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Al inicio de la creación, en ese maravilloso big bang creador de los universos, se siguieron los protocolos adecuados, para garantizar que despues de algunos miles de años pudiera surgir la vida.
Pero este supuesto presentó una diminuta falla, la cual sin planearlo dio origen a tres mundos iguales, donde existen las mismas personas en tres dimensiones entrelazadas.
Tres cientificos al estar realizando su extraordinaria labor, descubren estas imperfecciones y se dan a la tarea de corregirlo, no sin antes sortear una serie de obstáculos propios de un cuarto mundo de ciencia ficción.
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Veröffentlichungsjahr: 2018
No se si la fantasía creada por mi mente pueda convertirse algún día, en amor y cariño dimensional inmenso, para quienes coincidan conmigo en esta vida.
Índice de contenido
indice
PROLOGO
DESAPARECE LA AMNESIA DE JAVIER EDUARDO
DOS FRASES EXTRAORDINARIAS
PROGRAMACIÓN NEUROLINGUISTIVA
UN HURACÁN DEMOLEDOR Y UN DRAGÓN HUYENDO
LA CAPTURA DEL DRAGON
TRES MUNDOS, TRES DIMENSIONES Y TRES VACUNAS
LA ÚLTIMA MISIÓN DE JAVIER EDUARDO, DE KARVELIO Y DE PEDRO FERNANDO
UNA TRIADA DIMENSIONAL FORMA UN NUEVO MUNDO
Al inicio de la creación, en ese maravilloso big bang creador de los universos, supuestamente se siguieron los protocolos de gran excelencia, para asegurarse que despues de algunos miles de años pudiera surgir la vida.
Pero este supuesto presentó una diminuta falla, la cual sin planearlo dio origen a tres mundos iguales, donde existían las mismas personas en tres dimensiones entrelazadas.
Tres cientificos al estar realizando su extraordinaria labor, descubren estas imperfecciones y se dan a la tarea de corregirlo, no sin antes sortear una serie de obstáculos propios de un cuarto mundo de ciencia ficción.
Karvelio observa a lo lejos la cantidad de sonrisas iluminadas en esos rostros animosos, casi todos están felices de poder asistir a un magno evento de esta naturaleza. La alegría se les desborda por todos los poros, haciendo un extraordinario dueto con sus manos, al momento de juntarlas de manera divertida, y con sus caras enmarcadas por unos ojos irradiando una dicha tremendamente musical y pasajera. Aunque al acercarse a la muchedumbre, alcanza a distinguir a una persona no irradiando esta felicidad temporal. Y el parecido con el es es realmente sorprendente.
Es un hombre de unos cuarenta y cinco años de mirada triste, de facciones refinadas. Su vestimenta de marcas reconocidas, denotan a un hombre sin problemas monetarios. Pero es evidente su situación sentimental, profundamente lastimosa. Está su cuerpo en tiempo presente pero sus pensamientos decidieron estar en un lugar diferente “en el pasado”. Está sentado en la banqueta, a un lado de un puesto ambulante de tacos al pastor, donde la gente se arremolina para disfrutar de esta exquisita comida. El olor emanado de este puesto es delicioso. A los comensales se les hace agua la boca, al aspirar ese aroma de tacos suculentamente mexicanos. Pero el sentido del olfato de ese hombre se encuentra atrofiado, y no comparte este agasajo culinario callejero, mezcla de tradiciones y sabores, de una nación que disfruta de estas delicias banqueteras.
Todo inició seis meses atrás cuando una tormenta eléctrica lo sorprendió en el camino hacia su casa.
<<Maldito temporal estoy hecho una sopa, y los del servicio meteorológico pronosticaron excelente tiempo sin posibilidades de lluvia, vaya desastre de esta dependencia ecológica>>
Esos son los pensamientos de Javier Eduardo, quien está refunfuñando realmente enojado, y tiene razón, mira que llover y tronar el cielo de esa manera, pues a cualquiera saca de quicio. Está a solo tres cuadras de llegar a su casa, cuando de repente su mundo se le ilumina de manera dramática, un rayo impacta a su vehículo, sin siquiera percibirlo, porque al momento del incidente pierde el conocimiento.
Pasaron seis largos meses, en los cuales Javier Eduardo estuvo en un hospital, donde le brindaron toda la ayuda especializada, para sacarlo de su estado vegetativo. Aunque tal parecia que todos los esfuerzos eran infructuosos. A los pocos días de haber ingresado al hospital, su cuerpo sufre una crisis convulsiva y su esposa llama al médico encargado de la salud de su pareja.
