueva España con la expedición que incluía a Pedro de Hortigosa para «leer las artes y teología» en el Colegio de San Pedro y San Pablo.

Morales trabajó luego como calificador e inquisidor del Santo Oficio y como consultor en el Tercer Concilio Mexicano en 1585.

Vale destacar que en el Virreinato de México la práctica teatral tuvo para la Compañía de Jesús una finalidad «catequística». En los tiempos de Pedro de Morales, el drama religioso era un elemento clave en la labor educativa de la Compañía. Y según prescribía Ignacio de Loyola se debía de hacer más ameno e interesante el magisterio con la realización de actividades como la rima de versos o la práctica de diálogos recitados.

Personajes

Albinio, caballero

Caridad

Cromacio, presidente

Crueldad

Daciano, adelantado

Diocleciano, emperador

Dos alguaciles

Esperanza

Fe

Gentilidad

Idolatría

Iglesia

Magno Constantino

Nuncio

Olimpio, caballero

Pregonero

San Doroteo, mártir

San Gorgonio, mártir

San Juan, mártir

San Pedro, mártir

Secretario

Silvestre, papa

En México, por Antonio Ricardo

Prólogo

En que se representa la persecución de Diocleciano y la prosperidad que se siguió con el imperio de Constantino.

La Caridad, que es siempre agradecida

y nunca un solo punto estuvo ociosa,

fuerza a salir en algo de medida

en fiesta tan solemne y tan dichosa;

y, agradeciendo el don de la venida

de las reliquias santas, no reposa

hasta que sus triunfos celebrando

en todos vaya el bien comunicando.

Y para que mejor se entienda y vea

la gloria que a los santos es debida, 10

cuéntanse las hazañas y pelea

con que ha sido por ellos merecida;

y pues que Dios se ensalza y se recrea

en ver que por su amor dieron la vida,

quien a los santos ama será justo,

oiga con atención, silencio y gusto.

Y aunque de todos géneros y estados

de cuerpos santos Dios ha concedido

a México los huesos consagrados,

no puede ser de todos referido 20

el modo con que fueron coronados,

y así entre todos hemos escogido

los mártires sagrados, cuya historia

causa a los cuerpos santos suma gloria.

Es la tragedia, historia muy sabida,

de la persecución y torbellino

con que por Diocleciano combatida

la Iglesia fue, y después por Constantino

a suma paz y bien restituida.

Mostrándose mayor favor divino 30

a la sazón, que por juicio humano

parece estaba lejos de su mano.

La Iglesia, de virtudes adornada,

estaba en su reposo muy contenta,

pensando ser la lluvia ya pasada;

y entonces se levanta más tormenta,

que la Gentilidad acompañada

de Idolatría y Crueldad cruenta,

venciendo el pecho de Diocleciano,

hacen que en perseguirnos ponga mano. 40

Viendo la tempestad que se movía,

san Pedro, san Gorgonio y Doroteo

(que eran en el palacio de valía)

proponen al martirio su deseo.

Publica el César su cruel porfía

con edicto y pregón horrendo y feo.

Cromacio en Asia a perseguir la gente

se parte, y Daciano al occidente.

Hace la Iglesia digno sentimiento

en tiempo de peligro y pena tanta. 50

Las Virtudes le dan divino aliento

con que el deseo al padecer levanta.

Un caballero, con ilustre intento,

llamado Juan, movido de ira santa

en la corte, con ánimo valiente,

los edictos rompió públicamente.

Siendo por esto preso y afligido

y ante el emperador atormentado,

al fin no pudo un punto ser movido.

Pedro, al sacro martirio aficionado 60

publica ser cristiano y haber sido

con Doroteo y Gorgonio acompañado,

y dando por su fe razones fuertes,

fueron a padecer dichosas muertes.

Procura el César que en ninguna vía

se dé a los cuerpos santos sepultura,

pero la Iglesia, como madre pía,

con grande pompa dársela procura.

Supo el emperador que no podía

vencer la fe conforme a su locura, 70

y de rabia y furor dejó el estado,

y murió duramente atormentado.

Sucede en el imperio Constantino,

a quien la Santa Cruz por estandarte

fue dada; y con aquel favor divino

venció a Magencio el venturoso Marte.

Después, estando ya al morir vecino,

sin ser para sanarle el mundo parte,

llamó a Silvestre del monte Sorano,

y siendo bautizado quedó sano. 80

Reconociendo pues el beneficio

tan raro, tan precioso y soberano

para hacer a Dios algún servicio,

entronizó a Silvestre por su mano.

Restituyó el divino sacrificio

y tanto ennobleció el pueblo cristiano

que con razón la Iglesia, de afligida,

quedó triunfante y muy engrandecida.

Hizo buscar los huesos consagrados

que la persecución había escondido; 90

y siendo dignamente venerados,

les dio templos y culto enriquecido.

Siendo pues nuestros bienes restaurados

en estado cual nunca habían tenido,

vuélvese la tragedia de dolores

en cánticos divinos y loores.

Triunfa finalmente con grandeza

de la Gentilidad la Iglesia Santa;

de Idolatría, Fe con gran firmeza;

y de la Crueldad que al mundo espanta 100

la divina Esperanza sin flaqueza,

que puso al duro golpe la garganta;

y al fin la Caridad que a todas ellas

concede silla sobre las estrellas.

Y dada brevemente desto cuenta,

pido atención devota, pues la pide

la grave historia que se representa.

Y quien con la flaqueza nuestra mide

la empresa grande, ve que sin afrenta

el saber de alcanzarla se despide; 110

pero en hecho tan arduo y tan debido

es gloria acometiendo ser vencido.

Jornada primera

Escena I

Entran Iglesia, Fe, Esperanza y Caridad

Iglesia ¿Quién me dará un talento cual conviene

para loar aquél; que es imposible

que a una perfección de las que tiene

del todo a nadie sea inteligible;

Aquél de quien el bien todo nos viene,

que vive allá en la luz inaccesible,

en aquella región empírea y rica,

donde con su presencia beatifica?

Aquel gran Dios, que está sobre la Luna

y el Sol y las estrellas tan gran trecho, 10

¿con qué modo diré dél cosa alguna,

pues cualquier ángel queda satisfecho

en contemplar de cien mil partes una,

con todo gran fervor y hambriento pecho?

Y así, quiero callar, viendo mi falta,

y, callando, adorar cosa tan alta.

Solo querría decir mi lengua ruda

(según al bajo estilo es permitido)

las gracias con que es justo que yo acuda

a Dios, de quien yo tanto he recibido. 20

Esto procuraré con vuestra ayuda,

Virtudes, que a guíarme habéis venido;

pues son de ingratitud grandes indicios

al olvido entregar los beneficios.

Fe Iglesia militante, dulce esposa

del soberano esposo de la altura,

con gran razón te muestras cuidadosa

de darle gracias, pues tal hermosura

en ti puso y te hizo tan graciosa,

que siendo, como eres, su hechura, 30

se enamoró de ti, y cuánto te quiere

en los Cantares largo lo refiere.

Caridad Allí te llama esposa el dulce esposo

y muestra de tu amor tener tal gana

que con afecto tierno y amoroso

te llama mi paloma, amiga, hermana,

y porque en ti su amor no esté dudoso,

para que veas que es cierto y cosa llana,

dice después de darte tantos nombres

que es su contento estarse con los hombres. 40

Esperanza Eres de quien te hizo muy amada

por darte de sus dones tanta parte.

De dentro y fuera estás aljofarada

con el rocío de gracia; y de tal arte

estás con mil lindezas argentada

que Dios consigo quiso desposarte;

haciendo nuevo Adán al hijo amado,

para su compañera te ha criado.

Caridad De la manera que, el Adán primero

durmiendo, fue sacada de su lado 50

su esposa; de esa suerte en un madero

del sueño de la muerte fue ocupado

nuestro segundo Adán, Dios verdadero;

y de allí te sacó de su costado

y así te levantó tu esposo y padre

del lugar donde fue muerta tu madre.