<<Doctor venga por favor>> Todo el personal médico acude presuroso. De inmediato los doctores se hacen cargo del enfermo, proporcionándole la ayuda necesaria para sacarlo de su crisis. Su semblante adquiere una tranquilidad contagiosa y se vuelve a sumergir en su inconsciencia indiferente. Los médicos verifican todos sus signos vitales, y sin realizar ningún comentario salen apresuradamente para dirigirse hasta la dirección del hospital. Y así continuar con sus actividades médicas de todos los días.
Los ánimos bulliciosos de los transeúntes no lo distraen de su semi inconsciencia con el mundo real. Y con la mirada perdida se dirige hasta donde se encuentra la gente, en ese festival del día del amor y la amistad, Karvelio lo sigue a cierta distancia. No quiere provocar ninguna reacción peor en su vagabundo y distraído comportamiento. Se coloca a escasos quince metros del escenario, donde un cantante se encuentra deleitando con sus canciones a la concurrencia. La música estruendosa resuena con tal intensidad, siendo capaz de despertarlo de su aletargada inconciencia, entonces lo voltea a ver como si lo conociera de toda la vida, y alcanza a esbozar algo parecido a una sonrisa.
<<¡Hola! ¿Qué haces siguiéndome?>>
<<Yo no>> No pudo Karvelio articular más palabras y el sabiéndose dueño de la situación, le dijo << No te preocupes creo saber los motivos por los cuales estás aquí, sígueme por favor>>
Esa fue una orden para Karvelio, y entonces camina a su lado, hacia su vehículo aparcado en ese extenso estacionamiento. Un carro deportivo color negro marca Ferrari, es el vehículo de Javier Eduardo, un hermoso auto digno de nuestro extraño personaje. Javier Eduardo saca de su portafolio un libro con un titulo algo extraño, “Una triada dimensional oculta en el big bang”. Es un libro de escasas cincuenta páginas, el cual cuenta con un video. Y por quince minutos se quedan absortos analizando esa grabación inherente a tres personajes diferentes, donde la trama principal llena a Karvelio de un sentimiento de extrañeza y de escepticismo.
Son muchas facetas extrañas vividas en ese lapso de tiempo, y a Karvelio le llenan el alma de una angustia y de muchas dudas, en lo referente, a su azarosa vida plagada de aventuras inmaduras, y de muchas decisiones erróneas azarosas. La historia de sus vidas mucho muy parecidas, fueron descritas en ese video, y la manera en que se tomaron decisiones por esas tres personas, aunque uno soberbio y arrogante, el otro tranquilo, pausado y sin brillo, y el último personaje agresivo, con un carácter de los mil diablos. Uno sintiéndose el rey del universo, el otro dejando que las cosas pasaran sin preocuparse por la solución más recomendable, y el otro dejando ir oportunidades únicas de desarrollo y prosperidad, por esos malditos enfados de siempre. Se nota en esas tres personalidades, su falta de amor hacia su persona. Los golpes de la vida los extraviaron. Dejaron de amarse viéndose solo los defectos. Sus virtudes se les escondieron, y ahora no soportan verse en el espejo, porque reflejan a unos tipos, con aspectos nada agradables.
<<Pero ¿Cómo llegó a tus manos esta grabación, y por qué yo aparezco en el, me puedes explicar por favor, y además porque somos tan parecidos en el físico tu y yo?>>
<<No puedo explicarte mucho. Igual yo no tengo la suficiente información, para decirte a detalle todo lo vivido en estos últimos días, que estoy seguro se relacionan contigo, conmigo y una tercera persona que todavía no aparece. Es una rara mezcla de cosas extrañas, y en lo personal me ha llenado de muchas situaciones inciertas.>>
Karvelio después de escuchar estas palabras, se desconecta del mundo real. Deambula por espacio de quince minutos por ahí, desenchufado, y con una sed terrible oprimiéndole la garganta, y al regresar al tiempo presente, busca el vital líquido con saciedad y desesperación.
Javier Eduardo recobra el conocimiento en el hospital, en esa madrugada fría e indiferente, después de seis meses de estar completamente enclaustrado, entre esas cuatro paredes. Se encuentra solo y no recuerda nada de lo sucedido, ni de su nombre, ni de su vida. Su memoria está borrada por completo. Pero está tranquilo con una paz espiritual jamás sentida, no le duele nada, recorre con la mirada el espacioso cuarto de hospital, y en una mesita logra distinguir una foto suya donde aparece con una mujer de tez apiñonada, pelo hasta el hombro, y abrazaditos sonriendo muy contentos. Esa cara no le produce ningún tipo de sentimiento, solo es la figura de una mujer abrazada de él, se ve muy sonriente y feliz, aunque eso no le garantiza nada. Siempre cuando te toman una foto, tratas de poner tu mejor cara, y aparentas una sonrisa muchas veces falsa e incoherente.
Analiza su cuerpo y por lo pronto se desconecta de ese aparato incomodo, el cual cada cierto tiempo se infla, y le aprisiona el brazo, y automáticamente le toma la presión arterial, después se quita esa aguja canalizada en una vena de su brazo izquierdo, por donde le suministraban antibióticos, notando como sus brazos y sus manos se encuentra terriblemente picoteados por tantas agujas, e inclusive en lugares muy cercanos a sus pies.
Se encamina hasta el baño y la regadera le proporciona el agua caliente necesaria para estar limpio y relajado, dicen que el agua es vida, y hoy puede comprobar esa famosa frase tan trillada en nuestro léxico mexicano.
Termina de asearse y regresa a su cuarto, donde estuvo convaleciendo durante todo este tiempo. Verifica si existe ropa suya, en un mueble parecido a un closet pequeño, y encuentra una camisa de rayitas de color azul pastel, un pantalón negro de gabardina, y un bóxer de color azul marino, los cuales se apresura a ponérselos. Encuentra unos zapatos negros, y también los calcetines del mismo color. Se acicala el cabello, y en el espejo se echa un último vistazo, apresurándose para salir del hospital de manera sigilosa.
Nadie nota su presencia al momento de ir saliendo. Son las dos de la mañana, y a esa hora el personal médico, enfermeras y doctores se encuentran echando una pestañita, como vulgarmente se dice. Javier Eduardo alcanza a llegar hasta la puerta principal de acceso, y para desgracia suya se da cuenta que está cerrada. Hace mil intentos para abrirla, no lo consigue, desesperándose al grado de buscar una silla, para aventársela a los cristales, y así poder lograr su apremiante cometido.
Rápido Karvelio se apresura para alcanzar una jarra de vidrio, sirviéndose una generosa porción de agua, en un vaso de cristal mediano. Una gran cantidad es sorbida, para mitigar la espantosa sed sentida por su reseca boca. Y si por él fuera sorbería toda el agua de ese río Tonalá, donde cuando era un mozalbete, solía refrescarse de esos calores de más de cuarenta grados.
Voltea a ver extrañado para verificar donde se encuentra, recorriendo el lugar lentamente, hasta donde su vista se lo permite. Sus ojos se llenan de duda y de escepticismo, al solo mostrarle una choza de carrizos y palmas en el techo, sin ventanas, hasta parece el lugar donde habitaba ese personaje famoso, de muchas aventuras en la selva. Por un momento se siente Tarzán, y más cuando entra hasta la choza un chimpancé, parecido al que lo acompañaba en su calidad de héroe de muchas aventuras.
Se asoma por la ventana, y el romper de las olas en la playa, le producen un sonido agradable y placentero a sus sentidos. Ese precioso matiz azulado del mar, son un regalo divino para sus ojos, y para su alma. Las palmeras se mecen graciosamente, al compás de ese viento veraniego intenso, menguando en gran medida ese calor intenso, húmedo y sofocante de la costa. El chimpancé de color negro intenso le extiende los brazos y el acepta gustoso, porque también desea ese abrazo cálido y tierno. Por un momento se queda estático y sin aliento, su mente completamente en blanco se niega a hilvanar ninguna clase de pensamiento. Solo disfruta de cada momento como cuando era niño, solo sus sentidos de la vista, del tacto y del oído le regalan momentos mágicos de tranquilidad y de bienestar. Se encuentra totalmente lleno de una espiritualidad jamás sentida, a lo largo de toda su tormentosa vida, plagada de vicisitudes de todos los tipos y tamaños.
<<Hola buenos días Karvelio >>
<<Que tal Javier Eduardo ¿Cómo estás?>>
<<Bien amigo mío, ¿Que tal dormiste dime?>>
<<Excelente, ¿Y tú qué tal?>>
<<Pues más o menos, me dormí ya tarde analizándolo todo>>
Para Javier Eduardo no es el momento de dormir placenteramente, máxime cuando debe de compartir un trocito de su alma y de su espíritu con Karvelio. Este es el lugar y el momento adecuados para abrirle a su incipiente amigo, toda la serie de vivencias adquiridas desde ese día del rayo que horadó su auto y su vida entera.