Fe Debajo de un triste árbol fue violada

tu madre, según cuenta la Escritura,

y debajo de un árbol engendrada

fuiste del que murió por su criatura. 60

Esperanza Estabas en el suelo sepultada,

como semilla seca en tierra dura,

y de la cruz llovió sangre preciosa

que te resucitó linda y hermosa.

Iglesia ¡Bendígate, Señor, la tierra y cielo

y cuanto acá y allá tienes criado!

¡Gracias te den por mí los deste suelo

con el lumbroso ejército y dorado

que te goza y te ve sin mortal velo

sobre este cielo claro y estrellado, 70

de donde merecí que me criases

tal y que por tu esposa me tomases!

Virtudes soberanas, que salistes

del pecho cristalino de mi amado

que (según dulcemente referistes)

me puso en un estado de tal grado;

pues para encaminarme aquí venistes

con vuestro saber alto y sublimado,

decidme, ¿con qué modo irá en aumento

mi estado sin que pase detrimento? 80

Caridad Si quieres tener gozo y alegría

y que crezcan tus pastos y rebaños,

conviene ser nosotras tres tu guía,

y así te lograrás por largos años.

Y tras éstos vendrá el eterno día

cuando cesen los males y los daños,

pues somos las Virtudes Teologales,

que hacen a los hombres celestiales.

Fe La Fe pone en el hombre tal sapiencia

que lo que su razón no comprende 90

le da a entender, dotándole de ciencia

con que lo sobrenatural entiende.

Y deste modo la alta providencia,

lo que lo razonable no aprende,

lo suple con la Fe que le descubre

el bien que a la razón se anubla y cubre.

Caridad Y después que la Fe hace patente

el sumo bien que a nos se comunica,

con un grande deseo y muy ferviente

la Voluntad se mueve, y aunque es chica, 100

la Caridad la hace tan potente

que sin fin la dilata y amplifica

y ordena con amor inextinguible

el desorden de la concupiscible.

Esperanza Desque Voluntad ha deseado

con Caridad al bien que es inefable,

despierta la memoria su cuidado

y, acordándose que es comunicable,

espera alcanzar a lo deseado;

y la Esperanza (que es firme y estable), 110

le da una fuerza tal en la irascible

que le hace posible lo imposible.

Desta arte pues están fortalecidas

tu alma y tus potencias con tal fuerza,

por estar a nosotras tres asidas;

y así no habrá quien quiebre ni estuerza

las tres cuerdas que en uno ves unidas;

pues con ellas el hombre así se esfuerza

que dicen que el cordel destos tres hilos

no bastan a cortarle humanos filos. 120

Iglesia ¡Cuán claro la experiencia me ha mostrado

lo que me persuades con razones!

¿Quién pues si no vosotras me ha ayudado

en tantas y tan fuertes tentaciones?

Pues desde mi niñez no me han faltado

llanto, pena, aflicción, persecuciones,

y no solo con esto no he caído,

mas antes más y más siempre he crecido.

Por cuya causa siento y hago cuenta

que con vosotras no me falta nada, 130

y así estaré gozosa y muy contenta

por estar con tal gente acompañada.

Caridad Bien puedes afirmar que te sustenta

este terno del cual te ves cercada;

que es tal que, aunque a mí sola me tuvieras,

conmigo cielo y tierra poseyeras.

Que, aunque Fe y Esperanza te conviene,

es solo mientras vives en el suelo.

Sin mí ninguna dellas valor tiene,

que yo sola les doy valor del cielo. 140

En tierra y cielo nadie me detiene,

que hasta el mismo Dios llega mi vuelo,

de suerte que en lo ínfimo y supremo

te guiaré, excediendo todo extremo.

Fe Como el cuerpo recibe el ser del alma

y con ella está vivo, recio y fuerte,

la cual faltando queda puesto en calma

(según claro parece con la muerte);

desta arte Caridad tiene la palma

entre nosotras, y esto de tal suerte 150

que la Fe y Esperanza es cosa muerta

sin Caridad, porque ella nos despierta.

Esperanza Así como está el alma en toda parte

del cuerpo y toda en todo predomina,

con ese señorío, mando y arte

está la Caridad, virtud divina,

en esotras. Y más podré contarte

(como el gran Agustino determina)

que en su modo esotras principales