<< ¿Cómo llegamos hasta este lugar tan hermoso?>>
<<No se con exactitud la respuesta Karvelio, ni yo mismo lo entiendo>>
<<Pero Javier Eduardo entonces ¿Explícame que está sucediendo?>>
<<Juntos iremos descubriéndolo, por favor ten un poco de paciencia>>
<<Me pides paciencia, cuando lo que necesito son respuestas>>
<<Te entiendo perfectamente amigo, pero te necesito conmigo paciente y fuerte, para afrontar lo venidero en estos días>>
Javier Eduardo respira profundamente una bocanada de oxigeno proveniente de ese mar inmenso, majestuoso y solemne. Disfruta de ese momento cómo nunca antes lo había sentido, se llena de cosas bellas, desde sus pulmones da inicio ese mágico proceso de renovación, de reiniciación, de reivindicación, de empezar nuevamente desde cero, como en ese momento cuando aspiró el aire en esa primera vez al salir del vientre materno.
Javier Eduardo está en una encrucijada en la entrada del hospital. Ve la silla, y sus manos quieren aprisionarla para hacer añicos esa puerta, la cual le impide abandonar ese lugar. De pronto su mano derecha se mueve, señalando con su dedo índice hacia la puerta, pero no es una orden proveniente de su cerebro, sus neuronas no emiten ninguna energía. La puerta se abre de par en par como por arte de magia. Todavía sin alcanzar a comprender nada, se queda estático por varios segundos, pero casi de inmediato camina apresuradamente, saliendo para siempre y sin dejar rastros de su intempestiva salida. En estos momentos dejaron de funcionar las camaras de seguridad del hospital sin ninguna razón aparente, y por ese motivo nada quedó grabado de esos instantes huidizos.
Camina por espacio de dos horas sin rumbo fijo, no trae identificación, ni dinero, ni recuerdos, ni amor, ni odio, ni rencor, ni alegría, ni deseos, ni apegos. Solo trae consigo unos deseos inmensos de volar, extendiendo sus majestuosas alas, y eso precisamente está haciendo. Puede sentir el aire de la madrugada pegándole en la cara, recorre con su mirada todos los rincones de ese exquisito pueblo, donde las tradiciones, los sabores culinarios, los colores, la historia, la belleza de sus edificios, de sus lugares de esparcimiento, llenan de orgullo a todos los habitantes de este mágico lugar.
Ha nacido otra vez eso le queda claro, no recuerda nada de su pasado, pero no hay angustia, ni dolor ni malestar alguno. Está tranquilo relajado, sereno y lleno de una vitalidad dentro de su alma, de su cuerpo y de su corazón.
El crepúsculo despunta maravillosamente con su fiesta multicolor, dejando su mensaje visual hermoso dentro de ese cuerpo y de esa mente recientemente reinventada. La belleza del pueblo aparece con todo su esplendor, su gente inicia con sus actividades de todos los días. Están animosos, alegres, dicharacheros y llenos de vitalidad.
En este preciso momento Javier se detiene enfrente de un lugar místico, un lugar apacible y tranquilo: La Iglesia cuasi parroquia de San José Atlán. Su fachada denota el paso de los años, siendo de muros muy regordetes, y de una altura como queriendo alcanzar el cielo. Entra con pasos pausados y se sienta en la parte intermedia del lugar. Es un sitio muy frío, como acostumbran estar estos santos recintos. Las bancas son muy largas, nada ergonómicas y de madera, con sus hincaderas acojinadas. En el altar principal se encuentran imagenes de Jesús y San José, sonriéndole a los fieles que entran a ese lugar espiritual, buscando un poco de paz y de consuelo.
No sabe porque entró a ese lugar, pero igual le regresa el saludo a Jesús y San José. Reflejándose en su cara un ceño fruncido denotando muchas dudas y preguntas sin responder. Lo mistico nunca ha estado en su vida, y la verdad desconoce lo referente a religiones y espiritualidad. Pero no es necesario saber nada, la vida nos indica el momento exacto para poder abrazar ese conocimiento tan importante.
Entran dos personas encaminándose hasta la parte delantera de la iglesia, se hincan, se persignan y rezan en silencio por espacio de media hora. Todo ese ritual es nuevo para nuestro resucitado personaje, y de manera curiosa solo observa sin llegar a comprender nada de ese ritual silencioso y apesadumbrado.
